Apuntes autobiográficos en torno a La Condena, de Franz Kafka

Ángel Clemente Escobar

Universidad Complutense de Madrid
ang_clemen@hotmail.com


 

   
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Resumen: El relato La Condena, de Franz Kafka coincide con una de sus épocas más prolíficas en cuanto a su obra se refiere, pero al mismo tiempo viene determinado por los acontecimientos que marcan el ritmo de su biografía. En el paso de ésta, del hecho anecdótico, al texto, las referencias se hacen evidentes. Con ello nuestro objetivo en este artículo será perfilar esas presencias e intentar vislumbrar la importancia que revisten dentro del relato.
Palabras clave: Kafka - biografía - condena - Bauer

 

La Condena, relato escrito en la noche del 22 al 23 de septiembre de 1912 inaugura una de las etapas más productivas en la obra de Kafka, en la que el autor escribe con alegría y se siente feliz por los resultados. Prueba de ello es que esta obra, junto a otros relatos posteriores como La metamorfosis y La colonia penitenciaria, fueron de las pocas que el escritor consintió en publicar. Este periodo viene determinado por una serie de acontecimientos que marcan el ritmo de su biografía.

En primer lugar es importante señalar que aproximadamente un mes antes, el 13 de agosto conoce en casa de su amigo Max Brod a Felice Bauer, berlinesa de paso por Praga que supondrá el contacto más directo con las relaciones de pareja que tendrá a lo largo de su vida. Según nos dice él mismo en su diario, ésta no le produjo una gran impresión en un primer momento, y sin embargo ambos se entendieron enseguida. La primera carta dirigida a la que se convertiría en su prometida tiene fecha del 20 de septiembre, un par de días antes de escribir su relato. El hecho de que la dedicatoria del mismo esté dirigida a Felice apunta a que el joven escritor tenía muy en cuenta este encuentro en el momento de su redacción.

Por otro lado, este relato se inscribe claramente en aquellos cuya temática predominante gira en torno al conflicto generacional y la figura del padre, por lo que no parece casual que una semana antes, el 14 de Septiembre, la familia hubiera celebrado el cumpleaños de Hermann Kafka. El deseo que éste tenía de verse emulado por su hijo se convertirá tanto en objeto de las frustraciones como de algunos relatos del escritor checo.

En La Condena también aparece como elemento importante el tema del matrimonio. Ya en diciembre de 1911 encontramos en sus diarios la primera alusión a este dilema que le acompañará a lo largo de toda su vida:

“Hoy, durante el desayuno, estuve hablando casualmente con mi madre sobre los hijos y el matrimonio [...] Me considera un chico sano con una ligera tendencia a imaginarse que está enfermo. Esas imaginaciones, dijo, desaparecerán por sí solas con el tiempo, aunque lo que las eliminaría por completo sería, desde luego, casarse y tener hijos. Entonces mi interés por la literatura también quedaría reducido a dimensiones adecuadas para una persona cultivada”. (Kafka 2000: 247)

Además, recientemente se había prometido su amigo Max Brod con Elsa Taussig, y su segunda hermana, Valerie, lo hacía con Josef Pollack, hecho que se refleja en la página de su diario del 15 de septiembre del mismo año. Kafka se plantea constantemente la pertinencia o no de contraer matrimonio y el perjuicio para su carrera como escritor que esta decisión pudiera ocasionar.

En el Otoño de 1911-1912 Kafka, introducido por Max Brod, comienza a frecuentar un grupo de teatro judío. Este hecho no sólo pone en su mente la problemática judía y la cuestión religiosa -frente al judaísmo puramente formal de su padre-, sino que supone su acercamiento a un entorno que le va encaminando cada vez de forma más clara hacia la profesión de escritor.

El relato comienza como podría comenzar cualquier discurso realista, localizando el tiempo y el lugar en el que se encuentra el protagonista; la mañana de un domingo de primavera, sentado delante de la ventana de su escritorio, desde donde se puede ver el río. Efectivamente, el 22 de Septiembre de 1912, día en que Kafka escribió el relato, era domingo, pero no primavera. Tal vez considerase que tanto su estado anímico como el dilema en torno al matrimonio que se relata tendrían más cabida en esta estación.

En este relato encontramos, en consonancia con la firme decisión tomada en contra de la postura de su padre de dedicarse a la literatura, el riesgo que supone tanto para él como para sus personajes tomar decisiones y enfrentarse con esfuerzo a los nuevos retos. Esta es la preocupación que tiene Georg Bendemann, el protagonista, a la hora de escribir la carta a su amigo de San Petersburgo para intentar convencerlo de que abandone su periplo en el extranjero donde “se mataba inútilmente trabajando”(Kafka 2006: 85). Georg no sólo manifiesta su preocupación por la vida laboral de su amigo, además se preocupa por el aislamiento, la soledad y la idea de una soltería definitiva a la que en la ciudad rusa se ve abocado.

En contraposición a la situación de su amigo coloca la suya propia. Por un lado, los negocios le son favorables, y por otro, afirma haberse comprometido con la señorita Frieda Brandenfeld, joven de familia acomodada, con la que asegura alcanzará la felicidad. Como vemos es aquí el propio autor quien pone ambas posturas sobre la mesa en torno a la cuestión del matrimonio y reflexiona sobre los posibles beneficios en su propia persona.

En Febrero de 1913 y con ocasión de la corrección de las pruebas de imprenta para la publicación de La Condena, Kafka explica la relación que existe entre los nombres de los personajes de su relato y su propia biografía de la siguiente manera:

“Georg tiene el mismo número de letras que Franz. En el apellido Bendemann el mann solo es un reforzamiento de bende, anticipado con vistas a todas las posibilidades aún desconocidas de la historia. Pero Bende tiene el mismo número de letras que Kafka y la vocal e se repite en los mismo lugares que la vocal a en Kafka.

Frieda tiene el mismo número de letras que Felice y la misma inicial, Brandenfeld tiene la misma inicial que Bauer y mediante la palabra Feld también cierta relación en cuanto a su significado. Puede incluso que no haya carecido de influencia el recuerdo de Berlín y que haya intervenido también el de la Marca de Brandenburgo” . (2000: 384)

La relación en cuanto al significado entre Bauer y Feld a la que hace referencia viene dada por el hecho de que ambas palabras pertenezcan a un mismo campo semántico: significan campesino y campo respectivamente. Pero las coincidencias del relato con los hechos anecdóticos de su propia biografía no se quedan simplemente en estos juegos de palabras. Como veremos a continuación, todos los aspectos aquí recogidos tienen su reflejo en la propia trama argumental.

Hasta aquí la postura del protagonista de La Condena parece de lo más cuerda: trabajador, con perspectivas de futuro y de formar una familia, que además, cuida de que su padre se encuentre lo mejor posible. Sin embargo, todo cambia cuando le anuncia al padre su decisión de enviar correspondencia a su amigo de San Petersburgo. El padre declara para sorpresa del lector que ese tal amigo no existe, que es todo invención de Georg, aliándose a su vez con el concepto mismo que genera el ficticio emigrado para atacar a su hijo. “¡Claro que conozco a tu amigo! Sería el hijo que desea mi corazón”(2006: 93), dirá el padre.

Al final, el padre formulará el rotundo veredicto sentenciando a su hijo a su posterior suicidio, que éste cumplirá lanzándose al río. A propósito de la última frase, “En ese momento atravesaba el puente un tráfico verdaderamente interminable” (2006: 96), sorprendentemente, y en palabras del mismo autor a su amigo Max dejó dicho: “Cuando la escribía pensaba en una fuerte eyaculación”, relacionando la imagen con el discurrir de los espermatozoides. Es significativo como la metáfora de la sexualidad y de la fecundidad están siempre presentes y muy especialmente en lo que a este relato se refiere; de hecho, el día 11 de febrero de 1913 anota en su diario:

“Mientras corrijo las pruebas de La Condena anoto todas las circunstancias que se me han hecho presentes con motivo de dicho relato. Es necesario, porque el relato salió de mí como un parto normal, cubierto de suciedad y lodo, y sólo en mis manos está el poder y el querer limpiar su cuerpo”. (2000: 283)

Según nos dice el propio autor, la figura del amigo abstrae y reúne todos los aspectos de la relación con su padre, -“El amigo es el nexo entre el padre y el hijo, su máximo punto en común” (2000: 283)- en el que el escritor veía al hombre casado, con hijos, dedicado a sus negocios y ante el cual Franz sentía la imposibilidad de imitarle o tomarlo como modelo. Kafka además refleja su inseguridad al supeditar su autovaloración a los deseos de su padre, es decir, de utilizar la valoración que el padre hace del hijo como medida de su valía, con lo que, sin lugar a dudas, el conflicto está servido. A pesar de ello la contradicción en este tema está siempre presente; sirva como ejemplo lo que dice en el transcurso de su Carta al padre: “Soy el producto de tu educación y de mi obediencia”. Sea como fuere, la aversión que siente el autor hacia su padre se retroalimenta con las sensaciones que le dejan sus mismas experiencias. Así, con el periodo en el que ejerce en la Assicurazioni Generali, crece su malquerencia para con los negocios y sus hacedores.

Para la figura del amigo, Kafka se sirvió por un lado de Alfred Löwy, a menudo llamado por éste “el tío de Madrid” quien al igual que el ficticio personaje del relato, también quedó soltero. Hermano mayor de la madre del autor checo, trabajaba como director de la Compañía de los Ferrocarriles de Madrid a Cáceres y Portugal y del Oeste de España. Por otro lado, el 12 de Febrero de 1913 anota en su diario:

“Durante la descripción del amigo que reside en el extranjero pensé mucho en Steuer. Y cuando aproximadamente un trimestre después de escribir esta historia me encontré por azar con él, me contó que aproximadamente un trimestre antes se había prometido en matrimonio”. [1] (2000: 384)

Podemos señalar una estructura existente -que se mantendrá en La metamorfosis-, en los diferentes cambios de fuerza entre el padre y el hijo. El fortalecimiento del padre siempre trae como consecuencia el debilitamiento del hijo y, al contrario, la superioridad del génito va en detrimento de la figura paterna. En La Condena aparece el primer cambio de fuerza cuando, tras saberse que la madre está muerta, el viejo Bendemann pierde dominio sobre su hijo en el relato [2], adquiriendo así éste el status de figura principal de la familia que además debe hacerse cargo del bienestar de su progenitor; -“si el negocio amenaza tu salud mañana mismo lo cierro para siempre” (2006: 91), le dirá éste-. Este breve paréntesis en que el hijo es el cabeza de familia va quedándose de lado y las relaciones de poder se reestablecen nuevamente, cuando el padre sentencia “Todavía soy el más fuerte”. (2006: 95).

En cuanto a las influencias que han podido intervenir en el relato, Kafka escribe:

“Muchos sentimientos acarreados mientras escribía: por ejemplo, la alegría de tener algo bello para la Arcadia de Max; naturalmente he pensado en Freud, en un pasaje en Arnold Beer, en otro en Wassermann, en (destruir), en Die Riesin de Werfel, también, naturalmente, en mi El mundo urbano”. (2000: 359) [3] [4]

Efectivamente el autor tenía delante estos textos, pero también tenemos que tener en cuenta otros que se sabe había leído y que son no menos significativos. Por un lado tenemos El Doble de Dostoievski, en el que, como se puede deducir del título, ve reflejado la figura del amigo de San Petersburgo. Además en el final de Crimen y Castigo encontramos elementos que utilizará en este relato. Sabemos también que leyó a otros como Kierkegaard, en el que, al igual que en el ruso, la figura de dios está a medio camino entre lo amenazador y lo espléndido. No queremos decir que en este relato la religiosidad tenga alguna importancia, pero sí que el influjo de estos autores es importante como un todo, también en la perspectiva del mundo y de dios.

En una carta escrita muchos años después a Milena, Kafka confiesa que cada palabra y cada frase de La Condena si identifican con el miedo. Probablemente el miedo que tenía a una relación todavía incipiente con Felice, el miedo a las decisiones y a las expectativas que manifiesta el protagonista del relato, el miedo del nuevo rumbo que estaba tomando su vida desde que decidió dedicarse a la literatura en contra de su padre, y sobre todo, el que le tenía a éste último y fundado en declaraciones que recuerda en su Carta al padre. “Te destruiré como a un pez”, afirma que le dijo en alguna ocasión.

Como podemos comprobar, la interpretación de éste, o cualquier otro relato del escritor checo puede suponer si no una tarea imposible, un trabajo que en todo caso siempre resulta fragmentario; sirva esta cita como ejemplo:

“El relato de Kafka La Condena se puede entender desde el punto de vista biográfico como el conflicto entre Franz y Hermann Kafka, desde el punto de vista psicológico como la visión edipal de un castigo, desde el punto de vista teológico como la rebelión de la religión cuyo centro es el hijo contra la religión cuyo centro es el padre, desde el punto de vista histórico como la lucha de dos épocas, desde el punto de vista sociológico como el conflicto entre la vida activa y la negación ascética, desde el punto de vista filosófico como la lucha entre dos principios: burguesía-existencia del artista, espíritu-vida, y ello sin que las interpretaciones se excluyan unas a otras porque el modelo de rebelión y castigo es común a todas ellas”. [5]

Sin embargo, nosotros preferimos pensar que el modelo de narrativa que surge tras la cancelación del discurso propiamente realista del XIX y que copará toda la primera mitad del siglo XX no podemos percibirlo tan sólo como resultante, bien del proceso de descomposición que sufren las formas artísticas, bien como resultado de la conciencia de un subconsciente, -atendiendo a Freud-, bien como reflejo inerte de las circunstancias biográficas del propio autor. El modelo de escritura que genera el siglo XX está inexorablemente unido a las nuevas formas y el establecimiento definitivo de la modernidad, además del hecho anecdótico como motor creador debido al individualismo que inevitablemente se deriva del capitalismo, como no podía ser de otro modo; sin embargo esta visión fragmentaria del proceso creador no puede ser concebida sin el doble posicionamiento del autor que conjuga el texto en la relación de reciprocidad que mantiene entre su yo creador y su yo anecdótico.

 

Notas:

[1] Otto Steuer, compañero de estudios de Kafka.

[2] “ya no estoy lo suficientemente fuerte, me falla la memoria, ya no puedo abarcar tantas cosas”, dirá el padre en el relato.

[3] Arnold Beer, novela de Max Brod aparecida ese mismo año

[4] Jacob Wassermann (1873-1934), novelista judío alemán.

[5] Cita de Binder en Kafka Handbuch, vol. II, Pág. 299 que nosotros hemos recogido de la Introducción La metamorfosis y otros relatos realizada por Ángeles Camargo ya mencionada.

 

Bibliografía:

Borges, Jorge Luis (2007): “Kafka y sus precursores”, en Otras Inquisciones. Destino, Barcelona.

Brod, Max (1951): Kafka. Emecé, Buenos Aires.

Canetti, Elias (1983): El otro proceso de Kafka. Alianza, Madrid. Feria Jaldón, Ernesto (2000): Estudios sobre Kafka. Editorial Renacimiento, Sevilla.

Kafka., Franz (2000): Obras completas II. Diarios. Círculo de lectores, Barcelona.

——(2006): La metamorfosis y otros relatos. Cátedra, Madrid.

——(1974): Carta al padre. Lumen, Barcelona.

 

© Ángel Clemente Escobar 2010

Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

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