Sujeto itinerante y especular en Hospital Británico de Héctor Viel Temperley

Clara Ma. España

Universidad Católica Argentina
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Resumen: La poesía de Héctor Viel Temperley ha sido en su momento relegada dentro de la crítica literaria argentina. Sin embargo, en la última década, han aflorado diversos estudios sobre la misma. En el presente trabajo, nos proponemos abordar su polémico libro Hospital Británico, cuestionar ciertos aspectos tratados por los críticos, como mística y cuerpo, y proponer un nuevo punto de vista en torno a la relación especular Sujeto-Cristo presente en la mentada obra.
Palabras clave: Poesía argentina - Viel Temperley - Poesía mística - Poesía esotérica - Exilio y viaje - Desdoblamiento y dislocación - Sujeto especular.

 

Si bien, en una primera lectura, Hospital Británico puede resultar un texto hermético, no es justamente la oscuridad sino su exceso de luz lo que lo convierte en un misterio.: “[…] Su estructura es como la de un preludio y una fuga: el poema que abre el libro se astilla, se multiplica en esquirlas.” (Monteleone; 2003: p. 14) Al encontrarse en este poemario una asociación compleja de imágenes de diverso origen, muchas veces la crítica ha caído en abordajes parciales.

No obstante ello, se reconoce aquí que la parcialidad puede tener dos orígenes. El primero, la arbitrariedad interpretativa, por la cual la crítica se sirve de manera superficial de ciertos conceptos a fin de aplicarlos al poemario, o peca de falta de rigor al abordar nociones cristianas de corte teológico. El segundo (que intentaremos sostener en el presente trabajo), cuando se acepta la imposibilidad de agotar el análisis como intención derivada del texto mismo. De este modo, el crítico comprende que su lectura no aporta más luz al desentrañamiento: solamente extrae sus esquirlas para así observarlas de cerca.

Cabe aclarar que no es intención aquí intentar formular ningún tipo de correlato objetivo (tumor cerebral y estadía del escritor en el Hospital Británico), tan sólo ceñirse al imaginario derivado del texto (aunque el mismo Viel Temperley haya establecido dicha correlación). Interesa estudiar el conjunto semántico per se.

 

Poesía mística y poesía esotérica

Ahora bien, surge en primer lugar preguntar si resulta atinado referirse a una "poesía mística" en Hospital Británico. Sin embargo, sería acotado tomar conceptos de la mística cristiana-ortodoxa para simplemente traspolarlos a este texto. La figura del Christus Pantokrator nos remite al imaginario medieval, donde podemos apreciar una rica tradición de estudios en torno a la alquimia y la hermética, vinculados a una mística de raíces esotéricas.

Si bien se refiere a otros aspectos, Gabriela Milone apunta:

[...] podemos recorrer ese entrenamiento en Dios cuya rutina acusa una mística igualmente corrida de lugar: cristiana aunque no dogmática, corporal aunque no herética, creyente aunque no ortodoxa. (2003)

Esta mística esotérica (íntima) posee el carácter de proceso alquímico, en el que partículas aisladas se oponen violentamente, pero que poco a poco pasarán a un estado de perfecta armonía (Cf. Roob, A., 2006). Esta relación, aparentemente antitética con ese-otro-Christus, se transforma en Hospital Británico por momentos en relación especular con Cristo. Se trataría de ser uno, pero afirmando lo humano en (no sobre) lo divino: el cuerpo, el hombre, Cristo vendado.

Asimismo, común resulta que la crítica tome arbitrariamente conceptos de la mentada mística ortodoxa (San Juan de la Cruz) para compre(h)ender la poesía de Viel Temperley. Si bien Silvio Mattoni se refiere a un concepto vago y generalizado del místico:

Acaso Viel Temperley sea el único verdadero místico de la poesía argentina, en el sentido de que padece o celebra cierta relación con Dios que las palabras no alcanzan a decir, pero que sin embargo sólo en ellas puede vislumbrarse. […] (Mattoni, 2003).

aún así resulta poco preciso y, justamente, demasiado generalizado y vago. Cierto matiz preposicional nos hace cuestionar la tan mentada relación con Dios en este poeta, en cuanto sería correcto apuntar una relación en Dios (o viceversa) o al menos su búsqueda. No se trataría de contemplar a Dios sino del estar y permanecer en y de Dios.

Por otro lado, Milone es quien aporta claridad al concepto de mística y religión en Viel Temperley: "Deporte de Dios no es religión de Dios, es entrenamiento y religiosidad de un cuerpo que se ejercita en Dios para lograr ser cada vez más Dios. [...]"; si bien en este trabajo, se cuestionará este "deporte de Dios".

La experiencia mística tiene como fin la contemplación de Dios. Desde este punto de vista, se podría sostener que Hospital Británico nos presenta ese momento de contemplación. Sin embargo, nos encontramos -como ya se ha señalado- con imágenes que se corresponden mejor a un imaginario de corte cristiano-esotérico, más que a los afanosos comentarios de San Juan de la Cruz. Lo que padece o celebra el sujeto es la eternidad que debe atravesar "entre los ojos de Cristo y los ojos de Cristo", entre el momento que Cristo contempla al sujeto y lo incluye (momento de permanencia especular: Cristo en el sujeto, el sujeto en Cristo), señalando un intersticio (el itinerario de los ojos a los ojos).

Luego, en ese itinerario, podrá vislumbrar aquella permanencia final: "Soy el lugar donde el señor tiende la Luz que Él es." (p. 59) No necesariamente experiencia mística, sino proceso alquímico, por el cual el sujeto extrae de sí a Cristo-esquirla.

 

Exilio y viaje

Al plantear un camino recorrido, surge la necesidad de delimitar el centro del cual el sujeto se destierra. Enrique Molina se pregunta en el prólogo a Hospital Británico dónde está el pabellón Rosetto y quizá el interrogante se relacione con todo esto: “Por un instante es el cielo […].” (Molina, 2001: p. 43) Este aquí es donde el sujeto permanece en el “pecho de Luz horas y horas” (lo que no necesariamente remite a un tiempo ilimitado, sino segmentado -horas- y, por ende, efímero). No es un permanecer eterno, es tan sólo un momento, pero ¿exiliado de qué? ¿Acaso del mundo, su cuerpo, la madre o Cristo?

Luego, resulta imperante poner el acento no en el lugar donde el sujeto inicia el viaje, sino donde eternamente regresa (lugar de arribo). De este modo, la "camisa de mariposas" no es la morada final, sino anticipación de permanencia.

 

Desdoblamiento y dislocación

"Dentro y fuera constituyen una dialéctica de descuartizamiento y la geometría evidente de dicha dialéctica nos ciega en cuanto la aplicamos a terrenos metafóricos. [...]" (Bachelard; 1965: 250)

El pabellón-cielo (prefiguración de la cura) resulta limitada anticipación dentro del pabellón-infierno (enfermedad). Por tanto, no se trataría de un espacio desdoblado o dislocado, sino de diversos espacios incluidos.

Luego, el espacio es el sujeto que se transita a sí mismo y busca inscribirse en Dios a la vez que lo incluye. Razón por la cual, no resulta del todo atinado referirse tanto a un sujeto desdoblado (si por ello comprendemos “uno escindido” o “sujeto duplicado”), como a un espacio desdoblado, pues donde yace muriéndose la madre es a veinte a cuadras, espacio fuera del configurado por el yo poético y no desdoblamiento espacial. Estas contadas menciones del afuera-de-sí resultan contundentes: "Un tiburón [...] se pudre a veinte metros del sol en mi cabeza" (p. 53); "[...] el tiburón se pudre a veinte metros. El tiburón se desvanece, flota sobre el último asiento de la playa [...]." (p.54)

Ahora bien, tampoco se trataría necesariamente de dislocación -porque ello implicaría un "estar fuera de sí mismo" (y el movimiento resulta centrípeto)- sino de radicación del sujeto en sí mismo que absorbe progresivamente el afuera de manera cabal y permanente. El tiburón se pudre y desvanece (descomposición y absorción de la otredad); del mismo modo, la madre muere y simultáneamente lo visita. El sujeto, al expresar un afuera (madre a veinte cuadras; camisa de mariposas, tiburón), lo asimila (visitar; estar; pudrir): "Cristo es Cristo madre, y en Él viene mi madre a visitarme." (p. 59); "Me cubre una armadura de mariposas y estoy en la camisa de mariposas que es el Señor -adentro, en mí." (p.59)

El Hospital, la playa, el cielo no son espacios-en-sí, sino elementos incluidos en el espacio-sujeto que a veces se desprenden (no desdoblan, no dislocan) de él o son rechazados. La escisión se deriva de la permanencia intermitente de Dios y en Dios: "¿Toda la arena en esta playa quiere llenar mi boca? ¿Ya todo hambre de Rostro ensangrentado quiere comer arena y olvidarse?" (p. 55) Absorber la playa y hacer a un lado al mar, saciar momentáneamente su hambre de Cristo (crucifixión) y olvidarse de su Cuerpo (hostia, comunión): "[...] ¿yo puedo hacer violencia para que aparezca Tu Cuerpo, que es mi arrepentimiento?" (p. 55). Inmolación del sujeto ("hacer violencia") para que aparezca el Cuerpo del segundo (la hostia), produciéndose la misa dentro de sí.

A veces, este rechazo resulta necesario en el camino hacia la permanencia final, por lo cual se ve subrayado ante la presencia de Christus-Sol:

[...] Necesito estar a oscuras, necesito regresar al hombre. No quiero que me toque la muchacha, ni el rufián, ni el ojo del poder, ni la ciencia del mundo. No quiero ser tocado por los sueños. (p. 52)

Bisturíes, esquirlas, estigmas, divinidad que se manifiesta como golpe: enfermedad y deseo de sanación.

[...] Necesito estar a oscuras. Necesito dormir, pero el sol me despierta. El sol, a través de mis párpados, como alas de gaviotas que echan cal sobre toda mi vida; el sol como una zona que me había olvidado; el sol como un golpe de espuma en mis confines; el sol como dos vigías en una tempestad de luz que se ha tragado al mar, a las velas y al cielo. (p.54)

Claro que se entiende que la crítica se haya referido a la marginalidad en este poemario. Sin embargo, lo que está en los márgenes no es el yo, sino todo aquello que muere, se pudre, incluso -intermitentemente- Dios.

Recapitulemos: en Hospital Británico, nos encontramos frente un sujeto itinerante y en crisis, consciente de que está por empezar todo de nuevo, entre dos guerras, vislumbrando (por instantes y anticipadamente) una permanencia total, el cuerpo glorioso y anhelado: “Voy hacia lo que menos conocí en mi vida, voy hacia mi cuerpo” (p. 50).

Este sujeto, que es espacio, es cuerpo no redimido aún, pero en el que debe hundirse para buscar ese otro cuerpo que poco conoce y anhela, cuerpo vendado a la espera de la resurrección. En este sentido, el yo poético se configura especularmente con respecto a Cristo herido y vendado, a la espera de su resurrección (todavía no Christus Pantokrator: todopoderoso, magnífico y victorioso): "Mariposa de Dios, pubis de María: Atraviesa la sangre de mi frente -hasta besarme el Rostro en Jesucristo." (p. 57) Aquello que es Espíritu y es Hombre (mariposa-Dios y pubis-María = Cristo) lo atraviesa construyendo una continuidad (especularidad) con Cristo.

Así como el sujeto recibe las esquirlas de Dios, su Hijo padece su propia divinidad, sus estigmas y su corona de espinas: "Tu Cuerpo como un barranco, y el amor de Tu Padre como duras mazorcas de tristeza en Tus axilas casi desgarradas." (p. 57) La identificación es con el Cuerpo lacerado de Cristo, que recibe asimismo los golpes de Dios. Quizá debamos disentir con Milone cuando sostiene que el sujeto es un atleta que experimenta ataques de Dios: "[...] la unión no es buscada trágicamente por vías tortuosas y escabrosas. La unión es un hecho que se traduce en la gradación de un juego deportivo [...]." (2003) El sujeto recibe las esquirlas y los vitrales que empapan al hospital, no necesariamente por ejercitarse en el deporte de Dios (lo cual sí creemos que explica a Crawl), sino por la cristificación que sufre (y debe sufrir) en aras de alcanzar el cuerpo glorioso. Son los estigmas que recibe el santo, sólo que aquí el sujeto recibe esquirlas.

Luego, esta necesidad de herida se manifiesta en el poema: "[...] Tu Rostro como arroyos de violetas que empapan de vitrales a un hospital sobre un barranco." (p. 56) La mención del violeta aquí no es gratuita, en cuanto dicho color posee significativa connotación dentro de la simbólica cristiana: momento de sacrificio y conversión "[...] cuando marida totalmente en sí mismo al hombre, hijo de la tierra, al que va a redimir, con el Espíritu celestial imperecedero, al cual va a retornar. [...]" (Chevalier; 1986: 1075) Cristo asume su divinidad, mientras que el sujeto debe asumir su cuerpo (y al hacerlo, el cuerpo herido de Cristo).

Este itinerario resulta viaje intracósmico de unificación, absorción del mundo externo y cristificación. Es por ello que no sería del todo correcto hablar de exilio, sino de viaje. “Me han sacado del mundo” (p. 48), habla de la dicotomía afuera/adentro; ahora, para este sujeto, todo es adentro, el mundo ya no es otredad, es su propio cuerpo que absorbe los vestigios del afuera y allí radica el viaje.

Cabe aclarar que la noción de viaje adoptada en el presente análisis no se vincula al concepto de peregrinaje planteado y rechazado por Milone. No se trata de carencia de Dios y consecuente deseo de unirse a Él (vg.: San Juan de la Cruz), sino de uniones intermitentes en y de Dios y deseo de alcanzar la permanencia recíproca construyendo una continuidad corporal y espiritual:

¿Quién puso en mí esa misa a la que nunca llego? ¿Quién puso en mi camino hacia la misa a esos patos parrones -o pupitres con alas abiertas- que se hunden en el polvo de la tarde sobre la pérgola que cubrían las glicinas? (p. 50)

Camino ni rectilíneo ni circular, porque en ese deseo no concluido de llegar a la misa (renovación de la muerte de Cristo y comunión con su cuerpo y sangre) hay obstáculos que el sujeto va deconstruyendo (conociendo e incluyendo en sí mismo): son patos o pupitres con alas abiertas. De este modo, no destruye la metáfora (los patos que son en realidad pupitres), sino que establece una relación tangible entre lo que está más allá ( metafore) y lo que está más acá: los pupitres con alas abiertas (uno no explica al otro, simplemente lo continúa). Referente y referido intercambian sus papeles hasta el punto que uno se pregunta cuál es la metáfora: "Aquella pared nueva, joven, que hablaba a las palmeras de una playa -enfermeras de pechos de luz verde [...]".

Este deseo de continuidad no se explica como anhelo de muerte (erotismo según Bataille), sino por el deseo de resurrección. No se trata de muerte (disolución de la discontinuidad del ser), se trata de unificación de los elementos en aras de construir una continuidad del ser (sanación mediante la asimilación del afuera). Así como en cada misa se renueva la llegada y muerte de Cristo, muerte y nacimiento se suceden (“Llevando otro embarazo sobre las largas piernas, me pide humildemente fechas para una lápida”) a la espera de la resurrección.

Asimismo, Cristo es metáfora deconstruida por el sujeto (toca su herida: trae así lo que está más allá más acá). Este Cristo al alcance del sujeto, es la postal que el distante Christus envía desde un más allá, sostienendo de este modo su otredad:

La postal tiene una leyenda: "Christus Pantokrator, siglo XIII". (p. 51)

A los pies de la pared desnuda, la postal es un Christus Pantokrator en la mitad de un espigón larguísimo. (p.51)

La postal viene de marineros, de pugilistas viejos en ese bar estrecho que parece un submarino -de maderas y latas- hundiéndose en el sol de la ribera.

La postal viene de un Christus Pantokrator que cuando bajo las persianas, apago la luz y cierro los ojos, me pide que filme Su Silencio dentro de una botella varada en un banco infinito. (p. 52)

Delante de la postal estoy como una pala que cava en el sol, en el Rostro y en los ojos de Christus Pantokrator. (p. 52)

No obstante, poco importa que Christus Pantokrator surja como otredad absoluta. Al transformarlo el poeta en pura imagen, al revelarlo (crearlo) en su palabra (poesía), lo incorpora. Anticipa, a través del ejercicio de la poesía, la unificación anhelada. Se trataría de formular poéticamente (crearlo en función a uno) lo que vivencialmente se experimenta como distinto-a-sí. Todo ello si aceptamos que la palabra poética es signo subvertido que permite, a través del uso de la metáfora o el símbolo, romper con la dialéctica que define al signo propio de la lengua ordinaria. Octavio Paz escribe en El arco y la lira:

[...] El lenguaje poético revela la condición paradójica del hombre, su "otredad" y así lo lleva a realizar lo que es. [...] El acto mediante el cual el hombre se funda y revela a sí mismo es la poesía. [...]. La poesía nos abre la posibilidad de ser que entraña todo nacer; recrea al hombre y lo hace asumir su condición verdadera, que no es la disyuntiva: vida o muerte, sino una totalidad: vida y muerte en un sólo instante de incandescencia. (1956: p. 156)

El viaje no se produce únicamente del sujeto a Cristo, sino del sujeto hacia sí mismo (movimiento de autopenetración mística en palabras de Milone, expresión que corregimos aquí: proceso alquímico de autoextracción): busca extraer de su cuerpo (“Mi cuerpo -con aves como bisturíes en la frente- entra en mi alma.” (p. 57)) a su cuerpo glorioso (“Espero la resurrección -espero su estallido contra mis enemigos- en este cuerpo, en este día, en esta playa.” (p. 53)) redimido, habitáculo de Dios. Esta extracción es hacia adentro ("[...] voy hacia mi cuerpo.")

“Entre mis ojos y los ojos de Christus Pantokrator nunca hay piso. Siempre hay dos alpargatas descosidas, blancas, en un día de viento.” (p. 51) Hay “alpargatas descosidas”, desgastadas por el caminar del sujeto, ida y vuelta, de los ojos a los ojos. Deseo incluso, sin "piso": herida abierta y un Christus (no Cristo) alfa y omega, principio y fin, origen y destino, todavía impenetrable. Lo que hay entre medio es discontinuidad y en este sentido Hospital Británico podría entenderse como un cuaderno de bitácora, en el que sujeto vuelca sus maniobras y demás accidentes de su viaje.

Cirlot, en su Diccionario de símbolos, define con palabras de C. G. Jung el viajar como "[...] imagen de la aspiración del anhelo nunca saciado, que en parte alguna encuentra su objeto." (p. 460) Al traspolar esto al texto de Viel Temperley, nos encontramos con dos cuestiones. Por un lado, el sujeto se halla efectivamente embarcado en un viaje espiralado, que se produce de su alma a su cuerpo y viceversa, de sí mismo a Cristo y viceversa. Está claro que no es un eterno volver (círculo: unidad), sino un comenzar constante (espiral: unidad y multiplicidad) que busca saciar el deseo de la "cura definitiva" (no el cuerpo vendado, no la herida de Cristo, sino la resurrección, el cuerpo glorioso, la permanencia en Dios).

Por otro lado, ¿se podría sostener que el sujeto "en parte alguna encuentra su objeto"? No sería del todo acertado, en cuanto encuentra anticipaciones de este objeto a través de la multiplicidad de imágenes y la fragmentación plástica. No se puede asir el objeto, pero sí se puede referir, deconstruir e incluir por momentos.

Ahora bien, no se trata únicamente de una aspiración sino también de una búsqueda:

Desde el punto de vista espiritual, el viaje no es nunca la mera traslación en el espacio, sino la tensión de búsqueda y de cambio que determina el movimiento y la experiencia que se deriva del mismo. [...] (Cirlot: p.459)

Todo ello relacionado con la imagen del espiral referida anteriormente, que describe el comenzar constante del sujeto poético, planteado en el doble inicio de Hospital Británico ("para comenzar todo de nuevo"). Claro que la segunda vez será "con esquirlas y Christus Pantokrator". No es mera repetición, algo se ha modificado.

Las esquirlas, la imagen repetida de la "guerra" en el poema, remiten a un combate y, por lo tanto, a sucesivas pérdidas o, mejor dicho, extracciones del sujeto que poco a poco se va abriendo hasta ser pura otredad, es decir, hasta que no exista otredad. De este modo, dirá al final: "El verano en que resucitemos tendrá un molino cerca con un chorro blanquísimo sepultado en la vena." (p. 63) La utilización del plural (nótese que no nos dice "el verano en que resucite", ya no es un yo, es un nosotros) y la ambigüedad final (¿sepultado en la vena de quién? ¿Del sujeto, de Dios?) refieren a un futura identidad plena con el afuera.

 

Conclusiones

Cristo es Dios hecho cuerpo herido, pero también se vincula especularmente con el sujeto: así como es Dios y es Hijo hecho carne, así el sujeto expresa su divinidad tanto a través de aquél como de su propia materialidad. Luego expresa: "El Reino de los Cielos me rodea. El Reino de los Cielos es el Cuerpo de Cristo -y cada mediodía toco a Cristo." El acto de tocar enfatiza esta necesidad de llegar a Dios a través del contacto, buscando una continuidad material (permanencia en y de Dios): "[...] hasta besarme el Rostro en Jesucristo."

De este modo, se relacionan la primera discontinuidad que el sujeto busca romper (cuerpo-alma) y la segunda (sujeto-Dios): “El sol entra con mi alma en mi cabeza (o mi cuerpo -con la Resurrección- entra en mi alma.” (p. 58) El sol (Dios) o la Resurrección (Dios), entran con su alma o con su cuerpo, a su cuerpo o a su alma (no es una llama que "tiernamente hiere" es el Sol que entra en su cuerpo). Esto, que resulta paradójico, no lo es en cuanto se entiende que la intención del sujeto es reconstruir una continuidad perdida (absorber la otredad), anticipada en Cristo (herida y divinidad) y anhelada en un cuerpo glorioso (redimido, permanente, en el cual no exista oposición cuerpo-alma / sujeto-Dios).

Se trataría de restituir un vínculo primigenio:

El sol como ese lugar bajo las aguas de un río de tierra y de naranjas donde antes de aprender a caminar miré a Dios como un hombre que sabe qué es la guerra (p. 62)

Finalmente, el estudio de este aspecto requiere de un análisis más profundo que, por cuestiones de espacio, no se llevará a cabo en el presente trabajo. No obstante ello, se deja planteada la necesidad de abordar el concepto del eterno retorno en Hospital Británico en relación a ciertas alusiones a la reencarnación: “Mi vida es un desierto entre dos guerras” (p. 54) "Vida" es todo aquello deshabitado, la sala de espera. Este desierto que se sucede en el tiempo, entre combate y combate, este viaje aún no finiquitado: "Allá atrás, en mi nuca, vi al blanquísimo desierto de esta vida de mi vida: vi mi eternidad, que debo atravesar desde los ojos del Señor hasta los ojos del Señor." (p.59) Es por ello que dirá más adelante: “La muerte es el comienzo de una guerra donde jamás otro hombre podrá ver mi esqueleto.” (p. 60)

Muchas preguntas quedan abiertas, muchos aspectos inconclusos que exigen mayor análisis. Sin embargo, sobre ello trata Hospital Británico, sobre una herida abierta y el deseo de llegar a fondo y allí incluirlo todo, de tal forma que no haya otredad, para que Christus Pantokrator no sea una postal. Es decir, absorber aquello que está más allá, reconstruir el puente que une la referencia con lo referido y transformarlo en uno, aunque sea por instantes y anticipadamente, a través del acto poético.

A fin de llevar a cabo esta extracción, el poeta recorre un itinerario impulsado por el deseo de permanencia en y de Dios, unidad per se. Luego, Hospital Británico se nos presenta como cuaderno de bitácora: “Mi cabeza para nacer cruza el fuego del mundo pero con una serpentina de agua helada en la memoria. Y le pido socorro.” (p. 57) Serpentina de agua helada, chorro sepultado en la vena, esquirla, golpes que estallan en cada verso de este cuaderno.

 

BIBLIOGRAFÍA

Bibliografía general consultada:

Bachelard, Gastón. (1965) La poética del espacio. México: Fondo de Cultura Económica, 2005. 8va. reimpresión.

Bataille, Georges. (1997) El erotismo. Barcelona: Ed. Tusquets, 2005. 4ta. edición.

Chevalier, Jean - Alain Gheerbrand. (1986) Diccionario de los símbolos. Barcelona: Herder, 1995. 5ta. edición.

Cirlot, Juan Eduardo. (1991) Diccionario de símbolos, Colombia: Labor, 1995.

Paz, Octavio. (1956) El arco y la lira. México: Fondo de Cultura Económica, 2005. 15ta. edición.

Roob, A. (2006) Alquimia y mística. Köln: Ed. Taschen.

 

Bibliografía sobre Héctor Viel Temperley:

-Alcántara Pohls, Juan. 2003. "El yo extrañado y el poema disponible: Hospital Británico de Héctor Viel Temperley", en: Alter-Texto, Revista del Departamento de Letras de la Universidad Iberoamericana, México, n° 1, vol. I, enero-junio de 2003, ISSN: 166 54852, 166 pp. (http://www.uia.mx/ibero/noticias/publica/altertexto).

Arancet Ruda, María Amelia. 2003. "Héctor Viel Temperley: otro stalker en la estela del carmelita y su crawl sin descanso", ponencia, Jornadas "Literatura /Crítica/ Medios: Perspectivas 2003", Bs. As., del 30 de septiembre al 3 de octubre de 2003, Departamento de Letras, Facultad de Filosofía y Letras, Universidad Católica Argentina, artículo completo. En prensa.

Mattoni, Silvio. (2003) “Un místico de la poesía argentina”, en: La voz del interior, suplemento Cultura, 13 de agosto de 2003 (

Milone, María Gabriela. (2003) "Héctor Viel Temperley o el deporte de Dios" (mimeo).

Molina, Enrique. “Fragmentos de un texto sobre Hospital Británico” en: Viel Temperley, Héctor (2001) Crawl. Hospital Británico. Buenos Aires: Ediciones del Dock.

Monteleone, Jorge. (2003) Puentes/Pontes; Poesía argentina y brasileña contemporánea. Antología bilingüe. Buenos Aires: Ed: Fondo de Cultura Económica.

Solís Arenazas, Jorge. 2002. "Los gestos de un «afuera». Notas sobre la poesía de Héctor Viel Temperley", en: México Volitivo, segunda época, julio de 2002.

 

© Clara Ma. España 2010

Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

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