Mentir, ¿para qué?
(Un acercamiento a dos Novelas ejemplares de Cervantes)

Verónica Méndez Maqueo

Western State College of Colorado
vmendez@western.edu


 

   
Localice en este documento

 

Resumen: En este artículo se aborda qué es la mendacidad y se analiza la forma en que está presente en dos Novelas Ejemplares de Cervantes -La gitanilla y La ilustre fregona-.
Se parte de las ideas de filósofos, literatos, psiquiatras y psicólogos para definir qué es mentir, sus implicaciones, su origen y los efectos que puede producir.
Cada vez que se presenta algún aspecto sobre la mentira, se analiza la manera en que se ofrece al lector en las novelas antes mencionadas.
Por último, se propone de forma muy breve si la mentira no será un medio no el medio que hace al lector cómplice de Cervantes en la construcción de la ficción.
Palabras clave: Cervantes. Novelas ejemplares, Mentira, Mendacidad

Abstract: This article reviews what is lying and how lies take a part in two Exemplary Novels from Cervantes.
The starting point are the ideas of philosophers, writers, psychiatrists and psychologists regarding what does it mean “to lie”, its implications and origin and the effects that of such an action may cause.
Once a matter concerning lying is presented, the analysis about how it works within these novels is brought to the reader’s attention.
Finally, there is a brief reflection on the possibility of lies being the mean that will allow the reader to be in cahoots with Cervantes to build a fictional space.

 

Piérdese con sola una mentira todo el crédito de la entereza. Es tenido el engañado por falto y el engañador por falso, que es peor.
Baltasar Gracián

Todos hemos mentido o mentiremos por lo menos una vez, y a pesar de esto muy pocos nos atrevemos a hablar de la mentira. Casi sería preferible no tener que definirla, ni siquiera nombrarla, quizá esta especie de horror por aproximarnos a ella ha dado como resultado que muy pocos se hayan aventurado a escribir sobre este asunto.

Algunos filósofos, y en ocasiones psiquiatras y literatos, han abordado el tema de la mentira, han expuesto qué es la mendacidad, sus implicaciones, sus causas y, por supuesto, los efectos que ésta puede producir.

Abordar la forma en que se entreteje la mentira en La Gitanilla y en La ilustre fregona, es sólo un pretexto para escudriñar lo que albergan estas novelas ejemplares. Ciertamente, hay otros caminos y medios que quizá son mucho más rigurosos e incluso científicos; aún así correremos el riesgo de un acercamiento que si bien parece poco ortodoxo, es igualmente válido.

En el siglo IV San Agustín descifraba la mentira en los siguientes términos: “Dirá mentira quien teniendo una cosa en la mente, expresa otra distinta con palabras u otro signo cualquiera.” (San Agustín 1954:533) Así, disimular, fingir, engañar y aparentar son también mentiras puesto que expresan algo distinto de lo que se tiene en mente. En esta tesitura, Nietzsche ya señalaba que “el intelecto desarrolla sus fuerzas en el disimulo” (Nietzsche 1974:86) que es lo que hace Preciosa en la casa de Andrés cuanto canta versos de amor y nota la turbación de éste; asimismo, empleará la moza su intelecto para engañar a los demás dictando el supuesto futuro de aquél.

Schopenhauer manifiesta que la razón hace al hombre “eminentemente capaz de disimulo” (Schopenhauer 1930:227); de lo que se deduce que sólo mediante el intelecto o la razón los hombres tienen las herramientas necesarias para disimular, ergo, mentir. Si esto es así, en qué medida podríamos evitar el disimulo si tanto el intelecto como la razón nos son inherentes. ¿Debemos suponer, entonces, que la propia naturaleza del hombre lo conduce a la mendacidad?

La propuesta de Victoria Camps sobre la mentira resulta innovadora pues según señala no es necesario que una proposición sea falsa para que de ella resulte un hecho mendaz; sino basta con que sea ‘insincera’. Añade:

Aconsejar con mala idea, declarar culpable a quien no lo es, dar la enhorabuena sintiendo envidia u odio, prometer con la intención de no cumplir la promesa, no consiste en decir cosas ‘falsas’ sino ‘insinceras’, es mentir. (Camps en Castilla del Pino 1988:30)

Así, pues, “la mentira es una declaración que se sabe inexacta, hecha en presencia de una persona con el deseo de que aquella la considera verdadera” (Bascou 1978: 57).

Los estudiosos coinciden en que la intención de la mentira es engañar al otro, sin embargo, ninguno quiere aventurar una opinión sobre la falsedad que conlleva una mentira. Este hecho (el de no nombrar la falsedad) parece eximirlos de alguna responsabilidad, pues es bien cierto que una mentira es también un juicio falso o equivocado respecto de alguna situación o persona.[1] Por ejemplo, cuando en La Gitanilla dice el narrador que la abuela “crió una muchacha en nombre de nieta suya” (Cervantes 1986: 61), esta afirmación además de proferir una mentira, asevera algo falso.

Por otra parte, estructurar bien una mentira dentro de un discurso cualquiera resulta sumamente importante para que el oyente no se percate de ello: “(…) pero adviertoos que si os conviene mentir en este vuestro viaje, mintáis con más apariencia de verdad” (Cervantes 1986: 112).

De esta manera el “contenido sustituye eficazmente a la verdad que trata de ocultarse” (Castilla del Pino 1988: 11) recurso que empleará Cervantes frecuentemente en sus novelas y que resulta muy notorio en La Gitanilla cuando esta predice el futuro de Andrés. Dice Preciosa: “Un viaje ha de hacer agora muy lejos de aquí, (…) cualquier día de esta semana es próspero para partidas y ninguno es aciago” (Cervantes 1986:98).

Indudablemente, “el discurso mendaz exige una estrategia de modo que la función comunicativa y metacomunicativa del discurso se cumpla del mejor modo posible”. (Castilla del Pino 1988:12) Por ejemplo, en el discurso de Preciosa a que nos referimos anteriormente, se cumplen ambas funciones: en un primer plano la función comunicativa se efectúa mediante lo que dice la gitana y escuchan los padres de Andrés, es decir, se trata de un mensaje literal; en un segundo plano, se encontraría aquello que entiende Andrés, esto es, desdobla el significado a partir de las palabras de Preciosa; ambas partes entienden algo diferente y el discurso cumple así dos funciones simultáneamente.

De la preocupación manifiesta de Rousseau por el hombre y los métodos para educarlo, surge una reflexión sobre la mentira: ésta puede ser de hecho o de derecho. La primera se refiere a una acción pasada, como cuando la abuela hizo a Preciosa su nieta; la segunda, la de derecho, corresponde a una acción futura en el sentido de prometer lo que no se ha de cumplir, por ejemplo cuando Carriazo y Avendaño dicen a sus padres que quieren marcharse para estudiar y en realidad desean correr mundo.

Por otra parte, también se divide al conjunto de mentiras en nobles y utilitarias. Las nobles son aquellas que se emplean con un fin humanitario y que no dañan a nadie, como cuando en La ilustre fregona Avendaño le miente al dueño del mesón con el fin de que Carriazo sea contratado como aguador; las mentiras utilitarias se usan por timidez, sentimiento de inferioridad o para evitar un reproche o castigo, ejemplo de éstas sería aquella situación en que Andrés les miente a los gitanos aseverando que ha robado -lo que en realidad ha comprado-, por temor a ser tildado de cobarde.

En la clasificación que hace Victoria Camps, se hace una distinción muy pertinente para el análisis que estamos haciendo: “(…) sólo se miente cuando la competencia es asimétrica: se le miente al niño, al enfermo, al débil, al vulnerable, al que depende de otros. (…) Cuando hay competencia simétrica y compartida, entonces el engaño se vuelve una ironía, una forma refinada del mentir”. (Camps en Castilla del Pino 1988: 40)

Un aspecto fundamental al abordar este tema es el hecho de saber por qué se miente, qué nos impulsa a hacerlo. San Agustín señala que es el “deseo para inducir a error” (San Agustín 1954:534) y ese es el caso de Don Sancho cuando llega al aposento de los gitanos y pretende hacerse pasar por otro para inducir que ignoren su verdadera identidad y poder ser acogido por Preciosa.

Nietzsche apunta que “en la medida en que el individuo pretenda subsistir frente a otros individuos, en un estado natural de las cosas, generalmente utiliza su intelecto sólo para el disimulo”. (Nietzsche 1974: 87) Y es justamente para subsistir que “tenemos ya (…) a Avendaño hecho mozo del mesón, con nombre de Tomás Pedro, que así dijo que se llamaba, y a Carriazo con el de Lope Asturiano, hecho aguador”. (Cervantes 1988:159)

De igual manera, la que fuera madre de Constanza -la ilustre fregona-, solicitaba que la viera el médico para hacer creer a sus criados que estaba enferma y, de esta forma, ocultarles que había dado a luz:

Otros seis días estuvo en la cama, y en todos ellos venía el médico a visitarla, pero no porque ella le hubiese declarado de qué procedía su mal; (…) porque sólo pretendió engañar a sus criados con la visita del médico. (Cervantes 1988:188)

Es necesario mencionar aquí que únicamente Nietzsche habla del desconcierto, abatimiento o humillación que produce descubrir que se nos ha mentido: “Estoy anonadado no porque me hayas mentido, sino porque ya no puedo creerte”. (Nietzsche 1965:321) Sorprendentemente, en las novelas elegidas para este estudio, en ningún momento aparecen estos sentimientos; por el contrario, saberse engañados se transforma para los personajes de Cervantes en un momento gozoso.

Por medio de una anagnórisis ambas jóvenes -Preciosa y Constanza-se dan cuenta que han vivido engañadas pues se les ocultó su verdadera condición y, a pesar de ello, tal y como se afirma líneas arriba, en ningún momento se muestran desconcertadas o desilusionadas; cuando los padres de Carriazo y Avendaño descubren que éstos se encuentran en el mesón por un asunto de faldas [2], expresan júbilo y regocijo.

Naturalmente, poco importa saber los motivos por los que mienten los personajes de estas dos novelas ejemplares, lo esencial es reconocer que también proponen un juego -en el sentido que propusiera Jean Baudrillard [3] -, en el que sólo adquieren relevancia las acciones que conducen a la insinuación, sin importar en ello la verdad; lo que acaso se atisba se vuelve el medio ideal para establecer una complicidad conducente a la construcción de la ficción. La mendacidad es, entonces, un guiño que nos hace Cervantes para volvernos partícipes y cómplices de su escritura, al tiempo que despliega las herramientas necesarias para el disfrute e interpretación de sus novelas.

 

Notas

[1] Véase la concepción jerárquica que sobre la mentira propone el antropólogo Julian Pitt-Rivers (1979): Antropología del honor. Crítica, Barcelona.

[2] En ambas novelas la mentira está vinculada estrechamente con un suceso amoroso y una relación triangular en el mismo sentido que propone René Girard (1985): Mentira romántica y verdad novelesca. Anagrama, Barcelona.

[3] Cfr. Baudrillard, Jean (1981): De la seducción. Cátedra, Madrid.

 

Bibliografía

Agustín de Hipona, Santo (1954): Obras completas. La editorial católica, Madrid.

Baudrillard, Jean (1981): De la seducción. Cátedra, Madrid.

Bianchi, Letizia: “Secreto y mentira en las Novelas Ejemplares de Cervantes”, Actas de la Asociación Internacional de Hispanistas, 1983, VIII, pp. 235-242.

Bascou, J.R. (1978): El niño y la mentira. Ed. Herder, Barcelona.

Castilla del Pino, Carlos, comp. (1988): El discurso de la mentira. Alianza Editorial, Madrid.

Catalán González, Miguel: “La mentira en el Quijote”, República de las letras, 2005, IX, pp. 174-191.

Cave, Terence (1988): Recognitions: a study in poetics. Oxford University Press, New York.

Fernández, Celia: “Verdad, mentira y ficción: categorías pragmáticas”, Ínsula, 1989, 508.

Girard, René (1985): Mentira romántica y verdad novelesca. Anagrama, Barcelona.

Gracián, Baltasar (1954): Oráculo manual y arte de prudencia. Consejo Superior de Investigaciones Científicas, Madrid.

Mosterín, Jesús (1978): Racionalidad y acción humana. Alianza Editorial, Madrid.

Newton, Isaac (1982): Principios matemáticos de la filosofía y su sistema del mundo. Editora Nacional, Madrid.

Nietzsche, Federico (1965): Obras completas. Editorial Aguilar, Buenos Aires.

Nietzsche, Federico (1974): El libro del filósofo. Taurus, Madrid.

Pitt-Rivers, Julian (1979): Antropología del honor. Crítica, Barcelona.

Rousseau, Jean Jacques (1973): Emilio o de la educación. Ed. Fontanella, Barcelona.

Schopenhauer, Arturo (1930): El mundo como voluntad y como representación. La España Moderna, Madrid.

 

© Verónica Méndez Maqueo 2011

Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

El URL de este documento es http://www.ucm.es/info/especulo/numero46/mentireje.html