El papel del lector en la obra de F.M. Dostoievski:
sobre la necesidad de un nuevo enfoque lingüístico-literario

Benamí Barros García

Universidad de Granada
benami@inbox.ru


 

   
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Resumen: Con el presente artículo proponemos la necesidad de replantearse la eficiencia real de los nuevos enfoques comunicativos en cuanto a su aplicación al análisis de los textos de F.M. Dostoievski. En particular, se tratará de demostrar que previamente al asentamiento y consolidación de este modelo de análisis literario (comunicativo-funcional) habría no menos que cerciorarse de si son válidos los términos en que se formula. Servirá de elemento crucial para esta tarea el análisis de la función del lector en la obra de este autor, un lector que debe correctamente ser situado dentro de la contraposición receptor-destinatario y no pasar a figurar como elemento fijo e inalienable de la tríada base de la perspectiva comunicativa: autor-texto-lector. Únicamente tomando en consideración la no identificación de los dos lectores enfrentados (no sólo cronológicamente) en susodicha contraposición, se pueden llegar a comprender las estrategias retóricas y poéticas que hacen de los textos de Dostoievski una literatura tan sumamente singular.
Palabras clave: Dostoievski, retórica, lector, lingüística rusa.

 

0. Introducción

En la lingüística rusa contemporánea comienza a desempeñar una función esencial el análisis comunicativo dentro de la lingüística textual. No obstante, aún nos parece pronto para poder hablar de su efectividad, indudable en teoría, ya que en la práctica sigue adoleciendo de una base sólida en lo que atañe al análisis filológico de textos de autores clásicos, entre otras cosas porque se viene descuidando algo que debería constituir un objeto de estudio irrenunciable para tal propósito: el contexto implícito de estas obras.

Especial atención prestaremos a lo que supondrá el núcleo de nuestra revisión del enfoque comunicativo y, a su vez, base para la explicación de los procedimientos de modalización del discurso en los textos de Dostoievski: la contraposición (inherente al acto literario) receptor-destinatario. Y es que mientras ésta no se tome en consideración, seguirá siendo paradójico enfrentarse a una obra como las del autor que nos ocupa de la mano de una disciplina que hace uso de una arquitectura de análisis basada en la abstracta interacción autor-texto-lector, pues no hay que olvidar que el tipo de lector al que se dirigía el autor no puede ser aprehendido, como tampoco obviar el condicionamiento histórico de un lector que, en la actualidad, lee el texto.

Es en este sentido donde encontramos el vacío más importante que deja aún el enfoque comunicativo a la hora de afrontar la ardua tarea de analizar una obra como la de Dostoievski, ya que todavía hoy, por norma general, se sigue dando por supuesta la identificación del lector (cualquier lector) con el lector esperado (modelo, ideal, implícito, etc.), algo que para nosotros invalida la posibilidad de desvelar los mecanismos retóricos presentes en ella.

 

1. Situación actual

La nueva lingüística rusa está, sin lugar a dudas, aportando un carácter mucho más actual a los análisis literarios de las obras de escritores clásicos, ya que se plantea como tarea primordial la comprensión del mundo del lector (el fenómeno de la recepción) durante el acto de creación literaria. El destinatario (entendido como aquel al que se dirige el autor y, más concretamente, como copartícipe del proceso de creación) constituye el elemento clave de casi cualquier investigación literaria. La aparición de la Estética de la recepción y de la Teoría del discurso literario dentro de los enfoques lingüístico-literarios de los últimos años en Rusia podría servir de ejemplo para comprender la nueva tendencia hacia el análisis filológico de textos literarios. No obstante, si bien es cierto que casi todos los intentos buscan una orientación práctico-comunicativa a través del estudio de los mecanismos cognitivos que aparecen durante la recepción del texto, así como de la descripción de los procesos inferenciales surgidos como consecuencia de las artimañas voluntarias e involuntarias del autor y del condicionamiento previo y sugerido del lector (de índole social, cultural, psicológica, etc.), se puede afirmar que a día de hoy este enfoque carece, en gran medida, de una aplicación a textos literarios concretos. Se quiere decir que, en el mejor de los casos, encontramos descritos y analizados según las nuevas teorías sólo fragmentos o, incluso, únicamente frases extraídas de los clásicos con una más que evidente adecuación forzada a la teoría formulada.

En el caso que nos ocupa, cualquier intento de acercamiento a la obra de Dostoievski única y exclusivamente desde esta nueva arquitectura del análisis textual no puede ser considerado sino como paradójico, en tanto que la triada autor-texto-lector en que se basa exige una reconstrucción (por definición, retrospectiva) de los tres elementos constituyentes de la triada. Por otra parte, y no es baladí, se ha de tener siempre presente que el lector de hoy (por tanto, el investigador) de ninguna manera podrá llegar a comprender a qué se refiere cada uno de los elementos de la ya citada triada. En el mejor de los casos, podrá llegar a tener una somera idea de ese referente.

Y es que el intento más que generalizado en Rusia de convertir esta nueva estética de lo literario en vía única y unívoca hacia la interpretación correcta de los textos no hace más que ir en detrimento del esclarecimiento de la interacción autor-lector a través de lo escrito (cuyo antecedente en la crítica rusa no es únicamente M. Bajtín).

Así, las aportaciones lingüístico-literarias de estas nuevas corrientes eminentemente comunicativas deben y sólo deberían ser entendidas como paradigmas dentro del análisis literario y, como tales, deben mucho a la casi estigmatizada (en lo que a la crítica dostoievskiana se refiere) retórica aristotélica, cuya repercusión en la obra de Dostoievski nos parece incuestionable, aunque le llegara a éste predominantemente a través de la literatura medieval y renacentista. Pero tampoco debe entenderse esta fuente como un algoritmo para clasificar los recursos estilísticos o para categorizar sobre el tipo de argumentación expuesto, pues sería igualmente un procedimiento ahistorizante del contexto implícito del texto; entre otras razones, porque, aunque no cabe duda de que los argumentos de verosimilitud constituyen la piedra angular de la expresión de la voz del autor, todos ellos pertenecen a un todo que los hace estar ligados a una finalidad más allá de aquello que se enuncia.

Es en este sentido donde encontramos el vacío más importante que deja aún la lingüística comunicativa rusa a la hora de afrontar la ardua tarea de analizar una obra literaria, ya que aún no se ha tratado de exponer una explicación práctica (o aplicada) de cómo y hasta qué punto es válida, en lo que atañe a la obra de Dostoievski, la identificación del lector con el lector esperado. Y ésta, probablemente, sea la esencia para desvelar los mecanismos retóricos presentes en ella. Cualquier intento de análisis que obvie esta cuestión incurre en lo que podríamos llamar condicionamiento cronotópico del lector, siguiendo la terminología bajtiniana.

 

2. La Retórica como arte y su función en la obra de Dostoievski

Cuando se habla de Retórica o de Poética de la obra de Dostoievski parece que se está haciendo referencia únicamente a la interpretación de Bajtín o a cómo y hasta qué punto se identifica la voz del autor con el discurso de los personajes. Sin embargo, se debe tener en cuenta que los artificios retóricos y el sustento poético en Dostoievski son, más bien, de origen clásico y, para ir un poco más lejos, que no es la retórica aristotélica la base de sus estrategias para la modalización del discurso, sino la Retórica entendida como arte. Y es por esta razón que la tarea de análisis debe ser planteada desde la interpretación de la función de la Retórica en el proceso de creación dostoievskiano; es decir, desvelar para qué le sirve al autor este tipo de artimañas.

En la obra de Dostoievski la retórica cumple precisamente la misma función que en la época de democratización de la Grecia Clásica: dotar de o minar la verosimilitud en tanto que mecanismo de transferencia de valor de verdad. Podrían servir de ejemplo, si nos limitáramos al análisis textual de la retórica según el modelo de análisis formal, la trama criminalística (más que recurrente), la presencia de actos judiciales y/o jueces e, incluso, el comportamiento de los personajes (retrato discursivo) ante cualquier acción que implique un juicio o sentencia. No obstante, advertiremos que esta misma función de la Retórica se ejecuta en un plano más elevado y trascendente, en tanto que Dostoievski concibe y engendra a sus personajes sometidos al continuo juicio del lector (al que no pocas veces involucra explícitamente y lo exhorta a ser partícipe). Se puede refutar que en aquella época era esto algo muy habitual y, digamos, consecuencia de un contexto socio-político muy específico, así como recordar la gran capacidad de influencia de que gozaba la literatura; pero tras un muy somero estudio de todos los juicios (o de su presencia implícita) que aparecen en las obras de este autor, no es arriesgado concluir que, en realidad, simulan o ficcionalizan la ya de por sí ficcional interacción autor-lector, usando el texto como canalizador.

Ahora bien, la oratoria ligada a la retórica de la Grecia en proceso de democratización remitía directamente a lo ya acontecido, al pasado del acusado y, como tal, a un hecho irrecuperable, a priori inalterable. Esto no es otra cosa que el mismo proceso que tiene lugar durante la recepción del texto literario por parte del lector (no destinatario), puesto que se enfrenta a un texto ya escrito y acabado, del que cierta información le será revelada y otra deberá ser inferida. Estamos, ahora sí, ante uno de los problemas básicos que, hasta el momento, se ha pasado por alto en el estudio de la retórica en la obra de Dostoievski: el hecho de que las referencias explícitas al lector que figuran en los textos se refieren a un lector que, no sólo a priori, no coincide con el destinatario. Esto sólo se ha sacado a la luz de forma teórica y no centrada en este autor, cuando, curiosamente, quizá conforme la base para cualquier estudio del posicionamiento de Dostoievski con respecto al discurso de sus personajes.

La oscilación que experimenta el lector entre lo conocido y lo desconocido desde los diferentes puntos de referencia (esto es, de lectura), marca claramente la tendencia durante el proceso de interpretación hacia la recepción unívoca del mensaje pretendido. Queremos decir que el lector, al no coincidir con el destinatario, se convierte en partícipe, algo que se acentúa con estrategias literarias harto frecuentes en la literatura rusa y, en gran medida, en Dostoievski: técnica del manuscrito encontrado, indeterminación, blancos, polivalencia textual, etc. Así, el nivel de desconocimiento de información que tenga el lector con respecto a cada uno de los personajes (incluido el autor-personaje) es el mecanismo más claro y eficaz para la persuasión. No se trata, pues, solamente de identificar el tipo de argumentos que usa cada uno de los personajes, sino de reconocer que el que los usa es el propio Dostoievski y que en el proceso de creación literario consciente decide dotar a cierto personaje de un tipo de discurso determinado precisamente para adecuarlo a la recepción que de éste tendrá el lector. Mas paradójicamente casi siempre se tratará de una ruptura del ahora llamado horizonte de expectativas.

 

3. El lector de entonces

Todos los recursos literarios de los que hace uso Dostoievski están relacionados con una intencionalidad previa que trasciende lo escrito. Es decir, la posición del autor subyace, en gran medida, precisamente en el proceso de desciframiento o interpretación del texto y, por tanto, depende de lo efectivas que resulten para persuadir al lector las estrategias retóricas usadas durante la encriptación del mensaje pretendido. De ahí que nos parezca prioritario centrar una de las cuestiones más estudiadas de los últimos años, la matización del término enunciado en su aplicación al análisis de textos literarios, precisamente en el hecho de que éste, es decir, el enunciado en el acto comunicativo literario, no opera sobre la interacción autor-cualquier lector. Suponer esto último implicaría tergiversar tanto la significación textual como la relevancia argumentativa, puesto que para desvelar y comprender los procedimientos retóricos a través de los cuales Dostoievski expresa su voz, es irrenunciable responder a la pregunta: ¿hasta qué punto puede cualquier lector identificarse con el lector pretendido por el autor? Muy probablemente, una adecuada respuesta aporte la aproximación más fiable hacia la propia concepción del mundo de este gran escritor ruso.

Este lector pretendido (implícito, ideal, modelo, etc.) aún no ha encontrado su lugar dentro de la crítica dostoievskiana contemporánea, y en esto radica la causa principal de la ausencia de un estudio global de sus artimañas retóricas y poéticas. La existencia de un lector preconcebido y preconfigurado por el autor ha de remitir al investigador a un análisis filológico del texto en que la triada autor-texto-lector se desenrede a través del estudio de cada uno de sus componentes en tanto que conjunto de sus propias interrelaciones referenciales. Esta tarea debe comenzar con el estudio del lector al que se dirigía Dostoievski. Y esto no se puede llevar a cabo obviando la Publicística o, lo que suele ocurrir, estudiándola sin prestar apenas atención al destinatario. Es en ésta donde Dostoievski habla de oratoria, de jueces y de veredictos; esto es, de Retórica. En la Publicística Dostoievski habla con y para su supuesto lector esperado. Y este lector modelo es el que se debe tomar como referencia a la hora de identificar los diferentes tipos de argumentos que pone en boca de cada personaje.

 

4. A modo de conclusión

La relevancia de la nueva lingüística en lo literario tiene cada vez más peso en toda la crítica rusa, aunque no llega a alcanzar el grado de desarrollo de que disfruta en países en que la Estética de la Recepción, la Semántica intensional (como enfoque de análisis dentro de la Semántica) y enfoques afines han sido ya aplicados al análisis filológico de textos literarios.

Si bien es cierto que con estos avances la crítica dostoievskiana, por fin, ha asumido de forma unánime la trascendencia del lector en la construcción del texto literario, creemos que todavía no se ha tenido en consideración (al menos de una forma rigurosa) que el autor, en el proceso de creación consciente, escribe para un lector figurado, es decir, el acto comunicativo se desarrolla en un espacio lingüístico que no coincidirá con aquel en que tiene lugar el desciframiento de los signos por parte del lector de la obra. Así, el más que forzado encasillamiento de las novelas de Dostoievski dentro de una ardua estructura abierta no sería más que la no-coincidencia del acto comunicativo primigenio con los sucesivos. Aunque, en realidad, podríamos simplificar la cuestión concluyendo que se trata de la pérdida de referente, de destinatario. Dostoievski escribe para un lector creado y ficcionalizado también por él; y, por tanto, incluido en el contexto.

Las numerosas aportaciones que se vienen sucediendo en lo que respecta a los estudios sobre la obra de este autor parecen seguir ancladas en enfoques unilaterales, bien centrados en la figura del autor, bien en el texto en sí en tanto que obra de arte. Y es precisamente por la profundidad con que a estas alturas se estudia la obra de Dostoievski que no entendemos la carencia de estudios que, de una vez por todas, apliquen las más que sólidas teorías pragmáticas de la lingüística rusa al ámbito de lo literario, del texto artístico.

Y toda esta labor debe emprenderse, ante todo, tras derribar no pocos postulados interpretativos apriorísticos que existen y, si nada cambia, seguirán existiendo en la crítica dostoievskiana.

 

© Benamí Barros García 2010

Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

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