Espéculo

  Reseñas, críticas y novedades

 

 

Leonor Ruiz Gurillo y Xose A. Padilla García (eds.)

Dime cómo ironizas y te diré quién eres
Una aproximación pragmática a la ironía

  

 

Formas, modos y hechos del decir irónico en español
Ana Gorría Ferrín
Centro de Ciencias Humanas y Sociales del CSIC
ana.gorria@cchs.csic.es

 

Leonor Ruiz Gurillo y Xose A Padilla García son los responsables de la edición de la diversidad de de artículos que componen el libro Dime cómo ironizas y te diré quién eres. Una aproximación pragmática a la ironía. Este conjunto de estudios fue publicado en el año 2009 por la editorial Peter Lang, promovido por el grupo de investigación GRIALE (Grupo de la Ironía. Alicante. Lengua Española).

Este libro promovido bajo los auspicios de la necesidad de llevar a cabo el análisis de uno de los mecanismos más complejos en el proceso de la comunicación humana: la ironía, se encuentra articulado en tres bloques que asumen, desde variadas y diversas perspectivas teóricas, metodológicas y procedimentales, la ironía en la comunicación humana. Su propósito, tal y como refieren los editores en las palabras liminares de presentación que preceden al corpus de los ensayos, es “desentrañar desde la exhaustividad un hecho tan poco analizable como la ironía”. Para ello, pese a que la ironía ha sido entendida “como un hecho contextualmente particularizado”, sus editores han considerado que el análisis de marcas e indicadores textuales se pueden poner al servicio del análisis de la ironía porque, en primer lugar, las marcas sirven de guía que ayuda a la interpretación irónica del enunciado y, en segundo lugar, los indicadores de la ironía son los elementos que la contienen en sí mismos. Así, la comprensión del hecho irónico, uno de los puntos de confluencia en los que la relación entre el hacer y el decir se presenta explorando un terreno de naturaleza no necesariamente pragmática, pero ofreciendo tanto conclusiones como nuevas preguntas que sin lugar a dudas mejoran nuestro conocimiento de las prácticas y mecanismos tanto retóricos como pragmáticos y lingüísticos de la ironía en el difícil entramado de la comunicación humana.

El primero de los tres bloques del libro, “Las teorías” (13-133), se subdivide a su vez en cinco capítulos de los que resultan responsables Carmen Marimón Llorca, Alberto Bruzos Moro, María Ángeles Torres Sánchez y Susana Rodríguez Rosique. Este bloque transita por caminos familiares para aquellos que ya se encuentran familiarizados con la disciplina de la pragmática lingüística y para los que ya conocen las grandes líneas de investigación que durante el siglo XX y, como consecuencia de los planteamientos del segundo Wittgenstein fueron desarrollados a partir de los filósofos del lenguaje ordinario y su desarrollo por parte de los filósofos que se ocuparon del lenguaje ordinario.

El primero de sus capítulos, realizado por la profesora Marimón Llorca, aborda la ironía como un hecho verbal y comunicativo y analiza y expone los diversos tratamientos y definiciones que ésta ha requerido desde la antigüedad grecolatina a nuestros días. En consecuencia, se sigue el tratamiento de la ironía como gesto vital en la Grecia clásica hasta como estrategía retórica en los diversos tratamientos que Cicerón y Quintiliano le propiciaron, definiciones que perpetuán su ambivalencia onomasiológica al situar ésta, la ironía, como figura y como tropo, en los recientes planteamientos hermeneúticos de autores como Kierkegaard o Paul de Man

El segundo de los capítulos aborda la ironía, siguiendo los planteamientos de Ducrot, como un diálogo fundado entre el componente semántico y el componente contextual de los enunciados, polifonía en la terminología del autor francés. Su autor, Alberto Bruzos Moro, expone a partir de la concepción polifónica ducrotiana, tres puntos esenciales para la comprensión de ésta. El primero de estos puntos consiste en la distancia irónica, el segundo en el simulacro y el tercero la normalidad de la ironía como estrategia discursiva en la comunicación humana. Además de exponer los principales puntos de esta teoría, el autor procede a destacar las fuentes conceptuales de las que parte esta teoría, entre las que se encuentran, la teoría de la “mención” de Sperbert y Wilson con las modificaciones de Barrendoner y la concepción bajtiniana de la pluriformidad de todo sistema lingüistíco. Como conclusión a la teoría expuesta y al diálogo con la reciente tradición teórica de la concepción polifónica de Ducrot, el autor concluye con el análisis polifónico de distintos enunciados irónicos, en los que lleva a la praxis las nociones previamente revisadas, al mismo tiempo que en su evaluación final, Alberto Bruzos, propone las limitaciones de este método al necesitar de un contexto pragmático más amplio para poder proceder al análisis nocional de la ironía.

En el tercer capítulo del primer bloque, María Ángeles Torres Sánchez, presenta los planteamientos en relación a la ironía desde la perspectiva de Sperber y Wilson y su teoría de la relevancia. Desde este punto de vista metodológico, la ironía no se trata de una forma proposicional sino de una actitud comunicativa. Esta aproximación, concluye la autora de este artículo, precisaría de nuevos estudios para delimitar cuáles son los indicadores irónicos al mismo tiempo que, como otros autores han hecho con la cortesía, se procediera a llevar a cabo una gradación sistemática de este hecho.

En el cuarto capítulo de este libro, Laura Camargo Fernández, aborda la metapragmática, partiendo de la definición que de la ironía diera Graciela Reyes, como un hecho que es al mismo tiempo pragmático como metapragmático, es decir, el estudio del metanivel de las decisiones y de la conciencia de los autores respecto a sus propios enunciados. Así,la ironía es presentada desde este planteamiento como un caso de reflexividad lingüística01, en el que intervienen tres comentarios implícitos entre lenguaje y realidad, lenguaje y usos del lenguaje, y lenguaje y acuerdos tácitos con los interlocutores. Comentarios implícitos que como señala Laura Camargo Sánchez, son orientadas por “indicadores y marcas verbales y no verbales como huellas discursivas de un proceso de (re)contextualización que muestran un grado de conciencia metapragmática”.

Como conclusión del primer apartado de las teorías, Susana Rodríguez Rosique reformula el concepto Griceano de cooperación y lo pone en diálogo con la concepción de la retórica clásica por la que se afirma que la ironía consiste en afirmar lo contrario de lo que se dice. Así, la negatividad y la escalaridad convergen con la ironía, entendida en la propuesta neo-griceana como una implicatura conversacional particularizada, e intervienen en el modelo Neo-griceano que Susana Rodríguez Rosique propone con excepcional lucidez y claridad expositiva. Antes de asumir su hipótesis neo-griceana, la autora lleva a cabo un estado de la materia de los principios de cooperación y de la ruptura de las máximas. De este modo, además de reformular a Grice, la autora revisa la gran cantidad de críticas que ha asumido esta teoría, desde diversas posiciones: relevantistas o netamente pragmáticas. También se subrayan las diversas extensiones y revisiones que ha recibido esta teoría, bien desde la perspectiva de los principios antinómicos de Horn, bien sobre las heurísticas de Levinson. En su propuesta de análisis y exposición del modelo neo-griceano, que la autora reformula bajo el literario subtítulo de “Manual de infractores”, se establecen las relaciones entre las distintas infracciones que suceden en la cooperación conversacional. Susana Rodríguez Rosique concluye que los casos más prototípicos de ironía son aquellos en que el principio de cantidad se invierte, para sostenerse como la negación contextual de una inferencia. También basándose en algunos argumentos de Ignacio Bosque, tal y como subraya, y partir también de la teoría de los prototipos se afirma la posibilidad de la ironía para gramaticalizarse.

En el segundo bloque, se asumen aspectos que rebasan las grandes líneas teóricas que se han desarrollado en la primera sección de la monografía. Así, bajo el epígrafe de Indicadores y marcas de ironía, Xosé Antonio Padilla y Ana María Cestero Mancera, se enfrentan al problema tanto de las marcas acústico-melódicas como de las marcas paralingüísticas y kinésicas de la ironía. Ambos problemas metodológicos, que amplian el conocimiento de las condiciones de producción de la ironía lingüística. Xosé Antonio Padilla, teniendo como objetivo el precisar la delimitación y función del tono irónico. De esta manera, y dentro del marco metodológico de la fonética perceptiva, el autor lleva a cabo un análisis de la frecuencia, de la duración y de la velocidad de la emisión para terminar concluyendo que se ha de tener presente el tono irónico como hiperónimo, Un tono que tiene en cuenta al interlocutor como colaborador y que se manifiesta muy próximo en su ejecución y codificación de la expresividad al sarcasmo y a la enunciación que se presenta como falsa o aparentemente sincera. El autor propone un posible esquema para la expresividad fonética a partir de la ironía y concluye que el tono irónico ha de entenderse al mismo tiempo como un elemento que es al mismo tiempo marca e indicador de la ironía, un tono que puede manifestarse en cada uno de los elementos de la fonología tradicional. Al mismo tiempo apunta la posibilidad de diseñar un esquema en el que se recojan las características básicas de la enunciación expresiva.

Ana María Cestero, como complemento a este estudio de fonética, propone para la comprensión de la ironía un estudio que parte de la comunicación no verbal, ya que como recuerda al principio de su artículo esta mantiene con la ironía una estrecha relación de dependencia ya que la ironía como fenómeno pragmático y discusivo se encuentra condicionado por el contexto comunicativo. Para concluir la autora reclama una investigación empírica de mayor envergadura que las realizadas hasta la actualidadsobre las relaciones entre ironía y comunicación no verbal. En la segunda parte de la sección, se retoma el asunto de los indicadores de las marcas de ironía, pero esta vez a la búsqueda de unos elementos netamente lingüísticos. De esta manera, se tienen en cuenta las unidades fraseológicas, y su estudio para delimitar los rasgos de automatización y desautomatización de estas unidades en el decurso discursivo. También se tiene en cuenta en esta sección el problema de la relación entre sintaxis e ironía, el problema de la variación sintáctica. Su autora, Elisa Barrajón López, analiza a través de una serie de ejemplos los análisis entre focalización e ironía, para concluir finalmente tras la exposición de un buen número de ejemplos que la ironía en posición inicial se constituye como una marca que señala ese enunciado como irónico.

Los mecanismos de formación de palabras, la morfología, también es estudiado en relación con la enunciación irónica. Tras un detallado estudio de distintos prefijos y sufijos, se expone que ambos han de ser entendidos como indicadores de ironía. Como antepenúltimo capítulo de esta sección, Isabel Santa María Pérez expone un detallado de los evidenciales, es decir, de aquellas formas lingüísticas cuyo significado es una referencia a la fuente de la información de la que surgen y, en conclusión, se ponen al servicio de la expresión de la certeza y su uso irónico supone un fenómeno contextual ya que como marcas de ironía pueden tanto reforzar como atenuar la articulación irónica de un enunciado. La autora subraya también en el desarrollo de su artículo la disparidad de significados de los mismos elementos evidenciales en la escritura y en la oralidad.

Como conclusión de este segundo bloque, Francisco Reus desarrolla un estudio sobre la manifestación de la escritura en un texto escrito, para concluir que no existe en el lenguaje escrito un sistema explicito y unívoco de indicadores de la ironía, una ironía que parte de los propios códigos gráficos (signos de puntuación, entre otros) para manifestarse.

En el tercer apartado, se detallan algunas aportaciones que trascienden el marco de la aproximación a la ironía, bien por aproximarse a algunas disciplinas transversales (la historia de la lengua, el estudio de la cortesía lingüística o la lingüística cognitiva), bien por tratar aspectos limítrofes al estudio netamente pragmático de la ironía, pero no menos axiales para su comprensión. De este modo, aparecen estudios relativos a la comprensión de la mecánica de la ironía, en relación con un elemento tan importante en la pragmática lingüística como resulta serlo el contexto.

Francisco Yus Ramos lleva a cabo el análisis de la posibilidad de codificación y recepción de la ironía teniendo en cuenta el estado en que ésta se produce y valorando los diversos grados de saturación contextual. Uno de los puntos fundamentales es la especial incidencia en que su autor subraya que la codificación y descodificación de la ironía no ha de entenderse como un proceso discursivo extraordinario respecto a otros tipos de enunciados, uno de los verdaderos leivs motive de este libro, que mantiene en este punto los presupuestos de la lingüística cognitiva.

Además María Belén Alvarado Ortega, aborda las relaciones que se producen entre ironía y cortesía, distinguiendo a partir del concepto de imagen face, una ironía de efecto positivo y una ironía de efecto negativo, por lo que cabe la posibilidad de tener presente una ironía cortés, un tipo de ironía con el que es posible reforzar la relación entre los interlocutores. En el capítulo orientado al estudio del léxico asociado con la ironía, José Joaquín Martínez Egido, propone un estudio que abarca la frecuencia de la aparición de esta palabra y sus distintos desplazamientos semánticos desde una definición alfonsiana a lo largo de la historia de la lengua. Para terminar afirmando que la palabra ironía como préstamo indirecto del griego que pasó al castellano a través del léxico latino se encuentra presente desde el inicio del sistema lingüístico castellano.

En el capítulo número trece del libro Leonor Ruiz Gurillo se ocupa de la gramaticalización de las unidades fraseológicas, partiendo de capacidad de los enunciados pragmáticos de hacerse convencionales y, en consecuencia, ser reinterpretados como significados semánticos. Para llevar a cabo este estudio de la ironía en relación con la gramaticalización de unidades fraseológicas, la autora propone el estudio de dos expresiones que han pasado a significar, tras un largo juego de desplazamientos, lo contrario de su contenido semántico: “estaría bueno” y “cubrirse de gloria”, ambos dos enunciados que han sido codificados como irónicos a partir de emplazamientos pragmáticos.

En el capítulo número catorce, Jorge Fernandez Jaén expone un interesante estudio sobre la ironía desde la perspectiva de la lingüística cognitiva, teniendo presente que pese a su carácter inasible o conceptualmente, en apariencia, inestable, ésta constituye un objeto intrínsecamente cognitivo. La ironía, que resulta difícil de categorizar desde la teoría de prototipos por ser un mecanismo polivalente y multifuncional. Dado el carácter polivalente y multifactorial de la ironía, no se puede establecer de forma taxativa un análisis en categorías discretas desde la teoría de los prototipos. El autor propone por esta misma razón una estructura radial de la ironía, estructura que mantendrá puntos de confluencia sin identificarse con el sarcasmo y la ironía y que guarda elementos en común con la mentira. A partir de las tesis de Bickerton que expone el origen del lenguaje como el desarrollo de la capacidad humana para influir sobre los demás. A partir de esta hipótesis, Jorge Fernández desarrolla la ironía como instinto, un instinto que es difícil de categorizar tanto por la brevedad de su existencia como a las inclasificables características de su producción.

En el apartado dedicado a explorar las relaciones de convergencia y divergencia entre humor e ironía, tanto Raquel Hidalgo como Silvia Iglesias Recuero proceden a llevar a cargo un análisis de ambos hechos desde distintas teorías, partiendo de que el hecho común a ambos es distanciamiento de los enunciados y una posición crítica respecto a estos. Ambos son responsables de gestionar de forma positiva las imágenes sociales de los interlocutores.

Como colofón a este completísimo número de artículos, Santiago Roca Marín expone la necesidad de desarrollar la sensibilidad lingüística de los estudiantes y la necesidad, dados los contrastes interculturales en la recepción y producción de enunciados, de desarrollar la capacidad de éstos a la hora de valorar y recoger valores pragmáticos con el fin de adquirir una competencia lingüística integral del idioma.

Tal y como apunté en las líneas anteriores, era preciso un monográfico dedicado a la ironía, por ser uno de los elementos axiales, hoy por hoy, para entender los procesos comunicativos y su relación con el contexto. El problema de la ironía, tal y como es enfocado en este libro, implica no sólo un nuevo posicionamiento frente a ésta, con el propósito de profundizar en los mecanismos en los que se rige, sino que obligan a replantear buena parte de los fundamentos teóricos sostenidos por la pragmática lingüística desde el austiniano aserto del “hacer con las palabras”. La ironía que-hacer que no hace y que, en consecuencia, hace no haciendo es uno de los retos fundamentales para poder comprender la comunicación humana más allá de sus fines.

En consecuencia, se impone la necesidad, y a eso atienden los capítulos de este libro, de crear, dentro de la inestabilidad de los propios patrones de aparición de la ironía, marcos de referencia para la comprensión de uno de los conceptos cuyo estudio más prolífera estirpe tiene dentro de la bibliografía que versa alrededor de la codificación lingüística. Además presentándose, tal y como nos recuerda la profesora Rodríguez Rosique en su inteligente re-elaboración del modelo de Grice, como una infracción de la máxima de cualidad que invierte el principio de cantidad, es necesario tener presentes cuáles son las marcas de la infracción de la cualidad al mismo tiempo que, pese a la inestabilidad de sus condiciones, delimitar qué indicadores se ponen al servicio de la expresión de la inversión de la cantidad.

Así, este libro consigue poner de relieve uno de los elementos que tanto pragmática como epistemológica y gnoseológicamente han sido motivo de reflexión desde los fundamentos de la civilización occidental y actualizados, a partir especialmente de la reflexión del romanticismo alemán, como uno de los epicentros de la weltschaung de la modernidad y la posmodernidad en todos los ámbitos del pensamiento. Además, siendo la ironía uno de los fundamentos esenciales del discurso persuasivo, tal y como nos recuerda en su estudio Jorge Fernández Jaén, se manifiesta no sólo como una herramienta lingüística imprescindible, sino también hermeneútica para poder enfrentarse a los grandes discursos y relatos de la contemporaneidad: periodismo, política, publicidad, entre otros.

Esta en suma es una excelente aproximación tanto para expertos en la materia como para futuros investigadores en otras disciplinas que consigue no sólo profundizar en un aspecto como la pragmática sino que al mismo tiempo consigue dar la vuelta a través de interesantes estudios a las conexiones, ya lugares comunes, entre ironía y descortesía, por ejemplo, en el estudio realizado por la profesora Belén Ortega. La ironía, por su naturaleza inestable, por la resistencia que ofrece como fenómeno a ser prescrita dentro de una única categoría abre un camino a los investigadores en pragmática para poder profundizar en el ámbito de la codificación de enunciados, tanto en el ámbito de la relación entre enunciado y contexto, como en el ámbito de la producción y de-codificación de enunciados.

 

© Ana Gorría Ferrín 2010

Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

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Espéculo. Revista de estudios literarios
(Universidad Complutense de Madrid) 2010