Hacia donde la magia converge:
Harry Potter y su papel en la literatura hechiceril

Eva Lara Alberola

Universidad Católica de Valencia “San Vicente Mártir”
eva.lara@ucv.es


 

   
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Resumen: Harry Potter es una saga que resultaría inconcebible si no presuponemos unos profundos conocimientos de índole mágica en su creadora. J. K. Rowling es una autora versada en la historia de la magia. Con esto queremos decir que esta filóloga aprovecha todos los elementos que la literatura ha aglutinado a lo largo de los siglos y que pertenecen al universo de las artes ocultas, pero no solo eso, profundiza, igualmente, en aspectos históricos, antropológicos e incluso psicológicos, que alejan a esta escritora de la mera superstición y la acercan a la filosofía que subyace en la MAGIA, con mayúsculas. A través de la plasmación que ejecuta de diversos ámbitos relativos a lo sobrenatural, presenta una serie de tesis que plantean su propia visión de la magia, la hechicería y un fenómeno tan controvertido y complejo como fue la brujería. Pocas colecciones de novelas articulan un mundo tan coherente desde un punto de vista mágico.
Palabras clave: Harry Potter - magia - hechicería -brujería

Abstract: Harry Potter is a novel series that would be unconceivable unless we assume that her author has a deep knowledge on magic, as J. K. Rowling is an author who knows well the history of magic. By this we mean that this linguist uses all the elements belonging to the world of the occult arts that literature has compiled over the centuries. Not only this, but she also deepens in historical, anthropological and even psychological features that keep this writer away from mere superstition and brings her closer to the philosophy behind MAGIC. Through the image that she offers of several areas relating to the supernatural, she shows a number of theses about her own vision of magic, witchery and a phenomenon so complex and controversial as sorcery was witchcraft. Few collections of novels give the reader such a coherent world from a magical point of view.
Keywords:Harry Potter - magic - sorcery - witchcraft

 

0.- Introducción

Harry Potter y la piedra filosofal, la cámara secreta, el prisionero de Azkabán, el cáliz de fuego, la orden del Fénix, el misterio del príncipe y, por último, las reliquias de la muerte, conforman una de las sagas mágicas, si no la única, que mejor construye un universo ficticio perfectamente articulado cuya base es, valga la redundancia, la magia. Sin duda, si nos detenemos más concretamente en la literatura infantil y juvenil, podemos afirmar que estos siete libros acompañan al pequeño lector, que inicia su andadura literaria con unos 11 años, edad a la que Harry ingresa en Hogwarts, en un viaje al corazón de las sobrenaturales artes, que hunden sus raíces en tradiciones diversas y en un sólido anclaje (en lo que concierne a la formación de la autora tanto en literatura de creación como en manuales de carácter hechiceril desde un punto de vista histórico y también desde la perspectiva de la praxis), aunque, eso sí, sirven como cobertura y adorno de una dimensión mucho más profunda, ya que esta colección de novelas no está exenta de mensaje y de buenos valores, que se transmiten primero al niño y después al adolescente sin que este apenas se dé cuenta. Y cuando el lector finaliza el trayecto, se descubre ya con diecisiete años, si respeta el ritmo que parece imprimir J.K. Rowling a la recepción de su obra.

Por este último hecho, los sucesivos libros protagonizados por el más famoso de los magos poseen un mecanismo inexistente en otros textos con los que se podría vincular, como El Señor de los Anillos, Las crónicas de Narnia o Un mago de Terramar, pues trazan todo un itinerario vital. El adolescente puede salir reforzado después de haber crecido con Harry y tras haberse enfrentado con él a todas las dificultades e incluso a la muerte. Ahora sabe que para ser un héroe no es necesario ser atractivo, superdotado, físicamente fuerte y ni siquiera adulto. Se puede ser un infante, huérfano, e incluso maltratado por la familia ‘adoptiva’, que ha crecido sin afecto, durmiendo en una alacena bajo las escaleras, pasando hambre y sin conocer sus orígenes, y, sin embargo, ser un gran héroe, en manos del cual se encuentra el destino del mundo [1]. El lector evoluciona junto al personaje y descubre la complejidad de esta historia, que se va revelando entrega tras entrega, y que tiene mucho que ver con la complejidad del propio Harry y con las cuestiones que se plantea que, aunque aplicadas a ese mundo mágico independiente creado por Rowling, son extrapolables a la vida real y a la cotidianidad de cada uno de esos individuos ‘en formación’ a los que llega paulatinamente la obra.

No debemos olvidar, no obstante, la presencia de esta colección en la trayectoria literaria del receptor adulto, que no ha dudado en acercarse a los miles de páginas que conducen al desenlace final de la trama y que ha sabido hallar también una intriga que lo ha obligado a seguir leyendo y una serie de elementos que el lector más joven, probablemente, no puede identificar ni interpretar. Precisamente en todos esos aspectos nos detendremos a lo largo de este trabajo.

La secuencia de textos de J. K. Rowling se sustenta en una serie de conocimientos que la autora utiliza como armazón del universo que crea para sus personajes. En la última entrega todo cobra sentido y la construcción de ese edificio mágico llega a su fin, sin fisura alguna, con un perfecto acabado en sus materiales. De este modo, nos hallamos inmersos en un mundo con sus propias claves, que en la mayor parte de ocasiones guarda un paralelismo fundamental con el mundo real, carente de encanto y encantamiento. La autora toma todos los problemas y temas candentes de la sociedad contemporánea y crea un reflejo de los mismos en un espacio ficcional que se erige en estandarte de estas novelas y que el lector termina comprendiendo y controlando tanto como su propia cotidianidad. Hasta tal punto se puede hablar de fundación de un reducto a medio camino entre la realidad y la ficción, que una revista traducida al español, pero procedente de Italia, Diario de los magos y brujas, aprovecha el éxito editorial y de taquilla de esta obra para establecer contacto con niños y adolescentes, apelando a lo que se podría denominar “lenguaje potteriano”, con una terminología procedente de dichas novelas y jugando, de algún modo, a habitar en esa dimensión.

Evidentemente, no habría sido posible tal maestría por parte de la escritora sin una buena base acerca de la temática que se recrea. Rowling conoce la historia de la magia. Posee nociones indudables, no solo de carácter teórico-práctico (manuales de hechicería y las teorías existentes con respecto a estas artes), sino también literario (diversas tradiciones de plasmación hechiceresco-brujeril). Por esto mismo, podemos aventurarnos a afirmar que la saga de Harry Potter constituye el objetivo “hacia el que la magia converge”. Es como si toda la tradición anterior se conjugara para dar a luz a todo un golem, que se nutre del caudal mágico existente, pero que también apunta más allá, llega a otro nivel, aunque a primera vista no lo parezca, y enuncia su propia tesis acerca de la brujería. Vayamos comprobándolo.

 

1.- Harry Potter y su papel en la literatura hechiceril.

Resulta indudable, desde un primer momento, que varias tradiciones culturales y literarias se dan cita en estas piezas, puesto que nuestra primera visión al comenzar a leer es la de Merlín-Gandalf y Circe con hábito de vieja bruja, sin olvidar al típico gigante de los cuentos, presentado, eso sí, positivamente, sobre una vieja moto voladora. Estas intertextualidades aguzan la atención de los versados en este caudal cultural y suponen una pincelada pintoresca, por las características de la combinación de los variopintos personajes, para los no iniciados. De esta manera y seguramente de modo no consciente, la autora cierra las puertas de la verdadera y profunda interpretación del texto a la mayoría de los receptores y entrega la llave solo a unos poco elegidos, habitualmente adultos. Se podría hablar, por tanto, de una doble lectura de Harry Potter, una de carácter más superficial, aunque no exenta de atractivo y aprovechamiento, sobre todo dirigida a infantes preadolescentes y jóvenes; y una lectura honda y significativa, que necesita de una formación precedente y que encierra un mensaje irreconocible para la mayoría y descodificable solo para unos pocos. No nos referimos a que Rowling inserta deliberadamente una enigmática información de carácter ocultista, sino al uso que de sus conocimientos mágicos y de la tradición literaria hace en su obra, ya que consigue presentar su propia visión acerca de esta temática a través de la selección de actantes y rituales mágicos, y su concepción sobre la brujería.

De este modo, inserta motivos, arquetipos, ambientes, contenidos… procedentes de las tradiciones: céltica, nórdica, artúrica, clásica y de la literatura hechiceresco-brujeril más importante, considerando dentro de este rótulo los tratados teológicos reprobatorios, los manuales que intentaban explicar el funcionamiento de la magia desde un punto de vista teórico-filosófico, los grimorios que daban las pautas para ejecutar los actos sobrenaturales, sobre todo de los siglos XV, XVI y XVII, y las obras de creación que de alguna manera plasmaban esta temática. Por ello, se puede afirmar que es como si todos los libros que conforman el panorama que hemos descrito, hubieran estado ahí preparados para, conjuntamente, alumbrar una magna opera, cuando algún genial escritor supiera extraer todo su jugo.

1.1.- Harry Potter y la alta magia.

Comenzaremos especificando el concepto de Magia, que sería, según el Diccionario de Autoridades de 1734, “Ciencia o arte que enseña a hacer cosas extraordinarias y admirables” y diferenciaría entre ‘magia natural o blanca’ y ‘magia negra’. El Diccionario de la Real Academia de 1989 introduce importantes cambios, pues desde 1837 se comenzó a considerar la magia desde su vertiente negativa en estos diccionarios, y leemos: “Arte o ciencia oculta con que se pretende producir, valiéndose de ciertos actos o palabras, o con la intervención de espíritus, genios o demonios, efectos o fenómenos extraordinarios, contrarios a las leyes naturales”. Rowling no incluye en su cosmogonía seres superiores como causantes de los efectos de los encantamientos, pues no profundiza en los mecanismos acerca del cómo funciona la magia.

Esta, en un sentido amplio, comprende un conjunto de creencias y prácticas basadas en la idea de que existen unos poderes ocultos que hay que conciliar o conjurar para conseguir un beneficio o provocar una desgracia. Históricamente, esta ciencia se ha relacionado con los antiguos sacerdotes de Babilonia, Asiria y del imperio persa. José Manuel Pedrosa la define como “el conjunto de saberes y de poderes de tipo místico-religioso de la casta sacerdotal medopersa de los magos” (Pedrosa 2002: 70). Parece ser que estos últimos eran, hacia el siglo V a. C., una casta sacerdotal venerada y respetada que dominaba las ciencias ocultas; magia y religión eran una misma cosa. También fue Egipto la cuna de la magia [2] y son de inestimable interés las aportaciones de Hermes Trismegisto. Del mismo modo, y siempre desde Oriente, es fundamental tener en cuenta la Cábala judía. Tanto la corriente conocida como hermética como la cabalística fueron en su origen una filosofía mística que aspiraba a la unión con la divinidad, para la cual era necesaria una iniciación y un camino de superación y sacrificio. También hemos visto que la magia tuvo su origen en una religión, la mazdeísta, fundada por Zoroastro. Esto nos lleva a afirmar que, sobre todo en los siglos dorados del resurgimiento de la cultura de la antigüedad (XV, XVI y XVII), gracias a los cuales ha llegado hasta nosotros, lo que se conocía como magia hundía sus raíces en la religión y la filosofía, e implicaba toda una cosmogonía, que paulatinamente iría desnaturalizándose por una falta de comprensión. De ahí la posterior persecución por parte de las jerarquías eclesiásticas y también civiles (Culianu 1999: 241).

Si profundizamos un poco más en los entresijos del arte que nos ocupa, se ha de comentar, como bien explica James Frazer, que se sustenta en dos principios básicos: lo semejante produce lo semejante y las cosas que estuvieron en contacto actúan mutuamente a distancia, aunque ya no exista ningún lazo físico. Estos principios dan lugar a dos leyes, la ley de semejanza y la ley de contagio. De estos razonamientos, se derivan dos clases de magia: la magia homeopática y la contagiosa [3], que caen bajo el rótulo más amplio de magia simpatética (Frazer 1989: 33-35). Nathan Bravo, por su parte, diferencia entre alta y baja magia. La primera contendría la astrología, la alquimia y la nigromancia; la segunda, la hechicería, la curación y la adivinación [4]. La magia culta tendría un respaldo teórico y en ella se centrarían las élites cultas; la baja magia estaría al alcance de todos, no disfrutaría de una base libresca y sus fines serían prácticos, inmediatos (Nathan Bravo 1999).

En cuanto al término mago, en el Diccionario de Autoridades de 1737, hallamos: “Nombre que daban los orientales a sus sabios, a sus filósofos y reyes” y también encontramos: “Mago se llama comúnmente al que por arte de magia, ayudado del demonio, hace algunas cosas, en que parece excede a lo ordinario de la naturaleza”. Cuando la Iglesia condenó toda magia como diabólica, esta fue la idea generalizada, muy lejos de lo que los Humanistas y filósofos renacentistas afirmaban, ya que creían en la existencia de una magia blanca. Esto último es lo que respeta Rowling, pues desprovee de toda dimensión demoníaca a las prácticas que se llevan a cabo en el universo fantástico que funda.

Javier Blasco intenta aclarar todavía más el concepto de mago, y expone que aspira a conocer los secretos que gobiernan la naturaleza, con el objeto de dominar sus fuerzas y minimizar los efectos nefastos o mortales que ocasionan en el hombre; concibe un universo de esferas donde cualquier elemento se encuentra interrelacionado a través de unos vínculos basados en la simpatía o en la antipatía entre sus partes; se preocupa por descifrar los nombres ocultos de Dios (Hermética y Cábala) y con ello llegar a la correcta interpretación de la Biblia con las revelaciones que ello conlleva; se esfuerza por desvelar el futuro del individuo; en definitiva, aspira en su interior a rozar la divinidad y, en última instancia, la perfección de la que siempre ha carecido (Zamora Calvo 2005: 21-22).

Harry Potter tiene su base en este sistema que hemos tratado de definir sucintamente. Si entramos más en detalles, diremos que estas novelas asientan sus cimientos en el denominado hermetismo, fundado por la figura y los estudios de Hermes Trismegistro (Corpus hermeticum), como ya apuntábamos. Esta filosofía hermética nació en Egipto (por esto, entre otras cosas, se le considera a este país cuna de la magia) [5] y dio lugar a escuelas de iniciados, hecho que está presente en las novelas que nos ocupan [6]. Algunos de los elementos de esta “ciencia” que resultan interesantes para este estudio son, por ejemplo, la serpiente como símbolo hermético, aunque la presencia de este animal en Harry Potter podría vincularse más bien al Diablo, como veremos más adelante; otro de sus estandartes es el bastón mágico, que posteriormente derivaría en la varita [7], objeto sin el cual no se pueden lanzar hechizos en los textos de Rowling; es relevante, igualmente, el papel otorgado a la Luz, como fuerza astral o energía cósmica, que representaría el Bien, en lucha y oposición continua al denominado Satélite Oscuro, agente de las fuerzas tenebrosas, el Mal. En Harry, Albus Dumbledore es la Luz, de ahí su nombre, que en latín significa ‘blanco’, y que encarnaría ese aspecto luminoso y de claridad [8]; Lord Voldemort, en cambio, se apoda el Señor Tenebroso, y se caracteriza por su oscuridad [9]. Harry, por supuesto, estaría junto a Albus Dumbledore en esa lucha continua, pero su situación es mucho más complicada, pues existe una conexión entre Voldemort y él, hecho que dota de una profundidad digna de ser analizada al protagonista de esta saga (Andrés Martín 2006: 99-104).

Por otro lado, esta filosofía, que ha pasado a la historia como magia y que ha dado lugar a la vertiente alta y culta de la misma, insiste en el carácter secreto de la doctrina, que únicamente puede ser transmitida de maestro a discípulo. En Harry, no solo vemos este aspecto materializado en Hogwarts, la Escuela de Magia (en la traducción castellana, y Escuela de Brujería y Hechicería en el original en inglés), sino en la relación que mantiene el héroe con ciertos personajes, como el director del centro, que se puede calificar de mentor [10]; el gigante Hagrid, que lo introduce en este universo fantástico, le ayuda a cruzar el umbral hacia lo desconocido; y Remus Lupin, que le enseña, en unas clasecitas particulares, cómo convocar un Patronus. Además, en la última secuela, Harry Potter y las reliquias de la muerte, Dumbledore deja en herencia a Harry, Ron y Hermione algunos objetos que les resultarán muy útiles: la primer snitch dorada que Harry atrapó; el desiluminador para Ronald y los Cuentos de Beedle el Bardo para Hermione, la gran lectora (Reliquias: 113-115). También les lega algunos enigmas que exigirán una iniciación para llegar a su resolución: la búsqueda y destrucción de los horrocruxes y el conocimiento y encuentro de las tres reliquias de la muerte. El joven mago pasa por constantes pruebas que hacen que se supere y vaya ascendiendo en su formación y, sobre todo, como ser humano. Precisamente, el hermetismo perseguía un camino de perfeccionamiento para llegar a la unión mística con Dios. Ese es el origen y la finalidad de la magia en estado puro (Andrés Martín 2006: 104).

Rowling no olvida incluir en Harry Potter y la piedra filosofal referencias a algunos autores medievales y renacentistas que fueron considerados magos y que conocían bien la Hermética:

— ¡No me digas que nunca has oído hablar de Dumbledore! -dijo Ron-. ¿Puedo servirme una rana? Podría encontrar a Agripa... Gracias...

[…] Harry miró asombrado, mientras Dumbledore regresaba al cromo y le dedicaba una sonrisita. Ron estaba más interesado en comer las ranas de chocolate que en buscar magos y brujas famosos, pero Harry no podía apartar la vista de ellos. Muy pronto tuvo no sólo a Dumbledore y Morgana, sino también a Ramón Llull, al rey Salomón, Circe, Paracelso y Merlín. Hasta que finalmente apartó la vista de la druida Cliodna, que se rascaba la nariz, para abrir una bolsa de grageas de todos los sabores (p. 90).

Ramón Llull, Paracelso y Enrique Cornelio Agripa fueron iniciados en la magia hermética y cabalística. Otros estudiosos que destacaron en este sentido fueron Arnaldo de Vilanova, Enrique de Villena, Roger Bacon, Nicolas Flamel, Trithemio, Giordano Bruno… Y ahora que hemos mencionado a Nicolas Flamel, no podemos obviar su presencia en el primer volumen, ya que se le atribuye, como de hecho ocurrió en la realidad, el hallazgo de la piedra filosofal y la composición de un elixir de la inmortalidad [11]. La autora aprovecha la leyenda que se desarrolló en torno a este reputado alquimista y crea el argumento de su libro tomándola como base (Andrés Martín 2006: 107-111).

Pero en el fragmento arriba citado se hace referencia a más personajes relevantes: Morgana y Merlín de la tradición artúrica; el rey Salomón, figura bíblica que se vinculó de manera muy estrecha a la magia hebrea y se le consideró autor de un texto muy importante, de carácter cabalístico, Clavicula salomonis o Llave de Salomón, uno de los grimorios mágicos más importantes de todos los tiempos. Circe, por otra parte, nos llevaría directamente a la hechicería grecolatina, que también fue fundamental en relación con las artes sobrenaturales que se recuperan en el Renacimiento; y, por último, la druida Cliodna remite a la tradición céltica. Rowling presenta así un conglomerado de influencias que da fe de su dilatada formación.

Retomando el hilo del discurso, diremos que, en el Renacimiento, la alta magia sustentada en el hermetismo, la cábala, y el neoplatonismo (Menéndez Pelayo 1911: 442-445; Burke 1993: 29-30), rechaza, de alguna manera, la muerte. El deseo de eternidad se refleja en la magia, y la alquimia es uno de los caminos que intenta satisfacer dicha demanda. La nigromancia, otra de las ramas de la alta magia, intenta, igualmente, conquistar el mundo del más allá. Entre los actos que se ejecutaban, estaban las prácticas espagíricas, que consistían en devolver a la vida a un fallecido. Muchos magos dieron instrucciones a sus discípulos para que los resucitaran. Y no faltaron tampoco los intentos de creación de vida en la clandestinidad de los laboratorios, el alumbramiento del golem, un ser artificial diseñado por el hombre mediante sus poderes sobrenaturales (Andrés Martín 2006: 117-119) [12].

En Harry Potter, la idea de la muerte resulta fundamental. Eso sí, se deja bien claro que no se puede resucitar a los muertos [13]: los padres del protagonista no pueden volver, aunque en Harry Potter y el cáliz de fuego, en el enfrentamiento entre el joven mago y el Señor Tenebroso, de la intersección de la energía de las dos varitas, emergieran los espíritus de Lily, James y Cedric (Cáliz: 579-581); y aunque, en Piedra, el pequeño huérfano viera el reflejo de sus progenitores en el espejo de Oesed (Piedra: 174). Eso sí, el ansia de inmortalidad está muy presente, en la figura de Nicolas Flamel y su esposa, que finalmente renuncian a ese estado en pro del Bien Supremo; y en la persona de Lord Voldemort, que sobrevive como un fantasma, a medio camino entre la vida y la muerte, en Piedra, hasta el punto de tener que habitar, como un parásito, el cuerpo del profesor Quirrell. Y regresa en forma totalmente corpórea en Cáliz, gracias a un discípulo, Peter Pettigrew, que lleva a cabo una de las pocos hechizos en caldero o redoma, con un conjuro, que incluye la sangre de Harry. Magia negra, sin duda alguna (Cáliz: 557-560). Pero “El que no debe ser nombrado” no se contenta con su resurrección, anhela la vida eterna, y para ello descubrimos en Harry Potter y el misterio del príncipe que este mago descarriado ha dividido su alma y ha depositado cada uno de los fragmentos en un Horrocrux, oculto y protegido, cada uno en una ubicación diferente.

En uno de los recuerdos que Dumbledore guarda en su pensadero, y que pertenece al profesor Slughorn, averiguamos más acerca de los horrocruxes: “Divides tu alma y escondes una parte en un objeto externo a tu cuerpo. De ese modo, aunque tu cuerpo sea atacado o destruido, no puedes morir, porque parte de tu alma sigue en ese mundo ilesa” (p. 461). Y el modo de dividir el alma está relacionado con “el acto maligno por excelencia: matar. Cuando uno mata, el alma se desgarra. El mago que pretende crear un horrocrux aprovecha esa rotura y encierra la parte desgarrada” (p. 462). Y en Harry Potter y las reliquias de la muerte, Ron pregunta: “¿Y no hay ninguna forma de volver a juntar las partes?”. Hermione, que ha averiguado por medio de un libro todo lo posible sobre los horrocruxes, explica: “Arrepintiéndote. […] Tienes que arrepentirte de verdad de lo que has hecho. […] Por lo visto, el dolor que sientes al hacerlo podría destruirte. Pero, no sé por qué, no me imagino a Voldemort intentándolo” (p. 95).

Y, aún más, en Reliquias, Voldemort desconoce que quien se haga con tales objetos, que son tres, la Capa de Invisibilidad, la Piedra de Resurrección de aquellos que habitan el ultramundo, y la Varita de Saúco, la más poderosa que existe, se erigirá en Señor de la Muerte (Reliquias: 345-350), pero aun así persigue esa legendaria varita, para ser invencible ante la de Harry, y poder ser él quien siga con vida tras la batalla. Y todo ello para burlar a la Parca. Sin embargo, y como bien esboza la literatura popular en un cuento que sirve como pista a Harry, Ron y Hermione, solo quien se enfrenta a la muerte, dispuesto a darse a ella sin condiciones, podrá salvarse. Y ese es nuestro protagonista, pues cuando descubre que él mismo es el último horrocrux (Reliquias: 576), donde se escode una parte del alma de Voldemort, y comprende que ha de morir para salvar de un horrible destino a sus semejantes:

Harry comprendió que no iba a sobrevivir. Su misión era entregarse con serenidad a los acogedores brazos de la muerte. Pero antes de llegar a ese punto tenía que destruir los últimos vínculos de Voldemort con la vida, de modo que cuando saliera al encuentro con el Señor Tenebroso sin alzar la varita para defenderse, hubiera un final limpio y se diera por concluido el trabajo que no se había terminado en Godric’a Hollow; ninguno de los dos viviría, ninguno de los dos sobreviviría (Reliquias: 580).

No opone resistencia, lo que significa que no siente un profundo miedo a la hora de la verdad [14], y así logra una segunda oportunidad. Voldemort definitivamente será vencido y se entregará al destino que le espera en el Más allá.

La lección está clara: nadie puede librarse del fin, porque el hombre es mortal. Dumbledore explica de un modo muy claro cuál es la gran debilidad de Voldemort en una tensa conversación con este:

— ¿No quieres matarme, Dumbledore? […] Estás por encima de esa crueldad, ¿verdad?

— Ambos sabemos que existen otras formas de destruir a un hombre, Tom. […] Reconozco que quitarte la vida no bastaría para satisfacerme.

— ¡No hay nada peor que la muerte, Dumbledore! […]

— Te equivocas. […] De hecho, tu incapacidad para comprender que hay cosas mucho peores que la muerte siempre ha sido tu mayor debilidad (Cáliz: 838).

Quien huye lo inevitable no triunfa. Y quien se enfrenta a sus dragones y está dispuesto a entregarse por los demás, de forma generosa y desinteresada, por el Bien, tendrá su recompensa, su Unión Mística.

En otro momento, el mismo Harry, en Orden, presa de la desesperación que le produce la desaparición de Sirius, siente la necesidad de que algunos secretos de la muerte le sean desvelados y para ello escoge como orientador a Nick Casi Decapitado, un fantasma:

—Los magos pueden dejar un recuerdo de sí mismos en el mundo y pasearse como una sombra por donde caminaban cuando estaban vivos. […] Pero muy pocos magos eligen ese camino. […] No volverá. […] Él… Seguirá adelante.

— ¿Qué significa que “seguirá adelante”? […] ¿Adónde irá? ¿Por qué no todo el mundo vuelve? ¿Por qué este castillo no está lleno de fantasmas? ¿Por qué…?

[…] —Yo temía a la muerte. […] Decidí no aceptarla del todo. A veces me pregunto si no debí… Bueno, es como no estar ni aquí ni allí… […] Yo no sé nada de los secretos de la muerte, Harry, porque en lugar de morir elegí una pobre imitación de la vida (Orden: 884).

Harry, en Reliquias, comprenderá por fin la esencia del temido final del hombre. El joven mago muere. Se reencuentra con Dumbledore, con el maestro, y conoce los secretos de lo que está oculto [15], para luego regresar de nuevo a la vida, como recompensa por su disposición para el sacrificio y por su pureza. Ya sabe en qué se convierten allí los seres tenebrosos (Reliquias: 593) y ya conoce lugar que le aguarda cuando corten sus hilos. Pero para eso todavía falta mucho tiempo.

La autora sustenta, como vemos, su universo de ficción en la alta magia, cimentada en la Hermética y también en la Cábala, pues también cabalistas fueron Ramón Llull y Agripa. La cábala, que procede de la mística judía, da una importancia sin igual a los nombres (en concreto a los nombres secretos del dios con el cual se quiere entrar en comunión) y este hecho se refleja en el temor que inspira el nombre del Señor Tenebroso, que se convierte en Tabú y que exige ciertos eufemismos, como “Quien tú sabes” o “El que no debe ser nombrado”. De hecho, en Reliquias, se usa ‘Voldemort’ como denominación a la que se ha aplicado un hechizo para, cuando se aluda a este mago de intenciones torcidas con su vocativo real, localizar a los sacrílegos para ser apresados por los mortífagos (Reliquias: 332). Por otra parte, también procede de la cábala el uso de palabras mágicas, como se puede comprobar acudiendo a la Clavícula de Salómón, texto clave de esta filosofía-mística, y a otros textos, como el Picatrix, el Libro de San Cipriano o los Textos de magia en papiros griegos [16]. En la colección de novelas de Rowling es precisamente la palabra mágica, pero en latín, combinada con el toque de varita, la que copa las prácticas de los magos y sus aprendices. Por último, la cábala concibe el mal como un elemento que estaría de forma inherente contenido en el Bien (Andrés Martín 2006: 126 y 175). De ahí la dicotomía y el continuo enfrentamiento de Harry consigo mismo, por las similitudes que observa entre él y Voldemort.

Estas dos corrientes, la Hermética y la Cábala, se fundieron y añadieron paulatinamente otros elementos, propios, por ejemplo, del Platonismo y de la hechicería grecolatina para configurar lo que se conocería como alta magia en el Renacimiento. Obras clave que nuestra autora seguramente conoce, aunque no podamos afirmar si las ha manejado de primera mano o no, son la Clavicula Salomonis, Liber razielis, Libro de Astromagia, Libro de San Cipriano, Picatrix, etc., en cuanto a tratados prácticos de hechicería. En referencia a los manuales teóricos de los principales filósofos-magos, cabe mencionar La filosofía oculta de Agripa, El Arte Magna de Ramón Llull, La filosofía oculta: la aplicación de la magia divina de Paracelso, y la obra completa de Giordano Bruno, Marsilio Ficino, Pico della Mirandola, etc. Y es innegable que ciertos textos de ficción como el Fausto de Goethe, que va en la misma línea que El mágico prodigioso de Calderón y El esclavo del demonio de Mira de Amescua, no escaparon a la atención de esta escritora.

J. K. Rowling se decanta por lo que se conoció como la vertiente natural y filosófica de las artes sobrenaturales, mostrando así un rechazo de la magia negra. El escolasticismo había contribuido sobremanera a condenar toda magia como diabólica, pero más tarde los humanistas insistirían (como exigía, por otra parte, la recuperación de todo el bagaje clásico) en la urgencia de distinguir entre una magia blanca, natural, anclada en la fisolofía, y la magia negra, ceremonial y diabólica. Sin embargo, esto no siempre fue así, lo que provocó la persecución de algunos humanistas - filósofos - magos, como los que hemos citado más arriba, acusados de adorar a Satán (Culianu 1999: 241).

Rowling, inclinándose por la alta magia y desproveyéndola de diabolismo, está marcando su propia línea de pensamiento al respecto. En ningún momento se relacionan las prácticas transmitidas en Hogwats con el Mal ni con el demonio, apelando así a un aparato teórico que hunde sus raíces en la Antigüedad (Egipto, Grecia, Roma…), en el Humanismo y en el Renacimiento, y que se opondría claramente a la doctrina de la Iglesia en estos asuntos, que procede directamente de Santo Tomás y, como hemos dicho anteriormente, del Escolasticismo [17].

Pero en el universo que habita el niño mago que nos ocupa, no está ausente el uso torcido de la magia, sino muy presente, y este sí representaría, de algún modo, la magia negra.

Las artes oscuras son numerosas, variadas, cambiantes e ilimitadas. Combatirlas es como luchar contra un monstruo de muchas cabezas al que cada vez que se lo corta una, le nace otra aún más fiera e inteligente que la anterior. Estáis combatiendo algo versátil, mudable e indestructible (Príncipe, p. 175)

Dice Snape en su presentación inicial del curso ante sus alumnos de Defensa contra las artes oscuras. Se reflejaría así una distinción entre dos líneas bien marcadas de las prácticas que nos ocupan.

Para esta escritora, por tanto, no toda la magia sería condenable, sino que la alta magia, natural, con base filosófica, no entrañaría peligro alguno. Y sobre esta se alza la trama de la obra. Sin embargo, la posibilidad del mal sigue estando presente y se va a materializar básicamente en Lord Voldemort y los mortífagos. No se vincula la magia negra al diablo, pero se crea un diablo para encarnarla, puesto que las similitudes de “El Señor Tenebroso” con el Demonio son más que evidentes [18].

Por otra parte, si la escritora se decanta por la alta magia, culta, deja en un lugar secundario la baja magia, sobre todo la amatoria, y los conjuros e invocaciones de carácter más utilitario, que se podrían imaginar en boca de una celestina cualquiera [19]. En estas novelas, hallamos el resorte en la palabra mágica y el uso de la varita. También se recurre en ciertas ocasiones a la poción, cuando se requiere un refuerzo para conseguir un determinado efecto, tal como la transformación física, o sonsacar la verdad a un alumno u oponente. Rowling selecciona rigurosamente los rituales que más le interesan. El universo que ha dado a luz se halla determinado por dicha selección, que va a estructurar rígidamente las prácticas que van a aparecer reflejadas en los cientos de páginas de la saga, situando cada elemento en su lugar.

1.2.- Harry Potter y la hechicería

Hemos dejado de lado ciertos aspectos que están muy presentes en la alta magia, pero que también se han conectado continuamente con lo que conocemos como hechicería, que estaría a medio camino entre la magia y la brujería, y que popularmente se vincularía con la mujer.

Para comenzar, es necesario remarcar las disimilitudes entre magia y hechicería.

Con respecto a la hechicería, el Diccionario de Autoridades de 1734 nos dice que es el “acto de hechizar, practicar y hacer los hechizos”. Y en referencia a hechizar, la definición es: “Hacer alguno muy grave daño, ya en la salud, ya trastornándole el juicio vehementemente, interviniendo pacto con el demonio, ya sea implícito o explícito”, con lo que nos hallamos frente a frente con la baja magia; y el Diccionario de la Real Academia matiza: “Ejercer un maleficio sobre alguien por medio de prácticas de hechicería”. Y como hechizo podríamos considerar (DRAE 1803) “Cualquier cosa supersticiosa, como jugos de hierbas, brebajes, untos de que se valen los hechiceros, encantadores, brujas y otras personas de esta clase para el logro de los fines que se proponen con el ejercicio de sus vanas artes”. El hechicero/a sería, por tanto, aquella persona que practica la hechicería, que compone o realiza hechizos. Para María Moliner (Diccionario de uso del español), el hechicero/a (sobre todo se aplica a las mujeres) es la “persona que pretende conocer el futuro y las cosas que están fuera del alcance de los sentidos o la inteligencia y ejerce un poder sobrenatural, generalmente maléfico, sobre cosas o personas valiéndose de palabras, signos y objetos extraños”.

La hechicería tendría su base, sobre todo y como su nombre indica, en el hecho, el acto, consistente en la utilización de hierbas, plantas, miembros o partes de animales, piedras, objetos cotidianos, etc. El conjuro o fórmula pronunciada en voz alta sería el otro elemento clave. Se podría decir que la hechicería es un reflejo de la magia culta, pero con una rebaja evidente del nivel, por lo que habría que hablar de baja magia, orientada no al logro del conocimiento o de la comunión con Dios, sino a la consecución de objetivos tales como el amor, la riqueza o la provocación de un daño en otra persona. La hechicería suele incluir la invocación diabólica, al igual que la nigromancia. “Hechicera” se aplicaba más a la mujer y “nigromante” al hombre, con la consecuente diferenciación social de ambas categorías y teniendo en cuenta que la nigromancia pertenecería a la alta magia y la hechicería a las prácticas inferiores.

La magia supondría toda una filosofía de vida y una concepción sobre el hombre y el universo, y en su interior, de alguna manera, incluiría a la hechicería, esa vertiente más práctica, que, al carecer de base libresca y culta, como la alta magia, no comparte con ella los elevados fines que la adornan. Muchos de los rituales coinciden, pero la magia se transmite por escrito, por ejemplo, y la hechicería oralmente; la magia siempre ha sido eminentemente masculina (por el mismo acceso a la cultura de los hombres durante muchos siglos) y la hechicería normalmente femenina, de carácter popular.

Rowling, claro está, ejecuta de nuevo una desnaturalización de un arte sobrenatural, despojándola de su carácter negativo, y, de algún modo, eleva de nivel las prácticas hechiceriles, pues, aunque va a mantener una cierta diferenciación entre las diversas denominaciones (magia, hechicería, brujería), la autora no se rige por lo que los expertos de finales de la Edad Media y de los Siglos de Oro exponían acerca de esta “ciencia femenina” casi de arrabales. No se va a hablar de tratos demoníacos ni de una finalidad casi totalmente maléfica. En ese sentido, magia y hechicería no serían exactamente lo mismo, pero se hallarían más cerca en Harry Potter de lo que han estado nunca.

Ya sabemos a estas alturas qué es la magia, con sus dignos objetivos y su carácter libresco y culto; habría que completarla, para presentar un panorama más extenso, con la hechicería, es decir, la vertiente más práctica, inmediata y popular, para evitar el elitismo. En esta línea y en el ámbito de Hogwarts, estaría la asignatura de Herbología, de la srta. Sprout, que implica unos conocimientos que parten de la experiencia (las hechiceras eran siempre herbolarias), o de Adivinación, de la srta. Trelawney, profesora en cuyas dotes de predicción prácticamente nadie cree, desprestigiándose así estas actividades (aunque en Orden llegamos a ser conscientes de que la acción se articula en torno a una profecía, enunciada, paradójicamente, por Trelawney, acerca del final del Señor Tenebroso) [20]; la clase de Transformaciones de la srta. McGonagall, puesto que las metamorfosis se asociaban, ya en la literatura grecolatina, a las hechiceras. También debería mencionarse aquí la curación que lleva a cabo continuamente la enfermera del centro, la sra. Pomfrey, siendo su labor imprescindible para el buen funcionamiento de la escuela. Las hechiceras fueron grandes sanadoras.

En este sentido, es interesante comentar que, por ejemplo, la magia amatoria, una de las ramas más fértiles de la hechicería, se halla pobremente representada en la mayoría de las entregas. De hecho, los filtros amorosos están prohibidos en Hogwarts (Cáliz: 450). En Príncipe se hace un mayor hincapié en esta práctica, aunque sale bastante mal parada y se le otorga muy poca credibilidad.

— Aquí los tenéis dijo Fred con orgullo . El mejor surtido de filtros de amor que pueden encontrarse en el mercado.

Ginny arqueó una ceja con escepticismo y preguntó:

— ¿Funcionan?

— Claro que funcionan, hasta veinticuatro horas seguidas, según el peso del chico en cuestión…

— …y del atractivo de la chica terminó George (Príncipe: 121).

Como se puede observar, es imposible forzar la voluntad humana para el amor mediante pociones, aunque estos filtros sí crean un espejismo por un tiempo limitado y más que un sentimiento, despiertan la locura del afectado [21], que se comporta con una extrañeza impropia.

El propio profesor Slughorn, que enseña Pociones, habla de la Amortentia, el filtro de amor más potente, pero no olvida especificar:

Por supuesto, la Amortentia no crea amor. Es imposible crear o imitar el amor. Sólo produce un intenso encaprichamiento, una obsesión. Probablemente sea la poción más peligrosa y poderosa de todas las que hay en esta sala. Sí, ya lo creo. […] Cuando hayáis vivido tanto como yo, no subestimaréis el poder del amor obsesivo (Príncipe: 183) [22].

Y una de las máximas representantes de esta rama de la hechicería, en la literatura universal, es Celestina, sin duda alguna, un nombre que Rowling no olvida citar, aunque aplicado a una cantante-hechicera archiconocida en el mundo mágico: Celestina Warbeck (Cámara: 36). En Príncipe, esta artista está interpretando en la radio un tema titulado precisamente Un caldero de amor caliente e intenso, que reza, entre otros versos: “Acércate a mi caldero / lleno de amor caliente e intenso / remuévelo con derroche / ¡y no pasarás frío esta noche / […] ¿Qué has hecho con mi pobre corazón? / Se fue detrás de tu hechizo…” (pp. 312-313).

Tampoco están demasiado bien vistos los amuletos, como queda patente en Príncipe, cuando los señores Weasley, en el Callejón Diagón, ven a un “brujo menudo y con mala pinta que hacía tintinear un montón de cadenas con símbolos de plata que, colgadas de los brazos, ofrecía a los peatones” (p. 112). Arthur, de hecho, se lamenta por no estar de servicio y poder multar o castigar convenientemente a semejante embaucador. Los amuletos, aunque no ausentes de la alta magia, fueron comercializados y explotados muchísimo más y con fines poco elevados por la hechicería [23].

De la misma manera, hallamos el maleficio, propio de la hechicería y la brujería, como acto reprobable que Rowling denomina maldición. Algunas maldiciones están prohibidas por el Ministerio de Magia y sus consecuencias son tan graves que se usa para definirlas el adjetivo ‘imperdonables’. Existen tres: la maldición cruciatus, que tortura a la persona contra quien va dirigida; la maldición imperius, que domina la voluntad; y la maldición avada kedavra, que asesina sin piedad al oponente (Cámara: 197). Rowling suele usar, generalmente, maldición y maleficio cuando se trata de un acto mágico dirigido a dañar al otro, aunque sea como defensa. También encontramos entre esta nomenclatura específica los términos: embrujo, encantamiento y hechizo, más neutros y, por lo tanto, aplicables a acciones no encaminadas a herir a otro mago.

Para finalizar, haremos referencia a la literatura hechiceril con la que la autora debe de haber contado en su haber. En primer lugar, se ha de mencionar el caudal de textos más representativos de la tradición grecolatina, como La Odisea de Homero, Las argonáuticas de Apolonio de Rodas, Las metamorfosis de Ovidio, con la diosa Circe y Medea en algunos casos, que también comparece en la Medea de Eurípides y la Medea de Séneca; los Idilios de Teócrito, con la hechicera Simeta; las Bucólicas de Virgilio, con un hechizo amoroso de mano de una pastora; las Elegías de Propercio, con sus alusiones a la magia amatoria y la hechicera Acántide; los Épodos de Horacio, con sus monstruosas Canidia, Sagana y Veya; la Farsalia de Lucano, con la feroz Ericto, que ronda los cementerios; los Amores de Ovidio, con la experta en metamorfosis, Dipsas; El asno de oro de Apuleyo, con la hechicera Pánfila, diestra también en transformaciones físicas, propias y ajenas, etc. Las teorías mágicas de este período, seguramente, habrán llegado hasta la autora mediante los filósofos renacentistas y no de manera directa. La historia de la transformación paulatina, durante la Baja Antigüedad y a lo largo de la Edad Media, de la hechicería en brujería, es muy posible que la escritora la conozca a través de manuales de historia de la magia, aunque sí es probable que haya tenido acceso (puede que directamente o por medio de otras fuentes) al Malleus Maleficarum o Martillo de brujas, de los inquisidores Sprenger y Kraemer, que se publicó en 1486 y que reflejó muy bien los cambios que estaban teniendo lugar (y que se habían iniciado a partir de 1326, año en que vio la luz la bula Super Illius Specula, de Juan XXII, y sobre todo de 1484, Summis desiderantes affectibus, de Inocencio VIII).

Para finalizar, la hechicera (vemos muy pocos casos de hechiceros) fue un personaje que, a partir de las duradas centurias en que los personajes mágicos se consolidan en la literatura occidental, triunfó menos que la bruja que será el arquetipo que ha pasado a la modernidad muy bien definido y que se ha explotado hasta la saciedad. No obstante, en España, desde el siglo XV básicamente, se recreó ampliamente la figura de la hechicera vulgar, desde el molde de La Celestina, pieza que, sin duda alguna, Rowling conoce.

1.3.- Harry Potter y la brujería

En primer lugar, debemos especificar también cuál es la diferencia entre las artes tratadas anteriormente y la brujería, que ahora nos ocupa. Hope Robbins nos explica que:

La hechicería es un intento de dominar la naturaleza para producir resultados benéficos o maléficos, por lo general con ayuda de los espíritus del mal. Por otra parte, la brujería engloba a la hechicería, pero va más lejos, pues la bruja firma un pacto con el Diablo para realizar actos mágicos con el fin de negar, repudiar y afrentar al Dios cristiano. Los crímenes que cometen brujos y hechiceros con parecidos, pero los móviles son diferentes (Hope Robbins 1991: 298).

Antonio de Torquemada, en 1570, exponía que:

Los brujos se conciertan expresamente con el demonio y lo toman y obedecen por señor, y se dejan señalar de él como esclavos suyos, les ponen una señal. Hacen hermandad y cofradía y se juntan cada cierto tiempo para sus maldades y deleites infernales; y cuando así hacen estos ayuntamientos, siempre hacen su acatamiento y reverencia al demonio, el cual, por la mayor parte, se les muestra y aparece en figura de cabrón, y son tantas y tan abominables las cosas que de ellos se cuentan que nunca acabarían de decirse (Torquemada 2000: 177).

Martín del Río, en 1599, relataba las andanzas de las brujas (se solía utilizar siempre el femenino, ya que en su mayoría las acusadas fueron mujeres), diciendo que viajaban tras untarse o untar un bastón con un preparado mágico hecho con manteca de niños asesinados. Solían volar montadas sobre un palo, horca, rueca, una escoba o un animal. Una vez en el lugar de la reunión, se encendía una hoguera y el diablo presidía en forma de macho cabrío. Sus secuaces lo adoraban de formas extrañas, le hacían una ofrenda y lo besaban en el ano. Del mismo modo, se celebraba un convite y un baile, tras el cual brujos/as y demonios mantenían relaciones carnales. Por último, cada uno relataba sus fechorías y, como despedida, recibían unos venenos para hacer daño a tantas personas como pudieran. Y todos retornaban a sus casas (Martín del Río 2000: 338-340).

El gran experto en la materia, Julio Caro Baroja, relaciona la hechicería con la práctica solitaria y urbana, y la brujería con la práctica comunitaria y rural (Caro Baroja 1995: 133-135). Sin embargo, en la mayoría de ocasiones, la distinción se ha efectuado en función de la magia blanca / magia negra. Los hechiceros/as podrían practicar tanto la magia blanca como la negra y las brujas solo la magia negra. Esta distinción no sería pertinente para la Iglesia, que condenó toda magia como diabólica. Esta institución se valdría de las características del pacto demoníaco para realizar las oportunas distinciones. Los hechiceros/as cerrarían un pacto implícito con Lucifer y las brujas un trato explícito, público y manifiesto, que pasaría por renegar del Dios cristiano (Castañega 2001: 33).

Para J. K. Rowling ninguna de estas tesis resultaría válida, pues se vincula la hechicería con los espíritus del mal y con los actos eminentemente dañinos, aunque se deja, claro está, una puerta abierta para los hechizos benéficos. La brujería por su parte, implica un pacto con el diablo y la asistencia a los aquelarres, en los que ya hemos visto cuáles eran las actividades preferidas.

Nuestra autora elimina cualquier exigencia negativa y maligna en las artes que refleja en sus novelas. No acepta que, de por sí, magia, hechicería y brujería deban estar conectadas con lo satánico ni con una finalidad siniestra. De ahí que se incline sobre todo por la alta magia, en la cual subyace todo un sistema filosófico. De la hechicería veíamos en el apartado anterior qué aspectos son los que más se reflejan en Harry Potter y cómo la escritora selecciona ciertas ramas en detrimento de otras, con el fin de dar estabilidad y orden a la dimensión fantástica que ha creado.

En cuanto a la brujería, las mujeres de la saga son denominadas continuamente ‘brujas’ (también Hogwarts incluye en su mismo título a la brujería, no en la traducción española, pero sí en el original en inglés: “Hogwarts School of Witchcraft and Wizardry”, incluso se antepone ‘Witchcraft’ a ‘Wizardry’). A los hombres no se les llama brujos, sino magos, pero en ningún caso vemos ese apelativo aplicado a la mujer, que prácticamente nunca se nomina hechicera. La explicación más viable a esta nomenclatura es la confusión histórica que ha tenido lugar en toda Europa con respecto a la hechicería y la brujería. Se ha venido utilizando ‘bruja’ con el sentido más general y neutro de ‘hechicera’, y paulatinamente ha ido perdiendo los semas que tradicionalmente han caracterizado a esas féminas que, según los teóricos y literatos de los siglos XVI y XVII, eran auténticos monstruos libidinosos que copulaban con el diablo y renegaban de la fe católica (Hope Robbins 1991: 106).

Rowling utilizaría esta denominación para llegar a sus lectores, con un lenguaje actual, aunque en otros casos diferencia muy correctamente la terminología, como vemos en el caso de Hogwarts, que es la Escuela de Magia y Hechicería, y no de brujería.

Otro de los argumentos que podemos esgrimir es que la autora se opone a la visión tradicional de la bruja, tal y como la definían en los siglos en que se consolidó plenamente el fenómeno conocido como brujería, para dar una interpretación que va más en la línea de la historia y la antropología contemporánea [24]. En este sentido, interesan sobremanera las tesis de María Tausiet, que explican, entre otras cosas, la brujería como una interpretación errónea de la hechicería vulgar de carácter femenino: “Lo que se conoció como brujería a partir de finales del siglo XV en adelante no fue sino una forma de negación de una cultura popular que empezaba a sentirse como una amenaza por parte de quienes detentaban el poder” (Tausiet 2003: 32).

En Harry Potter y el prisionera de Azkabán, hallamos:

[…] Harry recorría la página con la punta de su pluma de águila, con el entrecejo fruncido, buscando algo que le sirviera para su redacción sobre «La inutilidad de la quema de brujas en el siglo XIV».

La pluma se detuvo en la parte superior de un párrafo que podía serle útil. Harry se subió las gafas redondas, acercó la linterna al libro y leyó:

En la Edad Media, los no magos (comúnmente de­nominados muggles) sentían hacia la magia un es­pecial temor, pero no eran muy duchos en reconocer­la. En las raras ocasiones en que capturaban a un auténtico brujo o bruja, la quema carecía en absolu­to de efecto. La bruja o el brujo realizaba un sencillo encantamiento para enfriar las llamas y luego fingía que se retorcía de dolor mientras disfrutaba del suave cosquilleo. A Wendelin la Hechicera le gustaba tanto ser quemada que se dejó capturar no menos de cuarenta y siete veces con distintos aspectos (Prisionero: 7-8) [25].

Nada se especifica acerca de pactos satánicos ni nada parecido, parece más bien que se considera la brujería como una forma equivocada de juzgar lo que no se comprende, lo que escapa a los límites de lo natural, la magia. En esa línea, llamar bruja a una fémina mágica sería similar a denominarla hechicera o incluso maga.

Sin embargo, Rowling sí hace uso de algunos elementos que se han venido relacionando con la brujería, como la escoba, el gato, la lechuza, el sapo… En Harry Potter, el vuelo en escoba no es el único medio de transporte, pero sí uno de ellos, y, además, es el vehículo sobre el cual se juega al deporte más importante del mundo mágico, el quidditch. En Hogwarts, además, no falta la clase de Vuelo de la srta. Hooch; y no podría ser más que una mujer la que impartiera tal materia. Tampoco falta el caldero que forma parte de la prototípica imagen de la bruja, a la que se plasma siempre con este utensilio de cocina, aplicada en la confección de filtros o incluso preparada para echar en el agua hirviendo a los niños indefensos. En esta obra, no obstante, el caldero es una de las exigencias de la lista de materiales del colegio, para trabajar en las aulas. Por otra parte, la srta. McGonagall se transforma, como animaga, en un gato; y también un gato es la mascota de Hermione en varias de las entregas. El fiel compañero de Neville Longbottom es un sapo, Trevor. Y en cuanto a las lechuzas, son las mensajeras por excelencia en este universo sobrenatural. Son más de uno los atributos típicos de la brujería que se dan cita en Harry Potter.

De la misma manera, la Inquisición, ese tribunal cuya finalidad fue erradicar las herejías, entre las cuales se encontraba la brujería, hace acto de presencia en Orden. Dolores Umbridge es nombrada por el mismísimo Ministro de Magia “Suma Inquisidora de Hogwarts”, lo cual le da poder para legislar o más bien prohibir, y perseguir todos aquellos comportamientos que no considere lícitos o que crea una amenaza, que resulta ser prácticamente todo lo que los alumnos hacen. Asimismo va acompañada de la denominada Brigada Inquisitorial, constituida por alumnos como Malfoy, Crabe y Goyle, que le sirven como asistentes, como perros guardianes. En la misma dimensión mágica, los inquisidores, también magos, por supuesto, intentan mantener el poder acorralando a los demás, para tenerlos controlados; esa es la vertiente que se aprovecha de la antigua institución para criticar al equipo constituido por Umbridge, cuyo objetivo no es que reine la justicia y la paz, sino ocupar los puestos superiores y hacer valer su voluntad.

Pero no termina aquí todo lo que se puede llegar a decir acerca de la presencia de la brujería en estos textos. Si bien Rowling toma de cada una de las artes que escoge para construir su edificio mágico algún aspecto negativo para dibujar el camino que conduce a la dimensión oscura y maléfica; no olvida, claro está, aprovechar aquellos aspectos más terroríficos que se asignaban a la bruja, aunque aplicándolos a ambos géneros y con algunas reformulaciones.

La idea de secta satánica está presente, pero no se menciona a Lucifer en sí, el que ocuparía ese lugar es Lord Voldemort. En Piedra leemos:

¿Nunca te preguntaste cómo te hiciste esa marca en la frente? No es un corte común. Sucedió cuando una poderosa maldición diabólica te tocó. Fue la que terminó con tu madre, tu padre y la casa, pero no funcionó contigo, y por eso eres famoso, Harry. Nadie a quien él hubiera decidido matar sobrevivió, nadie excepto tú (Piedra: 53).

Los personajes mismos están igualando a Voldemort con el Diablo.

También en Piedra Harry tiene su primer encuentro con “El que no debe ser nombrado” y, desde luego, no se puede definir como un ser humano:

Entonces, desde las sombras, una figura encapuchada se acercó gateando, como una bestia al acecho. […] La figura encapuchada llegó hasta el unicornio, bajó la cabeza sobre la herida y comenzó a beber su sangre. […] La figura encapuchada levantó la cabeza y miró directamente a Harry. La sangre del unicornio le chorreaba sobre el pecho (Piedra: 212).

Se trata de un ente que ni siquiera camina, se arrastra, y, de forma vampírica, se nutre de la vida inocente de un unicornio. En otros momentos se alimentará de la leche de una serpiente, Nagini, quedando así claro que el reptil será uno de los símbolos más representativos de este mago demoníaco. Así se materializó Lucifer en el Génesis. Y las serpientes están presentes en Harry Potter desde Piedra, pues Harry se da cuenta de que entiende y es comprendido, a su vez, por uno de estos animales en el zoo; de la misma manera hablará con una de estas alimañas en Cámara y se enfrentará al basilisco, al cual derrotará. Que se haya escogido la serpiente y no otra criatura deja todavía más clara la cercanía del Señor Tenebroso con respecto a Satán [26].

En Piedra, posteriormente a esa primera visión que se describía en la cita precedente, cuando se produce el enfrentamiento entre Harry y Quirrell-Voldemort, por la piedra filosofal, el Señor Tenebroso ofrece un trato a Harry:

— No seas tonto -se burló el rostro.- Mejor que salves tu vida y te unas a mí… o tendrás el mismo final que tus padres… Murieron pidiéndome misericordia…

— ¡MENTIRA! -gritó de pronto Harry.

Quirrell andaba hacia atrás, para que Voldemort pudiera mirarlo. La cara maligna sonreía (Piedra: 241).

Voldemort tiene, además, la capacidad de poseer a otras personas, como se ha atribuido siempre al diablo. De hecho, en Harry Potter y la cámara secreta posee a Ginny, domina su cuerpo y su mente y la obliga a hacer cosas que ella no desea y de las que después no se acuerda.

De otro lado, Voldemort, como ya adelantábamos, cuenta con adeptos, servidores fieles que se han entregado, que han ‘pactado’ con él para conseguir el poder y que se dirigen a este personaje con fórmulas de absoluto servilismo. En Cáliz, Pettigrew le dedica los apelativos de “Mi devoción” y “Su señoría” (Cáliz: 16). Y más adelante, en los Mundiales de Quidditch, los mortífagos, ocultos tras capuchas y máscaras, aterrorizan a todos los asistentes que se hallan allí acampados e incluso a los pocos muggles que han encontrado a su paso. La marca tenebrosa queda impresa en el cielo, como la firma del Mal. Rowling presenta aquí un interesante paralelismo (que comienza sobre todo a esbozarse en Cámara) entre este grupo de magos torcidos y el Ku Klux Klan, así como con el nazismo. No se hace referencia a la raza aria, pero sí se establece una diferencia entre los sangre limpia y los sangre sucia. Voldemort, sus seguidores y la casa de Slytherin predicarían una especie de ‘estatuto de sangre’, para garantizar la pureza; ¿qué es esto sino racismo? [27]

‘El que no debe ser nombrado’ no se contenta, sin embargo, solamente con esto. Necesita el control total de sus mortífagos. De ahí que les imprima una señal en el brazo, a modo de contrato vinculante, como hacía el diablo con las brujas, a las cuales estigmatizaba con un símbolo visible (Valencia 1997: 310). En Cáliz, cuando el Señor Tenebroso regresa definitivamente, solo tiene que tocar esa marca para que sus adeptos se personen de manera inmediata, a rendirle pleitesía. Este sería el primer ‘aquelarre’ que presenciamos en la saga:

El aire se llenó repentinamente de ruido de capas. Por entre las tumbas, detrás del tejo, en cada rincón umbrío, se aparecían magos, todos encapuchados y con máscaras. Y uno a uno se iba acercando lenta, cautamente, como si apenas pudieran dar crédito a sus ojos. Voldemort permaneció en silencio, aguardando a que llegaran junto a él. Entonces uno de los mortífagos cayó de rodillas, se arrastró hacia Voldemort y le besó en el bajo de la túnica (Cáliz: 663).

Pero las similitudes van más allá, puesto que, como bien afirmaban los tratadistas de los siglos XVI y XVII, el diablo, en virtud del pacto con los brujos/as, obligaba a estos a ser sus esclavos; sin embargo, Satán raramente cumplía su palabra. Solamente se valía de sus seguidores para sus viles fines, pero casi nunca les correspondía (Del Río 1991:187 y 195). Esto es lo que vemos en Orden, Príncipe y Reliquias. Mientras el Señor Tenebroso permanece oculto o bien parte en busca de un arma para vencer a su oponente, sus servidores dan la cara y comienzan la lucha. Él se reserva para la gran batalla, aunque no deja de comparecer en ciertos momentos concretos, como cuando se enfrenta con Dumbledore en el Ministerio de Magia en Orden. Voldemort está demasiado preocupado por sí mismo para prestar atención a sus partidarios. Es más, si alguno de estos falla, el castigo más seguro es la muerte. Este mago oscuro no se detiene ante nada ni nadie, porque no conoce amigos ni afectos. Su mayor preocupación es mantenerse con vida, ya que la predicción que se guardaba en la Sala de Misterios decía que:

El único con poder para derrotar al Señor Tenebroso se acerca.... Nacido de los que lo han desafiado tres veces, vendrá al mundo al concluir el séptimo mes… Y el Señor Tenebroso lo señalará como su igual, pero él tendrá un poder que el Señor Tenebroso no conoce… Y uno de los dos deberá morir a manos del otro, pues ninguno de los dos podrá vivir mientras el otro siga con vida… (Orden: 865) [28].

Presumiblemente, este poderoso mago es Harry Potter (como se comprobará en los libros siguientes). De ahí los esfuerzos de Lord Voldemort para hacerse con las reliquias de la muerte en la última secuela.

Y como bien corresponde a este homólogo de Lucifer, su final pasa por la entrega y el sacrificio ajeno, como adelantábamos en el primer apartado. Frente a la ambición de Voldemort y su egoísmo, el desprendimiento de Harry para salvar a todos sus amigos, a la gente que ama. Ese es el gran poder del joven mago: la bondad. Dumbledore expone en Orden:

Lo que tú posees en grado sumo es el poder que se esconde en esa sala, del que Voldemort carece por completo. De modo que esa fuerza es la que te ha impulsado a intentar salvar a Sirius esta noche y es la que también ha impedido que Voldemort te haya poseído, porque él es incapaz de ocupar un cuerpo tan lleno del poder que detesta. Al final no ha importado que no pudieras cerrar tu mente, porque ha sido tu corazón el que te ha salvado (Orden: 867).

Uno de los aspectos más interesantes y profundos de esta saga es la complejidad de Harry Potter, que, como especificaba Hagrid, fue tocado por una maldición diabólica que le dejó una cicatriz. Dicha cicatriz vincula de manera no deseada e indisoluble, no consciente primero y consciente después, al adolescente con Voldemort [29]. Sus mentes, sus sentimientos están unidos y son, mutuamente, una ventana abierta que entraña un grave peligro para ambos, sobre todo para Harry, que debe aprender oclumancia con Snape para ser capaz de cerrar, aunque sea momentáneamente esa vía de entrada (Orden: 537). El Señor Tenebroso es capaz de dominar la voluntad si logra penetrar en el cerebro y el corazón de Harry.

Esto provoca una serie de dudas en el muchacho, que desde las primeras entregas ya observaba ciertos paralelismos entre el heredero de Slytherin y él.

— Tú sabes hablar pársel, Harry -dijo tranquilamente Dumbledore-, porque lord Voldemort, que es el último descendiente de Salazar Slytherin, habla pársec. Si no estoy muy equivocado, él te transfirió algunos poderes la noche en que te hizo esa cicatriz. No era su intención, seguro…

— ¿Voldemort puso algo de él en mí? -preguntó Harry, atónito.

— Eso parece.

— […] Resulta que tú tienes muchas de las cualidades que Slytherin apreciaba en sus alumnos, que eran cuidadosamente escogidos: su propio y rarísimo don, la lengua pársel…, inventiva…, determinación…, un cierto desdén por las normas (Cámara: 279-280).

Lord Voldemort dotó a Harry de alguna de sus destrezas y esto atormentará al pequeño durante toda su trayectoria, porque se sentirá infectado, tocado por el mal. Esto hará que mantenga una continua guerra consigo mismo, para demostrarse que es una buena persona y un buen mago. Así Rowling demuestra que en todo ser humano hay luz y oscuridad y que todo depende de la parte que se potencie, de nuestras decisiones y elecciones.

En Orden nos topamos con estas significativas palabras:

Se sentía sucio, contaminado, como si llevara dentro un germen mortal; no era digno de ir sentado en un vagón de metro, de regreso del hospital, con gente inocente y limpia, cuyas mentes y cuyos cuerpos estaban libres del estigma de Voldemort. Él no solo había visto la serpiente: él era la serpiente, ahora lo sabía… (Orden: 511)

El joven cree que ha sido él quien ha atacado al señor Weasley, que sus sueños no son más que raptos de Voldemort, que lo posee. Todavía no comprende la naturaleza de la conexión con este mago-diablo y sufre pensando que el arma que está buscando quien una vez fue Tom Riddle es él mismo, Harry Potter. Por ello, desea alejarse de todo, para que nadie corra peligro. Con el tiempo, descubrirá que sus amigos jamás lo abandonarán y que la vinculación mental con el Señor Tenebroso le será de utilidad para conocer sus planes y su estado de ánimo [30]. Eso sí, hasta el final, su cicatriz será su gran tormento, pero vencerá, como ya hemos dicho, gracias a su pureza [31].

En Príncipe, Dumbledore da más detalles a Harry acerca de su peculiar poder, que el Señor Tenebroso no conoce. Es bien sencillo:

— Pero yo no tengo ningún poder ni habilidad excepcionales arguyó Harry.

— Sí los tienes. […] Tienes un poder que Voldemort nunca ha tenido. Tú puedes…

— ¡Ya lo sé! […] ¡Yo puedo amar! Y se contuvo de añadir: “!Qué gran ayuda!”

— Exacto, Harry, tú tienes el poder de amar. […] Y eso, teniendo en cuenta todo lo que te ha pasado, es algo grandioso y extraordinario. Todavía eres demasiado joven para entender lo excepcional que eres.

— Entonces, cuando la profecía dice que yo tendré un poder que el Señor Tenebroso no conoce, ¿se refiere solo al amor?

— En efecto, solo al amor (Príncipe: 472).

El Bien ha vencido al Mal, la Luz a la Oscuridad, como siempre ha sido y siempre será.

Para terminar, veremos de dónde ha podido beber Rowling para documentarse acerca de la brujería. En primer lugar, se han de mencionar los tratados, tales como el ya citado en el apartado anterior, Malleus Maleficarum, de 1486, crucial para comprender la brujería y la concepción sobre esta en el momento en que ha nacido definitivamente este nuevo fenómeno mágico, que había estado fraguándose durante siglos, pero que era algo totalmente novedoso. Otros títulos relevantes dentro de la tratadística fueron, por ejemplo, Formicarius de Johannes Nider, Fortalicium fidei de Alfonso de Espina, De Praestigiis daemonum de Juan Wier, The discovery of witchcraft de Reginald Scott, Cautio criminalis de Federico von Spee; De lamiis de Ulrich Monitor, Tractatus de confessionibus maleficorum et sagarum de Pedro Binsfeld, Demomolatriae de Nicolas Rémy, Compendium maleficarum, de Francisco María Guaccio; Flagellum haereticorum fascinariorum de Nicolás Jacquier, Strix, sive de ludificatione daemonum de Pico de la Mirándola, De magorum daemonomania libro IV de Jean Bodin, Disquisitionum magicarum libri sex de Martín del Río, y Tableau del’inconstance… de Pierre de Lancre. Todos ellos fueron compuestos entre finales del siglo XV y finales del XVII y formaron parte de un controvertido debate sobre la naturaleza de la brujería (la mayor parte de estas muestras también pueden servir para el estudio de la hechicería).

En este caso, quizás hayan tenido más influencia en Harry Potter este tipo de obras que las de ficción propiamente dichas en torno a la figura del brujo/a. En los siglos a los que nos hemos circunscrito en el párrafo anterior, la brujería, plenamente asentada y definida, todavía no formaba parte prácticamente de las letras de creación, y los manuales y misceláneas son los que más información aportan al respecto. Sí se puede aludir a alguna como El coloquio de los perros de Cervantes o Macbeth de Shakespeare. Y, cómo no, la cuentística de tradición oral.

 

2.- Las tesis de J. K. Rowling: conclusiones.

Como ya apuntábamos a lo largo de este trabajo, esta escritora no transmite ningún mensaje cifrado en su obra, pero sí hace un magistral uso de la tradición, hecho que explicaría el éxito de Harry Potter según Mauricio Bach (2001: 38-39).

Esas diversas tradiciones son: la literatura clásica grecolatina, la tradición céltica y artúrica, la mitología nórdica y la literatura hechiceresco-brujeril europea. Además, se puede pormenorizar resaltando la influencia de la épica y la literatura caballeresca, la cuentística medieval y renacentista, la tratadística sobre la magia de los siglos XV, XVI y XVII, los manuales prácticos de estos mismo siglos, que ofrecían pautas de actuación para un mago; y, cómo no, la tradición oral y popular (cuentos tradicionales) y la literatura moderna y contemporánea universal, desde Dickens hasta Lewis y Tolkien, pasando por genios del cómic como Neil Gaiman.

El caudal de fuentes de esta escritora es considerable, por lo que la intertextualidad es uno de los atributos más relevantes de esta magna obra y también uno de los aspectos que pocos lectores noveles pueden apreciar.

Precisamente, esa magnífica utilización de la tradición motivaría la plasmación consciente o inconsciente, no lo sabemos a ciencia cierta, de su propia visión de la magia, la hechicería y la brujería, desde el conocimiento más o menos profundo de estas artes sobrenaturales. Rowling, además de conjugar elementos de distinta procedencia, dando lugar a un universo fantástico perfectamente construido, deja constancia de sus opiniones, las cuales condicionan, por supuesto, su elección de prácticas mágicas y la permisividad y condena de las mismas en la saga.

¿Cuáles son sus tesis más destacables? La primera tendría que ver con la magia en general, que para la autora no sería en absoluto reprobable ni perniciosa, sino solamente otro modo de acceder a la realidad y de manejar la naturaleza, influida por la filosofía hermética y por la cábala, así como por el sustrato de la religión mazdeísta y por la cultura grecolatina. En ese sentido, resulta indudable que existe una magia natural y blanca. Sin embargo, al igual que en Grecia y Roma la ley condenaba las prácticas mágicas perniciosas, a pesar de que la hechicería se aceptaba de manera habitual, Rowling nos muestra el camino torcido de las artes sobrenaturales; la posibilidad de la magia negra, representada por solo unos pocos, que incluiría más o menos los mismos hechizos y encantamientos, aunque también haría uso de algunas actividades prohibidas, como las maldiciones imperdonables. Por tanto, no toda magia es diabólica, como predicaba el Escolasticismo.

La segunda de las teorías que esta autora enuncia es que la hechicería, aunque más práctica y de carácter más inmediato que la magia, ya no puede definirse como la hermana vulgar de esta última, que se cimenta en la asistencia de los diablos, y persigue con asiduidad objetivos maléficos. La hechicería quedaría también limpia de pecado, pero todavía vinculada con la mujer en su mayor parte, como vemos por las asignaturas que imparten las profesoras de Hogwarts.

El tercer y último posicionamiento de la escritora tiene que ver con la brujería, vista como una interpretación errónea de la hechicería, como un gran malentendido de la historia, que nada tendría que ver con toda la parafernalia de pactos, aquelarres, infanticidios ni nada semejante. Eso sí, recordemos que se aprovechan elementos procedentes de lo que se consideró una secta perniciosa para condenar las acciones y comportamientos de Voldemort y los mortífagos. De modo que la bruja fue una figura incomprendida, pero esto no significa para Rowling que jamás se ejecutaran aberrantes crímenes mágicos o supuestamente mágicos. Por ello, recrea esa dimensión oscura y tenebrosa, valiéndose de todo lo que su bagaje ponía a su alcance. El resultado es muy interesante, puesto que también hay que tener en cuenta la conexión que establece, por medio de una maldición, entre Harry y Voldemort, que lleva al primero a luchar no solo con su oponente, sino también consigo mismo.

Por todas estas razones, Harry Potter esconde mucho más de lo que una lectura superficial pueda revelar, porque se pueden rastrear influencias que un no versado no sabe percibir ni interpretar.

Una saga, en conclusión, sobre iniciados, sobre magos que desvelan los secretos de la naturaleza y que habitan en un mundo regido por una filosofía que muy pocos saben reconocer como tal, y que, paradójicamente, solo los iniciados alcanzan a comprender en toda su complejidad. Una colección de relatos desde la magia y para la magia.

 

Notas

[1] Estas cualidades del héroe no son novedosas en absoluto, ya que aparecen reflejadas tanto en las teorías de Propp (Morfología del cuento), como en las de Campbell (El héroe de las mil caras).

[2] Véase Garrosa Resina, 1987.

[3] La primera surtiría efecto llevando a cabo un remedo del acto que se desea ejecutar, es decir, si se desea que una persona arda de amor por otra, se podría, por ejemplo, echar al fuego un corazón de cera. La segunda, como funciona por contagio, necesita de una prenda, objeto o parte del cuerpo del ser sobre el que se pretende influir. Y, en general, la magia simpática o simpatética lo que implica es que todos y cada uno de los elementos del universo se hallan unidos por unos vínculos invisibles que el mago debe ser capaz de descubrir y que se basan en las leyes arriba enunciadas. En virtud de esas conexiones, habrá seres y objetos que se atraigan y otros que se repelan. Ejemplos de hechizos regidos por estos principios pueden encontrarse en los Textos de magia en papiros griegos, citado en la bibliografía.

[4] En Harry Potter esta diferenciación resulta de utilidad, ya que, por poner un ejemplo, se distingue entre la astrología, dotada de un cierto nivel académico (cuando la imparte el centaura Firenze en Harry Potter y la orden del fénix), y la adivinación, cuando es la profesora Trelawney, considerada una farsante por todos, quien la enseña, usando métodos como la bola de cristal o los posos del té.

[5] En Harry Potter y el prisionero de Azkaban, Ron envía una carta a Harry a casa de sus tíos por su cumpleaños y, entre otras cosas, le cuenta de su viaje a Egipto: “Egipto es estupendo. Bill nos ha llevado a ver todas las tumbas, y no te creerías las maldiciones que los antiguos brujos egipcios ponían en ellas” y más adelante, Hermione, en otra carta, expresa acerca de este país que su amigo está visitando, mientras ella veranea en Francia: “¿Has visto la foto que salió de Ron y su familia hace una semana? Apuesto a que estará aprendiendo un montón de cosas, me muero de envidia… los brujos del antiguo Egipto eran fascinantes. Aquí también tienen un interesante pasado en cuestión de brujería. He tenido que reescribir completa la redacción sobre Historia de la Magia para poder incluir algunos datos que he averiguado” (pp. 13 y 15). Ciertamente, Francia fue un lugar en el que proliferaron primero herejías como la de los valdenses y los cátaros (Lisón Tolosana 1992: 25-38), y posteriormente la secta de las brujas, sobre la que el ensañamiento fue feroz, destacando entre los perseguidores más enconados Pierre de Lancre (Baschwitch 1998: 223-225). Rowling demuestra así que es, sin duda, una versada en la materia, aunque no puede plasmarlo con erudición en un texto de literatura infantil y juvenil, pero aprovecha muy bien su bagaje.

[6] No olvidemos que las escuelas de magia, más concretamente de nigromancia, cábala y alquimia, proliferaron en la Edad Media y el Renacimiento. En nuestro país, Salamanca, Toledo y Sevilla tuvieron la casi total exclusividad al respecto.

[7] La varita como tal aparece, por ejemplo, en una gran obra de la literatura griega, La Odisea de Homero, pues la diosa Circe, poderosísima hechicera la utiliza para llevar a cabo sus rituales.

[8] Recordemos que, en El señor de los anillos, cuando Gandalf es enviado de regreso a la tierra con renovados poderes para enfrentarse contra Sauron, pasa a ser Gandalf el Blanco y abandona el color gris. También se han de mencionar los aurores de Harry Potter, que velan por la seguridad y por la captura de los criminales y magos tenebrosos.

[9] Esta lucha entre luz y oscuridad, entre bien y mal no es privativa, claro está del hermetismo, es una constante en la existencia humana y, por tanto, en la literatura épica y fantástica.

[10] Además, le imparte unas clases particulares en Príncipe (véase p. 82).

[11] “- Nicolás Flamel -susurró con tono teatral- es el único descubridor conocido de la Piedra Filosofal.

      Aquello no tuv el efecto que ella esperaba.

     

- ¿La qué? -dijeron Harry y Ron.

      - ¡Oh, no lo entiendo! ¿No sabéis leer? Mirad, leed aquí. Empujó el libro hacia ellos, y Harry y Ron leyeron:

      El antiguo estudio de la alquimia está relacionado con el descubrimiento de la Piedra Filosofal, una sustancia legendaria que tiene poderes asombrosos. La piedra puede transformar cualquier metal en oro puro. También produce el Elixir de la Vida, que hace inmortal al que lo bebe. Se ha hablado mucho de la Piedra Filosofal a través de los siglos, pero la única Piedra que existe actualmente pertenece al señor Nicolás Flamel, el notable alquimista y amante de la ópera. El señor Flamel, que cumplió seiscientos sesenta y cinco años el año pasado, lleva una vida tranquila en Devon con su esposa Perenela (de seiscientos cincuenta y ocho años).

- ¿Veis? -dijo Hermione, cuando Harry y Ron terminaron-. El perro debe de estar custodiando la Piedra Filosofal de Flamel” (Piedra, 183-184).

[12] En este sentido, es muy ilustrativa la novela histórica de Eduardo Gil Bera, Torralba, Barcelona, Martínez Roca, 2002.

[13] La magia, para Rowling, tiene sus límites. Al igual que no es posible resucitar a los muertos, tampoco es posible enamorar realmente a otra persona por la fuerza de un hechizo, ni tampoco, por ejemplo, hacer aparecer comida de la nada. Como Hermione argumenta, existe la “Ley de Gamp sobre Transformaciones Elementales” (Reliquias, p. 251).

[14] Y usa la Piedra de la Resurrección, pero solo con el fin de tener a sus seres queridos a su lado, dándole fuerzas, y de saber si la muerte es dolorosa (Reliquias: 586-587).

[15] Hermione ya le había adelantado: “Le hagas lo que le hagas a tu cuerpo, tu alma sobrevivirá intacta” (Reliquias, p. 96). Dumbledore le explica: “Él la destruyó [la parte de Voldemort que habitaba dentro de Harry], pero tu alma está intacta y te pertenece por completo” y más adelante especifica por qué Harry va a sobrevivir a la maldición asesina que termina de enviarlo al Más Allá, “!Tomó tu sangre y reconstruyó con ella su cuerpo físico! ¡Tu sangre en sus venas, Harry, la protección de Lily dentro de vosotros dos! ¡Te ató a la vida mientras viva él!” (Reliquias: 595-596).

[16] “Así pues, traedla sometida a tormentos, rápidamente eiout Abato psakerba, Arbatiao, Ialaoïth, iosachotou, allalethou…” (Textos de magia en papiros griegos, 1987, p. 138); “Noga, Ies, Ostropolim, Asmo, Cocay, Bermona, tentador y Soignator, yo os conjuro a todos…” (El gran libro de San Cipriano, 1982, pp. 28-29); “Yo os conjuro y os mando absolutamente, oh Demonios, en cualquier parte del universo que os encontréis y por la virtud de todos estos Santos nombres: Adonai, Yah, Hoa, El, Eloha, Elohenu, Elohim, Eheieh, Maron, Kaphu, Esch, Innon, Eben, Agla, Azor, Emeth, Yaii, Ararita, Yova, HaKabir, Messiach, Ionah, Mal-Ka, Erel, Kuzu, Matzpatz, El Shaddai, y por todos los nombres de Dios que han sido escritos con sangre en señal de la eterna alianza” (La clave mayor del rey Salomón 2003: conjuro I, cap. V).

[17] Véase Caro Baroja 1974: 192; 1995: p. 97.

[18] Se mantiene la eterna lucha del bien contra el mal, pero se reformula, y se toma como espejo de cualquiera de los problemas a los que puede enfrentarse un ser humano durante su existencia, dando, en cierto modo, pautas para su solución, o al menos, predicando valores y principios que ayudan a hacerlo. La psicología tendría un extenso campo de estudio en esta colección de novelas.

[19] Para consultar dichos hechizos y conjuros en el panorama hispánico, véase Cirac Estopañán, 1942.

[20] “ - Pues tendrías que saber, Potter, que Sybill Trelawney, desde que llegó a este colegio, predice la muerte de un alumno cada año. Ninguno ha muerto todavía. Ver augurios de muerte es su forma favorita de dar la bienvenida a una nueva promoción de alumnos. Si no fuera porque nunca hablo mal de mis colegas... -La profesora McGonagall se detuvo en mitad de la frase y los alumnos vieron que su nariz se había puesto blanca. Prosiguió con más calma-: La adivinación es una de las ramas más imprecisas de la magia. No os ocultaré que la adivinación me hace perder la paciencia. Los verdaderos videntes son muy escasos, y la profesora Trelawney... -Volvió a detenerse y añadió en tono práctico-: Me parece que tienes una salud estupenda, Potter” (Prisionero: 95).

[21] Así es como se comporta Ron cuando toma unos bombones rellenos de pócima amorosa en Príncipe: 368-369.

[22] En este sentido, interesa sobremanera la siguiente cita de Nicolás Eimeric (año 1376): “Esta cuestión de los filtros de amor es de enorme importancia y de gran actualidad, pues hoy día se administran muchos filtros de éstos. Los que llagan a caer en conflictos amorosos con frecuencia acaban proponiendo a sus amantes pócimas de amor para enardecerles: quien se halla dominado por el deseo piensa que con ello reduce a su voluntad la castidad de la persona deseada. En primer lugar hay que señalar que no hay nada, en la composición de estas pociones, capaz de forzar al amor la libre voluntad del hombre. En opinión de los médicos, estos filtros no provocan el amor, sino a veces la locura. […]También es frecuente que los amantes, impulsados por la fuerza del deseo, se encomienden al demonio para que doblegue la voluntad del que aman para la consecución del acto carnal” (pp. 83-84).

[23] Véase Cirac Estopañán, 1942.

[24] Bruja como causante de problemas vecinales y que intenta ser ‘aplastada’ por su comunidad (Levack 1994: 313-317); supervivencia del paganismo que fue mal entendida y condenada por la Iglesia, que quería erradicarla (Murray 1978 y 1985); bruja como mujer pobre que recogía hierbas y que fue objeto de la obsesión y el miedo de los vecinos, que la acusaban de prácticas malignas (Donovan 1978: 97); la brujería no existió, fue solo una invención eclesiástica para mantener su poder; brujería como antiguo culto a la fecundidad… (Blázquez 1989: 24 y 27-29).

[25] De la misma manera, en Reliquias: 272, leemos: “Tras la firma del Estatuto Internacional del Secreto en mil seiscientos ochenta y nueve, los magos se escondieron para siempre. Seguramente era natural que formaran pequeños grupos dentro de una comunidad mayor. Muchos pueblos y aldeas atrajeron a varias familias de magos que hicieron causa común para ayudarse y protegerse mutuamente.”

[26] “Una enorme serpiente apareció y trepó con lentitud por la silla de Voldemort; continuó subiendo (parecía interminable) y se le acomodó sobre los hombros. El cuello del reptil era tan grueso como el muslo de un hombre, y los ojos, cuyas pupilas semejaban dos rendijas verticales, miraban con fijeza, sin parpadear. El Señor Tebroso la acarició distraidamente con sus largos y delgados dedos” (Reliquias: 17).

[27] Paradójicamente, Voldemort, que insiste en la pureza de la sangre, cuenta en su ascendencia con un muggle, su padre. Dumbledore, en Orden: 866, explica a Harry: “Eligió al que consideró que suponía un mayor peligro para él. Y fíjate en esto, Harry: no eligió al sangre limpia, que, según su credo, era el único que merecía llamarse mago, sino al sangre mestiza, como él…”.

[28] Y, paradójicamente, es Sybill Trelawney la que realizó tal profecía.

[29] Según Snape, en Príncipe: 37, el mismo Harry era para muchos un mago oscuro: “Déjame recordarte que cuando Potter llegó a Hogwarts, todavía circulaban historias sobre él, rumores de que también era un gran mago tenebroso y que por eso había sobrevivido al ataque del Señor Tenebroso. De hecho, muchos antiguos seguidores de éste consideraban que Potter era un estandarte alrededor del cual todos podríamos congregarnos una vez más”.

[30] En Príncipe: 65, Dumbledore afirma: “Lord Voldemort ha comprendido por fin lo peligroso que puede resultar que accedas a sus pensamientos y sus sentimientos. Al parecer, está empleando la Oclumancia contra ti”.

[31] No solo su bondad va a ser determinantes para su triunfo, hay algún otro elmento digno de ser mencionado, por ejemplo, el sentimiento maternal de Narcisa Malfoy, que protege a Harry al saber por boca de este que Draco está vivo; también se ha de aludir a la familia como eje alrededor del cual se cierra un círculo de luz, puesto que el niño mago no ha sido localizado por Voldemort ni los mortífagos, fuera de Hogwarts, por encontrarse en la casa de los Dursley, que es todo lo que queda vinculado a Lily Potter, quien murió para defender a su hijo. Su sacrificio se refleja no solo en esa especial magia que está pegada a la piel del pequeño, sino también en el espacio en el que todavía fluye la sangre de esa madre sacrificada, allá donde habita Petunia Dursley, su hermana, y Dumbledore, con sus poderes, contribuyó a que dicho hogar fuera un reducto en el que el Señor Tenebroso no pudiera penetrar (Príncipe: 60; Reliquias: 49-50 y 608-609).

 

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Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

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