Marta Lynch : la furiosa devoción

Viviana Bermúdez-Arceo



 

   
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Resumen: Los relatos breves de Marta Lynch obligan al lector a nuevos planteos y cuestionamientos, al presentar al sujeto femenino actuando conforme a sus propias y particulares experiencias, lo cual pone en juego belleza, sexualidad, maternidad, desde roles configurados por un discurso hegemónico.
    En intento por conjurar el vacío de la existencia y persiguiendo la identidad huidiza, estas mujeres recurren a la búsqueda elusiva o infructuosa del deseo del otro y al reclamo de una sexualidad como lucha a la normatividad impuesta por dichas estructuras .
    La condición subalterna de la mujer surge en las ficciones de Lynch, fruto de su talento peculiar y su conciencia, que censura el sistema no con recursos pedagógicos y moralizadores sino a través de personajes carentes de dicha lucidez y que se someten a la representación patriarcal del mundo, lo cual provoca en el lector una exigencia de reivindicación de los roles y una posibilidad de actuación más auténtica.
Palabras clave: relatos - Marta Lynch - identidad femenina -sexualidad

 

El contexto crítico referido a la narrativa argentina de los años 60-70 reconoce un número limitado de escritoras , lo cual parecería indicar que se debieran revisar estas producciones. Y así, reubicar en un lugar destacado la figura de Marta Lynch*, considerando que su narrativa, a la que definió como “furiosa devoción”, ha puesto en práctica recursos y temas innovadores .

Su narrativa responde con originalidad a la problemática social del momento y pone en evidencia de modo especial, las particularidades del universo femenino y su condición de subalterno . Con Lynch, el erotismo femenino cesa de considerarse en su aspecto tradicional y neutro y pasa a ocupar un espacio valorable donde la mujer se mueve en tensión entre su subjetividad, sus deseos y necesidades y los condicionamientos impuestos por los patrones masculinos de la sociedad patriarcal.

En rebelión al silenciamiento por parte del poder hegemónico, la narrativa de esta autora intenta superar la representación del mundo ofrecida por la cosmovisión androcéntrica , con sus factores de poder , posesión y jerarquización, para presentar su propia voz. Sin embargo, no lo ha hecho con el recurso de la moraleja y el modo aleccionador sino cuestionando dicho sistema de valores heredados, a través de la presentación de estos personajes sometidos y vulnerados por el acontecer existencial. Ha sabido llegar profundamente al lector, quien acompaña desde su sensaciones de incomodidad y compasión.

El sojuzgamiento aparece tanto en las clases marginadas como en los sectores medios, siendo el primero un grupo que aparece ocasionalmente en estos cuentos. En Entierro de Carnaval [1], de ambiente proletario, es posible establecer una relación de dúo, conformación que se repitirá en numerosos relatos y delimitar allí, con precisión, los roles de mujer y varón. Es el varón , José, quien busca esencialmente hacerse respetar, en especial, a partir del temor. Es quien decide y establece las prohibiciones y los permisos dentro del orden familiar. Posee una imagen despectiva de las mujeres, quienes cumplen su rol pasivo, acatando órdenes, movidas por las necesidades de protección masculina. Revestidas de su rol de esposa y madre, se comprometen como Rosa a :

resoplar todas las noches sobre su único camastro y a parir hijos con rigurosa puntualidad (130)

Pero también son hábiles en recurrir a la ancestral seducción de la mirada y a la simulación, como Chola, quien , el mismo día del suicidio de Rosa, logra junto al féretro, un encuentro sexual con José, quien ha sustituido velozmente una mujer por otra. El dúo amoroso ha sido reconfigurado con presteza sorprendente , por medio de otra integrante femenina.

Como ya consignamos, la mencionada subordinación se muestra en especial, en las actuaciones de la clase media, a la que mejor conoce la autora por origen propio, y por lo cual sus mejores cuestionamientos se encaminan a su sentido acomodaticio y a su mezquindad y que Lynch ha reconocido como el principal campo para la investigación literaria de sus criaturas [2]

Con respecto a la subordinación , recurren a ella asimismo las dos mujeres de Las señoras que tomaban té, en el momento de poner fin a su reencuentro, después de varios años, en una confitería. Aquellos mandatos que la familia y la educación clerical les habían impuesto, fueron acatados por una y rechazados por otra. En la adolescencia, el grupo no ansiaba nada sino que se sedimentaran

“sus sólidas posibilidades de engendrar” (p 50)

Al despedirse, cada integrante del dúo férreo —mezcla de admiración, atracción y fusión— que habían conformado en otro tiempo, experimenta la separación irreconciable, fruto del desprecio mutuo . Sin embargo, lo callan y enuncian un discurso pleno de dobleces e hipocresía.

Estas figuras femeninas han comenzado, desde edad muy temprana, a comprender que la propia identidad se obtiene por reflejo, ya que se verá elaborada a partir de los valores que los demás les imponen. Afirma Gwendolyn Díaz:

El hecho de que las heroínas de Lynch no buscan definirse por su valor propio sino por el que le adjudican personas y situaciones externas a su ser, ejemplifica un condicionamiento social que enseña a la mujer a subyugar su vida a la de otros, ya sea el padre, el marido o los hijos. [3]

Estas figuras donantes de identidad, objetos de deseo femenino, muestran su carácter de autoritarimo, despotismo y brutalidad. En El fin del amor [4], se puntualizan los rasgos de animalidad del varón. El varón visto como un animal constituye un concepto metafórico, a nuestro entender, siguiendo los postulados de George Lakoff. Para este lingüista y filósofo , la metáfora no constituye un mero adorno estético , no es una cuestión de lenguaje sino que impregna nuestra lengua como parte del lenguaje cotidiano, lo cual afecta a las representaciones internas, al mundo del hablante. Estos procesos influyen en la percepción de los hechos.Afectan nuestras percepciones pero también el modo de actuar en el mundo Dentro de las clases de conceptos metafóricos ubicamos las metáforas ontológicas, y dentro de estas, la mencionada animalidad, en tanto forma de considerar acontecimientos, actividades, emociones, ideas, etc., como entidades y sustancias.

Efectivamente, en este relato, que condensa, por otra parte, muchos de los temas recurrentes en Lynch, el lector— a través de la voz de Ana — se apropia de la visión de Guido, el otro integrante del dúo amoroso, mientras el mencionado narrador homodiegético trae rememoraciones amorosas junto a su amante, desde un presente de desamor y liberación. Por medio de dicha focalización , se elabora la metáfora mencionada: se observa del varón “su carnadura “, se lo separa “de la especie”, se menciona la “trampa” que tiende el hombre. Se lo explicita:

“todo lo suavemente animal que puede ser un hombre” (154)

Hay adjetivos que resaltan su ferocidad en la unión amorosa:

“conjunción feroz de piel, ardores y respiración” (157)

Se lo percibe reducido a macho de la especie:

“era un macho versátil que tomaba su pareja por costumbre” (160)

Más adelante:

“ su gran cuerpo claro tiene algo de bestial” ... “se comporta como un gran animal doméstico” .. “.oliendo a sangre” ... (165)

La protagonista desea al hombre en cuanto a lo corporal y externo:

“un caparazón irresistible...sólo la cáscara de él...No quiero para otra este caparazón (172)

El mismo Guido —figura del varón proveedor y a la caza— se considera a sí mismo un dragón, construcción simbólica que aporta la carga negativa de lo animal por excelencia y del enemigo primordial y terrible que debe ser vencido.

Por otro lado, se observa una incuestionable reiteración de la debilidad femenina, del llanto, del sufrimiento de esta mujer que afirma en su dolor:

“yo vegeto”

Se define sólo en cuanto a integrante del dúo:

“frente a mí, que soy su pareja y me desvanezco en una serie de carencias progresivas” (162)

Más allá de ocupar el sitio de presa, de despojo, casi embotada, conserva ira y rebelión , que sin embargo, no hallan cauce:

“La viva respetabilidad de una mujer queda rotulada al insitir en el cuerpo y la fuerza de un solo hombre”

Concluye con un efectivo cambio de registro en un enunciado que incorpora a todo el género:

“¿Quién nos enseñó tal podrida mitificación? (162)

En nuestra hipótesis de lectura, es posible comprobar cómo el modo de socialización en el cual las mujeres han sido moldeadas, en ocasiones no se resuelve en logros de adaptación a los cánones cociales. Adela, en Las señoras que tomaban té [5], ha decidido una vida de rebelión personal pero quebrando un fuerte orden moral, incluso afirmándose en el espectáculo ostentoso de su oficio. Similar elección ha cumplido la Negra, de Las señoritas de la noche, que, gobernada por el deseo, también opta por la transgresión, consolidándose en su deseo, a partir de su temprano despertar sexual. Su vida de carencias ha corrido paralela a la de Arturo, pudiendo haberse cristalizado la conformación del dúo amoroso del que hemos hablado, entre estas dos individualidades. Sin embargo, se han afianzado cada una en sus inclinaciones: el muchacho, en la vocación religiosa y ella en “hacer la calle”. En el relato, la vida libre de prejuicios de la Negra, donde es el deseo el que orienta las acciones, emerge en oposición al llamado espiritual del chico. La existencia femenina sin condicionamientos aparece como una de las posibilidades de la libre elección individual, fuera del control social. El hecho de que Lynch presente el personaje sin juzgarlo, constituye todo un acierto, afirma Amy Katz Kaminsky [6], al referirse a la novelas de esta autora, conclusión que también en este caso y en otros relatos breves puede aplicarse.

Por otra parte, observemos que se produce una alteración en los roles sexuales instituidos por el orden hegemónico, en el virtual dúo referido. Esta inversión se cumple al asignar a la figura masculina su condición de objeto sexual, tradicionalmente atribuida a los personajes femeninos, junto a la belleza , la pasividad, la maternidad. Por el contrario, en estos casos, la agresividad sexual está depositada en la mujer, quien presenta una voraz pasión que sólo encuentra desahogo cuando decide producir un desplazamiento del objeto amado hacia otra figura varonil. Ya que los juegos amorosos con Cacho han sido buscados y propiciados por la joven, como acciones vindicatorias por la elusividad de Arturo.

Una metáfora orientacional de sólida funcionalidad la establece la oposición adentro /afuera por otro lado instaurada a partir de la presencia de un tabique, como marca de límites territoriales. Adentro, que constituye el gineceo, lo recluido y seguro es inhabilitado, en una elección por afuera , elaborado por términos como : baldío, libertad, calle, plaza, atracción. Opción que significará reprobación y segregación.

Este desafío de las pautas culturales referidas a la sexualidad, se da también en La felicidad de Josefina [7], donde se recurre a la alternancia narrativa de dos momentos: uno, de holgura económica junto a su marido y otro, de estrechez, con su amante. También se evocan reclamos sexuales hacia el varón, quien le reprocha vivir en plena excitación y la califica de” sexomaníaca”. Y a este respecto, recordemos que el hecho de demandar un contacto íntimo, de ser sexualmente agresiva,

“es considerado un acto audaz dentro de la literatura latinoamericana” [8]

Sucede que enfrentándose a lo legitimizado por la sociedad, los personajes femeninos de Lynch, en expansión de sus deseos, requieren placer por parte de las figuras masculinas e intentan fijar sus propias condiciones en el vínculo amoroso. Lo cual, si bien significa animarse a quebrar el pacto incuestionado y tranquilizador de la moral pública, conlleva una dosis elevada de frustración.

Según se aprecia, las mujeres persiguen obstinadamente el amor , como forma de conjurar el vacío de la existencia y de logro de identidad , que se muestra huidiza si no es a través de la mirada del hombre :

Las heroínas de la escritora no buscan definirse por su valor propio sino por el que le adjudican personas y situaciones externas a sí mismas [9]

Puesto que a cada amor le corresponde un final, también Josefina ve que sus ardientes encuentros se han transformado en escasos contactos y esquividades en Andrés, quien ya no la busca con urgencia. Una imagen develadora de estas relaciones y su carácter efímero es el regalo que hace el varón en el cuento Los amantes [10]y también en El fin del amor: un anillo de fosforescencia marina cuyos puntos de luz brillan en el dedo femenino, en medio de la playa nocturna.

Esta cualidad de lo efímero se advierte en toda su centralidad, en la constitución de los valores corporales de belleza, una de las condiciones fundantes de lo femenino.

Porque es la mirada masculina la que produce la configuración del cuerpo femenino como objeto de deseo. Una mirada que, desde afuera, determina intrínsecamente a la mujer. En La piscina [11], una mujer joven todavía, funciona como bello objeto de consumo, exhibición orgullosa de un marido alejado por un safari, como otros tantos objetos acumulados en el amplio dúplex de avenida Libertador, junto a los Kandinsky o los Figari. Después de enumerar los objetos de posesión, el narrador comenta:

Cristina estaba incluida en la belleza (125)

El propio cuerpo no es aceptado en su totalidad por la mujer que encuentra zonas que no responden a la perfección acabada, sin embargo, pasa a asumirse, gozarse y exhibirse en su desnuda ostentación, a partir de la conquista del adolescente Daniel — cuya apariencia incompleta e incolora pasa a desvelarla de deseo— conquista que ha iniciado igual que una cazadora y que se resuelve con éxito. Mencionemos que el discurso narrativo despliega un juego de seducción en el cual la superficie de reflejo del agua permite el desdoblamiento, al funcionar como espejo y constitutivo de la propia imagen, leit motiv destacado en las ficciones de la autora , (v.gr. el bello Regreso a Timlis [12] ) que excede los límites de nuestra actual lectura.

El deterioro de esa armonía corporal sobrevendrá irremediablemente y el devenir temporal, con su acción devastadora la erosionará. Esta acción del tiempo que constituye una de las obsesiones de Lynch :

El tiempo, el tiempo es el gran protagonista de lo que escribo. [13]

La sustracción de la belleza, con sus aportes de apetecible y valiosa da paso a disvalores; el resentimiento y la desilusión acompañan a la pérdida de la juventud . La vejez abre la puerta al devalúo social por un lado y a experiencias personales de aborrecimiento y franco encono. Tal lo experimentado por Marga, en Los recién casados [14], cuya fruición del mirar aparece focalizada en unos jóvenes, en luna de miel en Bariloche. Desde su soledad y una juventud que ya no posee, escudriña los intercambios melosos del dúo de amor. Una narración en estilo indirecto libre permite extensas comentarios motivados por la envidia y vaticinios sobre el futuro mediocre y la decrepitud de ambos. Una acción nuclear decisiva marca la alteración en el esquema actancial: el inicio de distanciamiento en la pareja. El sujeto muchacha que ha deseado hasta ahora al objeto varón, pasa a reemplazarlo por dos elementos: cognac y cigarrillos. Como el marido se opone al consumo, el camarero comienza a funcionar como ayudante —al que se agradecerá luego con mirada cómplice— y el propio marido pasa a ser el oponente. Dicha fisura en la relación es percibida y gozada por la vigilancia de Magda, cuya acerba experiencia vital le permite comprender que esta primera rebelión operará como modus operandi . El desplazamiento aparece marcado a nivel sintagmático:

y el amante ardiente era también y desde ahora su marido, de ahora en más su cópula tendría otro significado (92)

El intercambio, el trueque se ha producido: deseo y obtención de bienes , por deberes matrimoniales. Después de la consumición de bebida y tabaco, el enunciado ostenta conocimiento de las reglas de juego:

Después se sintió dispuesta para proseguir la larga ceremonia erótica (93)

Se ha fingido por parte del sujeto femenino la admisión de normas pero la conducta, en verdad, sólo simula pactar con el orden establecido. Este desenlace opera como una condensación de las funciones femeninas burguesas que Lynch exhibe críticamente en su narrativa.

No sólo a nivel del contenido sino asimismo del discurso, se logran innovaciones. En Sala de guardia [15] pueden rastrearse diversas focalizaciones narrativas alternadas, no sólo la que abre el relato —la mujer en la clínica, dominada por tandas de dolor en el vientre— sino que la polifonía se da mediante otras voces como las de médicos, enfermeras o mandatos de la figura materna.

Este, como otros textos de Lynch presenta un discurso altamente subjetivado, con manifestación de intenciones y valoraciones sobre la realidad. Los subjetivemas y las modalizaciones implican una valoración negativa de dicha situación insostenible de dolor:

Quizás aquello no era una clínica ni siquiera una cámara de torturas o una cárcel (94)

Cumple la polifonía mencionada con la funcionalidad de hacer visible la insensibilidad y el asordinamiento emocional de los otros —el llamado “mundo lateral}” por la mujer— cuyos enunciados contrastan con los pensamientos caóticos surgidos desde la soledad. El sufrimiento referido provoca una lograda alquimia temporal: la de un momento anterior a un parto y la de la inminente muerte de su hijo accidentado, de doce años. Se produce en el lector una comprensiva identificación hacia aquello que el narrador ha resumido en el sintagma “horrible pozo existencial”.

Desde su escritura con conciencia, Lynch revisa la condición femenina recurriendo a la presentación de sujetos que han aceptado las relaciones asimétricas de poder, mujeres que reproducen los valores y estereotipos culturales. Si bien algunas desacralizan dichos roles , y por lo tanto, son receptoras de segregación y censura, la mayoría son presentadas perpetuando los mandatos heredados, “ las máscaras alienantes de ángel del hogar y madre abnegada.” [16]

En una frase resume esta valiosa narradora su posición:

Yo tengo una gran admiración por la mujer y deseo por todos los medios que ella se libere, comprenda la inutilidad de convertirse en objeto y se constituya gozosamente en un ser integral. [17]

 

Notas:

* Marta Lynch: Nació en Buenos Aires en 1925 y se suicidó en la misma ciudad, en 1985. Destacada narradora representante de la generación del 60. Entre sus obras se cuentan: La alfombra roja, La señora Ordóñez, Al vencedor, Los cuentos tristes, Cuentos de colores, La penúnltima versión de la Colorada Villanueva y otras.

 

[1] Los cuentos tristes (129-139 )

[2] Entrevista en El cuento argentino, comp. Eduardo Romano (160-164)

[3] Gwendolyn Díaz , estudio preliminar (11-40)

[4] Cuentos de colores (152-175)

[5] Los cuentos tristes (48-58)

[6] Katz Kaminsky Amy, cit. por G. Díaz

[7] Cuentos de colores (137-151)

[8] Gwendolyn Díaz , op.cit. p. 18

[9] Galván Delia V. (208)

[10] Cuentos de colores (196-205)

[11] Los dedos de la mano (122-141)

[12] Los cuentos tristes (99-110)

[13] Romano E. op.cit. , 163

[14] Los cuentos tristes (87-93)

[15] Los cuentos tristes (94-98)

[16] Guerra Cunningham Lucía, (37)

[17] Moncalvillo Mona, Reportaje, (217-233)

 

Bibliografía

Lynch Marta, Cuentos de colores, Buenos Aires, Ed. Sudamericana, 1970

—— Los cuentos tristes, Buenos Aires, Centro Editor de América Serie del Encuentro, 1967

—— Los dedos de la mano, Buenos Aires, Ed. Sudamericana, 1976

Guerra Cunningham Lucía, Hacia una estética femenina, en Evaluación de la Literatura femenina de Latinoamérica, Siglo XX, II Simposio Internacional de Literatura,Tomo I, Inst. Liter.y Cultural Hispánico, Costa Rica, 1985

Díaz Gwendolyn, Estudio preliminar en Páginas de Marta Lynch seleccionadas por la autora, Buenos Aires, Ed. Celtia, 1983

Galván Delia V., Hacia la vejez en No te duermas, no me dejes, de Marta Lynch, Alba de América, Volumen 10, Buenos Aires, Inst. Literario y Cultural Hispánico, 1992

Romano, Eduardo, El cuento argentino, Vol. I, (1955-1970), comp. Introd., Buenos Aires, Eudeba, 1986

Lakoff George y Johnson Mark, Metáforas de la vida cotidiana, Madrid, Ed. Cátedra, Col. Teorema, 2007

Cirlot, Juan Eduardo, Diccionario de símbolos,Barcelona, Ed.. Labor, 1978 .

 

© Viviana Bermúdez-Arceo 2010

Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

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