Narrar la historia remota de un país:
Beuter y la Història de València (1538) [*]

Vicent Josep Escartí

Universitat de València
Institut Interuniversitari de Filologia Valenciana
Vicent.J.Escarti@uv.es


 

   
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Resumen: El presente trabajo ofrece una reflexión sobre la obra historiográfica del eclesiástico valenciano y humanista, Pere Antoni Beuter (1490/95-1554). En especial, se incide en la capacidad del autor para narrar una historia fabulosa referida al pasado más remoto de las tierras valencianas e ibéricas en su Primera part de la Història de València (1538), que después sería traducida al castellano y también editada (1546). Buena parte de aquel pasado, en tanto que desconocido, será ideado desde una óptica puramente literaria y sólo puede entenderse a la luz del contacto de Beuter con Italia y con determinadas fuentes historiográficas.
Palabras clave: Pere Antoni Beuter. Historiografía valenciana. Humanismo. Renacimiento.

Abstract: The present paper offers a reflection on the historiographical work of the Valencian and humanist clergyman, Pere Antoni Beuter (1490/95-1554). In particular, it reveals the author's ability to tell a fabulous story set in the most distant past of the Valencian and Iberian land, which is exemplified in his Primera part de la Història de València (1538), later translated and published in Castilian (1546). In this volume much of the province's, until then unknown, past is recreated from a purely literary point of view and can only be understood in the light of Beuter’s contact with Italy and certain historical sources.
Keywords: Pere Antoni Beuter. Valencian Historiography. Humanisme. Renaissance.

 

1. Pere Antoni Beuter: historiador y erasmista

Seguramente los Beuter valencianos eran descendientes de mercaderes eslavos o germánicos que, atraídos por las posibilidades que ofrecía la Valencia del siglo XV, se instalaron aquí en un momento aún sin determinar de aquella centuria.[1] Después, entre el 1490 y el 1495, nacería Pere Antoni, [2] el cual todavía llegó a vivir en aquella urbe dinámica, emprendedora y rica. Incluso, como muchos otros valencianos, llegó a participar en el «sueño» de Italia, con Nápoles y Roma al alcance de la mano, gracias a las conquistas de Alfonso el Magnánimo y Fernando II y a los papas Borja que habían dejado descendientes que aún conservaban poder en la Curia vaticana. Beuter, además, con el nuevo rumbo que fueron tomando las cosas en la monarquía hispánica, con el César Carlos como rey, acabó por formar parte de la oligarquía local valenciana que salió victoriosa de la revuelta de las Germanías (1519-1523). Dedicado a la carrera eclesiástica, nos consta que pretendió medrar en ella, pues llegó a obtener diferentes cargos por designación pontificia, estando en Roma,[3] y se esforzó por hacer aparecer sus logros en las portadas de sus libros dedicados a los arzobispos de Valencia. [4] Por otra parte, estuvo vinculado, probablemente, a la corte virreinal de Valencia en un grado que no podemos precisar; o, al menos, era conocido de los virreyes, pues estos acudían a escuchar sus sermones, como veremos después.[5] De hecho, desde el 1530 fue predicador de la ciudad -es decir, al servicio de los regidores de la ciudad de Valencia- y ya desde el 1522, aunque de manera irregular, parece que ocupaba plaza de profesor en el Estudi General, ocupándose de diferentes cátedras.[6] Es muy probable, además, que llegase a tener algunas aspiraciones a la corte española, como parece demostrar su relación con Juan de Zúñiga, preceptor de Felipe II, a quien podría haber conocido gracias al matrimonio de aquél con Estefania de Requesens, hija a su vez de la dama valenciana Hipòlita de Lihori.[7] La propia trayectoria ideológica de Beuter, claro exaltador de la figura imperial, lo corroboraría, aunque parece ser que no olvidó nunca sus orígenes valencianos, desde donde pretendió catapultarse y donde, en suma, aplicó sus habilidades de historiador. Beuter, a través de las páginas de sus trabajos historiográficos destiló una clara ideología «cesarista», pero no es menos cierto que quiso colaborar a enaltecer el propio país que, de no hacía mucho, había adquirido su familia, y donde él se situó tan prominentemente: la estrategia, por tanto, favorecía los intereses personales del autor y, a la vez, la de los regidores políticos de la ciudad y del reino de Valencia. De hecho, Beuter, en la Primera part... se dirige a los regidores de la ciudad y será a aquellos a quienes dedicará su obra. La Segunda parte... ya tendrá otro destinatario: el imperio.[8]

Pero Beuter inició su singladura intelectual dedicado a los estudios teológicos, como catedrático de «Súmula per via de reals» en el Estudi General de Valencia.[9] El estudio de aquella disciplina y de los textos bíblicos, hemos de recordar que, por aquel tiempo, centraban el foco de los intereses de los estudiosos y despertaban las polémicas más acaloradas, pues nos hallamos en el momento de la aparición de las grandes «herejías» que dividirían Europa y generarían guerras durante buena parte del siglo XVI y del siguiente. Y Beuter -como parte de los intelectuales valencianos vinculados a la Universidad local del periodo- se interesó por Erasmo y sus teorías y todo apunta a que fue seguidor «moderado» de la ideología del de Rotterdam.[10] En su obra historiográfica le cita a menudo y, además, nos consta que poseía libros de aquel intelectual en su biblioteca particular, como aparecen en el inventario post-mortem que de la misma se realizó, en 1555. Pero en cualquier caso, este interés de Beuter por Erasmo debió ser muy «ligero», pues no conocemos que nuestro historiador llegase a tener problemas con las autoridades locales. Incluso una vez que las doctrinas erasmistas perdieron peso ante el César Carlos, en 1537, a raíz de la condena que de las mismas efectuó la Inquisición, Beuter siguió gozando de los favores y de la protección de la oligarquía ciudadana: en 1538 se le encargó el sermón conmemorativo del tercer centenario la conquista de Valencia por parte de Jaime I (1238), y no dejó de recibir ayudas económicas para la publicación de sus escritos. Del sermón citado no nos ha llegado ninguna copia: tradicionalmente, en la pieza de oratoria se hablaba de la conquista de la ciudad por parte de las huestes de catalanes y aragoneses y era preceptivo que dicho sermón se declamase en la lengua propia del reino de Valencia, el catalán, tal como recogen, incluso un siglo después, los libros ceremoniales de la ciudad.[11] Con toda seguridad, el sermón, coloquialmente conocido por «sermó de les espasades», debía inspirarse en las crónicas que circulaban en ese momento y que, probablemente, tomaban como texto base el Llibre dels Fets del rey Jaime I, pues este es el relato más extenso, detallado y fidedigno de aquel enfrentamiento bélico. El tema de la homilía, por tanto, se repetía año tras año el día de san Dionisio, el 9 de octubre, y, si acaso, en los centenarios, se pondría énfasis en el dato cronológico y poco más. Sin embargo, Beuter tomó un camino nuevo, como declara y comenta en el prólogo de la obra que nació a consecuencia de aquel sermón, la Primera part de la Història de València:[12]

Haurà huyt anys, magnífichs y nobles senyors, que los jurats que llavons eren predecessors de vostres magnificències, volent-se servir de mi, me injungiren lo càrrech de les predicacions que per la noble y coronada ciutat de València se costumen fer en diverses festivitats que solemniza, axí en la sglésia cathedral com en la sala y casa real de la ciutat; entre les quals està la de la conquista de la terra, que és la de sant Dionís (...). En esta solemnitat de sant Dionís, per a mostrar la cordial alegria que de tal gràcia deuen fer a Déu, donador d’ella, tots los habitadors d’esta terra, se convoquen totes maneres de instruments de música, perquè segons diu lo Psalmiste: «Omnis spiritus laudet Dominum», y segons lo Apòstol: «Omnis lingua confiteatur quia dominus Jesus in gloria est Dei patris». Y d’allí·ns alcança les gràcies y les nos dóna. Trau-se la bandera real de les venturoses y celestials insígnies de Aragó, les quatre barres de sanc en lo camper de or, y la creu blanca en los fullatges blaus, ab la devisa del Rat Penat, que mostra lo valer del regne, encara que no sia tan gran lo poder. Y ab alegra processó que va a la sglésia de Sant Georgi y torna a la Seu, fa’s lo sermó de la conquista. Per a est sermó, havent-me yo de amprar del libre hon està scrita, trobí’l en alguns passos que demanava més plena informació y en altres benigna intel·ligència.

Praticant d’esta matèria ab los sobredits senyors de jurats de aquell any y mostrant-los los passos que m’havien portat en tal pensament, encaridament me acomanaren que per lo que devia a la pàtria, me desocupàs algunes estones per a cercar la certenitat de açò y lo més que a tal lectura estaria bé, y fent-ne una compilació, la’ls donàs perquè soplís les scriptures antigues que·s perderen en cremar-se la sala y archiu en l'any MCCCCXXIII. Yo, perquè sé quant és gran la obligació que·s té a l'amor de la pàtria, inseguint los seus prechs que per a mi tenien força de manament, posí’m a desoterrar scriptures velles, y ab esta diligència me só encontrat ab tantes coses dignes de ser sabudes que·m par faria gran peccat en retenir-les-me per a mi a soles, sens comunicar-les als desijosos de saber antiquitats. Per ço, en estos huyt anys passats, a estonades desocupades, he compilat lo present tractat que és un sumari repartit en tres parts: la primera tracta del que s’és pogut saber que en esta terra se seguí des del diluvi fins a la conquista del rey en Jaume; la segona tracta de la conquista de la ciutat y del regne; la tercera, de les contingències que des de la conquista fins a nostres dies se són seguides.[13]

El deseo innovador de Beuter lo llevó a considerar que los documentos que hasta allí se habían utilizado -el «libre hon està scrita»- eran erróneos en muchos pasos y necesitaban de «benigna intel·ligència» o dejaban lagunas que pedían «més plena informació». Desde el nombramiento de Beuter como capellán de la ciudad, pues, éste se habría entretenido, «a estonades desocupades», en la búsqueda de «scriptures velles» que le habrían hecho redactar tres partes de la historia valenciana divididas claramente: la historia antigua, que abarcaría desde la creación prácticamente hasta la conquista de la ciudad por parte del rey Jaime; una segunda, que trataría monográficamente esta conquista; y la tercera, con el resto de la historia, llegando hasta la propia época de Beuter y que, por desgracia, no ha llegado hasta nosotros, si es que llegó a existir. En cualquier caso, lo que debió predicar mosén Beuter en el sermón centenario del 1538 fue algo referido a la historia más antigua -y fabulosa, como veremos- de los valencianos. Hasta el punto que despertó la sorpresa de un anónimo cronista, como se lee en el Libre de memòries de la ciutat de València, una especie de dietario con funciones recordatorias claramente públicas.[14] Así, aquel memorialista escribió:

A 9 del mes de octubre y dia de sent Dionís, fon complit lo tercer centenar que la ciutat de València fon conquistada de moros per lo gloriós senyor rey en Jaume de bona memòria, en lo qual dia fon dita missa bisbal en la Seu de la present ciutat per lo reverendíssim senyor bisbe de gràcia, mossén Francés Estanyà. E predicà lo reverent mestre Pere Antoni Beuter, mestre en Sacra Teulogia. En lo dit sermó dix los que primer poblaren la insigne ciutat de València y aprés dix tota la història de la conquista de València; en la qual missa y sermó fon convidat lo excel·lentíssimo senyor don Ferrando de Aragó, duch de Calàbria, lochtinent y capità general en la present ciutat y regne de València y molts nobles y cavallers. E fonch portada a la Seu la bandera de València, des de la casa de la ciutat, per lo justícia criminal, y era mossén Miquel Guillem Pelegrí Cathalà, generós, acompanyada dels magnífichs jurats mossén Pedro Exarch, generós, en Agustí Juan Albert, ciutadà, jurats en cap, mossén Gaspar Antist, cavaller, en Thomàs Roig, en Jeroni Collar, en Damià Ferrer, ciutadans, jurats en lo present any de la ciutat de València, vestits ab gramalles de vellut carmesí forrades de setí morat, les quals gramalles foren fetes en loch de les que se havien de fer per a la festa de Tots Sants. E la dita bandera així mateix fon acompanyada per lo justícia civil de la present ciutat e per molts ciutadans de aquella e per lo racional y síndichs e per molta altra gent notable. E acabada la missa e sermó, fon tornada la bandera per los damunts dits a la casa de la ciutat.[15]

Como vemos, lo más florido de la nobleza de la ciudad del Turia acudió a escuchar el sermón protocolario, que habló por primera vez sobre «los que primer poblaren la insigne ciutat de València» y se entretuvo en «tota la història de la conquista de València». Lo cual nos situaría claramente delante de los esquemas o hilos conductores de la narración que luego Beuter desarrollaría en sus dos máximos escritos históricos: la ya citada Primera part... (1538), publicada aquel mismo año y para la cual el sermón debió ser una especie de operación de márquetin, y la Segunda parte... (1551),[16] publicada ya en castellano. Entre estos años, Beuter realizó, además, la versión española de la Primera parte (1546).[17] Pero a pesar de esta insistencia repetida de Beuter en narrar la historia valenciana, y más general de la península Ibérica, la actividad básica de quien ahora es recordado como cronista no fue esta: la docencia universitaria, el estudio de la Biblia, la redacción de volúmenes sobre teología, liturgia y otros temas de carácter eclesiástico, amén de sus funciones de capellán de la ciudad y en la catedral, fueron sus principales ocupaciones. Los bibliógrafos antiguos ya conocieron los libros «religiosos» de Beuter y se conservan ejemplares en nuestras bibliotecas.[18] Y aunque, obviamente, tienen un interés muy limitado para nuestra sociedad actual, seguramente allí es donde se encontrarán las mejores pistas para perfilar las líneas del pensamiento beuteriano, en especial por lo que respecta a las posibles influencias de Erasmo. Aunque, como ya advirtieron Fuster y, después, Iborra, el erasmismo de Beuter sólo debió ser una especie de barniz.[19] Y en aquella actividad cultural de Beuter, la confección de la historia, como él mismo declara, fue una simple «digresión»:

Encara que la mia professió me obligue a occupar les hores del meu studi en les matèries de la Sagrada Theologia, per a aprofitar en la santa sgléya de de Déu y esmerçar lo talent que tinch acomanat en lo guany spiritual de les ànimes, no serà cosa stranya del que s'espera de un ecclesiàstich haver fet algun disgrés de aquells studis per a regirar los libres vells y scriptures de memòries antigues y traure a llum lo que·s seguí en los temps passats en estes nostres partides.[20]

Era una excusa retórica, pues Beuter redactó la Segunda parte de la Historia de Valencia, que ya publicó en castellano, probablemente impulsado por el éxito de la traducción que había hecho al español de la Primera part..., a la cual había añadido «tanto [...] que se reputa por obra distinta», como afirmaba ya el bibliógrafo del XVIII, Vicent Ximeno.[21] No sabemos si llegó a redactar la Tercera parte que él mismo anuncia en diferentes lugares de su obra publicada,[22] pero lo que es cierto es que aquella actividad como historiador debió procurarle una relativa fama, y el hecho de cambiar de lengua rápidamente lo corroboraría, además de ser un claro indicio de la situación sociolingüística de la Valencia del Renacimiento, claramente influenciada por Italia, pero dominada ya políticamente por la Castilla imperial, y donde el uso del castellano en los círculos del poder local comenzaba a ser habitual y frecuente.[23]

Sin embargo, el sentimiento de deserción lingüística en Beuter todavía debía de pesar y de ahí la necesidad de excusarse ante sus compatriotas, aunque sólo fuese como un mero ejercicio de retórica. Por eso, al publicar la Primera parte, Beuter escribe:

Imprimióse, pues, en lengua valenciana, como yo la compuse, y pienso que hizo algún provecho en nuestra tierra. Y según que de algún curioso fue recogido en Aragón y Castilla, paresció que con alguna poca de mejoría se podría embiar por toda España a dar lengua, como de camino, en las más ciudades d’ella, de muchas antigüedades que allí acontescieron en tiempo de romanos y antes y después d’ellos. Para lo qual era necessario proveerle la lengua castellana con que fuesse entendida en los lugares do no entendían la valenciana.[24]

Era la excusa fácil de la «universalidad» de la lengua vecina. Pero Beuter iba más lejos: al traducir su texto al castellano tenía, además, una clarísima intencionalidad política, de acuerdo con la idea de la monarquía única que iba imponiéndose en la mayor parte de las tierras hispánicas, como él mismo se encarga de resaltar:

En tiempo de los godos se hablava quasi en toda España una sola lengua que havían introduzido los romanos, y los godos se hizieron a ella, dexando la propia suya bárbara que sacaron de su tierra. Venidos los moros, quedó la lengua española en Aragón y Asturias, do salieron la lengua aragonesa y castellana, al principio en muy pocas cosas discrepantes y con el discurso del tiempo, agora en nuestros días, tenidas por lenguas differentes, aunque salidas de una misma rayz. Pues como el tiempo ha traydo la diversidad de tantos reynos como en España se partieron, por la venida de los moros, en un general y solo señorío -excepto Portugal-, paresce que el mismo tiempo requiere que sea en todos una común lengua, como solía en la monarchía primera de España, en tiempo de los godos. Luego no es razón que a nadie parezca mal que siendo yo valenciano natural y escriviendo de Valencia, a los regidores d'ella escriva en castellano, lengua estraña para Valencia, por el respeto commún ydivulgación mayor en toda España de las gracias que Dios ha concedido a este reyno, que no se haze a la lengua valenciana perjuyzio en ello, ni pierde por ello el ser habla pulida, dulce y muy linda, que con brevedad moderada exprime los secretos y profundos conceptos del alma y despierta el ingenio a vivos primores, de donde le resulta un muy esclarecido lustre.[25]

Los argumentos que maneja Beuter, acompañados del elogio de la lengua nacional que, paradójicamente, dejaba de usarse, se repetirán a lo largo de los siglos y formarán una extensa colección de «apologías de la lengua».[26] Pero conviene destacar que la actitud de Beuter, a mediados del XVI, en Valencia, no era un hecho aislado. Otro historiador regnícola, Rafael Martí de Viciana, miembro de la nobleza local, no llegó siquiera a publicar nada en su catalán materno, dando a la imprenta una versión traducida en español, a pesar de que afirma que redactó su extensa obra historiográfica y literaria en la lengua nacional. Una mutación que ha sido perfectamente explicada por A. Ferrando.[27] Pero, de hecho, el cambio de lengua era un signo de los tiempos. El castellano y el latín se imponían poco a poco en la producción erudita y en el mercado editorial, y los autores valencianos como Beuter, Viciana o Lluís del Milà, que pretendían ser hombres «modernos» y, dicho sea de paso, medrar ante los representantes del poder y de la monarquía, no se abstuvieron de usar la lengua de Castilla para intentar alcanzar sus objetivos; y no sólo esto, sino que buscaban definir y potenciar un determinado tipo de nobleza, agrupada alrededor del poder reial y de sus representantes.[28]

Pere Antoni Beuter, beneficiado en la catedral de Valencia, profesor del Estudi General, predicador de la ciudad y redactor de obras de teología y de historia, murió el 5 de diciembre de 1554, como se puede ver por la publicación de su testamento, que ha permanecido inédito prácticamente hasta nuestros días.[29] Dejó un hijo, Pere Lluís, de madre desconocida, que pasó a formar parte de la Compañía de Jesús, quizás por indicación de su propio padre, conocedor y lector de las obras del duque de Gandía y santo, Francesc de Borja, de quien tenía algún libro en su biblioteca. Con los años, Pere Lluís Beuter destacó, en Évora, en Portugal, como filósofo seguidor del molinismo.[30] Su padre le había dejado una modesta fortuna, una casa y un huerto «en lo camí de Benimaclet, fora los murs de la ciutat de València», como se indica en el citado testamento, y algunos ejemplares de sus propios libros, que no se habían vendido todavía,[31] además de una biblioteca relevante que fue subastada y cuyo análisis revela datos muy interesantes.

 

2. Las fuentes para narrar la historia: biblioteca y erudición

El estudio de los inventarios post-mortem se ha convertido en una forma muy efectiva para conocer las bibliotecas del pasado, y en el caso valenciano, han revelado datos muy interesantes, especialmente para conocer el nivel de cultura de la nobleza y la oligarquía ciudadanas de los siglos XV y XVI.[32] En el caso que nos ocupa, el inventario de los bienes de Pere Antoni Beuter se elaboró unos días después de su muerte y nos aporta noticias muy jugosas sobre la formación intelectual de aquel capellán de la ciudad, ya que se contienen, de manera bastante detallada, los títulos de las obras que integraban su biblioteca.[33] Esta, con más de trescientos títulos diferentes, se sitúa entre las más grandes de su época en Valencia, si tenemos en cuenta los datos conocidos hasta ahora. En efecto, Philippe Berger afirma que después de los años treinta del siglo XVI, las bibliotecas de los miembros del clero valenciano suelen estar integradas por unos cincuenta ejemplares, más o menos, [34] dato que corrobora la importancia de la biblioteca de nuestro historiador. Por otro lado, Beuter se nos muestra como un digno representante y seguidor de los mejores influjos humanísticos italianos, que ya eran presentes en la Corona de Aragón desde el siglo XIV.[35]

Pero una biblioteca así, además de darnos indicios sobre la pasión por los libros que seguramente acompañó a Beuter durante toda su vida, nos es muy útil para conocer cuáles eran sus gustos y preferencias, pero de manera especialísima porque nos revelará los intereses específicos de un intelectual valenciano, miembro del clero, con voluntad de historiógrafo y con influencias de Erasmo. La biblioteca, pues, servirá claramente de espejo donde encontrar la huella del Renacimiento y, así, descubrir qué interesaba realmente a un profesional de la teología, en primer lugar, y a un autor de historiografía, en segundo término. La biblioteca de Beuter, pues, será el reflejo de su cultura, de su formación, con las reservas necesarias, teniendo en cuenta que Beuter pudo tener acceso a otras lecturas con facilidad.

Pero si nos ceñimos a lo referenciado en el inventario post-mortem ya aludido vemos con claridad que la biblioteca beuteriana es una colección de títulos de temática religiosa (teología, liturgia, libros bíblicos...) y filosófica, [36] donde se detectan muy escasos volúmenes estrictamente «literarios», es decir, de lo que actualmente entenderíamos como literatura de entretenimiento. De hecho, de estos últimos sólo destacaríamos un «libre ab cubertes de pregamí intitulat Johan Bocasio», junto a la «Genealogie deeorum gentilium, per Johanem Bocacium»,[37] un «altre libre ab cubertes de pregamí intitulat Novellino de Mansucio Salernitano»,[38] seguramente en italiano, lo mismo que un «libre ab cubertes de cuyro intitulat Dante, poeta, en ytaliano».[39] Ni rastro, pues, de la literatura nacional que tantos frutos destacados había dado en el siglo anterior, cosa a todas luces llamativa, pues la prosa de Beuter en catalán, fluida, elegante y aliviada de los excesos latinizantes de Joan Roís de Corella o de Miquel Peres, no tenemos muy claro qué modelos debió seguir.[40] Pero, sin duda, sobre su formación lingüística debió pesar el contacto con la tradición de los textos jurídico-administrativos que con toda seguridad leyó en archivos diversos.

El otro gran interés de Beuter fue, después de la teología y de la filosofía, la lectura y el estudio de obras historiográficas. A esta materia están dedicados más de cincuenta títulos, entre los cuales encontramos una mayoría en latín -y desde los clásicos de la Antigüedad a obras medievales o de los humanistas italianos más destacados. [41] Pero también aparecen textos en catalán, en castellano y en italiano. Respecto a las obras en latín, debemos remarcar la presencia de «un libre ab cubertes de pregamí intitulat Johannes Annius», ya que se trata de la obra del dominico y servidor del papa Alejandro VI Borja, Giovanni di Nanni -más conocido por Juan Annio o Annius de Viterbo-,[42] y titulada Comentaria super opera auctorum diversorum de antiquitatibus loquentium, que se publicó el 1495 en Roma, con una dedicatoria a los reyes Fernando II de Aragón e Isabel de Castilla. [43] Beuter pudo conocer la obra estando en la península Ibérica o en su viaje a la península vecina: en cualquier caso, como el dominico ensalzaba Valencia, situándola incluso por encima de Roma, eso debió agradar a Beuter, quien creyó y citó como autoridades clásicas y antiguas las falsificaciones que se había inventado el de Viterbo, los textos atribuidos a Beroso y a otros autores antiguos que fueron presentados como auténticos por Beuter, y que algunos eruditos e historiógrafos posteriores, conocedores de su origen fraudulento, pusieron como pretexto para invalidar la obra del valenciano.[44]

Respecto a los textos en romance destacan, en catalán, la «Conquista e privilegis de València»,[45] la «Corònica d'Espanya, de Miquel Carbonell»,[46] un «Flos sanctorum, en romans»,[47] la «Istòria dels sancts corporals de Daroca»,[48] y la «Vida dels sants pares de l'Egipte».[49] A pesar de los títulos con que nos los ha referenciado el notario redactor del inventario de la biblioteca beuteriana, creemos poco probable que estuviesen en catalán la «Corònica del regne de Nàpols»,[50] -que debía estar en italiano-, una «Primera y Segona part de la Vida de Plutarco»,[51] y un volumen titulado «Vallo, De coses de guerra»,[52] -seguramente en italiano-, además de otro que llevaba por título «Dècades Quinti Tito Livii».[53]

En castellano, el volumen de textos que hallamos es superior al que presentan los títulos en la lengua del país: «Los quatro libros primeros de la Corónica d'Espanya de Florián d'Ocampo»,[54] unas «Corónicas de Aragón, de frare Gauberto»,[55] la «Corónica del Sit Roy Dies»,[56] la «Corónica llamada el Triumfo de los nueve más preciados de la Fama»[57] -entre las aventuras caballerescas y la vida de Bernard Duguesclin-; la «Corónica del rey don Pedro Primero d'este nombre, rey de Castilla»,[58] la «Corónica del sancto rey don Fernando, tercer d'este nombre»,[59] las «Décadas de Tito Livio, en romance»,[60] «La guerra de Alemanya, de don Luis Ávila»[61] y el «Inquiridión de los tiempos, de frare Alonso Venero».[62] En italiano, finalmente, sólo parecen dos volúmenes: unos «Comentarios de las cosas de los turcos, en italiano»[63] y otro, titulado «De los hechos del duque de Borbón, en ytaliano».[64]

Pero la biblioteca beuteriana todavía nos puede aportar nuevos datos, respecto a la personalidad de su propietario. Por un lado, sobre la posibilidad del conocimiento de la lengua hebrea, y, por otro, sobre su vinculación al erasmismo. Así, en el siglo XVIII, Vicent Ximeno afirmaba que Beuter había sido catedrático de hebreo en la Universidad de Valencia, seguramente siguiendo la información dada por el también bibliógrafo Josep Rodríguez, del siglo anterior. Vicent Castañeda, contrariamente, negaba esta posibilidad en 1920, aportando el nombre de otros personajes que habían ocupado aquella cátedra. [65] Pero después de haber analizado el inventario de los libros que Beuter tuvo en su biblioteca, aunque no lo podemos resolver completamente, al menos sí que podemos afirmar que Beuter realmente tuvo interés en aquella lengua -y seguramente algunos conocimientos. De otra forma no se explicaría la aparición de una «Grammatica ebrea», [66] unas «Introductiones artis gramatice ebrayce»[67] y los «Ysagoge elemetodus in ebraicam linguam Sebastiani Munsterre»[68] en su biblioteca. Junto a las «Hebrayce instituciones sancti Spaginni».[69] En cualquier caso, seguramente hemos de relacionar estos volúmenes con su obra De feriis et diebus festis judaeorum, que Rodríguez y Ximeno citan,[70] sin duda a partir de las informaciones del bibliógrafo Nicolás Antonio, quien afirma que existía, en su tiempo, manuscrita, en la Biblioteca Ambrosiana de Milán.[71]

Finalmente, para remarcar la posible influencia de Erasmo sobre el pensamiento de Beuter, además de aquello que deja entrever el valenciano en sus escritos, se debería tener en cuenta el hecho que Beuter tenía en su biblioteca un «Inquiridion militis christiani Erasmi», unas «Adnotaciones Erasmi Super Epistolas Pauli», las «Adnotaciones Erasmi in Novum Testamenti» y las «Parafraasis Erasmi in Evangelium Luçe», «in Evangelium Mathei», «in Evangelium Marcii» y, también, «in Evangelium secundum Johannem».[72] En general, obras de exégesis bíblica, pero también uno de los escritos más importantes del de Rotterdam, que circuló, junto a otras obras, por muchas bibliotecas del Renacimiento en tierras hispánicas.[73]

En conjunto, pues, una biblioteca que nos demuestra claramente los intereses de quien la conformó: teología, religión, la Biblia, liturgia,[74] piedad popular, filosofía, historia, lengua latina, castellana[75] y hebrea, retórica,[76] etc. Incluso podemos reseñar algún libro de carácter mucho más práctico.[77] Y todo ello, junto a clásicos latinos, a algunos humanistas italianos y al lado de obras de Erasmo, el pensador más avanzado de su tiempo. Beuter era, sin lugar a dudas, un hombre que sentía curiosidad por las letras y por el mundo en que se movía. Por eso, en las paredes de aquel estudio suyo había, seguramente como complemento a sus lecturas, «un paper intitulat Descriptio Totius Terre Sancte», al lado de «un altre paper intitulat Tremuntana, Grego y Levante, Siroco» y un «mapamundi de paper». Enigmáticamente, también aparecen «tres papers en la paret: en lo hu lo Turch, en l’altre lo rey de França y en l’altre Barbarrosa», los tres mayores enemigos de la monarquía hispánica a quien un intelectual como Beuter ayudaba a construir ideológicamente su edificio, cimentándolo en la narración de la historia según aquello que más convenía a su receptor.

 

3. Narrar la historia desconocida: los tiempos antiguos, como excusa

Es evidente que, a tenor de la parte de la producción historiográfica beuteriana que se nos ha conservado, a aquel autor del Renacimiento le interesaron, sobre todo, los orígenes: los tiempos antiguos sobre los cuales debía hablar sin haberlos vivido. En esto sus intereses eran acordes con los nuevos gustos originados en Italia: la Antigüedad clásica había fascinado a los intelectuales de finales del XV y seguía atrayendo a los del siglo XVI. Por otro lado, desde las diferentes literaturas «nacionales», se pueden detectar ciertos movimientos en algunos autores, destinados a defender la propia tradición, por encima de la supeditación a Roma y a su pasado clásico, enlazando, así, casi, con el Manierismo.[78] En el caso de Beuter, narrar la historia antigua del reino de Valencia y, por extensión, en muchos casos, del resto de la península Ibérica, cuando traducirá su Primera part... al castellano, coincidirá con los movimientos culturales renacentistas en el sentido que se interesará especialmente por el periodo más antiguo e ignoto, pero, además, será un ejemplo de defensor de una supuesta «primacía» de lo ibérico frente a lo romano. Para esto, le resultará utilísima la obra de Annio de Viterbo, ya citada.

Beuter, en su Primera part... se interesó por recoger todo aquello que pudo sobre los primeros tiempos de las tierras valencianas: desde Túbal, nieto de Noé, hasta el Cid. Y la división efectuada por Beuter, como veremos, no es arbitraria. Los descendientes de Túbal, o los romanos y los árabes, así como el período de control de Valencia por parte del Cid y sus huestes castellanas, no formaban parte de la «genealogía directa» -por llamarla de algún modo- de Beuter y sus connacionales valencianos. Y aquel pasado remoto será construido como una fantástica narración, justo a partir de la obra de Juan Annio, un humanista falsario claramente interesado en agradar al segundo papa Borja y a los Reyes Católicos, como ya hemos dicho. Beuter conectaba de esta manera con una tendencia generalizada de los historiógrafos humanistas: la de encontrar los orígenes y defender la tradición propia ante la primacía de Roma y su apabullante antigüedad, una supremacía que en el plano ideológico podía interesar a la Iglesia, pero no a las diferentes monarquías europeas. La época pre-romana, fantásticamente ilustrada por el dominico de Viterbo, era continuada con datos del periodo romano, más datos sobre la época de los godos y otros más sobre la dominación musulmana y la del Cid. Beuter, después de hacer este recorrido cronológico y tras completarlo con una descripción «geográfica» de la ciudad y del reino -siguiendo en parte la realizada por el franciscano de Gerona instalado en Valencia, fray Francesc Eiximenis, en el siglo XIV-,[79] construía una imagen concreta de las tierras valencianas, una imagen que ofrecía a sus compatriotas como fruto de sus investigaciones y bajo la apariencia de una obra rigurosa y bien documentada. Así, tras aventurarse en los procelosos territorios de los periodos más antiguos de la Historia -donde pocos se atrevían a entrar-,[80] Beuter había construido un edificio con la mítica que necesitaba la ciudad y el reino de Valencia. Pero el propio autor sabía -y lo demuestra en su separación de las partes de su obra- que la sociedad valenciana del momento no descendía de aquellos nobles y decorativos antepasados como Túbal o el Cid, por mucho que le fuesen claramente vinculables por haber compartido una geografía. Beuter sabía perfectamente que la Valencia de su tiempo tenía sus orígenes en el tiempo de la conquista de Jaime I: los catalanes y los aragoneses, al repoblar aquellas tierras y fundar e incorporar aquel nuevo reino de Valencia a la Corona de Aragón, creaban el país donde vivía Beuter. Por esa razón dedicará el segundo volumen, íntegramente, a aquella constitución político-geográfica del país, narrada a partir de fuentes medievales y, esencialmente, de la crónica redactada por el propio monarca Conquistador, y otros escritos mucho más fiables que las que usó para construir el relato de los tiempos más remotos de los valencianos. Y así, aunque no se abstuvo de dar cabida a leyendas y mitos varios,[81] usó documentos,[82] crónicas «oficiales» de la casa real de Aragón[83] y otras, pero, sobre todo, el Llibre dels fets del rey Conquistador. Una obra que era bien conocida y reverenciada por los valencianos del XVI y que precisamente en esta ciudad conocería su primera edición.[84] Beuter, que sin duda lo sabía y que seguramente sabía también que sus posibles lectores estaban acostumbrados a leer -o a escuchar, incluso desde el púlpito, como hemos visto- la historia de la conquista del reino de una manera concreta, sólo se atrevió a hacer, en muchos pasos, una paráfrasis -que nos ha llegado ya sólo en castellano- de la obra del rey[85] semejante a la realizada, unos años después, primero en latín y después también en castellano, por el arcediano de Morvedre, el canónigo humanista aragonés Bernardino Gómez Miedes, que acabaría su vida como obispo de Albarracín.[86] Y esta no sería la única, pues lo mismo haría, en buena medida, el fraile dominico Jaume Bleda, cuando redactó la parte correspondiente a la conquista del reino de Valencia de su Corónica de los moros de España (1618).[87]

Pero volviendo al tema de la narración de la historia, en la obra que nos ha dejado Beuter, aquello que más destaca es el hecho que en ambas partes la ciudad y el reino de Valencia «nacen» ante la mirada del lector: bien desde el árbol genealógico del mismísimo Noé, bien desde los catalanes y los aragoneses que acompañaron al rey don Jaime, y de quienes desdecendían efectivamente la mayor parte de los habitantes del país, nietos de aquellos primeros pobladores.[88]

La producción historiográfica de Pere Antoni Beuter es un testimonio importante de la manera de concebir el mundo y la historia en el siglo XVI: más aún, es un testimonio de la nueva manera de escribir la Història que se dará en el Renacimiento y que proviene de la nueva visión sobre la Antigüedad.[89] Incluso, es una muestra excelente para detectar hasta qué punto la literatura -la fabulación- podía venir en auxilio de la historiografía, cuando esta carecía de datos, de fuentes fiables. Por eso mismo, no debe importarnos demasiado si Beuter fue un capellán crédulo y poco riguroso a la hora de aceptar informaciones que provenían de textos que otros desecharían después, al comprobar o suponer que eran falsificaciones claras y de intenciones más que dudosas. En el fondo, aquellos textos eran fruto, también, de una época: demostraban una intencionalidad muy concreta, servían a unos poderes específicos, tenían su función dentro de la maquinaria de la monarquía hispánica única que por aquellos años comenzaba a consolidarse y a expandirse de manera inusitada. Beuter, si se los llegó a creer, o si, incluso, sólo se sirvió de ellos a sabiendas de que eran falsos, no hizo nada que se apartase de su propio tiempo. Demostraba con ello que a través de su trabajo intelectual se podía influir sobre la construcción de la imagen histórica de la ciudad, de su territorio y, por extensión y lógicamente, de los estados unitarios que iban prefigurándose teóricamente y en la práctica durante aquel siglo. Algo que apreciaban mucho los humanistas historiógrafos, siempre dispuestos a ofrecer una «lección» de Historia a los príncipes gobernantes, fueran estos los monarcas o los regidores de una ciudad.[90] La narración de la Historia, pues, ornamentada desde la literatura, cumplía así una función bien determinada.

Por otro lado, la obra de Beuter, a pesar de las fabulosas narraciones que contiene en su primera parte, provenientes de las falsificaciones del fraile italiano ya citado, y de la escasa originalidad que demuestra en su segunda parte, fue siempre un texto que gustó a los valencianos del siglo XVI y de principios del XVII, como vienen a demostrar las diversas ediciones que conoció [91] y, además, la segura proyección exterior, en tierras de lengua castellana, y desde donde conoció una traducción italiana, al menos, de la Primera part.[92] Todo esto, junto a un uso frecuente de la Història de València de Beuter entre los historiadores posteriores, a menudo para negar alguna aportación suya, pero frecuentemente, también, para llenar cualquier laguna y, sobre todo, para ampararse en su autoridad -real o imaginaria-, cuando se intentaban explicar las épocas más remotas,[93] las que seguramente más gustaron a Pere Antoni Beuter, y donde más pudo hacer gala de su maestría combinando la narración de la historia con la fabulación literaria, pero las que, de la misma manera, le valieron un mayor número de críticas por parte de los historiadores posteriores, deseosos ya de una mayor veracidad en las fuentes usadas y, sobre todo, críticos con todo aquel material que, proveniente de los ámbitos poco o nada probados de la mitología, se fue desterrando de los compendios de Historia, a medida que fue avanzando el criticismo y la racionalidad, en las siguientes centurias.

 

Notas:

[*] El presente trabajo se incluye en el marco del proyecto «La cultura literaria medieval y moderna en la tradición manuscrita e impresa (IV)» FF12009-14206, del Ministerio de Ciencia e Innovación.

 

[1] Batllori (1971: 281-283).

[2] Sobre la vida y obra de Beuter son fundamentales los siguientes trabajos: Rodríguez (1747: 271-273), Ximeno (1747-1749: I, 103-105), Castañeda y Alcover (1920: 19-24), Castañeda y Alcover (1932), Ribelles Comín (1929: II, 119-135), Batllori (1971), Fuster (1971), Iborra (1982 i 1983), Escartí (1995) y Escartí (1998).

[3] Ximeno (1747-1749: I, 103) afirma que «honróle el sumo pontífice con los empleos de protonotario y predicador apostólico».

[4] Ximeno (1747-1749: I, 103-104).

[5] Iborra (1983: 12).

[6] Castañeda y Alcover (1920: 19-22; y 1932). Sobre la cátedra de hebreo, Rodríguez (1747: 371) y Ximeno (1747-1749: I, 103).

[7] Cahner (1978: II, 62-63) edita una carta de Estefania de Requesens donde se habla de «mestre Pere Antoni». El mismo Cahner sospechó que se trataba de Beuter. Pero ha sido Iborra (1983: 13) quien ha puesto de relieve la relación entre el humanista y el matrimonio Zúñiga-Requesens. De hecho, en el Sumario del libro de las Ceremonias de la missa (Beuter, 1544) se puede leer: «Y porque todos los clérigos no son tan latinos como sería menester, a ruego de algunos acordé hazer un sumario de todo lo essencial en lengua castellana, que quiçá podrá hazer más fruto. Y acabándolo de hazer a coyuntura que la illustre condessa de Palamós [Hipòlita de Lihori], mi especial señora, cuyo soy antiguo servidor, havía de ir a la corte, me ha parescido por su medio favorescerme del nombre de vuestra illustre señoría [Juan de Zúñiga], con el qual el tratado tenga autoridad y yo más osadía de sacalle a la luz». De hecho, si miramos la fecha de la carta rescatada por Cahner y la de publicació del Sumario..., se deduce fácilmente que la relación entre ambas partes debió ser duradera y satisfactoria.

[8] Sobre la ideología de Beuter, Escartí (2003: 207-213)

[9] Castañeda y Alcover (1920: 20).

[10] Fuster (1971). Sobre la presencia del erasmismo en Valencia, entre otros, Fuster (1968), Rausell (1997 y 1999) y Gil (2000).

[11] Valda (1998: 94) y Escartí (2006: 32-33)

[12] Beuter (1538).

[13] Beuter (1998: 35-36).

[14] Escartí (1990: 119-120).

[15] Libre de memòries... (1930-1935: II, 837-838)

[16] Beuter (1551).

[17] Beuter (1546).

[18] Ximeno (1747-1749: I, 104-105) y Ribelles Comín (1929: II, 119-135).

[19] Fuster (1971); Iborra (1983: 10-16). Más datos en Rausell (1997 y 1999).

[20] Beuter (1998: 37).

[21] Ximeno (1747-1749: I, 104).

[22] Sobre esa cuestión, Escartí (1998: 13 y 22-23).

[23] En referencia al cambio lingüístico de la nobleza valenciana, la bibliografía es bastante abundante, pero se pueden cosultar con provecho los siguientes textos: Fuster (1976), Fuster (1986), Fuster (1989), Nadal (1989), Ferrando/Escartí (1992) y Ferrando (2003).

[24] Beuter (1546: 2 r).

[25] Ibidem.

[27] Pitarch (1972) y Climent (2003).

[28] Sobre la cuestión lingüística en Viciana, Ferrando (2003). Sobre los modelos nobiliarios propuestos por Viciana, Escartí (2009c); en el caso de Milà, Escartí (2009b).

[29] En el caso del noble Bernat Guillem Català de Valleriola, también poeta y fundador de la Academia de los nocturnos, se da el cambio de lengua con claridad cuando se acerca al poder. Ha sido estudiado por Roca (1997).

[30] Lo dimos a conocer en Escartí (1995) y fue reproducido en Escartí (1998).

[31] Batllori (1971).

[32] Berger (1987: II, 422-424 y 441-443).

[33] Berger (1987) y Gimeno/Trenchs (1993).

[34] El inventario se conserva en el Arxiu del Reial Col·legi Seminari de Corpus Christi de València, Protocolo de Pere Joan (sig. 19715). Indica su localización Berger (1987: II, 422-424. Más datos en Escartí (1998: 15-19).

[35] Berger (1987: I, 371).

[36] Butinyà (2006).

[37] Evitamos dar una lista de los libros referidos a estas materias, pues sería casi como publicar el inventario completo. Sin embargo, indicamos que entre los volúmenes de su biblioteca contaba con títulos bien conocidos en el momento, tanto de clásicos como de autores medievales y humanistas. Advertimos, también, que ofrecemos los títulos de las obras ubicadas en aquella biblioteca tal y como los transcribió el notario o su escribano. Por otra parte, como el protocolo no presenta numeración en los folios, no podemos remitir a ella.

[38] Las ediciones de obras de Boccaccio eran abundantes y resulta prácticamente imposible identificar qué ejemplares tuvo Beuter en su biblioteca. Sobre la presencia de este autor en nuestras tierras, Bourland (1905) y Blanco Jiménez (1978).

[39] Se habían efectuado diferentes ediciones de la obra del Salernitano, desde la de Venecia de 1484, realizada por Baptista de Tortis.

[40] Ocurre lo mismo en este título que en los comentados en la nota 37. Sobre Dante en la península Ibérica. Sobre Dante en España, Amezua (1922).

[41] Sobre los hábitos de lectura en Valencia, los modelos de prosa en el Renacimiento y el estilo de la prosa catalana de Beuter, se pueden consultar Fuster (1976), Prats/Rossich (1988) y Juan-Mompó (1991).

[42] En este grupo conviene destacar los siguientes títulos: «Bellisari, Historia», «Coronica Euzebi episcopi», «Geografia Tholomei», «Josephi Judei Opera de Antiquitatibus», «Lutio Marineo Siculo De laudibus Hispanie», «Opera de Lucio Marineo Siculo, De las cosas memorabales d'Espanya», «Plinio De naturali hystoria», una «Summa de Geographia», una «Thopografia Rome», «Nicolas Leonicus, De varia historia», «Johannes Babtista Venetus, De cesaribus», «Pogii Florentini, Oratoris historiae», «Coronica Ferdinandi regis Boemie», «Opus Pauli Orosi historiografi», «Compendium Roberti super Francorum gestis», «Coronica Johannis Carrionis», «Coronica ducum Brabantie», y la «Historia de seditionibus Scicilie, ab cubertes de pregamí, intitulat Gesta romanorum», entre otros, y junto al texto que más influyó en la redacción de la Primera part de su Història de València: «Johannes Annius». Son libros que después, en su mayoría, citó Beuter al redactar su obra historiográfica (Beuter 1998).

[43] Sobre este autor y su actividad historiográfica (o pseudo-historiográfica), Bietenholz (1994: 193-199).

[44] Tate (1970: 25-29); y sobre su uso por parte de Beuter, Duran (1991: 246-247).

[45] Las críticas a Beuter ya vienen de antiguo. Por ejemplo, en Ximeno (1747-1749: I, 103-104).

[46] Se trata del texto de Lluís Alanya, Aureum opus regalium privilegiorum civitatis et regni Valentie cum historia christianissimi regis Jacobi ipsius primi conquistatoris, publicado en Valencia, el 1515 por Diego de Gumiel.

[47] Se refiere a la obra de Pere Miquel Carbonell, Chròniques de Espanya fins ací no divulgades, que tracta dels nobles e invictíssims reys dels gots y gestes de aquells, y dels comtes de Barcelona e reys de Aragó, ab moltes coses dignes de perpètua memòria, publicada en Barcelona, por Carles Amorós, el 1542.

[48] Circulaban diferentes ediciones del Flos... en catalán que podrían haber formado parte de la biblioteca de Beuter. Se indican algunas en Aguiló y Fuster (1923), pero probablemente debía tratarse del editado en Valencia, el 1514, por Jordi Costilla.

[49] El propio Beuter narró aquel portentoso acontecimiento en su Segunda parte... (Beuter, 1995: 231-236). No hemos identificado, sin embargo, este volumen. Tal vez se trataba de un manuscrito.

[50] No hemos podido identificar este volumen. Podía tratarse de un manuscrito.

[51] Debe tratarse de la «Corónica de Nápoles de Pandolfo de Pesaro» que cita el propio Beuter en la Segunda parte... (Beuter, 1995: 3 r). Seguramente este texto se encontraba en italiano. Son numeroras las ediciones venecianas del Compendio delle Historie del Regno di Napoli, composto da messer Pandolpho Collenutio, iurisconsulto in Pesaro. Precisamente en Valencia, el 1563, se publicaron en castellano, por Joan Navarro, traducidas por Nicolau Espinosa (Compendio de las hystorias del reyno de Napoles, del famoso Doctor Pandolfo Colenucio).

[52] Tal vez se trataba de alguna de las ediciones italianas de las Vite... de Plutarco, que funcionaban divididas en dos partes: por ejemplo, la editada en Venecia el 1529.

[53] También en su lista ya nombrada de autores citados en su obra, Beuter cita «Vallo, De re militari». Podría tratarse de un ejemplar de la obra de Battista della Valle, impreso en Venecia, con el título de Vallo libro continente appertinente a capitanii, ritenere, fortificare una città con bastioni, con novi artifici de fuoco aggionti, come nella tavola appare, de diverse forte polvere et de espugnare una città con ponti... (Venecia, Herederi di Piero Ravano et Compagnia, 1550). Aunque circulaban en Europa numerosas ediciones, ya que fue un libro muy popular (Black, 2002: 51).

[54] Circulaban numerosas ediciones de esta obra en esa época.

[55] Seguramente se trata de la edición de 1543, publicada en Zamora.

[56] Se refiere a la obra de Guadalberto Fabricio de Vagad, Crónica de Aragón, publicada en Zaragoza, por Pablo Hurus, el 1499.

[57] Debía tratarse de un ejemplar de la Crónica del famoso cavallero Cid Ruy Díez, campeador, impresa en Burgos (1512) o de la Crónica del muy esforçado cauallero, el Cid Ruy Díaz, campeador, publicada en Sevilla (1525).

[58] Debía tratarse de la primera edición en castellano de esta obra, hecha en Lisboa el 1530.

[59] Podría tratarse de un ejemplar de la obra de Pedro López de Ayala (La crónica del rey don Pedro), publicada en Toledo el 1526, por Ramón de Petras; aunque más ciertamente apunta a la edición de Sevilla, de 1542, de Juan Cromberger (Corónica del rey don Pedro de Castilla).

[60] Seguramente se trata de la Corónica del santo rey don Fernando, tercero d’este nombre, que ganó a Sevilla y a Córdova y a Jaén [e] a toda el Andaluzía, cuyo cuerpo está en la santa yglesia de Sevilla, Salamanca, Pedro de Castro, 1540.

[61] Circulaban diferentes ediciones de esta obra, que podían haber estado en la biblioteca de Beuter. Entre otras, las impresas en Burgos (1505), Zaragoza (1520) o Amberes (1553).

[62] Se trata de la obra de Luís de Ávila y Zúñiga: Comentario [...] de la guerra de Alemania hecha por Carlos V [...] en el año de MDXLVI y MDXLVII. Podía ser un ejemplar de la edición de Venecia (1548) o de Salamanca (1549).

[63] Las ediciones de esta obra eran numerosas. Las hay de Burgos (1529 y 1540), Salamanca (1543 y 1545), Zaragoza (1549), Amberes (1551)...

[64] Se trata de la obra de Paolo Giovio, Commentario delle cose de’ Turchi, Roma, Antonio Blado d’Asola, 1530.

[65] No hemos podido identificar con más precisión este texto. Debía tratarse, tal vez, de alguna de las relaciones sobre el conocido episodio bélico del «sacco di Roma», del 1527. En opinión de Vian Herrero (1996), aquel asalto fue «el suceso político-militar y religioso que más literatura política generó en el Occidente cristiano durante la sociedad del Antiguo Régimen». Se puede consultar, también, Vian Herrero (1994).

[66] Castañeda y Alcover (1920).

[67] El título es muy genérico. Podría tratarse de Sefer miklo... de David Kimhi, publicada en Venecia por Daniel Bomberg, el 1545.

[68] Se trata de la obra de Alfonso de Zamora, Introductiones Artis grammatice hebraice nunc recenter edite, publicada por Miguel de Eguía, el 1526, en Alcalá de Henares.

[69] Debe tratarse de algun ejemplar de la obra del cosmógrafo Sebastián Munster, sobre gramática hebrea, de los numerosos que corrían, publicadas en aquellas décadas.

[70] Debe tratarse de alguna ejemplar de Habes hoc in libro... hebraicas Institutiones, in quibus quicquid est grammatices Hebraicae facultatis edocetur... quas nuper aedidit de Sante Pagnini, una edición de la cual se publicó en París, por Antoine du Ry, el 1526.

[71] Rodríguez (1747: 372) y Ximeno (1747-1749: 104).

[72] Dimos noticias sobre este particular en nota, en Escartí (1998: 18).

[73] En tanto que perfectamente conocidas, y frecuentemente publicadas, no vemos necesaria la identificación pormenorizada de las obras de Erasmo citadas en el inventario de la biblioteca beuteriana. Remitimos, eso sí, para más información, a la web de la Bibliotheca Erasmiana Hispanica (http://www.uco.es/humcor).

[74] Garcia Martínez (1986).

[75] Hemos hallado en el inventario, entre otros, un «libre ab cubertes de cuyro vermell intitulat Missal»; «altre libre ab cubertes de cuyro negre intitulat Breviari valencià»; i «dos libres ab cubertes de cuyro intitulat Diornal romà».

[76] Aparece una «Gramatica Anthonii Nebricensis».

[77] Se halla inventariada, por ejemplo, una «Retòrica de Ciceró».

[78] No son extraños estos libros de cocina o veterinaria en las bibliotecas de la época. En la de Beuter hemos localizado un «libre ab cubertes de pregamí intitulat De menescalia, en romans», por ejemplo.

[79] Sobre esta cuestión resulta muy ilustrativa la lectura de Duran (1991). Hay que tener en cuenta, además, que Beuter iguala Valencia con la misma Roma: «Romo edificà la ciutat de Roma en Spanya, en la província Contestanea que aprés se dix, prop de la mar, a la ribera del riu Túria (...). Aquesta ciutat de Roma d’Espanya, venint en poder de romans fou nomenada València (...); los romans mudaren lo nom a esta ciutat dient-li València perquè no y hagués altra Roma en lo món sinó la sua, en quant ells porien (...). Y axí feren de totes les altres ciutats que·s dehien Roma en totes les terres que ells senyorejaven. Tenien emperò consideratió de retenir lo significat del primer nom en lo segon que ells li posaven; per què, segons dihuen Proaza y Venero, roma en lengua aramea vol dir València en lengua latina. Prenen açò estos doctors de Joan Ànnio en la Història dels reys d’Espanya» (Beuter 1998: 88-89).

[80] Las «propietats y excel·lències que notaren en esta terra los antichs y primers pobladors d’ella» son descritas en el capítulo IV de la Primera part... (Beuter 1998: 65-75). En este pasaje el propio Beuter cita a Eiximenis como fuente y, en efecto, en muchos puntos lo siguió. Se puede confrontar la descripción de Beuter con el «laus Valentiae» del franciscano de Gerona en Eiximenis (1927: 21-35).

[81] El cronista de Aragón, Jerónimo Zurita, se negaba a escribir sobre las épocas más pretéritas de la Historia, porque «a los que emprenden escribir algunos principios de cosas muy olvidadas (...) es forzado que pasen como quien atraviesa un gran desierto, adonde corren peligro de perderse» (Zurita 1967-1968: I, 11).

[82] Redondo Sànchez/ Ortolà (2004).

[83] En su Primera part..., en el «Pròleg» -que en realidad funciona como pórtico de la obra completa-, Beuter indica que para el periodo de la conquista y el posterior «he pres també la scriptura dels archius de algunes viles reals y ciutats del regne, ab alguns actes de notaris autèntichs que han aprofitat molt a est propòsit» (Beuter 1998: 39)

[84] Beuter conoce y usa, de hecho, las crónicas de Jaime I, de Bernat Desclot, de Ramon Muntaner y de Pedro el Ceremonioso, y las cita explícitamente cuando da la lista de autores de que se sirve para la confección de la Segunda parte... (Beuter 1995: 3 r).

[85] Sobre la imagen del monarca Jaime I de Aragón, en Valencia, a lo largo de los siglos, es indispensable la consulta de Belenguer (1984). Sobre la posteridad de la obra historiográfica del rey, se puede consultar Ferrando/Escartí (1995: 21-26; 2008a: 33-42 y 2008b). También, Ferrando (2008), sobre la primera edición valenciana de la crónica de Jaime I.

[86] Escartí (1998: 21).

[87] Escartí (2008).

[88] Escartí (2009).

[89] Refuerzan esta idea las palabras que escribe Beuter, después de relatar la última batalla que vence el Cid, cuando ya estaba muerto: «Eren exits los chrestians aquell dia a la batalla ans de l’alba y axí, vençuda la batalla y robat tot lo camp quant pogueren portar, tingueren temps de anar-se’n fins a Set Aygües, camí de Castella, tornant-se’n allà y desamparant la ciutat. Los moros dels ravals, vent que havien vençut los chrestians y que no tornaven a la ciutat sinó que anaven devés Castella, pensaren que allò devia ser alguna maestria y per ço no gosaren acostar-se a la ciutat. Mas aprés, vent que l’endemà no tornava dengú y dels christians antichs que solien estar de primer en València nengú parexia, arriscaren-se alguns a entrar a la ciutat y trobaren-la buyda, que no y restava ànima viva. Y trobaren scrit en una paret del palau, en aràvic, com lo Cid era mort y que se n’anaven a Castella portant lo cos del Cid allà y acomanaven la ciutat als moros» (Beuter, 1998: 178-179).

[90] Sánchez/Sánchez (1996); Esteve (2008).

[91] Son interesantes, a este respecto, los textos proemiales de la edición valenciana de la Crònica de Jaime I, del 1557, o sus paráfrasis latina y castellana de Gómez Miedes, dedicadas en los tres casos a miembros de la casa de Austria (Ferrando 2009 y Escartí 2009). Sobre este particular, Escartí (1998: 22-23).

[93] El texto beuteriano fue publicado como Cronica general d'Hispagna et del regno di Valenza, nella quale si trattano gli avenimenti et guerre che del diluvio di Noe insino al tempo del re don Giaime d'Aragona, che acquistò Valenza in Spagna si seguitarono (...) nuovamente tradotta in lingua italiana dal signore Alfonso de Ulloa, en Venècia, por Gabriel Giolito dei Ferrari e fratelli, el 1556. (Beuter, 1556)

[94] La autoridad de Beuter és citada, por ejemplo, por Diago (1613: 22 v): «Pedro Juan Beuther, cuya authoridad se tiene por mucho», o por el cronista ilicitano Salvador Perpinyà, aún en 1705, en diferentes lugares (Perpinyà, 1995).

 

Bibliografía

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Beuter (1538), Pere Antoni: Primera part de la Història de València, que tracta de les antiquitats d’Espanya y fundació de València, Valencia, Joan Mei.

—— (1546): Primera parte de la Corónica general de toda España y especialmente del reyno de Valencia, donde se tratan los estraños acaescimientos que del diluvio de Noé hasta los tiempos del rey don

Jayme de Aragón, que ganó Valencia, en España se siguieron, con las fundaciones de las ciudades más principales d'ella y las guerras crueles y mutaciones de señoríos que ha havido, Valencia, Joan Mei.

—— (1551): Segunda parte de la Corónica general de España y especialmente de Aragón, Cathaluña y Valencia, donde se tratan las cobranças d’estas tierras de poder de moros por los ínclytos reyes de Aragón y condes de Barcelona. Y pónese en particular la conquista de la ciudad y reyno de Valencia y Murcia, con las yslas Mallorca, Menorca, Eviça y las otras, Valencia, Joan Mei.

—— (1556): Cronica general d’Hispagna et del regno di Valenza, nella quale si trattano gli avenimenti et guerre che del diluvio di Noe insino al tempo del re don Giaime d'Aragona, che acquistò Valenza in Spagna si seguitarono (...) nuovamente tradotta in lingua italiana dal signore Alfonso de Ulloa, Venecia, Gabriel Giolito dei Ferrari e fratelli.

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Vicent Josep Escartí es licenciado en Geografía e Historia (Historia Medieval) y doctor en Filología Catalana. Es profesor titular de Filología Catalana en la Universitat de València desde 1989.

Frontispicio de la Primera part de la Història de València (Valencia, 1538), de P. A. Beuter

 

© Vicent Josep Escartí 2010

Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

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