La crítica literaria y los diccionarios enciclopédicos
frente a la incorporación del neologismo “autobiografía” en la Península:
la reacción de los escritores ante el reto de incorporarlo
como "epígrafe" de sus obras

Félix López García

UEB
patesi43@hotmail.com


 

   
Localice en este documento

 

Resumen: Hacia la segunda mitad del siglo XIX, en España, aparecen por escrito, en el ejercicio de la crítica literaria y en los diccionarios monolingües no académicos, los lemas autobiografía y autobiográfico. Su entrada en la Península fue menos tardía de lo que se piensa. Fuera del sector de la crítica literaria y después de analizar el tópico de la escasa afición, con respecto a la escritura de autobiografías en España, veremos que la recepción de este neologismo culto parece resistirse a entrar a formar parte de la nomenclatura habitual de la llamada literatura del yo. En efecto, los escritores españoles se muestran reticentes a escoger el término autobiografía para designar sus propias obras de creación literaria e, independientemente de si lo son o no, optan por llamarlas memorias, epígrafe con el que se sienten menos comprometidos y bajo el que se solapan numerosas autobiografías. Con respecto al género de la autobiografía, los críticos se posicionan de manera diversa dejando abierto el gran debate, esto es, el de la verdad o ficción, sobre el que se sustentarán la mayoría de estudios sobre el género. Finalmente, la autobiografía a partir de 1890, y ya entrado el siglo XX, experimentará un desarrollo importante, tanto en la creación literaria (años veinte), como en los estudios críticos (años setenta).
Palabras clave: autobiografía, egodocumentos, lexicografía.

Abstract: During the second half of the 19th century in Spain the terms autobiografía (autobiography) and autobiográfico (autobiographical) appear in writing in literary criticism and in monolingual non academic dictionaries. Their appearance in the Peninsula occurred earlier than it is thought. Out of the field of literary criticism, and after analyzing the limited interest in writing autobiographies in Spain, we will see that this learned neologism seems to resist being part of the usual official nomenclature of the so-called literature of the Self. Spanish writers are indeed reluctant to choose the term autobiografía (autobiography) for designating their own works of literary creation and, regardless of whether they are so or not, authors choose to call them memorias (memoirs), an epigraph with which they feel less compromised and which covers numerous autobiographies. With respect to the genre of autobiography, critics adopted different attitudes but the great debate -on which most studies on the genre were based- was already established: truth or fiction. Finally, from 1890 on and well into the 20th century, autobiography will experience an important development in literary creation (during the 1920s) and in critical studies (in the 1970s).
Keywords: autobiografía (autobiography), egodocuments, lexicography

 

1. La recepción del neologismo

Sobre la tradición autobiográfica española se ha especulado mucho, tanto en lo que se refiere al tópico de la escasa afición al género, como a la tardía incorporación del neologismo autobiografía en la lexicografía española:

(...) Por su etimología, la palabra autobiografía es un neologismo culto aparecido en Inglaterra (autobiography) alrededor del año 1800 (Puertas Moya, 2003:40).

Virgilio Tortosa comenta que:

(...) se atribuye la primera aparición del término al poeta inglés Robert Southey en un artículo de 1809; pero Gusdorf [1] se remonta hasta 1798 para hacer efectivo el término autobiographie usado por el propio Fréderic Schlegel (2001:25).

Asimismo, Puertas Moya concluye -a partir de la primera novela de Pardo Bazán, Pascual López. Autobiografía [2] de un estudiante de medicina de 1879- que “En España, sin embargo, la palabra tardaría en llegar un siglo aproximadamente (...)” (2001:25). Sea como fuere, ciertamente, en la Península Ibérica, no hicieron falta casi cien años para la cristalización de esta voz nueva, ya que hemos podido documentar sus primeras muestras en la lexicografía de mediados del XIX:

Se publicaron durante el siglo XIX una serie de obras lexicográficas que pretendían ser diferentes al diccionario de la Real Academia. (...) De entre ellos, Domínguez (1846) sobresale como introductor en España del género diccionario enciclopédico. Pese a esa producción, esta lexicografía no académica fue original apenas en unos pocos lexicógrafos (Vázquez, 2006:33-34).

Dos grandes diccionarios españoles, no académicos, descuellan en la segunda mitad del XIX. Éstos son, el Diccionario nacional de la lengua española de Joaquín Ramón Domínguez (1846), y el Diccionario enciclopédico de la lengua española de la editorial Gaspar y Roig (1853-1855). Ambos contienen los artículos con las entradas autobiografía y autobiográfico:

[Diccionario de Domínguez]

Autobiografía (...) Relación que hace un personaje histórico de sus pensamientos y de los sucesos que han agitado su existencia. Es más usado memorias.

Autobiográfico (...) Concerniente a la autobiografía, ó al autobiógrafo.

[Diccionario de Gaspar y Roig]

Autobiografía (...) relación que hace un personaje histórico de sus pensamientos y de los sucesos que han hilado su existencia. Entre la autobiografía y las memorias, hay la diferencia de que aquella viene a ser una confesión íntima, y estas no pasan de una narración en que no hay para qué dar cuenta de los sentimientos del alma.

Autobiográfico (...) relativo a la autobiografía.

Según Dolores Azorín (2000:255), el gran número de coincidencias existentes entre el Diccionario de la editorial Gaspar y Roig -un 67’74%- y el Diccionario de Domínguez, convierten a este último en su fuente principal. En cualquier caso, en 1846, un diccionario enciclopédico español ya recoge los lemas autobiografía y autobiográfico. Sin embargo, la entrada de autobiografía en el Diccionario de la RAE es de 1884 (12ª ed.) “Vida de una persona escrita por ella misma” y de autobiográfico de 1899 (13ª ed.) “Perteneciente o relativo á la autobiografía.” Los motivos de la tardía incorporación de voces nuevas han suscitado diversas opiniones por parte de la crítica lexicográfica. Unos hablan del estancamiento u oficialización de la filología académica que no presentará innovaciones serias en su Diccionario hasta las ediciones de 1852, 1869 y 1884” (Quilis, 2003:1). Otros justifican su tardanza en el propio uso, “árbitro y juez de la norma lingüística”, del lema:

La Academia ha luchado en solitario y, lo que es peor, con incomprensión, pero su postura ha sido amplia, ecléctica y perseguidora del acierto. No siempre lo habrá conseguido, pero, como consta en la edición de 1984, el Diccionario está abierto a toda suerte de neologismos vengan de donde vengan, teniendo como criterio válido el uso, «árbitro y juez» de la norma lingüística (...) (Alvar, 2007).

Asimismo, el Diccionario histórico de 1933 no introduce autoridades a partir de las cuales se pueda justificar el origen del uso del término. Como veremos, la voz nueva se registra desde 1854 en todo un corpus salido de la propia pluma de críticos decimonónicos de gran calado. El Diccionario histórico no reparó en el Diccionario de Aniceto Pagés (1902), de gran difusión y con numerosas reediciones hasta nuestros días, el cual, aún siguiendo las definiciones de la RAE, tiene la particularidad de recoger autoridades sobre el uso del neologismo en su categoría sustantiva (Marcelino Menéndez y Pelayo) y adjetiva (Eugenio de Ochoa):

Autobiografía (...) Vida de una persona, escrita por ella misma.

... relativas á contemporáneos, solo recuerdo... la autobiografía de don Joaquín Lorenzo Villanueva, etc. (M. Menéndez y Pelayo)

Autobiográfico, ca (...) Perteneciente ó relativo á la autobiografía.

... á los pocos días publicó unos apuntes autobiográficos que no produjeron el efecto que él deseaba, etc. (Eugenio de Ochoa) (1902:718).

Fuera del ejercicio exclusivo de la crítica literaria, sí que se observa en la mayoría de escritores españoles, cierto prejuicio a la hora de utilizar el término autobiografía para designar sus obras. Este hecho tan significativo ha sido señalado por la crítica moderna:

Y el término [memorias] continúa marcando las preferencias de la mayoría de escritores, que suelen subrotular así ‘Memorias’ sus obras autobiográficas, independientemente de que lo sean o no (...) En efecto, entre los escritores españoles, hay un evidente recelo a calificar una obra autobiográfica de ‘autobiografía’: el lector puede comprobarlo en la frecuencia de aparición de los términos ‘memorias’ o ‘recuerdos’, mientras que son muy pocos los que utilicen el de autobiografía (Caballé, 1995:42-43).

Pero la lexicografía española no académica no sólo nos sorprende con la incorporación del término con anticipación a los textos estrictamente literarios, sino también por las definiciones usadas. Como hemos afirmado, en la mitad del XIX dos diccionarios no académicos, ya se habían hecho eco del escaso predicamento que tenía, entre los escritores españoles, el término autobiografía: son el de Domínguez (1846) [3] que, a propósito de la voz escribe Es más usado memorias”, y el de Gaspar y Roig (1853) que converge con la crítica actual en señalar el alto grado de implicación personal que tiene la autobiografía, al venir a “ser una confesión íntima”, frente a las memorias, donde “no hay para qué dar cuenta de los sentimientos del alma”. Esa falta de disposición de los escritores por la voz autobiografía, a la hora de querer referirse o titular sus obras, podría denotar una aparente carencia en su uso, que explicaría, de alguna manera, la tardanza de la RAE en incorporar este neologismo a su diccionario (1884); de hecho, no lo introduce hasta que el género empieza a desarrollar una productividad importante. Pero, si en ambos diccionarios no académicos se registra esta voz es porque ya era de uso en la norma lingüística y, como veremos, en todo un imaginario silenciado de escritores que se resisten a señalar sus obras con el rótulo de autobiografía. Es en ese mismo pulso por silenciarla, donde también hay que ver el signo de su más que evidente presencia. Sí, en efecto, la autobiografía permanece en las mentes de escritores que optan por no utilizarla como título de sus obras, amparándose en las memorias. Los lexicógrafos, lo primero que hacen es asimilarla a las memorias -“Autobiografía (...) más usado memorias”-, o bien, distinguirla de las mismas. En esa misma línea de querer emparentar la autobiografía con las memorias, se sitúan las definiciones de la voz autobiógrafo. El Diccionario de Domínguez lo define como el que escribe una autobiografía, ó redacta las memorias de su vida.” Según vemos, se sigue estrechando el lazo entre la autobiografía y las memorias, ambas vinculadas por ese auto-bio-grafo, que ejecuta ambos géneros, indistintamente. Por otra parte, el Diccionario de Gaspar y Roig nos dice que un autobiógrafo es el que trata de autobiografía. Es decir, el profesional que se dedica a la autobiografía. Esta definición es de carácter específico. Ya comentamos que en este mismo diccionario se entiende la autobiografía como “una confesión íntima”. En este aspecto, se está resaltando la subjetividad, el carácter íntimo, personal, como un rasgo inherente en la caracterización del género de la autobiografía que lo diferencia de otras manifestaciones de la literatura del yo. No vamos a negar que existen varias razones para distinguir el carácter propio de ambos géneros mas también son obvias las confluencias existentes entre los dos. En este sentido, la autobiografía participa de las otras manifestaciones de la literatura del yo, sobre todo, de las memorias:

(...) Entiéndase, pues, la autobiografía (...) interrelacionada sobre todo con las memorias, pero que también maneja los esquemas propios (...) de otras modalidades de la autobiografía como el resumen autobiográfico y el diccionario biográfico (López García, 2008).

El hecho de que los escritores no coloquen el rótulo de autobiografía en sus obras no las excluye de pertenecer al género, solapadas, mayoritariamente, bajo el encabezamiento de memorias o recuerdos. La supuesta escasez de textos autobiográficos en España tiene mucho de tópico:

(…) no hay razón que justifique seguir manteniendo la vigencia del tópico de nuestra escasez en ese dominio literario. La nómina de autores que lo han cultivado es amplísima (…) tratándose de textos autobiográficos, sobre los cuales actúan factores tales como el secreto, el pudor, las presiones familiares … que pueden llegar a entorpecer o incluso impedir su conocimiento público. En definitiva, hay que suponer un lógico desfase entre lo efectivamente publicado y el caudal autobiográfico que permanece inédito en archivos familiares o bien que se ha destruido (Caballé, 1995:136-137).

Dicho tópico, a partir de la Guerra Civil, tiende a deshojarse:

(...) hecho evidente de la existencia de una cuantiosísima producción autobiográfica en España a partir de la guerra civil y hasta nuestros días (...) (Durán, 1997:11).

De todos modos, coincidiendo con la inclusión en los diccionarios mencionados de las voces que nos ocupan, surgen entre 1848 y 1918 una treintena de escritores festivos que publican egodocumentos [4] escritos en verso y en tono festivo, de los cuales veintiséis son autobiografías sin que este epígrafe se refleje en las mismas. La mayoría de sus obras proceden del periódico republicano El Liberal (1894) y, en menor medida, de Autobiografías de escritores festivos contemporáneos de 1890. Con nuestra aproximación a este corpus festivo pretendemos demostrar, desde una concentración significativa de autobiografías, que ciertamente los escritores se refieren a las mismas con una nomenclatura muy variada entre la que la voz autobiografía brilla por su ausencia:

José Zorrilla: mi recepción (...) discurso; Discurso en el acto de su recepción en la Academia Española, 1885. Juan Valera: Autobiografía; escrita en 1878. A. Sánchez Pérez ‘mi biografía […] mi autobiografía’ escrita en 1889 [5]; Autobiografías de escritores festivos contemporáneos, 1890 ; Manuel del Palacio, Carlos Frontaura, Salvador María I Granés, Felipe Pérez, Ricardo Monasterio y Luis Esteso: mi biografía; El Liberal, 1894. Constantino Gil: retrato; Gonzalo Cantó: Carta-retrato; El Liberal, 1894. Eusebio Blasco: recuerdos, confesión voy a confesarme, cuento; El Liberal, 1894. Juan Tomás i Salvany: mi estampa; Autobiografías de escritores festivos contemporáneos (1890). Tomás Luceño: ‘Diálogo entre el público y yo’; El Liberal, 1894. Miguel Ramos Carrión: contaros mi vida en forma de charada; El Liberal, 1894. Vital Aza: mi semblanza (...) historia retrospectiva; El Liberal, 1894. José López Silva: semblanza; El Liberal, 1894. José Estremera: retrato del ente moral; El Liberal, 1894. José Jackson: ‘tenéis de mi vida el franco relato, Servidor de ustedes; en El Liberal, 1894 (en verso) y en Autobiografías de escritores festivos contemporáneos (en prosa) (1890). Guillermo Perrín y Miguel de Palacios: perfiles; El Liberal, 1894. Manuel Matoses: ‘una composicioncita sobre mi vida y milagros; El Liberal, 1894. [6]

A excepción de Juan Valera (1878), que utiliza “autobiografía” aplicado a su propia obra, anticipándose un año a Pardo Bazán, y A. Sánchez Pérez (1889), que alterna ambos términos “mi biografía […] mi autobiografía” , la expresión más utilizada por los escritores al referirse a su obra es “mi biografía”, que en realidad coincide con la acepción que da la RAE de autobiografía, “Vida de una persona escrita por ella misma”. [7]

Los motivos por los cuales los autores se muestran reticentes a la hora de contarse a sí mismos, son revelados de su viva voz cuando manifiestan de una forma abierta que no quieren hablar de su pasado, de su propia intimidad, “estoy /hablando mucho de ayer, /basta ya, y vamos a ver /lo que va de ayer a hoy” [8]; que si lo hacen será ofreciendo pocos datos: “Sobre qué el hablar de mí /En la vida me ha gustado, /Que no está bien que me alabe /Ni que saque al sol mis trapos. /Pero en fin, ya que se empeñan /Allá van mis pocos datos” [9], o que tienen la intención de mentir a la hora de contarse a sí mismos, “es ponerme en un terrible /compromiso de los gordos.../y pedir que sea sincero /es pedir peras al olmo” [10] o de desviarse del tema: “veremos a ver si puedo /salirme por la tangente”. [11]

Hasta el momento se situaba la aplicación del lema autobiografía a una obra de creación literaria en Pardo Bazán:

Muy probablemente será Emilia Pardo Bazán la primera que utilice el término autobiográfico para referirse a una obra de creación literaria en el subtítulo de su primera novela. Pascual López escribe autobiografía de un estudiante de medicina (1879) en lo que se supone una influencia de las letras francesas y anglosajonas de las que se habían hecho fuertes en el género (Puertas Moya, 2003:25).

En efecto, Pardo Bazán podría ser la primera en tildar una obra de ficción de autobiografía. Pero no en referirse a la autobiografía desde otras modalidades de creación literaria, como el artículo o el poema festivo de Valera, titulado Autobiografía en aleluyas (1878) [12]. En nuestra collatio figuran textos de autores importantes del siglo XIX español que nos permiten localizar el uso del término en su categoría adjetiva (autobiográfica) en el ejercicio de la crítica literaria, treinta y dos años -Valera en 1854- antes de que lo hiciera la propia condesa de Pardo Bazán en sus Apuntes autobiográficos de 1886. Del mismo modo, también su categoría sustantiva (autobiografía) ha sido rastreada veintiún años -Pedro Antonio de Alarcón en 1858- antes de ser empleada por la escritora coruñesa en el subtítulo de su primera novela Pascual López. Autobiografía de un estudiante de medicina en 1879.

 

2. El neologismo en la pluma de la crítica literaria de la segunda mitad del XIX

Antonio Alcalá Galiano [13] ya utilizó la voz “autobiography” en 1834 -en su ensayo “Literature of the Nineteenth Century: Spain” publicado por la revista londinense The Athenaeum- aplicada a una obra de la literatura española como es la Vida literaria del Dr. Villanueva:

The works of Dr. Villanueva are very numerous; and he himself has given an account of them in an interesting piece of autobiography, which he published in London, under the title of ‘Vida Literaria del Doctor Villanueva’. (330).

La autobiografía era un género conocido y comentado por intelectuales españoles para algunos de los cuales ya forma parte de la terminología desde 1834 (Alcalá Galiano). Los críticos del momento lo vieron utilizado por la crítica inglesa y francesa de principios del XIX para designar un tipo de egodocumentos cuyo paradigma eran las Confesiones de Rousseau (1782 y 1789). Asimismo, también tienen acceso a diccionarios enciclopédicos -no académicos- que recogen el lema y ofrecen curiosas definiciones sobre autobiografía. Sin ir más lejos, uno de los redactores del diccionario de Gaspar y Roig es Ventura Ruiz Aguilera [14] que incluye su autobiografía Juicio crítico (1849) en Autobiografías de escritores y poetas españoles (1918?) [15]. Estos diccionarios ofrecen comentarios sobre las convergencias y diferencias de la autobiografía con respecto a las memorias, que no difieren, en su esencia, de los que llevará a cabo la crítica actual. Justamente, si retomamos el diccionario de Gaspar y Roig (1853), vemos que cifra la diferencia entre autobiografía y memorias en la mirada interior de la primera (“confesión íntima”), frente a la exterior de las segundas, en las que “no hay para qué dar cuenta de los sentimientos del alma”. La crítica contemporánea, con muchos más matices y profundidad, viene a señalar lo mismo:

La autobiografía presupone un intento de escribir por reflejar la esfera intima de su experiencia, dando por sentado que se trata de un mundo interior de experiencia importante. En las memorias el hecho externo se traslada a la experiencia consciente, pero la mirada del escritor se preocupa menos por la experiencia interna que por la esfera externa del hecho (Álvarez, 1989: 39-50).

En lengua española emplean el neologismo:

Juan Valera en 1854, Pedro Antonio de Alarcón (1858), Leopoldo Augusto de Cueto -marqués de Valmar- (1869), Carlos Coello y Pacheco (1872), Marcelino Menéndez y Pelayo (1876), Leopoldo Alas “Clarín” (1878), Emilia Pardo Bazán (1879) y Joaquín Costa en (1898). Carlos Coello, Marcelino Menéndez y Pelayo y Joaquín Costa hacen referencia a la autobiografía sin llevar a cabo ningún tipo de reflexión sobre el género. Aquí, la voz sirve para designar una obra situándola dentro de los géneros-subgéneros literarios. Pero el hecho de tildar una obra literaria de “autobiografía” -en cualquiera de sus formas (sustantiva, adjetiva)- pone en evidencia tanto la confirmación del uso del neologismo como la afirmación del género de la autobiografía en la España de la segunda mitad del XIX. Por eso creemos que hay motivos suficientes para que los tres escritores figuren en su subapartado en el orden cronológico que hemos establecido.

2.1. Juan Valera

El primero, hasta donde sabemos, en utilizar la forma adjetiva de la voz autobiografía es Valera, en su ensayo “Del romanticismo en España y de Espronceda”, publicado en 1854, en Revista Española de Ambos mundos:

En fin, ya estuviese enamorado, ya desengañado, ya hastiado, ya fuese incrédulo, ya creyente, todo poeta romántico debía hablarnos siempre de sí mismo. Pero esta manía autobiográfica la disculpo yo, y hasta la alabo; pues no sólo proviene de lo reflexivo del siglo en que vivimos, y de los sistemas de filosofía, que ahora privan, todos o casi todos psicológicos sino que es, además muy cristiana y no desdice de la humanidad evangélica.

Valera se refiere a lo autobiográfico como algo propio de lo reflexivo del siglo en que vivimos”. El autor de Pepita Jiménez alude al Romanticismo -“lo reflexivo del siglo (...) los sistemas de filosofía, que ahora privan, todos o casi todos psicológicos”- que con su marcado individualismo convierte el arte y la literatura en expresión del yo.

En una carta a Menéndez y Pelayo de 1886 lo vuelve a utilizar al comentar los Apuntes autobiográficos de la condesa de Pardo Bazán:

(...) me ha enviado, con una carta muy amable, su primer tomo de los Pazos de Ulloa. Hasta ahora sólo he leído la autobiografía literaria que pone al principio y que está bien escrita y se lee con gusto.

Finalmente, como ya hemos referenciado, lo aplica en un poema festivo que llama Autobiografía en aleluyas en 1878.

2.2. Pedro Antonio de Alarcón

Parece ser el primero en hacer referencia a la forma sustantiva -aunque también se vale de la adjetiva en un artículo sobre la novela Fanny de Ernest Feydeau en el mismo año de su publicación, 1858:

Lord Byron, portentoso cuanto desventurado genio, personificó, por decirlo así, la poesía lírica, romántica, subjetiva, soberbia como Lucifer, cósmica y personal a un tiempo mismo, que nació del divorcio del Cielo y de la Tierra. Huérfano el Arte, habíase prendado de la Naturaleza, considerándola huérfana también, y contábale, como antes a Dios, los infortunios de la humana vida. Byron recorre la Europa y el Oriente, llorando, maldiciendo, mostrando doquier las llagas de su alma y escribiendo en variedad de tonos la tragedia de sus desventuras; monólogo autobiográfico que imitaron luego sus rapsodas o sus discípulos, bien que muchos de éstos, por necesidad de escuela, fingiesen dolores que no sentían. (...)

Por lo demás, si Fanny es una autobiografía, como se dice; si M. Feydeau, lejos de exhibir a la compasión o a la rechifla del público la deplorable situación de su Roger, se ha propuesto dar una idea del temple de su propia alma y de la extensión de sus desventuras; (lo diremos más claro) si M. Feydeau fue el verdadero amante de Fanny, y es su historia la que nos ha contado en este primoroso volumen, ¡vive Dios que nuestro pobre vecino nos ha regalado una vista bien triste de su carácter y de su inteligencia!

2.3. Leopoldo Augusto de Cueto, marqués de Valmar

Usa el vocablo en su Bosquejo Histórico-crítico de la Poesía Castellana que está incluido en Poetas líricos del siglo XVIII, BAE (1869-1875). Lo integran los tomos LXI, LXIII, LXVII (1869-1875). Como el Bosquejo pertenece al primer tomo (LXI) podemos afirmar que el marqués de Valmar utilizó esta voz en 1869:

Uno de los libros más curiosos de Torres [Villarroel], y el que hace comprender con mayor claridad las costumbres de aquella época, es su autobiografía escrita en el último período de su vida especie de confesiones, menos cínicas, pero no menos sinceras que las que J. J. Rousseau escribió algunos años después (...) en 1825, una interesante autobiografía, con el título de Vida literaria de don Joaquín Lorenzo Villanueva (...) La intolerancia y el desabrimiento que se advierten a cada paso en su autobiografía, no eran sólo achaques de la edad cercana al término de la vida, en que se ven las cosas sin el embeleso de la ilusión, que las colora y engrandece; era el amor propio, que cegaba a Mor de Fuentes hasta despojar su entendimiento de toda justicia y de toda indulgencia.

Se observa cierta creencia en la verosimilitud de los hechos relatados en las cuatro autobiografías que comenta. Su aportación es importante porque está atribuyendo el rótulo de autobiografía a cuatro obras que de hecho lo son, pero que no llevan este epígrafe: La Vida de Torres Villarroel, Las Confesiones de Rousseau, Vida literaria de don Joaquín Lorenzo Villanueva y el Bosquejillo de la vida y escritos de don José Mor de Fuentes, delineado por él mismo.

2.4. Carlos Coello y Pacheco

En Cuentos inverosímiles de 1872, Carlos Coello también deja constancia de la voz sin proceder a comentarios sobre el género de la autobiografía:

Las publicaciones no se hicieron esperar. Fue la primera una novísima edición del Quijote revisada por su autor, salvados todos los que efectivamente eran yerros de imprenta en las anteriores, con comentarios de los comentarios, y llevando al frente una autobiografía de Cervantes (...).

2.5. Marcelino Menéndez y Pelayo

Conocía el género y formaba parte de sus comentarios críticos, como demuestra el epistolario Valera-Menéndez y Pelayo, concretamente una carta de 1886 que Valera le dirige, de la que ya dimos cuenta. Lo emplea en 1876 en Historia de los heterodoxos españoles -libro que sirve para divulgar autores y obras que apenas eran conocidos-. En esta ocasión, sólo nos aporta la palabra, ya que se trata de un listado de obras:

Protestantes españoles en tierras extrañas (...) A) Juan Nicolás Sacharles. -Análisis de su autobiografía rotulada -El Español Reformado. (...) Protestantes españoles en tierras extrañas. (Conclusión.) Siglos XVII y XVIII. (...) C) Melchor Román. -Su opúsculo autobiográfico. (...) El volterianismo en España a principios del siglo XIX. Dos historiadores de la Inquisición. (...) A) D. Juan Antonio Llorente. -Noticias bibliográficas. (...) Publica casi simultáneamente la Histoire critique de l'Inquisition d'Espagne. Noticia de otras publicaciones suyas sobre tal materia. -Da a la estampa su autobiografía.

2.6. Leopoldo Alas “Clarín”

Se refiere, con su habitual sarcasmo, a la autobiografía en sus Cartas a un estudiante, I-IV, Las literatas III en 1878. El autor de La Regenta entiende que el texto autobiográfico es proclive a la exageración y a la ficción:

Ermeguncia. (...) Yo soy realista caballero. Estoy escribiendo un estudio antropológico o psicofísico sobre el Secreto de una soltera de genio. Es una autobiografía en que consta el diario de mi vida adornado con digresiones filosófico-naturistas. No piense usted que yo creo en el alma tal como lo entiende el vetusto espiritualismo (...) Vorágine, la protagonista (yo), provoca diferentes escenas (...) se arroja a la hornilla de la locomotora y perece abrasada (...)

Yo. Pero no decía usted que eso era una autobiografía... y usted no creo que haya llevado a cabo todas esas... genialidades.

Emeguncia. (...) hay que exagerar (...)

2.7. Emilia Pardo Bazán

Se vale del lema en numerosas ocasiones, tanto desde el propio ejercicio de la crítica literaria, como en sus obras de creación no divulgativas. Ya nos hemos referido a Pascual López. Autobiografía de un estudiante de medicina de 1879 y a sus “Apuntes autobiográficos” de 1886. Sabemos la admiración que tenía la escritora gallega por los hermanos Goncourt, así lo expresa en La cuestión palpitante [16] y en Al pie de la torre Eiffel (1889). Y además, en el estudio preliminar que hizo de Los Hermanos Zemganno, de Edmundo de Goncourt publicada por La España Moderna en 1891. La traducción y el estudio preliminar de la obra debieron de estar acabados alrededor de 1889, como afirma el propio Edmond en su Diario íntimo (1851-1895) [17], ya que doña Emilia estaba buscando un editor. Sea como fuere, lo cierto es que Pardo Bazán en el estudio preliminar a la edición de La España Moderna de Los Hermanos Zemganno, vuelve a utilizar el término:

Todo esto es autobiografía, sentida, de adentro, y nos ahorra repetir fríamente lo que Edmundo escribió con pluma mojada en sangre del corazón. Los hermanos Zemganno son la novela autobiográfica interior que todo novelista fecundo escribe una vez en la vida, irresistiblemente impulsado por la necesidad de comunicar las penas, aliviándolas. Turguenef decía a un joven escritor ruso que le contaba sus sufrimientos: «Haga usted un libro con eso, y al punto quedará descansado.» Yo no creo que Edmundo de Goncourt quedase descansado después de escribir Los hermanos Zemganno; pero sí que le serviría de bastante consuelo la hermosa creación que ha merecido el nombre de poema del amor fraternal. (...) Para entender la índole de la producción literaria de los Goncourt, conviene recordar cierto párrafo de uno de los libros más autobiográficos de Edmundo, La casa de un artista. (...) Otras tres novelas más escribió Edmundo solo, después de Elisa, y antes de renunciar y retirarse para siempre del estadio, como si comprendiese que el edificio de su fama ya tenía puesta hasta la veleta, y que ésta marcaba buen viento. Dos de esos libros de última hora y primera fuerza, son también estudios de mujer: La Faustin y Chérie; el otro es el que traduzco, Los hermanos Zemganno, el cual ofrece, entre todas las producciones de los Goncourt gemelos y del Goncourt descabalado, las singularidades siguientes: primera: ser el único libro de Goncourt donde se estudia a fondo la psicología masculina y donde casi no aparece la mujer; segunda: ser autobiografía simbólica, pero sincera y auténtica; tercera: presentar los retratos de cuerpo entero y parecidísimos de Edmundo y Julio; cuarta: ser un libro donde, alardeando de minuciosa exactitud y profundo conocimiento técnico de la profesión y del medio social descrito, el autor se precia de idealista, y confiesa que, por una vez, siéndole antipática la verdad nimiamente verdadera, produjo imaginación mezclando ensueños y memorias.

Pardo Bazán también tuvo una actividad social y política importante pues fue consejera de Instrucción Pública y activista feminista. Pronto incorporó el término autobiografía a su repertorio crítico, posiblemente lo adoptó de la crítica francesa que conocía muy bien. Pero además hace una reflexión muy moderna -avant la lettre- sobre el significado del recuerdo. En efecto, en las autobiografías se configuran dos planos narrativos que oscilan entre la introversión y la extraversión. En algunos momentos de la espacialización observamos una mayor presencia del uno sobre el otro, pero no se pueden disociar completamente. Como apunta Pardo Bazán, por un lado La biografía interior es aún más fecunda en enseñanzas, más viva, más interesante para el que guste de estudiar los repliegues del corazón (...)”, es decir, tenemos la escritura de la propia intimidad, toda esa subjetividad narrativa de autorreferencialidad y retrospección. Y por otro lado, estaría la biografía externa del filósofo, tal cual la refieren los historiadores literarios”, esto es, una forma objetiva de narrar o todo ese mundo exterior relacionado con el yo, que nos permite trazar el perfil social de nuestro autor porque “(...) cada persona se encuentra perteneciendo a un grupo que posee su propio código moral” (Aranguren, 1992: 59). Ambos ejes son parte del conjunto de elementos interrelacionados que gravitan en torno al yo, como pequeños núcleos adyuvantes cargados de significación:

Hasta aquí la biografía externa del filósofo, tal cual la refieren los historiadores literarios. La biografía interior es aún más fecunda en enseñanzas, más viva, más interesante para el que guste de estudiar los repliegues del corazón; y sobre todo, se relaciona íntimamente con La Esclavitud femenina. El mismo Stuart Mill la deja esbozada a grandes rasgos en sus Memorias, con esa decencia, moderación y dignidad que es nota característica de su estilo y honor de su elevado espíritu. Tratemos de imitar su ejemplo, y ojalá lo que escribimos con sentimientos tan respetuosos, sea leído con los mismos por las gentes de buen sentido moral y recta intención (Pardo Bazán, 1999).

La crítica actual se sitúa en la línea de Pardo Bazán, indagando en la propia intimidad desde:

la memoria “involuntaria” (...) promovida por los “signos sensibles”: objetos, colores, paisajes, sabores, fenómenos de la naturaleza. (...) La memoria “personal” (...) ámbito [donde] se resuelven la mayor parte de las situaciones de la vida cotidiana (...) La memoria “voluntaria” más distante y objetiva que busca (...) su vinculación con el tiempo “histórico” para identificarse con la memoria colectiva de una época, un ambiente, unos personajes... es la más explotada por la literatura autobiográfica y también los medios de comunicación. (Caballé, 1995: 89).

2.8. Joaquín Costa

Cierra nuestro recorrido por este grupo de escritores de la segunda mitad del XIX, (1854-1898), la aportación de la voz autobiografía por parte de Joaquín Costa en 1898 en Colectivismo agrario en España:

En el partido judicial de Riaño (León), algunos pueblos poseen también prados de concejo: tales, por ejemplo, Llanabes y Burón. Del primero tenemos noticia por la ya citada autobiografía del presbítero J. A. Posse.

A lo largo de nuestro análisis han ido apareciendo diferentes posturas frente al género autobiográfico. Por lo general, en nuestros críticos ya se observa uno de los puntos más debatidos por la crítica autobiográfica moderna, centrada en la distinción entre ficción y autobiografía. Los comentarios de Alarcón, “monólogo autobiográfico que imitaron luego sus rapsodas o sus discípulos, bien que muchos de éstos, por necesidad de escuela, fingiesen dolores que no sentían” y Clarín, “Yo. Pero no decía usted que eso era una autobiografía... y usted no creo que haya llevado a cabo todas esas... genialidades. Emeguncia. (...) hay que exagerar”, tienden a la creencia de que el género autobiográfico es ficción. Alarcón arremete contra la estética romántica

Ícaro caído, Prometeo derribado (...) Vuestros dolores no dan compasión; dan lástima... que no es lo mismo... Vuestro desengaño arguye pequeñez de espíritu (...) Vuestro libro prueba que la literatura no progresa al par de una civilización que quiere remediar males morales con mejoras materiales

y Valera, con benevolencia, asocia lo autobiográfico con el subjetivismo a ultranza romántico, “Pero esta manía autobiográfica la disculpo yo, y hasta la alabo; (...) proviene de lo reflexivo del siglo en que vivimos”.

En los años que publican sus respectivos artículos (Valera, 1854 y Alarcón, 1858), el Romanticismo español había quedado bastante agotado (1845), cediendo el paso al periodo de transición hacia el Realismo, cuya anticipación es La gaviota (1849) de Fernán Caballero. La narrativa de transición ocupa de 1850 a 1870, siendo La fontana de oro de Galdós (1868) la primera novela plenamente realista. Alarcón se puede considerar como un autor prerrealista de ideas conservadoras y defensor de la novela de tesis, sobre todo en su última etapa a partir de 1863 (inicio de redacción de El escándalo). Éste pone el acento en el bios, en la historia, más que en el auto, donde ve concentrados todos los esfuerzos del egocentrismo romántico. Por el contrario, Valera reacciona con tolerancia ante la estética romántica, porque, aunque pertenece plenamente al Realismo, es un liberal y representa un realismo idealizado y esteticista que rechaza la novela de tesis al servicio de una idea y el afán fotográfico objetivista del realismo. Se opuso a los temas y ambientes propios del naturalismo en los Apuntes sobre el nuevo arte de escribir novelas de 1887.

Leopoldo Cueto, marqués de Valmar, se enfrenta al texto autobiográfico desde la verosimilitud, es decir, desde la verdad aparente que se puede cotejar:

(…) en mayor o menor medida, toda autobiografía es mentira puesto que viene provocada por un impulso creador y, en consecuencia, imaginativo, que empuja a dar forma a lo vivido y, al darle forma a la vida se la falsea (...) La sinceridad literaria es distinta de la sensibilidad real (...) la relación del lector con la obra no se dará en términos de veracidad (imposible) sino de verosimilitud, o sea, de apariencia de verdad. (...) en teoría, todo texto autobiográfico permite la prueba de la verificación: el lector está invitado a contrastar lo expresado en el texto con otros testimonios, otros documentos que describan los mismos acontecimientos que se relatan en la obra al objeto de determinar su veracidad y con todo aquello, en fin, que su autor ha podido manifestar en otras ocasiones, a fin de determinar su autenticidad. (Caballé, 1995:27-33).

Además, al utilizar la voz autobiografía desenmascara cuatro de estás que permanecían escondidas bajo otros epígrafes: la Vida de Torres Villarroel, las Confesiones de Rousseau, Vida literaria de don Joaquín Lorenzo Villanueva y el Bosquejillo de la vida y escritos de don José Mor de Fuentes, delineado por él mismo.

En las críticas del marqués de Valmar “resalta su capacidad para relacionar la obra concreta con otras con las que comparte asunto o caracteres, y para establecer un juicio respecto al tratamiento en cada una de ellas” (VV. AA., 2007: 277). En Bosquejo Histórico-crítico de la Poesía Castellana nos muestra su propio taller a la hora de ejercer la crítica literaria. Comenta cuatro obras que pertenecen al género autobiográfico pero establece las peculiaridades de cada una de ellas:

Torres [Villarroel], y el que hace comprender con mayor claridad las costumbres de aquella época, es su autobiografía (...) especie de confesiones, menos cínicas, pero no menos sinceras que las que J. J. Rousseau (...) una interesante autobiografía, con el título de Vida literaria de don Joaquín Lorenzo Villanueva (...) [Bosquejillo de la vida y escritos de don José Mor de Fuentes] La intolerancia y el desabrimiento que se advierten a cada paso en su autobiografía, no eran sólo achaques de la edad cercana al término de la vida, en que se ven las cosas sin el embeleso de la ilusión, que las colora y engrandece; era el amor propio, que cegaba a Mor de Fuentes hasta despojar su entendimiento de toda justicia y de toda indulgencia.

Por último, la condesa de Pardo Bazán, sin rechazar el realismo, se inclina por el psicologismo moderno que Paul Bourget había heredado del la filosofía de Taine. Este último publica Historia de la literatura inglesa (1864), en cuya introducción se encuentra la doctrina profesada por el positivismo. Pero, sobre todo, la condesa sintoniza con esa mirada introspectiva que lanza Taine hacia el hombre al considerar la parte interior del mismo, que no vemos y que sólo podemos conocer a través de sus manifestaciones externas, porque está matizando su supuesto positivismo radical. Taine vincula la obra artística con su sociedad, para poder sacar indicios que justifiquen el sentimiento que hay detrás de esa operación estética. Iguala los fenómenos humanos a los de orden natural tangible que constituyen la base del método positivista, en consecuencia hace solidarios el conocimiento de la parte espiritual del hombre y la física, mostrando una voluntad por romper la diferencia entre ambas partes. Reconoce que la diferencia entre ellas es la imprecisión de lo moral-espiritual frente a lo físico. Ciertamente, al abordar los sentimientos la precisión falla y aquí Taine se encuentra con el fondo humano, pues a fin de explicar esa concepción, es preciso considerar la propia raza:

El hombre exterior oculta un hombre interior, y el primero no hace más que manifestar al segundo (...) Ese mundo subterráneo es el segundo objeto, el objeto propio del historiador (...) todo le sirve de indicio; mientras sus ojos leen un texto, su alma y su mente, siguen el continuo desarrollo y la variada serie de sentimientos y concepciones de que este texto ha nacido; hacen su psicología (...) Hoy la historia, como la zoología, ha encontrado su anatomía (...) tras la reunión de los hechos debe venir la ignición de las causas, Todos los hechos las tienen, sean físicas o morales (1956).

Las reflexiones en torno al género autobiográfico de Emilia Pardo Bazán alcanzan la altura de fin de siglo y son receptoras del psicologismo francés imperante:

(...) en el fondo valoraba positivamente, sobre todo, algunos de los componentes del psicologismo moderno que Paul Bourget más que innovar había heredado: como filósofo directamente de Taine, como novelista de Goncourt. En ambos casos la deuda se remontaba a Stendhal, a quien Zola había llamado ‘el psicólogo del naturalismo’, conviertiéndole en precursor de su escuela, y antes Taiene calificó de ‘más grande psicólogo de los tiempos modernos y quizá de todos los tiempos. Stendhal había proporcionado al naturalismo la dimensión del análisis introspectivo del sujeto, sin olvidar por ello la importancia del medio (Ballano Olano, I (2007: 341).

Pardo Bazán es capaz de reflexionar sobre la propia semiología del recuerdo. Por un lado, como ya hemos comentado, distingue entre el bios interno, es decir, la memoria íntima, personal y subjetiva “más fecunda en enseñanzas, más viva, más interesante para el que guste de estudiar los repliegues del corazón” y el bios externo, esto es, la memoria pública, objetiva “tal cual la refieren los historiadores literarios”. Se muestra partidaria de la memoria más personal, en sus palabras “autobiografía interior que todo novelista fecundo escribe una vez en la vida, irresistiblemente impulsado por la necesidad de comunicar las penas, aliviándolas.”, que es sin duda la más interesante para la literatura del yo.

 

3. Hacia el llamado boom de la autobiografía española

Ya desde mediados del XIX (1846), se incluye en los diccionarios la figura del autobiógrafo, a la que ya nos hemos referido. Asimismo, varios son los autores festivos que en su autobiografía del Liberal insisten en la figura del biógrafo y la facilidad de encontrarlo (1894): “(...) para mis biógrafos/ (...) que los tendré, porque aquí / suele tenerlos cualquiera” [18]. El género de la autobiografía empieza a experimentar un desarrollo productivo a partir de 1890, año de publicación de la antología, Autobiografías de escritores festivos contemporáneos. Efectivamente, así lo demuestra el hecho de que una misma autobiografía pertenezca a distintas series, antologías o colecciones o que se convierta en una variante, un traslado, una adaptación o una versión de la fuente original (Tomás Luceño, José Jackson, Felipe Pérez y González, José López Silva). Catorce años después de que se publicaran las autobiografías festivas en El Liberal (1894), el mismo periódico editó, en 1908-09, una serie de “Autosemblanzas” modernistas. De Valle-Inclán apareció una sucinta autobiografía en la sección “Juventud triunfante. Autobiografías”, de la revista Alma Española (27 de diciembre de 1903). En la citada sección se publicaron también las de José Martínez Ruiz, Ramiro de Maeztu, Alejandro Sawa, los hermanos Álvarez Quintero, José Francos Rodríguez, Francisco Sancha Lego, Miguel Ángel Trilles y Serrano... Ya en los años veinte, la autobiografía en la literatura española experimenta un auténtico boom -pero aún tratándose de autobiografías, el término autobiografía sigue sin tener frecuencia entre los diferentes títulos que van apareciendo en la literatura del yo- tanto del lado de la creación literaria (Rafael Alberti, Carlos Barral, Rosa Chacel, Jaime Gil de Biedma, José Agustín Goytisolo, Isabel Clara Janés, Carmen Martín Gaite, Terenci Moix, Francisco Umbral...), como del de los estudios sobre el género, que cristalizarán en los años setenta.

 

Notas:

[1] Georges Gusdorf, “Condiciones y límites de la autobiografía”: Anthropos, 29, (1991).

[2] En adelante, las negritas son nuestras.

[3] Ni en el Diccionario de autoridades (1726-39) ni en el Diccionario castellano (1780-1793) de Terreros y Pando, ni en el Nuevo diccionario de la lengua castellana (1786-1849) de Vicente Salvá, figura el lema autobiografía. En el Panléxico (1842) de Juan Peñalver, tampoco. Podemos concluir, que de entre los diccionarios examinados, el Diccionario nacional de la lengua española (1846) de Joaquín Ramón Domínguez, es el primero en dar entrada a los lemas autobiografía y autobiográfico en España. Seguir rastreando los diccionarios posteriores a Domínguez y Gaspar y Roig, previos a la incorporación del lema por la RAE (1884), no tiene sentido para el presente estudio.

[4] “A mediados de los años cincuenta del siglo XX el historiador Jacob Presser acuñó la voz egodocumento, término que venía a significar las autobiografías, memorias, diarios, cartas personales y otros textos en los cuales el autor escribe, explícitamente acerca de sí mismo, de sus propios asuntos y sus sentimientos.” Rudolf Dekker, “Egodocuments in the study of history”: Anuario de historia de la Universidad de Navarra, 5, (2002). Pero los textos autobiográficos también se conocen como literatura del yo, literatura del mí, literatura del ego, literatura documental en primera persona. Todo lo referido anteriormente con respecto a esa literatura del yo, no excluye la existencia de autobiografías escritas en segunda persona u otras modalidades y excepciones.

[5] Calculamos que escribió la autobiografía alrededor de 1889 por los datos que contiene la misma “esto ocurrió en 1866 […] En los veintitrés años que desde entonces han transcurrido” (Autobiografías de escritores festivos contemporáneos, 11-12). Es la única de las citadas escrita en prosa. Forma parte de una antología de autobiografías en la que diversos autores presentan sus obras, mayoritariamente en prosa, haciendo referencia al término "autobiografía". Es el caso de Alfonso Pérez Nieva y J.F. Sanmartín y Aguirre. Por otra parte, Manuel del Palacio también escoge el lema en su poema Autobiografía. Aunque está sin datar, hemos calculado la fecha de composición a partir de la de nacimiento (1831) y de lo que el autor afirma en el poema “Cincuenta seis Noche-buenas/Han corrido”, es decir, que la escribió a los 56 años, en 1887.

[6] Félix López, Autobiografías festivas en la literatura española (1848-1918?), Barcelona: Archivo de la Unidad de Estudios Biográficos (UEB), UB, (2007).

[7] REAL ACADEMIA ESPAÑOLA: Banco de datos (CORDE) [en línea]. Corpus de referencia del español actual. http://www.rae.es [21/09/2008]

[8] José Estremera, El Liberal, (1894).

[9] Manuel Matoses, El Liberal, (1894).

[10] Felipe Pérez y González, El Liberal, (1894).

[11] Ibíd.

[12] Tomamos el texto de Romero Tobar (1993). También hemos localizado otros autores festivos del último tercio del XIX, que hacen referencia al término autobiografía, aplicado a la producción literaria, en 1890. Sus testimonios proceden de Autobiografías de escritores festivos contemporáneos (1890), una antología que recoge autobiografías en prosa y en verso. Entre las escritas en prosa, se encuentran: la de J. F. Sanmartín y Aguirre, que se refiere a su obra comomi autobiografía”, y la de Alfonso Pérez Nieva, que lo hace en los mismos términos mi autobiografía”.

[13] Cádiz, 1789-Madrid, 1865. Político y escritor español. Desempeñó un papel de relieve en el levantamiento de Riego. Condenado a muerte bajo la restauración fernandina, se exilió en Inglaterra hasta 1834 y fue el primer catedrático de castellano del King's College de Londres. Regresó a España tras la muerte de Fernando VII. Fue nombrado diputado y, tras su paso al moderantismo, ministro de Marina en 1836. Tras los sucesos de La Granja, se expatrió de nuevo hasta 1837. Después de este nuevo exilio fue nombrado ministro de Fomento (1864-1865). Ha dejado escritos políticos, literarios y autobiográficos, entre los que destacan Recuerdos de un anciano (1878) y Memorias (1886), obras fundamentales para el conocimiento político y social de la primera mitad del s. XIX. No menos importante es su prólogo a El moro expósito (1834), del duque de Rivas, considerado el primer manifiesto del romanticismo español. (http://www.biografiasyvidas.com/biografia/a/alcala_galiano_antonio.htm).

[14] “(Salamanca, 1820-1881). Colaboró en publicaciones progresistas (La Reforma, La Tribuna del Pueblo) y fue director del Museo Arqueológico Nacional. En su obra poética siguió una línea populista-romántica: Ecos nacionales (1849 y 1854), Elegías (1873) y Leyendas de Nochebuena (1867). Es autor también del drama romántico Bernardo de Saldaña (1848), escrito en colaboración con Francisco Zea, y de la novela El beso de Judas (1860).

[15] Autobiografías de escritores y poetas españoles es una obra sin datar. Si atendemos a las fechas de las autobiografías que contiene esta antología, la más avanzada es la autobiografía, Escrita en tres fechas diferentes [1905, 1918, 1913] de mi vida insignificante, de Luis Esteso. En consecuencia, podemos asegurar que Autobiografías de escritores y poetas españoles no pudo publicarse con anterioridad a 1918.

[16] Veinte artículos publicados en la hoja literaria de “La Época”, los lunes del 7 del XI de 1882 al 16 de IV de 1883. Posteriormente se publicó en Madrid, en 1883, como libro con un prólogo de Clarín.

[17] “La señora Pardo Bazán (...) me anuncia que decididamente ha encontrado un editor para su traducción de Los Hermanos Zemganno (...)” En Los hermanos Zemganno Edmond de Goncourt; versión y estudio preliminar de la Condesa de Pardo Bazán, Alicante: Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, (1999).

[18] J. López Silva, El Liberal, (1894).

 

Obras citadas

AA.VV. (1894), Madrid: El Liberal, “Serie Autores cómicos. Perfiles”, del 2-III al 18-IV.

AA.VV. (2007), Doscientos críticos literarios en la España del siglo XIX, Diccionario biobibliográfico, Madrid: Ministerio de Cultura, Consejo Superior de Investigaciones Científicas.

Alarcón, Pedro Antonio de (1999), Juicios literarios y artísticos, Alicante: Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes.

Alas Leopoldo “Clarín” (2006), Cartas a un estudiante, I-IV, Las literatas III, Madrid: Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, Fundación José Antonio de Castro.

Alcalá Galiano, Antonio (1834), Literature of the Nineteenth Century: Spain, London: The Athenaeum, 340.

Alvar, Manuel (2007), “Los diccionarios académicos y el problema de los neologismos”, Alicante: Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes.
[http://www.cervantesvirtual.com/servlet/SirveObras/01593852980142838560035/p0000001.htm#I_0_]

Álvarez, María Antonia (1989), La Autobiografía y sus géneros afines, Madrid: UNED, Epos, Revista de filología, 5.

Aranguren, J. L (1992), De ética y moral, Barcelona: Círculo de Lectores.

Autobiografías de escritores y poetas españoles, Madrid: Imprenta de Juan Pueyo, s.f “Biblioteca de Autores Célebres” 3.

Azorín Fernández, Dolores (2000), Los diccionarios del español en su perspectiva histórica, Alicante: Publicaciones de la Universidad de Alicante.

Ballano Olano, Inmaculada (2007), El psicologismo francés de fin de siglo y Emilia Pardo Bazán, Alicante: Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes.

Caballé, Anna (1995), Narcisos de tinta. Ensayo sobre la literatura autobiográfica en lengua castellana (siglos XIX y XX), Madrid: Megazul.

Coello y Pacheco, Carlos (1878), Cuentos inverosímiles, Madrid-París: Biblioteca Perojo.

Costa, Joaquín (1898), Colectivismo agrario en España, Madrid: Imprenta de San Francisco de Sales.

Cueto, Leopoldo Augusto de (1952), Bosquejo Histórico-crítico de la Poesía Castellana, Madrid: Atlas, BAE.

Dekker, Rudolf (2002), “Egodocuments in the study of history”, Navarra: Anuario de historia de la Universidad de Navarra, 5.

[DRAE] Diccionario de la lengua española. Vigésima segunda edición, Madrid, Espasa-Calpe, 2001.

Domínguez, R. J (1846-47), Diccionario nacional o gran diccionario clásico de la lengua española el más completo de los publicados hasta el día por Ramón Joaquín Domínguez, Madrid: Bernat.

Durán López, Fernando (1997), Catálogo comentado de la autobiografía española (siglos XVIII y XIX), Madrid: Ollero & Ramos Editores.

—— (1999), Boletín de la Unidad de Estudios Biográficos 4, Barcelona: UB.

—— (2004), “Nuevas adiciones al catálogo de la autobiografía española en los siglos XVIII y XIX”, Madrid: Signa, 13.

[GASPAR Y ROIG] (1853-1855), Biblioteca Ilustrada de Gaspar y Roig. Diccionario enciclopédico de la lengua española. Madrid: Imprenta y Librería de Gaspar y Roig, editores, tt. I y II.

Georges Gusdorf (1991), “Condiciones y límites de la autobiografía”, Barcelona: Anthropos, Suplementos Anthropos, 29.

López García, Félix (2007), Autobiografías festivas en la literatura española (1848-1918?), Barcelona: Archivo de la Unidad de Estudios Biográficos, UB.

—— (2008), Autobiografías festivas en verso en la literatura española (1848-1918?), Madrid: Espéculo, Revista de estudios literarios, UCM.
[http://www.ucm.es/info/especulo/numero39/autover.html]

Martínez de Sousa, José (1995), Diccionario de lexicografía práctica, Barcelona: Vox.

Menéndez y Pelayo, M (2003), Historia de los heterodoxos españoles, Alicante: Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes.

Pagés, Aniceto de (1902-1932), Gran Diccionario de la Lengua Castellana (de Autoridades), Madrid: Sucesores de Rivadeneyra.

Pardo Bazán, E (1999), En Los hermanos Zemganno Edmond de Goncourt; versión y estudio preliminar de la Condesa de Pardo Bazán, Alicante: Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes.

—— (1999), Prólogo a La esclavitud femenina, Alicante: Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes.

—— (2004), “La novela novelesca”, En Nuevo Teatro Crítico [año I, 6], Alicante: Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes.

Puertas Moya, Francisco Ernesto (2003), La escritura autobiográfica en el fin del siglo XIX: el ciclo novelístico de Pío Cid considerando como la autoficción de Ángel Ganivet, Alicante: Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes.

Quilis Merín, Mercedes (2006), El modelo de Fraseología Académica en el Diccionario Nacional (1846-1847) de Ramón Joaquín Domínguez, Valencia: Universidad de Valencia.

REAL ACADEMIA ESPAÑOLA: Banco de datos (CORDE) [en línea]. Corpus de referencia del español actual. http://www.rae.es

Taine, H (1956), Historia de la literatura inglesa, Madrid: La España Moderna.

Romero Tobar, Leonardo (1993), Una autobiografía y otros textos de Valera, Zaragoza: Universidad de Zaragoza.

Tortosa, Virgilio (2001), Escrituras ensimismadas. La autobiografía literaria en la democracia española. Alicante: Universidad de Alicante.

Valera, J (2003), Del romanticismo en España y de Espronceda, Revista dos mundos, Alicante: Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes.

—— (1946), Epistolario de Valera y Menéndez y Pelayo, Madrid: Espasa-Calpe.

Vázquez Diéguez, Ignacio (2006), Lexicografía bilingüe hispano-lusa: Mascarenhas Valdez, Barcelona: Universidad de Barcelona, ISBN: 978-84-691-1581-7.

Villanueva Astengo, J. L (1825), Vida literaria del D. Joaquín Lorenzo Villanueva, o Memoria de sus escritos y de sus opiniones eclesiásticas y políticas, y de algunos sucesos notables de su tiempo, con un apéndice de documentos relativos al Concilio de Trento. Escrita por él mismo, Londres: Imprenta de A. Masintosh.

 

© Félix López García 2010

Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

El URL de este documento es http://www.ucm.es/info/especulo/numero45/cridicc.html