Los animales en la obra de Gloria Fuertes:
“Y la amistad reinó entre ellos”

Anabel Sáiz Ripoll

Doctora en Filología
Catedrática Lengua y Literatura Españolas
I.E.S. Jaume I (Salou)


 

   
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Resumen: La poeta madrileña manifiesta una preferencia hacia a los animales a los que dota de cualidades humanas y les hace vivir distintas aventuras, a la manera de fábulas actuales. Lo que pretendía Gloria Fuertes era comunicarse y hacerlo con claridad y , a poder ser, con alegría.
Palabras clave: Gloria Fuertes, poesía infantil, literatura infantil, personajes animales

 

“No llamar burro al burro,
llamarle “ayudante del hombre”
o llamarse persona”.
(Gloria Fuertes, ¡Pobre burro!)

INTRODUCCIÓN

Gloria Fuertes (1918-1998) dejó un poso en todos los que fuimos niños cuando ella escribía y en las generaciones posteriores. Su voz, su presencia, su ternura, todo hizo que nos gustase pegarnos a la televisión para oírla. Cuando se cumplen 10 años de su muerte, es una buena ocasión de recordar algún aspecto de su obra infantil. Gloria Fuertes se dedicó a escribir para los niños en un momento en que nadie apostaba por ello y eso quizá la marginó, en ciertos sectores, e hizo que se olvidase su obra para adultos, que es importante y amplia. No obstante, esto a la escritora madrileña no le importaba mucho. Ella creó su propio camino y lo siguió. Así, con total honestidad y firmeza porque: “Cuando se desea mucho una cosa,/ se consigue la cosa, hermosa” (“El gusano sano”).

En 1942 publicó su primer libro para niños, “La flauta mágica”, y a éste siguieron más de cincuenta títulos dedicados a la poesía, al cuento y al teatro. Entre sus obras poéticas infantiles tenemos: “Pirulí: versos para párvulos” (1956), “Don Pato y don Pito: versos para niños (1971), “El hada acaramelada: cuentos en verso” (1973), “La oca loca” (1978), “Coleta la poeta” (1980), “Plumilindo, el cisne que quería ser pato” (1983), “El abecedario de don Hilario” (1983), “Versos fritos” (1994), “La selva en verso” (1995) y “La poesía no es un cuento” (1990). Entre sus cuentos destacan: “El dragón tragón”, “La pájara pinta”, “La gata Chundarata”, “El pulpo mecanógrafo”, “Los ajos mágicos” y “Don Miedo tiene miedo”, entre otros. Y, por fin, algunas obras teatrales: “Las tres Reinas: Melchora, Gaspara y Baltasara” o “El camello cojito: Auto de Reyes Magos”.

A Gloria Fuertes no le molestaba, como dijimos al principio, que la encasillaran como autora infantil, aunque le gustaba puntualizar que: “la gente cree que lo mío es escribir para niños, pero a ver si consigo que sepa todo el mundo que soy poeta y que escribo para niños porque tengo maña y los conozco, me sienten y me comprenden” .

A continuación nos detendremos en un aspecto de la literatura infantil de Gloria Fuertes: hablaremos de los animales en su obra y nunca exhaustivamente, porque, recordemos, escribió más de 60 títulos y en la mayoría aparecía algún animal. Valdrá la pena que los lectores de hoy, los pequeños lectores de hoy, redescubran el infinito potencial lúcido y sonoro de Gloria Fuertes. Ojalá no quede en el olvido.

 

LOS ANIMALES

A Gloria Fuertes, le gustan mucho los animales: “Me hacen mucha gracia y yo observo que a los niños también les atrae muchísimo. Yo aprovecho este innato interés que sienten los niños por el mundo animal, para infundir en ellos el amor y el respeto hacia ellos. Es fundamental educar al niño en el amor y el respeto a los animales”.

La poeta madrileña manifiesta una preferencia hacia a los animales a los que dota de cualidades humanas y les hace vivir distintas aventuras, a la manera de fábulas actuales. Ella propone unos códigos humanos en torno a los animales y da el siguiente mandamiento, puesto que usa un tono imperativo: “Pero hay que querer / a los animales, / de mar y de tierra, / de agua y de aire,/ del norte y del sur,/ aunque sean salvajes, / de selva o de bosque/ de distintos pelajes...” (“Cuentos de animales”, página 12).

 

NOMBRES PROPIOS

Resultan muy chocantes los nombres que, a menudo, da a estos animales, Federica y Pedrita son dos pulgas que se buscan la vida como pueden, Antón es un dragón del que todos huyen al principio pero al que acaban amando por sus buenas obras; Ramona y Tragón son, respectivamente, dragona y dragón; Timotea es una gata; Gordinflas es una ballena que acaba con el terror del mar; Marcelina una delfina, Garrapato es un gato; tres pingüinos se llaman, tomemos nota, Pin, Güi, No y, vamos a pasmarnos, un pez se llama Anfibios Aletas. No contenta con estos nombres añade coletillas y así habla de Robertito el Panda, León Leoncio, Don Pingüino el Elegante, La Jirafa Campanera, Muchomochi el Mochuelo.

Otras veces se refiere a los animales de forma genérica. Para Gloria Fuertes todos los animales son importantes, desde los más grandes hasta los más insignificantes. Mamíferos, peces, insectos y demás fauna se asoman a la obra de esta genial poeta madrileña. Animales domésticos, animales salvajes, animales temidos, animales insignificantes... todo tipo de animales veremos en sus cuentos y poemas.

 

AVENTURAS ANIMALES

Uno de los animales más queridos de Gloria Fuertes es la Cangura que protagoniza el primer cuento de “Cangura para todo”. Esta Cangura tiene un nombre: Marsupiana y se emplea como doméstica en casa de unos señores. Así, se crean situaciones realmente divertidas y disparatadas, como cuando lleva a los hijos de la casa al colegio: “La cangura metía a los dos pequeños en su “bolsa-delantal” y a los otros dos se los montaba en la potente cola y saltando de cinco en cinco los escalones se plantaba en un segundo en el portal. Cruzaba la calle de un salto por encima de los coches y por encima del guardia de la porra. Lo tenía bizco. Marsupiana para todo era rápida, trabajadora y obediente. Los señores estaban muy contentos con ella, le subieron el sueldo. Y le hicieron la permanente” (pág. 11). Es muy propio de la poeta romper el hilo de su propia narración y añadir algo totalmente distinto que no tiene nada que ver con lo está contando, como es aquí “la permanente”. A esta Cangura, su señora, quiere emplearla como escultura en una fiesta, pero no da resultado porque no soporta el picotazo de una avispa, con la consiguiente hilaridad que esto provoca en el lector: “La cangura sudaba y bizqueaba siguiendo el vuelo del insecto, hasta que sintió un terrible picotazo en la punta de la nariz y, dando un gran salto, se encaramó a la lámpara” (pág. 14). Marsupiana vuelve a su lugar de origen por un azar, pero decide quedarse allí que, al fin y al cabo, es su casa.

En el mismo libro, tenemos a “La avestruz troglodita” que es la última avestruz que queda en el desierto; lo curioso de esta avestruz, aparte de que va al cine, es que le gustan los imperdibles y objetos metálicos; esta afición hace que ponga un huevo de aluminio, del que salga un tractor. Pero lo mejor es que, cuando empieza la guerra en el desierto, ella acaba parándola porque “se tragó todos los sables de unos y otros” (pág. 29).

Los animales que describe Gloria Fuertes -y sus descripciones son realmente hermosas- actúan, a menudo, guiados por su bondad y por sus ganas de ser útiles, pese a que muchos de ellos se saben distintos o diferentes. En “El mono Quico”, por ejemplo, este monito es capaz de desprenderse de su dinero para ayudar a un niño descalzo y sus padres se sienten felices por ello y le dicen algo importante “Lo que se da no se pierde”. El futuro de Quico es importante y así lo resume Gloria Fuertes: “Nuestro Quico llegó a ser presidente de la selva y todos los animales le querían. Hasta los tigres y los cocodrilos le adoraban” (pág. 52, en “Cangura para todo”). Entre estos animales se dan también relaciones. Pedrita, que es una pulga muy salada a la que Gloria Fuertes acude a menudo, un buen día conoce al perro Picatoste y es feliz con él; logra, tal vez, que él también lo sea, aunque aquí depende de la perspectiva: “La pulga Pedrita fue feliz durante horas, quizás días. También el perro Picatoste estaba más entretenido -rasca que rasca- aunque rascaba por donde no era, como un mal tocador de guitarra” (“Un cuento para cada día de la semana”, pág. 69). A esta Pedrita ya la conocíamos del cuento “La pulga Pedrita”, en “Cangura para todo”. Aquí Pedrita, que nació en el Rastro, quiso conocer mundo y le salió mal, tanto que su tía tuvo que ayudarla y le dio este sabio consejo: “Escucha: no conviene salir de nuestro barrio; no conviene, por mucha sed de aventuras que se tenga, desplazarnos de los muebles viejos, ya vez, hemos fracasado en sociedad. Nuestro puesto está donde hemos nacido, donde nos hemos hecho pulgas decentes. Nuestro lugar son los dobladillos de los pantalones o las costuras de las camisas de las gente que no se pueden lavar muy a menudo; o buscarnos un gato de tejado, gracias al cual podamos disfrutar de las vistas que se gozan desde las chimeneas de la ciudad; o buscarnos un buen perro callejero que nos resuelva el transporte y la comida, en fin, no salir de nuestro ambiente. Sólo en él encontraremos felicidad” (pág. 69-70). Florentina sin ir más lejos, y por poner otro ejemplo, es una sardina a la que todo le sale mal, que “tuvo cuatrocientos boquerones, al nacer, salieron nadando, y Florentina se quedó otra vez sola, entre ola y ola y ola en un banco de coral”.

Gloria Fuertes también dedicó varios poemas a la Navidad, como “El camello (Auto de los Reyes Magos”), en que el Niño se prenda de un pobre camello cojo que, con mil esfuerzos, ha llegado a Belén: “-No quiero oro ni incienso / ni esos tesoros tan fríos, / quiero al camello, le quiero, / le quiero -repitió el Niño” (“Cuentos de animales”, pág. 116). A otro camello cojo, en “El camello cojito”, los Reyes Magos, que lo dejan por imposible, le encargan que compre los juguetes baratos para el barrio Sinagua y el camello se emplea a conciencia con esos niños que nada tienen, aunque, eso sí, “Juegos de bolos, bolas de colores, muñecos, ositos, cuentos, cubos, palas... Todos los niños tenían un juguete en las manos, pero, ni un soldado de plomo, ni un fusil de mentira, ni una pistola de agua de verdad, ni un solo tanque... El camello cojito era un pacifista” (pág. 81, en “Cangura para todo”).

Estos animales se dirigen al lector, a veces en primera persona, otras a través de la tercera, pero siempre lo hacen con gracia y explicando hechos que unas veces son extravagantes y otras bien normales, como en “Diario de una mosca”, cuando la propia mosca nos cuenta que está cansada de que la echen de todas partes; en cambio al ratón “Roelibros” le pasa algo más curioso y es que se cree muy sabio porque se come los libros y así acaba con indigestión hasta que la rata sabia le dice: “Los libros no se comen, se leen / Y no solo se leen, / se tienen que entender” (en Cocoloco Pocoloco, pág. 17).

 

GATOS

Uno de los animales más conocidos a los que da vida Gloria Fuertes es la gata Chundarata. Aquí Gloria Fuertes juega con el gata de animal y el gata de apodo para denominar a los madrileños y escribe un poema lleno de juegos de palabras, fiel a su estilo: “Nací en Madrid, soy gata, / soy gata neta y nata; / mi comida es una lata / mi vida es una lata/ -siempre meto la pata-, / y nunca cazo”.

Picassín, en “Picassín, el gato abstracto”, hace honor a su nombre y se dedica a pintar con su rabo las paredes de un bloque, con tan buena fortuna que el arquitecto se queda pasmado y asegura que eso vale millones, aunque nadie se otorga la autoría de la obra. Picassín, el pobre, “no entendía nada de lo que pasaba, escondía su rabo entre los barrotes del radiador” (pág. 37, en “Cangura para todo”).

Muchos otros gatos protagonizan las historias de Gloria Fuertes como “La gata encantada”, incluida en “Cangura para todo”. La descripción que hace de la misma es extraordinaria: “Timotea vivía -de milagro- en los tejados del barrio de Lavapiés. Era inocente, tierna, traviesa, graciosa, tenía mucha imaginación, maullaba los cuplés de moda mejor que nadie y le encantaba contar cuentos a los chicos del barrio” (pp. 53-54). Timotea es una gata diferente porque ¡pone huevos! y eso al principio la hace sufrir, aunque “en el fondo Timotea tenía fe, mucha fe en todo, creía en cosas fantásticas y mágicas y en seguida le pareció estupendo lo que le acababa de suceder” (pág. 56). Gertrudis, en “La gata Gertrudis” acaba haciendo un pacto con los ratones para tratar de vivir todos felices.

Marramiau I, en “El rey de la cordilla”, iba a ser nombrado rey, pero quiso imponer una orden que a los otros gatos no les gustó: respetar a los ratones y todos sus supuestos súbditos lo abandonaron; tanto que el pobre gato casi murió de frío, gracias a una niña que lo salvó.

Y así podríamos ir comentando otros cuentos en que los mininos ocupan un lugar privilegiado.

 

ANIMALES QUE SON DIFERENTES

A Gloria Fuertes, como estamos viendo, le gustan los animales y suele darles una personalidad bien marcada, aunque a menudo se centra en animales que se sienten distintos o especiales, que arrastran una mala fama injustificada- Así, la serpiente, a la que tanto miedo le tenemos, es inofensiva, al menos la conoce Gloria Fuertes que es una serpiente que quiere a la gente y llora porque todos huyen de ella (lo leemos en “La serpiente inofensiva”). Otro de sus animales, Severino, “El elefante que no tenía trompa” no siente ningún complejo por ello, antes al contrario, puesto que gracias no tener trompa los cazadores lo dejan libre. Severino tiene el corazón blando pese a su imponente aspecto: “... él era muy poco animal y su corazón era tierno como el de una mariposa, aunque pesaba una tonelada y abultaba lo que un autobús de dos pisos” (en “Cangura para todo”, pág. 62). Severino, finalmente, encuentra su sitio y su función en la vida. En otro poema un león tiene serios problemas porque no sabe rugir, hay un toro que no sabe torear; pero quizá el animal que da más pena es el perro que protagoniza el cuento titulado “El perro que no sabía ladrar”, que se queda en el paro, precisamente, por eso y escribe una carta buscando amo y ofreciendo, sencillamente, “cariño”.

También distorsiona los cuentos clásicos y escribe versiones a su manera, como en “La gallina que no sabía poner huevos” en donde recrea “La gallina de los huevos de oro”, pero al revés, puesto que la gallina de Gloria Fuertes pone tortillas de oro y ella lo que quiere es ser madre y poner huevos; para ello va a la consulta del médico e inicia una nueva vida. Se niega a poner más tortillas porque quiere tener pollitos. Muy divertido es “El pulpo mecanógrafo” en donde el pulpo muestra todas sus habilidades como indica el título del cuento. Y es que los animales, muchas veces, son más listos que las personas, como le ocurre al Osito Ye-ye quien triunfa en televisión, pero no mantiene mucho tiempo la fama; así, al fin, “se pasa la vida haciendo el oso (que es lo suyo)”.

En “El camello que quería ser jirafa”, otro cuento, aunque no se basa en ninguno clásico, pero lo comentamos para mostrar que a Gloria Fuertes le gustan los seres que quieren romper con lo que son, un camello se va a estudiar en la Universidad de Jirafología para conseguir ser Jirafa... y ser feliz con ello puesto que lo que realmente quiere lograr es sentirse a gusto “lamiendo las nubes, mordisqueando los picos de las estrellas (que, realmente, era para lo que quiso ser jirafa)” (pág. 101, en “Cangura para todo”).

“Plumilindo (El cisne que quería ser pato”) es una especie de “El patito feo, pero sin traumas para el cisne ya que a él lo admiran desde el principio, pero es que le gustaría tanto ser pato porque esta harto de estar solo y al fin lo logra: “Plumilindo jadeante / pudo escapar del estanque.../ ... y huyó río abajo, libre y sonriente, / con todas las aves zancudas al frente, / aleteando, picoteando y jugueteando / ¡Cómo un pato más!” (pág. 9). No le cae muy bien el cisne como animal a Gloria Fuertes y así escribe en “Cómo se dibuja un cisne”: “Al cisne, / le llamé bobalicón/ porque no es inteligente,/ (al igual que mucha gente,)/ solo es belleza aparente),/ ¡El cisne!”.

 

CONCLUSIONES

Gloria Fuertes echa mano de su particular forma de escribir y de entender la escritura también cuando se refiere a los animales, ya sea en verso o en prosa, aunque los matices sonoros se notan más en el verso. La poeta busca la palabra de más efecto para lograr sus rimas, emplea sinónimos, homónimos, repeticiones y toda una serie de recursos estilísticos para conseguir la sorpresa, la gracia, la diversión, la chispa; aunque eso, a veces, le granjeó muchas críticas porque se la tildó de poeta fácil por rimas estilo: “La gallina,/ Josefina,/ pone dos huevos diarios/ en la cocina.” (en “El granjero de la granja”). Mucho podríamos discutir qué es ser fácil o difícil en poesía; lo que pretendía Gloria Fuertes era comunicarse y hacerlo con claridad y , a poder ser, con alegría. De ahí esos versos mágicos, prodigiosos, muchas veces, cercanos al surrealismo como el poema “La oca loca” en donde podemos leer versos como estos: “Doña Oca toca la ocarina, / y prefiere el lago a la piscina./ Este es su marido el Oco,/ -que no está cuerdo tampoco-.” O estos otros, de “La gata y la rata”: “Se comió el queso la gata/ metió la pata la rata,/ la gata le curó el rabo/ -compasiva-,/ y se hicieron muy amigas” o estos otros del poema “Ovejas”: “Ovejas/obesas/balan de contento;/ a mí me dan pena/ y se acaba el cuento”.

Gloria Fuertes aprovecha también el pretexto de los animales para transmitir sus propias ideas acerca del mundo, de la vida, de las cosas. En estos textos se palpa el pacifismo de la autora y el dolor que a ella le causó siempre cualquier situación relacionada con la guerra, que ella tuvo, por desgracia, que vivir muy joven. También valora los sentimientos de amistad y de solidaridad y, sobre todo, nos deja ver que no importa que seamos distintos o diferentes, si somos buenos, si estamos a gusto con nosotros mismos. El león no tiene por qué rugir para ser feliz, viene a decirnos y es una gran verdad. No ha pasado de moda el mensaje de bondad de esta pionera de la literatura infantil en España, ni ha pasado de moda la alegría con que se enfrentó a todas las situaciones. Vale la pena vivir, nos transmite Gloria. Es una gloria leerte, decimos nosotros, ya contagiados de su manera de escribir. Después de todo es posible vivir en un mundo en el cual:

“El ratón persigue al gato,
el gato susta al perro,
el perro habla,
el hombre ladra,
la mosca come al pájaro.
Ya lo ves
Viva el mundo cambiante.
Viva el mundo al revés”. (“El mundo cambiante, el mundo al revés”).

 

NOTAS:

[1] Citado por Rafael Rueda, en “Lazarillo”, nº 8, 2002, pág.42.

[2] Gustavo Doménech. “No escribo de ogros terribles ni de brujas (Entrevista a Gloria Fuertes)”, en “Letragorda”, nº 3, primavera, 1989, pág. 33.

 

ALGUNOS LIBROS DE ANIMALES

“La gata Chundarata y otros cuentos”, Madrid, Videosistemas, 1974. Ilustraciones Esteban Lozano.

“La oca loca”, Madrid, Escuela Española, 1977. (Colección Infantil y Juvenil). Ilustraciones Miguel Ángel Pacheco.

“Cangura para todo”, barcelona, Lumen, (5 1982). Ilustraciones de Marcel.

“El dragón tragón”, Madrid, Escuela Española, 1982, (Colección Infantil y Juvenil). Ilustraciones Sánchez Muñoz.

“La ardilla y su pandilla”, Madrid, Escuela Española, 1983, (Colección Infantil y Juvenil). Ilustraciones de Constantino Gatagán.

“Plumilindo (El cisne que quería ser pato)”, Madrid, Escuela Española, 1983. (Colección Infantil y Juvenil). Dibujos de Jesús Gabán.

“La momia tiene catarro”, Madrid, Escuela Española, 1983, (Colección Infantil y Juvenil). Ilustraciones Sánchez Muñoz.

“Animales geniales. Leer y volar todo es empezar”, Madrid, Escuela Española, 1989. Ilustrado por Nivio López.

“Cuentos de animales”, Madrid, Susaeta, 1992. Ilustrado por Margarita Menéndez.

“Chupachús. Chistes, acertijos y canciones”, Madrid, Susaeta, 1995. Ilustraciones de Margarita Menéndez.

“Un cuento para cada día de la semana”, Madrid, Susaeta, 2006. Ilustraciones Nivio López Vigil.

 

© Anabel Sáiz Ripoll 2010

Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

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