Los héroes de The Old Man and the Sea y Gran Sol*

Lisa A. Twomey

Concordia College
Moorhead, Minnesota, EE.UU
twomey@cord.edu


 

   
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Resumen: Aunque las tramas de The Old Man and the Sea de Ernest Hemingway y Gran Sol de Ignacio Aldecoa son diferentes, una lectura paralela de estas obras revela que los dos autores compartieron una filosofía parecida en cuanto a la lucha del ser humano por sobrevivir en un mundo difícil y conflictivo. El héroe de Hemingway es inevitablemente un perdedor, pero en esta novela la pérdida es eclipsada por la noble forma en que el personaje lucha y acepta su destino. El héroe de Aldecoa sigue una trayectoria similar, pero le falta la transcendencia de Santiago, el protagonista de Hemingway. Este análisis compara las dos novelas del mar y descubre cómo los dos autores vuelven a los valores tradicionales y a la tragedia griega para encontrar una manera en que sus personajes puedan triunfar, aun en su inevitable derrota.
Palabras clave: Hemingway, Aldecoa, literatura española siglo XX, literatura norteamericana siglo XX

Abstract: Although the plots of Ernest Hemingway’s The Old Man and the Sea and Ignacio Aldecoa’s Gran Sol are different, a parallel reading of these works reveals that the two authors shared a similar philosophy on the human struggle to survive in a difficult and conflicted world. Hemingway’s hero is inevitably a loser, but in this novel the loss is eclipsed by the character’s noble fight and acceptance of his fate. Aldecoa’s hero follows a similar pattern, but he lacks the transcendence of Hemingway’s protagonist, Santiago. This analysis compares the two sea novels and discovers how the two authors turn to traditional values and Greek tragedy in order to find a way for their characters to find triumph in their inevitable defeat.

 

Como escritores de posguerra -aunque de guerras, países y épocas diferentes- Ignacio Aldecoa y Ernest Hemingway buscan en sus libros una forma de vivir en un mundo caótico y duro, que está lleno de contradicciones y que carece de un sentido claro. Sin ser “sociales”, los dos escritores estaban preocupados por cómo el hombre moderno podía vivir en una sociedad en que los valores profesados por los dirigentes políticos y/o religiosos no parecían poseer fundamento, y en que la naturaleza era siempre una fuerza poderosa y dominante sobre los individuos.

Hemingway había desarrollado, a lo largo de los años, un personaje que podía vivir en este mundo con dignidad, aunque estaba casi inevitablemente condenado a perder en él. El ejemplo más claro es Santiago, el protagonista de The Old Man and the Sea, que lucha y pierde contra las fuerzas del mar, pero lo hace con honor y entereza y, de esta forma, triunfa como persona. Esta novela fue enormemente admirada por el escritor alavés, y sin duda inspiró su propia novela del mar, Gran sol, publicada cuatro años después del libro de Hemingway. Los protagonistas de las dos obras son perdedores-losers-pero son también héroes trágicos que hacen lo que pueden (y a veces lo que no deben) para vencer, aun cuando saben que les puede costar la vida. Una lectura paralela de las dos novelas revela afinidades entre los dos escritores y su concepción del mundo, y apunta a un personaje parecido que se esfuerza en mantener el orden y en encontrar el éxito en un medio que le empuja, implacablemente, a la tragedia.

Este artículo no intenta señalar la deuda que Aldecoa tiene con Hemingway, sino analizar la forma en que los dos autores representan, en sus novelas del mar, el problema de cómo una persona puede vivir dignamente y con sentido en un mundo que le atosiga. No obstante, las palabras que Aldecoa escribió sobre la novela del norteamericano en 1954 y 1961 son testimonio no sólo de lo que el español valoró de The Old Man and the Sea, sino también de lo que él mismo intentaba expresar al escribir Gran Sol. En los dos comentarios la admiración de Aldecoa por esta novela se centra en la forma en que Hemingway se enfrenta “desnudo, con el primitivo y eterno problema del hombre en lucha con la Naturaleza, empujado por el Destino, solitario en la lucha y en el esfuerzo” (Aldecoa 1954: 268). El escritor español también cree que The Old Man and the Sea es una novela “simbólica” y “de tesis”, que representa en su integridad lo que puede ser resumido en una sencilla pero significativa frase de la novela: “el hombre puede ser destruido, pero jamás vencido” (Aldecoa 1961: 17). Es más, considera este libro de Hemingway una de las mejores novelas cortas de la historia de la literatura universal.

Las mismas palabras que Aldecoa empleó para describir la obra épica de Hemingway podrían utilizarse para describir Gran Sol. En esta obra, la fatigosa tarea de un grupo de pescadores también representa la lucha épica del hombre contra las fuerzas de la naturaleza, e ilustra la dignidad intrínseca de los que afrontan esa lucha a veces descomunal. El gran mérito de ambos escritores es que representan este tema, universal y eterno, de la pelea del hombre por vivir en un mundo complejo a través de descripciones objetivas y exactas del oficio de pescador. Las novelas son muy diferentes, y el personaje de Aldecoa no tiene la transcendencia que tiene el de Hemingway, pero su lectura comparada nos ayuda a entender mejor la trágica, a la vez que realista y esperanzadora, visión del hombre que los dos escritores compartieron.

 

The Old Man and the Sea y Gran Sol

La trama de The Old Man and the Sea es bastante sencilla. Después de mucho tiempo sin suerte, Santiago se adentra más en el mar y pesca un maravilloso pez espada. Durante todo el día, la noche, y el día siguiente está unido al pez por el sedal. Aguanta dolor, hambre, cansancio, heridas y soledad hasta que al fin consigue matarle, no sin un gran esfuerzo. Le ata al costado del barco y vuelve hacia el puerto, pero la sangre derramada atrae a los tiburones y éstos poco a poco van devorando al pez. Santiago lucha contra ellos-sin armas, casi sin fuerza, con rabia y con amor por el gran pez-aun cuando sabe que no tiene oportunidades de vencer. Cuando llega al puerto sólo queda el esqueleto, pero Santiago está sereno. “A man can be destroyed but not defeated”, declara (Hemingway 2003: 103). Puede aceptar la pérdida del pez puesto que sabe que lo ha dado todo en su lucha.

La novela de Aldecoa narra el viaje de dos barcos pesqueros, el Uro y el Aril, a la zona de Gran Sol, próxima a la costa irlandesa. La acción se centra en el Aril. Se relatan las tareas y la vida de los pescadores de alta mar: la pesca, la cocina, la navegación, el mal tiempo, la soledad, el recuerdo de la familia que queda en el puerto, etc. La tripulación del Aril saca mucho pescado y el viaje habría sido uno de los mejores si no fuera por el mal tiempo y varios accidentes que ocurren a lo largo de su travesía. La última es la muerte del patrón de pesca, Simón Orozco, al caerle encima el copo lleno de pescado.

Aunque la trama de Gran Sol es muy diferente a la de The Old Man and the Sea, el tema central del hombre que se mide con la naturaleza, además de algunos aspectos estilísticos de la novela, hacen recordar la obra de Hemingway. La elección del mar como el espacio para desarrollar este tema es lo primero que vincula ambas novelas. Para los dos autores el mar es femenino: “He always thought of the sea as la mar which is what people called her in Spanish when they loved her”, piensa Santiago en las primeras páginas de The Old Man and the Sea (Hemingway 2003: 29) [1]. La segunda frase de la novela de Aldecoa emplea ya el artículo femenino: “Lejana amarilleaba la mar abierta” (Aldecoa 1996: 23), y el narrador y todos los personajes hablan de “la mar” a lo largo de la novela. En esta obra no hace falta una explicación como en la de Hemingway, ya que el público español conoce este uso común entre pescadores y gentes de la costa, y lo raro sería que los pescadores y el narrador se refirieran a ella como “el mar”. Pero aunque el uso del artículo femenino no llama la atención en español, su empleo implica una relación íntima con el medio e indica, de forma sutil, algo que se confirma en los dos libros: esto es que, más que espacio, el mar es el verdadero protagonista de ambas novelas. Fuente de vida para los pescadores a la vez que una amenaza constante para su existencia, el mar y sus criaturas son la fuerza que incita a los hombres a luchar por sus vidas, y lo que les impulsa a perseverar en su empeño, aun cuando el triunfo les parezca imposible. Los pescadores están unidos al mar, y a través de él entran en el círculo de la vida. Cuando sobrepasen sus límites, cuando se rebelen contra la fuerza de la naturaleza, el mar les castigará.

Gran Sol difiere de The Old Man and the Sea en que no hay un personaje central, sino que, muy al estilo de la novela social española de esta época, la tripulación entera del Aril comparte el protagonismo. Aun así, el personaje de Simón Orozco se destaca por ser el patrón del barco y el jefe de los demás pescadores, y Aldecoa le dedica algo más de atención a lo largo de la novela. Su personaje es, además, elevado a un nivel simbólico de una forma que hace recordar la novela de Hemingway. El escritor norteamericano llamó a su protagonista Santiago, un nombre que evoca no sólo al patrón de España, sino también al apóstol pescador. En varios momentos de la novela es representado como Cristo. Por ejemplo, cuando ve acercarse a los primeros tiburones, su reacción está expresada en términos que se refieren, sin lugar a dudas, a Jesucristo: “‘Ay’, he said aloud. There is no translation for this word and perhaps it is just a noise such as a man might make, involuntarily, feeling the nail go through his hands and into the wood” (Hemingway 2003: 107). O, más adelante, cuando vuelve al puerto y sube hacia su casa: “He started to climb again and at the top he fell and lay for some time with the mast across his shoulder” (Hemingway 2003: 121). Poco después se queda dormido en su casa “...he slept face down on the newspapers with his arms out straight and the palms of his hands up” (Hemingway 2003: 122). Estas imágenes destacan la humildad de su persona a la vez que le confieren un valor universal, y le convierten en personaje de todos los tiempos y lugares. A lo largo de la novela otras referencias religiosas mantienen viva esta imagen de Santiago [2].

Aldecoa, a su vez, nombró al patrón de su barco Simón, y la cita de San Lucas que precede la novela le vincula directamente al apóstol: “Dijo a Simón: Tira a alta mar y echad vuestras redes para pescar” (Aldecoa 1996: 19) [3]. Como Hemingway, Aldecoa quiso atribuir a su personaje un sentido mayor, hacer de él un personaje universal y simbólico, y reforzó esta imagen con referencias bíblicas [4]. Por ejemplo, al verter el copo sobre la cubierta del barco, el narrador describe: “Las redes de arrastre vuelcan el quinto día de la creación del mundo sobre las cubiertas de los barcos pesqueros” (Aldecoa 1996: 94). U ofrece esta descripción del mal tiempo en el mar: “El viento norte amaga. El viento norte avisa. El rumor de las olas es el rumor de las multitudes. El ruido de las olas es el ruido de los cataclismos prehistóricos, del cataclismo bíblico” (Aldecoa 1996: 113). La imaginería cristiana de ambas novelas trasciende el sentido religioso y confiere un sentido universal y eterno a la historia narrada.

Los personajes de Santiago y Simón Orozco se parecen en la estoica determinación con la que luchan contra la naturaleza y sus elementos, una lucha basada en una ética de trabajo y en un sentido de su deber como pescadores. En un principio los dos han tenido suerte en sus viajes de pesca, pero la suerte no perdura: Santiago pesca el pez más grande y bello que jamás había visto, pero lo pierde por culpa de los tiburones tras un combate tremendo pero inútil; el barco de Simón Orozco estaba haciendo el mejor viaje del año, pero el mal tiempo y la muerte de éste acaban con la suerte: “Estábamos haciendo nevera, por primera vez en este año. Éste iba a ser un viaje de los que se cuentan”, reflexiona el contramaestre tras el accidente que acaba con la vida del patrón (Aldecoa 1996: 209). Para llegar a este punto los dos pescadores han tentado su suerte, han salido de sus rutas normales y han puesto a prueba su capacidad en aguas desconocidas. Santiago se adentra en el mar más de lo normal y reconoce, al perder su pez, que su error ha sido el alejarse demasiado: “‘I shouldn’t have gone out so far, fish’, he said ‘neither for you nor for me’” (Hemingway 2003: 110). Después de matar a los primeros tiburones, piensa: “Maybe I’ll have some luck to bring the forward half in. I should have some luck. No, he said. You violated your luck when you went too far outside” (Hemingway 2003: 116). Simón Orozco, por su parte, navega rumbo al norte, siguiendo el camino de la buena pesca, pero va más lejos de lo habitual, y continúa a pesar del mal tiempo. El marinero Joaquín Sas se lo comenta: “nunca hemos subido tan al norte”, y el patrón le contesta: “Hasta los osos blancos esta vez, Sas” (Aldecoa 1996: 159). El día siguiente continúan en esa dirección: “¿Al norte?” le pregunta el patrón de costa. “Al norte”, ordena Orozco (Aldecoa 1996: 185). En esas aguas del norte, nunca antes navegadas por el Aril, el patrón de pesca desafía a la naturaleza y perderá su vida.

La suerte es un tema que se repite a lo largo de las dos novelas, y aparece como algo necesario no para el éxito sino, simplemente, para poder vivir del oficio: “había que tener suerte. Simón Orozco sabía lo que significaba aquella palabra. Suerte: unos duros para poder vivir, para que la mujer pagara en la tienda de comestibles, para que los hijos pudieran seguir yendo a la escuela” (Aldecoa 1996: 25). A su vez, al no tener suerte, Santiago apenas puede vivir. Está “salao”, lo cual “is the worst form of unlucky” (Hemingway 2003: 9), y depende de la ayuda del joven Manolín y de la caridad de Martín, el dueño de la Terraza, que le da de comer gratis. Después de años en el mar, ninguno confía demasiado en la suerte. “De mala suerte es estar toda la vida en la mar” se queja Simón Orozco (Aldecoa 1996: 112). Santiago, más optimista, busca un sustituto para la suerte: “I have no luck any more. But who knows? Maybe today. Every day is a new day. It is better to be lucky. But I would rather be exact. Then when luck comes you are ready” (Hemingway 2003: 32).

La suerte no depende de ellos, pero la exactitud, la precisión en el trabajo y la perseverancia son cosas que los dos pueden controlar. Esto está claro a lo largo de The Old Man and the Sea. El empeño de Santiago en cumplir con el trabajo es lo que le lleva tan lejos del puerto y lo que le impide rendirse, aun en los peores momentos de su lucha. Piensa continuamente en el trabajo que tiene que hacer, se prepara física y mentalmente para coger el pez y para cada ataque de los tiburones. Se cansa, se marea, tiene hambre y sufre heridas y dolores, pero el cumplir con su trabajo es su primer y único objetivo: “I’ll stay with you until I am dead”, dice al pez (Hemingway 2003: 52). Más adelante, después de perder el pez y el arpón debido a los tiburones, sigue trabajando, sigue luchando: “Now they have beaten me, he thought. I am too old to club sharks to death. But I will try it as long as I have the oars and the short club and the tiller” (Hemingway 2003: 112). Su dedicación al oficio le lleva a capturar el mejor pez de su vida, y a luchar (hasta la muerte si hiciera falta) para llegar a tierra con él.

El empeño de Simón Orozco en seguir faenando y en cumplir con las reglas del trabajo a pesar del mal tiempo le llevará a su muerte. El patrón de costa le advierte que el otro barco debería sacar las redes en vez de esperar a que el Aril lo pueda hacer porque una temporal acecha. Pero Orozco se niega, prefiere esperar a que el copo se llene y la tripulación del Aril esté preparada: “Hay un orden. . . . Hoy nos toca a nosotros. . . . Y el orden tenemos que respetarlo. Tenemos que sacar hoy, para emparejar las sacadas. No van a trabajar más unos que otros. Tiene que ser así” (Aldecoa 1996: 183-84). Pone a prueba su suerte y desafía a la naturaleza al esperar más y mandar la virada con un tiempo que va de mal en peor. El peso del copo y el temporal dificultan la tarea de sacar la red, y el copo acaba cayéndose sobre Simón Orozco, aplastándole. Durante apenas un día su cuerpo roto agoniza en una litera, pero el patrón acepta su fin con estoica resignación y sigue dando ordenes hasta perder la conciencia: “El cable... Los accidentes ocurren por nuestra culpa, pero el cable ése debiera haber resistido. Dilo al inspector”, manda al contramaestre (Aldecoa 1996: 196). Estremeciendo del dolor, aguanta en la litera, consciente de su muerte: “Esto se acaba. Atadme y hacer capa si es necesario. Cuida el barco, Paulino” (Aldecoa 1996: 197). Macario Martín intenta confortarle: “Ánimo, patrón, que nos salvamos de la capa”, pero responde: “No, Macario, la mar tiene su ley. Mañana capa todo el día, siento el viento empujar las aguas... mañana...” (Aldecoa 1996: 198). Rechaza la idea de que la culpa fuera de Macario: “La red, la mar. La mar es la culpable... Algún día tenía que ocurrir...” (Aldecoa 1996: 199). Conoce el mar, ha luchado toda la vida para vivir de él y sobrevivir en él, y sabe que morirá por culpa de él.

Su fin no tiene mucho que ver con el de Santiago, pero en el fondo el tema es el mismo: un hombre desafía la naturaleza, se opone a fuerzas más grandes que las suyas y, sin dudar de su deber, sigue adelante hasta que es, en palabras de Santiago “destroyed but not defeated” (Hemingway 2003: 103). Los dos aceptan su fin cuando llega: Santiago regresa al puerto sin blasfemar ni maldecir al mar, y Simón Orozco reconoce, con resignación, que la fuerza del mar tenía que vencer sobre él. Los dos saben que el mar tiene un doble cara: “She is kind and very beautiful. But she can be so cruel and it comes so suddenly”, piensa Santiago (Hemingway 2003: 29). Ese lado cruel surge de forma casi absurda en la novela de Aldecoa. Después de tantos años trabajando en el mar, lo que mata a Simón Orozco es el copo lleno de pescado; es decir, le mata lo que sacaba del mar para vivir. “Fishing kills me exactly as it keeps me alive” (Hemingway 2003: 106), reflexiona Santiago, como podría pensar Simón Orozco y todos los que viven del oficio. El mar de la pesca es lo que aplasta al patrón y lo que acaba matándole, pues el temporal no permite que el Aril alcance la costa. Desde el momento en que le cae el copo encima el mar está presente en el texto, acompañándole a la muerte. Cuando la red se desploma sobre él, se lee: “Simón Orozco tenía el rostro vuelto hacia la mar” (Aldecoa 1996: 194). Cuando deja de hablar, el tiempo es medido por la condición del mar: “No hablaba desde la madrugada, desde la peor mar de la capa” (Aldecoa 1996: 201). Poco antes de morir Macario Martín observa: “Ya está en el fondo [del mar]” (Aldecoa 1996: 207). Finalmente, muere cuando el mar está más furioso: “A mediodía murió Simón Orozco, cuando los partes de la BBC se oían en el puente como un moscardoneo sin sentido. A mediodía el motor calló. A mediodía el viento norte aumentó su violencia y la lluvia era un muro inabarcable y sonoro. A mediodía el Aril hacía capa a la espera” (Aldecoa 1996: 207). El mar, ente que le sostenía en la vida, provoca la muerte de Simón Orozco y le acompaña hasta su fin.

Como pescadores, Santiago y Simón Orozco entran en el ciclo de la vida y la muerte, el juego de predador y presa, y no son inmunes a los peligros de esta relación. Santiago va detrás de su presa, un pez más grande y poderoso de lo acostumbrado. Al ir tan lejos tras un pez tan grande, se enfrenta con una lucha desmesurada y de consecuencias severas. Pierde el combate pero salva su vida y se engrandece con su lucha y su perseverancia. Simón Orozco, sin embargo, no tiene la misma suerte. También va más lejos y desafía a la naturaleza, al mar, pero no gana. Se convierte en víctima, en presa, del mar. La crítica Susan F. Beegel sugiere que Santiago pierde el pez porque el mar le castiga por no respetar sus leyes: “The sea punishes Santiago for the wrongful deaths of marlin and mako, but for the final battle with the sharks-for breathing back the fire of life-she forgives him” (Beegel 2002: 153). Santiago parece reconocer su error: “You did not kill the fish only to keep alive and to sell for food, he thought. You killed him for pride and because you are a fisherman” (Hemingway 2003: 105). Pero el mar le perdona y, tras el castigo de los tiburones, permite que vuelva a su casa. Esta idea de Beegel también puede aplicarse a Gran Sol: al final, el mar se venga de la violencia de Simón Orozco contra la caila (un tiburón que el patrón odia y mata brutalmente por puro placer) y de su rebeldía al ir tan al norte y de tirar la red en medio de un temporal [5]. El patrón no respeta los animales ni las leyes de la naturaleza, y el mar no se lo perdona. Orozco lo sabe. Mientras agoniza, se le oye gritar: “El mar... ha callado hasta ahora” (Aldecoa 1996: 201). Ahora, es decir, esta vez, no hay clemencia.

Hay una diferencia importante entre Santiago y Simón Orozco que llama la atención y que apoya esta idea acerca del mar que perdona y que castiga. La relación de Santiago con el mar es mucho más amorosa, más de respeto y de admiración que la de Orozco, aunque el viejo cubano también reconoce su peligro y su crueldad. Santiago no sólo ama al mar sino también a sus criaturas: a los pájaros, a los peces, incluso al dentuso (el primer tiburón que le ataca). Para combatir la soledad del mar, canta y habla en voz alta, solo o con los pájaros o con el pez que ha cogido. Cuando ha ido demasiado lejos se da cuenta de que está totalmente solo, y aunque lamenta su soledad, también mira al mar, a las nubes, a una bandada de patos volando sobre el agua y se consuela: “he knew no man was ever alone on the sea” (Hemingway 2003: 61). Simón Orozco, al contrario, no reconoce este aspecto amable y afectuoso del mar: “La mar no era más dura antes, la mar no variaba, tan dura antes como ahora. Tras la boca de la bahía estaban aguardando los malos tiempos. Viento del norte, viento del sur, ¡qué más daba! Todos los tiempos de la mar eran malos. Todos los días de la mar eran malos” (Aldecoa 1996: 132). Como Santiago, canta y habla en voz alta para combatir la soledad, pero no se conforta con la vista del mar. Al contrario, su soledad aumenta y se convierte en melancolía: “La melancolía que invade en la soledad del puente al hombre del timón. Melancolía de los objetos cuyo brillo se conoce, cuyo tacto se sabe. . . . Melancolía del paisaje fijo desde siempre en la memoria” (Aldecoa 1996: 189) [6]. El patrón de costa, Paulino Castro, piensa más como Santiago: “Paulino Castro se sentía solo. Miraba la proa, la mar, el cielo, las estrellas. Pensó que alguna vez tendría que dejar la mar, que no sentiría, si la dejaba, una calma como en la que estaba integrado, que jamás sería compensado tan sencillamente como lo era en aquellos momentos no sabía por qué ni siquiera cómo. Mar, cielo, los barcos... Arriba, las estrellas” (Aldecoa 1996: 160).

Paulino y Santiago, integrados con el mar, vuelven a la tierra. Simón, amargado por la dureza de la vida del pescador, ya no encuentra paz en el mar, es agresivo contra él, y el mar le quita la vida. Esta diferencia entre Santiago, capitán de su bote, y Simón Orozco, patrón de pesca del Aril, se explica con la diferente perspectiva con la que cada autor escribió su obra. Hemingway quiso describir la gran lucha de un humilde pescador en términos trascendentales, y con su novela ejemplificar la situación y actitud del hombre en el mundo y en la naturaleza. Aldecoa parecía tener este mismo propósito al escribir su novela, pero también tenía otro muy concreto, el de representar la difícil situación que vive la gente de la costa. Gran Sol se incluye entre los relatos que Aldecoa escribió sobre los “pequeños oficios”, pues quiso dar voz a los pobres obreros, pescadores, campesinos, poceros, etc., para que su situación se conociera. En esta novela, rinde homenaje a los hombres que arriesgan sus vidas en las aguas del mar para ganarse la vida y todavía seguir de pobres. La historia de Simón Orozco es trágica pero sobre todo es realista; es una historia muy conocida por los que viven del mar. Santiago, en cierto sentido, sale de la realidad, es un personaje casi de fábula, aunque el gran mérito de Hemingway fue conseguir que fuera también de carne y hueso. El final de Simón Orozco es, lamentablemente, el final de muchos pescadores, y por eso la novela de Aldecoa muestra la dureza y las tragedias del mar mejor que una obra con final optimista.

A pesar de las diferencias entre Santiago y Simón Orozco, éste, como tantos héroes hemingwayanos, muere con las botas puestas, luchando y mostrando su valor ante la cara de la muerte. Sus pescadores lo reconocen con palabras que recuerdan a otras obras del autor de The Old Man and the Sea:

Esta noche acaba con el señor Simón.

El viejo es muy fuerte.

Esta mar lo volverá loco. Sufrirá mucho.

Tiene mucho valor el patrón, es mucho hombre el patrón.

Ya lo sé, pero la mar... (Aldecoa 1996: 197)

Ante la muerte el viejo es fuerte, tiene valor, es mucho hombre [7]. Simón Orozco sigue el código de los héroes de Hemingway: es un solitario aun en la compañía de su tripulación, sigue su instinto y no deja que nadie le aconseje. Cuando pierde, pierde con dignidad y valor y sin queja, tal como había vivido. Su lenta y doliente muerte en la litera hace recordar la de otro personaje de Hemingway, Harry de “The Snows of Kilimanjaro”. Éste agoniza y espera, inmóvil, la llegada de la muerte en una litera en la sabana africana. La muerte también es provocada de forma absurda, después de infectársele una pequeña herida causada por la espina de un rosal. Para los dos la lucha es ya imposible, sólo pueden aguardar a la muerte y aceptar su llegada: “Ya es inútil todo. Ahora a esperar”, dice el pescador Domingo Ventura (Aldecoa 1996: 207).

 

Un gran perdedor

En el caos y sinsentido del mundo en la primera mitad del siglo veinte, Hemingway veía que era difícil que una persona triunfara, o que existiera un héroe capaz de derrotar el mal en el mundo. No obstante encontró, en su narrativa, una forma por la que un perdedor podía salir ganando. Volvió a los viejos valores del honor, la dignidad y el esfuerzo en el trabajo; valores que guían las acciones del hombre en todo momento y le ayudan a encontrar un sentido en su lucha por la vida; una lucha que, muchas veces, sabe perdida. Se inspiró, sin duda, en el héroe clásico de la tragedia griega, pues es a través de la derrota física que el personaje consigue un triunfo moral y se reconcilia con el mundo. Es más, el concepto trágico del hubris está presente en la novela: Santiago sobrepasa sus límites en un intento de hacer lo que es casi imposible, y la consecuencia de sus acciones es un castigo exagerado [8]. No es atrevido postular que Aldecoa, a su vez, se inspiró en el personaje de Hemingway a la hora de escribir su propia novela: Simón Orozco posee las mismas características del héroe griego llevado a la actualidad. El héroe hemingwayano, condenado a perder pero determinado a hacerlo luchando, cumpliendo con su deber y siempre manteniendo su dignidad, le ofreció un modelo para un personaje de su tiempo. En una España destruida por la guerra, dividida entre vencedores y vencidos, pobre y confusa en sus ideales, parece que este tipo de héroe era uno de los únicos posibles. Con él, Aldecoa encontró una forma de convertir a sus personajes perdedores en triunfadores, en personas honradas que luchan por algo que siempre merece la pena: una vida y una muerte dignas.

Como Santiago, Simón Orozco es un personaje humilde y sencillo, pobre y trabajador, cuya vida-cuya historia-va más allá de las palabras escritas en las páginas y toca lo trascendental. La afirmación del crítico Philip Young acerca de The Old Man and the Sea es también válida para Gran Sol. Según él, la novela trata de “life: a struggle against the impossible odds of unconquerable natural forces in which-given such a fact as that of death-a man can only lose, but which he can dominate in such a way that his loss has dignity, itself the victory” (Young 1981: 128). Tanto en la obra de Hemingway como en la de Aldecoa, el triunfo del personaje no depende del resultado final sino de la forma en que se llega a ese final. Un último ejemplo de The Old Man and the Sea ilustra este tema central. Poco antes de pescar al gran pez, Santiago se pregunta si habría alguien digno de comerlo. “No, of course not”, se contesta a sí mismo. “There is no one worthy of eating him from the manner of his behaviour and his great dignity” (Hemingway 2003: 75). El mensaje está claro: el que pierde (sea animal o persona) tras una gran lucha y de forma honorable será, al final, el que triunfa, pues no hay nadie tan digno, tan grande, como él.

 

Notas

[1] La traducción de The Old Man and the Sea por El viejo y el mar (no la mar) me parece, por eso, algo contradictoria, no sólo porque Santiago usa “la” en vez de “el”, sino también porque hace una importante distinción entre las personas que utilizan el artículo masculino y las que emplean el femenino para hablar de el/la mar. La feminidad del mar es importante a lo largo de la novela, como el excelente artículo de Susan F. Beegel, “Santiago and the Eternal Feminine: Gendering La Mar in The Old Man and the Sea”, señala. Por ello me parece que sería más correcto y fiel hablar de la novela como El viejo y la mar, aunque nunca se ha publicado con este título.

[2] El hecho de que Santiago declare “I am not religious” (64) parece reforzar el sentido universal de estas imágenes.

[3] Simón es Simón-Pedro. En The Old Man and the Sea Santiago reflexiona sobre su oficio, y se consuela al pensar que San Pedro también era pescador.

[4] Esto es algo que Aldecoa hace en muchos de sus relatos. Como dice Robin Fiddian: “Resonances from epic literature, the Bible, classical mythology, and folklore extend the imaginative scope of his work, and raise his themes to the level of universality” (37).

[5] Orozco pone a prueba su suerte varias veces desde que el Aril sale del puerto. Así, empieza el viaje cuando una tormenta está a punto de comenzar, o decide remolcar al otro barco hacia Bantry cuando éste está averiado en vez de hacer capa y esperar mejor tiempo.

[6] Robin Fiddian también destaca esta diferencia entre Santiago y Simón Orozco en su libro sobre la obra de Aldecoa. Fiddian vincula a Simón Orozco, en este sentido, a Ahab, personaje de Moby Dick: “Orozco challenges the sea in a spirit of defiance whereas Santiago respects nature’s laws and scheme. Santiago loves, admires, and pities the huge fish he hooks, regarding it as his equal and accepting that either one of them may defeat or kill the other. His unpretentious courage and humble endurance stand in stark contrast to Simón Orozco’s instability and reckless presumption. Orozco’s death, like Ahab’s, is consequently seen as retribution for his moral faults” (69).

[7] El decir que “es mucho hombre” recuerda mucho a Hemingway. En Death in the Afternoon, por ejemplo, describe al torero Maera y dice, en español: “Era muy hombre”; o en For Whom the Bell Tolls, aparecen frases como: “that is much horse” (17); “thou are much woman, Pilar” (184); u, otra vez en español, “es muy hombre” (278). No obstante, Hemingway seguramente aprendió estas expresiones en España, pues son locuciones que no se dicen en inglés. Además, el hecho de escribirlas a veces en español refuerza esta idea. Así, aunque pueda parecer que Aldecoa está utilizando una frase muy hemingwayana, en realidad emplea una expresión coloquial del español.

[8] Véase la obra de Wirt Williams (1981) The Tragic Art of Ernest Hemingway para más detalles acerca de la influencia de la tragedia griega en la obra de Hemingway, particularmente en The Old Man and the Sea.

 

Bibliografía

Aldecoa, Ignacio (1996): Gran Sol. Editorial Noguer, Barcelona.

Aldecoa, Ignacio: “Hemingway y sus mitos”, Cuadernos Hispanoamericanos, 1954, 50, 268-269.

Aldecoa, Ignacio: “Un mar de historias”, Oficema 1961, 77.

Beegel, Susan F.: “Santiago and the Eternal Feminine: Gendering La Mar in The Old Man and the Sea”, Hemingway and Women, 2002, 131-156.

Fiddian, Robin (1979): Ignacio Aldecoa. Twayne Publishers, Boston.

Hemingway, Ernest (2003): The Old Man and the Sea. Scribner, New York.

Young, Philip (1981): Ernest Hemingway: A Reconsideration. The Pennsylvania University Press, University Park & London.

 

[*] Datos de publicación: Leí una versión del presente artículo en la conferencia “El personaje en la narrativa actual” (El Puerto de Santa María: Fundación Luis Goytisolo, 2004) con el título “Derrotados pero no vencidos: Dos personajes de Hemingway y Aldecoa.” Se publicó después en el libro de actas de dicha conferencia.
   La información del artículo proviene de la tesis que presenté en la Universidad Complutense de Madrid en el año 2003, y que la misma universidad publicó en 2004 con el título La recepción de la narrativa de Ernest Hemingway en la posguerra española.

 

© Lisa A. Twomey 2010

Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

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