Espéculo

  Reseñas, críticas y novedades

 

 

Sergio Fernández López

El Cantar de los Cantares
en el humanismo español.
La tradición judía

  

 

 

C. Palomares
Instituto Bury Al-hamma Baños de la Encina (Jaén)

J. Palomares
Instituto Felipe Solís -Cabra (Córdoba)

Que el hebraísmo es sólo un aspecto más de la melisagogía (Unamuno dixit) poética de fray Cipriano de la Huerga y sus dos más preclaros discípulos, Benito Arias Montano y fray Luis de León, era cuestión harto sabida. La novedad, pues, de esta excelente obra que aquí reseñamos «nace del punto de intersección que en sus obras representa el Cantar de los Cantares» (p. 14), si bien la lista podría ampliarse, sin ánimo de exhaustividad, con Martínez de Cantalapiedra, Gaspar de Grajal, Alonso de Montemayor o Alfonso de Zamora. Sea como fuere, como destaca ab initio Fernández López, se trata de autores que utilizan la exégesis judeomedieval sin citar a los exégetas, salvo excepciones tan contadas como veladas. Corrían tiempos recios para el hebraísmo confeso, y los textos que sapiebant haeresim eran pasto de las llamas.

El profesor Fernández López parcela su estudio en dos partes: la primera se centra en el contexto, vale decir, en las fuentes hebraicas del humanismo español y su recepción en los tres humanistas antedichos; la segunda atiende ya a la influencia de la exégesis hebrea en los textos dedicados por ellos al Cantar de los Cantares, con independencia, claro está, de la confluencia de otras tradiciones, léase platónico-agustiniana o cabalística. Los instrumenta sobre los que se asienta el cotejo son la Explanatio in Canticum Canticorum de fray Cipriano de la Huerga; la Hebraicorum bibliorum Veteris Testamenti Latina interpretatio -según el titulus que figura en el tomo séptimo de la Biblia Regia-, la Paráfrasis del Cantar de los cantares en modo pastoril y algunos textos exegéticos como el Liber Joseph sive de Arcano Sermone, de Benito Arias Montano; y, para fray Luis de León, la Traducción literal y declaración del Cantar de los Cantares, la Triplex Explanatio y la Exposición de los Cantares de Salomón según el sentido spiritual, cuya atribución a fray Luis, dicho sea de paso, es harina de otro costal y su discusión desborda los límites precisos de esta reseña.

En la órbita previa, Fernández López incide en la proliferación de las traducciones latinas de gramáticas y fuentes lexicográficas hebreas y en el desarrollo de la exégesis rabínica a través de las biblias judeorromances, venero siempre fértil de nuestros hebraístas, aunque no lo declaren con citas directas. Con todo, silenciar los intertextos era práctica común en las retóricas eclesiásticas de la época, por más que la retórica del silencio resultase poco menos que obligada -pero no exclusiva, según deja entender el autor- en el caso de fuentes judías. Por otra parte, el autor pasa revista a los conocidos métodos exegéticos judíos: pešat, remez, deraš, sod -perfectamente delineados con el nacimiento de la mística hispano-hebrea en el siglo XIII- y a los orígenes de una filología hebraica aplicada al texto bíblico con Se‘adyah Ga’on (882-942), primero, y con las figuras cimeras de los siglos XI-XII después: Šelomoh ben Yi aq, Abraham ibn ‘Ezra’, David Quim i, sin olvidar a otros comentaristas de primer orden como Mošeh ibn Chiquitilla y Moseh ben Maimon. A todos los une el apego estricto a la letra; en el literalismo hallan, pues, el sensus verus. Aunque, como se sabe, la interpretación literal no era la única posible. Basta hojear los romanceamientos bíblicos -comunes desde mediados del siglo XIII- para constatarlo, a pesar de que la censura, huelga decirlo, dificultó sobremanera su transmisión en la cultura española. A este respecto, el profesor Fernández López rastrea la continuidad de las fuentes judías en nuestras letras, asegurada, no obstante la cerrazón, por el uso que nuestros humanistas -y predecesores ilustres como Santillana- hicieron de las fuentes hebraicas y las biblias judeorromances, y por el acceso de docentes judeoconversos a las aulas universitarias salmantinas y alcalaínas. Tal es el contexto del fabuloso desarrollo -rigurosamente delineado por nuestro autor- de los estudios bíblicos, asunto no menor de los studia humanitatis en España.

En una segunda parte, decíamos, Fernández López perfila los claroscuros biográficos de nuestros tres humanistas, si bien la carestía documental y las mistificaciones de los propios implicados no ayudan al bienintencionado biógrafo. A renglón seguido, entra de lleno -con más éxito, todo hay que decirlo- en el estudio de la filología poligráfica -con Gaspar Morocho- de Cipriano de la Huerga, Arias Montano y fray Luis de León, cuyos métodos no son los de filólogos como Nebrija, que, frente a fray Luis, pongamos por caso, «no pretendía corregir ni mejorar a san Jerónimo […], sino únicamente restituir el texto a su pureza primitiva» (p. 128). En cualquier caso, Cipriano y sus discípulos difícilmente se dejan comprender sin los métodos exegéticos hebraizantes y ese fértil venero de los textos judeorromances, cuyo aprovechamiento roza, en ocasiones, la “osadía lingüística”.

El meollo del trabajo está, sin duda, en la tercera parte, centrada en la influencia de la exégesis judía en los comentarios bíblicos de nuestros tres escriturarios. En efecto, Fernández López estudia aquí la relación entre las traducciones latinas, las biblias judeorromances medievales, la exégesis judía y las obras de nuestros hebraístas; y el nexo no está sino en el didactismo, indisociable, para nuestro autor, del literalismo, si bien el sentido literal no es incompatible en nuestros humanistas con el alegórico o anagógico. De hecho, esa unión entre pedagogía y exégesis literal ya está en los cultivadores del pešat (léase Ibn Bil‘am o David Quim i, entre otros). Pero estos presupuestos teóricos no son sino la corteza de la monografía: el fondo es el cotejo siguiente entre los comentarios de Cipriano de la Huerga, Arias Montano y fray Luis de León a los ocho capítulos del Cantar de los Cantares, del que se ofrece el texto hebreo (Biblia hebraica Stuttgartensia) y latino (Biblia sacra iuxta Vulgatam Clementinam nova editio). El resultado no puede calificarse sino de excelente tanto por el rigor metodológico como por la diversidad de fuentes allegadas y pasajes dilucidados. De ahí, en suma, que no resulte exagerado el aserto final: “La tradición judía, en definitiva, dejó su huella en los tratados humanísticos, no diré con mayor fuerza que otras, pero sí tanto como ellas” (p. 607).

 

© C. Palomares y J. Palomares2010

Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

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Espéculo. Revista de estudios literarios
(Universidad Complutense de Madrid) 2010