La utopía libertaria según Mijaíl Bakunin
y su tratamiento del tiempo histórico en los textos dramáticos ácratas:
¡Los grilletes!, Suprema lex, Los cuervos y Los vampiros

Pablo Andrés Fuentes Retamal

Universidad de Santiago de Chile
p.fuentes.retamal@gmail.com


 

   
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Resumen: El presente trabajo se propone reflexionar, en torno al concepto de utopía libertaria desde la perspectiva de Mijaíl Bakunin. Dicho proyecto utópico resulta de la proyección de los parámetros trazados por la utopía quiliástica liderada por el alemán Thomas Münzer.
    Según Karl Mannheim cada proyecto utópico se caracteriza por el tratamiento que brinda al transcurso del tiempo histórico, lo cual permite trasver el imaginario sobre el que se construye una determinada utopía. A partir de lo anterior, se analiza la utopía libertaria de acuerdo a los postulados de Mijaíl Bakunin, y su correspondencia en los textos dramáticos anarquistas: ¡Los grilletes!, Suprema lex, Los cuervos y Los vampiros.
Palabras clave: Utopía libertaria, Mijaíl Bakunin, tiempo histórico, dramaturgia anarquista

Abstract: Libertarian utopia according to Mijaíl Bakunin and its historical time treatment on the anarchist dramatic plays: ¡Los Grilletes!, Suprema Lex, Los cuervos and Los Vampiros.. The present work aims to reflect on the concept about libertarian utopia from Mijaíl Bakunin’s point of view. This utopian project is the result of the parameters’ projection drawn up by quiliastic utopia in charge of the german Thomas Münzer.
    According to Karl Mannheim, every utopian project is characterized by the treatment which contributes to the historical time course, that lets gaze at the imaginary in which a certain utopia is built on. From the previous description, the libertarian utopia is analized in relation to the Mijaíl Bakunin’s postulates, and their correspondence in the anarchist plays: ¡Los Grilletes!, Suprema Lex, Los Cuervos and Los Vampiros.
Keywords: Utopía ideal, Mijaíl Bakunin, historial temps, Anarchist dramatic plays.

 

Introducción

Intentar definir con rigor metódico el concepto de utopía implica un gran desafío, pues tal como nos lo dice Karl Mannheim “determinar concretamente (...) lo que es utópico es extremadamente difícil”. [1]

La dificultad para definir lo qué se entiende por dicho concepto, radica según Paul Ricoeur en la imposibilidad por “aislar el núcleo de [lo que se entiende por] utopía” [2]. Esta situación se debe a que el concepto de “utopías (en plural) no expresa fácilmente una significación central de [lo que implica] utopía (en singular)” [3]. Es por ello que cuando se habla de utopía, es conveniente hacerlo siempre desde sus particularidades.

Nos obstante las dificultades en la aprehensión de una definición satisfactoria que abarque las diversas aristas que implica el concepto de utopía, según Paul Ricoeur un texto que permite superar aquellos escollos es Ideología y utopía: Introducción a la sociología del conocimiento (1941) del húngaro Karl Mannheim. La importancia de dicho texto radica en la elaboración de un “buen instrumento sociológico para tratar las dificultades metodológicas” [4] ya mencionadas.

Intentando superar aquellas divergencias en torno al concepto de utopía, Karl Mannheim logra esbozar una definición de ésta según la que nos plantea:

Llamaremos utópicas a aquellas orientaciones que trasciendan la realidad y que, al informar de la conducta humana, tiendan a destruir, parcial o totalmente, el orden de las cosas predominantes en aquel momento. [5]

Aquella tendencia utópica por “destruir, parcial o totalmente, el orden de las cosas” de la cual nos habla Mannheim, se sostiene según Paul Tillich en aquel real poder de transformación que brinda la utopía. Es por ello que ésta se ha presentado históricamente como el reflejo fidedigno “del descontento esencial (…) del hombre en todas las dimensiones de su ser”. [6]

La expresión de aquel descontento social surge como respuesta al carácter dialéctico, a partir del cual se configura toda sociedad. Siendo ésta entendida “como un espacio de lucha material y simbólica entre las clases, las etnias y los grupos” [7] que la conforman.

Aquella lucha cultural que nos plantea García Canclini, se configura según Pereira Poza, a partir de dos polos culturales: “uno que habla desde la centralidad y, el otro, desde la marginalidad” [8]. Mientras que éste primer polo cultural, pugna por establecer una “cultura nacional centralizadora, formalizada a través de mediaciones llamadas a producir y divulgar sus propias significaciones y definiciones” [9]; este segundo polo cultural, desde su marginalidad lucha por reclamar su derecho a la diversidad, es decir en palabras de Homi K. Bhabha a ejercer su “derecho a significar desde la periferia del poder” [10].

De esta manera, el proyecto utópico se presenta como el discurso característico de todos aquellos sectores marginales al poder que abogan por manifestar concretamente su descontento, mediante la construcción de proyectos alternativos “a la realidad dentro de la cual tienen lugar” [11]. Es producto de lo anterior, que Paul Ricoeur identificará los proyectos utópicos con todos aquellos grupos “que se hallan en vías de ascenso y, por lo tanto, están generalmente sustentados por los estratos inferiores de la sociedad” [12].

Teniendo presente la orientación de Ricoeur, consideramos que un buen corpus de trabajo nos lo brindan los sectores diaspóricos de la sociedad, es decir en palabras de George Fontenis aquellos constituidos por: “los expoliados, los explotados, los proletarios, los obreros los campesinos [es decir] la clase explotada” [13].

Es debido a lo anterior que hemos decidido analizar el concepto de utopía desde la perspectiva esbozada por el ruso Mijaíl Bakunin, puesto que dicho pensador en sus reflexiones se hace cargo fundamentalmente del “proletariado a quien [las clases dominantes] desprecian tanto como detestan” [14].

Considerando la óptica culturalista sobre la cual se construye el concepto de utopía, Karl Mannheim identificará cuatro proyectos utópicos en la historia moderna occidental: “la utopía quiliástica orgiástica anabaptista (línea en la que posteriormente se constituirá la utopía libertaria)”, “la utopía humanitaria liberal”, “la utopía conservadora”, y “la utopía socialista-comunista”.

Los proyectos utópicos anteriores han sido caracterizados por el sociólogo húngaro como propios de la modernidad occidental, debido a dos razones: a) en primer lugar, “puesto que todos [aquellos proyectos] representan una reducción inicial del abismo que se abre entre idea y realidad” [15], y; b) en segundo orden, pues aquellos proyectos “reúnen el ideal [utópico] con las demandas de un estrato social oprimido” [16].

Según Karl Mannheim, cada una de las mentalidades utópicas se caracterizan por el particular tratamiento que otorgan al transcurso del tiempo histórico. Este aspecto se hace fundamental en el estudio de cualquier utopía, pues permite trasver el imaginario sobre el cual un determinado grupo social concibe la construcción de su proyecto utópico:

La forma en que un grupo concibe el tiempo constituye uno de los exponentes más claros del tipo de utopía, en consonancia con el cual está organizada su conciencia. El tiempo se experimenta aquí como una serie de puntos estratégicos [17].

A partir de este aspecto apuntado por Mannheim se genera nuestro trabajo de investigación. Éste se propone reflexionar acerca del concepto de utopía libertaria bakuniana y su particular tratamiento del tiempo histórico, en cuanto dicho aspecto es el reflejo directo de la construcción del imaginario social de tal proyecto utópico.

Lo anterior será contrastado con textos dramáticos afines al pensamiento anarquista, lo cual nos permitirá averiguar cuánto del imaginario utópico bakuniano sobre el transcurso del tiempo histórico se vierte en dichos textos.

De esta manera y como primera tarea antes de enfocarnos en la utopía bakuniana, se hace indispensable dar cuenta del modo cómo se entiende la utopía quiliástica orgiástica anabaptista liderada por Thomas Münzer. Puesto que según Karl Mannheim, a partir de ésta se constituye la utopía bakuniana, por lo cual ésta última: “llega a estar muy cerca (…) de ser la continuación de la concepción quiliástica en el mundo moderno” [18].

Coincidentemente con Mannheim se sitúa la postura de Paul Ricoeur, según quien es posible trazar una línea que vaya desde Müntzer hasta Bakunin. Debido a que ambas concepciones “desencadenan las mismas energías por obra del puente tendido entre un ideal y una demanda terrenal que viene de abajo”.[19]

Por consiguiente, se hace fundamental estudiar la utopía quiliástica y su tratamiento del tiempo histórico, para luego extender dichos postulados sobre la utopía libertaria bakuniana.

 

La utopía quiliástica orgiástica anabaptista y su tratamiento del tiempo histórico.

Para el sociólogo Karl Mannheim conocer la mentalidad utópica quiliástica es de vital importancia, pues ésta corresponde al sustento sobre la cual se construirán los posteriores movimientos revolucionarios. Es por ello, que el “movimiento dirigido por Thomas Münzer debe ser considerado como un paso [inicial] en la dirección de los movimiento revolucionarios modernos” [20].

El contexto histórico en el cual se desarrolla la utopía quiliástica está dado por la Reforma protestante, durante la cual se promulgó La Dieta de Espira (1529). Ésta se constituyó sobre dos grande pilares: la existencia de sólo un Dios y la trascendencia de las Sagradas Escrituras.

Según Emilio Castelar en su texto La Revolución religiosa (1880), el siguiente pasaje de la Dieta de Espira nos permite comprender los aspectos fundamentales de dicho decreto religioso:

Lo único fijo en el Universo es la palabra de Dios; y el único documento, en que la palabra de Dios se encuentra, es la Divina Escritura (…) Dios [es] nuestro único Creador, Conservador, Redentor, y Salvador, el cual será un día nuestro juez, así como delante de todos los hombres y de todas las criaturas, que no consentiremos ni nos adheriremos de ningún modo por nosotros, ni por los nuestros, al decreto propuesto en todo aquello contrario á Dios, á su santa palabra, á nuestra honrada conciencia, á la salud de las almas, y al último decreto de Espira. [21]

A partir del decreto anterior, tanto católicos como protestantes forjaron el mutuo acuerdo de censurar al movimiento anabaptista y de perseguir a sus seguidores. Esta situación se debió esencialmente por las diferencias suscitadas entre dichas perspectivas religiosas, las cuales se originaron por desigualdades en lo que respecta a la concepción de Dios.

Mientras que católicos y protestantes forjaban la existencia de Dios como un ser etéreo “en el universo” [22]. A su vez, la mentalidad anabaptista concebía la existencia de Dios como un ser terrenal, cuya existencia estaba intrínsecamente ligada a las condiciones de vida presentes en el mundo. Es por ello, que promulgaban el “advenimiento de un reinado milenario sobre la tierra” [23].

La doctrina anabaptista caló hondo entre los sectores desposeídos de la sociedad europea del siglo XVI. En razón de ello, Jean Delumeau en su texto Historia del Milenarismo en occidente (2001) nos plantea:

La revuelta de los campesinos de Turigia, liderada por Tomás Münzer en 1525 (…) fue una de las explosiones más fuertes de ese milenarismo revolucionario (…) [ésta originó] la ocupación de Müntzer por parte de los anabaptistas exaltados que creyeron que Cristo se haría presente para construir una “Nueva Jerusalén” [24].

Por medio de lo que nos plantea Delumeau podemos comprender la trascendencia de la utopía anabaptista, la cual se habría configurado y “originado en las capas oprimidas de la sociedad” [25].

Aquellos sectores diaspóricos de la sociedad realizaron un vuelco en cuanto al tratamiento que habían brindado al transcurso del tiempo histórico, el cual se había ligado tradicionalmente (tanto por católicos como por protestantes) con el ámbito ultraterrenal. Sin embargo, los seguidores de la doctrina liderada por Thomas Müntzer comprendieron que sus demandas podrían ser alcanzadas inmediatamente, siendo éstas “realizadas -aquí y ahora” [26].

De esta manera, se aprecia una rotunda modificación en cuanto al tratamiento del tiempo histórico. El cual deja de estar vinculado a un tiempo mítico en el que:

La existencia de fenómenos se sitúan en un espacio y un tiempo completamente diferentes. Es el illud tempos [27](…) es decir, en que pasado y porvenir no dependen el uno del otro, y en donde los acontecimientos son capaces de revisión, de relectura, de letanías y rituales repetitivos. [28]

La utopía quiliástica se constituirá en oposición absoluta a la valoración del tiempo histórico entendido desde una perspectiva trascendente. Más bien forjará dicho tratamiento desde un “aquí y un ahora” constantes. De esta manera, el tiempo presente juega un rol trascendental en dicho proyecto utópico, lo cual pone de manifiesto Karl Mannheim al sostener que:

Para el verdadero quiliasta, el presente se convierte en la brecha por la que aquello que con anterioridad era íntimo brota en estallido repentino, se apodera del mundo exterior y lo trasforma. [29]

Es debido a lo anterior, que Thomas Münzer al dirigirse a sus seguidores lo hacía siempre enfatizando el tiempo presente. Esta situación es realzada por Karl Holl, quien cita un extracto de una predica de líder quiliasta:

Por esta razón todos los profetas deberían hablar de esta forma: “Así dice el Señor”, y no. “Así decía el Señor”, como si hubiese ocurrido en el pasado en el lugar del presente. [30]

De esta manera, el tiempo presente se muestra como el gran eje articulador sobre el cual se construye la utopía liderada por Münzer. Por medio del tiempo presente el sujeto quiliasta concibe su proyecto utópico en unión directa con lo inmediato, por cual no juzga de importancia “las esperanzas optimista para el futuro o (…) los recuerdos románticos” [31].

Es debido a lo anterior, que el quiliasta se construye así mismo en unión directa con el tiempo presente, ya que éste se presenta como el momento propicio para construir aquella sociedad ideal que ha forjado según sus expectativas. Es por ello, que la utopía quiliasta -a diferencia de otros proyectos utópicos- considera el tiempo futuro nada más que como un punto de orientación, algo externo al curso ordinario de los acontecimientos. Pues donde realmente se forjan las modificaciones es en el tiempo presente, ya que:

Lo importante para éste (para el quiliasta) es lo que suceda allí y entonces lo que [se origine desde ahí provocará] un giro repentino hacia otra clase de existencia. [32]

Para Karl Mannheim las modificaciones en las condiciones de existencia de los sectores marginales de la sociedad europea del siglo XVI propuestas por la utopía quiliástica, sólo podrían ser alcanzadas mediante una Revolución:

El quiliaísmo ve la revolución como algo valioso por sí mismo, no como un medio inevitable para conseguir un fin establecido racionalmente, sino como el único principio creador del presente inmediato, como la realización deseada de sus aspiraciones en este mundo. [33]

La importancia y trascendencia de la utopía quiliástica está dada por los parámetros establecidos por dicho movimiento, puesto que sobre éste se construirán los posteriores proyectos utópicos modernos. Es por ello, que Karl Mannheim no deja de enfatizar en que la utopía quiliástica marcará el proyecto utópico de Mijaíl Bakunin, ya que el éste: “está muy cerca (…) de ser la continuación de la concepción quiliástica en el mundo moderno” [34].

Por consiguiente, se hace necesario dar cuenta de cuáles son aquellas similitudes presentes entre la utopía quiliástica y el proyecto bakuniano. Así cómo distinguir cuál es el tratamiento del tiempo histórico que propone Mijaíl Bakunin en su concepción de utopía libertaria.

 

La utopía libertaria según Mijaíl Bakunin y su tratamiento del tiempo histórico.

Ya en los primeros párrafos de su texto Socialismo sin Estado: Anarquismo [35], Mijaíl Bakunin nos deja en claro que para conseguir la liberación de las clases proletarias es imprescindible dejar atrás todo modelo de sociedad burguesa. Pues ésta no ha hecho más que:

Greguerías contra el materialismo de la gente (…) [predicando] las abstinencias del idealismo (…) ya que ellos mismos lo predican sólo con la palabra mas no con el ejemplo. [36]

Según Bakunin para contrarrestar aquellas desigualdades sociales propiciadas por la clase dominante, se hace necesario incentivar a las clases proletarias a “despertar del ensueño que los ha mantenido en la esclavitud” [37]. Situación que se ha mantenido no sólo por el influjo de las elites de poder, sino también por “la cristiandad que los drogó (a los proletarios) con su opio” [38].

Para Bakunin aquel letargo provocado por el cristianismo sobre la clase proletaria sólo ha sido causado por las condiciones deplorables de vida de éstas, las que no han hecho más que buscar sustento bajo un alero que les ha hecho creer es inerme:

Las gentes van a la iglesia como van a una taberna, para embrutecerse, para olvidar su miseria, para verse en su imaginación al menos, durante unos pocos minutos, felices y libres, tan felices como los demás. [39]

Aquella aparente bondad celestial promulgada por el clero en respuesta a las carencias de los sectores más desposeídos de la sociedad, no ha traído “sino el mal, y la libertad de dios [lo que ha implicado] la esclavitud aquí abajo” [40] en la tierra.

En respuesta a la histórica subyugación a la cual han sido sometidas las clases proletarias (tanto por la burguesía como por el clero), es que Mijaíl Bakunin propone la “Revolución” como el único recurso posible por el cual zanjar definitivamente aquella dialéctica de clases. Exclusivamente a través de una Revolución, será posible que las clases diaspóricas de la sociedad consigan “una existencia más humana [la cual] sólo la [alcanzarán mediante] la Revolución Social” [41].

Para Mijaíl Bakunin el único medio por el que se hace posible la construcción de una sociedad realmente justa es mediante una Revolución, en la cual cada uno de los hombres y mujeres sobre la tierra posea “los medios materiales y morales para desarrollar íntegramente su humanidad” [42]. Una vez alcanzado aquel desarrollo integro de cada ser humano, será posible fundar una sociedad libertaria, en la cual:

Cada individuo, hombre o mujer, encuentre en el nacimiento medios casi iguales para el desarrollo de sus diversas facultades y el pleno disfrute de su trabajo. Organizar la sociedad de tal modo que la explotación del trabajo ajeno se haga imposible, y todo individuo pueda disfrutar de la riqueza social producida en realidad por el trabajo colectivo, aunque sólo mientras ese individuo contribuya directamente a la creación de dicha riqueza. [43]

Como se puede apreciar, el aspecto anterior referente a la Revolución (entendida como el recurso mediante el cual se hace posible forjar una sociedad ideal) está marcado por su profunda similitud con la Utopía quiliástica. Es por ello que tanto en las concepciones de Münzer como de Bakunin, se consigue apreciar cómo el concepto de Revolución se constituye como el eje articulador por medio del cual se hace posible la concretización de ambos proyectos utópicos.

Tal como adelantábamos en lo concerniente al tratamiento otorgado al transcurso del tiempo histórico por parte de la utopía libertaria bakuniana, éste es muy similar al formulado por la utopía quiliástica. Mientras que ésta última se caracterizaba por estar pensada desde el “aquí y ahora” [44], la utopía libertaria según Mijaíl Bakunin se caracteriza por estar dada igualmente desde el tiempo presente, a partir desde el cual se construye la edificación del mejor de los mundos posibles.

Karl Mannheim hace patente aquella situación, al sostener que para el teórico anarquista ruso el tiempo presente es “el momento propicio [para construir aquello] que está meramente en proceso de realización” [45]. Es por ello que Mijaíl Bakunin, a partir de aquel tiempo presente concibe su proyecto utópico capaz de modificar consustancialmente las condiciones reales de vida de las clases oprimidas. Dicha situación queda de manifiesto en su Segunda charla: sobre la acción durante la Revolución y la guerra civil, según la cual nos plantea:

Ahora tenemos que embarcarnos juntos por el océano revolucionario, y en adelante debemos propagar nuestros principios no ya con palabras, sino con hechos, porque son la más popular, poderosa e irresistible de las propagandas. [46]

El deíctico “ahora” con el cual se inicia el fragmento anterior, nos muestra la ubicación temporal desde la cual Bakunin concibe la construcción de su proyecto utópico. Tal como ocurría con Münzer y su utopía quiliástica, en este caso el anarquista ruso igualmente forja su concepción utópica desde el tiempo presente.

La respuesta al porqué Bakunin escoge aquella ubicación temporal para emplazar su proyecto utópico, se encuentra en su texto Carta a un francés de 1807. En aquel escrito el anarquista expresa con claridad que la clase proletaria ha de ser la escogida para desde un tiempo presente construir la Revolución libertaria: “deben actuar sobre la marcha, deben crearlo todo”. [47]

De esta manera, nos queda en claro que para Bakunin la utopía libertaria ha de construirse desde un “aquí y ahora”. Sólo mediante la Revolución redentora de las clases oprimidas, será posible alcanzar la utopía libertaria.

Es por ello, que sólo una vez realizada la Revolución desde el tiempo presente será posible alcanzar un porvenir esplendoroso, dado a partir de la destrucción de todas “aquellas fortalezas edificadas por el privilegio contra el proletariado” [48]. Únicamente por medio de una Revolución forjada desde el tiempo presente y por la clase proletaria, será posible conseguir:

La libertad de las masas en el porvenir -en un provenir próximo: en esa jornada del mañana que debemos crear nosotros mismos, por la potencia de nuestro pensamiento, de nuestra voluntad, pero también por la de nuestros brazos. [49]

Como se logra apreciar, la utopía libertaria bakuniana es coincidente en sus planteamientos con la utopía quiliástica, tanto en lo que respecta tanto al tratamiento del tiempo histórico como en la trascendencia de la Revolución.

Por consiguiente, se hacen ciertas las afirmaciones de Karl Mannheim al sostener que la utopía libertaria según la perspectiva de Mijaíl Bakunin, corresponde a la proyección de los parámetros trazados por la utopía quiliástica liderada por Thomas Münzer.

Dado que ya tenemos claridad en cuanto a los parámetros a partir de los cuales se configuró la utopía libertaria bakuniana, así como los medios y recursos por los cuales ésta se vale para establecer una sociedad igualitaria, podemos dar pasó al siguiente punto de nuestro trabajo de reflexión. El cual consiste en analizar cuánto de aquel imaginario utópico bakuniano se consigue trasver en textos dramáticos ácrata chilenos.

 

La utopía libertaria bakuniana y su tratamiento del tiempo histórico en los textos dramáticos ácratas: ¡Los grilletes!, Suprema lex, Los cuervos, y Los vampiros.

Uno de los aspectos fundamentales dentro de los circuitos anarquistas de comienzos del siglo XX fue su constante preocupación por “la educación de las clases populares” [50], puesto que dicho aspecto es trascendental en la “formación de hombres libres” [51].

Coincidentemente con la anterior opinión de Pereira Poza, se sitúa la del investigador argentino Osvaldo Bayer. Según éste en el cono sur de América (Argentina y Chile principalmente) los grupos anarquista se valieron de diversos medios para propagar el ideal ácrata dentro de la población:

Así como lucharon por la redención social, los anarquistas no olvidaron la parte cultural: diarios, libros, conjuntos filo dramáticos, revistas culturales. [52]

De acuerdo a aquel abanico de posibilidades de la cual se valieron los circuitos ácratas para propagar el Ideal libertario, los anarquistas chilenos lo hicieron -entre muchas otras formas- por medio de la escritura dramática y de la práctica teatral. Mientras que ésta primera:

Aparece como una de las contraversiones de mayor relevancia en el campo de la producción literaria de bienes culturales. [A su vez, la práctica teatral] contribuía a abrir nuevos horizontes de comprensión que les permitiera tener conciencia cabal de las condiciones materiales reales en que vivían los sectores excluidos del sistema y, por lo mismo, ignorados. [53]

Siguiendo con las apreciaciones de Pereira Poza en su artículo La dramaturgia anarquista en Chile: ¿un discurso ideológico? (2008), podemos sostener que la elección tanto de la escritura dramática como de la práctica teatral, a modo de recursos de difusión del sentir propio de las clases proletarias de la sociedad, se debió a que ambas formas discursivas permitieron difundir entre aquellos sectores diaspóricos sus particulares formas de significación. Puesto que ambas:

Se inscribe[n] (…) dentro de las estrategias culturales del movimiento anarquista por alentar el surgimiento de una conciencia emancipadora de la diáspora social y cultural (…) [ambas formas discursivas] ofrecían la representación de un mundo de necesidades y los esfuerzos de sus exponentes humanos por producir los recursos que satisficieran dichas necesidades. [54]

Tanto la escritura dramática como la representación teatral libertaria, se hacen coincidentes con los planteamientos de Mijaíl Bakunin respecto a la concepción del Arte. El teórico ruso es claro en sus postulados al sostener que sólo mediante el Arte es posible mostrarle al hombre: “la imagen de la plenitud que le ha sido sustraída, y devolverle el sentido de la vida” [55].

A partir de lo anterior, surge la concepción bakuniana de Arte. De acuerdo a ésta se propone:

Un Arte que testimonie la parte inalienable del hombre, su derecho a la pasión y a la acción, y cuyas obras guarden una actualidad sin tacha. [56]

La anterior definición de Mijaíl Bakunin sobre al Arte, está profundamente ligada a sus reflexiones sobre el tratamiento del tiempo histórico en el proyecto utópico libertario. Aquello se hace patente al considerar que el pensador ruso plantea que cada obra artística ha de permitir al hombre el acercamiento hacia: “el porvenir[57].

De esta manera, tanto la escritura dramática como la representación teatral libertaria de comienzos del siglo, se hacen coincidentes con los postulados bakunianos sobre el Arte. Pues ambos recursos pretender dar cuenta de lo que Marx ha llamado “la vida humana real” [58], es decir en palabras de Pereira Poza de:

Los individuos que hacen de su jornada diaria, una lucha por ganarse el sustento, por mejorar sus condiciones de existencia, por estrechar sus relaciones con los demás, por plasmar la simplicidad de sus costumbres. [59]

A continuación nos encargaremos de las equivalencias suscitadas entre el imaginario bakuniano respecto al transcurso del tiempo histórico en su proyecto utópico con las obras dramáticas anarquistas de comienzo de siglo.

Para conseguir lo anterior, nos sostendremos sobre el corpus bibliográfico que nos brindan las obras dramáticas recopiladas en Antología crítica de la dramaturgia anarquista en Chile (2005) del investigador Pereira Poza. Dentro de aquellas obras antologadas se presentan siete textos dramáticos libertarios publicados entre los años 1895 y 1927.

No obstante la existencia de ese amplio corpus bibliográfico, nos detendremos únicamente a analizar los siguientes cuatro textos dramáticos: ¡Los grilletes!, Suprema lex, Los cuervos, y Los vampiros.

En dichos textos reflexionaremos sobre la posibilidad de trasver el imaginario utópico bakuniano respecto del transcurso del tiempo histórico en los textos dramáticos ya mencionados.

Por consiguiente, para comenzar con esta tarea nos enfocaremos inicialmente en el texto dramático libertario ¡Los grilletes! (1927) de Alfredo Aaron, lo cual realizamos a continuación.

 

La obra dramática ¡Los grilletes! y su tratamiento del tiempo histórico.

En el presente drama social Alfred Aaron realiza una dura crítica a los gobiernos vandálicos, los cuales “basados en la fuerza brutal [persiguen] al pensamiento libertario” [60]. Según Pereira Poza el objetivo del autor del presente texto dramático, es construir “una obra social destinada a dar a conocer (…) aquellos mártires del Ideal Anarquista” [61].

Dichos mártires libertarios están representados por el personaje de Julio Plaza, quien es acusado por infundir ideas libertarias dentro de los trabajadores, provocando así que éstos: “enceguecidos por las predicas anarquistas y subversivas, se amotinaron [provocando que] nadie quiera trabajar” [62].

Por lo anterior, se encarcela a Julio Plaza siendo “condenado a muerte por incitar a la huelga de los trabajadores” [63]. Este militante libertario será ayudado por una compañera de ideales, para así conseguir zafarse de los grilletes que lo mantenían cautivo, proclamando a viva voz:

PRESIDIARIO: ¿Y ahora?

COMPAÑERA: Ahora, a huir, a limar esos “Grilletes”, a luchar por nuestro Ideal, y vivir la libertad… [64]

Como se logra apreciar, el uso del tiempo presente cobra vital importancia dentro de las palabras de aquellos personajes libertarios. Por medio de la exclamación de la Compañera: “Ahora, a huir, (…) a luchar por nuestro Ideal”, se consigue apreciar como el tiempo presente se consolida como el eje desde el cual se concibe la Revolución.

De esta manera, el tiempo actual cobra vital importancia en la realización del proyecto utópico libertario, ajustándose de esta forma a los postulados bakunianos sobre el tratamiento del tiempo histórico.

Se hace posible considerar cómo el tiempo presente en el drama libertario se hace coincidente con los postulados bakunianos, al mostrarse como el medio propicio para construir el proyecto libertario. Recordemos que Mijaíl Bakunin nos plantea en su Segunda charla: sobre la acción durante la Revolución y la guerra civil, la trascendencia del tiempo presente en la edificación de la utopía libertaria:

Ahora [es cuando] tenemos que embarcarnos juntos por el océano revolucionario, y en adelante propagar nuestros principios no ya con palabras, sino con hechos. [65]

De esta manera, podemos apreciar como el deíctico Ahora se hace presente tanto en el proyecto utópico libertario bakuniano, como en el texto dramático ácrata ¡Los grilletes!

La presencia en ambos textos del mismo deíctico, no es una mera coincidencia. Sino que ésta se debe a que ambas formas discursivas se sostienen sobre un mismo imaginario utópico, en cuanto al tratamiento del tiempo histórico.

A partir de aquel presente constante desde el cual se forja el proyecto utópico libertario (tanto en las concepciones de Mijaíl Bakunin como en la de Alfred Aaron), se logra concebir la construcción de la sociedad libertaria del porvenir. La consecución de ésta permitirá alcanzar la:

Abolición de toda explotación y de toda opresión política o jurídica o administrativa y gubernamental, es decir hacia la abolición de todas las clases por medio de la nivelación económica de todas las riquezas y hacia la abolición de su último apoyo, el Estado.[66]

A partir de aquel tiempo presente emplazado desde un “aquí y ahora” [67] desde el cual se construye la utopía libertaria, es posible alcanzar aquel estadio superior en el cual el proletariado será redimido. No obstante la viabilidad para conseguir lo anterior, es indispensable transitar por un largo camino que va desde la ejecución de la Revolución hasta alcanzar el mejor de los mundos posibles. Aquel largo periplo se configura como un período de constante lucha, situación que hacen manifiesta tanto Alfred Aaron como Mijaíl Bakunin.

En lo que respecta al dramaturgo libertario, tenemos la siguiente afirmación: “a luchar por nuestro Ideal, y vivir la libertad… [68] Mientras tanto, en cuanto al teórico anarquista ruso, podemos plantear:

No queda más que una sola vía, la de su emancipación por la práctica. ¿Cuál puede y debe ser esta práctica? No hay más que una. Es la de la lucha solidaria de los obreros contra los patrones.[69]

A partir de lo anterior, se puede deducir que la distancia que va desde la Revolución hasta la consecución en plenitud del proyecto libertario, está dado por un transitar de constante lucha. Aquella perspectiva es sostenida tanto por Mijaíl Bakunin como por Alfred Aaron, por lo cual ambas concepciones se hacen coincidentes en dicho aspecto.

De esta manera, podemos sostener que las perspectivas elaboradas tanto por Bakunin como por Aaron en su texto dramático, se hacen coincidentes en su tratamiento del tiempo histórico. Esta situación la podemos apreciar mediante tres aspectos fundamentales: a) en la construcción de una Revolución cimentada desde el tiempo presente; b) por medio, un transitar dado por una constante lucha; c) y, finalmente en la consecución de un porvenir libertario.

Como podemos apreciar, en el texto dramático ¡Los grilletes! es posible trasver claramente el imaginario bakuniano sobre el transcurso del tiempo histórico en la construcción del proyecto utópico libertario. De esta manera, podemos concluir que el texto dramático de Alfred Aaron se construye según los parámetros trazados por el anarquista ruso Mijaíl Bakunin en su utopía libertaria.

Continuando con nuestra tarea de analizar el tratamiento del tiempo histórico promulgado por los textos dramáticos ácratas de comienzos de siglo, en seguida nos enfocaremos en el texto Suprema lex de Rufino Rosas.

 

La obra dramática Suprema lex y su tratamiento del tiempo histórico.

Tal como lo hace Alfred Aaron en su texto ¡Los grilletes!, igualmente Rufino Rosas en Suprema lex (1895) denuncia las miserables condiciones de vida de la clase obrera. La acción dramática se sitúa en las oficinas salitreras del norte grande de Chile. En aquel contexto histórico el personaje de Julián “un dirigente sindical minero [será] encarcelado por presentar un petitorio de mejoramiento económico” [70] para los trabajadores del salitre y sus familias.

Por medio de este crudo panorama, Rufino Rosas pretende mostrar el poder tiránico de la burguesía para con la clase proletaria.

En lo que respecta al tratamiento del tiempo histórico en el presente texto dramático, se pueden apreciar similitudes considerables con la utopía libertaria según la perspectiva de Mijaíl Bakunin. Siguiendo los planteamientos del anarquista ruso, en Suprema lex se aprecia cómo desde un tiempo presente, y por medio de la Revolución se alcanzará la redención del proletariado.

Es por ello que el personaje de Luis nos propone lo siguiente: “me sacrificaré solo. Recurriré a todos los medios para obtener el pan que se me niega” [71].

Tal como sucedía con la utopía quiliástica mediante la proyección de los parámetros trazados por ésta sobre la utopía libertaria bakuniana, el tiempo presente juega un rol preponderante.

Recordemos que para Thomas Münzer el tiempo presente es el medio a través del cual han de cimentarse los cambios rotundos en las condiciones de vida de las clases oprimidas, lo cual puede ser apreciado en el uso de verbos en tiempo presente en las predicas del líder religioso alemán:

Por esta razón todos los profetas deberían hablar de esta forma: “Así dice el Señor”, y no. “Así decía el Señor”, como si hubiese ocurrido en el pasado en el lugar del presente [72].

Idéntica situación ocurre con Bakunin quien hace énfasis en el tiempo presente, pues desde éste se construye el proyecto utópico libertario.

Tales apreciaciones sobre el tiempo presente se consiguen apreciar igualmente en el texto dramático de Rufino Rosas. Aquello se patente mediante las afirmaciones realizas por el personaje de Luis: “me sacrificaré solo. Recurriré a todos los medios” [73].

Al igual como lo podíamos apreciar en las predicas de Münzer y posteriormente en los escritos de Bakunin, en el texto dramático analizado la utilización de verbos en tiempo presente nos permite sostener que la modificaciones rotundas a las actuales condiciones de vida de los sectores marginales de la sociedad, han de efectuarse en un “aquí y ahora”.

Si continuamos con el análisis del tratamiento del tiempo histórico expuesto en el texto de Rufino Rosas, podremos apreciar como el paso siguiente a la Revolución está dado por un largo transitar de lucha:

Nuestra redención, se encuentra en una cima (…) para llegar a ella es necesario recorrer un camino largo y escabroso como el del Calvario, llevar a cuestas una pesada cruz e ir dispuestos, si las circunstancias así lo exigen, a morir [74].

En cuanto a este aspecto, el texto dramático analizado se hace coincidente con los planteamientos bakunianos. Aquello se hace evidente al considerar que Mijaíl Bakunin sostiene que para alcanzar “el mejor de los mundos posibles” es imprescindible transitar por un largo periplo de lucha:

Es cierto que, entonces, las cosas no pasarán de modo absolutamente pacífico. Habrá luchas, el orden público, esa arca santa de los burgueses, será perturbado. [75]

Por medio del fragmento anterior, es posible apreciar como las concepciones de Miajaíl Bakunin tanto en lo que respecta a las modificaciones a las condiciones de vida actuales de las clases oprimidas, así como de un transitar de lucha hacia un futuro redentor del proletariado, se dejan trasver en el texto dramático Suprema lex.

Al fin de aquel periplo de lucha del cual nos habla tanto Bakunin como el texto de Rosas, se alcanza un estado de de rendición de la clase proletaria. En Suprema lex la consecución de aquella lucha libertaria, se hace manifiesta mediante lo sostenido por el personaje de Magdalena: “llegará aquel día (…) en que todos hablen lo que sienten, en que arrojen a un lado la cobardía moral”. [76]

De esta forma, es posible sostener que así como sucede con el drama ¡Los grilletes!, igualmente en Suprema lex podemos apreciar cómo el imaginario bakuniano sobre el transcurso del tiempo histórico se deja trasver en el texto de Rosas. Lo cual -tal como ocurre con el drama anterior- se aprecia en lo que respecta al tratamiento otorgado al tiempo histórico, en cuanto al emplazamiento de la Revolución, para luego dar paso a un transitar de lucha para posteriormente alcanzar un porvenir libertario.

Para seguir con nuestra tarea, a continuación nos enfocaremos en el drama Los cuervos de Armando Triviño.

 

La obra dramática Los Cuervos y su tratamiento del tiempo histórico.

Armando Triviño en su texto Los cuervos (1937) asume como eje temático de su drama la matanza de la Escuela Santa María de Iquique. Aquel lamentable suceso ocurrió el 21 de diciembre de 1907 en el norte grande, en el cual perdieron la vida más de mil trabajadores del salitre al ser fusilados por las unidades militares comandadas por el general Silva Renard.

Con motivo del trigésimo aniversario de la conmemoración de dicha catástrofe, Armando Triviño publica su drama en el cual da cuenta de aquellos lamentables sucesos:

Obligados a marchar (los trabajadores del salitre) a pie al puerto de Iquique, donde el gobierno, dado su número, cinco mil a seis mil personas, les dio hospedaje en un gran borricón, llamado Escuela Santa María (…) a los pocos días fueron obligados a escoger entre el regreso al trabajo o embarcarse al Sur de Chile, o a ser reducidos a fuego (…) se les ratificó el ultimátum (…) al termino del cual el general Silva Renard, ordenó a los soldados hacer fuego con las ametralladoras. [77]

Sosteniéndose en aquel nefasto episodio de nuestra historia nacional, Armando Triviño construye su drama libertario.

En lo que respecta a nuestra perspectiva de estudio, el presente texto dramático nos muestra cómo mediante el concepto de Revolución es posible modificar rotundamente las condiciones de vida del proletariado. Aquel proceso revolucionario se construye siguiendo los postulados de Bakunin, es decir siendo emplazado desde un “aquí y ahora”. Dicha situación se aprecia con claridad en Los cuervos mediante el uso de verbos en tiempo presente: “hay que pensar en cambiar el mundo, porque ha sido siempre así: malo, injusto, cruel.. [78]

De esta forma, podemos trasver el imaginario bakuniano respecto al emplazamiento que se otorga al proceso revolucionario, el cual se sitúa desde el tiempo presente para así conseguir la instauración de:

Humanidad de [hombres y mujeres] laboriosos y libres, sin el vil egoísmo que hoy pudre las conciencias y envenena los corazones, sin el voraz capitalista que impulsa y justifica los atropellos y crímenes. [79]

Además de lo anterior, es posible apreciar los parámetros trazados por la utopía libertaria de acuerdo a los postulados de Mijaíl Bakunin en cuanto al tratamiento del tiempo histórico, en lo que respecta a la consecución de una futura sociedad libertaria.

Así como el anarquista ruso plantea que la: “la libertad de las masas [se sitúa] en el porvenir (…) en un provenir próximo: en esa jornada del mañana que debemos crear” [80]; en el texto dramático analizado podemos apreciar el emplazamiento del “mejor de los mundos posibles” igualmente en un futuro próximo: “ya verán sus nietos, quizás su hijos, un mundo nuevo y mejor”. [81]

De esta forma, es posible sostener que en el texto dramático Los cuervos es viable apreciar el imaginario bakuniano respecto al tratamiento otorgado al transcurso del tiempo histórico, en los siguientes dos aspectos: a) en el emplazamiento de la Revolución en un tiempo presente; b) y, en la consecución de una sociedad libertaria en el porvenir, tras haber logrado su instauración luego de una travesía de lucha.

Tal como lo hemos demostrado, el presente drama se ajusta por medio de los anteriores conceptos a los planteamientos utópicos bakunianos. Haciéndose de esta forma, coincidente tanto con los dramas ácratas ¡Los grilletes! y Los cuervos en cuanto al tratamiento del tiempo histórico según los postulados de Mijaíl Bakunin en su proyecto utópico libertario.

Por ultimo, nos detendremos en el drama libertario Los vampiros de Nicolás Aguirre Bretón. En éste nos interrogaremos acerca de la posibilidad de trasver el imaginario utópico bakuniano, con respecto al transcurso del tiempo histórico en dicho texto.

 

La obra dramática Los vampiros y su tratamiento del tiempo histórico.

En su drama titulado Los vampiro (1912) Nicolás Aguirre Bretón nos presenta el duro panorama de las condiciones de vida del proletariado chileno de comienzos de siglo XX. Los cuales no sólo debe hacer frente a la clase burguesa, sino que además al clero. Éste se presenta como un ente opositor al régimen libertario, el cual haciendo uso de su poder fáctico pugna por censurar y marginar todo atisbo de pensamiento ácrata.

Es debido a lo anterior, que logramos observar como al interior del drama analizado el personaje de Federico (quien representa el discurso cristiano) califica a los partidarios de ideas libertarias como: “los enemigos de la religión” [82].

Aquellas acusaciones otorgadas por el personaje de Federico a los circuitos libertarios presentes en el drama, se debe a que éstos promueven la edificación de una nueva sociedad bajo tres pilares fundamentales: “libertad, progreso y ciencia” [83].

Situándonos desde nuestra perspectiva de estudio, podemos encontrar algunos pasajes en el drama analizado en los que es posible trasver algunos aspectos coincidentes con los parámetros trazados por el proyecto utópico bakuniano, en lo que respecta al tratamiento del tiempo histórico. Dicha situación se hace patente al enfocarnos en las afirmaciones realizadas por el personaje de Julián:

Estamos en el siglo de las luchas. A defendernos de los explotadores del antiguo régimen. Vamos (…) a buscar caridad y justicia. [84]

La anterior afirmación, se hace coincidente con los planteamientos de Mijaíl Bakunin trazados en su proyecto utópico. Es conveniente recordar, que de acuerdo a lo planteado por al ruso una vez implantado el proceso revolucionario habrá de producirse indeclinablemente un transitar de lucha. Aquello se hace patente al considerar que los proletarios se verán sumergidos en un:

Día a día [de] lucha, desde sus diversos puestos y formas de lucha social, para terminar con este sistema de horror y muerte para alcanzar la utopía. [85]

De esta forma, el texto dramático de Nicolás Aguirre Bretón se hace coincidente con los planteamientos bakuanianos, al sostener que necesariamente para conseguir la implementación de un porvenir libertario, es necesario surcar por una senda de lucha y confrontación para con la burguesía.

Si continuamos con nuestro análisis, podremos apreciar otro aspecto en el drama Los vampiros coincidente con los postulados utópicos bakunianos. Dichos matices se aprecian en lo que respecta a la conquista de un porvenir libertario: “ya se vislumbra desde la cumbre el camino de la redención” [86].

Es necesario tener en consideración que Mijaíl Bakunin plantea que en el “porvenir, buscamos ese ideal” [87] de redención de la clase proletaria. Es decir, que al igual que lo planteado por el dramaturgo Nicolás Aguirre Bretón en su drama Los vampiros, el teórico ruso sostiene que en el futuro han de situarse los frutos de una sociedad libertaria, tras la realización plena de un proyecto revolucionario y de lucha proletaria.

Por consiguiente, es posible sostener que en el drama analizado se ajusta a los planteamientos bakunianos en cuanto al tratamiento del tiempo histórico. Aquella concomitancia se muestra tanto en lo que respecta a aquel transitar de lucha, para así conseguir la implementación plena del proyecto libertario; como en el emplazamiento de la conquista del desarrollo absoluto proyecto libertario en un futuro próximo.

 

Conclusiones

La utopía libertaria de acuerdo a los postulados de Mijaíl Bakunin, se construye por medio el concepto de Revolución. Él cual es trascendental en la consecución de dicho proyecto utópico, ya que mediante aquel se hace posible la construcción de un porvenir libertario.

De esta forma, la Revolución es el medio propicio por el cual se logran cimentar las condiciones necesarias para que la clase proletaria sea redimida. Según los postulados de Bakunin, dicho proceso ha de realizarse en el tiempo presente siendo forjado desde un “aquí y ahora”. De esta forma, se logrará construir el camino hacia una futura sociedad libertaria.

Como bien se analizó, dichos planteamientos ácratas surgen como proyecciones a los parámetros trazados por la utopía quiliástica liderada por Thomas Münzer. Si bien, este proceso revolucionario surge con fines religiosos, a partir de él se constituirán los posteriores movimientos utópicos modernos.

Al trasladar las concepciones bakunianas, con respecto al tratamiento del tiempo histórico a textos dramáticos ácratas chilenos de comienzos del siglo XX, se logra apreciar una similitud considerable. Aquellas coincidencias están dadas por dos aspectos: en cuanto al tratamiento del tiempo histórico, y en relación a la concepción de Revolución (entendida como el medio por el cual se pueden concretizar las demandas de las clases oprimidas de la sociedad).

En los textos dramáticos analizados, se consigue apreciar como la construcción del proyecto libertario se emplaza desde el tiempo presente. Desde el cual se emplazará la sociedad futura que dará termino a las miserables condiciones de vida de las clases proletarias.

Debido a que en los textos dramáticos trabajados se logra apreciar con facilidad el imaginario bakuniano en relación al tratamiento del tiempo histórico, se hace pertinente reflexionar acerca de si lo analizado es un hecho aislado, o más bien es una constante.

De ser cierto esto ultimo, sería posible sostener algunas interrogantes acerca de: cuál(es) variante(s) y tendencia(s) del pensamiento libertario se hicieron presentes más fuertemente en nuestro país. Así como también, definir las razones por las cuales aquellas aristas del pensamiento libertario lograron mostrase más afines que otras en determinadas circunstancias. Esta situación corresponde más bien una tarea, la cual está aún por hacerse.

En definitiva, podemos sostener que es posible trasver en los textos dramáticos ácratas analizados el imaginario bakuniano sobre el tratamiento del tiempo histórico. Lo cual se aprecia en la proyección de un proyecto revolucionario que se cimenta en el presente para desde ahí proyectar la construcción de un porvenir libertario.

 

Notas

[1] Karl Mannheim, Ideología y utopía: Introducción a la sociología del conocimiento, Madrid: Aguilar, 1966, pp. 265.

[2] Paul Ricoeur, Ideología y utopía, Barcelona: Gadisa, 2006, pp. 290.

[3] Ibíd.

[4] Paul Ricoeur, Op. cit., pp. 290.

[5] Karl Mannheim, Op. cit., pp. 260-261.

[6] Paul Tillich, “Críticas y justificación de la utopía”, en Utopías y pensamiento utópico, Madrid: Espasa Calpe, 1982, pp. 353.

[7] Nestor García Canclini, Culturas híbridas: estrategias para entrar y salir de la modernidad, Buenos Aires: Paidós, 2005, pp. 187.

[8] Sergio Pereira Poza, “El melodrama como expresión cultural libertaria en la dramaturgia anarquista argentina”, en Revista Huellas Escénicas. Buenos Aires: Galerna, 2007, pp. 218.

[9] Ibíd.

[10] Homi K. Bhabha, El lugar de la cultura, Londres: Routledge, 1994, pp. 2.

[11] Karl Mannheim, Op. cit., pp. 260.

[12] Paul Ricoeur, Op. cit., pp. 292.

[13] George Fontenis, Manifiesto comunista libertario, pp.6.

[14] Mijaíl Bakunin, “Tres conferencias dadas a los obreros del valle de Saint-imier”, en Archivo Miguel Bakunin, http://miguelbakunin.wordpress.com.

[15] Karl Mannheim, Op. cit., pp. 295.

[16] Ibíd.

[17] Karl Mannheim, Op. cit., pp. 318.

[18] Karl Mannheim, Op. cit., pp. 290.

[19] Paul Ricoeur, Op. cit., pp. 296.

[20] Karl Mannheim, Op. cit., pp. 283.

[21] Emilio Castelar, La revolución religiosa. Madrid: Montaner y Simón, 1880, pp. 561-562.

[22] Emilio Castelar, Op. cit., pp. 561.

[23] Karl Mannheim, Op. cit., pp. 283.

[24] Jean Delemeau, Historia del milenarismo en occidente. Caracas: Universidad de los Andes, 2001, pp. 7.

[25] Karl Mannheim, Op. cit., pp. 283.

[26] Ibíd.

[27] El filósofo e historiador rumano Mircea Eliade ha definido el Illud tempus como: “anular el tiempo pasado, abolir la historia por un continuo retorno” (1992: 569).

[28] Gilbert, Durand, Lo imaginario. Barcelona: Ediciones del Bronce, pp. 100.

[29] Karl Mannheim, Op. cit., pp. 287.

[30] Karl Holl, en Ideología y utopía: Introducción a la sociología del conocimiento, pp. 287.

[31] Karl Mannheim, Op. cit., pp. 288.

[32] Karl Mannheim, Op. cit., pp. 289.

[33] Ibíd.

[34] Karl Mannheim, Op. cit., pp. 290.

[35] Dicho texto es parte de la compilación de textos bakunianos realizada por G.P. Maximoff en: Escritos de filosofía política. Madrid: Alianza, 1990.

[36] Mijaíl Bakunin, Socialismo sin Estado: Anarquismo. Proyecto Espartaco, pp. 2.

[37] Ibíd.

[38] Ibíd.

[39] Grigori Maximoff, Mijaíl Bakunin: Escritos de filosofía política. Madrid: Alianza. pp. 134.

[40] Mijaíl Bakunin, El principio del estado, Ediciones la cueva, pp. 27.

[41] Grigori Maximoff, Mijaíl Bakunin: Escritos de filosofía política. Madrid: Alianza. pp. 134.

[42] Grigori Maximoff, Op. cit., pp. 134.

[43] Mijaíl Bakunin, Federalismo, socialismo y antiteologismo, Valencia: Sempere y Compañía, pp. 54-51.

[44] Karl Mannheim, Op. cit., pp. 283.

[45] Karl Mannheim, Op. cit., pp. 290.

[46] Frank Mintz, Bakunin. Crítica y acción. Buenos Aires: Libros de Anarres, 2006: pp. 34-35.

[47] Mijaíl Bakunin, Carta a un francés, pp. 7.

[48] Frank Mintz, Op. cit., pp. 21.

[49] Mijaíl Bakunin, “Tres conferencias dadas a los obreros del valle de Saint-imier”, en Archivo Miguel Bakunin, http://miguelbakunin.wordpress.com

[50] Sergio Pereira Poza, Antología crítica de la dramaturgia anarquista en Chile. Santiago: Editorial universidad de Santiago, pp. 34.

[51] Ibíd.

[52] Osvaldo Bayer, Los Anarquistas: Marchas y canciones de lucha de los obreros anarquistas argentinos [Grabación sonora]. Buenos Aires: En la calle: Órgano de difusión del anarquismo organizado, 2001 32 min. 21 seg.

[53] Sergio Pereira Poza, “La dramaturgia anarquista en Chile: ¿un discurso ideológico?”, en Revista Aisthesis, N°44 (2008): 97-118, Santiago: Pontificia Universidad católica de Chile, pp. 108.

[54] Ibíd.

[55] André Reszle, La estética anarquista. Buenos Aires: Libros de La Araucaria, 2005, pp. 35.

[56] André Reszler, Op. Cit., pp. 41.

[57] André Reszler, Op. Cit., pp. 35.

[58] Paul Ricoeur, Op. Cit, pp. 14

[59] Sergio Pereira Poza, Op. Cit., pp. 110.

[60] Alfredo Aaron, “¡Los grilletes!” en Antología crítica de la dramaturgia anarquista en Chile. Santiago: Editorial universidad de Santiago, pp. 197.

[61] Sergio Pereira Poza, Op. Cit., pp. 110.

[62] Alfredo Aaron, Op. Cit., pp. 203.

[63] Sergio Pereira Poza, Op. Cit., pp. 114.

[64] Alfredo Aaron, Op. Cit., pp. 211.

[65] Frank Mintz, Op. Cit., pp. 34.

[66] Frank Mintz, Op. Cit., pp. 21.

[67] Karl Mannheim, Op. cit., pp. 283.

[68] Alfredo Aaron, Op. Cit., pp. 211.

[69] Frank Mintz, Op. Cit., pp. 63-64.

[70] Sergio Pereira Poza, Op. Cit., pp. 114.

[71] Rufino Rosas, “Suprema lex” en Antología crítica de la dramaturgia anarquista en Chile. Santiago: Editorial universidad de Santiago, pp. 218.

[72] Karl Holl, en Ideología y utopía: Introducción a la sociología del conocimiento, pp. 287.

[73] Rufino Rosas, “Suprema lex” en Antología crítica de la dramaturgia anarquista en Chile. Santiago: Editorial universidad de Santiago, pp. 218.

[74] Rufino Rosas, “Suprema lex” en Antología crítica de la dramaturgia anarquista en Chile. Santiago: Editorial universidad de Santiago, pp. 232.

[75] Frank Mintz, Op. Cit., pp. 38-39.

[76] Rufino Rosas, Op. Cit., pp. 229.

[77] Armando Treviño, “Los cuervos” en Antología crítica de la dramaturgia anarquista en Chile. Santiago: Editorial universidad de Santiago, pp. 248.

[78] Armando Triviño, “Los cuervos” en Antología crítica de la dramaturgia anarquista en Chile. Santiago: Editorial universidad de Santiago, pp. 251.

[79] Armando Triviño, Op. Cit., pp. 249.

[80] Mijaíl Bakunin, “Tres conferencias dadas a los obreros del valle de Saint-imier”, en Archivo Miguel Bakunin, http://miguelbakunin.wordpress.com

[81] Armando Triviño, Op. Cit., pp. 249.

[82] Nicolás Aguirre Bretón, “Los vampiros” en Antología crítica de la dramaturgia anarquista en Chile. Santiago: Editorial Universidad de Santiago, pp. 351.

[83] Nicolás Aguirre Bretón, Op. Cit., pp. 357.

[84] Nicolás Aguirre Bretón, Op. Cit., pp. 352.

[85] Frank Mintz, Op. Cit., pp. 9-10.

[86] Nicolás Aguirre Bretón, Op. Cit., pp. 358.

[87] Frank Mintz, Op. Cit., pp. 65.

 

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© Pablo Andrés Fuentes Retamal 2010

Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

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