Sobre el decir innombrable que se muestra… Wittgenstein y Cortázar.
La danse des mains o cómo abrazar el misterio de la vida

Isabel Jerez Martínez

Universidad de Castilla-La Mancha
isabel.jerezmartinez@uclm.es


 

   
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Resumen: La siguiente aportación versa sobre los límites del lenguaje y los juegos que la literatura nos ofrece para transgredir esos límites y llegar a lo que está más allá del nombrar mismo donde quizá habite lo importante, lo que llevamos en los bolsillos algunos para comprender mejor el misterio y el sentido que la vida es, vida que construimos, estructuramos y vivimos según el lenguaje que utilizamos.
    Tendemos un puente entre filosofía del lenguaje y literatura apoyándonos en dos figuras imprescindibles: Wittgenstein y Cortázar. Se pretende decir para llegar a mostrar lo que no puede ser dicho, mostrar para comprender hasta dónde podemos decir. Para ello hemos utilizado la filosofía de Wittgenstein y su Tractatus Lógico Filosófico y la literatura (el Arte), Cortázar y su obra Rayuela.
    El documento está estructurado del modo que mostramos a continuación y parte de la fusión de ambos, donde lo que dicen y muestran cada uno subraya y reafirma lo que muestra y dice el otro:
        - Imaginando. En este apartado introductorio se expone la hipótesis de encuentro entre literatura y filosofía.
        - Wittgenstein de uno y otro lado. Presentamos una aproximación a los aforismos del Tractatus y apuntamos claves para la comprensión de lo mostrado y lo nombrado, tanto en aspectos teóricos-filosóficos como ejemplos que la ficción literaria nos ofrece.
        - Cortázar y el aforismo 5.6 “Los límites de mi lenguaje son los límites de mi mundo”. Nos presenta la visión de la obra Rayuela mecida por las teorías de Wittgenstein, así como ejemplos de esa transgresión de los límites del lenguaje a la que alude el filósofo.
        - El silencio que escuchamos. El aforismo 7 del Tractatus pintado con tiza en el suelo… filosofía y literatura han jugado a la Rayuela, han bailado una danza sin palabras abrazando así en misterio… y la unión hipotética con la que comenzamos nuestra aportación ha dejado una huella invisible y necesaria donde sucedería de hecho que “no hablar es más que no proferir sonido alguno”…
Palabras clave: Literatura, Lenguaje, Cortázar, Rayuela, Filosofía, Wittgenstein, Tractatus Lógico filosófico, Sentido, Transgresión, Decir, Mostrar, Paradojas, Arte.

 

Imaginemos una hipotética situación: Wittgenstein y Cortázar se encuentran… sin palabras. Los signos los dibujamos nosotros en estas líneas. Aquí. Ahora. Posibilidad de la ficción que guarda el signo, más allá del tiempo y el espacio, del cotidiano acaecer, de los silencios del libro cerrado, de los ojos eclipsados que ven… puentes invisibles… Veamos pues los hilos para unirlos.

Imaginando:

Aquel viernes en aquel faro ellos se aliaron. Sus manos bailaron y las palabras que mientras danzaban no fueron pronunciadas, abrazaron el misterio que la vida, las más de las veces, es.

Entrelazadas, sugieren imposibles y hacen a su vez posible la utopía del saber, que en ocasiones, excede los límites de lo nombrado, etiquetado, preso en la palabra.

Cortázar hace gala de su valentía en su obra Rayuela, un juego particular y seductor donde varias barreras son cruzadas: lingüísticas, estructurales y comunicativas. El receptor masticará “con soberana libertad elegida” palabras con “sabor a fruta madura” y leerá lo dicho y lo mostrado “como si tuviera la boca llena de flores o de peces” (Cap 7). Esa es su danza, su exceder lo dicho.

Wittgenstein por su parte pondrá el acento filosófico al juego de manos. Su reto: llegar a los límites de lo nombrado para reconocer que efectivamente, hay cosas que sólo pueden ser mostradas. Llegará de hecho a lo que no puede ser dicho, diciendo… delicia entonces para la mente inquieta. En su obra Tractatus Lógico-philosophicus y mediante aforismos nos nombrará una escalera mostrándonos con ella lo importante, que se encuentra más allá de ella, necesaria, porque sin la misma no podríamos vislumbrar, acaso intuir el misterio. “Lo inexplicable, ciertamente, existe. Se muestra” (6.522 Tract.) Misterio que aquel viernes ambos danzaron con sus manos. Su palabra nombra hasta donde no puede nombrarse más, por eso el arte, la poesía, el baile… lo mostrado.

Ambos destruyen, construyen. Transgresión. Quieren llegar y llegan a los límites donde intuimos los mortales que debe existir eso que en ocasiones es inexplicable. Y aunque sea inexplicable, trataremos de explicarlo en estas líneas, (entre mostradas y dichas, a veces con más luz, otras con menos) dibujando esa hipótesis de encuentro para que así quizá, podamos llegar también nosotros donde suponemos, llegan ellos.

Hoy recojo el relevo de su revelación, lo dicho y lo mostrado en sus obras, hechos, en sus palabras y en sus silencios llenos, con total admiración y humildad para mostrar su muestra imprescindible y necesaria. Su decir aquí, junto a esta otra danza que danzo, para también abrazar con aire silencioso y susurrante el misterio, lo dicho y lo mostrado por literatura y filosofía en aquella danza, en aquel faro, aquel viernes… la danse des mains.

 

Wittgenstein de uno y otro lado

Mundo, mente, lenguaje. Aquí comienza nuestra aventura del pensar, con la tríada que preocupó hace más de veinticinco siglos al sofista Gorgias (Nada existe, y si existiera no podría ser conocido y aunque pudiera ser conocido sería incomunicable). Esa fractura en la que vivimos: lo inconmensurable de lo que nos rodea, del conocimiento de esto mismo, y de las manifestaciones lingüísticas de lo que son, o creemos que son las cosas.

Diversidad de campos, dificultad en el nexo. A ese atreverse a la cópula imposible hay quien le llama Reduccionismo. De nuevo la otra tríada: Reduccionismo ontológico (el lenguaje o la mente son cosas), R. Epistemológico (el mundo o el lenguaje son elaboraciones mentales: lenguaje como espejo de la mente), R. Lingüístico (el mundo o el pensamiento son mi lenguaje: “Los límites de mi lenguaje son los límites de mi mundo”) ¿Se encontraría en esta esfera el amigo Ludwig? ¿Por qué esa importancia del lenguaje para pensar el mundo? Quizá porque sería el demiurgo, el mediador del hombre en todos los ámbitos en que éste, al ser un ente vivo pensante, se mueve. Quizá porque cuando uno comienza a hablar, comienza a crear a su alrededor todo un universo de significados, fijémonos si no en los niños. Tal vez porque resulta improbable un pensar sin el verbo, la palabra. Una palabra-verbo sin pensamiento… Aunque es posible, me pregunto, el Arte sin pensamiento. ¿Lo será? ¿Harán arte pues los animales? ¿Así ellos, sin consciencia? Más bien no. Una puesta de sol a los ojos de un chimpancé es artística o sugerente para la creación artística? Más bien no. Pero ¿esta puesta de sol para dos hombres será considerada Arte o moverá a él para ambos? Más bien tampoco. El hombre, ser hombre… pensar… misterio.

Disolución en Wittgenstein de Ontología y epistemología, la senda ético-práctica del lenguaje. Frente a San Agustín (palabra = objeto) está, estamos al conocerlo y por conocerlo a él ahora, en este instante. Diferentes lenguajes expresarían diferentes modos de vivir.

¿Cómo es posible que en el reciente abandonado siglo XX se constituyera el lenguaje como punto nodal para la filosofía? De nuevo el tres para esa búsqueda de la justificación objetiva:

- Los analíticos: Russell, Wittgenstein: utilizan la lógica simbólica para clarificar el sentido de las oraciones. Detrás de las gramáticas de las lenguas particulares o naturales reconocían una gramática universal que permitía establecer un isomorfismo entre mundo, pensamiento y lenguaje.

- Los Fenomenológicos: Husserl: acuden a la Lógica Trascendental para fundamentar el conocimiento científico.

- Los dialécticos: Lukács: reivindican la Lógica Dialéctica para fundamentar el determinismo histórico.

Parece que nos encontramos algo más situados para abordar la silenciosa cuestión a la que nos invita el filósofo. Para danzar la hipótesis junto a Literatura. Para romper las líneas, las barreras y decir… lo que no está permitido nombrar.

“Lo que puede mostrarse no puede ser dicho” 4.1212 Tractatus

Para decir y mostrar analizaremos los presentes: sus textos, la onírica danse des mains con la que los nexamos en estas líneas, con las que dibujaron sus palabras al borde del abismo…

Cómo es el lenguaje, sorprendente. Todo junto se escribe separado y separado se escribe todo junto. Paradojas.

El diccionario de la RAE afirma el respecto: La paradoja es una idea extraña o irracional que se opone al sentido común. Es una contradicción aparente entre dos cosas o ideas.

¿La paradoja en el Tractatus Lógico-Philosophicus? También. Veamos:

- Aforismos: Toda la obra está concebida de este modo, donde se conjugan precisión lógica y vaguedad poética. Lo escrito contiene lo no escrito.

- Decir para llegar al mostrar: nombrar los hechos para llegar al sentir, tal vez. A lo místico, a lo innombrable, por situarse más allá del límite. Al arte, danza, música, pintura. A la danza sin música. A la poesía… al juego literario que Rayuela contiene ya en su propio título.

El sentido último del Tractatus será mostrar lo inexpresable exhibiendo claramente lo expresable.

“El sentido del mundo podemos buscarlo en el sentido de las proposiciones” 6.43

“Lo que se expresa en el lenguaje nosotros no podemos expresarlo por medio de él” 4.12

- Los discursos varios:

a) La ciencia y su discurso no necesario (no universal) y fundamentado (cómo es que la ciencia es ciencia)

b) La Filosofía y su discurso necesario (la necesidad del pensar) y no legitimado (es espontaneidad misma. Fundamenta a la ciencia pero no cumple las condiciones de la ciencia)

c) El Arte y la ética, con sus discursos necesarios (universales) y legitimados (su fundamento es que llegue al sentir)

Wittgenstein escribe su obra en proposiciones filosóficas (necesario y no legitimado) pero quiere con él liberarse de la filosofía. Filosofar para poner fin al filosofar. Arrojar la escalera. “Significar lo que no se puede decir presentando claramente lo que se puede decir” 4.115

d) Sentido y sin él: Las proposiciones con sentido serán aquellas que responden al verdadero o falso. Las que no lo tienen no serán ni verdaderas ni falsas y dirán de hecho lo que no se puede decir de derecho. Estas últimas no serán explicables. Someten el mundo. “El mundo es todo lo que acaece” Aforismo 1 del Tract.

“Mi trabajo consta de dos partes: la que presento a continuación, mas todo lo que no he llegado a escribir. Esta segunda parte es precisamente la importante.”

e) Wittgenstein y su vinculación implícita con el arte.

Denis Diderot, en su obra La paradoja del comediante nos habla de las características del artista, al que califica de un ser frío, lógico (todo en una representación artística está milimétricamente estudiado) calculador, pero que despierta, con estas cualidades, lo opuesto en el espectador. Actualmente hay otros teóricos teatrales y estudiosos de la antropología teatral que afirman esto mismo y llenan los teatros consiguiendo los efectos deseados. No es el actor el que sufre en su piel la duda de Hamlet, sino el espectador, y esto es posible porque el actor no se ha perdido en su mostrarse en la duda misma, en el sufrimiento intenso y tenso del que padece, sino que ha calculado, estudiado y reproducido movimiento, voz y texto, espacio… para conseguir que sea el espectador el que retorcido quede en su butaca.

La lógica del lenguaje y sus límites afirman la existencia y el espacio necesario de su opuesto: lo innombrable. El silencio. Paradojas como preámbulo al espectáculo de danza.

Vayamos ahora tras las huellas del pensar del filósofo:

La estructura del lenguaje la revelaría la lógica. Su función esencial es representar o describir el mundo siguiendo el razonamiento que precede: Para que pensemos y hablemos del mundo, debe haber algo común entre lenguaje y mundo. Quizá ese algo común sean las estructuras. Si conocemos la de uno, conocemos la del otro. Si la lógica nos revela estructuras, el lenguaje también debe revelarnos la del mundo.

¿Qué es pues lo que podemos decir? Aquello que es capaz de ser verdadero y falso, es decir, el lenguaje descriptivo, las proposiciones empíricas. Y ¿qué, por tanto, puede mostrarse o se muestra? Las proposiciones de la ética, lógica, matemática, estética y metafísica. Estas no dirán nada, serán sin sentidos porque son intentos de trascender en el lenguaje el límite del lenguaje, del mundo. ¿Serán carentes de significado? No, porque muestran el límite.

Pero, ¿dónde se sitúan las proposiciones de la filosofía? Estas no son ni empíricas ni lógicas. Tal vez intentos de decir lo que no puede ser dicho. No serán falsas aunque tal vez su problema se sitúe en la carencia de significado. Wittgenstein apunta también con la paradoja a esta cuestión para la filosofía. Por lo tanto, y siguiendo tras las huellas sutiles y fulminantes a la vez de Ludwig, afirmaremos que es posible decir cómo es la realidad (que ciertos hechos atómicos existen y ciertos no) pero no es posible decir la realidad. Lo indecible es así porque trasciende el mundo.

“El sentido del mundo debe quedar fuera del mundo” 6.41

La equiparación o el caminar paralelo de ética y estética (6.421) son ejemplo del trascender, son una sola cosa que traspasa límites. “Cómo sea el mundo es completamente indiferente para lo que está más alto” 6.432

Parece que siguiendo así las huellas todo se vislumbra mejor, aunque es fácil perderse en este desierto de la paradoja. Probamos para llegar a puertos menos grises con el arte, con Cortázar y la literatura, con la danza que sus manos cantan, dibujando estelas en el aire, signos para los que buscamos señales… más allá del aquí, más acá del allí, aunque: “la solución del enigma de la vida en el espacio y en el tiempo está fuera del espacio y del tiempo” 6.4312

Oasis. La lectura de Cortázar por las lentes de Wittgenstein. Oasissssssssh. “Hay ciertamente, cosas que no se pueden decir. Se muestran a sí mismas”.

“Apenas él le amalaba el noema, a ella se le agolpaba el clémiso y caían en hidromurias, en salvajes ambonios, en sustalos exasperantes. Cada vez que él procuraba relamar las incopelusas, se enredaba en un grimado quejumbroso y tenía que envulsionarse de cara al nóvalo, sintiendo cómo poco a poco las arnillas se empejunaban, se iban apoltronando, reduplimiendo, hasta quedar tendido como el trimalciato de ergmanina al que se le han dejado caer unas fílulas de cariaconcia. Y sin embargo era apenas el principio…” Capítulo 68. Rayuela

De la hipotética danza deducimos ya que sólo podemos decir cosas con sentido dentro de los límites del lenguaje. Así mismo observamos que hay un intento de decir algo acerca del límite del lenguaje en las proposiciones sin sentido, e intentos de decir algo acerca de lo que hay al otro lado del límite en las carentes de significado (et voilá, la particular literatura de Cortázar, transgrediendo fronteras… la danza que danzamos) Si bien establecer proposiciones (intentar decir algo) sobre lo que trasciende el mundo, lo inexplicable, resulta una carencia de significado. El fragmento de Rayuela pertenece al reino de lo trascendental. Sólo puede ser mostrado así, más allá de la lógica de nuestro lenguaje. Valentía del artista, de la literatura jugando a la rayuela más allá del dibujo de tiza.

El Tractatus muestra lo inexpresable exhibiendo claramente lo expresable. Rayuela dice lo inexpresable mostrando claramente lo que no puede ser dicho. (…)

“No intentes decir lo que no puede ser dicho, ya que lo que puede mostrarse no puede ser dicho” 4.1212 Transgresión en ambos, por eso la danza como nexo, como puente… porque los puentes unen. Chssss.

“De lo que no se puede hablar, mejor es guardar silencio” Aforismo 7 del Tractatus.

Y a veces el silencio es mucho más que no proferir sonido alguno

“¡Evohé, Evohé!. Volposados en la cresta del murelio, se sentían balparamar, perlinos y márulos. Temblaba el troc, se vencían las marioplumas y todo se resolviraba en un profundo pínice, en niolamas de argutandidas gasas, en carinias casi crueles que los ordopenaban hasta el límite de las gunfias”. Rayuela. Cáp 68

“El hombre tiene la inclinación a trascender los límites del lenguaje. Pensemos por ejemplo, el asombro que nos produce el hecho de que cualquier cosa exista. Tal asombro no puede expresarse en forma de pregunta, ni hay para él respuesta alguna. Cualquier cosa que digamos debe a priori ser carente de sentido. Sin embargo, intentamos trascender los límites del lenguaje… Pero tal tendencia apunta hacia algo… sólo puedo decir que no desprecio esa inclinación humana. Me quito el sombrero ante ella”.

 

Cortázar y el aforismo 5.6 “Los límites de mi lenguaje son los límites de mi mundo”

“¿Encontraría a la Maga? … Tantas veces me había bastado asomarme…y era tan natural cruzar la calle, subir los peldaños del puente, entrar en su delgada cintura y acercarme a ella que sonreía sin sorpresa, convencida como yo de que un encuentro casual era lo menos casual en nuestras vidas”

Vayamos desliando la madeja, este lado del puente, esta otra mano, su danzar que busca entre acasos y vísperas la magia en un juego.

“Words, words, words” Le responde.

What is the matter, my lord?

               (Shakespeare. Hamlet. Acto II, escena II)

Curiosamente ésta, también es la cuestión que nos ocupa. El peso del signo, What’s in a name? Meditará Julieta. That which we call a rose by any other name would smell as sweet”. (Romeo and Juliet, II)

La palabra como enemigo. Si esa flor tuviera otro nombre, su embriagador perfume sería el diferente… Cuestionable cuestión que cuestionamos. Las palabras, “perras negras” son llamadas por Cortázar. Desconfiar de las notas con las que contamos para componer nuestro swing, el imperfecto instrumento con el que comunicamos, con el que describimos el mundo, lo configuramos, lo reinventamos imaginando otros juegos posibles, infinitos. Posibles.

El lenguaje nos engaña alguna vez, quizá porque lo desgastamos. De nuevo la paradoja: “Toda denuncia y destrucción del lenguaje sólo puede realizarse utilizando lo mismo que se denigra: círculo vicioso bien evidente, suplicio de Tántalo para el que no existe escapatoria”.

La reflexión sobre el lenguaje también está en Rayuela. Las palabras como “petrificaciones simplificantes” (Cap 48 Ray.) con las que cuenta el narrador de historias, el hombre en cada historia que comienza. En el capítulo 99 de nuestra contra-novela el pensar los signos con los que aprehendemos la realidad se hace explícito.

“Lenguaje quiere decir residencia en una realidad, vivencia en una realidad. Aunque sea cierto que el lenguaje que usamos nos traiciona no basta con querer liberarlo de sus tabúes. Hay que re-vivirlo, no re-animarlo”… “Lo único claro en todo lo que ha escrito el viejo es que si seguimos utilizando el lenguaje en su clave corriente, con sus finalidades corrientes, nos moriremos sin haber sabido el verdadero nombre del día.”… “¿Para qué sirve un escritor sino para destruir la literatura?”

Esto, también es Rayuela. Jugar el juego, re-vivir el lenguaje dándole sabores de sorpresa, estructura que nos lleve más allá de la estructura misma. El hombre es un ser que juega, que vive en el enredo interminable. En Rayuela, “el juego está jugado” (Cap 93) Vida como juego, el oficio de escribir como juego, jugar, jugar… repensar el mundo desde otra perspectiva más libre. Melodía de jazz en las ventanas de cada jugador que busca, que a veces ya tiene lo que busca, que juega.

El lector de Rayuela también crea, mueve las fichas desde su libertad de juego asumiendo su historia posible.

“Las perras negras se vengan como pueden, me mordisquean desde debajo de la mesa. ¿Se dice abajo o debajo? Lo mismo te muerden. ¿Por qué, por qué, pourquoi, why, warum, perchè este horror a las perras negras?” (Cap 93) Es la desconfianza del animal domesticado al que le dieron con la escoba en un descuido, por no protegerse en todo momento, por creer ciegamente que “las palabras significan” (Tractatus Wittg.) Y gracias a ello nace lo salvaje, la contra-novela, el glíglico y las jitanjáforas… delicia en el cruzar la línea, en el vislumbrar el horizonte en el borde de tus pies. Vértigo y nueva casilla, y otra y otras hasta rozar las nubes. La última casilla.

“En guerra con la palabra, en guerra, todo lo que sea necesario aunque haya que renunciar a la inteligencia”… “Concebir una raza que se expresara por el dibujo, la danza, el macramé o una mímica abstracta. ¿Evitaría las connotaciones, raíz del engaño? Honneur des hommes. Sí, pero un honor que se deshonra a cada frase, como un burdel de vírgenes si la cosa fuera posible”. (Cap 93)

“¡Muerte! ¡muerte! ¡muerte!” Arenga Theoden a sus tropas. “¡Avanzad sin temor a la oscuridad! ¡Luchad jinetes de Theoden, caerán las lanzas, se quebrarán los escudos, pero aún restará la espada! ¡Rojo será el día hasta el nacer del Sol! ¡Cabalgad, galopad, cabalgad hasta la desolación y el fin del mundo!” (Tolkien. Lord of the rings) En guerra con las perras negras, hasta el fin. Para recomenzar. Y se comienza como el palimpsesto, por eso el glíglico como lenguaje a veces en Rayuela. Valentía que va más allá de algún límite impuesto. Cortázar nos regala la comunicación de significados por medio del sonido de las sílabas y el ritmo (música), sin prescindir de una armazón lógica, sintáctica. Otro juego dentro de todos los juegos de Rayuela.

La estética de la recepción en grado sumo, donde cada uno de los que hemos leído esas páginas de azúcar hemos asignado una significación propia a los signos del autor. ¡Magia! La magia que las “perras negras”en su última vuelta de tuerca nos regalan, así mirándolas desde esta perspectiva. Jugándolas.

“Una hebra de lana, metros de lana, lanada, lanagnórisis, lanatúrner, lannapurna, lanatomía, lanata, lanatialidad, lanacionalidad, lanaturalidad, la lana hasta la náusea, pero nunca el ovillo” (Cap 52)

“Apenas se entreplumaban, algo como un ulucordio los encrestoriaba, los extrayuxtaba y paramovía, de pronto era el clinón, la esterfurosa convulcante de las mátricas, la jadehollante embocapluvia del orgamio, los esproemios del merpasmo en una sobrehumítica agopausa.” (Cap 68)

Palabras sin significado que significan. Perspectiva nueva, ojos amanecidos. ¡Abracadabra! La jitanjáfora como figura del escritor que dice sin significar pero con ritmo y melodía (más música de nuevo, el jazz del “amalaba” Cap 68), con intención, con sentido. Sentido afectivo, mas con sentido entonces, pues comprendemos lo inefable (y llegamos mágicamente al aforismo 7 del Tractatus, donde el silencio es, de hecho, más que no proferir sonido alguno).

Así guarda silencio la literatura, la música, la danza que danzaron imaginariamente las dos manos que escribieron signos. Cortázar y Wittgenstein.

Y acaece, acaece este mundo del jugar a la Rayuela. Las más de las veces las piedritas que nos rozan no traspasan el cristal de la ventana, pero de tiempo en tiempo sucede y se da el isomorfismo donde mundo y palabra juegan. Perspectiva nueva. Mundo sin límite y límite del mundo al surgir nuevos lenguajes para narrar lo nuevo, más allá de la guerra, más acá de uno mismo. Jugar a la Rayuela en el suelo pintada y la tiza rodando, casilla a casilla, en la dirección más ortodoxa o siguiendo libremente el tablero de dirección donde todo es único y posible, ordenado, porque cada uno pone un orden. Del lado de allá en París o del lado de acá, Buenos Aires. También de otros lados, en los subtextos y en los subtextos de subtextos… (la literatura tiene un no sé qué que qué se yo que me embelesa y me acaricia el alma…). Jugar en forma y fondo negando lo cotidiano, más allá de él, buscando perspectivas. Negando las palabras afirmando con palabras (como también hace Wittgenstein en su tractatus). Es la serpiente ouroboros, el camino que se trenza hasta que un día Horacio Oliveira, la Maga, El club de la serpiente, tú y yo nos demos cuenta de que en el camino hay múltiples visiones, perspectivas hasta llegar a encontrar “¿Encontraré a la Maga?”… cuando la luz de Lucía ha estado siempre en el bolsillo, allí donde uno afirma, “Pero el Amor, esa palabra” (frase final del capítulo 6 e inicial del 93) “Devolverle al lenguaje todo su brillo para que pueda ser usado como yo uso los fósforos”, creando luz (Cap 99), “play it again, Sam.” Pero el juego consiste en “del ser al verbo, no del verbo al ser”(cap 99). Paradojas, paradojas, paradojas, retomando a Hamlet. Y qué alegría saber lo poco que sabemos, ironía y mayéutica para llegar propuso Sócrates. Para llegar ¿a dónde? Para cruzar casilla a casilla el juego que jugamos, la niñez, la juventud, la vejez (casilla 3 de la rayuela). Y entonces volver la vista atrás y mirar el camino que lleva a… lanzar de nuevo la tiza con la que trazamos el tablero mismo y tratar de llegar a nuestro propio cielo, único, mío, tuyo, nuestro. Y entonces sonreiremos como el bebé Rocamadour al escuchar words, words, words “dientecito de ajo, te quiero tanto, nariz de azúcar, arbolito, caballito de juguete…” (cap- 32).

Las palabras, las lentes con las que miramos, los dados, fichas y tableros… la vida. Misterio. Paradoja. Hermosura. Porque “el amor, esa palabra” que es hermosa porque no es mía, ni tuya. Porque nombrando no nombra aunque es la llave, como hemos visto para llegar…al alfa y omega que nos susurra que buscamos lo que ya encontramos. Chssss…

“Amor mío, no te quiero porque la sangre me llame a quererte, te quiero porque no sos mía, porque estás del otro lado, ahí donde me invitás a saltar y no puedo dar el salto…”(Cap 93) Porque al final o al principio, para llegar contamos con los signos, y los silencios inefables donde no decir es más que no proferir sonido alguno, y decimos “Entre la Maga y yo crece un cañaveral de palabras, apenas nos separan unas horas y ya mi pena se llama pena, mi amor se llama amor… Cada vez iré sintiendo menos y recordando más, pero qué es el recuerdo, sino el idioma de los sentimientos” (Cap 21) Porque en Rayuela el centro del mandala está en el beso…

La existencia va unida al amor. La gran búsqueda del ser… “Amor mío, no te quiero por vos ni por mí ni por los dos juntos, no te quiero porque la sangre me llame a quererte, te quiero porque no sos mía, porque estás del otro lado, ahí donde me invitás a saltar y no puedo dar el salto…” Delicioso. Triste. Los caminos, los juegos, la tiza deslizada y unos pies que a veces no llegan al salto… cruce del límite, temblor de abismo.

“Sabes, es tan difícil decirte: te quiero” (Cap. 108) Mordidas de cola de la serpiente algunas veces. Porque no hay más camino que la literatura y el beso para llegar al cielo (al abrir el juego de Cortázar encontramos el olor de esta verdad). “Y resulta que te quiero. Total parcial: te quiero. Total general: te amo” (Cap 93)

Nuestra verdad posible “tiene que ser invención, es decir, escritura, literatura, pintura, escultura”… “todas las turas de este mundo. Los valores, turas, la santidad, una tura, la sociedad, una tura, el amor, pura tura, la belleza, tura de turas” (Cap 73). El mundo, la literatura, el amor… Ave Fénix. Caminar, reinventar… Creer en lo creado.

Disculpen el atrevimiento, la hipótesis, mis words words words, la danse des mains que intento lograr con este puente creado con los mismos signos de los que desconfío... Le tomaré prestadas un puñadito de palabras a la Maga y confiada y sonriente, llegados a este punto, diré que: “Yo no me sé expresar. A lo mejor otras podrían explicarlo mejor pero yo siempre he sido igual”… “La felicidad no se explica, Lucía, probablemente porque es el momento más logrado del velo de Maya”. (Cap 24)

Porque a veces, las menos de las veces, “me basta cerrar los ojos para deshacerlo todo y recomenzar… por un azar que no busco comprender...” y que comprendo cuando siento “temblar contra mí una luna en el agua” (Cap 7)

Y así es el mundo del escritor. Inefable, infinito. De igual modo así ha de ser su lenguaje, infinito, inefable… para que diga algo de todo lo importante, con valentía, con firmeza. Hay que crear puentes, melodías, dibujos como la llave de los campos (Magritte), danzas de fuego, globos que atisben islas entre olas…palabras que mordidas nos indiquen que “viene gondoleando la golondrina descolgada esta mañana de la lunala. Que se acerca a todo galope la golondrina, la golonfina, la golondrina, goloncima, golonchina, golonclima, golonniña, golonbrisa…” (Vicente Huidobro Canto IV) para avanzar en el juego, más allá de acá, más acá de allá… y la vida nos retumbe como piedrita en este lado del cristal rozando nuestro pie izquierdo. Impulso para el caminar hacia… uno mismo.

Y una vez que hemos dicho lo dicho y también lo no dicho con signo significado aquí en estas líneas, retornaremos al silencio… al silencio que escuchamos. A las palabras cotidianas con las que tendemos un sendero de baldosas amarillas para el día a día, sabiendo, ahora sí, que posiblemente dados los argumentos “el límite de nuestro mundo es el límite de nuestro lenguaje”… ¿Cómo vamos a construir nuestro sendero, a volar la travesía entonces? El receptor dirá, y hará pues. Vivirá según diga y haga… un poco más libre, espero. Con el diccionario bajo el brazo. Quemando diccionarios. Qui lo sá, chi lo sa, quién sabe. Misterio. Y al misterio hay que mirarlo “con ojos de cíclope” y abrazarlo, danzarlo, porque es tan claro que nos hace “temblar como luna en el agua”.

“En la otra columna de su cuenta, ai kargadas barias, i es natural titubear antes de lebantar el belo de su vida pribada” (Cap 69)

 

El silencio que escuchamos…

A veces hay piedritas que rozan las ventanas, y entonces nos sentamos frente a papel y lápiz y tratamos de poner palabras encima del silencio, de la hoja en blanco, del teclado del ordenador… Las menos de las veces, las piedritas de nuestra ventana resuenan junto al pie izquierdo y el impulso de transcribir lo que el silencio nos susurra es irrefrenable. Mi valentía hoy ha sido esa, transgredir al transgresor que sabiamente afirma, “sobre lo que no se puede hablar, mejor guardar silencio”.

El filósofo y el artista se parecen, por eso pueden bailar (nunca creería en un dios que no supiera bailar, dixit Nietzsche). Imaginan el mundo. Lo dicen. Lo muestran. Cruzan límites… El primero habla con palabras necesarias (piensa) y no legitimadas (porque es espontaneidad) y el segundo comunica necesaria (expresar sin poder retener ese expresar) y legítimamente (llega al sentir). Hacen posible ambos otras condiciones de mundo que las existentes. Para saber el mundo, pensarlo o sentirlo o las dos cosas, contamos con Filosofía y Arte. ¿Cómo es el Mundo? La ciencia afirmará mejor.

Pero curiosamente el arte juega (a la Rayuela esta vez). Construye y destruye sus lenguajes. “I destroy, I destroy, I destroy “ dice el filósofo que danza en sus diarios (1937) “La desconfianza en la gramática es la primera condición para filosofar” también afirma. Fulminante. Y Cortázar con su mano traza esta línea en la arena… “¡Evohé, evohé!”.

Las palabras, los conceptos, las ideas son necesarias. Para llenar el vacío, quizá. El arte es capaz de poseer al vacío. Ese vacío que vive en los confines, en el reino de lo inapresable, con las mariposas y las estrellas fugaces. Ficción, sentimiento, imaginación, lecturas y juegos transgresores… no dicen nada, pero llenan el vacío… que no es poco. Chssss. Vértigo. Lo difícil me calma, las matemáticas y a veces las gramáticas me aterran, precisamente por la calma aparente que supuran. Desconfianza si no hay danza…

Un placer cruzar el límite, en el lado de acá. Ojalá resuene la piedrita que recojo y lanzo osadamente en el lado de allá, ojalá resuene placentera la lectura, mi particular transgresión sobre las transgresiones, y la valentía se extienda, y veamos las muestras que el arte en toda su extensión nos regala para poder abrazar mejor el misterio que la vida es… y oigamos el silencio con su clave de sol… y podamos bailar sin cuestionar la danse de la vie…Chssss. Y yo creo en lo que creo… la danse des mains como hipótesis de una situación imaginada: Wittgenstein y Cortázar se encontraron… sin palabras.

Los signos han quedado dibujados aquí, ahora. Posibilidad de la ficción que guarda el signo, más allá del tiempo y el espacio, del cotidiano acaecer, de los silencios del libro cerrado, de los ojos eclipsados que ven por ellos (filósofos y artistas) puentes invisibles…

¡Salud!

 

Bibliografía

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© Isabel Jerez Martínez 2010

Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

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