El sujeto caribeño o la seducción de la alteridad
en Nuestra Señora de la Noche de Mayra Santos Febres

Rosario Méndez Panedas

Universidad Interamericana de Puerto Rico
romendez@sg.inter.edu
charomendez @hotmail.com


 

   
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Resumen: En su última novela, Nuestra señora de la noche (2006) Santos Febres presenta como protagonista de la narración a un sujeto marginal que decide construir su propia identidad Isabel Luberza Oppenhaimer, mujer negra, pobre, es el personaje alrededor del cual gira el texto. El objeto del presente trabajo es estudiar la forma en que Mayra Santos propone la construcción de la subjetividad de Isabel. Isabelita construye su identidad a través de la alteridad.; escuchando e identificándose con esa otra, u otras que hay en ella, que la seducen y que la permiten cambiar su destino, tomar las riendas de su vida y conseguir sus deseos. En esas otras tienen especial relevancia su identificación con Luisa Capetillo y la Virgen de la Caridad del Cobre, Ochún en el mundo de la santería .
Palabras clave: identidad, alteridad, cultura caribeña.

 

Nada, que en el Caribe ser negro en una cosa terrible. Racismo se mezcla con xenofobia y la marginación no termina nunca.
(Mayra Santos Febres, 2007) [1]

El intento de construir una identidad nacional por medio de la palabra escrita ha sido constante en la literatura puertorriqueña. Desde el Insularismo de Pedreira, pasando por El Tuntún de pasa y Grifería de Luis Palés Matos son muchos los textos literarios que se han ido formando como una respuesta a esa pregunta ontológica que la isla de Puerto Rico lleva elaborando desde hace mucho tiempo [2].

La escritora Mayra Santos Febres propone una lectura distinta de la realidad puertorriqueña [3]. Lectura que nos ofrece a través de sus textos, especialmente los narrativos, en los que sus personajes principales pertenecen a la marginalidad ya sea sexual, racial o social. Por ejemplo, en su primera novela Sirena Selena vestida de pena (2000) se pasean travestis, transexuales, dragas, prostitutas; Sirena Selena es un adolescente gay que posee una voz excepcional, y viaja a la República Dominicana con el propósito de vender sus shows a los hoteleros del país. En su segunda novela, Cualquier miércoles soy tuya (2002) Julián, el protagonista es un joven periodista que se queda sin empleo y por eso decide ponerse a trabajar en un motel, en el que está pendiente a las relaciones misteriosas entre sus huéspedes. Se trata esta última de una novela urbana, de carácter detectivesco, en la que aparecen de nuevo temas como el sexual y racial, presentes también en su primera novela.

En sus textos narrativos, tanto en sus novelas como en varios de sus cuentos, Santos Febres refleja claramente el deseo de ofrecer identidades alternas, familias distintas, sexualidades y razas distintas a las que se han venido dibujando y recreando en la mayor parte de los textos literarios puertorriqueños hasta el momento.

En su última novela, Nuestra señora de la noche (2006) Santos Febres presenta de nuevo a un sujeto marginal que decide construir su propia identidad. La protagonista de la novela es Isabel Luberza Oppenhaimer, mujer negra, pobre, abandonada por su madre a los 40 días de nacer, que se convertirá en la dueña y madama de uno de los prostíbulos más importantes y famosos del Puerto Rico de mediados del siglo XX: El Elizabeth Dancing Place. Nuestra señora de la noche es una novela histórica que recrea la vida de Isabel Luberza. Este texto se incorpora a las novelas históricas contemporáneas en las que el pasado se recuerda desde los márgenes, desde los límites, desde la exclusión misma [4] .Mayra Santos se acerca al pasado de Puerto Rico, desde la perspectiva de una niña, primero y una mujer más tarde, huérfana, negra y pobre que lucha por ascender en la escala social y ser independiente económicamente. El texto presenta de una forma fascinante la composición social de la época, los miedos y los prejuicios de una sociedad fragmentada por la raza, la clase y el poder económico.

El objeto del presente trabajo es estudiar la forma en que Mayra Santos propone la construcción de la subjetividad de Isabel. Isabelita construye su identidad a través de la alteridad. Escuchando e identificándose con esa otra, u otras que hay en ella, que la seducen y que la permiten cambiar su destino, tomar las riendas de su vida y conseguir sus deseos. En esas otras tienen especial relevancia su identificación con Luisa Capetillo y la Virgen de la Caridad del Cobre, Ochún en el mundo de la santería, que analizaremos más adelante. Estudiaremos el proceso de transformación de la subjetividad de Isabel en el texto y la importancia de esa alteridad [5] en el imaginario colectivo de la identidad caribeña [6] .

Nuestra Señora de la Noche comienza con una cita de Nietcsche [7] procedente del Origen de la tragedia que hace referencia al hambre de historia y el deseo de conocimiento como resultado de la pérdida del hogar mítico, del vientre mítico. La realidad nietchiana: apolínea y dionisiaca, enmarca el texto de Santos Febres, que se inicia con una sección titulada Revelación, en la que se describe la llegada de Isabel Luberza al casino de Ponce del brazo del licenciado Canggiano. A todo lo largo del texto, son muchas las ocasiones en las que el narrador se referirá al personaje otorgándole tres nombres distintos, lo que nos adelanta la pluralidad del personaje desde su primera aparición: “Isabel Luberza Oppenheimer. La Negra Luberza. La Madama del Portugués” (9) Su identificación viene primero de la familia, después de la raza y la tercera será su profesión.

Las tres partes centrales del texto aparecen tituladas Visitación Primera, Segunda y Tercera. La primera comienza con la descripción de la primera vez que Luis Arsenio de Fornarís, el hijo legítimo del amante de ojos verdes de Isabel, visita el Elizabeth Danzing Places.

¿Fornarís?, mucho gusto. Conozco bien a tu familia, aunque no frecuenten mi casa. Los ojos de Isabel se llenaron de un brillo feroz. Luís Arsenio no supo qué hacer con aquella mirada que le daba la bienvenida. En el manual de buenas maneras que repasaba en su cabeza no cabía formula para conversar con señora tan ilegal, ni tan poderosa, ni tan azul. Isabel Luberza Oppenhaimer, alias Isabel la Negra, alias la Madama, sostuvo aquella mirada que lo leía sin tregua. (Santos Febres 2006: 35)

De nuevo son tres adjetivos y tres nombres los que se utilizan en el texto para referirse a Isabel, y que nos llevan de nuevo a esa alteridad, ser múltiple que le permite transformarse en un sujeto activo. Estudiaremos con detalle tres espejos en los que se mira Isabel y que están identificados con tres momentos de su vida: la infancia, la adolescencia y su madurez. Son tres rostros que forman parte de realidad puertorriqueña: Melodía, el niño negro, personaje principal del cuento de José Luis González En el fondo del caño hay un negrito, Luisa Capetillo, feminista, sufragista y sindicalista puertorriqueña de principios del siglo XX, y la Virgen de la Caridad del Cobre, identificada con Ochún en la Santería.

 

Isabel más allá del espejo

El relato nos describe parte de la infancia de Isabel, la vemos en compañía de su madrina primero, y su llegada a la casa de doña Georgina, para trabajar, y la posterior separación de Maruca, su madrina. En el momento de la separación asistimos al primer desdoblamiento de Isabel:

Isabel lo veía todo como si no estuviera ahí, sino en un pasillo largo pero claro, desde el cual podía mirar todo con una fría curiosidad. Al fondo del pasillo se veía a sí misma-flaca, sucia, sin nada que poder llamar suyo-…La Isabel del pasillo alarga los dedos, intenta tocar a la niña flaca, sucia, que es ella, pero a medio camino se detiene. “No, mejor no.” Sus dedos se escurren en un aire vacío que las distancia a las dos… Mientras tanto la Isabel del pasillo ve cómo la otra Isabel se aleja casa adentro; (Santos Febres 2006:60-61)

Esa Isabel niña que mira a otra Isabel niña nos lleva de la mano hasta el negrito Melodía del cuento En el fondo del caño hay un negrito del puertorriqueño José Luis González. El cuento de González, enmarcado en la pobreza del arrabal del caño, nos cuenta la historia del negrito Melodía, que cree encontrar a un amigo que le sonríe en su propio reflejo en el agua del caño y sale a su encuentro, ahogándose. Melodía sale en busca de ese negrito que le sonríe y le saluda con su manita desde el fondo del caño. Isabel niña y Melodía tienen distintos finales que tienen que ver precisamente con la forma en que se ven ellos mismos. Melodía no se reconoce, por eso va tras de sí, y se ahoga en las aguas del caño, es el Narciso Negro, “una imagen simétrica de otro idéntico al yo” (Ríos Ávila 201) Isabel se reconoce pero huye de esa otra que hay en ella, la reconoce como distinta y se aleja para dejar espacio a una nueva Isabel que crecerá buscando ser otra distinta que esa niña flaca y negra que ve al final del pasillo. Isabel logra desarrollar una objetivación de la alteridad y como iremos viendo más adelante la niña como sujeto se irá reconociendo no en uno sino en varios rostros. “Melodía no aprende a “leer” el espejo, a interpretarlo como signo” (Ríos Ávila 203) Isabel lee el “aire vacío” que la distancia de la otra Isabel como el espacio que ella puede llenar al ser otra. No es un narcisismo abortado [8] como en el caso de Melodía sino una búsqueda más allá del espejo.

 

La identificación con otras y el despertar del cuerpo

A lo largo de esa búsqueda más allá del espejo, nos encontramos a Isabel adolescente a la que miran ya de otra forma, especialmente los hombres “desde que empezó a echar esas carnes de mujer” (91) Miradas que ella disfruta desde el primer momento, que corresponde con una sonrisa dibujada en el rostro para alejar cualquier posibilidad de que ella sea simplemente un objeto para ser mirado, Isabel es también el sujeto que mira, que se deleita con esas miradas: “Dulce tibio, arroz con leche recién sacado del horno en las miradas del Señor” (91) Esa Isabel adolescente está definiendo ya lo que quiere ser: “quiero ser una mujer de medios, montar mi propio negocio.” (98)

Surgirá aquí y de la mano de uno de los personajes de la novela, don Demetrio Sterling, el segundo espejo en el que se mira Isabel. La lectura de Luisa Capetillo, puertorriqueña de principios del siglo XX, defensora de los derechos de la mujer y del trabajador en general, seduce a Isabel que dice “esa Luisa Capetillo le gustaba” (99), ve en ella un modelo a seguir, una mujer que ha logrado vivir una vida independiente; otra “yo”. La protagonista del drama de Capetillo que le presta don Demetrio para que lo lea se llama también Isabel. “Mujer de medios, independiente y libre. Ya existían otras que lo habían conseguido.” (99) Isabel Luberza decide identificarse con la Isabel de Luisa Capetillo, y será el segundo espejo de los tres que venimos hablando. Esta identificación es sumamente relevante sobre todo si la entendemos en términos psicoanalíticos como el mecanismo mismo por el cual se constituye el sujeto humano: el sujeto asimila un aspecto, propiedad o atributo del otro y se transforma, total o parcialmente, según el modelo que ofrece el otro ( Laplanche y Pontalis 206) El texto de Luisa Capetillo la ayudará a encontrar las palabras “para ser libre y volar” (99)

Luisa Capetillo tiene un papel muy relevante en la historia obrera de Puerto Rico. Trabajó primero como costurera, y después como lectora en las fábricas de tabaco de Arecibo. Era anarquista y fue encarcelada en varias ocasiones por su participación en huelgas y manifestaciones en una época en la que el liderato obrero era prácticamente masculino. Fue una mujer apasionada como Isabel, creía en el amor libre, tuvo tres hijos, pero no contrajo matrimonio legalmente con ninguno de sus compañeros sentimentales. También Isabel Luberza tendrá un hijo sin casarse y luchará toda su vida para tener una vida en la que nadie la mande.

Inmediatamente después de esa identificación con Luisa Capetillo, el señor Tous, dueño de la casa en la que trabaja Isabel, intenta violarla la noche en que se lleva a cabo el debut social de su hija del que “llegaba un poco picado” (109) La reacción de Isabel al comportamiento del señor Tous determinará también el carácter de la adolescente, en lo que refiere a su relación con su propio cuerpo:

Quizás debería llamar a Lorenza, salir corriendo; pero ¿hacia dónde? ¿Qué otros brazos la podrían acoger? Mejor se quedaba allí, quietecita, respirando contra don Aurelio, que la seguía abrazando lento, que la seguía oliendo entera. Aquel abrazo tan tibio que quizás la pudiera aliviar. (Santos Febres 2006: 110)

Isabel se niega a asumir la función de víctima, a pesar de que don Aurelio se impone en su cuarto, ella siente que tiene otras opciones: escapar, llamar a Lorenza, gritar, sin embargo decide quedarse allí “quietecita”, conversando con su madrina “Madrina ya no importa nada” Es ésta una forma de ejercer su subjetividad, Isabel es capaz de situarse a sí misma como un yo, un sujeto, ejerce su voluntad a elegir, a pesar de que es el objeto deseado. Doña Georgina, la esposa, llega al cuarto de Isabel en el momento en que don Aurelio se está bajando el pantalón, de esta manera evita la violación pero da lugar a que Isabel sea despedida de su trabajo.

 

La virgen de la Caridad del Cobre y Ochún

Al despedirse de Lorenza, su compañera de trabajo en casa de doña Georgina, ésta la entregará una medallita de la Virgen Nuestra Señora de la Caridad del Cobre: “resguardo para los viajeros. Refugio para los golpeados por la tormenta y la alta mar. Lorenza la impía le regalaba una medalla de la Virgen.” (Santos Febres 2006: 112) Virgen que ha aparecido en varias ocasiones dentro del texto y que ha funcionado de metáfora tanto de Isabel como de doña Montse: “Virgen negra con niño blanco en el regazo.” Ya como parte de la Visitación Primera había aparecido en el texto un fragmento titulado La Cachita, forma cariñosa para referirse a la Virgen de la Caridad del Cobre, que nos relata la historia de los Tres Juanes, representando a los tres campesinos que según la leyenda recogieron la primera imagen de la Virgen que apareció sobre las aguas de la bahía de Nipe, en Cuba. Este será el último espejo en el que se mire Isabel y el que determinará su vida de adulta.

En la religión de la Santería o Regla de Ocha, forma de religión popular, fruto del sincretismo entre los santos católicos y los cultos africanos de los esclavos negros traídos al Caribe en la época del dominio español, los orishas, son deidades del antiguo panteón yoruba sincretizados con ciertas figuras relevantes del santoral católico. Ochún (Oshún) se personifica como una espléndida mulata, como Isabel, representación de la deidad femenina por excelencia, y se identifica con la patrona de Cuba, la Virgen de la Caridad del Cobre. Es la diosa del amor y la riqueza y vive en el río. Es muy buena, pero con una sonrisa puede matar a cualquiera, y en realidad se ríe cuando está enfadada. Cuenta con cinco caminos [9] y aparece siempre vestida de amarillo.

Los paralelismos entre Isabel y Ochún o la Virgen de la Caridad del Cobre son muchos: La relación de Isabel con el agua queda establecida desde su nacimiento; al describir dicho momento, uno de los personajes del texto dice: “Tú naciste el mismísimo día de la tormenta. Por eso, negrita, es que a ti hay que tenerte respeto. Cuando naciste, se desbordó el Portugués.” (Santos Febres 2006: 49) El terreno en el que Isabel construyó su prostíbulo está en la ribera del río Portugués, por eso en ocasiones en el texto aparece mencionada como la Madama del Portugués. Además, Isabel utiliza el agua también como fluido que la ayuda en su juego seductor. Como Ochún también su sonrisa tiene un gran poder: “Es la risa de Isabel la que se le enreda a los hombres entre las piernas y los persigue hasta sus casas como una venganza. Se enreda entre las piernas “¿ah, padre?” y aunque nunca pises el umbral de los cuartuchos, no te deja caminar muy lejos del río Portugués.”(Santos Febres 2006: 42) En lo que se refiere al color amarillo, tiene éste una especial relevancia en el destino de Isabel. Cuando doña Georgina la echó de la casa, Isabel deambuló por horas por las calles del pueblo hasta que llegó a un taller de costura: “Le atrajo un corte de tela amarilla: Jamás había visto cosa igual. Aquellas fibras tenían el brillo de las cosas que todavía no alcanzan su lustre verdadero, pero que, ásperas aún y con heridas, dejan mostrar la fibra de que están hechas. Isabel quiso pasar los dedos por las heridas de aquella tela, acariciarla, saber su nombre al menos.” (Santos Febres 2006: 179) La labor de costura en un retazo de esa misma tela es lo que, al impresionar a don Antón, dueño del taller, la permitió convertirse en toda una mujer, ganar un dólar más de lo que ganaba en la casa de los Tous, y un cuartito en la trastienda, pero sobre todo “No tener a nadie a quien rendirle cuentas por sus idas y venidas.” (Santos Febres 2006: 180) El traje que se cose para una de las visitas de Isaac, el soldado con el que comenzó a vivir, era también amarillo como los ojos del soldado. El color amarillo tiene pues una gran relevancia en la vida de Isabel y la ayudará a convertirse en la diosa seductora: Ochún.

De acuerdo con el reciente estudio de Vivian Romeu sobre las deidades del panteón afrocubano, Ochún es una deidad que no posee límites en su juego seductor, es la diosa del amor. Ríe pícaramente mientras se sabe mirada y deseada por los hombres; pero, a pesar de que éste es su rasgo fundamental, la diosa encarna también la independencia femenina, la dominación erótica y la sexualidad libre, libertaria e independiente.

En la parte titulada Visitación segunda asistiremos al encuentro de Isabel con el Licenciado Fernando Fornaris y será en esos encuentros en lo que se puede observar la identificación con Ochún, especialmente en lo que se refiere a estos dos aspectos: mujer independiente y seductora a la vez. Fernando le ofrece tres dólares por limpiarle la casa y aunque al comienzo duda en aceptarlo, finalmente se decide: “Se sostendría ella sola….Le aceptaría la oferta. Isabel empezó a sentir que una segunda piel le iba naciendo, quizás más densa que todas sus pieles anteriores.” (Santos Febres 2006:222) En esa segunda piel vemos a Isabel que juega a la seducción, consciente de su belleza y del poder que ejerce en los hombres:

Isabel se hizo la loca, se arremangó más la falda y dejó ver su piel mojada…El licenciado cayó fulminado contra su propia visión. Ella serena…planeaba a su aire. Era un juego, el mismo que jugara en casa de los Tous, el que a veces jugó con el soldado Llowel. Pero ahora lo dominaba con una táctica más añeja…..entonces supo que estaba a la caza del joven Licenciado. Sonrió ante la revelación. Aun no sabía para que quería seducirlo. Que podría sacar de aquel componte [10]. Por el momento, le bastaba con medir su juego, es decir su habilidad. (Santos Febres 2006: 251)

En su juego de seducción, Isabel como Ochún, usará el poder de su mirada, el lenguaje de su cuerpo para lograr su objetivo. Ella será la que invite a transitar al licenciado por caminos desconocidos, sin embargo en este juego, los papeles se irán intercambiando, y no hay una diferenciación muy tajante entre seductora y seducido. Aunque ella siente “la revelación” de que estaba a la caza del licenciado, la verdad es que él es quien comienza el juego. Fernando había sido el iniciador de esas miradas: “No le gustaban para nada aquellas miradas del señorito Fornaris, ni las consecuencias que pudieran desatar. Pero el señorito Fornaris le montaba conversación, la requería para algo que ella no podía precisar.” Ese algo que ella no pude precisar es lo que la lleva a su casa, con la excusa de hacer la limpieza.

En el próximo encuentro con él: “… entonces no supo más que entregarse al peso de un cuerpo tibio sobre su cuerpo. Abrió la boca, se abrió completa. La espuma le resbalaba por la espalda.” (Santos Febres 2006: 257) El agua como elemento fluido está siempre presente en esos primeros encuentros, como la referencia a Ochún que mencioné más arriba. Después de ese juego en el que ella misma cayó: “la limpieza del piso del licenciado se le había hecho un pretexto vacío. Isabel lo visitaba tan solo para tenerlo encima.” (Santos Febres 2006: 256) Isabel se pregunta cual era el nombre de su necesidad, pero después de que tiene a su hijo y sabe que el se ha casado con otra decide que “Aquel hombre no podía volvérsele a acercar. Poseía algo, Isabel no sabe el nombre, que le chupaba entera su voluntad” (Santos Febres 2006:258) Es por eso que la relación de seducción varía en el caso de Isabel y el licenciado. Su relación comienza con un juego de miradas. En un principio ella es el deseo y él la pérdida. El seducido quiere encontrar aquello que ha perdido, del seducido se piensa que es el débil. Sin embargo, a la que veremos después sin voluntad, incapaz de volverle a ver es a Isabel. De acuerdo con Jean Baudrillard, la fuerza de la metamorfosis está en el fondo de toda seducción, cada seducción está rodeada de una metamorfosis, y rodeamos cada metamorfosis de un ceremonial. En esta metamorfosis vemos también a una Isabel plural, cambiante. Ella tiene que ser otra, no puede ni quiere conformarse con el arreglo que quiere hacer el licenciado para ella, mudarla de pueblo, mantenerla, ponerla casa. Quiere ser una mujer independiente, “de medios”. Después del nacimiento de su hijo, “la otra mujer la tomó la palabra” (Santos Febres 2006: 260) y decidió no hacerse cargo de su hijo ni volver a ver el licenciado. “Convertirse por fin en lo que su matriz le dicta, en Isabel La Negra Luberza.” (Santos Febres 2006:253)

A partir de este momento podemos observar que el deseo de ascender económicamente y la pulsión de dominio, son las dos formas de aspirar al poder que motivarán el comportamiento de Isabel. “Una mujer dura se mudó dentro de ella y le aconsejaba.”(286) Su poder seducción, ejerciéndolo desde “su trono de paja” (Santos Febres 2006:352) en el prostíbulo, la convertirá en la de “mil nombres Isabel, la Negra, la señora de la Noche, la Patrona, Protectora y Tentación del Caminante.” (Santos Febres 2006:352)

El desarrollo de la subjetividad del personaje de Isabel, primero como niña mirándose en ese espejo que le devolvía la imagen de una niña pobre y sucia, después el verse en otras como Luisa Capetillo o la Virgen de la Caridad de Cobre, nos habla de una mujer caribeña marginal, de sus huecos, sus carencias, pero nos habla también de su poder de elegir, de su sensualidad, de su deseo de ser una mujer escindida, plural, de “las que se salvan y las que pierden” al mismo tiempo. Con Nuestra señora de la noche Mayra Santos nos ofrece la reconstrucción de una memoria colectiva, la posibilidad de conocer a Puerto Rico a través de una madama que tuvo que irse haciendo, rompiéndose y recomponiéndose a través de las otras que se la iban acercando en el camino y las que habitaban dentro de ella. Su texto es una respuesta al sujeto histórico unitario e inmóvil, pero también una confrontación a la dualidad. No se trata de ser dos, la virgen y la prostituta, como en el texto de la escritora puertorriqueña Rosario Ferré [11] que, en la década de los 70, recreaba también del personaje de Isabel la Negra, sino que la identidad que nos ofrece Santos Febres es plural, variable, diversa, alejándose y acercándose en el vaivén de su vida a la Virgen, y a la Madama, a Luisa Capetillo, a Ochún y a otras mujeres que en el Caribe crecen en familias alternas y han logrado ejercer su poder desde la marginalidad. Isabel Luberza se niega a colocarse en la posición fácil de víctima o resentida. Nuestra Señora de la Noche no es una mirada nostálgica al pasado, es una mirada que nos invita a reflexionar en lo que es la cultura caribeña y el poder que se puede ejercer desde la marginalidad.

 

Notas

[1] La cita está tomada de un blog, el del mes de abril de 2007, que tiene la escritora en el periódico puertorriqueño El Nuevo Día.. http://www.endi.com7XStatic/endi/template/blog.aspx?b=191370. Fecha de consulta:4/5/2007.

[2] Rubén Ríos Ávila en su valioso texto: La Raza Cómica del sujeto en Puerto Rico afirma: “La búsqueda de la identidad es sin duda el paradigma organizativo del canon literario puertorriqueño…” (201) También el texto de Juan Gelpí Literatura y paternalismo en Puerto Rico es un estudio de la tradición literaria marcada por el nacionalismo cultural.

[3] Ramos Otero, Ana Lydia Vega y Luís Rafael Sánchez son autores que ofrecen también una mirada distinta a la realidad puertorriqueña apartándose del canon literario tradicional.

[4] Un texto que se acerca al historia desde esa perspectiva es Memorias del olvido de Maria Cristina Pons 260 ( México: Siglo XXI editores, 1996)

[5] Puerto Rico, es el otro en muchos aspectos, es otro desde la perspectiva política, como parte y no parte de los Estados Unidos, es el otro negro que mucha veces se rechaza y al que en el contexto de la cultura puertorriqueña se hace referencia cuando se utiliza el dicho popular “y tu abuela ¿dónde está?”; es el otro también en el contexto latinoamericano, porque los puertorriqueños son latinoamericanos pero tienen pasaporte estadounidense.

[6] Creo interesante señalar aquí que en la presentación de la novela que se llevó a cabo en Madrid en abril del 2006, como parte de las actividades organizadas alrededor del Premio Primavera en el quedó finalista, la escritora destacó su intención de propagar “la caribeanización del mundo” con su obra y de acercar a todos los hispanohablantes la condición de mujer en el Caribe. Universidades.com miércoles 19 de abril de 2006.

[7] Nietzsche como Isabel quedó huérfano de padre desde muy niño y creció rodeado de mujeres. Es importante señalar que a través de las citas de las distintas partes del texto podemos leer también otra historia de alteridad que se irá entrelazando con el relato y que servirá de marco textual para cada una de las partes.

[8] Con este adjetivo tan acertado describe Ríos Ávila a Melodía.

[9] “El Sincretismo religioso en el teatro cubano contemporáneo.” Cristóbal Macias y Magdalena Pérez. Universidad de Málaga. http://www.anmal.uma.es/numero16/Santeria.htm

[10] En el contexto puertorriqueño “componte” quiere decir tormento o castigo. Hace referencia a los castigos y torturas que impusieron los agentes de la seguridad pública a los autonomistas puertorriqueños. Este término se usa en Puerto Rico desde el año 1887.

[11] En el primer texto que publica Ferré, Papeles de Pandora hay un cuento titulado “Cuando las mujeres quieren a los hombres” que se desarrolla alrededor de un personaje doble: Isabel la negra e Isabel Luberza,, la negra y la blanca, la esposa y la amante.

 

Bibliografía

Baudrillard, Jean.(1990): Seduction.Trans.Brian Singer. St. Martin Press, New York.

Díaz, Luis Felipe. “Sirena Selena vestida de pena de Mayra Santos y el travestismo Cultural.” Centro Journal 2003, 15.2 , pp.25-36.

Férré, Rosario. (1976): Papeles de Pandora. Joaquín Mortiz, México.

Gelpí,, Juan G. (1993): Literatura y paternalismo en Puerto Rico. Editorial UPR, San Juan, Puerto Rico.

Laplanche J. and J.B. Pontalis. The Language of Psychoanalysis. (1993) Trad. Donald: Nicholson-Smith, Nueva York.

Macías, Cristóbal y Magadalena Pérez. “El sincretismo religioso en el teatro cubano Contemporáneo.”

Pons, María Cristina (1996): Memorias del Olvido. La novela histórica de fines del siglo XX. Siglo XXI, México.

Ríos Avila, Rubén. (2002): La raza cómica del sujeto en Puerto Rico. Callejón, San Juan.

Romeo,Vivian. “Estructura y discurso en tres deidades del panteón afrocubano.”Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales mayo-agosto 2006 XLVIII, pp.105-114.

Santos Febres, Mayra. (2006): Nuestra señora de la noche. Espasa- Calpe, Madrid.

 

© Rosario Méndez Panedas 2009

Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

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