Editorial


Red de Universidades Lectoras

Hay ocasiones en las que lo mejor es volver al principio. Y en el principio está la lectura. Ha tenido que producirse una crisis generalizada para que entendamos que en el principio está la lectura. Todas nuestras modernas técnicas de aprendizaje fallan estrepitosamente si no se comprende lo que se lee. Y eso es lo que está ocurriendo. Es ya una cantilena común por donde vayas: "no comprenden lo que leen". Y esto lleva al abandono y a la frustración. El fenómeno no es nuevo; lleva produciéndose más de dos décadas y entrar en sus detalles excede con mucho el espacio de este editorial. Lo que sí sabemos es que es grave. Pero no solo por motivos pragmáticos, como algunos quieren ver. La incapacidad de entender se relaciona con muchos otros factores, personales y sociales. Pero el más evidente es el cierre de un mundo que ha girado sobre los libros y la lectura durante más de 2.000 años, que ha insertado en muchos de ellos sabiduría y mucha belleza. Mucho de lo mejor que hemos producido está allí. Pero los libros sin lectores son solo papel.

Hace tres años surgió una iniciativa que trataba de volver a lo básico. Los esfuerzos por el prendizaje de lectura y escritura se han centrado incialmente en los primeros años del sistema educativo. Se entendía que, una vez completado este proceso, el resto era una autopista sin obstáculos. Nada menos cierto. Hemos descubierto que, por el contrario, se produce una caída general que afecta y condiciona al conjunto del proceso de aprendizaje y formación.

Hoy la Red de Universidades Lectoras son ya más de 20 universidades (España, Portugal y Brasil) comprometidas con el desarrollo de la investigación sobre el fenómeno de la lectura, por un lado, y con la formación de lectores a través de la promoción de actividades de todo tipo que lleven a nuestros estudiantes universitarios a leer y a escribir. Esta lectura está al margen de las lecturas curriculares. Se trata de formar lectores, no en un sentido restringido (quizá eso ha sido uno de nuestros excesos utilitaristas en la educación), sino en un sentido profundo y sencillo: personas capaces de leer, de disfrutar leyendo y de transmitir su entusiasmo por la lectura a otros. Hay que dejar de convertir la lectura en un acto mecánico y volver a darle el sentido de acceso a lo mejor de la cultura y de crecimiento personal. En este empeño, la Red crece y se van incorporando nuevas universidades de distintos países. ¿Compromisos?: fomentar la lectura y la escritura en el ámbito universitario e investigar sobre un mundo que dábamos por hecho. El esfuerzo merece la pena. Desde Espéculo, como no podía ser de otra manera, nos sumamos.

Joaquín Mª Aguirre
Editor


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