Los siglos dorados en la concepción cervantina del Quijote
La búsqueda de la felicidad.
Capítulo XI de la Primera parte

Luis Quintana Tejera

Universidad Autónoma del Estado de México (México)
qluis11@hotmail.com


 

   
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Resumen: La alocada imaginación del hidalgo de la Mancha ha elaborado un discurso en donde la filosofía, la oratoria, la axiología -entre otras disciplinas- se dan cita para llevar a cabo la interpretación de un universo actual en donde la ignominia prevalece. Sólo el contraste con el supuesto pasado nos permite evaluar el enorme grado de nostalgia que domina en el hidalgo al recordar algo que no podrá repetirse nunca más
Palabras clave: Cervantes, Quijite, felicidad, ilusión.

 

En el capítulo XI de la primera parte, el narrador pondrá en boca de su personaje un curioso discurso que será pronunciado ante una obligada concurrencia en medio de la noche; los oyentes son unos cabreros que han dado hospitalidad a don Quijote y Sancho; y aquél, al ver reunida varias personas decide hablar del tema del Dorado. Este planteamiento arraiga en una larga tradición como lo fundamentaremos en seguida y enfrenta, por un lado, el desenfrenado discurso del hidalgo de la Mancha y por otro, la pasividad de unos oyentes que no sólo no entienden de qué se está hablando, sino que se sienten sorprendidos por la retórica implacable del valeroso caballero. El contraste de raigambre barroca no debe pasarse por alto desde el instante en que vemos en ambos extremos a quien habla convencido y para convencer, y a quienes no se involucran y desde el territorio de su explicable indiferencia permanecen ajenos al intenso mensaje.

En este momento no sólo se revisa el tema de la oratoria, sino también se incursiona en el terreno mítico mágico en donde el pensamiento filosófico arraiga, a lo cual debe agregarse ese pertinaz deseo del hidalgo de ir tras la felicidad que el hombre -históricamente considerado- ha perdido.

Permea así en el discurso literario del narrador factores que tienen que ver con otros dominios del conocimiento: lo antropológico, lo filosófico, lo mítico, lo mágico.

Es frecuente encontrar pasajes enteros en obras de autores representativos que aluden al tema del Dorado de acuerdo con una concepción mítica que tiene mucho que ver con una manera de pensamiento mágico. La edad del oro se contrapone a la edad del hierro; en la primera, el hombre se supone vivió en una época plena en donde no conocía la existencia de dificultades de ninguna naturaleza y todo era bello y bueno. En la segunda, el ser humano conoce lo que son las necesidades y enfrenta a la vida y sus problemas. Estaría este aspecto resumido en la concepción bíblica del denominado “Paraíso terrenal” en donde todo era perfección, y la idea de expulsión de Adán y Eva del mencionado paraíso en donde las cosas cambian para enfrentar la problemática de una existencia problematizada y feroz.

Por ello los antecedentes inter textuales que corresponden a este pasaje narrado en el capítulo XI de la primera parte se ubican en Las Metamorfosis de Ovidio [1], Las Bucólicas de Virgilio [2]; y tendrán continuidad -entre otros- en el Cándido o el optimismo de Voltaire [3]. Por supuesto que mencionamos únicamente los momentos más representativos de una larga serie de referentes que aluden al mismo tema.

Enfrentados al análisis del motivo mencionado toca efectuar algunas precisiones en cuanto al enfoque de éste. Dividamos así las posibles reflexiones:

1.-Un narrador -el cervantino-ha decidido organizar un discurso en torno a un motivo mítico y por ende no comprobable por el camino de la razón. Los elementos retóricos a los que recurre son múltiples y susceptibles de revisión crítica. Se trata así de una auténtica pieza oratoria que llevada a otros contextos podría conmover hondamente al circunstancial auditorio. Los elementos filosóficos están presentes así como también aquellos que enmarcan la disciplina de la “buena palabra” ya mencionada.

2.-El autor, mediante las intromisiones a las que nos tiene acostumbrados, da su opinión brevemente y dice: “Toda esta arenga (que se pudiera muy bien excusar) dijo nuestro caballero, porque las bellotas que le dieron le trujeron a la memoria a la edad de oro.” [4] Considera así absolutamente inútil este discurso y da una de las razones, la meramente circunstancial -las bellotas que motivaron al caballero para pronunciarlo. El carácter de esta inutilidad radica en que los interlocutores -aparentemente al menos- no entendieron lo que el caballero estaba intentando transmitirles.

3.-Ahora bien, el narrador ha cedido la voz al personaje para permitir que éste hable y dé fundamento a una de sus tantas locuras. Sabemos además que don Quijote utiliza su discurso con fines pragmáticos, para justificar mediante esta pieza oratoria la razón de ser de la caballería andante. ¿Logrará o no su objetivo? Eso no importa realmente, porque las búsquedas del hidalgo están en un noventa y nueve por ciento caracterizadas por el fracaso real que no hace más que ocultarnos el triunfo del espíritu.

4.-Todas las intenciones, realidades, símbolos y búsquedas resultan sometidas a la controversia. Formulemos tan sólo tres preguntas que serán respondidas en el devenir del análisis:

a) ¿El discurso puede ser analizado con independencia del propósito perseguido por el personaje?

b) ¿Don Quijote cree realmente que el público que allí se halla entiende y valora su discurso?

c) Los cabreros, como señala el autor, ¿no han captado absolutamente nada de lo expresado?

 

El discurso propiamente dicho

Insistimos en que la finalidad inmediata de esta pieza oratoria consiste en contrastar las dos edades de la Humanidad que resultan opuestas: la de oro y la de hierro; esto es, la soñada y la real, la inventada por la afiebrada imaginación de tantos y la vivida, jornada tras jornada, en medio de las preocupaciones de cada día.

Se trata así -éste parece ser el esquema- de hablar primero de las innumerables virtudes de la dorada época para oponerlas a las deficiencias de nuestro tiempo en donde ha sido necesario instituir la orden de los caballeros andantes con el objetivo de “defender, amparar y socorrer” a quienes han sido abandonados por la fortuna y están a merced de aquellos que ostentan el mal.

De este modo, el discurso se organiza en tres grandes momentos:

1.-Canto al glorioso pasado en el cual la Humanidad no había conocido aún la contaminación y la miseria.

2.-Ubicación del presente en donde reina la inseguridad y la mentira.

3.-Creación de la caballería andante y auto presentación de su defensor por antonomasia: don Quijote.

Vayamos por partes. Al responder a la primera pregunta formulada supra opinamos que el discurso presenta destacados valores independientes de cualquier otro fin -manifiesto u oculto- que éste conlleve. Por esto, el canto glorioso al pasado ofrece elementos muy inapreciables, de los cuales mencionaremos sólo algunos. Comienza con un tono exaltatorio en donde el panegírico [5] destaca. La invocación inicial, mediante el recurso del apóstrofe [6], dice: “Dichosa edad y siglos dichosos [7] aquellos a quien los antiguos pusieron el nombre de dorados.” [8]

Resulta entronizado un mundo de ficción el cual tiene que ver con manifestaciones mágicas circunscriptas adecuadamente en el universo filosófico y expresado mediante las enormes metáforas hiperbólicas que la literatura y la filosofía comparten. Además, el modelo citado es Grecia por su retórica perfecta y los elementos están ordenados acordes con esta disciplina. El mundo cervantino se expande hacia otros dominios que no son estrictamente literarios.

En el desarrollo o cuerpo del discurso se enfocan temas tales como: el sentido comunitario de la existencia, la prodigalidad de la naturaleza que ofrecía sus frutos a manos llenas, las simples y hermosas jóvenes que vivían tranquilas y sin desasosiego alguno, la verdad y la llaneza imperaban sobre el fraude y el engaño, la justicia no corrupta imponía sus reglas de sana convivencia.

En segundo término -ubicación del presente- el narrador personaje conduce a su lector al encuentro de la dolorosa época actual: “Y ahora, en estos nuestros detestables siglos [9]...” Recurre así a la antítesis que abruptamente establece el contraste entre lo que fue y lo que es.

Los sueños siempre son superiores a la realidad. El mundo inventado que arraiga en un pasado no acepta ser confrontado con ese mundo real que cotidianamente nos golpea. Por eso es posible concebir a lo que posiblemente fue con una carga ostensiblemente superior a lo que es. El hombre prefiere creer como lo cree don Quijote desde un mundo enajenadamente ideal [10], que los elementos arraigados en ese loco pasado en donde todo estaba bien son superiores a este hoy en donde el individuo humano sufre y se desgasta.

En tercer lugar -institución de la caballería andante- se llega a una especie de puesta en práctica de los elementos teóricos asumidos anteriormente. La pragmática filosófica se da cita en estos términos, porque nos autoriza a comprender que todo el discurso ha sido planteado por el personaje con el inocente objetivo de justificar su presencia en este mundo feroz del hierro en donde él ha venido a traer un poco, al menos, de equilibrio y mesura.

Veamos a continuación la tercera pregunta. Si estamos de acuerdo con el autor no habría mucho para discutir. Pero si recurrimos, por ejemplo, al libro de don Miguel de Unamuno Vida de don Quijote y Sancho, podremos comprobar que la interpretación del célebre crítico español se aleja de la opinión de Cervantes autor. Irreverentemente lo contradice diciendo:

Y el malicioso Cervantes llama, en efecto, al discurso de éste “inútil razonamiento”, para añadir que se lo escucharon los cabreros “embobados y suspensos”. La verdad de la historia se le impone aquí, puesto que si los embobó y suspendió don Quijote con su razonamiento no fue éste ya inútil. Y que no lo fue lo prueba el agasajo que le rindieron dándole solaz y contento con hacer que cantara un zagal enamorado. El espíritu produce espíritu, como la letra, letra, y la carne carne y así la arenga de don Quijote produjo, a la vuelta, cantares al son de cabreril rabel. [11]

El dominio del espíritu se impone así y esta interpretación de Unamuno pretende abarcar la profundidad del símbolo en donde hay un hombre -don Quijote- que con palabras sublimes llega hasta lo más profundo del humilde corazón de los cabreros.

En síntesis, este breve análisis de un pasaje trascendente en el contexto cervantino nos ha permitido arribar a dos sencillas conclusiones:

1.-La alocada imaginación del hidalgo de la Mancha ha elaborado un discurso en donde la filosofía, la oratoria, la axiología -entre otras disciplinas- se dan cita para llevar a cabo la interpretación de un universo actual en donde la ignominia prevalece. Sólo el contraste con el supuesto pasado nos permite evaluar el enorme grado de nostalgia que domina en el hidalgo al recordar algo que no podrá repetirse nunca más.

2.-La problemática de la fe resurge en el alma de don Quijote: él tiene plena confianza que al hablar de esta manera transmite un importante mensaje que los cabreros comprenderán. Unamuno mediante, sabemos que esto fue posible.

 

Notas:

[1] Ovidio. Las metamorfosis, introd.., Rubén Bonifaz Nuño, México, SEP, 1985.

[2] Virgilio. Obras completas, Madrid, Ediciones Ibéricas, 1987.

[3] Voltaire. Cándido o el optimismo, trad. Enrique Espinosa, México, SEP, 1988.

[4] Miguel de Cervantes Saavedra. El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha, Edición del IV Centenario, Real Academia Española, Asociación de Academias de la Lengua Española, edición y notas de Francisco Rico, México, Alfaguara, 2004, p. 99.

[5] Perteneciente o relativo a la oración o discurso en alabanza de alguien (DRAE, p. 1664).

[6] Apóstrofe: Figura retórica que consiste en una invocación o alocución breve dirigida a alguien o algo que a veces sólo está presente en la imaginación del que habla. (María Moliner. Diccionario de uso del español, tomo I, Madrid, Gredos, 2002, p. 219.

[7] Debemos señalar también el uso del quiasmo como figura de lenguaje y que consiste “en alterar el orden del paralelismo permitiendo un cruce de formas” (Cfr. Luis Quintana. Taller de lectura y redacción II, México, Mc. Graw Hill, 2005. En este caso la expresión “dichosa edad” establece un cruzamiento de sus factores morfológicos con “siglos dichosos”, al mismo tiempo que se da una clara sinonimia entre los términos semejantes: dichosa-dichosos y edad-siglos. Son éstos, elementos de estilo dignos de señalarse.

[8] Cervantes. Op. Cit., p. 97.

[9] Ibidem, p. 98.

[10] Estamos respondiendo así a la segunda pregunta.

[11] Miguel de Unamuno. Vida de don Quijote y Sancho, Montevideo, Ministerio de Instrucción Pública, 1964, p. 73.

 

Bibliografía

Cervantes Saavedra, Miguel de. El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha, Edición del IV Centenario, Real Academia Española, Asociación de Academias de la Lengua Española, edición y notas de Francisco Rico, México, Alfaguara, 2004.

Moliner, María. Diccionario de uso del español, dos tomos, Madrid, Gredos, 2002.

Ovidio. Las metamorfosis, introd. Rubén Bonifaz Nuño, México, SEP, 1985.

Quintana, Luis Taller de lectura y redacción II, México, Mc. Graw Hill, 2005.

Real Academia Española. Diccionario de la lengua española, dos tomos, Madrid, Espasa Calpe, 2001.

Unamuno, Miguel de. Vida de don Quijote y Sancho, Montevideo, Ministerio de Instrucción Pública, 1964.

Virgilio. Obras completas, Madrid, Ediciones Ibéricas, 1987.

 

[Este texto ha sido publicado previamente en la revista Contrastes: Revista cultural, ISSN 1139-5680, Nº. 38, 2005 (Ejemplar dedicado a: Quijote interdisciplinar) , pags. 73-77]

 

© Luis Quintana Tejera 2010

Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

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