Poesía, imagen, historia: Vitier, Lezama, Hegel

Enrique Pérez Cristóbal

Universidad de Évry Val-d’Essonne
enriqueolallaes@hotmail.com


 

   
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Resumen: La Revolución cubana marca un antes y un después en la historia de Cuba, así como en la concepción de la historia entre quienes vivieron antes y después del primero de enero de 1959. Si Hegel había exiliado a América del devenir histórico, una buena parte del pensamiento latinoamericano tratará, así, desde entonces, de encontrar el lugar del continente en el acontecer histórico. Tras la bancarrota de la teodicea hegeliana, después de la Primera Guerra Mundial, tanto en Europa como en América surgirán nuevos modelos -teológicos, filosóficos y poéticos- destinados a acabar con la causalidad teleológica de la Razón histórica. La Revolución cubana pondrá a prueba algunos de esos modelos, especialmente en América, tal y como puede apreciarse en el caso de Cintio Vitier y Lezama Lima.
Palabras clave: Poesia, imagen historia, Vitier, Lezama, Hegel.

 

Casi al mismo tiempo que el ejército revolucionario cubano, en plena Sierra Maestra, asediaba el fuerte de la Plata, Lezama Lima -en el Palacio de Bellas Artes, en el mismo corazón de La Habana- arremetía contra una vieja idea que condenaba a América a permanecer en el limbo de la historia (Lezama, 2001: 73-74). Para ello el poeta cubano se dirigía no tanto a quienes estaban construyendo la historia como a aquellos que habían sentado las bases de su comprensión. El blanco principal de Lezama no era, por tanto, aquella fuerza que seguía frustrando en lo esencial el destino de América Latina, sino la misma filosofía de la historia que justificaba tal frustración y, más concretamente, uno de sus pilares fundamentales: Hegel. Buena parte del esfuerzo de aquella conferencia -del 16 de enero de 1957, primera de las cinco que conformarían La expresión americana- iba destinado así a desalojar a la Razón, en favor de la imagen, de su lugar central en la historia. Tanto esa crítica a Hegel como la particular relectura que ofrecería Lezama, durante aquellas conferencias, de la historia de la cultura americana formaban parte, sin embargo, de un intento que trascendía las estrictas fronteras del americanismo. Una tentativa que debía enfrentar no sólo la teodicea hegeliana, sino, con el tiempo, el ateísmo de Nietzsche y el existencialismo de Heidegger. Una crítica seguramente excéntrica desde la perspectiva europea, pero en todo caso coincidente con las sucesivas censuras que, desde 1919, conocería la teodicea hegeliana.

La crítica acometida por Lezama, aquel 16 de enero de 1957, ponía en tela de juicio las bases mismas del historicismo, en infiel y abierta sintonía con los grandes debates contemporáneos sobre la filosofía de la historia [1]. Una crítica que el escritor cubano había comenzado a desarrollar al menos desde 1943 y que culminaría en 1970, es decir, desde la primera mención en sus cuadernos a una posible concepción del mundo (Lezama, 1994: 69-71) hasta la aparición de los seis ensayos que conformarían la primera parte de La cantidad hechizada (Lezama, 1970: 8-139).

Durante todo ese tiempo no sólo Cuba, el mundo entero había sufrido una revolución copernicana de la historia [2]. Revolución que -desde la contradicción y la heterodoxia, por no hablar de su limitada resonancia- Lezama había comenzado a interpretar bajo la forma de un anacrónico Sistema Poético del Mundo. A diferencia de la escritura filosófica, tradicionalmente más constreñida en sus posibilidades genéricas, Lezama había dispersado su sistema en poemas, novelas, cuentos, ensayos, apuntes e incluso en sus propios dibujos. Si una de las motivaciones que generaron el Sistema Poético del Mundo fue un cierto temor ante la posible dispersión de su pensamiento (Álvarez Bravo, 1982: 21), Lezama respondía con él, al mismo tiempo, al pesimismo histórico que desde la Primera Guerra Mundial dominaba la escena internacional. Pesimismo al que, en el caso de Cuba, se añadía toda una serie de frustraciones que arrastraba la isla desde su Independencia [3]. No es extraño, por ello, que algunos de los intelectuales de esa república sucesivamente frustrada viesen en aquella ingravidez histórica de Cuba una forma de escapar al pesimismo y la superficialidad que parecían dominar el curso central de la historia desde 1914.

En diciembre de ese mismo año, uno de esos intelectuales, Cintio Vitier, llegó a vislumbrar incluso en esa incapacidad histórica de la isla, la semilla de su propio despertar. A diferencia de Lezama -quien tan sólo unos meses antes había propuesto, frente a esa aparente incapacidad, una transformación radical de la concepción de la historia- Vitier parecía aceptar el antiguo dictamen de Hegel [4], para convertirlo, paradójicamente, en una posibilidad de futuro: la Historia pasaba a ser así la consecuencia escatológica del Espíritu en lugar de su automanifestación [5]. Con ello Vitier apuntaba menos a una inversión de la teodicea hegeliana que a la anticipación mesiánica del reino del espíritu.

Finalmente, en algunos momentos excepcionales, se llega a vislumbrar el reino del espíritu: del espíritu como sacrificio y como creación.

Naturaleza, carácter, alma, espíritu. Aunque estas instancias suelen aparecer entremezcladas, e influidas además decisivamente por el problema de la asimilación y transformación de lo europeo, el proceso nos parece clarísimo (Vitier, 1970: 19-20).

Si Lezama había decidido romper con la causalidad metafísica, y por ende histórica, creando para ello un Sistema Poético del Mundo, Vitier, desde la fe poética, seguía sirviéndose de ideas y conceptos heredados de la metafísica aristotélica y la lógica hegeliana. Ambos poetas coincidían, sin embargo, en un punto. Dentro del curso histórico -ya se considerara a Cuba formando o no parte de él-, el pasado no era en ningún caso una entidad cerrada, muy al contrario, su coindición era tan abierta como la del propio futuro [6]. Idea ya sugerida por Lezama en su primera conferencia de enero de 1957, y a la que, dos días después, bautizaría con el nombre de revivencia (Lezama, 2001: 56, 104)

Más allá de las filiciaciones entre el pensamiento histórico de Lezama y el de Vitier (Mario Santi, 1997: 430-446), más allá del marco al que apuntaban en ese momento sus distintos acercamientos a la historia -Cuba en el caso de Vitier, América en el del autor de Paradiso-, la diferencia fundamental entre ambos radicaba en el elemento que, a juicio de uno y otro, mejor permitía revelar el movimiento de la historia: la poesía, según Vitier; la imagen, para Lezama [7].

Ajena a todo movimiento dialéctico, más bien espejo sublimado de la realidad, la poesía -tal y como la concebía Vitier en aquel momento-, no podía sino oponerse a la historia [8]. Tan sólo cuatro años después, el autor de Vísperas se veía precisado a repensar, sin embargo, las relaciones entre poesía e historia, a raíz del triunfo de la Revolución. El propio Vitier, en el prólogo a la segunda edición de Lo cubano en la poesía, en 1970, se encargaba de explicar así el origen de su posición dos años antes del advenimiento de la Revolución: «Eliminada la acción (por desconfianza y desconocimiento de sus verdaderas posibilidades) quedaban desconectadas la historia y la poesía» (Vitier, 1970: 10).

Antes, sin embargo, de que la Revolución reexaminara a su modo el materialismo histórico, Lezama ya se había forjado su propia dialéctica, construida a partir de una muy peculiar concepción de la imagen, a través de la cual relacionaba activamente no sólo la poesía y la historia, sino toda una serie de polaridades que, con el tiempo, acabarían por configurar la base de su Sistema Poético del Mundo: la metáfora y la imagen, la extensión (cartesiana) y la diversidad (americana), la causalidad y lo incondicionado, lo imposible y la infinita posibilidad…

A diferencia de Vitier, Lezama no tuvo necesidad de modificar su concepción de la historia para comprender el alcance de la Revolución [9]. Ya antes de 1959 había señalado cómo a través de la dialéctica de la imagen América podía no sólo construir su propia visión de la historia, sino abrir una salida en la espiral de pesimismo que dominaba el devenir histórico. Lejos de compartir «la misma desconfianza de la historia» (Champi, 2001: 13) demostrada por Vitier [10], Lezama pronto comprendió que sólo abandonando la «causalidad regalada por las valoraciones historicistas» (Lezama, 2001: 49) -a la que seguía aferrado el autor de Vísperas- liberaría todo el potencial de la imagen, mediante el cual evacuar a la razón de su posición central en la concepción de la historia (Aron, 1986) y, de ese modo, iluminar el papel que había jugado y seguía jugando la imaginación americana -desechada por la teodicea hegeliana- en el desarrollo del acontecer histórico.

 

NOTAS

[1] Franz Rosenzweig, Der Stern der Erlösung (1919); Ortega y Gasset, «La Filosofía de la historia de Hegel y la historiología» (1928); Walter Benjamin, «Sur le concept d’histoire» (1940); Karl Popper, The Poverty of Historicism, (1945).

[2] Tal y como expone Stéphane Mosès en L’Ange de la Histoire (2006).

[3] «Fundar algo sobre esta arena movediza, en medio de esta difusa y terribe hambre de frustración que nos rodea, es en verdad improbable faena. Solo las agitaciones espasmódicas de la política y el grosero manotazo de la tiranía logran sacar la nostalgia de sacrificio, reverso de la frustración, que late aún en la juventud exasperada» (Vitier, 1970: 578)

[4] «Esta parte del mundo [América] pertenecía ya en parte al pasado cuando entró en relación con nosotros, y en parte aún no está preparada para asumir su papel en la historia», de ahí que quede fuera del marco de la Razón, es decir, de lo que está y es eternamente, (Hegel, 2007: 242).

[5] «Una cultura […], que puede llevarnos a merecer el soplo conformador, no de la Historia, sino del Espíritu. Y entonces empezaría nuestra Historia» (Vitier, 1970: 583).

[6] «También el pasado deviene», afirmaba Vitier, «también en el pasado hay que poner nuestra esperanza y buscar nuestro futuro» (Vitier, 1970: 17).

[7] «La poesía va iluminando al país. Lo cubano se revela por ella, en grados cada vez más distintos y luminosos» (Vitier, 1970: 19). De «ese hilado que le presta la imagen a la historia, depende la verdadera realidad de un hecho o su indiferencia e inexistencia» (Lezama, 2001: 59).

[8] «La poesía es el espejo fiel de la integración de la patria en el siglo XIX, y del drama de la República, después» (Vitier, 1970: 18-19); «sin la acción quedaban desconectadas la historia y la poesía: la primera representaba el sinsentido y la segunda, desde luego, el sentido, pero sólo en un sentido platónicamente o proféticamente verificable» (Vitier, 1970: 9).

[9] «En vísperas de la Revolución yo escribía incesantemente sobre las infinitas posibilidades de la imagen en la historia. Y, de pronto, se verifica el hecho de la Revolución. Nuestra historia se vuelve un sí, una inmensa afirmación, el potens nuestro comienza a actuar en la infinitud. Eso es para mí su lección fundamental» (Lezama, 1969: 133).

[10] «Lezama y Vitier adoptaron, en eses años de crisis nacional e internacional, la misma desconfianza de la historia» (Champi, 2001 13).

 

BIBLIOGRAFIA

Álvarez Bravo, Armando (1982): «Órbita de Lezama Lima», Voces, 2, Barcelona, Montesinos Editor, pp. 9-29.

Aron, Raymond (1986): Introduction à la philosophie de l’histoire. Essai sur les limites de l’objectivité historique, París, Gallimard.

Benjamin, Walter (2006): «Sur le concept d’histoire», Écrits français, París, Gallimard, pp. 432-443.

Champi, Irlemar (2001): «La historia tejida por la imagen», en José Lezama Lima, La expresión americana, México D. F., Fondo de Cultura Económica, pp. 9-33.

Hegel, Georg W. (2007): La raison dans l’Histoire. Introduction à la Philosophie de l’Histoire, París, Éditions 10/18.

Lezama Lima, José (1970): La cantidad hechizada, La Habana, UNEAC.

Lezama Lima, José (1969): «Literatura y Revolución», «Literatura y Revolución», Casa de las Américas, La Habana, núms. 51-52 (1968-1969), pp. 131-133.

Lezama Lima, José (1994): Diarios, México, D. F., Ediciones Era.

Lezama Lima, José (2001): «Mitos y cansancio clásico», La expresión americana, México D. F., Fondo de Cultura Económica.

Mario Santi, Enrico (1997): «Lezama, Vitier y la crítica de la razón reminiscente», Lectura crítica de la literatura latinoamericana. Vanguardias y tomas de posesión, (ed. Saúl Sosnowki), Caracas, Biblioteca Ayacucho, pp. 430-446.

Mosès, Stéphane (2006): L’Ange de l’Histoire. Rosenzweig. Benjamin. Scholem, París, Gallimard.

Ortega y Gasset, José (1957): «Hegel y América», Obras completas, 2, Madrid, Revista de Occidente, pp. 563-576.

Ortega y Gasset, José (1957) «La Filosofía de la historia de Hegel y la historiología», Obras completas, 4, Madrid, Revista de Occidente.

Papaioannou, Kostas (2007): «Hegel et la philosophie de l’histoire», en Georg W. F. Hegel, La raison dans l’Histoire. Introduction à la Philosophie de l’Histoire, París, Éditions 10/18, pp. 5-19.

Popper, Karl (2006): La miseria del historicismo, Madrid, Alianza Editorial.

Rosenzweig, Franz (2003): L’Étoile de la Rédemption, París, Éditions du Seuil.

Vitier, Cintio (1970): Lo cubano en la poesía, La Habana, Instituto del Libro.

 

© Enrique Pérez Cristóbal 2010

Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

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