La LOE en los mensajes de fin de año
del Gral Francisco Franco (1967-1974)

Adriana Minardi

Universidad de Buenos Aires
CONICET


 

   
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Resumen: Tenemos un corpus de 6 discursos en los se hace presente la impronta de recuperación de la hispanidad por la historia. Se retoman tópicos religiosos y la teoría del derrame se justifica por la Providencia que se legitima en la construcción de Poder del líder. Aunque este poder continúa enmarcado en el personalismo, los cambios que exige la coyuntura, necesitan de una nueva retórica basada en el campo semántico de la legalidad institucional. En ese campo, se incluyen, además, los otros calificados negativamente como el terrorismo. Se aleja así del proyecto discursivo la memoria de la guerra civil y de la República aunque permanece el ideario del 18 de julio que es, ante todo, antikrausista y tiene su memoria discursiva en la reacción de Menéndez y Pelayo. Desde esa perspectiva, lo liberal, los múltiples partidos políticos, la idea de democracia inorgánica frente a un Estado fuerte que se presenta discursivamente como heredero de la verdad histórica y compañero del catolicismo, es criticada y presentada como lo falso, lo superficial, lo ateo y caótico.
Palabras clave: discursos políticos, identidades, análisis del discurso, franquismo

 

“Ha fallecido Don Francisco Franco y Cabello.
¡Qué lástima!, ¡Por un pelo!”

Carta de Jorge Guillén a Pedro Salinas, Roma, 4 de noviembre de 1951.

 

El 17 de julio de 1969 Franco designaba sucesor a título de Rey a D. Juan Carlos de Borbón cuyo padre, como señala Eslava Galán, había ya mantenido un enfrentamiento que venía de mucho antes, de marzo de 1945, cuando publicó el Manifiesto de Lausanne, en el que conminaba solemnemente al general Franco para que, reconociendo el fracaso de su concepción totalitaria del Estado, abandonara el poder y diera libre paso a la monarquía. El tiempo transcurrido desde 1969 y el 20 de noviembre de 1975 en que tiene lugar la muerte de Franco, denominada por los historiadores “tardofranquismo”, constituye la fase final, y en cierto sentido degenerativa, de un sistema político y económico personalista. Con la LOE (Ley orgánica de Estado) se produce una institucionalización del régimen que, mediante el nombramiento de Juan Carlos resolvía por el momento el problema de la sucesión de Franco, pero no así la lucha por el poder en lo que refiere a la naturaleza del régimen. Franco era la base fundamental para el franquismo pero ahora, ante su decadencia física, era imposible. La división de la clase política del franquismo era un hecho consumado.

El aperturismo que, en grado mayor o menor, practicaron todos los sectores del régimen era una vertiente clara de una conciencia que marcaba una divergencia grande y creciente entre la sociedad española y sus instituciones políticas. El asesinato del almirante Carrero Blanco por un comando de ETA, el 20 de diciembre de 1973, aceleró la descomposición del régimen. La llegada de Arias Navarro a la Presidencia del Gobierno abrió un período de dos años en los que el régimen pasará por serias dificultades. Las tímidas medidas reformistas, anunciadas por el Presidente en el conocido discurso del “espíritu del 12 de febrero”, en el que prometía incluso el asociacionismo político supuso una disidencia entre los sectores del progresismo y la extrema derecha (el “bunker”) que no aceptaba ningún tipo de innovación en la política del Estado que contradijera el espíritu nacional. El franquismo murió con Franco. La fórmula continuista “después de Franco las instituciones” indicaba que la legitimidad carismática del Caudillo, en términos weberianos, era por naturaleza intransferible, al estar basada en un sentimiento irracional y fanático. El rechazo decisivo del franquismo en las primeras elecciones libres, de junio de 1977, demostró realmente que la gran mayoría de españoles rechazaban la democracia orgánica y todo lo que esta representaba.

Las consecuencias del desarrollismo, sin embargo, fueron, en principio, el mantenimiento de las grandes desigualdades que existían en los años cincuenta en la distribución de la renta y produjo un nuevo modelo de intervencionismo estatal, caracterizado por el apoyo a la gran empresa, industrial o bancaria, a través de exenciones fiscales y formas privilegiadas de transacción. También quedó pendiente la reforma fiscal y continuaron los malos hábitos empresariales, como formas de crecimiento alejadas de la inversión en la industria fabril. La simultánea descomposición del régimen y su proceso de cambio agravaron la situación. El Plan de estabilización y liberalización de 1959 abre, en todo caso, la tercera gran etapa de la economía española durante el franquismo: la que abarca todo el decenio de los años sesenta y se prolonga hasta 1973. Con Carrero Blanco se inicia un fascismo católico, guiado por López Rodó y otros miembros del Opus Dei que acababa con el aperturismo, es decir, con el propio Fraga, destituido en 1969 por su incapacidad para acabar con “la pornografía y el maoísmo”. En 1973 se lo designó presidente del gobierno pero Franco seguía detentando la jefatura del Estado.

No obstante, el progreso era imparable, o lo parecía, y la democracia estaba, aparentemente, a la vuelta de la esquina. Pero el asesinato de Carrero Blanco puso en escena que el proyecto del fascismo católico no podía entrar en España. La tímida apertura se dio, en lo político, con la aparición de los partidos, en tanto que asociaciones, con la excepción del PCE, pero también con una oposición exterior e interior cada vez más fuerte y la división del franquismo en el búnker, inmovilistas y los aperturistas; y en lo económico pese a la crisis del petróleo, con Arias Navarro como ministro de gobernación, con aumentos de precios en 1973-1974 intensificado por la intensa recesión mundial, se intentan tímidas reformas pero lo importante es que se produce el agotamiento del modelo de acumulación de los años cincuenta y sesenta.

Pero mientras el empleo caía junto con las inversiones privadas la fragilidad del pode político también era evidente. El problema de las inversiones privadas está ligado al aumento del costo financiero de las empresas, al encarecimiento de la factura petrolera y al aumento de los costos salariales a raíz del agitado clima social. La coyuntura política ya no cuenta con una construcción de poder clara, con un caudillo fuerte al mando sino que reina la incertidumbre que, por otro lado, prepara la Transición que, en julio de1974, se manifiesta con la Junta Democrática (PCE, Partido Socialista Popular - Tierno Galván -, carlistas e independientes de prestigio), que propone una ruptura democrática.

En septiembre de 1974 con el atentado de ETA se desencadena una gran represión sobre toda la oposición, lo que provoca que el sector inmovilista alcance al propio gobierno, se produce la destitución de Pío Cavanillas al que acusaban de demasiada flexibilidad con la libertad de prensa y el "espíritu del 12 de febrero" desaparece. La crisis económica se refleja en la crisis política que se verifica con la represión, los estados de excepción y los secuestros de prensa.

Por último, en 1975 se crea la Plataforma de Convergencia Democrática (en torno al PSOE) y comienza la demanda de elecciones y libertades. En Septiembre se produce la ejecución de 2 etarras y 3 del FRAP, con las presiones internacionales y la retirada de bastantes embajadores, el clima se endurece. Se aísla a Arias mientras surge la cuestión del Sahara y el proceso de autodeterminación; Marruecos reivindica el territorio y el 20 de Noviembre Franco muere y ese paso de la crisis de incertidumbre abre las puertas a la Reforma del sistema fiscal que asumía en España una herencia de muchos menos recursos a diferencia de los países capitalistas europeos. La consolidación del modelo industrial tampoco fue exitosa ya que estaba basado en la dependencia tecnológica y en la especialización en la producción de bienes que requerían altos consumos de energía y materias primas en un país con una dotación de recursos energéticos y materias primas más bien pobres. Además, la competencia exterior se iba agudizando lo que implicaba el sentido de crisis en el sector secundario.

Sin embargo, se prosiguió un cambio estructural iniciado en la etapa anterior basado en una modesta expansión del sector público y de ciertos avances hacia el estado de bienestar. Con esto se intentaba dar más legitimidad al régimen. En 1973, entra en vigor una nueva ley de financiación de la Seguridad social, que permitirá una expansión progresiva del sistema asistencial público y en 1974 se generaliza el seguro de desempleo. Estas medidas estaban financiadas por el aumento en las cuotas de la Seguridad social y la mayor recaudación del IRTP, que grava las rentas salariales. Todas estas medidas marcan el camino hacia la Transición y, sin duda, no puede comprenderse su proceso político sin tener en cuenta sus procesos económicos. Como señala J. Melià (1975) el franquismo fue más que un auténtico régimen fascista, una dictadura sudamericana; es decir, un sistema de mando personal, autoritario, en el que el Caudillo poseía todos los poderes.

La diferencia entre España y los regímenes fascistas es que en éstos el Partido se había apoderado del Estado y aquí el Estado se había apoderado del Partido. Es por esto que no puede dejar de analizarse el Franquismo desde, quizás, el punto de vista organicista. Si el régimen muere con la muerte de Franco, las puertas quedan abiertas a la reforma política y a la reforma económica pero también para una nueva intelectualidad en los partidos. A nivel discursivo, tenemos un corpus de tan sólo 6 discursos. Pero en ellos se hace presente la impronta de recuperación de la hispanidad por la historia. Se retoman tópicos religiosos y la teoría del derrame se justifica por la Providencia que se legitima en la construcción de Poder del líder.

Aunque este poder continúa enmarcado en el personalismo, los cambios que exige la coyuntura, necesitan de una nueva retórica basada en el campo semántico de la legalidad institucional. En ese campo, se incluyen, además, los otros calificados negativamente como el terrorismo. Se aleja así del proyecto discursivo la memoria de la guerra civil y de la República aunque permanece el ideario del 18 de julio que es, ante todo, antikrausista y tiene su memoria discursiva en la reacción de Menéndez y Pelayo. Desde esa perspectiva, lo liberal, los múltiples partidos políticos, la idea de democracia inorgánica frente a un Estado fuerte que se presenta discursivamente como heredero de la verdad histórica y compañero del catolicismo, es criticada y presentada como lo falso, lo superficial, lo ateo y caótico.

Existen tres características centrales de la constitución de la hispanidad en esta última etapa. Por un lado, la construcción del campo semántico ligado al progreso representado por la juventud. La Universidad se presenta bajo la caracterización básica de la alteración. Mientras que la esencia juvenil de las nuevas generaciones, aquellas fieles al Régimen, son las portadoras del futuro, otro problema que presentan los mensajes. Es la juventud “trabajadora y estudiosa”, calificativos que pretenden oponerla a la juventud que sigue las consignas comunistas del extranjero, calificadas con la construcción “pequeñas algaradas estudiantiles” como vemos en el mensaje de fin de año del 31 de diciembre de 1969:

(…) La juventud ha tener conciencia de que los mimetismos extranjerizantes fueron causa fundamental de nuestra decadencia. Cada país es obra de su propio genio creador y lo verdaderamente audaz, propio de los jóvenes, es ser fieles a nosotros mismos y crear y crecer desde la propia raíz de nuestro ser nacional.

Primera oposición que presenta este fragmento: la creación de España, parte de ese providencialismo histórico, frente a los mimetismos, las copias fieles de lo extranjero, de la carencia de esencia. Estos fundamentos que intentan persuadir a las nuevas juventudes que no han vivido la guerra civil, tienen como estrategia discursiva el continuum de la grandeza histórica. El destino se presenta de antemano. Esa juventud que es la portadora de futuro se canaliza, ya no con la ideología totalitaria de la primera etapa sino con un marco discursivo que se apoya en el campo semántico de la legalidad: Derecho de petición, Ley de bases de ordenación del crédito, Ley de bases de la seguridad social, Ley general tributaria, Ley de prensa e imprenta. De esta forma, el ropaje legal acompaña el proyecto económico de asociacionismo con EEUU.

Así, lo material no estará representado en el crecimiento de obra pública sino en la construcción de automóviles, calles y en la instalación de teléfonos. Ese proyecto se apoya fuertemente con marcas modalizadoras deónticas que refuerzan el proyecto de Estado de derecho, como se presenta en los discursos de esta etapa. Los marcos legales serán prioritarios y se acompañarán de enumeraciones que refuercen el crecimiento y la infinidad de leyes promulgadas, junto a órganos de gobierno como las Cortes y los Sindicatos que afianzan la LOE en Juan Carlos.

El deber hacer programático vuelve a las bases del nacionalismo católico a partir del uso de una cita de S.S. Pablo VI, al final del mensaje: “La paz no se goza, se crea”. El deber hacer vuelve a contaminarse semánticamente con la idea de servitio cristiana que se presenta en el mensaje de 1970: “El pueblo como los hombres no inventa su destino: lo sirven. Y nosotros estamos sirviendo el signo de la grandeza histórica de España”

Una segunda característica corresponde al énfasis puesto en el desarrollo político. Es por esto que el mensaje de fin de año del 30 de diciembre de 1970, enumera las leyes sindical y educativa como parte de una institucionalización del Régimen. Por primera vez se hace alusión a la intelectualidad. Se habla del pan de la cultura con lo que, nuevamente, se atacan los ideales de la ilustración republicana. Se menciona también recién en este mensaje la cátedra universitaria, término propio de la República:

La obra que estamos haciendo es obra de todos. Por eso quiero deciros cuánto agradezco ese cotidiano plebiscito que me ofrecéis en toda ocasión, así como el esfuerzo unánime, callado y fecundo que realizáis en el taller, en la fábrica, en el laboratorio o en la cátedra al margen de toda clase de pasiones políticas.

Las fórmulas de la democracia tradicional, como el plebiscito se presentan bajo el tópico de la familia cristiana, de la cotidianeidad que construye el ethos discursivo como un pater familias, quien acompaña a la Iglesia porque se debe acompañar al hombre en su progreso material- el estado- y espiritual.

De esta forma, la frase “todo ha quedado atado y bien atado” es un claro exponente de estas estrategias. El futuro, problema que construye la hispanidad como la grandeza que debe continuar, es central en esta etapa por cuanto es presentado como “designio de Dios”:

Hoy nuestra patria puede contemplar más segura que nunca su mañana, convencida de que con nuestra institucionalización nada puede entenebrecer el momento en que, por designio de Dios, se clausura definitivamente el período vitalicio de mi capitanía

Nuevamente, la metáfora de la nave que ha de llegar a buen puerto. Como explica, en el mensaje de fin de año del 31 de diciembre de 1971, “el futuro ha quedado asegurado”, sin embargo, la continuidad de la hispanidad, como ese valor eterno, debe utilizarse como argumento frente al materialismo y las nuevas ideologías. Para esto, recurre a la cita de autoridad de la Conferencia Episcopal Española del 29 de junio de 1966, otro año que señalábamos como clave, que confiere a su discurso el soporte necesario para referenciarse y afirmar nuevamente, como en la etapa primera, que los lazos que los unen no se modifican. Por última, el argumentum ad maioritatem, permite persuadir a la comunidad española de su participación en las actividades políticas con el fin de renovar y ampliar, claro está, las filas del Movimiento Nacional.

Una última característica está relacionada con el reemplazo de la izquierda como enemigo eterno por el terrorismo. El mensaje de fin de año del 30 de diciembre de 1973 comienza con las palabras de reconocimiento a Carrero Blanco, cuya función permite universalizar el dolor de los integrantes del Régimen como el dolor de todos. Nuevamente, el terrorismo aparece como el elemento extranjero y, de alguna manera, las caracterizaciones de la izquierda en la primera etapa, son ahora transferidas al terrorismo de estado. Este recurso de la construcción enemigo público funciona, en especial, en el último mensaje de diciembre de 1974, ligado al imperativo de la Unidad nacional. Y es allí, donde el mensaje para la posteridad, utiliza el tópico del bienaventurado que incorpora el interdiscurso bíblico para dejar la herencia de los valores eternos e inamovibles de la hispanidad que nace con la Reconquista y resucita con Franco. Para finalizar, veremos las formulaciones retóricas positivas y negativas de esta última fase que se proyecta a partir de una cultura de alineación, y no ya de identificación.

Formulaciones positivas: se presenta una tolerancia del pluralismo social y político y, desde el nacionalismo católico, se rescatan positivamente los valores de la razón instrumental con vistas a la construcción semántica del Estado de derecho y la legalidad presupuesta. Aparece con marcas subjetivas positivas una vía de evolución de la pluralidad, el crecimiento económico y político, el respeto a la ley y el culto a la forma institucional.

Formulaciones negativas: se presenta discursivamente una negación del fascismo, del anarquismo, el terrorismo asociado al comunismo y la revolución. Aparece un límite anticlerical, donde Estado e Iglesia se acompañan pero son independientes. Se presenta peyorativamente a la democracia por inorgánica. Se construye una idea de democracia orgánica, basada en el Estado de derecho y en el nacionalismo católico.

 

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© Adriana Minardi 2010

Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

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