Sin interlocutor

Maria Sergia Steen

University of Colorado
msteen@uccs.edu


 

   
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Resumen: Relectura de la obra de Carmen Martín Gaite, Fragmentos de interior, desde los planteamientos socioculturales vigentes en el siglo XXI, resaltando los problemas derivados de las dificultades de la comunicación interpersonal y la vaciedad.
Palabras clave: Carmen Martín Gaite, novela española contemporánea, incomunicación

 

Con el impacto de la cultura global, el texto canónico escrito parece haber perdido vigencia. Gonzalo Navajas (9-13), nos reta a que consideremos la situación como una oportunidad para crear nuevos enfoques de la obra literaria escrita, y actualizarla.

Fragmentos de interior, de Carmen Martín Gaite (1976), cae dentro de los parámetros culturales del siglo XXI. Se ha catalogado esta novela, no como la mejor de la autora salmantina (Lluch 37), sino como una novela media o mala dentro de su obra; aunque otros, Carlos Feal y Linda E. Chown, la estudien favorablemente. Para nosotros resulta francamente novedosa si apreciamos:

1) El mundo de incomunicación del personaje y la escasa facilidad con que se ajusta a él. Es un ser mas bien rígido, incapaz de abrirse a nuevas perspectivas. A veces le resulta hasta difícil expresarse, usar la palabra.

2) El amor es cuestionable. No hay verdaderos intercambios entre los miembros de familia, las parejas o los adultos. En esta novela, la escritora coloca al hombre en posiciones muy de hoy día. El galán ha dejado de ser el seductor de novela rosa, resultando a veces casi paródico, o tiene intereses homosexuales.

3) La mujer se presenta bajo diversas perspectivas. A veces toma direcciones no convencionales sin conseguir acuerdos con el hombre aunque no lo rechaza.

Sentimos estar en nuestro momento histórico al leer la novela porque nos refleja el presente y registra la falta de comunicación con el otro, bien por no poder profundizar en las relaciones o por resultar más cómodo no hacerse responsable y buscar el lado fácil de la relación. Se observa todo esto por los monólogos interiores, los mutis, las contradicciones entre el pensamiento individual y el del otro, o como dice Carlos Feal porque el personaje se posiciona en su terreno. Es: “Una mente particular que registra sus impresiones”(93).También escasea la comunicación real, debido al ocultamiento de la verdad, que se reemplaza por banalidades, fantasías o mentiras, encerrándose el personaje en sí mismo o en sus ensueños. Generalmente se encuentran faltos de palabras genuinas para provocar y mantener un intercambio de pensamientos y muestran una rigidez que los aísla.

Los monólogos interiores son a veces recuerdos de lo ocurrido por la mañana tal como nos cuenta el narrador al principio de la novela(9) cuando Gloria repasa el incidente con Diego. La narradora nos advierte sobre la fragmentación de los pensamientos de Gloria y su discontinuidad en el momento en que su compañero revuelve su cajón buscando algo y ella, medio-dormida, le contesta con un improperio. No hay respuesta sino mutis por parte de él y la interrupción de un proceso que podía haber sido fructífero. Diego trata de aclarar el distanciamiento de Gloria: le molesta su vida nocturna. Intenta averiguar la realidad de sus constantes entradas y salidas de casa. Ella por su parte, no tiene ninguna intención de aclarar hechos, sino mas bien de hacerle parecer ridículo con sus celos y la frase de que es un “marido a lo Benavente’. Esto causa una interrupción, un alto hacia la aclaración de los hechos y un disimulo por el mutis de Diego. Se cancela cualquier sinceridad y se da a conocer la falta de buena intención de Gloria, al mismo tiempo que el poco nervio de Diego, causa del impasse para poder mantener unas relaciones sinceras. Gloria va a lo suyo, Diego no sabe a dónde va.

En otras palabras se produce una cisura. Si por la tarde ella selecciona de sus recuerdos éste, es porque sabe que perdió una oportunidad de comunicación a causa de su sarcasmo. La verdad de sus sentimientos compartidos se reemplaza por la máscara y el disimulo. Diego se retira con el mutis; tampoco hace frente. Quizá porque no sepa expresarse o no sepa encontrar el modo de aproximarse al otro, de comunicarse. Sabemos que quiere escribir una novela y tiene muchos principios pero es incapaz de su desarrollo. Su figura, descrita como la de un hombre interesante, se percibe inconclusa, caminando en diferentes direcciones sin llegar a ninguna. Con Agustina su ex-esposa, no hay manera de entenderse. Él la considera fuera de su mundo; ella no soporta la indiferencia y produce la escena del coche cuando se baja y los deja plantados porque se siente ofendida. Llegaban a Madrid de traer a Luisa de su pueblo para reemplazar a Pura, la criada que decide volver al pueblo.

Agustina alentaba a Diego para que siguiera su vocación de escritor, cosa que a la pareja presente, Gloria, le tiene sin cuidado. Diego no tiene dirección; es una historia sin hacer o truncada: hilos sueltos que no se unen. La hija vive con él aunque no sea sino por no vivir con la madre. Con el hijo, no hay caso. Diego y Jaime se semejan en su desgana y falta de metas. Biruté Ciplijauskaité (16) nos alerta que Martín Gaite estuvo muy influenciada por Unamuno y es posible que sus personajes varones se asemejen a Augusto de Niebla, al obediente Ramiro de La tía Tula o al pobre Juan de “Dos madres”.

Jaime se refugia en el pasado, debido a su obsesión por la madre y su fantasía de reemplazar al padre, llegándolo a sustituir mentalmente en el momento de sus divagaciones sobre el primer encuentro de Diego y su futura mujer en Portugal (120). Jaime defiende a la madre; es incapaz de abandonar el tema o dejarla que resuelva su vida, al mismo tiempo que forjarse él la suya. Con Luisa la ‘nueva chica’ tiene un momento de aproximación porque se siente aislado y ella abandonada por Gonzalo: el hombre por el que ha ido a Madrid. Sin embargo no es sincero puesto que aparte del fogonazo que le producen los sentimientos de soledad en un momento dado cuando ella siente pena de él, Jaime reacciona hacia ella como si fuera un personaje de ensueño, llamándola Melibea; no, Luisa. Todo ha sido una escena, puro teatro.

Ni Jaime hace esfuerzos por mantener una comunicación natural con el padre, ni Agustina se desvía de su obsesión por Diego. Son seres rígidos, aferrados y afectados por su amovilidad. Jaime comenta que su madre es personaje de ‘un solo tema’ a lo que su amigo Joaquín responde: “En eso es como tú” (36). Así pues, los entes de esta novela se refugian en su interioridad, en sus mutis, en su desgana por establecer contacto con el otro, siendo el silencio, el monólogo interior, el corte de secuencias, o cualquier tipo de estructura donde se dé una ruptura, la comunicación que impera con el otro.

Al personaje le resulta difícil ajustarse a un mundo en que debe usar su propia iniciativa, arriesgarse, o bien este mundo no responde a su modelo. No sabe cambiar de dirección, a veces no quiere. Es más cómodo dejarse llevar por su egoísmo y deseo de triunfo en la vida, como Gloria, mientras que para Jaime y Agustina la dificultad de un cambio les hace forjarse murallas, estancarse en su pequeño territorio sin salidas. De hecho, Agustina no se quiere mudar de casa, habitada por el pasado, y su imposibilidad mental le merma una comunicación genuina con la familia.

Agustina y Luisa, muestran su estado de incomunicación de forma visual a través de las cartas. Luisa lee y relee una carta de Gonzalo sin que éste haya repuesto a las suyas por un mes y se dirige a Madrid en busca de una respuesta. Agustina vive de la correspondencia que tuvo del marido años atrás. Cuando Jaime va a visitarla, ella cree haber perdido una carta y se descompone. Su pose es la de la mujer obsesionada, recostada en la cama con todas las cartas de Diego esparcidas. Allí queda su realidad. Sin salida, sin aceptar las sugerencias de Víctor, cerrada en sus pensamientos, se suicida. Las cartas son el único interlocutor que tiene una y otra vez: un interlocutor en una sola dirección.

En cuanto al amor, en toda la novela se registra desamor, incluyendo las obsesiones de Agustina y Jaime, el equívoco de Luisa y la situación entre Víctor y Agustina. Lo que flota es muy del día: ayuntamiento casual, amor imposible, ligue de verano y coincidencias de interés pasajero. Parecería que al releer la obra, estuviéramos escuchando a nuestros amigos o leyendo el periódico. Está presente la droga y la homosexualidad con la misma naturalidad que la heterosexualidad. De hecho Emma Martinell Gifre menciona que la novela se preparó para la televisión, según mencionó la autora en Pido la palabra, incluyendo a Antonio Banderas en el reparto. Hubo dos intentonazas, pero en ninguna de las dos fructificó(Carmen Martín Gaite 162)

Empezamos la novela con una visión de la vida amorosa de Diego y su pareja Gloria. No hay consenso en las vidas que llevan, ni se guardan respeto. Esta unión desnivelada, causa el desasosiego de Diego. Él dejó a Agustina porque ya no la soportaba ni aguantaba que lo controlaran. En esa coyuntura se encuentra con una muchacha sensual, joven, a la que no le gusta la monogamía (Fragmentos 71). Presenciamos el interés de esta mujer por el cine y la búsqueda de quien satisfaga su interés sin importarle las consecuencias. Va de uno a otro. Diego se resiente pero no hace nada. Se anticipa una pronta ruptura y de hecho así acaba la novela..

Entre Agustina y Diego no existe sino la obsesión de aquélla. Agustina no atiende a nada ni escucha a nadie, incluyendo a Víctor, amigo que la quiere y requiere. Existe una total fragmentación de vidas. Luisa la nueva criada, aunque por poco tiempo, también sigue una ruta sin sentido por ser de naturaleza romántica e inexperta. Víctima de unos amores de verano y sin experiencia, va a la ciudad para aclarar su relación con Gonzalo. Éste nunca contesta a las muchas cartas de ella. Presenciaremos un encuentro, ya en Madrid, que ella provoca resultando en profunda desilusión.

En el mundo de los afectos, hay una comunicación entre la hija y Diego, y entre Jaime y Agustina que sólo denota fragmentación en la familia; algo nada extraordinario pero que añade al todo de las relaciones humanas en la novela. Jaime parece vivir con un complejo de Edipo como lo demuestra la idea ya mencionada de querer reemplazar al padre. Ante los amigos es un tipo de carácter inseguro muy afectado por su físico. En la familia, Isabel lo declara marica (64) y Joaquín, un amigo del mismo estilo, lo acusa de su falta de sinceridad y de exceso de pose teatral (32), colocándolo en un plano de relaciones falsas. Se cree un Adonis y así lo atestigua Luisa (85).

La comunicación entre padre e hija es normal, si ignoramos la manera adulta y casi maternal de la hija con el padre. Pero es que Diego ha pegado un bajón en cuanto a la confianza en sí mismo. Ha llegado a los cuarenta y cinco, conoció a Gloria a los cuarenta y ya no cree ser el mismo de antes. En realidad no sabemos por qué. ¿Ha sido la edad, el desengaño con Gloria o qué otra cosa? Se refugia en su aislamiento, rechaza a quien lo quiere y finalmente rompe con Gloria. El final, totalmente inconcluso, se queda en el aire como las relaciones entre todos.

Lo único que pudiera producir una posible unión o integración de esta familia sería la actitud de Luisa de volver a Madrid con Víctor para consolarlos tras el suicidio de Agustina. En realidad no resulta demasiado verosímil su reacción ni sabemos si va a ser duradera. Suponemos que se vaya con ellos y sea el paño de lágrimas de todos. En ella pudiera armonizarse la novela y ser el interlocutor de todos, encontrando sentido a la acción. Y, como dice Antonio Tovar, en lugar de fragmentos: “...estemos ante un microcosmos”(Emma Martinell Gifre, 161).

Diríamos que la criada del pueblo ha traído aires rurales que limpian los de la ciudad con unos valores culturales y de comunidad que no siguen los de Madrid. La reacción de Luisa con Gonzalo, al verlo enfrascado en una vida disoluta, contrasta con la vida de tolerancia de Diego y Gloria

Luisa enarbola valores más sólidos. Lo muestra al no caer en la propuesta de Gonzalo de quedarse con él que sería tanto como asentir a una vida de banalidad, privada de las normas sociales a que está acostumbrada. Martín Gaite nos está comparando dos mundos: el campo, el mundo rural, y el de la ciudad. En Carmen Martín Gaite, editado por Alicia redondo, se menciona una aclaración hecha por la autora en Basilea al respecto de Fragmentos y lo que representa. Apunta entre otras cosas a: ...“ la oposición entre los valores de la vida del campo y los rasgos de la vida urbana”(164).

Sin embargo, en la opinión de Linda E. Chown, la novela está lejos de completarse a base de este personaje que ni siquiera puede contar su propia historia. No existe un punto de vista que integre el todo a pesar de que Luisa se mencione en 11 de los 16 capítulos: “No one character is the center or is capable of pulling all the narrative threads together, not even the omniscient narrador.”(8).

Aparte de Víctor que también armoniza y siempre está presente cuando los amigos lo necesitan, los otros galanes como Jaime y sobre todo Diego, han dejado de ser seductores al estilo novela rosa. En los parámetros de la autora son figuras de hombres fuera del papel supremo. Diego ‘fue’ seductor__ se dice. Es conocedor del oficio de conquistador, pero de repente ha quedado fuera de juego como centro de la novela, mantenedor de su supremacía masculina. El papel de interlocutor ideal llegará con El cuarto de atrás. La autora lo considera el ser en completa comunión con la mujer; hasta lee sus pensamientos. Martín Gaite desmonta definitivamente al galán de la novela rosa en El cuarto. Sin embargo, en Fragmentos, Diego resulta ser un hombre muy del día de hoy: pareja y no marido a la antigua, quien no tiene la última palabra, sino que se le ve al estilo del hijo, mas bien postergado..

En cuanto a la mujer, vemos el salto que da y cómo se quedan atrás aquellas heroínas irrisorias de la época de Franco elaboradas por Carmen de Icaza. En 1976, muerto Franco, se pueden pensar y elaborar otros personajes. Agustina funciona a estilo antiguo, bien por enfermedad o elección propia, lo cual la lleva a la muerte. Luisa se enamora también del consabido seductor, pero reacciona de forma positiva. Más joven que Agustina, no consiente al fraude. Fragmentos, por lo que de novela rosa pudiera tener, es una historia frustrada. Y aunque existan semejanzas con ella en el enamoramiento, el conato romántico de Luisa y las cartas, es más realista. Gloria es una mujer del día; Isabel tiene la cabeza bien puesta y Luisa no ha tenido precisamente un encuentro sin sexo.

La autora ha creado personajes de acuerdo con los tiempos, mas bien avanzados en un estado general de cosas. Apunta al interés de la mujer por una profesión, por saber pensar y desenvolverse, en el caso de Isabel, y no nos la presenta en su papel de madre de familia engrosada en sus deberes. Esta mujer anda suelta. Claro que la que exhibe estas condiciones es mujer de la clase media, con posibilidades económicas y con su propio territorio__A room of one’s own, como nos sugiere Virginia Woolf. Pero también Martín Gaite le echa la mano a la mujer de la clase más baja y se congracia con ella. Isabel le insta a Luisa, la criada, a que estudie a que acabe el bachiller por la noche, a que se eduque.

A la mujer la hemos visto en diversas poses, con diferentes papeles. La mujer que se deja hacer, como Agustina; la que se vale por sí misma, como Isabel, y la que aunque sin experiencia como Luisa, aprende. Y parece reaccionar a base de los valores que trae de su ámbito rural donde se vive de forma distinta. Y encontramos esa Gloria de moral diferente, muy al estilo de heroínas o personajes de nuestro momento, tal y como se nos muestran en Vicky Cristina Barcelona con un ménage à trois salido de la mente de Woody Allan. A pesar de todo, la protagonista de la novela, no rechaza al hombre; lo acepta.

Isabel se posiciona aparentemente con una cierta madurez. No es necesariamente la interlocutora con quien contar para atar hilos. Pero resulta ser un personaje que se ajusta al momento. El incidente de la policía y su amigo que oculta droga y al que ayuda, es parte del collage de la novela, pero que el lector percibe como algo ajeno.¿A qué viene insertarlo en el enunciado? ¿Hay ligazón de las partes? ¿Es acaso necesario? Pero, ¿por qué no? La vida está llena de propósitos y despropósitos.

Hemos hablado de falta de una verdadera comunicación entre los personajes de la novela y podemos resumir que utiliza estructuras para intentar el encuentro pero falla. Según Carmen Alemany Bay: “Hay una búsqueda desesperada de un interlocutor que nunca se encuentra” (43). Los puntos que resumen nuestra propuesta en ese intento fallido de hallar interlocutor serían:

1) Comunicación con el espejo para que al observarse le diga la verdad. Estos pueden ser tanto los de azogue, como los ojos de quien le que escucha, o cualquier otro tipo de reflexión

2) La forma epistolar como medio de contacto e intercambio

3) El recuerdo y ensueños del pasado que se oponen a considerar el presente.

4) La reacción de no entendimiento con el ‘otro’ en una situación dada

En, La busca de interlocutor ( “Los malos espejos”2), la autora ya nos dice que el disfraz de la persona impide que el otro la vea como es, que muestre su verdad. Luisa cuando quiere confrontar a Gonzalo está preocupada por su apariencia e Isabel la viste y peina de forma diferente a la suya, para impresionarle como mujer libre, no bobalicona de provincia. Pero Luisa no se encuentra cómoda y a medida que va a llegar a ese encuentro, que podía ser de novela rosa, nos engaña. Antes de entrar donde está Gonzalo, se suelta el pelo para ser ella. Quiere ser aceptada tal como es. En realidad no hay reconocimiento por parte del otro y el sueño de ella queda truncado.

Diego está perdiendo el terreno frente a la situación con Gloria y desea verse reflejado en el espejo (67) para saberse él o para conocer la verdad de su persona ya que no tiene a nadie alrededor con quien intercambiar unas palabras.

Agustina vive en con la idea fija de que Diego sea su interlocutor, leyendo y releyendo sus cartas de antaño. Al final se rinde y se suicida (Paoli, 3). Cuando Jaime la va a ver, ahí están esparcidas por la cama. No se cansa de leerlas. Después de la ruptura, la comunicación epistolar es unilateral ya que Diego ni las abre. Según Pura (88), suelen llegar dos al día. También Luisa lee la última carta de Gonzalo, la que le lleva a Madrid (101). Carta sin respuesta como las otras muchas apiladas en la portería de su casa(162).

Agustina vive del pasado, Jaime por sus ensueños evita la realidad y pierde la oportunidad de mirar de frente la vida. Ambos se refugian en el ayer y no saben establecer lazos con su presente

La reacción del otro en la novela suele ser de rechazo. Entre Agustina y Víctor no hay posibilidad de entendimiento amoroso ya que Agustina está ciegamente enamorada de Diego y es incapaz de medir la verdad de su comunicación. Entre Agustina y Diego reina el hastío por parte de éste y cuando tienen alguna bronca, Diego escapa (69). Así fue como se encontró a Gloria, en una noche de asueto. Diego y Gloria van por libre. Cada uno hace su vida hasta que al final se produce la última trifulca y parece acabarse todo entre ellos porque no hay reconciliación. Si Diego e Isabel se entienden es a porque la hija hace de adulto. Y finalmente, tenemos a Jaime y su padre que por causa de la madre viven en continuo devaneo.

Luisa es la de fuera; la que algunos autores pronuncian ‘nudo coordinador’. Al final, Luisa ha cambiado de pensamiento respecto a Gonzalo y adquiere fuerza propia. Quizá sea esa la razón por la que decide regresar con la familia, después del suicidio de Agustina, para poderles ayudar. El gesto se podía tomar en el sentido apuntado por Carla Olson: “Cada personaje se erige como sujeto individual a la vez que como colectivo (43)”, en cuyo caso la actitud de Luisa pudiera significar de olvido de sí misma y atención al otro. No como personaje que completa la tela tejida, porque no se teje. Los personajes son hilos sueltos y Luisa no tiene tiempo, ni oportunidad en el espacio de la novela de convertirse en urdimbre. Ya lo dice la autora en, La busca de interlocutor, que para que la relación funcione se necesitan condiciones particulares que no se dan en la novela por la falta de interacción de los personajes, tiempo y espacio.

Comparada con Retahílas, escrita dos años antes, ésta no está ‘hecha’. Es decir en la presente se dan las condiciones de interlocutor ideal, como se darán en El cuarto, pero el personaje de Luisa no ha estado lo suficiente en la familia y por tanto no se ha hecho, ni posee la madurez o preparación necesaria para ser quien ate cabos.

Así pues, la novela se queda en tela por tejer, aunque no por eso deje de interesarnos ya que representa la fragmentación posmodernista en la que vivimos. Podíamos compararla algo a la falta de compromiso de los personajes en Vicky Cristina Barcelona o a alguna telenovela y así declarar que es una obra incompleta en la que los personajes nos sirven de espejos a nuestro discurrir; a los que les falta un interlocutor bien sea porque no tienen tiempo, porque la prisa los acucia, o bien por la imposibilidad de sentirnos humanos y dar acceso al otro. Quizá todo sea debido a la preponderancia de nuestro “yo”.

Sin embargo, la autora ha triunfado por el hecho de ser ella la que registra los hechos con su novela, por haberla escrito, la cual nos ha servido para nuestro propósito de ilustrar la posibilidad de hacer resurgir la literatura pasada (1976) y usarla en nuestro momento. Y puede resultar novedosa si adoptamos la idea de Gonzalo Navajas.

Terminamos con una cita de Enrique Vila-Matas al defender el proceso de la escritura: “La literatura por mucho que nos apasione negarla [sic], permite rescatar del olvido todo eso sobre lo que la mirada contemporánea, cada día más inmoral, pretende deslizarse con la más absoluta indiferencia”(Bartleby y compañía, 35).

 

OBRAS CITADAS

Alemany Bay, Carmen. La novelística de Carmen Martín Gaite, Salamanca: Diputación de Salamanca, 1990

Carmen Martín Gaite. Editor: Alicia Redondo Goicochea, “Fragmentos de interior” by Emma Martinell Gifre. Madrid: Editorial del Orto, 2004

Chown, Linda. E.”Fragmentos de interior: Pieces and Patterns”. Hispanofilia (91), 1987

Ciplijausekaité, Biruté. Carmen Martín Gaite (1925-2000). Madrid: Editorial del Orto, 2000

Cuento de nunca acabar .Editors: Kathleen M. Glenn and Lissette Rolón Collazo. Boulder, Co.: Society of Spanish and Spanish-American Studies, 2003

Feal, Carlos. “Hacia la estructura de Fragmentos de interior” from Fiction to Metafiction Essays in Honor of Carmen Martín Gaite. Editors Marcela Servodidio and Marcia L. Wells. Nebraska: The University of Nebraska,-Lincoln: Society of Spanish And Spanish-American Studies, 1983

Jiménez González, Mercedes. Carmen Martín Gaite y la narración: Teoría y práctica. New Jersey: Dlusa, 1988

Jurado Morales, José. Del testimonio al intimismo: Los cuentos de Carmen Martín Gaite. Cádiz: Servicio de Publicaciones, University of Cádiz, 2001

——La trayectoria narrativa de Carmen Martín Gaite (1925-2000). Madrid: Gredos, 2003

La cultura española en el posfranquismo. Essays. Madrid. Editorial Playor, 1988

Lluch Villalba, María de los Ángeles. Los cuentos de Carmen Martín Gaite: temas y técnicas de una escritora de los cincuenta. Pamplona: EUNSA, 2000

Martín Gaite, Carmen. Desde la ventana. Madrid: Espasa-Calpe, 1987

——El cuarto de atrás. Barcelona: Ediciones Destino, 1994

——Fragmentos de Interior. Barcelona: Ediciones Destino, 1994

——La busca de interlocutor y otras búsquedas. Madrid: Nostromo, 1983

——Retahílas . Barcelona: Ediciones Destino, 2003

Navajas, Gonzalo. La modernidad como crisis. Madrid: Editorial Biblioteca Nueva, 2004

Olson Buck, Carla. “Rewriting the Novela Rosa: Carmen Martín Gaite’s Fragmentos de Interior. Hispanofilia, V.112, issue 1

Paoli, Anne. “Mirada sobre la relación entre espejo y personaje en algunas obras de Carmen Martín Gaite”. http://www.ucm.es/info/especulo/cmgaite/apaoli.htm

Vila-Matas, Enrique. Bartleby y compañía. Barcelona: Editorial Anagrama, 2002

Woolf, Virginia. A Room of One’s Own and Three Guineas. Michelle Barrett. London: Pinguin, 1993

 

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Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

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