Diana Bellessi: ventana a su morada poética

Isabel Aráoz

Profesora y Licenciada en Letras
Instituto Interdisciplinario de Estudios Latinoamericanos (IIELA)
Facultad de Filosofía y Letras
Universidad Nacional de Tucumán
Becaria CONICET
isaraoz@gmail.com


 

   
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Resumen: A partir de una serie de textos de su poesía reunida Tener lo que se tiene (2009), el presente trabajo aborda la trama del “mito personal” que la poeta argentina Diana Bellessi (1946, Zavalla- Santa Fe) teje en su producción ensayística y poética.
    Sus poemas van armando el relato de las vivencias y la experiencia se torna en una historia para ser escuchada por los que participan de esta comunión de la palabra, enlazando un pasado en común y un legado personal. Ceremonia lírica que instaura una complicidad profunda con el lector, hecha de lenguaje cotidiano, del mundo familiar, de la memoria de la infancia. Bellessi construye en su poesía un refugio afectivo que restituye los lazos de su comunidad. La subjetividad de la poeta se enlaza en un vínculo no sólo social sino también de amor.
Palabras clave: Diana Bellessi, poesía argentina, morada poética, relato experiencial

 

 

Por un largo camino
más allá del crepúsculo
van nuestros rostros enlazados.
(Diana Bellessi)

 

Me propongo indagar a partir de una serie de textos de la poeta argentina Diana Bellessi, la construcción imaginaria de una morada poética que reside no sólo en un habla íntima y cotidiana, sino que se vincula a una “res común de pertenencia” (2007: 20). El poema se transmuta en Bellessi en una “casa [posible] de lo humano” (2007: 17) y comprende tanto el espacio de lo filial como el pueblo de la infancia, los okupas de La Alborada, los sucesivos compañeros de viajes, los piqueteros, los habitantes del pago isleño. Una especie de tribu plural que se teje mediante diversos lazos comunitarios, de solidaridad, comunión profana y amor.

El eje que enlazará nuestro corpus de análisis es la costura del mito personal que la poeta relata en sus poemas (y que también entrama en sus ensayos). Bellessi señala:

Del campo al pueblo. De la educación estatal a clases privadas de arte con niñas ricas del pueblo. Del pueblo- donde no había escuela secundaria- a la ciudad. Una visita a Bolivia transformó mi mirada. Seis años de viaje ininterrumpido por América Latina, Estados Unidos, Europa. Dos años en pensiones del barrio Constitución y como ocupa en Fuerte Apache. Seis años de exilio en el delta del Paraná. La migración central que marca mi vida fue desplazarme de una clase humilde campesina a la ciudad letrada (2006: 58).

De este modo, podemos notar que el desplazamiento constituye la huella indeleble en la poesía de Bellessi, puesto que de ser una condición material-biográfica de su producción creativa será un signo permanente en su poética.

La serie textual que habremos de leer constituye una trama particular (y plausible) “del relato de lo vivido”. Sin embargo, nuestro interés no estará en reponer biográficamente la vida de la autora real a partir de ciertas marcas verbales identificables. Por el contrario, este corpus se representa como una historia de vida, “la escritura del yo poético que es siempre un sujeto retórico y ficcional” (Scarano 2007: 84).

En Danzante de doble máscara una dedicatoria a su “ascendencia de sueño y cenizas” abre el libro. En la voz próxima del padre, el yo imaginario marca el origen de una estirpe: “ellos inventaron el país sin saberlo”. Fundación de un linaje diferente, propio, familiar en el modo de “alzar los ojos, el puño y el techo” que se reconoce como pertenencia.

No hubo guerreros
en mi familia
ni doctores ni poetas.

No tengo saga que contar
ni epopeya sostenida con la espada
en la anca briosa de una yegua.

Sólo un puñado de historias
que ni registra siquiera
El nombre de los árboles
del río
o de los pájaros que amanecían
los días campesinos
en un pueblito de Italia
perdido de muerte
y la memoria de mis abuelos (Bellessi 2009: 301).

5

Yo me crié
en la Pampa húmeda.
Verde farallón de sueños
y de chacras.
Peones y campesinos
fueron mi ascendencia.
Palabras italianas, guaraníes
quechuas
se mezclaron desde niña
en mi alfabeto (2009: 306)

Pero sí
un puñado
de historias que rescatar
donde se cuentan
para la memoria de la Aldea (Bellessi 2009: 307).

No hay gesto de grandilocuencia en Bellessi: “ni doctos ni héroes ni hazañas” ocupan el espacio monumental de la historia. Por el contrario, su mirada poética se detiene en los pequeños gestos cotidianos de aquellos seres anónimos que han protagonizado “sólo un puñado de historias”. La memoria filial de sus abuelos que es también la memoria de su aldea, sentida como un legado que se hace eco en el poema. Espacio de la infancia recuperada y de la lengua propia que es el umbral “al mundo del lenguaje con una riqueza oral tamizada por el cocoliche italiano y las hablas mestizas de las provincias más pobres del noroeste y noreste argentino (…). Relatos y coplas fueron mi arsenal primero y los fundamentos de mi lengua personal” (Bellessi 2006: 59).

Love story
Estábamos
tomando mate en su rancho
bajo un mediodía de oro
en las riberas, San Pedro
era y ella
doña Aurorita López
Iban y venían tramos
de vida con el amargo
Los vecinos,
la miseria, el que está
en el río come, dijo,
Dios y Evita y qué ojos tiene
m'hijita
hasta que el relato ancló
en su hombre escuchando manso
mientras hacía el estofado
Supe ser
buenamoza dijo y aquí
amarró su barco un hijo
del gringo Ford. Me propuso
matrimonio
Consulté a mi padre y él
que sabía yo esperaba
al que hoy es mi marido
sirviendo
de soldado allá en el sur,
me miró de frente y dijo:
"Sepa usted y para siempre,
el corazón es una achura
que no se vende"(Bellessi 2009: 776).

La voz ajena se hace propia, se hace poema y se hace canto memorioso. Una escritura que sabe escuchar las otras voces. Jorge Monteleone advierte en su estudio preliminar a Tener lo que se tiene, que “el impulso originario de Bellessi es la capacidad de transformación de la palabra, transmisible en el habla colectiva por vía del canto y del relato (Monteleone 2009: 15)”.

En Mate cocido, el poema de Bellessi instaura una ronda de mates amargos y comunicación, donde la experiencia es un bien de intercambio entre sus interlocutores. Doña Aurorita cuenta y el yo imaginario escucha con placer. En este sentido, podemos recordar la figura del “Narrador” sobre la que Walter Benjamin apuntara algunos interesantes argumentos para pensar “el fin cercano del arte de la narración” (1991: 112). El filósofo evoca las estirpes narradoras con sus representantes arcaicos, el marino mercante y el campesino sedentario. Dos modos de introducir el intercambio de experiencias en las comunidades de oyentes a las que se pertenece.

El yo imaginario de los poemas de Bellessi reproduce ese gesto narrador, aún en la escritura. Recuerda, rescata y relata tanto “la noticia de la lejanía del viajero que retorna a casa”, como “la noticia del pasado de aquellos que se han quedado” (Benjamin 1991: 113). Pero ese yo poético no es sólo voz narradora sino, por sobre todo, oído que escucha a pesar de ser “la oreja impropia de la hija perdida (Bellessi 2009: 515)”.

Esa escucha construida en el lenguaje del poema reconoce además, la autoridad de una voz ajena que narra porque tiene consejos para ofrecer. La voz paterna recuperada en el relato de la vieja Aurorita López sella el poema con una sentencia de clara procedencia popular. En este sentido, “el consejo es sabiduría entretejida en los materiales de la vida vivida” (Benjamin 1991: 114). Del mismo modo, los cuentos de la tía Asunta pertenecen a una herencia familiar enhebrada en ellos: “La tía Asunta contaba cuentos/ llenos de viejas maldiciones y milagros, /ligados al sudor, la justicia, el trabajo. /Polvo enhebrado a las voces/ de las cocinas y establos de Italia (Bellessi 2009: 305). La casa propia del yo imaginario es también la palabra paterna que se celebra en la escritura del poema:

Don Eduardo
Esos mirlitos negros
Cómo cantan mi Dios!
Mi padre les decía
Congos, congos azules
Sólo por ser tan negros
¿Les vería el reverbero?

Cómo quiso también
él atrapar la magia
Le gustaría aquí,
sentadito en su silla
baja de junco, mate
en mano y en silencio

escucharlos a esta hora
nublada y quieta, veo
su silueta, el rostro
melancólico dice
no quiero irme, mundo
tan hermoso.
De pronto
quebraba su silencio
para enseñarme: esos,
ves?, son congos azules,
el silbo más hermoso
del campo.
¿Así te honro?
(Bellessi 2009: 842)

A pesar de la pregunta, es notable que el poema reconstruya en la memoria una experiencia de corte familiar y cotidiana, como tantos otros textos de Bellessi. Recuerdo que es imagen poética: el padre sentadito (próximo) al yo que, una vez oídas las palabras ajenas, las repite. La poeta explora una cercanía, desde la escucha atenta, de la voz (casi) susurrada del padre.

Otra vez aparece en el poema “El sueño del Tata”: “¿Y si lo intento?, dice/ el Tata tiene el sueño/ de una biblioteca/ popular en los fondos/ de su casa (…) Ahí se ata, enigmática/ una de tantas, bellas/ complicidades que/ nos ligan en la ronda/ del mate compartidas (…)” (Bellessi 2009: 870). Los poemas de Bellessi también se ocupan de restaurar la dimensión esperanzada de los anhelos y fantasías en estas memorias familiares. El poema es la ronda que comunica esa experiencia humana de seguir pensando en plural. La “bella complicidad compartida” establece esta ronda hecha de lenguaje y construye, en cierto modo, un efecto de familiaridad para el lector. De modo similar, podemos leer el siguiente texto:

Milonguita
Acodadas en la barra
de un bar por la estación
terminal de colectivos
charlamos mi hermana y
yo de bueyes perdidos...

digo algo de unos versos
que se andan escribiendo
y su cara se ilumina,

me recuerda momentos
muy antiguos, encanto

de niña ante el relato:
así que también de eso
puede hablar la poesía,
dice cuando le cuento
que tengo mis visitas

Si, digo, gente de antes
nítidos y vestidos
de domingo, como eran

o con lo mejor puesto
en trotecito lento

vienen a recordarme
que yo también, sabes,
me vuelvo gente de antes
Ensombrece su cara
y siento que pasa el ángel

de la muerte, es decir
el tiempo, vuelto puro
resplandor y recuerdo

al principiar y después
noche, solo silencio

Mi padre me enseño
hace ya algunos años
a caminar tranquilos
por el pequeño y amable
cementerio del pueblo,

parándonos en frente
de las tumbas con cierta
rememoración, era

la gente de su vida
y para mi un eco

Pero me voy volviendo
yo también, cosa tierna,
la fila de los que entran
al umbral de recuerdos
tan soleados y dulces,

no da miedo quisiera
decirle a mi joven
hermana, así nomás

te llega con anuncios
extraños al principio

y luego, hay una fe
que celebra el polvo
en reverbero, esto
fuimos para seguir
siendo en la única

memoria que cuenta...,
allí donde nos dimos
como ahora, vos y yo (Bellessi 2009: 851).

A partir del refrán popular citado, la poeta repite la escena de la escucha atenta en la figura de la hermana y el yo imaginario se construye nuevamente como narradora. El “encantamiento” hecho de palabras seduce a la oyente, de vuelta al mundo de una niñez rememorada. La dimensión del tiempo de la memoria y de la vida se instala en el poema. Un yo poético, más cercano a la muerte, recuerda lo ausente y el poema teje el lazo familiar, la cadena (o la ronda) de transmisión entre el padre, la hija/hermana mayor y la hija/hermana menor. Pero el círculo memorioso y afectivo se extiende a ese pueblo “pequeño y amable”, el cementerio como el lugar de los muertos que significa también la pertenencia a una historia en común.

La escritora expresó en el reciente Festival Internacional de poesía de Rosario al respecto:

A menudo la poesía se encarga de que nosotros ingresemos en la realidad anónima de la vida. Son como raspones de oro que la poesía enhebra para que todos estemos en algún momento. Me acuerdo que mi papá me contaba ‘éste fue fulano’, ‘este mengano’, en el cementerio; pequeñas historias que para mí no eran las personas de mi vida, eran las de él. Como salí de mi pueblo de chica, a los 20 años, conozco a los viejos y no a los jóvenes, y a veces siento que conozco más a la gente que está en el cementerio (Página 12: 2009).

Bellessi restituye en este tipo de poemas la transmisión de la experiencia, enseñanza vital ligada al mundo de lo humano y lo natural. Benjamin nos indica algo más en este sentido:

… se pierde el don de estar a la escucha, y desaparece la comunidad de los que tienen oído atento. Narrar historias siempre ha sido el arte de seguir contándolas y ese arte se pierde si ya no hay capacidad de retenerlas. Y se pierde porque ya no se teje ni se hila mientras se le presta oído (Benjamin 1991: 118).

Así como el yo imaginario se construye como un oidor de cuentos ajenos primero, repite en el cuerpo de la escritura el gesto de verter los sucesos y las historias que no son suyas sino en el momento de escucharlas [1]. El yo abre la ronda, vuelve a transmitirlas y las convida al lector que participa de este modo, del relato de lo vivido de otros. El poema conserva lo narrado en la posibilidad de su reproducción y reelaboración [2].

Hasta aquí hemos leído aquellos poemas de Bellessi que trazan un lugar íntimo de pertenencia vinculado al mundo de los lazos familiares y vecinales. El lector tiene la posibilidad de inventariar estos diferentes espacios que invitan al encuentro (o al reencuentro a partir de una memoria que los entrelaza en el lenguaje): el cementerio como lugar de los muertos y herencia de la tierra propia, los ranchitos y chacritas que diseñan ante el ojo lector el mapa de una comuna hecha de proximidad y afecto, el paisaje en la mirada del yo poético. Monteleone advierte que se trata de una “ética de la mirada”:

…para la poeta, la mirada no es sólo lo que se está viendo, lo observado en la inmediación de un ego en el autismo de su aislada percepción: la mirada es sobre todo una relación sujeto y objeto, donde no hay fijeza en ninguno de los dos polos. Bellessi sostiene que la mirada, nombrada en el lenguaje, produce un tipo de saneamiento de la visión, una “regeneración” del vínculo del sujeto con lo real (Monteleone 2009: 16).

También es un yo que pertenece a los objetos que mira, toca y posee: una máquina de escribir, el mate, “un diccionario de la muy real academia”, una guitarra, los vestidos de domingo, un acordeón, entre tantos otros. Los objetos recordados poéticamente en los textos de Bellessi componen una morada particular, siempre emparentados a tiempos, espacios y gentes diferentes. Es decir, éstos constituyen un modo afectivo de refugio para el yo que los enuncia.

Al inicio de nuestro trabajo habíamos mencionado nuestro interés en la construcción imaginaria de una morada poética y de un espacio de pertenencia que excede los límites filiales, a partir del zurcido lingüístico del mito personal de poeta, que Bellessi insiste en narrar desde su producción literaria y ensayística.

La lectura de los poemas seleccionados a lo largo de nuestro trabajo, ha intentado evidenciar la costura de este “relato de lo vivido” como la forma poética de escuchar y de narrar una particular historia de vida en términos de ficción. El contrapunto de ciertos fragmentos de los ensayos de Bellessi no pretende reponer referencias de datos biográficos sino mostrar otro modo de contar el mismo quehacer poético. De esta manera, nos ocuparemos de estos dos últimos poemas:

Martín Edén
Que vas a ser de grande
llego a la puerta un día,
la primaria se iba y
mis viejos me miraron
de frente. Yo quería
ser actriz y escritora,
puse tregua a mi anhelo
de monja en el África,
(…)

Así se fragua a veces
un destino… (Bellessi 2009: 791)

Este texto constituye, a nuestro modo de ver, la escena que funda la autofiguración de Bellessi como poeta. Un relato en forma de poema que instaura el principio, que la desplaza de su clase social originaria, tal como habíamos mencionado con anterioridad. Entrar al universo del lenguaje escrito significó “un período de extrañezas, de cruzar el umbral hacia otro mundo (Bellessi 2006: 60)”. La migración de clase estará acompañada por el traslado del campo al pueblo y de éste a la ciudad. Distanciamiento de la lengua de la niñez y apropiación del código escrito: “…a menudo [éste] implica también un gesto de olvido. Olvido de aquella sintaxis primera, de aquel misterio de la lengua aprendido desde la boca de los otros que alimentaron la infancia (Bellessi 2006: 61)”. Destino fraguado de ser poeta.

El largo adiós
Yo lo vi: dinamita
o lo que sea, Fu
Man Chú lo haría
Mejor rehaciéndolo

de las cenizas. Fuerte
Apache derrumbándose
al instante, una nube
y el silencio, el clamor

acongojado. Vine
a despedirme, esa
era mi casita
alma
mía en el círculo

de tiza donde brinda
el coronel, tarea
terminada la torre
demolida la infamia

así se tapa…

…Viví

En Fuerte Apache, alguna
vez llamado Alborada
y que nadie me cuente
yo lo sé: son vecinos

de ley. Más de una vez
me salvaron, ¡Milicos!
golpeaban la puerta
grande libros y máquina

De escribir! (Bellessi 2009: 810-811)

A diferencia de los demás textos que de un modo u otro construyen poéticamente el espacio rural o isleño, este fragmento nos reubica en el espacio urbano y marginal. Poema de despedida del lugar que supo ser escondite y refugio político. El lazo familiar en este caso (como en otros poemas de Bellessi) se muestra en el tejido social de esos vecinos “de ley”. Otra vez la voz popular halla su espacio de enunciación, tal como lo hace el epígrafe “Así está hecha mi gente. Son de acero y son de ley” (Bellessi 2009: 771). El vínculo social y amoroso con los otros es el nuevo amparo que el yo encuentra y con él enlaza su subjetividad, el espacio queda atado al alma. Mientras que el poema enuncia el derrumbe de un hogar pasado, construye una memoria hecha de lenguaje. Restaura un mundo perdido y acabado que es el recuerdo de “su casita linda” (Bellessi 2009: 812).

Este trabajo no pretende agotar la lectura de los poemas de Bellessi. Por el contrario, su vasta obra poética nos invita a diseminar las múltiples aristas desde la cuál interpretar y analizar su escritura. Por ello, hemos definido un itinerario de lectura que responde al gusto e interés personal. El corpus pretende ser tan sólo una muestra representativa de una zona poética de Bellessi, acotando el campo a través del zurcido del mito personal como relato de lo vivido. La casa de lo humano se construye a partir de la voz narradora del yo lírico que fue y es oído primero: “Esa pequeña voz que la idiota de la familia escucha y que escribe poemas” es al fin y al cabo, el resguardo del arte de seguir contando, “desde el fondo de una red común de pertenencia, como el vigía de fondo” (Bellessi 2007: 17). La experiencia narrada en forma de poemas enhebra el círculo memorioso y afectivo que invita al lector a participar de esta ronda.

 

Notas

[1] Diana Bellessi es una gran narradora en este sentido. El mito personal del origen de su escritura y su condición de poeta se repite y se reelabora constantemente en sus poemas, en sus ensayos y sus conferencias.

[2] Sobre este punto, el crítico argentino Jorge Monteleone aclara en extenso: “Aunque la sintaxis y la elaboración léxica tienden a alejarla de los inmediatos efectos coloquiales de la oralidad, al menos en lo que convencionalmente se llamó poesía coloquial o conversacional, en la poesía de Bellessi hay una voluntaria y exigente exploración del habla. Esa elección responde menos a una creencia estética que a un programa sociocultural: en el habla la poeta indaga los vínculos de lo individual con lo social, transforma la radical subjetividad de lo lírico en un escenario cambiante donde las voces colectivas lanzan ecos y resonancias (2009 6)”.

 

Bibliografía

Bellessi, Diana (2007): “La pequeña voz del mundo”. La pequeña voz del mundo y otros ensayos. María Eugenia Bestani y Guillermo Siles (comps.) Departamento de Publicaciones de la Facultad de Filosofía y Letras. Universidad Nacional de Tucumán, Tucumán, Argentina. (pp. 17-26).

Bellessi, Diana (2006): “La cabra vuelve al monte”. Poéticas de la distancia. Adentro y afuera de la literatura argentina. Silvya Molloy y Mariano Siskind. Grupo editorial Norma, Buenos Aires, Argentina. (pp. 57-66).

Bellessi, Diana (2009): Tener lo que se tiene. Poesía reunida. Adriana Hidalgo editora, Buenos Aires, Argentina.

Bellessi, Diana. “El lenguaje desde la intemperie” Cultura y Espectáculo de Página 12, 18 de septiembre, 2009. Disponible en http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/espectaculos/17-15329-2009-09-18.html (22/04/10).

Bachelard, Gastón (2009): La poética del espacio (1957). Fondo de Cultura Económica, México.

Benjamin, Walter (1991): “El Narrador” (1936). Para una crítica de la violencia y otros ensayos. Iluminaciones IV. Taurus, Madrid (pp. 111-134).

Genovese, Alicia (1998): La doble voz. Poetas argentinas contemporáneas. Editorial Biblos, Buenos Aires, Argentina.

Monteleone, Jorge, “La poesía como tierra sin mal: habla, mirada, gracia y donación”. Prólogo a Bellessi, Diana, Tener lo que se tiene. Poesía reunida. Adriana Hidalgo editora, Buenos Aires, Argentina, 2009 (pp. 5-45).

Scarano, Laura. Palabras en el cuerpo. Literatura y experiencia. Editorial Biblos, Buenos Aires, Argentina, 2007.

 

Isabel Aráoz es profesora y licenciada en Letras. Realiza sus estudios del Doctorado Estructurado en Letras, orientación Literatura en la Universidad Nacional de Tucumán (Argentina). Ha recibido una beca de Grado (2006) y de Iniciación (2007) de Ciencia y Técnica de la misma universidad (CIUNT). En 2006 viajó a la ciudad de Gotemburgo (Suecia) con la beca de Linneaus Palme. Desde el año 2008 se desempeña como becaria de CONICET-Argentina. Su primer libro publicado se intitula Naufragios de mar y tarco en flor. La escritura de Hugo Foguet (1923-1985). Su obra literaria entre las décadas del sesenta y del ochenta (2008).

 

© Isabel Aráoz 2010

Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

El URL de este documento es http://www.ucm.es/info/especulo/numero46/bellessi.html