El libro de las preguntas: Una ontología del desierto

Juan Pablo Gómez Guízar*

Colegio Vallarta, México
gomz.zarguei@gmail.com


 

   
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Resumen: El propósito de este ensayo es analizar la imagen poética del desierto y sus epifanías en El libro de las preguntas de Edmond Jabès. Parte del supuesto de considerar esta obra como una ontología del desierto fundada en una triada fenomenológica: la fenomenología del desierto, la fenomenología de la escritura y la fenomenología del judío. La intención es evidenciar el proceso creativo que implica esta ontología.
Palabras clave: Edmond Jabès, Peter Slortedijk, El libro de las preguntas, judío, poesía

 

“¿De dónde vienes? / Anduve errante” (Jabès, 2006:33). La raíz indoeuropea de la palabra errante, -ers, que significa “estar en movimiento” (Gómez de Silva, 2001: 265), contiene, en la transposición de sus letras, la palabra ser, luego, si el movimiento constante es una condición del ser, éste sólo podrá manifestarse como ser-errante. En contraposición el no-ser es el no movimiento, por lo tanto, aquello que se mantiene estático y no se transforma no es o ha dejado de ser. La muerte es la manifestación del no-ser, e implica, en su significado simbólico profundo, un poder regenerador. "En la muerte florezco / Soy flor inasible", palabra de Reb Elam (Jabès, 2006: 116). La oruga muere o deja de ser cuando construye su féretro o crisálida, para dar paso a un nuevo ser regenerado mucho más majestuoso. [1] [2]

El ser se manifiesta ahí donde se da la negación del ser mismo, es decir, en el no-ser. Haría falta dejar de ser, para luego poder ser, esto es, el ser surge de la muerte del ser, tal como el Fénix, renace de sus propias cenizas. La muerte es entonces el umbral, el espacio en blanco, entre dejar de ser y comenzar a ser. Así pues, el silencio es el umbral de la palabra y la página en blanco el umbral del libro. "Dios es la ausencia de Dios. El exilio en el exilio", palabra de Reb Sardá (Jabès, 2006: 290). Si Dios es la ausencia de Dios, el desierto es el espacio en que Dios se hace presente al ausentarse de él. El desierto es el ser-exterior en el que se oculta el ser-divino que no somos capaces de percibir (Chevalier, 1995).

Para los pueblos nómadas de las tradiciones hebraica e islámica el desierto simboliza tanto la ausencia de Dios, como la manifestación de su poder. El nómada es el ser-errante. Su supervivencia en el desierto depende de la unidad de su pueblo que es también la unidad de su Dios, sus vidas y el universo entero. Lejos de toda ceremonia litúrgica, la vida de las tribus nómadas del desierto compone un complejo ritual que gira alrededor de su migración. Su vida se rige por el seguimiento literal de las enseñanzas del libro, más que cualquier interpretación sectaria actual. Su fe gira en torno a una visión unitaria de Dios a cuya voluntad se someten (Fabietti, 1985) [3]. El libro simboliza la unidad de su pueblo y su Dios. "Mi pueblo es Uno en el dolor" (Jabès, 2006: 624), pues el dolor del pueblo judío se encuentra en el libro.

En la palabra nómada [4] se leen también las palabras nombre y nombrar. El nómada entonces es el ser-que-nombra-al-mundo, el que le asigna un nombre a las cosas. Edmond Jabès (1995) inicia El libro de las preguntas con la siguiente afirmación: “Para existir se necesita ser nombrado”. Luego el nombre es la condición de la existencia. “El mundo existe porque el libro existe; porque existir es crecer con su nombre” (Jabès, 1995: 47). En su simbolismo el libro [5] representa el universo, y encierra además la palabra y el nombre divinos a los que sólo un iniciado puede acceder. Desierto y libro simbolizan la unidad divina.

En el Antiguo Testamento, afirma Erich Fromm, el desierto es el símbolo clave de la liberación, unido a las tradiciones nómadas representadas en el Éxodo.

Para los Profetas, la expulsión de su patria fue una tragedia, pero fue la única manera de una liberación final (…) Todo se perdió y solamente les quedó (como grupo) el ideal de ser: saber, aprender, pensar u esperar al Mesías. (Fromm, 1978: 64).

Fromm distingue dos modos de existencia fundamentales: el modo de tener y el modo de ser. Cada uno se define por la manera de relacionarse con el mundo. El primero es una relación de posesión y propiedad: de opresión; mientras que el modo de ser busca principalmente la afirmación del hombre, a través de dar y crear. Al ser expulsado de Egipto, el pueblo hebreo dejo atrás las posesiones y propiedades que oprimían su espíritu, para afirmarse como grupo en su migración por el desierto.

La raíz de la palabra éxodo, es además la raíz de la palabra existir y la palabra extranjero. Si el sentido que le damos a la palabra existir es tener un ser, y la etimología de este término significa colocarse o hallarse fuera, se deduce que el ser sólo puede erigirse fuera de sí, es decir, en el umbral. Hallarse en el umbral, colocarse fuera implica, según Peter Sloterdijk, moverse hacia lo no encubierto, "significa pasar atrás las páginas hasta llegar a las hojas en blanco del principio, ese lugar donde carecemos de toda propiedad y sólo sentimos el vacío" (2006, 25). Para Edmond Jabès el judío busca afirmar su existencia al asumirse extranjero como lo hace Yukel. El extranjero entonces es aquel que ha asumido su existencia, que se ha posicionado fuera, y el éxodo es el camino o el viaje hacia el umbral.

En una entrevista realizada por Aldo Mazzuchi (2000) a la crítica uruguaya Lisa Blok de Behar, la autora del ensayo “Edmond Jabès: una poética del vacío” señala una estrecha relación entre las palabras palabra y desierto tanto en hebreo como en latín. Revisa los nombres originales de los libros del Pentateuco donde los dos últimos libros, los Números y el Deuteronomio, según señala, significan “en el desierto” (Bamidbar) y “palabras” (D'varim) respectivamente. Por otra parte, en latín, asegura la escritora, desertus (desierto) y sermo (discurso) comparten la misma raíz. Discurso y desierto se encuentran unidos dentro del libro, donde la palabra antecede a la palabra, y el desierto, el espacio en blanco, es el silencio que separa el fin del inicio de la palabra (Jabès, 1995).

Sin más nación que la del libro, el judío es el extranjero del mundo. Pueblo nómada del desierto, su unidad, se ha dicho, es la unidad de su Dios, y la fe en su Dios está en el libro. El libro ha sido su ley y su fe, contiene su historia y sus tradiciones, sus heridas más profundas. El libro es trascripción e interpretación de la palabra divina. Representa una pertenencia constante para el pueblo judío, para quienes el literalismo de la cita tiene un profundo significado talmúdico. “Todo aquel que enuncia las palabras en nombre de quien las enunció’ no sólo provoca su propia salvación sino que inicia una redención que no termina” (Block de Behar, 1991: 15). “La libertad consiste en remontarse a las fuentes” (Jabès, 2006: 130). La nación y la salvación del pueblo judío se encuentran en el libro.

El poeta como el judío es también un ser nómada que habita en el libro. El poeta es, en su significado etimológico, el-que-crea-a-través-de-la-palabra. Tal como el pueblo hebreo vaga por el desierto en busca de la presencia y el ser divinos, el poeta se mueve en la escritura en busca de la poesía y el ser oculto de todas las cosas. Para Peter Sloterdijk expresarse a través del lenguaje, oral o escrito, implica exponerse, exhibir los tatuajes existenciales que tanto el poeta como el judío llevan bajo la piel. Sólo a través de “la aceptación y la exhibición pública de los tatuajes originarios puede abrirse el espacio literario” (2006, 23). Esto es: el espacio del libro.

Al abandonar El Cairo en 1957, donde había nacido en 1912, Edmond Jabès, poeta judío, valga la redundancia, instaló su exilio en París. En esta ciudad el escritor nómada asumiría su extranjería y comenzaría la búsqueda, a través de una escritura errante, de una ontología del desierto que comprendiera tanto el ser-judío como el ser-escritor. Sobre esta línea a la vez filosófica y poética, el autor sefardí compondría la totalidad de su obra entre los años de 1943 y 1989. Destaca El libro de las preguntas, considerada su obra más importante, que reúne siete libros escritos entre 1963 y 1973, estos son: El libro de las preguntas (1963), El libro de Yukel (1964), El regreso al libro (1965), Yael (1967), Elya (1969), Aely (1972) y Él, o el último libro (1973).

La escritura aforística de El libro de las preguntas permite un sin fin de lecturas de un libro que es a la vez muchos libros y es uno sólo, interminable, como El libro de arena (1973) de Borges. Su estructura corresponde también a su trama, El libro de las preguntas narra una sola y muchas historias trágicas: la de Sara, Yukel, Yael, Elya, Aely y el judaísmo. Confluyen en un solo discurso poético un sin fin de discursos. La cita, como en la tradición talmúdica, es entonces un elemento imprescindible en la insistente necesidad, de un autor desdibujado, de decir lo ya dicho, de rescatar y renovar las palabras de otro, real o ficticio, en un impulso donde las palabras significan doble y se consolida el presente en una continuidad con el pasado.

El libro de las preguntas se remonta hasta los orígenes del libro, es entonces, afirma su autor, el libro de la memoria. La memoria de aquellos libros que lo antecedieron. Escribe Edmond Jabès (2006), “he intentado, al margen de la tradición y a través de los vocablos, recuperar los caminos de mis fuentes”. Peter Sloterdijk afirma que “si uno aquí tiene la palabra es porque ya la tuvo en otra parte”, esto es, “sólo se puede ser si se ha sido, sólo se puede hablar si ya se ha hablado, sólo puede exponerse uno si ya se ha expuesto” (2006, 16). Nuestro pasado determina nuestro presente, por eso El libro de las preguntas es el libro de la memoria, pues nos es imposible, según Sloterdijk, un comienzo absoluto, y sólo podemos aspirar a un poder comenzar-ya-comenzado.

La conciencia del poeta de su presencia en el libro, es también la conciencia del judío de su presencia en el desierto. Tanto el libro como el desierto están recubiertos por una escritura jeroglífica "de unos comienzos más antiguos que han de descifrarse y evocarse de nuevo para tener algo que decir" (Sloterdijk, 2006: 18). La poesía, entonces, como el libro "habla de las marcas realizadas a fuego en el alma, de los caracteres grabados bajo la piel" (Sloterdijk, 2006: 20). Es por eso que En el umbral del libro Jabès enuncia las palabras de Reb Alcé: “Señala con una marca roja la primera página del libro, pues la herida es invisible en su comienzo”.

En El libro de las preguntas confluyen tres fenomenologías que conforman la estructura simbólica y poética del libro, estas son: la fenomenología del desierto, la fenomenología de la escritura y la fenomenología del judío. La mayoría de las imágenes poéticas y símbolos presentes en el libro podrían ser clasificadas dentro de esta triada fenomenológica que fundamenta la ontología del desierto ideada por Edmond Jabès. El libro ilustra entonces el proceso creativo: el judío o el poeta tienden hacia el desierto o el libro a través de la errancia o la escritura. Pero este proceso creativo implica un proceso destructivo, esto es, la negación de esta triada fenomenológica posibilita su afirmación. "La palabra saldrá de la Nada y se disolverá en el Todo" (Jabès, 2006: 659). El libro es el libro de la unidad del todo y la nada.

La raíz de la palabra nada es también la raíz de la palabra nacer. Si la nada es el umbral, entonces el nacimientos también los es. "Todo nacimiento es el instante colmado de una ausencia de la muerte en el seno de la muerte. De ese modo, habría una ausencia en la ausencia que es perpetuo inicio" (Jabès, 2006: 664).Tomar conciencia de la nada, es tomar conciencia del vacío y la ausencia del libro y el desierto. Es posicionarse en el umbral, el espacio en blanco, entre la muerte y el nacimiento. Hacer nacer al libro, implica morir en el libro para luego nacer de él. Morir en el libro es quemar los vocablos, para acceder a la voz y al nombre divinos, esto es, al verdadero ser de todas las cosas. El poeta y el judío, seres trágicos los dos, mueren y nacen en el desierto del libro para afirmarse y afirmar al mundo en el libro. Es ésta la salvación del libro.

 

Notas:

[1] Uno de los aspectos simbólicos de la mariposa está fundado en su metamorfosis: "la crisálida es el huevo que contiene la potencialidad del ser; la mariposa que sale es un símbolo de resurrección. También es, si se prefiere, la salida de la tumba" (Chevalier, 1995: 691).

[2] Posiblemente la raíz de la palabra mariposa provenga de la palabra latina mare que significa “mar”, la cual a su vez pudiera derivarse del término mori, “morir”, ésta del latín mors, “muerte”; y de la palabra *putta, del latín vulgar, que significa “niña, muchacha”, del latín putus variación de la palabra pusus “niño”. De tal manera, mariposa podría significar niña o mujer del mar, o de la muerte; de ahí el significado simbólico que constantemente se le da al relacionarla con estos dos elementos, cada uno a su vez, símbolos de la revelación y la nueva vida. (Esta interpretación etimológica es únicamente una hipótesis mucho más poética que científica, el lector puede consultar una interpretación diferente en el Breve diccionario etimológico de la lengua española de Guido Gómez de Silva).

[3] En la tradición islámica a esta visión unitaria de la divinidad a la cual su sino se encuentra sometido se le ha llamado "fatalismo musulmán" (Fabietti, 1985).

[4] La raíz indoeuropea de la palabra "nómada" es "nom-, de "nem- que significa "asignar".

[5] “El Liber Mundi es al mismo tiempo el mensaje divino, y el arquetipo del que otros diversos libros revelados no son más que especificaciones, traducciones en lenguaje inteligible” (Chevalier, 1995: 644).

 

Bibliografía:

Block de Behar, Lisa (2000), "Palabra y desierto: una conversación con Lisa Block de Behar".
Tomado de: http://www.liccom.edu.uy/docencia/lisa/articulos/desierto. htm (18 de abril de 2008).

—(2000), “Edmond Jabès: una poética del vacío”.
Tomado de: http://www.liccom.edu.uy/docencia/lisa/articulos/jabes.htm (18 de abril de 2008).

Chevalier, Jean y Alain Gheerbrant (1995), Diccionario de los símbolos, 5ª ed., Herder, Barcelona.

Fabietti, Ugo(1985), El pueblo del desierto Historia, economía, estructura familiar, religión, etc. de un pueblo nómada (tr., Alfonso Espinet), Mitre, Barcelona.

Fromm, Erich (1978), ¿Tener o ser?, (trad., Carlos Valdés) Fondo de Cultura Económica, México.

Gómez de Silva, Guido (2001), Breve diccionario etimológico de la lengua española, FCE, México.

Jabès, Edmond (2006), El libro de las preguntas (prol., Francisco Jarauta), Siruela, España.

Sloterdijk, Peter (2006), Venir al mundo, venir al lenguaje (trad., Germán Cano), Pre-Textos, España.

 

* Juan Pablo Gómez Guízar. Licenciado en Letras Hispánicas por la Universidad de Guadalajara. Profesor de Español y Literatura en el Colegio Vallarta, México

 

© Juan Pablo Gómez Guízar 2010

Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

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