Comas sin pausas y pausas sin comas:
dos problemas de escritura y de lectura

Miguel Ángel de la Fuente González

Escuela Universitaria de Educación de Palencia - UVa
arkanjel@dlyl.uva.es


 

   
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Resumen: Da la impresión de que algunos redactores y lectores obedecen al siguiente principio: “Si, al leer, encuentro una coma, debo hacer una pausa; y, si hago una pausa al hablar, debo poner una coma al escribir”. Sin embargo, la realidad lo desmiente en unos casos que pueden pasar desapercibidos y que serán objeto de nuestro artículo. Veremos, pues, los casos en que, aunque haya coma (rayas o paréntesis), no es correcto o normal leer pausa (palabras átonas y vocativos); y casos en que, aunque se haga pausa, no es correcto escribir coma (entre sujeto y predicado, normalmente).
Palabras clave: lectura en voz alta, palabras átonas, pausas, reglas de puntuación, puntuación de vocativos, puntuación del sujeto.

 

0. UN PRINCIPIO FALSO, LAS PAUSAS Y LA PUNTUACIÓN

Más o menos inconscientemente, algunos redactores y lectores se han elaborado esta hipótesis:

Si, al leer, encuentro una coma, debo hacer una pausa; y, si hago una pausa al hablar, debo poner una coma al escribir.

Este principio, bastante cómodo, facilita la redacción y evita estar consultando unas reglas que, a veces, se ignora dónde buscar. Sin embargo, tal principio es falso, al menos en los casos que estudiaremos en este artículo.

Y debemos comenzar abordando el concepto de pausa, no fácil de concretar. Simplificando, podría decirse que en la pausa se combinan fundamentalmente dos factores: el silencio y el tonema (dirección de la voz hacía arriba o hacia abajo). En una emisión o lectura lenta se comprueba fácilmente que hay un silencio, una interrupción que se podría cronometrar en centésimas de segundo. Sin embargo, en una lectura veloz (quizás hasta en la normal), no se hace pausa sino que lo que interviene simplemente es el tonema, aunque tengamos la sensación de que ha habido pausa. O sea, que el tonema es suficiente para dar la impresión de pausa, aunque no hayamos hecho interrupción alguna.

Por otra parte, y según José Polo (1974: 113), existen dos tipos de puntuación: la prosódica y la semántica. La prosódica se fundamentaría en la señalización de las pausas (pausa/coma, etcétera); con la puntuación de tipo semántico, “se ayuda al lector a hacer pausas no donde de todos modos la haría, sino a descomponer el sentido del texto —análisis, lectura atenta— palpando las relaciones jerárquicas entre elementos subordinantes, subordinados o coordinados”.

En cuanto al sistema propio del español, afirma el mismo autor (Polo 1974: 113) que es una puntuación “fundamentalmente semántica”, “corregida en algunos casos, con soluciones —no sistema— meramente fonéticas”.

Para concluir, el problema que se plantea es que, en algunos casos, el sistema de pausas, dentro de su indeterminación o perversión, constituye un peligro para seguir la normativa ortográfica. Es decir, hay casos en que aunque no se haga pausa se debe puntuar según las reglas; y viceversa. Pues bien, nuestro plan, que no pretende abarcar toda la problemática, es abordar cuatro casos: la puntuación (y lectura) de palabras átonas, de vocativos, de sujetos oracionales y, muy brevemente, de la locución adverbial así pues.

 

1. PUNTUACIÓN SIN PAUSA: LAS PALABRAS ÁTONAS

En español, y con respecto al acento, podría decirse que existen tres tipos de palabras: palabras que son generalmente tónicas, palabras generalmente átonas y palabras que, según las circunstancias, son tónicas o átonas.

Las palabras generalmente tónicas son los sustantivos, adjetivos, verbos, adverbios y algunos pronombres. Las palabras átonas son los artículos, preposiciones y conjunciones. Finalmente, las palabras que pueden ser de ambos tipos son las incluidas en la lista de acentuación diacrítica: él / el; sé / se; sí / si; etc.; además de ciertos homógrafos, escritos siempre sin tilde, sean palabras átonas (conjunciones o preposiciones) o tónicas (sustantivos, adverbios, verbos…); por ejemplo: para (átona, preposición) / para (tónica, deparar”); luego (átona, “por tanto”) / luego (tónica, “después”); pero (átona, conjunción) / pero (tónica, “dificultad”); sino (átona, conjunción) / sino (tónica, “destino”), entre otros.

Pues bien, para evitar hacer tónicas las palabras átonas, podría darse la siguiente instrucción de lectura:

Cuando un lector se encuentre un signo de puntuación después de una palabra átona, no debe hacer pausa ni interpretar esa palabra como tónica; sino que debe hacer la pausa antes de la palabra átona e integrarla en el segmento siguiente. Por ejemplo:

La vio y, como otras veces, la preguntó:

Sí: [ lavió // icomótrasvéces // lapreguntó ]

No: [ lavió // í // comótrasvéces // lapreguntó]

Y lo peor es que, en la mayoría de los casos, suele ser cierto.

Sí: [ ilopeórés // quenlamayoríadeloscásos // suélesérciérto ]

[ ilopeórésque // enlamayoríadeloscásos // suélesérciérto ]

No: [ ilopeórés // qué // enlamayoríadeloscásos // suélesérciérto]

En cuanto a lo motivos que favorecen el leer las átonas como tónicas, pueden ser personales (excesivo deseo de enfatizar, descuido…) o circunstanciales: por interpretar mal un signo de puntuación (casos de comas y, también, de rayas y paréntesis); o porque un signo de puntuación está mal puesto.

Para tratar este punto, con cierto detalle, vamos a detenernos en tres hechos o circunstancias que pueden determinar la lectura de una palabra átona como tónica: el tipo de signo de puntuación, el contenido del inciso y el contexto.

1.1. INFLUJO DEL TIPO DE SIGNO DE PUNTUACIÓN

Aunque el título de este artículo alude sólo a las comas (“Comas sin pausa…”), en realidad podemos encontrarnos con los tres signos de los incisos: comas / rayas / paréntesis. Y es que el motivo por el que aparece coma, raya o paréntesis antes de átona suele ser la presencia de un inciso, en su sentido más amplio (un segmento flanqueado por dichos signos). Un ejemplo:

Estuvimos esperando y, como no vino, no tuvimos la reunión.

Estuvimos esperando y como no vino no tuvimos la reunión.

Estuvimos esperando y (como no vino) no tuvimos la reunión.

En la segunda y tercera frase, ante la presencia de la raya (más visible que la simple coma) o del paréntesis (con su verticalidad paralizante), el lector inexperto se encontrará fácilmente tentado de hacer pausa y leer con acento la palabra átona que les precede. Una pregunta que nos planteamos es si el uso de paréntesis y rayas ante ciertos átonos (conjunciones y artículos, por ejemplo) es un rasgo de nuestra época y, especialmente, de algunos escritores con personalidad y estilo muy concretos.

Sin embargo, no hay que olvidar la posibilidad de estilos de puntuación de incisos: total o parcial. Así, con respecto a la coma, se podría suprimir la primera, lo que reflejaría el hecho de que en realidad no se debe hacer pausa.

Y sin embargo, yo creo que aporto toda la sinceridad que puedo (Ruiz Mantilla 2010: 29).

Y, sin embargo, yo creo que aporto toda la sinceridad que puedo.

Aunque no sería correcto lo contrario: colocar la primera coma (que no debe leerse), y suprimir la segunda (que corresponde realmente a la pausa); como en este ejemplo reciente, cuya segunda coma restauramos entre corchetes:

Pero, en nuestra infantilización[,] también nos hemos vuelto quejicas, seres despóticos y exigentes […] (Llamazares 2010: 33).

1.2. INFLUJO DEL CONTENIDO DEL INCISO

Sin embargo, y a pesar de los estilos de puntuación, hay algunos casos de incisos con puntuación obligatoria (interjecciones o similares), incluso reforzada con signos de exclamación (o de interrogación), lo que dificulta el mantener la palabra átona como tal e integrarla en el siguiente grupo fónico. Obsérvense estos ejemplos donde a la palabra átona sigue una interjección:

La excepción era la pequeña Bélica, país más bien reciente y, ay, sin colonias (Vargas-Llosa 2008B: 25).

Pongámonos en el lugar de quienes en la antigüedad, en un mundo más inocente que el nuestro, debían atravesar un bosque de noche y oían gritos y suspiros que quizá fueran debidos al viento que corría entre los árboles, pero que, ¡ay!, no parecían del todo naturales (Atxaga 2009: 5).

Todo lo contrario, [la película] se volatiliza. Hasta que oh sorpresa— unos meses después reaparece súbitamente en las cifras oficiales de taquilla (Payás 2010: 25).

Sin embargo, no son iguales todos los incisos en cuanto a su obligatoriedad de puntuación o en cuanto a soluciones de redacción; por ejemplo, no es igual un elemento explicativo del sintagma nominal (que perfectamente podría pasar sin puntuar, pues aparece así por enfatización) que una oración en inciso (que podría posponerse). Compárense estos dos ejemplos:

Ahora, sin embargo, parecía haber llegado el momento de la verdad para dos fantasmas del pasado a quienes aplastaría con saña, pues precisamente a ellos debía Stalin su ascenso al poder: si a la muerte de Lenin ellos no se hubieran aliado con el (así lo creían ellos) limitado y torpe Stalin, empeñados todos en cerrarle el acceso al poder a Liev Davidovich, la historia soviética tal vez hubiera sido diferente (Padura 2009: 149).

Por aquel casi que decreto estatal, mientras el mundo celebraba a bombo y platillo la (supuesta) llegada del tercer milenio y del siglo XXI, en la isla [de Cuba] se despidió el año y se saludó el recién llegado como uno más, apenas con los himnos y discursos políticos habituales (Padura 2009: 485).

Para evitar el riesgo de hacer tónico el artículo, hay soluciones diferentes; en el primer ejemplo, un cambio de orden, manteniendo los paréntesis; en el segundo, una simple supresión del paréntesis o sustitución por otros signos de enfatización (comillas, cursiva, puntos suspensivos…):

Si a la muerte de Lenin ellos no se hubieran aliado con el limitado y torpe (así lo creían ellos) Stalin…

Por aquel casi que decreto estatal, mientras el mundo celebraba a bombo y platillo la supuesta llegada del tercer milenio…

Por aquel casi que decreto estatal, mientras el mundo celebraba a bombo y platillo la “supuesta” llegada del tercer milenio…

Consideramos una solución enfática menos contundente que el paréntesis (por lo menos, por lo que a la pausa respecta, y en casos de artículo) el uso de comillas; como en este titular:

La “imposible” constitución del Parlamento palestino (Espinosa 2006: 25).

1.3. INFLUENCIA DEL CONTEXTO

También el contexto puede favorecer y a veces determinar la lectura como tónicas de las átonas. Nos referimos a dos circunstancias: que la palabra átona se encuentre flanqueada por signos de puntuación (un aislamiento peligroso para ciertos lectores); y que a la palabra átona siga inmediatamente otra átona en el inciso (lo que quizás no sea muy aconsejable). Vamos a verlos.

A) Átona entre dos signos de puntuación

Es de suponer que cuando la palabra átona se encuentra entre dos signos de puntuación (dos posibles pausas, en principio) hay una mayor tentación de interpretarla como tónica y hacer la pausa del segundo signo):

Pero hay que dar una respuesta al problema. Porque, de lo contrario, podríamos acostumbrarnos todos a ser usuarios de los ajeno; en otras palabras, ladrones, y no sólo de lo virtual (San Sebastián 2009: 22).

Y ahí terminaba la historia. O, al menos, ése era el final elegido por Carmen (Simón y Calle 2007: 243).

Los funcionarios no pueden decir que se ha evitado una recesión global; que “comprometieron” a los bancos; que —con excepción de Lehman Brothers y Bear Stearns— forzaron a los actores especulativos nefastos a la quiebra, o que el Gobierno ganó dinero con el trato (Breadford 2010: 13).

La situación del BCE [Banco Común Europeo] es mucho mejor, ya que la estructura del sistema es tal que los rescates bancarios no los llevó a cabo el BCE, sino los bancos centrales nacionales —y, por tanto, el BCE y la independencia de su política monetaria no han sufrido este ataque político— (Ubide 2009: 21).

De hecho, S&P reconoce expresamente en sus análisis sobre Grecia y Portugal que estos países se han beneficiado de su pertenencia al euro para obtener la máxima calificación de su deuda —la AAA— que, de no haber formado parte del euro, no hubieran alcanzado nunca (González 2009: 24).

Riberra i Ferran era absolutamente fiel a sus propios principios (al rigor, a la exigencia, al respeto, a la educación del carácter, a la presuposición de la excelencia) y, por lo tanto, trató de esquivar los condicionamientos de la época (Carrión 2009: 57).

B) Presencia de otras átonas en el inciso

Se trata de una circunstancia más comprometedora. Se pueden dar ciertas acumulaciones de átonas que dificultan u obligan a leer alguna o algunas como tónicas, aunque este tipo de construcciones no parece muy recomendable. Hay, al menos, cuatro casos: con átona al inicio del inciso (además de la átona previa), con átona al final del inciso, con átona tanto al principio como al final del inciso y átonas todo el inciso. Veámoslos.

B.1) Átona también al inicio del inciso

Bien escrita y bien interpretada, es una película muy fácil de ver que, y ése es su mayor mérito, invita a la reflexión, porque lo que cuenta es universal y extrapolable a cualquier país del mal llamado primer mundo (Luchini 2010: 8).

Nuestra maquinaria social funciona con y alienta— el combustible del “y yo más que tú” (Ovejero 2007: 15).

Hay dos maneras de acercarse a una obra de Pina Bausch (Solingen, 1940): como fiel público admirador, predispuesto a la emoción, o (y no por el contrario) al encuentro del espectáculo en sí (Salas 2008: 44).

Me atrevería a decir que vienen en su (y nuestra) ayuda, y que hay un hilo conductor que los enlaza (Siles 2009: 19).

B.2) Átona también al final del inciso

Mientras las vemos venir, vamos a servirnos del cigarrillo para comentar algunos de los aspectos físicos asociados con el (vicio de) fumar (Moreno 2006: 9).

B.3) Átona también al inicio y al final del inciso

Sin embargo, el presente viene mordiendo la yugular, y los hospitales rebosan de heridos, hasta el punto de que el ministro de Sanidad va a (o dice que va a) obligar a los hospitales privados y carísimos, que aquí rebosan y resultan inaccesibles, a atender al pueblo soberano (Torres 2006: 4).

El nivel de mala leche cotidiana puede convivir perfectamente con (hasta puede ser incrementado por) el uso de los últimos adelantos del espionaje universal o del armamento global (Torres 2007: 10).

Como si la libertad de prensa, en vez de (o, precisamente, por) ser la garante de todas las demás libertades, fuera una peste a la que hay que poner coto, el mundo parece haberla declarado en cuarentena (Castelló 2006: 15).

La identificación de (o con) Alonso, Raúl, Nadal, Pedrosa o una camiseta es máxima (Iturriaga 2005: 56).

La mayoría de las interpretaciones apuntan en la dirección de un “viraje al centro político” para favorecer las aspiraciones del (o la) sucesor(a) de Aznar (Vallespín 2002: 14).

B.4) Todo el inciso: Son casos en que resulta quizás imposible realizarlos como átonas.

Incluso el título es acusador e incriminatorio: Cerca de tus (mis) ojos (Rodríguez Marchante 2009: 42).

Finalizada esta introducción, lo que viene a continuación son una serie de apartados con ejemplos de puntuación (comas, rayas y paréntesis) en casos de átonas: artículos, posesivos, conjunciones, preposiciones y relativas. Los ejemplos suelen ser de la prensa del presente siglo; en todo caso, importa que sean posteriores a 1999 y, mejor, a 2005, fechas claves por la publicación de las reglas de la Ortografía de la lengua española y del Diccionario panhispánico de dudas, respectivamente.

1.4) PUNTUACIÓN DESPUÉS DE ARTÍCULO

Nos referimos, por tanto, a las formas el, los, la, las y lo, incluyendo los formas contractas al y del.

A) COMAS

Ahora quería incluir en el libro la, al parecer, última carta que Bujarin había escrito al Sepulturero, mientras esperaba el veredicto a su apelación (Padura 2009: 452).

Basta con leer los informes que publican las grandes casas de análisis financiero para percatarse de que, en mayor o menor medida, todas consideran la renta variable como la, en principio, mejor opción de inversión ante 2010 (Oregui 2010: 20).

Busca lo que él entiende como una mujer perfecta, pero con el resultado trágico del, no sé como llamarlo, “suicidio” de ambos (Calvo Serraller 2006: 12).

Informado el mensajero de la tardanza del, todavía, duque consorte de Lugo, decidió esperarle (Peñafiel 2009: 16).

B) RAYA

Los miembros del Alakrana aseguraron al juez Pedraz que lainexistente— niña del Ariana sufrió la violación de un pirata de 14 años (Socías 2009: 4).

Para escribir mi propia versión [de Las mil y una noches] he consultado distintas traducciones, pero, sobre todo, la —excelente— de M. Dolores Cinca y Margarita Castells, publicada por Ediciones Destino, el año 2006 (Vargas Llosa 2008: 37).

Y así, por ejemplo, se autoriza que se cometan daños importantes en la propiedad ajena […] porque es la única manera de evitar que la nave se estrelle y perezcan los pasajeros y los tripulantes en el —en otro caso— inevitable accidente que se produciría, ya que, naturalmente, las vidas de los ocupantes tienen un valor muy superior a los daños que se han causado en el patrimonio ajeno (Gimbernat 2009: 19).

Obama, en cambio, sería el débil, el blando, el indeciso, el —horror de horrores— intelectual, alguien a quien sería riesgoso y suicida confiar la primera magistratura en caso de un conflicto bélico (Vargas Llosa 2008C: 35).

No estoy diciendo que el presidente de la patronal, y aciago patrono de la estrellada compañía aérea, sea un cínico chorizo vestido de tiros largos como el —por otra parte— divertidísimo marqués de Leguineche que interpretaba Luis Escobar (Torres 2009: 60)

C) PARÉNTESIS

Porque debería saber que hay nombres de los (mal) llamados “de pila” que son ambiguos a más no poder (Ortiz 2007: 2).

Ya han quedado adjudicados los Campus de Excelencia de la Universidad española. Se puede decir que sin grandes sorpresas, ya que hay lo que hay y era muy difícil pensar que las (comparativamente) poderosas universidades de Madrid y Barcelona no se llevaran la parte del león (Silva 2009: 2).

Debe ser cosa del (comprensible) pánico que atenaza a la industria de la música (Manrique (2006: 36).

Italia vive harta de la (mala) política (titular de Mora 2008: 6).

Por último, leo en la (estupenda) Vida de André Breton, de Mark Polizzotti (coeditado por Turner y el Fondo de Cultura Económica), que el Papa del surrealismo trabajó durante un corto periodo (1920) como secretario eventual de Marcel Proust (Rodríguez Rivero 2009B: 16).

D) SIN PUNTUACIÓN

Mientras estudiaba la lista de “los libros del año” publicada por Babelia (y en la que me llama la atención alguna ausencia), he recordado esa réplica de la bien asesorada (al fin y al cabo cobra 300.000 euros al año; repito 300.000) “princesa del pueblo” al periodista “amigo del Rey (Rodríguez Rivero 2010: 16).

Recordaba con dolor la impresión de haber sido engañado que le produjo la lectura del nada secreto informe de Jruschov al XX Congreso del Partido y la desazón que lo embargó desde ese instante: ¿qué sería de su vida cuando saliera de la cárcel? (Padura 2009: 528).

Bien escrita y bien interpretada, es una película muy fácil de ver que, y ése es su mayor mérito, invita a la reflexión, porque lo que cuenta es universal y extrapolable a cualquier país del mal llamado primer mundo (Luchini 2010: 8).

1.5) PUNTUACIÓN DESPUÉS DE ADJETIVOS POSESIVOS

Se trata de las formas mi, mis; tu, tus; su, sus; nuestro, nuestros; vuestro, vuestros; aunque hay formas tónicas, que no nos interesan: mío, tuyo, etc. No son muchos los ejemplos que hemos encontrado.

A) CON COMAS

El vallisoletano Francisco Orejudo, de 64 años, expuso la situación oscura que alcanzaba a ver desde su, para los de entonces, larga edad (Rojo Vega 2005: 23).

B) CON RAYAS (no hemos localizado ejemplos)

C) CON PARÉNTESIS

Mi (nueva) vida sin Marta (titular de Verbeke 2006: 59).

Y ahora una pregunta inocente a mis (improbables) lectores: ¿no han notado nada raro? (Rodríguez Rivero 2010: 16).

Entonces se juzgará su prestigio político y su (por ahora escasa) condición de candidato para el futuro (Jiménez Barca 2009: 3).

Claudio Magris tiene en su (espléndido) libro Utopía y desencanto (Anagrama) un pequeño ensayo sobre lo que él llama, en este tiempo, “la era de lo facultativo” […] (Cruz 2010: 19).

D) SIN PUNTUAR

Inútil recurrir al recuerdo de María, a la imaginación de su ya inminente reunión con ella (Conde 1996: 119).

1.6) PUNTUACIÓN DESPUÉS DE CONJUNCIÓN

Aquí podríamos incluir gran cantidad de ejemplos, pues no sólo tenemos las conjunciones coordinantes (y, e, ni, o, u, pero, mas, sino, etc.), sino también las subordinantes, que son muchas más: completivas (que, si), causales (porque, etc.), condicionales (si, etc.), temporales (cuando, etc.), entre otras muchas, además de las innumerables locuciones conjuntivas.

A) COMA

Y lo peor es que, en la mayoría de los casos, [algunos periódicos] subsisten a base de subvenciones públicas (San Sebastián 2009: 22).

Parece magia y, la verdad, no sé si todo esto está demostrado adecuadamente (Montero 2009: 128).

Es, pues, de suma importancia buscar y encontrar una argumentación que sirva no sólo para justificar sino, más aún, para impulsar la actuación de las empresas en los terrenos imprecisos de la sociedad civil (Garralda 2009: 23).

Me preocupaba saber si, llegado el momento del jaque mate, Jacques Mornard no va a flaquear (Padura 2009: 229).

B) RAYA

En algunos casos [estos films sobre ETA no han contentado a casi nadie], porque han pasado completamente desapercibidos, convirtiéndose en un fracaso absoluto de taquilla; en otros porque —aun teniendo éxito entre el público, precisamente por su carácter controvertido— han sido objeto de interminables polémicas, más ideológicas que cinematográficas (Pablo 2008: 29).

Los quioscos de las Ramblas son lugares prodigiosos y en sus librerías pueden localizarse la New York review of books, el Times Literary suplement o —máximo deleite estético— The believer (Manrique 2008: 34).

La crisis publicitaria va para largo, así que —a la espera de un 2010 más prolífico— hará falta buena dosis de buen humor para levantar la moral de la tropa, o sea, del consumidor (González-Andrío 2009: 19).

La ciencia literaria ya no es un castillo roquero sino —siguiendo a la metáfora de Henry James sobre la ficción— una complicada casa de pisos de propiedad horizontal, donde sobrevive alguno de renta antigua, los hay interiores y más ventilados, pasillos que los unen, ventanas a la calle y lugares de encuentro (Mainer 2010: 14).

D) PARÉNTESIS

Da cuenta [esta exposición] de la totalidad de esa mínima multitud de poetas que culebreó entre la risa y la pluralidad, entre la República y (más tarde) el exilio, entre lo popular y el paño sofisticado de la gran literatura (Lucas 2009: 45).

Como la ciencia, la estética tiene que ver con el conocimiento, pero (a diferencia de lo que sugieren determinados postulados) no se trata de un conocimiento inferior, sino que procede de algo “análogo a la razón” y produce el “conocimiento sensible” (Todorov 2009: 17-18).

Por el contrario, el discurso del sabio, que aspira a una verdad correspondiente y se presenta como una afirmación, puede ser inmediatamente sometido a la verificación, y quedará refutado o (provisionalmente) confirmado (Todorov 2009: 86).

Miraba sin cesar la puerta de la cocina, como si se dispusiera a huir en cualquier momento o (mucho más probable) deseando que apareciese su esposo para rescatarla del naufragio, de aquel horrible desastre (Simón y Calle 2007: 69-70).

Y aunque Mal día para pescar no es exactamente su heredera [de la película Whisky], porque (aunque aquella se apoyaba en una producción con España y Francia) es una película española de un cineasta uruguayo afincado en nuestro país, sí recupera algunos modos y algunas esencias de lo que Whisky detonó (de Pedro 2009: 43).

1.7) PUNTUACIÓN DESPUÉS DE PREPOSICIÓN

Aquí tendremos en cuenta las tradicionales: a, ante, bajo, con, contra, de, desde, en, entre, hacia, hasta, para, por, sin, sobre, tras (no consideramos según, por ser tónica); sin olvidar las locuciones preposicionales.

A) COMA

El exiliado se preguntaría después cómo había podido ser tan iluso de, por momentos, haberse sentido casi tranquilo, incluso de haberse convencido de que a los fiscales les sería imposible presentar pruebas que sustentaran aquellas acusaciones (Padura 2009: 161).

El suyo fue un deseo tan persistente, tan bien diseñado, que he llegado a pensar si en realidad Iván había estudiado periodismo con la única esperanza de, algún día, poder viajar (a Italia) en aquellos tiempos en que casi nadie viajaba y nadie lo hacía si no era en misión oficial (Padura 2009: 558).

Estos nuevos registros generan largas colas en el embarque y retrasos de, como mínimo, una hora en la salida prevista de los vuelos (Alandete 2010: 4).

Angelina es un divertimento delicioso y tronchante, una parodia de los melodramas del diecinueve, en la gloriosa línea de lo que Muñoz Seca hizo con el drama romántico en, por supuesto, La venganza de don Mendo […] (Ordóñez 2010: 22).

Aunque el fondo y la epidermis (esa música, esos primeros planos aliñados con generales, esos volantazos maniaco-depresivos…) nos trasladen a, sí, un telefilme de sobremesa, el buen oficio del autor de “El diario de Noa” logra alzar tal “marrón” por encima de la media y la medianía (Cortijo 2010: 76).

B) RAYA

Hasta la comunidad coreana de Los Ángeles la tomó con él, cuando le acusó de —por la letra de Black Corea— incitar a los disturbios que sucedieron en la ciudad en 1992 (Sancho 2006: 43).

Hace diez años, el gigante norteamericano (propietario de marcas como Gillette, Ariel o Duracell) decidió convertir en oportunidad dos serias amenazas: por un lado, el que las innovaciones relevantes partieran, cada vez más, de pequeñas y medianas empresas; por otro, la existencia, por cada miembro de su área de I+D, de —al menos— 200 investigadores tan capacitados o más en cualquier lugar del mundo (Zabala Martínez 2009: 25).

De la mano de los creadores de—agárrense— Nip/Tuck llega una serie [de televisión] con vocación de musical (y cuyos temas se cuelan, semana sí, semana también, entre los más comprados en iTunes) sobre una escuela muy particular (García 2009: 52).

C) PARÉNTESIS

Ese es el secreto de (por ejemplo) ¿Quién quiere ser millonario? y otros programas de menos enganche que han logrado el cariño popular (Rodríguez 2006: 65).

Alberto Manguel seleccionó con (buen) criterio textos literarios de muy distinto origen (desde los Evangelios y la Gnosis a escritos de los hermanos Grimm Renan, Papini o Auden) acerca de la infancia de Aquel al que la tradición hace (re)nacer cada 25 de diciembre (Rodríguez Rivero 2009: 15).

El medievalista Michel Pastoreau, uno de los ensayistas más leídos en Francia, ha arremetido recientemente contra la Bauhaus […], pero, a mí ese racionalismo todavía humanizado me sigue conmoviendo, porque quiso ofrecer soluciones a las necesidades de la gente y no como el racionalismo pleno, que vendría después a exaltar la genialidad de los autores de casas carísimas e inhabitables, las máquinas para (mal) vivir de Le Corbusier, por ejemplo (Juarista 2010: 12).

Navidades con (toda) la familia (V.H. 2009: 8).

Reporteros con (muy exactas) fronteras (Serna 2006: 20).

1.8) PUNTUACIÓN DESPUÉS DE LOS RELATIVOS

Se trata de los átonos, que (admite artículo: el que, los que, etc.); cual (también con artículo el cual, lo cual, etc.), quien, quienes, cuyo, cuanto, etc.

A) COMA

Ramón se volvió y miró a Tom, que, con la cabeza baja, volvía a fumar (Padura 2009: 274).

El guión es uno de los más insustanciales y planos que uno recuerda, estirando hasta el infinito una única anécdota que, para colmo, no tiene ni un ápice de original (una madre pierde a su hijo durante una travesía en ferry y le busca incansablemente a lo largo y ancho de la isla de Hierro), pero la puesta en escena es absolutamente envolvente […] (Luchini 2010B 9).

De este modo empezaron a verse (lo que, a decir verdad, ocurría muy de cuando en cuando), en lugares mucho más discretos, donde podían apurar cada beso sin el temor de ser interrumpidos (Simón y Calle 2007: 48).

Para quienes, en referencia a Internet, se aferran a la metáfora de que no hay quien le ponga puertas al campo, constato que el campo está lleno de puertas (San Sebastián 2009: 2).

B) RAYA

El 10 por ciento de los más de 100.000 aficionados que el pasado mes de julio asistieron a los dos conciertos de Blur en el Hyde Park londinense compró el doble álbum que —de forma casi inmediata, a modo de recuerdo y un precio de quince libras— fue lanzado para inmortalizar la reunión de los autores de Parklife (Lillo 2009: 46).

La industria farmacéutica lleva años detrás del producto que consiga aumentar el lípido benigno y que —consecuentemente— alivie la carga de gastos, sufrimiento y muerte que conlleva la primera patología del planeta [el colesterol] (Serna 2009: S3).

Aquella cumbre [la de Río] fue el inicio de un viaje que llega estos días a la “estación” de Copenhague, donde se celebra la XV Conferencia Internacional sobre Cambio Climático, que —teóricamente— fijará futuros objetivos para reemplazar los del Protocolo de Kioto (Barroso 2009: 8).

Las explicaciones, plausibles a la luz del día, debía de perder allí, en la espesura, entre las sombras, casi toda su solidez, más aún si flotaba en el ambiente el recuerdo de un crimen que —¡horror!— había ocurrido justo en aquellos parajes (Atxaga 2009: 5).

Sus opiniones sobre el arte ruso son el preámbulo de su interés por Rodin, para quien —como para Rilke en el momento en que, llevado por su propia necesidad de creación, se le aproxima— “todos los conceptos convencionales de la escultura habían perdido su valor” (Siles 2009: 19).

C) PARÉNTESIS

Nadie tuvo tiempo de decirle que su misterioso visitante era Maurice Chevalier, al que (confidencialmente) habían asegurado que el único teatro al que merecía la pena ir esa noche era aquel en el que actuara La Moragas, pese a tratarse de una representación infantil (Simón y Calle 2007: 228).

Mientras el delito, propiamente, nos reúne a todos y para establecerlo hace falta tener algo más que un caramillo de fe, que (con mis respetos) resulta a estas alturas un poder algo pedáneo (Lucas 2009B: 2).

Acaso lo más sorprendente de estos años haya sido la evolución del presidente Alan García hacia una filosofía liberal y moderada que (en buena hora para el país) defiende y aplica contra viento y marea, incluso contra buen número de sus propios compañeros de partido que siguen anclados en el pasado, sin importarle la impopularidad (Vargas Llosa 2009: 27).

D) SIN PUNTUAR

La conversación con Daniel y los efectos inmediatos que generó me servirían para desempolvar y revisar lo que hasta ese momento había escrito (Padura 2009: 408).

1.9) PUNTUACIÓN INCORRECTA TRAS ÁTONAS

Por deseo del énfasis o por costumbre, algunos pueden poner, automáticamente, coma después de átonas, aunque no venga a continuación un inciso ni haya regla ortográfica que lo justifique. Unos ejemplos recientes, donde marcamos la coma incorrecta anteponiéndola un asterisco:

“Evite entrar al trapo” y*, sea previsor (Silveyra 2009: 81).

Es que yo llevo estudiando a estos mismos ejemplares desde hace años… y*, que usted haya cogido esa confianza con ellos en el poco tiempo que he estado fuera*, me resulta muy difícil de creer (Iniesta 2009: 276).

El tema no era fácil. Hubiera exigido la abdicación del soberano y una crisis institucional. Pero*, la buena voluntad de todos, sobre todo del Gobierno, solucionó el problema (Peñafiel 2009: 16).

Pero*, a lo que iba. No cabe la gente en Torrejón. Ni en Vic. ¿Y en las afueras? (Cruz 2010B: 21).

María, mi pareja, se encuentra a las 12 de la noche allí. Así que*, quien estuviera allí entre las nueve menos veinte y las doce, pues haría lo que fuera (Quintero 2009: 11).

El lugar, que por fuera podría ser un taller mecánico o un almacén de productos chinos, por dentro tiene algo de negocio costurero: cabezas de goma espuma en busca de cuerpo, manos de escayola a las que no acompañan los pertinentes brazos, vestuario que parece sacado de un baúl de disfraces de Mortadelo… ¡Si*, hasta el propio Mortadelo observa todo desde una esquina! (Varela 2010: 22).

Este problema se crea también en la frontera de interrogación y exclamación. La regla del Diccionario panhispánico (2005: 48) apunta:

No se escribe coma detrás de pero cuando precede a una oración interrogativa o exclamativa: Pero ¿dónde vas a estas horas? Pero ¡qué barbaridad!

La regla no explica el motivo de tal prohibición; imaginamos que sea por tratarse de una palabra átona, y puntuarla podría motivar su lectura como tónica. Lo que nos da pie para pensar que, en similares circunstancias, tal regla es aplicable a otras conjunciones (y no sólo a pero); como vemos en estos ejemplos

Los correos recibidos [por la sección “Cartas al Director”] plantean, en síntesis, dos grandes cuestiones: ¿Existe censura o criterios ocultos en la selección de los correos? Y *, ¿son los lectores de EL PAÍS tan de derechas y extremistas como indica el tono de muchos de los comentarios que se publican? (Pérez Oliva 2009: 33).

Casó con Felipe el Hermoso y sufrió por él un amor cuajado de obsesión o*, ¿quizá fuese una obsesión cuajada de amor? (Arteaga 2009: 14).

Piense sólo en lo positivo y*, ¡lo negativo desaparecerá! (Silveyra 2009: 81).

En todos estos casos, la coma no tiene justificación y favorece (o refleja) una lectura enfática que no puede indicarse con este signo (contra las reglas); y que, en tal caso, podría sustituirse por puntos suspensivos (aunque no sea exactamente lo mismo).

De todas formas, los puntos suspensivos tienen dos posibilidades: que precedan a la palabra átona o que la sigan, lo cual no es indiferente. Así, los puntos suspensivos previos son más adecuados para no caer en la tentación de hacer tónica a la átona; y se interpretarían alargando la palabra previa a la átona y haciendo una pausa. Por ejemplo:

Jean Sarkozy: vida, obra… y “scooter” (título de Amón 2009: 37)

Contracción económica… y gramatical (titular de Navas 2010: 35).

Ágil, eficaz… y muy embrollado (título de Llaneza 2010:37).

“Tipos”… de otro tipo (título de Altés Melgar 2009: 2).

El César de Honor será… para Ford (título de R. G. 2010: 42)

Los puntos suspensivos pospuestos a la átona parecen más arriesgados para caer en su lectura como tónica. Es otra forma de crear cierta expectación, prolongando la duración de la palabra átona y haciendo pausa:

Al releer el libro de Samuel Huntington El choque de civilizaciones y reconfiguración del orden mundial, publicado por primera vez en 1996, recuerdo que él imaginaba una guerra entre China y Estados Unidos que iba a producirse en… 2010 (Garton Ash 2010: 22).

“Almuerzo con… Carlos Sainz” (título de sección de entrevistas; Puigdemont 2010: 48).

Pues ahí lo tienen: una crisis económica que nos devuelve a épocas pasadas, una crisis de confianza política que nos sumerge en la incertidumbre sobre el futuro y… un feliz y próspero año que nos espera (Juliá 2010: 20).

 

2. PUNTUACIÓN SIN PAUSA: LOS VOCATIVOS

En el caso de los vocativos es obligatoria la coma, como indican la Ortografía y el Diccionario panhispánico (2005: 145):

Se aíslan entre comas los sustantivos que funcionan como vocativos, esto es, que sirven para llamar o nombrar al interlocutor: Javier, no quiero que salgas tan tarde; Has de saber, muchacho, que tu padre era un gran amigo mío; Venid aquí inmediatamente, niños.

Los descuidos de esta regla son frecuentes, y se producen también al otro lado del Atlántico, como señala Moya (2009: 25; 54-55). Aquí clasificaremos los ejemplos en tres apartados: si el sustantivo está al lado de una palabra átona, junto a tónica y casos de adverbios. Además, en los ejemplos restituimos la coma entre corchetes.

A) Los vocativos precedidos de palabras átonas es más natural que se integren en un único grupo fónico (hacer pausa provocaría hacer tónica la átona), lo que parece ser el motivo de suprimir la coma. Ejemplos:

Alguien dijo: Pero[,] Pepe, ¿si tú mandaras en Génova qué harías? (Madero 2009: 12).

¿Quiere usted decir que vendrán otra vez a por mí? Pero[,] amigo Federico, yo estoy en Francia, aquí no vendrán (Vilas 2010: 21).

«¡Pero[,] Konrad, si soy Karl…!», le espetó Popper a su interlocutor en plena conversación […] (Becerra 2009: 8).

B) Ejemplos en que precede o sigue al vocativo una palabra tónica: En estos casos, la ausencia de pausa provoca que el redactor no escriba coma:

Hombre…[,] yo dudo mucho de que esto haya surgido de la noche a la mañana (Iniesta 2009: 47).

Que le aproveche[,] señor Rajoy (Madero 2009: 12).

¡Quieto[,] Mariano! (Madero 2009: 12).

Adiós[,] piratas (título de artículo de Galán 2009: 3).

Exposición: Belenes del mundo en Santa Clara. A Belén[,] pastores, a Belén[,] chiquillos (y no tanto) (titular de DP: 2009: 56).

[…] Ya sabíamos, de la mano de Chomsky, que nacemos —¡gracias[,] amiga evolución, que nos has regalado semejante don!— con algo así como un doctorado innato en lingüística, pero ¿quién podía sospechar, por ejemplo, que el cerebro evaluase las palabras por su coherencia semántica con pasajes musicales? (Sánchez Ron 2010: 14).

C) Los casos de vocativos con adverbio de negación o afirmación se mencionan en una regla de puntuación: “Cuando los enunciados son muy breves, se escribe igualmente coma, aunque esta no refleje pausa alguna en la lectura: No, señor; Sí, señor (Real Academia 2005: 145). Algunos ejemplos:

Me parece estupendo, sí[,] señor (Macho 2010: 3).

¡Eso es seguridad en una misma, sí[,] señora! (Gil 2010: 12).

No[,] tío, no eres Dios aunque estés en todas partes, bueno, tío, en casi todas […]. Sí[,] abuelo Elvis, estás más vivo que nunca, estás en las enciclopedias, en las teles, hasta en youtube (Fuente 2010: 58-59).

P: ¿[Es Vd.] espectador deformado?

R. Bueno, sí[,] hombre, debo estarlo inevitablemente, pero entro al trapo de las historias que me cuentan (Ruiz Mantilla 2010: 29).

 

3. PAUSA SIN PUNTUACIÓN: SUJETO Y PREDICADO

A lo largo de una frase hay lugares que permiten o exigen una pausa, aunque no se encuentren puntuados. Así, y dependiendo de la extensión del sujeto, se suele hacer una pausa más o menos marcada, antes de pasar al predicado. Ya la Ortografía de la lengua española (Real Academia 1999: 63) recogía la norma que prohibía su puntuación, y lo mismo hace el Diccionario panhispánico de dudas (Real Academia 2005, p. 148): “Es incorrecto escribir coma entre el sujeto y el verbo de una oración”. Hay dos excepciones: si termina con “etc.”, y si le sigue un inciso; por ejemplo:

El novio, los parientes, los invitados, etc., esperaban ya la llegada de la novia.

Mi hermano, como tú sabes, es un magnífico deportista.

Sin embargo, los ejemplos de infracciones no escasean, incluso en Hispanoamérica, como recoge en su trabajo Misael Moya (2009: 56).

A pesar de la contundencia de la prohibición de puntuar, vamos a hacer una clasificación de tipos de sujeto en los que la tentación de puntuar pudiera parecer más fuerte: sujetos enumerados, sujetos con subordinada adjetiva, proposiciones de relativo como sujeto, sujetos con inciso y, como casos más visibles, sujetos de extensión corta. Marcaremos la coma incorrecta anteponiéndole un asterisco.

3.1. SUJETO ENUMERADO O MÚLTIPLE

En la normativa se prohíbe coma, “incluso cuando el sujeto está compuesto de varios elementos separados por comas” (Real Academia 2005: 148); o de otra forma: “cuando los elementos de la enumeración constituyen el sujeto de la oración […] y van antepuestos al verbo” (Real Academia 1999: 58): El perro, el gato y el ratón son animales mamíferos. Veamos algunos ejemplos que no respetan la regla:

La impotencia, el tedio, los dolores en las articulaciones, las difíciles digestiones de comidas enlatadas*, llevaron a Liev Davidovich al borde de la desesperación (Padura 2009: 36).

Sus dichos y fórmulas, sus juicios y prejuicios*, diseñan el “nivel retórico” de la novela (Vargas Llosa 2004: 38).

Aquí el alcalde soy yo”, “aquí el que manda soy yo”, “cuando yo vuelva, todo será como antes”*, son frases que le atribuyen a Cano numerosos vecinos (Balaguer 2010: 9).

Los años de confinamiento en la cárcel, temiendo cada día por su vida, no habían sido el peor trance: las sospechas, primero, y las evidencias, después, de que había sido una marioneta en un plan turbio y mezquino*, le habían robado el sueño más noches que el temor a la cuchillada de otro preso (Padura 2009: 528).

Hablar sobre rumores y torear de salón opinando de la renovada propuesta del Ministerio de Cultura sobre la Comisión de Propiedad Intelectual y sus cierres de webs*, es como ser la protagonista de una novela de Dam Brown e ir buscando los símbolos en plan augur milenarista (Llaneza 2010: 37).

Sólo Arelí y quienes como ella no están dispuestos a que México, su país, siga siendo un testigo mudo del horror*, se han propuesto que las organizaciones de derechos humanos y la prensa conviertan en visible lo que hasta ahora no lo ha sido (Ordaz 2010: 49).

3.2. SUJETO CON COMPLEMENTOS

El sujeto de una oración puede adquirir cierta complejidad y extensión por la presencia de complementos; por ejemplo, proposiciones de relativo o sintagmas preposicionales, etc. La regla propone un ejemplo de este tipo:

Cuando el sujeto es largo, suele hacerse oralmente una pausa antes del comienzo el predicado, pero esta pausa no debe marcarse gráficamente mediante coma: Los alumnos que no hayan entregado el trabajo antes de la fecha fijada por el profesor // suspenderán la asignatura (Real Academia 2005: 148).

Unos ejemplos actuales que no respetan la regla:

Un hombre que se pasa el día dando doctrina acerca de cómo corregir un país de mas de 40 millones de habitantes*, debería ser capaz, pensaba uno, de arreglar una emergencia provocada por él y que apenas afectaba a 1.000 familias (Millás 2009: 56).

Los residuos del orgullo al que, a pesar de las dudas y las marginaciones, se había aferrado con las uñas*, se iban evaporando con el calor de unas verdades demasiado cínicas (Padura 2009: 528).

Algunas de las personas que, además de admirarlo, lo quisieron*, me comentaron que el señor Ribera que conocí (que he conocido) no era más que la sombra del señor Ribera del siglo pasado (su siglo) (Carrión 2009: 57).

Liev Davidovich siempre había pensado que las vidas de uno, diez, cien, de mil hombres*, pueden y hasta deben ser devoradas si el torbellino social así lo reclama para alcanzar sus fines transformadores (Padura 2009: 58).

La lucha revolucionaria, intuitiva y desordenada que había desplegado contra la oligarquía, la burguesía, el fascismo y los traidores*, se concretó con nueva coherencia y fundamentos en la necesidad histórica de la lucha del proletariado por materializar la utopía de la igualdad y en la misión del Partido de dirigir esa gran contienda (Padura 2009: 214).

3.3. PROPOSICIÓN DE RELATIVO

No es difícil localizar puntuados ejemplos donde el sujeto es una proposición de relativo (quien, el que, que…):

Quien lo haga*, no volverá a ver su dinero (Pérez-Lanzac 2009: 12).

Quien no asume esa pauta *, queda excluido de la comunidad nacional (Cuartango 2009: 2).

Invirtamos la frase de Cela y tendremos la razón siempre: “En el fútbol, el que gana*, resiste”. ¿O no? (Armas Marcelo 2009: 66).

Dicen en Oviedo que “quien va a Santiago y no al Salvador, * visita al criado y no al Señor” (Nadal 2009: 7).

Lo que hasta unos meses antes había estado claro para él,* se había convertido en una nebulosa oscura y llena de vericuetos (Padura 2009: 123).

En el libro Refranes de nuestra vida, de Pancracio Celdrán (2009), hemos encontrado varios que, quizás por coincidir con la división de verso, se han puntuado (aunque no siempre) contra toda regla; unos ejemplos:

El que hace un cesto*, hace ciento (Celdrán 2009: 163).

El que ríe el último*, ríe mejor (Celdrán 2009: 166).

Lo que no es de Cristo,* es del Fisco (Celdrán 2009: 243)

Quien dijo años*, dijo desengaños (Celdrán 2009: 367).

Quien no ha visto Granada*, no ha visto nada (Celdrán 2009: 373).

3.4. SUJETO SEGUIDO DE INCISO

Si el sujeto tiene inmediatamente después un inciso con paréntesis o rayas (motivo contextual), el redactor se puede despistar y poner coma después del paréntesis o raya de cierre:

Recuerden que Tsahal —el Ejército de Defensa de Israel—*, nunca ha sido el primero en atacar, pero sí el más presto en defenderse (Bensadón 2010: 14).

A lo largo de 80 minutos, Albert (periodista, nacido en el exilio familiar en 1962)*, narra cómo su padre fue obligado a marchar del país por su militancia antifranquista a finales de los 50 (Jiménez 2009: 24).

Lo que dice Corbacho, Celestino, tiene el mismo rigor que lo que, en el escenario, dice José; pero el primero —¡el Señor nos asista! —*, tiene firma en el BOE (Martín Ferrand 2010B: 12).

Era también un hombre que trató de curarse su adicción al alcohol y un vecino asiduo de los clubes de alterne, hasta el punto de que las diligencias instruidas —que entran en su vida privada—*, detallan cómo su mujer sospechaba de sus andanzas e incluso pidió a otra concejal que la acompañara para sacar a su marido del club Mesalina (Balaguer 2010: 8).

La fiesta de San Antonio Abad —popularmente San Antón—*, era muy celebrada en todos los lugares de esta provincia como protector de los animales, quizá la primera festividad rural comunitaria después de las Navidades (Ruiz Ortega 2010: 18).

3.5. SUJETO DE ESCASA EXTENSIÓN O COMPLEJIDAD

Finalizamos con casos actuales en que el sujeto no tiene especial extensión ni complejidad, aunque, por descuido o cierto deseo de énfasis, aparece puntuado. Se trata de los casos que más saltan a la vista. Algunos ejemplos:

Hoy toca una tartaleta de verduras y jamón —“yo*, paso”, dice—, un poco de cuscús —“le echaría tabasco, pero no”—, un trocito de queso holandés, melocotones y plátanos (Puigdemont 2010: 48).

Establece [el ecologista James Hansen] una analogía para su escepticismo: sería como si Lincoln en su lucha contra la esclavitud o Churchill en su enfrentamiento contra el nazismo hubiesen negociado porcentajes: sí, de acuerdo, admitimos bajar un 40% de esclavitud y de nazismo; que el resto*, siga (Mellado 2009: 15).

Y lo más triste*, es que esa fase ya no vuelve (Villa 2010: 11).

Y la autonomía del paciente*, ha de relacionarse con tratamientos relativos a la salud, que es de lo que la Ley trata, pero dejando a un lado el riesgo inminente de perder la vida o el peligro cierto de muerte inmediata. (Oliva Santos 2009: 3).

A las siete de la mañana, el ministro británico Ed Miliband*, frenó en el último segundo, a base de dar golpes en la mesa para llamar la atención del presidente, que el texto quedara incluido como una simple propuesta, lo que habría impedido aplicar los fondos de ayuda a los países en desarrollo (Méndez 2009: 39).

En 2000, el ahora Pontífice Benedicto XVI*, fue el encargado de devolver los libros a Granada a través de su arzobispo, Antonio Cañizares, que acudió al Vaticano para recibirlos (EFE/Granada 2010: 33).

 

4. UN CASO SIN PAUSA Y ¿SIN COMA?: ASÍ PUES

A la locución adverbial así pues, Santos Río (2003: 206) le asigna dos valores: consecutivo y continuativo. En relación con el primer valor, advierte:

Parece proceder de la amalgama “redundante” de dos adverbios causales (consecutivos, desde la perspectiva de lo que marcan) tónicos, así y pues, pero no es interpretable analíticamente, por lo que la grafía corriente “así, pues” (Él aún no había nacido; así, pues, él no pudo ser) […] es menos natural, sincrónicamente hablando, que la que no incorpora coma entre los dos elementos de la locución (Así pues, lo más probable es que no haya vuelto).

El problema es que, aunque no se haga pausa, debería haber coma según algunos ortógrafos. Sin embargo, el mencionado autor cita un caso “inusual”, en que sí sería obligatoria la puntuación y la “lectura analítica” de así (adverbio deíctico de modo) y pues (elemento consecutivo): Así, pues, fue como terminó el asunto.

Aunque hemos encontrado unos ejemplos no puntuados, para no prolongarnos más, no los vamos a transcribir.

 

CONCLUYENDO: LA PAUSA COMO CLAVE (AÚN)

Después de este largo recorrido y, sin embargo, incompleto, tenemos que terminar, aunque antes volvamos a aquella hipótesis que planteábamos al inicio:

“Si, al leer, encuentro una coma, debo hacer una pausa; y, si hago una pausa al hablar, debo poner una coma al escribir”.

Este principio, cómodo y práctico, ha resultado ser falso, al menos en los casos estudiados aquí. Por lo tanto, si queremos seguir contando con él, debemos matizarlo y reformularlo:

“Si, al leer, encuentro una coma, no siempre debo hacer una pausa; y, si hago una pausa al hablar, no siempre debo poner una coma al escribir”.

Creemos que, a pesar de todo lo dicho, no sería razonable descartar la pausa como indicativa de un lugar donde se debe considerar la posibilidad de puntuar o no.

 

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© Miguel Ángel de la Fuente González 2010

Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

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