El cuento, el modernismo peruano y la literatura nacional:
Manuel Beingolea y Cuentos Pretéritos (1933)

J.P. Spicer-Escalante

Utah State University
jp.spicer@usu.edu


 

   
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Resumen: Manuel Beingolea, escritor modernista tardío, nace en Chorrillos, Perú, en 1881. Ejerce varias profesiones durante su vida --profesor de liceo, secretario de prefectura y periodista-- además de novelista y cuentista. Su primera novela Bajo las lilas --un agudo análisis de las costumbres modernas de la burguesía barranquina-- se publica en 1923. Su segunda obra, Cuentos pretéritos data de 1933. En términos de su obra periodística, Beingolea aportó a Balnearios, Mundo Limeño, Lulú, El Tiempo, y Variedades durante su carrera como periodista. Este ensayo investigará el aporte de Beingolea a la larga trayectoria del cuento como género en el Perú. El objetivo de este ensayo es recuperar del olvido la imagen de este autor y reconocer su contribución no sólo a la cuentística en particular sino a la literatura peruana en general.
Palabras clave: Manuel Beingolea, cuento, literatura peruana, modernismo, vanguardia, nacionalismo

 

“Pero el nacionalismo o criollismo espontáneo y natural,
es el que más vale y el que a mí me gusta.”
Manuel Beingolea, “Al Lector,” Cuentos pretéritos [1]

 

El cuento como expresión literaria y cultural en el Perú --reconociendo su paulatina metamorfosis desde las leyendas orales indígenas, las crónicas coloniales y las tradiciones de Ricardo Palma, hasta las obras de los cuentistas peruanos contemporáneos más destacados-- es el producto de un largo proceso evolutivo en cuanto a la narrativa peruana. De hecho, debido a su naciente prestigio durante esta larga trayectoria, se ha considerado que el cuento se vuelve durante el siglo XX el género más cultivado y de mayor prestigio de la producción literaria nacional (Aldrich 1966: 3). Curiosamente, una etapa importante de la evolución de la cuentística peruana --no suficientemente considerada por la crítica por tardía y por el peso mayor de la semi-coetaneidad de la vanguardia en el Perú-- es la modernista, cuya eclosión se da principalmente a partir de la segunda década del siglo XX [2]. Entre los autores de esta tendencia socio-estética en particular se halla Manuel Beingolea, cuentista, novelista y periodista, oriundo de Chorrillos. Este ensayo investigará el aporte de Beingolea a la larga trayectoria del cuento como género en el Perú. El objetivo es, pues, recuperar del olvido la imagen de este autor y reconocer su contribución no sólo a la cuentística en particular sino a la literatura peruana en general que --hasta la actualidad-- no ha recibido una atención crítica esmerada.

 

I.

Cabe destacar desde un principio que lo que podría llamarse propiamente cuento --de raíces largas en la narrativa peruana-- aparece tan sólo a partir de finales del siglo decimonónico. De hecho, señala Estuardo Núñez que

El cuento es una nueva expresión de narrativa que sólo aparece en el Perú, con caracteres vigorosos, a partir de fines del siglo XIX, ya que con anterioridad a esa época sólo se perfiló el auge de la llamada tradición, especie de cuento histórico y evocativo creada por Ricardo Palma […] El cuento, en su vasta diversificación de temas y de modalidades, es así una verdadera floración del nuevo siglo, y además la forma más afortunada de la literatura en prosa, por su volumen y por su calidad. (Núñez 1965: 71)

Tal manifestación moderna de esta forma narrativa --cuyas raíces remontan al pasado indígena de la nación peruana [3] -- se debe, en parte, a un conjunto de factores relacionados con la irrupción de la modernidad en el país, y, desde luego, a la estabilidad política que ofrece la consolidación nacional. No obstante, también se debe a las nuevas sensibilidades literarias en boga en la época finisecular. Esta ocurrencia coincide con los primeros tanteos del modernismo en tierras peruanas y su énfasis en otros géneros literarios, no sólo en el verso, una percepción común --pero errónea-- en torno al aporte literario modernista en general [4]. Según Earl Aldrich, Jr., la aparición del cuento en su forma más moderna en el Perú se debe justamente, entonces, a la influencia tardía del modernismo, una tendencia literaria que, a pesar de sus raíces americanas, incorpora a su obra colectiva muchas de las preocupaciones estéticas y morales europeas de la segunda mitad del siglo XIX (Aldrich 1966: 5). Dentro de esta trayectoria tanto temporal como sociocultural emerge la voz de Manuel Beingolea --autor de la novela corta Bajo las lilas (1922) y de la colección de cuentos titulado Cuentos pretéritos (1933), además de numerosos aportes a la prensa de su país-- quien contribuye de manera notable al desarrollo de la literatura en el Perú.

 

II.

Mientras las primeras manifestaciones de la nueva sensibilidad que es el modernismo en Hispanoamérica se dan a finales del siglo XIX en las obras de los pilares fundacionales del modernismo como José Martí, Manuel Gutiérrez Nájera, Julián del Casal y Rubén Darío, el caso peruano se distingue de los demás ejemplos del modernismo temporalmente. Aunque aparecen más tempranamente figuras notables en la literatura modernista peruana como José Santos Chocano y Manuel González Prada --un contrapunteo en relación con el juicio de Enrique Anderson Imbert, quien ha comentado sobre la aparente escasez de autores modernistas y la falta de abundancia del arte modernista en general en el Perú (Anderson Imbert 1970: 456) -- es importante reconocer que el movimiento, aunque de forma tardía, llega plenamente a tierras peruanas durante la segunda década del siglo XX, cuando ya cundía el pos-modernismo o la pre-vanguardia por el continente americano [5]. Como observa Alberto Escobar,

La introducción del modernismo en el Perú se produjo con evidente atraso, por lo que deberíamos admitir que carecemos de escritores propiamente modernistas. Nuestras letras aportaron su tributo al período post-modernista, cuando se atenuaba la beligerancia suscitada en torno a la obra de Darío, y cuando el movimiento […] ya había producido sus principales brotes en América. De modo que si entre nosotros se habla de modernistas, entendámonos, se alude a quienes tardíamente aceptaron la actitud del modernismo, que por lo demás se encontraba en la etapa de las transformaciones internas. (Escobar 1956: xvii) [6]

La postura particular ante la modernidad que señala Escobar se manifiesta, en realidad, en la narrativa de los autores peruanos de la época quienes participan del diálogo literario principalmente por medio de la generación “Arielista” o el grupo “Colónida” [7]. Algunos modernistas notables de esta época del modernismo peruano son Clemente Palma, Enrique A. Carrillo, Carlos Camino Calderón, Ventura García Calderón, José Antonio Román, y Abraham Valdelomar, entre otros, en quienes “cuajaron plenamente la actitud y la estética post-modernistas, antes que ésta iniciara sus transformaciones” (Escobar 1956: xxviii y xx) una velada alusión a la vanguardia cuya llegada al escenario literario nacional no tardó mucho en percibirse. De hecho, César Vallejo, portaestandarte de la vanguardia peruana, publica Los heraldos negros en 1918. Entre estos autores, sin embargo, hay quienes no participaron de las colectividades político-literarias de la época. Manuel Beingolea --al lado de otros autores como, por ejemplo, Leonidas Yerovi y Enrique Bustamante y Ballivián, aunque se acercan más al espíritu de Colónida en términos de actitud, postura, novedad, estética (Toro Montalvo 1994: 474) -- prefirió, por ejemplo, manifestar su individualidad forjando su propio camino en términos de su producción literaria, aunque esto significara acaso una difusión menor de su obra en general.

 

III.

Más allá de su producción periodística y novelesca --Manuel Beingolea se dedica principalmente al periodismo entre 1916 y 1922 en publicaciones como Balnearios, Mundo Limeño, Lulú, El Tiempo, y Variedades, y despliega sus talentos como novelista en Bajo las lilas (1923)-- el autor también manifiesta sus afinidades con el cuento, el género literario que en realidad más cultivó durante su carrera como literato. Su única, pero extensa, colección de cuentos --Cuentos pretéritos, publicado en 1933-- consiste en 55 obras, escritas desde su juventud, con una prosa aguda pero delicada-- que cubren una extensa gama de temas principalmente nacionales, y la historia del Perú es una temática frecuente en Cuentos pretéritos [8]. Los cuentos del compendio incluyen, en particular, una visión crítica de los códigos sociales de la realidad cambiante de su época, donde aún se disputaban rivalidades urbanas y provincianas más allá de las pretensiones burguesas que denotan un aire de transición casi palpable [9]. A pesar de que la figura del autor languidece en un estado de descuido en la actualidad, es digno de referirse el hecho de que algunos de los cuentos más reconocidos de esta colección --“Mi corbata” y “Levitación,” en particular-- aparecen en reconocidas antologías sobre el cuento en el Perú, un indicio importante de su relativa trascendencia en términos del desarrollo del cuento en el país [10]. Sin embargo, tal vez la mayor contribución de Beingolea en Cuentos pretéritos no sea tanto sus cuentos, sino las ideas que expone en la nota “Al Lector” con la que inicia la colección, y que sirve de marco ideológico para estos escritos. Es ahí --a guisa de los manifiestos vanguardistas tan notorios de la época en el continente americano-- donde el autor expone sus propias reflexiones sobre no sólo el cuento, sino también la naturaleza misma de la literatura nacional en la época moderna [11].

Aunque se ha comentado el casi inevitable contagio de preceptos europeos en la cuentística de Beingolea [12], es importante reconocer que el autor exhibe una notoria preferencia por lo nacional en Cuentos pretéritos, un tema de interés entre los modernistas peruanos en general desde la época finisecular [13]. En la introducción de este compendio ya señalada, Beingolea nos aclara sus nociones con respecto a su visión del cruce entre la literatura y el nacionalismo en Latinoamérica, un tema de obvio interés para los intelectuales del continente en las estelas de la notable destrucción física y moral de la Primera Guerra Mundial.

El autor comienza su tratado sobre esta temática con la manifestación de la inquietud que lo impulsa a escribir, confiado de la relativa importancia que ésta tendrá para el lector de la obra también: “Lo primero que acude a los puntos de la pluma al presentar esta colección […] de algunos de mis cuentos, es la frase “Literatura Nacional” y es la que acudirá a la mente del lector, con toda seguridad” (i). Beingolea se ve obligado, entonces, a definirse dentro de los confines del tema propuesto; a declararse, en otras palabras, y manifestarse en torno a la literatura peruana de su actualidad: “creo bien, advertir en qué plano de nacionalismo literario debo colocarme” (i). El trasfondo de esta temática se halla en el “extremo opuesto” (i) del nacionalismo literario --el “internacionalismo en Literatura” (i)-- donde “El cuento puede pasar en cualquier nación, señaladamente en las mas (sic) progresistas y avanzadas o en las mas (sic) exóticas y legendarias. Francia, Estados Unidos, el Japón o la China, según los atisbos de diletante o de exótico del escritor” (i). En torno al tema de la presencia del aspecto internacional en la literatura, que incrimina indirectamente a muchos escritores en general, y a algunos modernistas en particular, el autor dirige una pregunta abierta tanto a sí mismo como a otros escritores y lectores: “¿Que (sic) sudamericano no ha escrito cuentos que pasaban en el Barrio Latino sin haber estado nunca en París?” (i). Según él, esta tendencia hacia lo internacional tiene dos potenciales vertientes. Son o bien “un deseo, una ilusión o un amor a lo lejano y poético que proviene de lecturas inquietantes” (ii) o “la seducción que ejercen a distancia los países avanzados, la forma a través de la que se nos dan a conocer y a querer los ambientes interesantes” (ii). Para Beingolea, el anhelo de lo extraño que estimula al escritor --“Una simpatía hacia dilectas regiones de la Tierra que por su progreso, o sus leyendas estimulan la inspiración del escritor” (ii)-- le parece “de buena ley” (ii). El caso contrario, el exotismo “que se cultiva por desdén a la propia patria porque se cree que tenga algo de deficiente para el arte, o desdeñable para la vida” (ii) es “odioso” (ii) para él; a su vez, “el internacionalismo sistemático buscado como un anhelo de distinción espiritual, tiene mucho de pernicioso” (ii). Esta importante distinción contextualiza el acercamiento del autor al tema de lo nacional en la literatura y permite al lector percibir aun más cuáles son los principios del autor al respecto.

Para Beingolea, las manifestaciones del nacionalismo en la literatura en su época giran alrededor del tema del “criollismo,” una tendencia literaria que comienza a percibirse a finales del siglo XIX en Hispanoamérica la cual les permite a los escritores de la región retratar y denunciar las condiciones sociales, económicas y políticas que rigen en sus comarcas [14]. El autor percibe, sin embargo, que este término tiene más de una acepción. Observa que hay una distinción entre los “criollismos” que existen, la cual apunta hacia lo auténtico de esta tendencia y su valor para la literatura nacional. Para él existe un “criollismo espontáneo, […] en que uno no puede menos que expresarse, porque lo que va a narrar perdería en color o en fuerza gráfica al ponerlo en un marco distinto de aquel en que se produce o es verosímil que se produzca” (i). No obstante, también reconoce que “hay un criollismo que se empeña en serlo y para ello, cualquier asunto lo convierte en criollo […] En el primer caso, es uno criollo sin quererlo y en el segundo se propone uno ser “criollo” (i). Esta aclaración permite al lector ver la visión personal de Beingolea en relación con esta disyuntiva, tomando una postura tajante --de verdadero espíritu modernista-- al respecto. Destaca el autor que “el nacionalismo o criollismo espontáneo y natural, es el que más vale y el que a mí más me gusta, tanto como me desagrada el otro, el impuesto por la moda o por las circunstancias. Este acentúa tanto la nota, que llega a desfigurarla” (i). Esta contextualización particular de lo nacional --con el contexto previo de lo internacional-- permite que se acerque el lector a la postura del autor quien se establece entre los extremos de lo internacional y lo nacional:

En este libro hallará el lector cuentos que pasan en el Perú, mi patria y otros que bien pasan en naciones que nunca visité o que no pasan en ninguna. Hasta que (sic) punto seré culpable? Pero de todos modos me absuelvo, porque creo no haber caído ni en el criollismo a ultranza, ni en el internacionalismo descastado […] Cuando traté lo nacional, no quise imponer a nadie mi manera de ver el ambiente patrio, y cuando no, obré por romanticismo, esnobismo o pedantería, o prurito de erudición, pero jamás con el afán de alabar una cosa para deprimir otra. (ii)

Por medio de esta justificación --una suerte de mea culpa-- se ve plenamente cuál es la actitud de Beingola en cuanto a la escritura de su época. Para él, lo que prima es la autenticidad, fuera del marco de los extremos en boga: los excesos de internacionalismo o de nacionalismo. Es decir, un modernismo más bien mesurado, en comparación con los excesos exóticos del modernismo finisecular. Para el autor, lo que está simplemente de moda en un momento dado --sea un prurito nacionalista o un afán internacionalista-- termina destruyendo el valor auténtico de la producción literaria de un país, un precepto importante en cuanto al espíritu nacional de una literatura como promotora de los valores auténticos de un pueblo en cualquier época.

 

IV.

Como se puede apreciar, por lo tanto, Manuel Beingolea juega un papel importante en la cuentística peruana por sus cuentos en Cuentos pretéritos en general. Se merece un reconocimiento el autor en particular por las importantes definiciones de los límites de la literatura nacional en la época moderna que ofrece en su manifiesto literario nacional que es el tratado “Al Lector.” Tanto por sus cuentos como por su visión literaria --nacional, pero no dogmáticamente nacionalista-- el autor termina siendo, entonces, una voz en defensa de la autoctonía y de la autenticidad. Por medio de estas características y de su obra literaria, Manuel Beingolea se destaca, por ende, no sólo como modernista peruano en contra de los valores burgueses en una etapa de transición cultural, sino también como defensor de los valores autóctonos y nacionales peruanos de cualquier época.

 

Notas

[1] Toda referencia a esta obra ahora en adelante se hará en el texto con la paginación correspondiente a la edición de la obra de 1933.

[2] Como se verá más adelante, la distancia de la publicación de Páginas libres (1894) de Manuel González Prada y de los otros modernistas es notable.

[3] Para las raíces indígenas de la narración en el Perú, ver Escobar 1956: ix.

[4] Núñez reconoce una laguna en la crítica tradicional sobre la prosa modernista: “Se ha subestimado un tanto la proyección del movimiento llamado Modernismo sobre la prosa hispanoamericana. Se le ha presentado como una escuela esencialmente poética, encumbrándose a su principal gestor Rubén Darío” (Núñez 1965: 71). Esta postura refleja la noción de que el modernismo no es una escuela ni un estilo, sino “una sensibilidad, una actitud crítica, un desafío de lo normativo” (Picon Garfield y Schulman 1984: 26). Es decir, el modernismo no se presta a una única expresión monolítica, sino una que es polifacética y dúctil en términos de los géneros elegidos por sus adeptos.

[5] Para una perspectiva histórica más completa del modernismo y su evolución en el Perú, ver Toro Montalvo 1994: 471-478.

[6] Toro Montalvo observa que la falta de éxito inicial del modernismo en el Perú se debe a “una atmósfera de rechazo por todo lo que fuera novedad o cambio, por la introducción de una nueva estética. El modernismo pagó ese precio. De ahí que su aparición fuera tarde” (Toro Montalvo 1994: 475).

[7] Para tratados más extensos sobre la generación Arielista y el grupo Colónida, ver Sánchez 1950-1951: 264-277, y Toro Montalvo 1994: 473-474.

[8] Existe un encuentro entre Beingolea y la historia bíblico-religiosa en algunos cuentos (“La verdadera desdicha,” “La decepción de Gamaliel,” y “Solitudine Cordis”), además de un encuentro con la historia nacional por medio de trato de temas relacionado con las raíces indígenas y africanas del país (“Los Yacu-runas,” Los Tigres,” “Tántalo de Selva,” “El Varadero”) y de la historia misma del Perú (“En Capilla,” “El Punyán,” “Descubrimiento del Guano”).

[9] El cuento “Peruanos en Yanquilandia” extiende la visión crítica e irónica del autor hacia Estados Unidos, y hacia los peruanos quienes buscan las nuevas ideologías modernas en el extranjero, rechanzando a su vez, sus propias raíces nacionales.

[10] Ver Bazán 1941: 47-59 y Escobar 1964: 51-57. En una selección posterior de sus obras, también aparecen los cuentos “El Guarda-agujas” y “La Levita.” Ver Manuel Beingolea, Bajo las lilas: cuentos pretéritos (selección), (Lima: Editorial Jurídica, 1967). Bazán, en la antología citada, elogia a Beingolea, comentando que es “el mejor cuentista de su generación” (Bazán 1941: 47).

[11] Para un análisis agudo de los manifiestos vanguardistas de Hispanoamérica, ver Verani 1995.

[12] Sánchez comenta el “viejo culto a Maupassant” de Beingolea, especialmente en términos de la prosa del autor (Sánchez 1950-1951: 350). Sin embargo, según Núñez, Beingolea asimila “estímulos contemporáneos europeos” mientras también se enfrenta con “la realidad viviente y coetánea” de “la vida criolla nacional” en su producción literaria (Núñez 1965: 73).

[13] Sánchez observa que el tono nacionalista entre los modernistas peruanos posteriores remonta a las prédicas de González Prada y al eco de Chocano en torno a la situación que surge del conflicto bélico con Chile donde el Perú pierde las provincias de Tacna y Arica. Ver Sánchez 1950-1951: 264-270.

[14] Este espíritu es muy evidente en algunos de los cuentos de Cuentos pretéritos --“Historia de un Tambor” y “El Guarda-agujas,” por ejemplo-- donde el autor utiliza el género para denunciar las injusticias sociales que marginan socialmente a la gente.

 

Obras citadas

Aldrich, Jr. Earl M. (1966): The Modern Short Story in Peru. The University of

Wisconsin Press, Madison, Wiscosin.

Anderson Imbert, Enrique (1970): Historia de la literatura hispanoamericana, vol. I, 2ª ed. Fondo de Cultura Económica, México.

Bazán, Armando (1941): Antología del cuento peruano. Zig-Zag, Santiago de Chile.

Beingolea, Manuel (1933): Cuentos Pretéritos. s.p.i., Lima.

——(1967): Bajo las lilas: cuentos pretéritos (selección). Editorial

Jurídica, Lima.

Escobar, Alberto (1956): La narración en el Perú. Editorial Letras Peruanas, Lima.

——(1964): El cuento peruano, 1825-1925. EUDEBA, Buenos Aires.

Núñez, Estuardo (1965): La literatura peruana en el siglo XX (1900-1965). Editorial Pormaca, México.

Picon Garfield, Evelyn e Iván A. Schulman (1984): Las entrañas del vacío: ensayos sobre la modernidad hispanoamericana. Cuadernos Americanos, México.

Sánchez, Luis Alberto (1950-1951): La literatura peruana: derrotero para una historia espiritual del Perú, tomo VI. Editorial Guaranía, Asunción.

Toro Montalvo, César (1994): Literatura peruana de los incas a la época contemporánea, 1ª ed. A.F.A. Editores, Lima.

Verani, Hugo (1995): Las vanguardias literarias en Hispanoamérica, 3ª ed. Fondo de Cultura Económica, México.

 

© J.P. Spicer-Escalante 2010

Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

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