Doña Perfecta: La denegación de la modernidad en Orbajosa

Efraín E. Garza

University of Northern Colorado
Efrain.Garza@unco.edu


 

   
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Resumen: Benito Pérez Galdós con su novela Doña Perfecta se propone denunciar la rotunda negación de los orbajenses a las ideas de modernidad. La España tradicional y caciquista reflejada en la ciudad de Orbajosa resulta un obstáculo fatídico para Pepe Rey que pretende llevar consigo el progreso y la modernidad con los conocimientos que había adquirido en la capital. Orbajosa es un mundillo detenido en el tiempo. Cuando Pepe Rey se da cuenta del atraso que se vive en esta pequeña ciudad española se propone divulgar sus ideas modernistas. Su determinación de lograr un cambio positivo en Orbajosa se encuentra con la reluctancia de sus habitantes al progreso. A pesar de que Doña Perfecta había invitado a su sobrino a Orbajosa, es precisamente ella la que personificando el autoritarismo reinante en España se opone a Pepe Rey y a todo lo que él representa. La desaprobación se ilustra en un doble plano. En el ámbito familiar Doña Perfecta no aprueba el amor de Pepe con su hija Rosario por no comulgar con sus arraigadas ideas provincianas. Y por lo que respecta al pueblo entero, éste también condena tanto el amor de esta pareja como la influencia que Pepe pudiera ejercer en la comunidad. Debido a la idiosincrasia de todos los orbajenses, Pepe Rey es aniquilado y Orbajosa continúa enclaustrada en su ignorancia y fanatismo.
Palabras clave: Doña Perfecta, Orbajosa, modernidad, Pérez Galdós.

 

Los movimientos políticos y sociales que estremecen a la España de la segunda mitad del siglo XIX son presentados por Benito Pérez Galdós en su novela Doña Perfecta. La España tradicional y caciquista que se refleja en la ciudad de Orbajosa es un obstáculo para Pepe Rey que pretende llevar consigo los modernos conocimientos adquiridos en la capital. Tomando en cuenta que Orbajosa es un mundillo detenido en el tiempo, la proeza de Pepe Rey resulta una aventura fatídica en ese terreno árido que no acepta la simiente del progreso. El conflicto generacional arraigado al atraso de Orbajosa es el motivo principal que obstaculiza la aceptación de la modernidad que para esa época era de esperarse que llegara a una ciudad europea como ésa. Ricardo Gullón afirma que Pérez Galdós: “En Doña Perfecta propuso una interpretación simbólica de la vida española; la ciudad, la protagonista, su círculo familiar y político, la muchacha sacrificada, el protagonista…” (1960:62). La combinación de estos elementos contribuye a la presentación de la hipótesis de la existencia de una España analizada por un novelista que ha vivido el proceso político de su tiempo. Lo que se denuncia en el ámbito de Orbajosa es la repercusión de las luchas internas, el controversial debate ente el cambio a la modernidad y la invasión de la tecnología en ese pueblo en oposición a romper las ataduras de ignorancia que lo encadenan a su atraso.

Uno de los cambios ineludibles en Orbajosa es la urbanización que evidentemente debe ramificarse de la ciudad capital hacia las provincias. Frédéric Conrod acertadamente ha comentado: “Lógicamente, el punto de partida de tal urbanización tenía que venir de su centro político, geográfico y cultural, lo cual en España reúne las tres condiciones de manera incontestable: su ciudad capital, Madrid” (2004:62). Al venir de la gran metrópoli, el personaje de Pepe Rey representa fielmente el comentario anterior. Además como se expresa en el texto: “Rey no conocía la dulce tolerancia del condescendiente siglo que ha inventado singulares velos de lenguaje y de hechos para cubrir lo que a los vulgares ojos pudiera ser desagradable” (1964:416) [1]. Como se puede constatar, el visitante capitalino no comulga con la situación retrógrada imperante. Toda Orbajosa se presenta antagónica al progreso y siente como una amenaza la ideología que viene de fuera. Pepe Rey, venido de Madrid representa sin lugar a dudas la inestabilidad que destruiría la monotonía en las crónicas de esa población. Sólo poco antes de que se promulgara la nueva constitución de 1876, durante los meses de marzo, abril y mayo se publicó la novela Doña Perfecta. Esta época coincide con la terminación de las guerras carlistas y el inicio del reinado de la restauración [2]. La confusión de esta época va a la par con los nombres de los lugares que irónicamente no reflejan la realidad. Pepe Rey al conocer esos lugares hace la siguiente observación: “¡Cómo abundan los nombres poéticos en estos sitios tan feos!... Palabras hermosas, realidad prosaica y miserable. Los ciegos serían felices en este país, que para la lengua es paraíso y para los ojos infierno” (1964:409).

El anuncio del cambio hacia la modernidad en ese olvidado rincón se indica desde el inicio de la novela. En la última parte del capítulo primero se introduce la presencia de la locomotora. El impetuoso silbato del tren se propaga triunfante: “…[U]n aullido estrepitoso resonó en los aires…al oír su enorme voz, despertaban aldeas, villas, ciudades, provincias. Aquí cantaba un gallo, más allá otro. Principiaba a amanecer” (1964:408). El ruido de la locomotora anuncia el arribo del progreso a estos lugares que se ven unidos por la red ferroviaria. Se enfatiza el canto de las aves de corral como el otro sonido predominante en esas áreas. No obstante, es ahora el silbido de la locomotora y no el canto de los gallos lo que despierta esas comarcas. Este elemento da una idea ajustada a un ambiente rural hasta donde llega el anuncio de la modernización. Además el final corto y preciso de “principiaba a amanecer” parece una premonición de que el alba es el inicio de una era que dará cabida a la industrialización en ese lugar [3].

Por otra parte, contrastando con el sonido anterior, el redoble de las campanas es su antagonismo por antonomasia. La monotonía del repique de campanas y su cotidiana resonancia es una fiel representación de la tradición, de la repetición de los hechos y la falta de iniciativa. El sonido de las campanas se une a la primera impresión que Pepe Rey tiene como visitante de Orbajosa. Esta vieja ciudad queriendo hacerse sentir se deja escuchar desde el campanario de la catedral: “Cuando nuestros viajeros se acercaban, algunas campanas, tocando desacordemente, indicaron con su expresivo son que aquella momia tenía todavía un alma” (1964:413). Cuando el tío Licurgo introdujo a Pepe Rey en Orbajosa era “la hora y punto en que la campana de la Catedral tocaba a misa mayor” (1964:416) [4]. Con este recordatorio continúa el poder de la iglesia en esos lugares. La imponente construcción de la catedral, quizá el edificio más alto en el pueblo con sus torres elevándose hacia el cielo y su campanario donde se produce el sonido audible en toda Orbajosa es el fiel guardián que protege de la intrusión de extraños. No hay duda que el monótono sonido tradicional de las campanas viene a contrastar con el perturbador ruido moderno de la locomotora que irrumpe la tranquilidad del pueblo dormido en su ignorancia.

Una de las primeras experiencias negativas de Pepe Rey fueron los hechos que se desarrollaron durante su primera vista a la catedral. Precisamente fue desde ese recinto sagrado donde empezó a tejerse y extenderse la telaraña de intriga contra él. De ese centro de santidad se originó y se propagó la idea de un Pepe Rey irrespetuoso de las tradiciones religiosas. La poderosa influencia del sistema eclesiástico empezó a destruir la figura del madrileño recién llegado al pueblo: “Orbajosa es una pequeña ciudad levítica, sobre la cual cae, densa y opresora, la sombra de la catedral” (Casalduero 1970:54). No solamente el grupo de personas devotas que asistían a la catedral, sino también el sector de la población que frecuentaba el casino se manifestaron contra todo lo que no tuviera el atributo regional: “Lo que principalmente distinguía a los orbajenses del Casino era un sentimiento de viva hostilidad hacia todo lo que de fuera viniese” (1964:438). Como un punto más en su contra, Pepe Rey es considerado un extraño en su propio país. Rosario misma hace la siguiente observación a su pretendiente: “Tú vienes de otra parte, de otro mundo, donde las personas son muy listas, muy sabias y tienen unas maneras finas y un modo de hablar ingenioso…” (1964:426).

Como fuerzas opuestas, lo tradicional repele lo moderno. La idea de la modernidad y las innovaciones que desencadena parecen asustar a los pueblerinos:

Pérez Galdós quería mostrar que la visión esperanzada del mundo de los escritores idealistas, como Juan Valera en su Pepita Jimena (1874), poseía la consistencia del cartón piedra y que ni la religión ni los propietarios se preocupaban de la verdad, ni de la justicia social, ni del progreso. Les interesaba sobre todo mantener el poder (Germán Gullón 2001:159).

Esto es lo que Doña Perfecta y sus secuaces exteriorizan en su oposición a la modernidad de Orbajosa. La amenaza de un cambio inminente alcanza su grado máximo de desmoralización que da como resultado el complot de sacrificar al emisario del progreso. La rotunda negativa al cambio no favorece en ningún momento la postura reformista del ingeniero madrileño. Como muestra de tal rechazo y uniéndose al ambiente generalizado de oposición, en el texto se menciona un reloj : “de cuya caja colgaban al descubierto, al parecer, las inmóviles pesas y el voluble péndulo, diciendo perpetuamente que no…” (1964:420). Todo se oponía a Pepe Rey, además el reloj de pared simboliza una rotunda negación a cualquier infiltración de fuera. Con su monótono y tradicional “tic-tac” parece expresar un contundente “no-no” a todo lo que él propone.

El laberinto fraguado por el atraso de los pobladores de Orbajosa va envolviendo peligrosamente al personaje. El conflicto que genera la incompatibilidad de los habitantes de Orbajosa con la modernidad, el comportamiento intransigente de los orbajenses hacia el cambio y el miedo a dejar viejas costumbres se combinan para exterminar al Pepe Rey visionario. Orbajosa es como un lugar que no tiene movimiento, como un recinto estático, estacionario en el tiempo. Por lo cual Pepe Rey al ver la situación social de la mayoría de los habitantes en su entrevista con el señor penitenciario expresa:

Por lo que he visto, me parece que no le vendrían mal a Orbajosa media docena de grandes capitales dispuestos a empeñarse aquí, un par de cabezas inteligentes que dirigieran la renovación de este país y algunos miles de manos activas. Desde la entrada del pueblo hasta la puerta de esta casa he visto cien mendigos. La mayor parte son hombres sanos y aún robustos. Es un ejército de lastimosos, cuya vista oprime el corazón (1964:419).

Dicho comentario, encuentra pronta desaprobación. Colocando en primer plano sus propios intereses, la reacción del penitenciario fue: “Para eso está la caridad… Más sabe el loco en su casa que el cuerdo en la ajena” (1964:420) [5]. El repudio a las ideas del exterior resulta bien caracterizado en voz del que aún aceptando su inferioridad al considerarse un “loco en su casa” de ninguna manera acepta “el cuerdo en la ajena”. Además, al entrar Pepe Rey y su acompañante a la calle Real el narrador enfatiza el hecho que: “gran número de vagos se detenían para mirar al viajero como extraño huésped intruso de la patriarcal ciudad” (1964:416).

Rosa Delia González en “Orbajosa, el laberinto de las furias” comenta que el protagonista masculino: “Al pretender llevar consigo el progreso, la modernidad, se convierte en el nuevo Prometeo que roba el fuego de los dioses para ofrecerlos a los seres humanos, que en el caso de Pepe Rey no es más que los conocimientos científicos que ha adquirido” (1995:108). En realidad, Pepe Rey no era una amenaza para los orbajenses, si éstos hubieran comprendido que la intención del intruso no era más que poner los adelantos de la época al alcance de todos. Tomando en cuenta el concepto de modernidad como lo expresa Hans Robert Jauss, ésta comprende la idea de que “…la generación o la época actual tiene un derecho propio a lo nuevo y, por consiguiente, a afirmar un progreso más allá de lo antiguo” (1976:14). No obstante, en un pueblo hundido en la más arraigada idiosincrasia, el ingeniero capitalino se encuentra en un terreno estéril negado al florecimiento del progreso. Orbajosa es entonces el sitio propicio para la continuidad de los arquetipos de un pueblo que vive la monotonía de sus acciones cotidianas, la raigambre de sus habitantes conformistas y la obstinación de desaprobar las ideas de la modernidad. Los habitantes de Orbajosa se sentían ligados a su terruño y a sus formas tradicionales y no veían con buenos ojos que un forastero llegado hasta ellos tratara de cambiar su modo de vida, que aunque no fuera el más satisfactorio, no contemplaba ni la más remota posibilidad de cambio.

La correlación entre la expansión del sistema financiero y el desarrollo de la red ferroviaria representan un avance de modernización en la España de ese tiempo. Nicolás Sánchez Albornoz menciona que en los años mil ochocientos cincuenta los gobernantes liberales pensaban que al construir un sistema de transporte moderno, éste contribuiría al desarrollo económico del país (1987:5). En cuanto a la mención del ferrocarril en la novela resulta un nuevo factor no bien aceptado por los habitantes de esa población. Esta resistencia a la modernización se muestra en pasajes que hacen referencia a la máquina de vapor. Doña Perfecta se mofa de Pepe Rey porque quiere conseguir sus propósitos con una rapidez que no va con el ritmo de vida orbajense. La ilustre dama dice: “Vaya que tú, como no piensas más que en máquinas, todo lo quieres hacer al vapor” (1964:439). De manera semejante, haciendo uso de un vocabulario relacionado con la industrialización, otra vez Doña Perfecta comenta como los ferrocarriles, los microscopios y los teodolitos no llegan a los sentimientos. Además acentúa su sarcasmo porque considera que con toda esa tecnología no se llegan a equilibrar las ideas: “En el corazón humano no se entra por los túneles de los ferrocarriles, ni se baja a sus hondos abismos por los pozos de las minas. No se lee en la conciencia ajena con los microscopios de los naturalistas, ni se decide la culpabilidad del prójimo nivelando las ideas con teodolito” (1964:463). Orbajosa, bajo la influencia de Doña Perfecta y la complicidad de sus seguidores, se resiste al cambio progresista que presenta Pepe Rey [6]. Por ignorancia o necedad, por miedo o intransigencia, lo cierto es que como también comenta Casalduero: “La vida intelectual es nula; la vida económica no existe… En Orbajosa no sucede absolutamente nada… Lo malo no es que los orbajosenses no sepan nada de nada, sino que no quieren saber nada…” (1970:54).

Otra realidad histórica que repercute en el camino hacia la modernidad es la presencia del caciquismo. La manera en que el gobierno trataba de controlar las elecciones y la situación política por todo el país era haciéndose de un cacique. Siendo Caballuco el cacique impuesto por el gobierno en esta comarca, no sería él quien le diera problemas al sistema gubernamental. El mismo Caballuco se mostraba del lado del partido en el poder porque “decía claramente a todo el mundo que él no quería reñir con el Gobierno ni meterse en danzas que podían costarle caras” (1964:469). Caballuco representa el clásico cacique. Él goza de respeto en esa región como lo expresa Licurgo:

Es un hombre muy bravo, gran jinete y el primer caballista de todas estas tierras a la redonda. En Orbajosa le queremos mucho, pues él es…, dicho sea en verdad…, tan bueno como la bendición de Dios… Ahí donde le ve, es un cacique tremendo, y el gobernador de la provincia se le quita el sombrero…y el que venga de fuera y se atreva a tentar el pelo de la ropa a un hijo de Orbajosa, ya puede verse con él… (1964:412).

Por otra parte, la clara oposición del teólogo con su mentalidad enfocada en sus arraigados intereses basados en su estabilidad política, social y económica se manifiesta a través de sus comentarios:

…he visto llegar aquí innumerables personajes de la corte, traídos unos por la gresca electoral, otros por visitar algún abandonado terruño o ver las antigüedades de la catedral y todos entran hablándonos de arados ingleses, de trilladoras mecánicas, de saltos de agua, de Bancos, y qué sé yo cuántas majaderías. El estribillo es que esto es muy malo y que podría ser mejor. Váyanse con mil demonios, que aquí estamos muy bien sin que los señores de la corte nos visiten, mucho mejor sin oír ese continuo clamoreo de nuestra pobreza y de las grandezas y maravillas de otras partes (1964:419-20).

La crítica negativa del proceso electoral, la instauración de la banca y todo lo concerniente a la modernización aflora en voz del sacerdote del pueblo. Se debe tomar en cuenta que la España de esta época tiene un fuerte problema político y social. Acaba de experimentar fuertes luchas internas y se encuentra a la vez ante el vital avance de la ciencia. El cambio en la España, principalmente de la provincia, como en el caso de Orbajosa, se vuelve una necesidad imperante. Un grupo minoritario encabezado por Doña Perfecta Polentinos reacciona negativamente ante la presencia del joven capitalino que viene a constituir una amenaza latente [7].

La rotunda negación al cambio en voz de Doña Perfecta toma partida en contra de su sobrino que ante sus ojos le resulta un ser infernal “un demonio tricéfalo: la autoridad política, el espíritu anticlerical y la inmoralidad” (González Santana 1995:114). Y basándose en esa premisa tripartita, Pepe Rey queda descalificado para poseer cualquier control político porque representa una seria amenaza para la estabilidad de la iglesia y muestra los vicios desvergonzados que no se ajustan a los intereses de la sociedad orbajense. La estructura del poder se tambalearía y se podía romper si dejaran que el intruso de Pepe Rey empezara a ganar terreno entre ellos. El sarcasmo contra Pepe Rey se plasma en el siguiente comentario: “Ya sé que tenemos delante a uno de los jóvenes más eminentes de la España moderna, a un hombre que sería capaz de transformar en riquísimas comarcas nuestras áridas estepas…” (1964:420). Por su parte, Pepe Rey al defenderse emplea expresiones que enfatizan la importancia de la industria: “Ya no hay más multiplicación de panes y peces que las que hace la industria con su moldes y máquinas, y las de la Imprenta, que imita a la Naturaleza sacando de un solo tipo millones de ejemplares” (1964:423). Además cuando se le mencionó a Pepe Rey el poco conocimiento que tenía de la arqueología, respondió: “Las ruinas son ruinas, y nunca me ha gustado empolvarme en ellas” (1964:425). En resumidas cuentas, como comenta Richard Curry: “Pepe, un hombre de razón y ciencia, se encuentra en un mundo que para él en sí es grotesco e irracional” (1990:45). Bien sea producto de la histeria colectiva o la ignorancia de la gente, el hecho es que Pepe Rey fue mal interpretado [8].

Tomando en cuenta los intereses creados entre el párroco del pueblo y su hermana Remedios, la llegada de Pepe Rey dificultaba la realización de sus anhelos de emparentar con la familia de Doña Perfecta. Jacinto, hijo de Remedios, hasta antes del arribo de Pepe Rey era el único candidato para cortejar a Rosario, hija de Doña Perfecta. La llegada de Pepe Rey ponía en peligro el logro de la unión de Jacinto y Rosario. Este antecedente desfavorecía al joven madrileño que venía a desposar a Rosario [9]. Por este motivo, Pepe Rey y Jacinto representan dos fuerzas opuestas tras un mismo objetivo [10].

Joaquín Casalduero al analizar los personajes de Jacinto y Pepe Rey, acertadamente dice que: “Son los dos tipos de ciencia, los dos conceptos del mundo -el medieval y el moderno- que tratan de conquistar a Rosario; la España actual, en manos de la Intransigencia y el Fanatismo: Doña Perfecta” (1970:55).

Varias son las ocasiones en que Doña Perfecta se expresa sarcásticamente de la capital llamándola “centro de corrupción, de envidia y rivalidades” (1964:441). Por su parte, cuando el canónigo se refiere a la visita de Pepe Rey a la casa de las Troya, su manera de expresarse saca a relucir la mala reputación de la ciudad capital: “Aquí no estamos en Madrid, señores: aquí no estamos en ese centro de corrupción, de escándalo…” (1964:449). Otro de los personajes que tiene un concepto negativo de Madrid es Cristóbal que dice: “En Madrid, la corte de donde vienen leyes y mandarines, todo es latrocinio y farsa” (1964:475). Por el contrario, las alabanzas de parte de los orbajenses a su propio terruño aparecen esparcidas por toda la novela. Cayetano Polentinos dice: “Pocas localidades conocemos en que crezcan con más lozanía las plantas y arbustos de todas las virtudes libres de hierba maléfica de los vicios” (1964:453) [11]. Además, Don Juan, el padre de Pepe Rey también expresa abiertamente la oposición campo/ciudad. Otorgándole la parte más favorecida al campo dice: “Allí todo es bondad, honradez; allí no se conoce la mentira y la farsa como en nuestras grandes ciudades…” (1964:415). Como se puede constatar, existe una situación de abierta discrepancia entre dos coordenadas en oposición visibles en “…el manejo de los asuntos socio-políticos tales como la desconfianza y aun odio entre grupos representados por dicotomías como ciudad/campo, liberales/conservadores y carlistas/centralistas” (Curry 1990:45). La denegación al cambio se resume en pocas palabras cuando con estridente voz, Ramos vocifera: “¡Viva Orbajosa! ¡Muera Madrid!” (1964:476).

Para concluir, el ruido de las campanas de la iglesia en Orbajosa, único emblema sonoro generalizado que llegaba a toda la población, es interrumpido por el sonido del silbato de la locomotora. Más poderoso e impetuoso que el repique de las campanas, el vapor del tren y el sonido que lo acompaña, es el símbolo de la revolución industrial y el anuncio del progreso en esta población regida aún por la resonancia de los bronces sagrados. Pese a que la misma Doña Perfecta había propuesto a su sobrino venir a visitarla, no tomó en cuenta que el joven capitalino podría traer consigo las ideas de la gran metrópoli que se contraponían a los intereses localistas. El arribo de Pepe Rey a ese lugar se convirtió en una amenaza latente contra la estabilidad política, económica y social. Pepe Rey, joven progresista y realista colisiona con los ideales imperantes de los cabecillas de esa conformista área provincial dando un final de desengaño. De esa manera, Pérez Galdós logra alegorizar el atraso de la España de mediados de la segunda mitad del siglo XIX al presentar el mundo novelesco de la vetusta Orbajosa.

 

Notas

[1] Todas las citas de la novela provienen de Obras completas Tomo IV Novelas 5ª ed. Federico Carlos Sainz de Robles. Madrid: Aguilar, 1964.

[2] Coincidiendo con Pepe Rey, su aliado Pinzón, con sus ideas que hablan mal del campo, con sus críticas de las costumbres supersticiosas de esos pobladores, viene a personificar a algunos de los liberales de su tiempo (Curry 1990:43).

[3] De este mismo pasaje, Vernon A. Chamberlin en su artículo “Doña Perfecta: Light and Darkness, Good and Evil” ha comentado que cuando Pepe Rey llega a su destino al amanecer de un nuevo día, es acompañado del sonido de la locomotora, el símbolo del progreso del siglo XIX (1967:60).

[4] No se debe pasar por alto que desde el campanario la iglesia regula tanto a los fieles devotos como a los líderes religiosos “…el esquilón de la catedral, llamando a los canónigos a la importante tarea del coro…” (1964:425).

[5] Para Frédéric Conrad, el gran conflicto entre la ciudad y la provincia desde el punto de referencia del movimiento industrial es expresado en los diálogos anteriores y considera que: “…Galdós enfatiza el gran conflicto de las dos Españas en conflicto por el dominio del espacio. El primero tiene fe en el movimiento industrial que da trabajo y un modesto poder económico a una mayoría, el segundo, en un movimiento feudal que deja el poder político y económico en su totalidad en las manos de una minoría” (2004:76).

[6] Según Rosa Delia González Santana, la sectaria mujer “busca apoyo y complicidad en sus paisanos para luchar juntos contra el enemigo, el intruso, que es al mismo tiempo un universo de representaciones, pues es Madrid frente a la Urbs Augusta, es el gobierno contra el caciquismo orbajense, es la herejía frente a la iglesia y el libertinaje frente a la moralidad, el eterno enfrentamiento del bien y del mal…” (1995:114).

[7] Ricardo Gullón en su libro Galdós, Novelista moderno comenta que: “[Pepe Rey] es el representante de otra España, de la clase de hombre a quien el autor mira con esperanza, porque le considera capaz de traer al país espíritu de comprensión y libertad” (1960:62).

[8] Después de la muerte de este joven, en una de las cartas de Don Cayetano Polentinos a un amigo suyo de Madrid, el anciano se refiere al joven sacrificado, aunque no muy convencido, con estas expresiones: “ Según dicen, hacía alarde de ideas y opiniones extravagantísimas; burlábase de la religión; entraba en la iglesia fumando y con el sombrero puesto; no respetaba nada y para él no había en el mundo pudor, ni virtudes, ni alma, ni ideal, ni fe, sino tan sólo teodolitos, escuadras, reglas, máquinas, niveles, picos y azadas” ( 1964:498-99).

[9] Así como Pepe Rey era un elemento fácil para la crítica, Jacinto gozaba de la protección de los locales que asumían una actitud defensiva a la vez que empecinada por no aceptar lo que ya de por sí, viniendo de fuera, amenaza con la desintegración de la unidad local.

[10] “Pepe Rey, the representative of progress and of the Revolution of 1868, had struggled with rural, Catholic Spain for possession of the soul of the Spain of the future, incarnate in Rosario” (Dendle 1992-1993:63).

[11] El mismo Cayetano Polentinos sigue alabando a su ciudad con expresiones tales como: “Por eso gusto tanto de vivir en esta pacífica soledad, lejos del laberinto de las ciudades, donde reina, ¡ay!, la falsedad y el vicio” (1964:453).

 

Bibliografía

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Curry, Richard A. “Paralelismos de estructura y tema en Doña Perfecta y Los pazos de Ulloa”, Actas del Tercer Congreso Internacional de Estudios Galdosianos II, 1990, 39-47.

Chamberlin, Vernon A. “Doña Perfecta: Light and Darkness, Good and Evil” Papers Read at the Modern Foreign Language Department Symposium: Nineteenth Century literature: Benito Pérez Galdós, 1967, 55-70.

Dendle, Brian J. “Orbajosa Revised, or the Complexities of Interpretation”, Anales Galdosianos, 1992-1993, 27-28, 51-67.

González Santana, Rosa Delia. “Orbajosa, el laberinto de las furias: Estudios de los personajes de Doña Perfecta”, Philológica Canariensia, 1995, Volumen 1, 105-123.

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Gullón, Ricardo (1960): Galdós, Novelista moderno. Taurus, Madrid.

Jauss, Hans Robert (1976): La literatura como provocación. Ediciones Península, Barcelona.

Pérez Galdós, Benito (1964): Obras completas Tomo IV Novelas. Ed. Federico Carlos Sainz de Robles. Aguilar, Madrid.

Sánchez-Albornoz, Nicolás (1987): The Economic Modernization of Spain, 1830-1930. University Press, New York.

 

© Efraín E. Garza 2010

Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

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