La metamorfosis como instrumento político, social y cultural:
El pensamiento utópico como alternativa a la realidad socialista
en la República Democrática Alemana

Dra Olga Hinojosa Picón

Universidad de Córdoba
ohinojosa@uco.es


 

   
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Resumen: El presente trabajo examina la paradoja en la que derivó el sistema político del Socialismo en la República Democrática Alemana desde un punto de vista femenino, aunque no necesariamente feminista. Para llevar a cabo esta tarea, se somete a un análisis exhaustivo y minucioso el relato de dos autoras que en un primer momento abrazaron un sistema político que prometía alcanzar la igualdad entre ambos géneros.
Palabras clave: RDA, socialismo, identidad, utopía, androcentrismo, Sarah Kirsch, Irmtraud Morgner, ficción, realidad.

 

1. La paradoja socialista

Die Gleichberechtigung der Frau, in Gesetz und Leben verwirklicht, ist eine der größten Errungenschaften unserer Gesellschaft.[1]

La instauración del Socialismo en la República Democrática Alemana [2], que garantizaba tanto en la teoría como en la práctica la igualdad de todos sus miembros, supuso en sus orígenes para muchas mujeres la oportunidad de adquirir unos derechos por los que habían luchado durante décadas [3]. En este nuevo escenario socio-político, el Estado facilitó desde su constitución a la fémina socialista su inserción en el mercado laboral a través de la creación de jardines de infancia gratuitos o de muy bajo coste, al mismo tiempo que incentivaba su acceso al mismo comprometiéndose, al menos en un plano teórico, a ofrecerle una remuneración económica que no admitía diferencias en función al género:

Die Frauen in der DDR hatten somit einen rechtlichen Status, der in einem wesentlichen Punkt - der ökonomischen Unabhängigkeit vom Mann - einen entscheidenden Fortschritt gegenüber allem bisherigem darstellte. Denn gerade in der Frage der ökonomischen Abhängigkeit/Unabhängigkeit der Frau vom Mann liegt eine entscheidende Einschränkung bzw. Voraussetzung der Durchsetzung ihrer Möglichkeiten, tatsächlich gleichberechtigt an den Rechten, am politischen, sozialen, wirtschaftlichen und kulturellen Leben zu partizipieren oder nicht. [4]

En 1947 el SED, partido por antonomasia en la RDA [5], creó el DFD -Demokratischen Frauenbund Deutschlands - una institución entre muchas otras que tenía como objetivo principal la vigilancia del cumplimiento efectivo de los derechos teóricos que se le reconocían a la mujer. A partir de 1949, tras la división territorial del país, esta asociación pasó a formar parte integrante del bloque de la Alemania del Este, convirtiéndose de este modo en un gremio socialista. A su labor originaria, se le añadió entonces la de difundir la propaganda del Partido [6], lo que años más tarde acabaría suscitando una enorme controversia. Sin embargo, durante las décadas de los años cincuenta y sesenta, este tipo de instituciones cumplieron su función, consiguiendo que las ciudadanas orientales experimentaran en su vida cotidiana la teoría que pregonaba el Partido:

Die fünfziger und sechziger Jahre brachten für die Frauen in der DDR wichtige Veränderungen und Verbesserungen. Schrittweise wurde ein Netz von Kinderkrippen und Kindergärten aufgebaut, die ganztags geöffnet hatten. Die Kinder waren versorgt, Eltern brauchten für die Verpflegung nur einen geringen Obulus zu zahlen, alles andere wurde durch den Staat finanziert. Gleichzeitig erweiterte und verbesserte sich das Niveau der Dienstleistungen - es gab Wohngebietswäscherein, Halbfertiggerichte, billiges Essen in Betrieben und Schulen. Auch die Betreuung der jüngeren Schulkinder am Nachmittag wurde immer besser gesichert. [7]

Como consecuencia de los organismos sociales que se habían ido creando con el objetivo de facilitar la incorporación de la mujer al mundo laboral y que se habían encargando de aliviar las cargas derivadas de su rol tradicional como ama de casa, a principios de los años setenta el 80% de las mujeres en edad de trabajar disfrutaban de un empleo. Sin embargo, de forma paralela a este avance, se fue haciendo patente la práctica ausencia de participación femenina en los esquemas de organización social y económica del sistema, cuyas directrices continuaban siendo dictaminadas predominantemente por la figura masculina. De esta forma se fue instaurando un sistema político en el que cuanto menos se escuchaba lo que la mujer tenía que decir, más vehementemente se propagaba el hecho de que ambos géneros habían conseguido la igualdad, con el argumento de que en un gobierno socialista todos tenían las mismas oportunidades [8]. Como el mismo Honecker presumía a mediados de los años setenta:

Die Realität unseres Lebens beweist, nur der Sozialismus kann die Forderung und Ansprüche der Frauen auf ein menschenwürdiges Dasein erfüllen, nur er vermag die Träume und Hoffnungen der Frauen auf ein Leben in Freiheit, sozialer Sicherheit und Frieden zu verwirklichen. [9]

Tras veinte años de puesta en práctica del Socialismo, no cabía duda de que la mujer había logrado su entrada en el mundo laboral, lo que no había supuesto sin embargo, como hubiera sido una consecuencia lógica, su participación en la organización de los esquemas que regulaban la vida política. Su labor, como la de cualquier ciudadano oriental, que debía ante todo fidelidad al Partido, se basaba fundamentalmente en la ayuda a la construcción y desarrollo de un mundo socialista, algo que ejecutaba no obstante acatando las decisiones y la normativa dictada casi en exclusiva por el género masculino. A pesar de la manifiesta injusticia contenida en esta situación, la inexistencia oficial de la desigualdad entre géneros imposibilitaba el que se creara un espacio para la mujer en el que ésta pudiera reclamar una solución en la práctica para un problema que no existía en la teoría.

Esta controversia, lejos de solventarse, se agravó en los años setenta a causa del viraje ideológico del Partido, alarmado por el descenso drástico de natalidad que aparecía como efecto colateral a la puesta en práctica de una política que había fomentado la incorporación de la mujer al mercado laboral [10]. La consiguiente adopción de medidas que persuadieran al género femenino a retornar a la vida familiar sólo consiguió hacer visible el abismo existente entre la teoría y la práctica. Ventajas como la reducción de la jornada de trabajo sin introducción de modificaciones salariales o el incremento de los días festivos que se concedían a las madres que tuvieran entre dos y tres hijos menores de 16 años, tuvieron como consecuencia inmediata el que se concibiera a la misma como a una privilegiada, en comparación con sus colegas masculinos. Paralelamente, estos privilegios femeninos sirvieron como excusa para que se le adjudicaran principalmente puestos de aprendizaje y servicio, es decir, de menor remuneración y responsabilidad, así como contratos temporales, que estaban en función del número de veces que ésta decidiera quedarse embarazada. Por lo tanto, lejos de avanzar hacia la igualdad, se avivó el fuego de las diferencias y los recelos.

Aunque la mujer trabajara fuera de casa, su labor en el seno familiar no desaparecía en absoluto, lo que le exigía no sólo unas grandes dosis de organización, sino que también la obligaba a estar permanentemente atenta a posibles eventualidades que la obligaran a ausentarse de su puesto de trabajo, como por ejemplo la enfermedad de uno de los miembros familiares. Como resultado de esta situación, el varón volvió a consolidar su responsabilidad en el plano económico, desentendiéndose por regla general aún más de las tareas domésticas. De esta forma se fue consolidando de nuevo la idea tradicional de que el hombre debía ayudar en la casa mientras que la mujer debía contribuir a la construcción del Estado Socialista con trabajos temporales o jornadas a tiempo parcial. Esta realidad también resultaba paradójica para el hombre, a quien por una parte se le animaba a trabajar el máximo de horas posibles en el ámbito público y por la otra se le exigían garantías de que su pareja gozara de la emancipación que propugnaba la política del Partido en la esfera privada. Como resultado evidente e inevitable, los divorcios se multiplicaron de manera significativa, con lo que el Estado se vio forzado a intensificar un prototipo de mujer ideal que volvía a estar enmarcada en su rol más tradicional dentro de su propaganda, lo que una vez más fomentó la instauración de un patriarcado que proclamaba a gritos la emancipación de sus mujeres.

Los años setenta pusieron de relieve la paradoja en la que había derivado el Socialismo. La fémina que trabajaba fuera de casa recibía teóricamente el mismo salario que el hombre, pero en la práctica, como he mencionado con anterioridad, la mujer ocupaba puestos peor remunerados, lo que la hacía dependiente de su compañero a la hora de cumplir con el deber de fundar una familia.

En este orden de cosas, en el VIII Congreso del SED en 1971, se puso de manifiesto la necesidad de aumentar tanto la productividad industrial como el número de nacimientos, objetivos que únicamente podían llevarse a cabo en tanto en cuanto la mujer continuara ejerciendo como madre y ama de casa, sin abandonar el trabajo fuera de ella. La utopía con la que comenzó el Socialismo había fracasado, condenándola a una doble carga: el trabajo en los ámbitos público y privado, sin que se produjeran variaciones fundamentales respecto a derechos que habían sido institucionalmente reconocidos. [11]

 

2. Sarah Kirsch: Blizt aus heiterm Himmel. [12]

Nacida en 1935, Sarah Kirsch es una de las escritoras más notables de la lírica de la literatura alemana posterior a 1945. Afincada en la Alemania oriental, en un primer momento sostuvo como propios muchos de los objetivos que dictaminaba el Partido. Sin embargo, no llegó a someterse a los parámetros marcados por la teoría del realismo socialista, - herencia de la Unión Soviética creada durante los años treinta - que tenía como meta la difusión de una literatura propagandística que ayudara a fomentar la construcción del Socialismo. De hecho, a pesar de que su obra está impregnada por la ideología socialista, Kirsch fue manifestando un paulatino y profundo desacuerdo con la censura establecida por el Partido, cuestionando a través de una escritura no carente de ironía, la propaganda política del régimen. Finalmente, tras permanecer en la RDA durante veinte años, en los que se convierte en testigo directo de las controversias del sistema, se traslada al Berlín occidental en 1977, poco después de la publicación del relato del que me ocupo a continuación.

En Blitz aus heiterm Himmel, Sarah Kirsch parte de la base de que la emancipación femenina ha sido conseguida, por lo que no plantea una reivindicación de unos derechos que la mujer ya posee. Más bien ofrece un retrato de la misma en la esfera privada una vez que la igualdad entre ambos géneros se ha convertido en una realidad en el ámbito público. Así, el texto lo protagoniza Katharina, una atractiva veinteañera que a pesar de su juventud atesora estudios superiores y ocupa un puesto de trabajo relevante, al mismo tiempo que disfruta de una sana relación sentimental con Albert, conductor de camiones.

Katharina es la propietaria de una casa en la que convive con su pareja cada vez que ésta regresa de los numerosos viajes que tiene que realizar. Antes y después de que Albert se ausente, la protagonista se ocupa de tenerlo todo a punto para recibirlo, encargándose de resolver absolutamente todas las labores domésticas, que incluyen la colada de su amado, en quien piensa constantemente mientras compagina esas obligaciones con un empleo remunerado en el ámbito público; puesto que es una mujer emancipada. Su objetivo último es disponer de tiempo libre para disfrutarlo con él cuando éste está en casa. Y en esas ocasiones, al regresar del trabajo Katharina lo encuentra esperándola tumbado en un sofá, en el que permanece mientras le cuenta las anécdotas de sus viajes, a la vez que ella cocina escuchándolo encantada, acumulando el resto de tareas domésticas para realizarlas cuando no pueda gozar de su presencia:

Katharina genoß alles wie eine Theaterführung und trieb ihn durch gezielte Fragen zu immer präziseren Schilderungen. Sie aßen und redeten, sie schliefen, wurden wach, sprachen über Gott und die Welt zwischen großen Umarmungen. Das ging den Abend, die halbe Nacht, wenn Freitag war, den Sonnabend, den Sonntag. Dann war er fort. Berge Geschirrs, die Spuren seiner Zähne auf ihren Armen und große Müdigkeit ließen sie mit Rührung wohl an ihn denken. (B.H., 193) [13]

Aparentemente, los pequeños inconvenientes derivados de la evidente desigual distribución de las cargas del hogar, no suponen un problema para Katharina. Este personaje asume su condición de género y acepta la situación que acabo de describir sin expresar en ningún momento indicio alguno de descontento por cumplir con un papel tradicional de ama de casa. Aunque tenga que inventarse estrategias que la ayuden a hacer amenas las fastidiosas tareas domésticas:

Für ihren Haushalt hatte sie wiederholt Systeme erdacht, die Langeweile bei den einzelnen Arbeitsgängen zu unterdrücken. Es existierten Pläne, neben dem Ordungschaffen ersten Grades jeden Tag eine größere Anstrengung in Angriff und in Kauf zu nehmen, damit die Arbeit ihr nicht über den Kopf wüchse [...]. (B.H., 192)

El único temor que asalta a Katharina, un temor que aparentemente no tiene fundamento alguno en una relación que funciona maravillosamente, es el hecho de que algún día desaparezca el amor que Albert siente hacia ella, lo que acabaría simultáneamente con la gran amistad que ambos mantienen y a la que la protagonista, que considera que su pareja es sustituible en todos los demás aspectos, se niega a renunciar:

Aber die Liebe könnte schwinden, fürchtete Katharina mitunter. Im Bett wäre Albert noch zu ersetzen gewesen, durch ein Kollektiv ganz bestimmt, aber der Freundschaft würde sie nachtrauern müssen. Denn diese pflegen, während er mit einer anderen schliefe, ginge ihr über die Kräfte. (B.H., 195)

Tras tres días de ininterrumpido sueño, Katharina abre los ojos al mundo convertida, sin haberlo en absoluto deseado, en hombre. En el relato, vinculado en este sentido con la rica tradición literaria del realismo mágico, abanderada por autores como García Márquez o Italo Calvino, no sólo no se dan explicaciones a este mágico acontecimiento, sino que el mismo parece ser aceptado por los protagonistas con absoluta normalidad:

Da lag sie, Katharina Sprengel, [...] hatte drei Tage hintereinander geschlafen, und ihr Körper wies die männlichen Merkmale auf. [...] “Passiert ist passiert”, sang sie und ging ins Badezimmer. Langjährige Angewohnheiten schienen in diesem Falle nichts mehr zu gelten. Während sie vorher die Brause immer zuerst auf den Bauch gerichtet hatte, traf ihn nun das Wasser zwischen den Schultern. (B.H.,196)

De este modo, la amistad que mantiene con Albert, lo insustituible de su relación con él, queda por fin, tan repentina como definitivamente, asegurada:

Er (Albert, O.H.) hatte ihr so oft geholfen, und sie so oft vertanden, das ging auf keine Kuhhaut. Egal, was aus ihnen würde, die Freundschaft könnte nun kein Mensch mehr kaputtmachen. Trübungen ihres Einverständnisses waren unmöglich geworden, und sie brauchten sich niemals schonende Unwahrheiten zu sagen. (B.H.,197)

El cambio de sexo biológico, sin haberse convertido en ningún momento en un deseo explícito, transforma la relación que hacía tan feliz a Katharina en una relación eterna, mucho más satisfactoria. Asimismo, le muestra con una realidad tan pasmosa como inesperada los defectos insalvables que ella pretendía ignorar, pero que se materializan y desaparecen cuando la relación de ambos pasa a ser una relación masculina, nada convencional [14]. Desde ese momento Max, el/la nuevo/a Katharina, se olvida de esta última por completo. Especialmente tras obtener la aprobación de Albert, que no expresa inconveniente alguno en renunciar a los antiguos atributos físicos que la caracterizaban como mujer y que se muestra por el contrario encantado con la adquisición de su pareja como compañero de fatigas:

Max wollte ihm den Vortritt lassen. Albert schob ihn in die umgebaute Speisekammer. “Na, los”, sagte er und stupste ihn zwischen die Schulterblätter. Sie entledigten sich der Kleidung; Max regulierte das Wasser, Albert schlug die Binsenmatte auf den Fliesen zurück und hängte das Badelaken in Reichweite. Max unterm lauwarmen Regen sah Albert hantieren, betrachtete all seine Glieder, [...] Max fühlte das Wasser auf den Schultern im Rücken kälter werden und hielt das dritte Bein in die Luft. Albert sah es und richtete den Hohlnerv zum Himmelsäquator. Er lachte. Max zog nach und lachte Tränen. [...] “Das war wien Blitz aus heiterm Himmel”, fing Max den Satz an [...]. (B.H., 203)

Precisamente porque Albert acepta el cambio, y a pesar de que a comienzos del relato Katharina era una mujer satisfecha consigo misma, tras convertirse en un hombre, reniega categóricamente de su antiguo género:

[...] der Gedanke an eine mögliche Rückverwandlung ihm aber noch widerlicher war. (Ich bin so wiech jetz bin, ich habn orntlichen Beruf, ich beschtell mir ein Auto, ich lerne Schkat, gleich tretich außn De-Eff-De aus). (B.H.,198)

Con esa convicción soluciona los problemas derivados de su transformación, - como el cambio de documentación oficial, con una rapidez pasmosa - y a medida que la transformación biológica se va oficializando en el plano social, comienzan a aflorar incontables ventajas, entre las que destaca el poder darse de baja del DFD, que impartía incluso seminarios para enseñar a la mujer cómo programar su tiempo de la forma más rentable.

Aludiendo a la constante planificación que caracterizaba al Socialismo en la República Democrática Alemana, Sarah Kirsch cuestiona a través del personaje femenino su efectividad. Especialmente porque afectaban significativamente a la mujer, quien debía, valga la redundancia, planificar mejor su tiempo para hacerse cargo responsablemente de la casa y del trabajo. Es precisamente por ese motivo, por el que para Katharina, Albert era un estorbo, un imprevisto previsible con el que había que contar los fines de semana, para acelerar los quehaceres domésticos entre semana. En cambio siendo Max, obtiene el estatus que siempre le fue negado siendo Katharina: la igualdad de condiciones dentro de la pareja, es decir, no sólo en el ámbito público sino en el privado, ganando a su vez autodeterminación, al desligarse de todos los preceptos asignados a su género incluso en una sociedad socialista.

La relación de Albert y Katharina, a partir de entonces, de Albert y Max, es la de dos compañeros que viven juntos y se reparten el trabajo: hacen las compras, cocinan, limpian y ordenan la casa juntos. A Max le está permitido acompañar a Albert en sus viajes, aunque como copiloto y no como conductor, pudiendo desde su conversión estar presente en esa esfera masculina, cuya entrada le estaba implícitamente prohibida mientras pertenecía al género femenino. Max, a diferencia de Katharina, no siente la inseguridad de que Albert pueda abandonarlo/a algún día, porque ahora es un hombre en el sentido literal de la palabra, y su relación se basa mucho más en la amistad que en los tópicos que rigen la convivencia en una pareja convencional constituida por hombre y mujer. Además, Max obtiene derechos y libertades de los que no gozaba Katharina e, igualmente, se deshace de tópicos convencionales que habían delimitado hasta entonces su actuación por el mero hecho de ser mujer. Todo este cúmulo de ventajas la conducen a la siguiente conclusión: “Jetzt, wo ich selbern Kerl bin, jetz kriekich die Ehmannzipatzjon, dachte Max.“ (B.H., 204)

En el relato Sarah Kirsch pone por una parte de manifiesto hasta qué punto y de qué manera pueden alterarse, o incluso mutarse, los patrones de comportamiento en el seno de una relación en la que ambos sujetos se encuentran en igualdad de condiciones. Y lo hace planteando una utopía, sin la que la protagonista nunca hubiera llegado a ser consciente de sus necesidades. Y es que Katharina no percibe el problema hasta que deja de tenerlo, es decir, hasta que pierde su identidad como mujer, renegando de su género [15]:

Kirsch kritisiert in ihrer Geschichte männlich patriarchales Verhalten und sein Grundlage, die Geringschätzung der Frau. Sie zeigt, daß eine Veränderung nicht durch eine Vermännlichung der Frauen, durch eine Negation der Weiblichkeit erreichbar ist. Das macht die Ironie der Darstellung genau so deutlich wie der vollständige Verlust der erotischen Beziehung zwischen Max und Albert, der sich aus dem Verlust der Weiblichkeit wie selbstverständlich ergibt. [16]

Me permito apuntar cómo en este punto, la anagnórisis de la protagonista se hace extensiva al lector. Y es que no se debe olvidar que desde que Erasmo plasmara la primera gran utopía en la literatura universal o Stuart Miller teorizara sobre esta figura filosófica, el género utópico no sirve sino para obligar al lector a plantearse, - a través de un correlato objetivo à la Coleridge - a través de un relato altamente fantástico una serie de situaciones que no pertenecen sino al plano de la más cotidiana realidad. En otras palabras, el sueño utópico hace que el lector despierte no convertido en el sexo opuesto como la protagonista del relato; pero sí consciente como ella de problemas que antes le pasaban desapercibidos por omnipresentes, cotidianos y ancestrales. Me permito sugerir que en este sentido la utopía hace relucir células cancerosas, - empleando la terminología del darwinismo o biología aplicada a la sociedad sin aceptar para nada las connotaciones racistas de ciertos abanderados de estas corrientes, como puedan ser Haeckel o, en menor medida, Spencer - que están tan osificadas por el paso del tiempo y la costumbre que, de otra manera, permanecerían ocultas hasta causar una auténtica metástasis social en la que las desigualdades no podrían ya ser combatidas.

Por otra parte, la autora propone una posible reconciliación entre ambos géneros que pasa por subrayar la necesidad de que el hombre evolucione [17] alejándose de unas estructuras patriarcales que imposibilitan la realización de esa proyección. De esta forma, invierte el planteamiento del problema de la igualdad, señalando no a la mujer, sino a la sociedad en general, que es la que debe emanciparse:

Da der Geschlechtertausch hier nicht von einem Bewußtseinstausch begleitet wird, vollzieht man beim Lesen den Wechsel nicht wirklich mit, sondern Max ist in der Vorstellung immer noch Katharina. Damit liefert uns Kirsch ein ausgezeichnetes Zukunftsmodell für ein besseres Zusammenleben von Mann und Frau. Um dies zu erreichen, mußte nicht etwa die Frau “werden wie die Männer”, obwohl es äußerlich so scheint, sondern der Mann hatte sich zu ändern. Er mußte seine patriarchalischen Angewohnheiten ablegen. [18]

Una interpretación que confirma Inge Stephan argumentando que el hecho de que la relación heterosexual se sustituya por una homosexual no presenta realmente ninguna contribución a la solución del eterno conflicto entre géneros:

Die Idylle am Schluß der Erzählung trügt. Das kumpelhafte Zusammenleben von Max und Albert macht deutlich: Ein gleichberechtiges Verhältnis zwischen Mann und Frau ist nicht möglich, die Geschlechterproblematik ist nur lösbar, wenn die Polarität zur Gleichgeschlechtlichkeit aufgelöst wird, die heterosexuelle Beziehung in eine homosexuelle umgewandelt wird. [19]

En cualquier caso, ironizando sobre las formas de comportamiento estereotipadas correspondientes a cada uno de los géneros, Sarah Kirsch pone de manifiesto que en el estado socialista tampoco se logró la pretendida igualdad, al mismo tiempo que se sirve de la desconstrucción del opuesto binario grand narratives/pètit recits postulada por Lyotard, entre otros. Su crítica, sin embargo, sobrepasa las fronteras de la RDA, ya que lo que cuestiona a través de su protagonista no es la legitimidad de las medidas adoptadas en el ámbito público a favor de la equidad entre ambos géneros, sino la vigencia de una estructura de pensamiento que imposibilita la efectividad de cualquier reforma que provenga desde el exterior [20], algo que ella misma resume en una entrevista publicada en 1976 en un periódico de la República Federal:

[...] damit wollte ich eigentlich nur sagen, daß es in der Beziehung zwischen Männer und Frauen mitunter sehr schwierig ist, daß die Frauen sich große Mühe geben, ganz kameradschaftlich mit den Männer zu leben, daß es aber eigentlich erst möglich ist, daß all die kleinen Dinge des Alltags erst klappen, wenn zwei Männer zusammen sind, daß dann einer für den anderen einspringt, was bei zweigeschlechtlichen Beziehungen mitunter nicht der Fall ist. [21]

 

3. Irmtraud Morgner: Gute Botschaft der Valeska in 73 Strophen [22]

Morgner ist gegen jede Verklärung des Matriarchats, wie sie im Zuge der Frauenbewegung immer wieder aufgetreten ist, und spricht sich wiederholt für die sogenannte “dritte Ordnung”, aus die “weder patriarchalisch noch matriarchalisch sein soll [...], sondern menschlich. [23]

Irmtraud Morgner es, al igual que Sarah Kirsch, una escritora que no se identifica con el feminismo “ortodoxo”, sino que aboga por lo que considera un cambio necesario de estructuras de pensamiento que afecte a ambos géneros en la misma medida, huyendo siempre del maniqueísmo simplista. Aunque su obra está enmarcada dentro de la rutina diaria de la RDA y ella se declara una comunista militante [24], Morgner es uno de los pocos autores que abandona la fórmula del realismo socialista para introducir la fantasía en sus narraciones, en las que propone un pensamiento utópico que incita al lector a cuestionar su realidad. Precisamente por este motivo, el relato que da título a este apartado fue censurado en dos ocasiones. [25]

Gute Botschaft der Valeska in 73 Strophen se encuentra incluido en la novela Leben und Abenteuer der Trobadora Beatriz, primer volumen de la trilogía de Morgner conocida como Salman [26]. Concretamente en el duodécimo de los trece libros que estructuran esta primera parte se concentra el relato en cuestión del que me ocupo, si bien en esta compleja edición se aportan datos de la protagonista, Valeska Kantus, con anterioridad, a través de los intermedios que se intercalan con los libros que componen la novela Leben und Abenteuer der Trobadora Beatriz. De esta forma, el lector ya sabe, antes de introducirse de lleno en el relato, que Valeska, - una mujer que vive sola con su hijo, herencia de su primer matrimonio - mantiene ya desde hace un par de años una relación con el científico Rudolf y que éste, para horror de la protagonista, acaba de proponerle que ambos compartan un piso: “Denn Rudolf war Hausfrauen gewohnt.“ (T.B., 423)

Valeska, que se considera una investigadora mediocre, comparte profesión con su pareja, que es quien acapara el reconocimiento en la vida real, por el mero y simple hecho de ser hombre. Esta dura realidad falocrática no parece importunar particularmente a la protagonista hasta el momento en el que su compañero le hace la proposición de compartir techo, un momento en el que a Valeska se le hace presente que quizás no sea tan prescindible en su trabajo como había llegado a considerarse:

Sie hielt sich für eine jederzeit ersetzbare Mitarbeiterin, [...] Nach der sieghaften Verteidigung einer aufsehenerregenden Hypothese aber, [...] begegnete Valeska auf dem Heimweg etwas, das sie sich als Gesicht erklärte. Befremdlicherweise war es ihr eigenes. [...] Und es paßte ganz und gar nicht in eine gemeinsame Wohnung. (T.B., 422)

Reflexionando sobre su embarazosa situación se formula arbitrariamente la pregunta: “Mann mußte ein Mann sein?” (T.B., 424) como posible solución a un problema que dejaría de serlo si dejara de ser una mujer, en cuyo caso se reconocerían sus virtudes como científica, además de no tener que asumir una vida en común como equivalente inmediato a su conversión en una ama de casa. Angustiada ante la decisión que ha de tomar, Valeska se pregunta otras dos veces más si debería convertirse en un hombre, manifestando un deseo que repentinamente se convierte en realidad cuando una mañana despierta como tal junto a Rudolf. Un acontecimiento sobrenatural que la protagonista asume como una broma o un acto de venganza por parte de su compañero [27]:

Valeskas Sohn war überzeugt, daß Rudolf zaubern konnte. Also der physischen Weisheit ihres Sohnes folgend, vergaß Valeska ihr Gesicht, ihr Wort, das an ihr geschehen war, [...] und erklärte die Verwandlung, [...] als zauberischen Racheakt. (T.B., 428)

Como ya le ocurriera a Katharina en el relato anterior, Valeska acepta la repentina transformación con una tranquilidad pasmosa. Aún más, en calidad de científica pragmática, toma la tajante decisión de no reflexionar sobre lo ocurrido, sino aceptarlo como una circunstancia que ni ha elegido ni puede cambiar:

Über Gegenstände, die durch Denken nicht beeinflußbar waren, zu denken, hatte sich Valeska mühsam abgewöhnt. Aus verhaltensökonomischen Gründen. [...] Wenn sie sich eine Art hätte aussuchen können, hätte sie vielleicht, ihrer erotischen Neugier folgend, die zwitterhafte gewählt. (T.B., 429)

Sin embargo, temiendo que su nueva condición no sea aceptada por su compañero, decide marcharse a Moscú:

Moskau war überhaupt der einzig denkbare Fluchtpunkt für einen Mensch wie Valeska in Valeska Zwangslage. Weil ihr wie dem weiblichen Geschlecht überhaupt nur ein Fluchtweg blieb: der nach vorn. Dienstreisen nach Paris, Rom und anderen Orten der Vergangenheit hätte Valeska jetzt also unter keinen Umständen angetreten. (T.B., 431)

La decisión de alejarse de patria y varón al mismo tiempo no carece de ironía puesto que mucho antes de tomarla, Valeska había podido constatar lo erróneo de algunas de sus afirmaciones categóricas sobre la inmejorable situación de la mujer en la RDA. Precisamente porque como fémina no se le había escapado la paradoja en la que había desembocado el Socialismo. A pesar de lo cual, opta por huir a un país socialista en el que aún tiene la esperanza de encontrar la utopía convertida en una realidad.

Cuando Valeska llega a Moscú procura que los demás no noten la transformación de género que acaba sufrir, recurriendo al maquillaje para evitar problemas con la documentación oficial y fingiendo bronquitis al telefonear a su amiga Shenja para anunciarle su llegada. Con ello, sus primeras impresiones en la tierra prometida, continúan estando condicionadas por su género, y es ocultándose en éste como experimenta su primera gran decepción, precisamente al intentar entrar con su amiga en un hotel en el que no se admite el acceso de mujeres sin compañía masculina:

Der Türdienstmann des Restaurants verweigerte beiden den Zutritt. Unbegleitet. Weil Peking ein anständiges Lokal wäre. [...] Was? Und da stürzte Freundin Shenja nicht vor Wut einen Tisch um? Da verlangte sie nicht den Hotelchef? Da sagte sie “komm” und zog Valeska weg? (T.B., 432)

Dispuesta desde ese momento a beneficiarse de su situación, a pesar de su manifiesta indignación, Valeska se descubre como hombre, pudiendo como tal acceder al restaurante. Pero también lo hace ante su amiga, con la que posteriormente mantiene relaciones sexuales:

Später Liebe in der kommunalen Wohnung. [...] Gedankenlos. [...] Shenja war nicht verwöhnt, also begeistert. (T.B., 434)

Como Shenja vive en una comuna, Valeska tiene la oportunidad de conocer a los demás habitantes, sintiéndose en la necesidad de confesar a las mujeres que la componen su transformación. Éstas la alientan a hacer uso de su físico varonil para propagar sus ideas de emancipación y rebelarse así contra tópicos patriarcales. Esto a su vez la induce a pensar en Rudolf, a cuestionarse por qué su compañero cree estar siempre en posesión de la verdad, mientras ella duda, algo que considera necesario para evolucionar:

Rudolf zwang nichts, sich in Zweifel zu ziehen. Seine Artzugehörigkeit erlaubte ihm die Überzeugung, die Norm zu sein. [...] Rudolf war ein Mann für Feiertage: Reisen, Räusche, Religionen. Da er sich für den Größten hielt, konnte er auch nicht zweifeln, daß ihm das Größte gehörte: also alles. (T.B., 436)

Pero a pesar de no desaparecer por completo de sus pensamientos, Rudolf continúa en un segundo plano cuando la protagonista, que recibe la noticia de su llegada a Moscú por motivos profesionales, decide regresar a Alemania, donde prosigue como hombre analizando las estructuras de poder y poniendo de manifiesto desigualdades de género, que se propone romper. Así induce a otra de las mujeres con las que se relaciona, Lena, - “Lena hetzte durch die Tage, sechs Uhr aufstehen, Kind in den Kindergarten bringen, heizen, aufräumen, dichten, einkaufen, [...] Wäsche waschen, kochen [...].“ (T.B./439, 440) - una escritora que subordina su vocación al cuidado de su hijo, a rebelarse contra sus cadenas:

Warum zum Teufel legst du dir nicht ein paar Allüren zu, die dir die Sitte arthalber versagt hat, warum eigentlich setzt du deinem Lebensgefährten nicht mal die Tochter auf den Schreibtisch - bitte, was man nicht kann, muß man lernen [...]. (T.B, 440)

También lo hace con Wibke, otra de sus nuevas amistades, a quien le explica que la tradición y las costumbres patriarcales heredadas de épocas anteriores sobreviven por convenio colectivo, por lo que para que la sociedad evolucione, la mujer debe dejar de acatar modelos de comportamiento que fomenten la separación de ambos géneros. Algo que en su opinión comienza disfrutando de la sexualidad, que la mujer suele relegar a un segundo plano para potenciar su faceta de madre y ama de casa, víctima de unos prejuicios que no pueden solventarse únicamente con su incorporación laboral.

Tras las experiencias vividas con Lena, Wibke y Shenja, Valeska llega a la conclusión de que la solución ideal para una mujer no es convertirse en hombre, sino gozar de los derechos innatos que a éste por su género le corresponden. De hecho, la protagonista echa de menos a Rudolf y aunque continúa temiendo su reacción ante la evidente transformación, tiene que admitir que ninguna de sus relaciones con mujeres ha sido tan satisfactoria como la que mantenía con su compañero, al que añora su yo femenino:

“Ich gebs auf”, sagte Valeska in dieser Nacht. [...] Das Mannsein nützt mir ohnehin wenig, wenn mir nicht auch meine Vergangenheit samt Rollenerziehung weggezaubert ist. Eine Frau mit männlicher Vergangenheit müßte man sein!”. (T.B., 441, 442)

Convencida de que la igualdad no depende exclusivamente de las medidas que adopte un régimen político en el ámbito público, Valeska repite que sólo puede conseguirse en el ámbito privado mediante la modificación de tópicos y convencionalismos. Como vemos, de nuevo se visitan los postulados de Lyotard que cuestionan con postmoderna incredulidad la disociación extrema de los ámbitos público y privado. Por lo tanto la emancipación femenina sólo es factible si va de la mano de la masculina, lo que supone concebir una sociedad en constante evolución. Ensimismada en estos pensamientos, Valeska comienza a escribir el mensaje que se anuncia en el título, olvidándose de comer y del miedo que siente ante el hecho de que Rudolf descubra su conversión. De este modo, cuando éste penetra inesperadamente en la casa, descubre la verdad, y para sorpresa de Valeska, la acepta sin protestas:

Da erkannten sie, daß sie notfalls die Bilder entbehren konnten, die sie sich voneinander und die andere für sie gemacht hatte. Da wußten sie, daß sie einander liebten. Persönlich -Wunder über Wunder. Und sie gaben ihre Wohnungen auf und bezogen eine gemeinsame. Und sie lebten drin in idealen ehelichen Zuständen. (T.B., 443)

Desde ese momento las dudas quedan resueltas y ambos se convierten en una pareja feliz, que comparte un mismo techo. Eso sí, Valeska adopta un cuerpo femenino por las noches mediante la curiosa fórmula de ingerir valeriana mientras se concentra en pensar que procede de la costilla de un hombre. Con ello, pretende disfrutar de la sexualidad como mujer evitándole complicaciones a Rudolf. Sin embargo, durante el día vuelve a adoptar el físico de un hombre, para fastidio de su compañero, que por esa causa, como explica explícitamente el relato, se ve obligado a cumplir su parte en las tareas domésticas, que no pueden relegarse en una mujer que sólo existe como tal en la oscuridad. El relato concluye con este final utópico.

La solución que propone Valeska para el género femenino, tras haber constatado en lo que se traduce su última esperanza, el Socialismo, es la androginia. Exactamente ése es el estatus que ella adquiere. Para recuperar la confianza en sí misma como científica y no sentirse condenada a convertirse en un ama de casa sin tener que renunciar a Rudolf, su propuesta consiste en prescindir a medias de su identidad femenina adquiriendo parcialmente la masculina. Una conclusión a la que llega dudando, experimentando y evolucionando como ser humano, es decir, ni exclusivamente como mujer ni como hombre.

Aunque en un principio tanto la autora como la protagonista confiaban ciegamente en el Socialismo, el relato revela la transformación de ambas, que se ven obligadas a reconocer el fracaso de un sistema condenado al estatismo [28]. Frente a ese inmovilismo Valeska propone una actitud activa que fomente la evolución, y lo hace desde un punto de vista femenino, aunque no necesariamente feminista, postulando por una ruptura con estructuras obsoletas. Contraponiendo el Socialismo dogmático con el real para invitar a una reflexión sobre la situación de la mujer no sólo en el régimen político de la RDA, sino en cualquier sistema capitalista, ya que su crítica se concentra en la vigencia de una estructura de pensamiento que regula el núcleo de la vida familiar independientemente de la ideología política.

Morgner, que va más alla que Sarah Kirsch, no aporta respuestas concretas que solucionen los problemas. Por este motivo plantea una utopía, que dejaría de serlo si la obra fuera cerrada, entroncando así con la grandiosa tradición de la filosofía helenística que nunca ofrece respuestas sino innumerables cuestiones. El hecho de que la protagonista decida ser andrógina, que no pueda decantarse por asumir la identidad que conlleva el género, es lo que hace reflexionar al lector y lo que le demuestra que el género no es más que un mero constructo sociocultural.

 

4. Conclusiones.

Tanto Sarah Kirsch como Irmtraud Morgner parten de la base en sus correspondientes relatos, de que la emancipación de la mujer ya se ha conseguido, en el sentido de que la incorporación laboral es un hecho y de que en la Constitución de la República Democrática Alemana están recogidos una serie de derechos que explicitan la igualdad entre ambos géneros. A partir de ahí, subrayan el abismo perceptible entre la teoría y la práctica desde el punto de vista de personajes femeninos que aportan como solución al problema de la discriminación que sufre la mujer, la emancipación del hombre y de la sociedad en general, no exclusivamente de uno de los géneros.

La diferencia fundamental entre ambos relatos consiste en el hecho de que mientras que Katharina renuncia para siempre a su feminidad, Valeska es incapaz de renegar por completo de la suya. Katharina acepta el cambio y se adapta a un rol masculino estereotipado, entre otras razones porque para ella Albert es completamente prescindible en un plano erótico. Valeska en cambio, sigue siendo una mujer en su figura masculina, y por tanto puede culminar sus deseos sexuales únicamente con Rudolf, eso sí, liberada de tabúes. El mensaje que predica con su ejemplo, la androginia, es el estado de igualdad que pretende conseguir, poniendo de manifiesto los aspectos positivos y negativos de ambos géneros. Su pensamiento sigue en constante evolución, a diferencia del de Katharina quien, a pesar de poner de manifiesto la necesidad de que se produzcan cambios que fomenten la equidad entre ambos géneros, se rinde como mujer, renunciando a su sexo biológico.

Por lo demás, las dos protagonistas tienen mucho en común; las dos sufren delimitaciones tanto en el plano laboral como en el personal por el mero hecho de ser mujeres, y aunque ambas sean independientes económicamente, dependen emocionalmente de sus respectivas parejas, motivos más que suficientes para proyectar una utopía en la RDA.

Habiendo sido testigos presenciales de las consecuencias de la puesta en práctica del Socialismo, Sarah Kirsch e Irmtraud Morgner esbozan relatos fantásticos en los que cuestionan la efectividad del sistema de la RDA, que derivó en un patriarcado dictatorial. Frente a lo que ambas conciben como un fracaso, proponen una situación ideal, y en consecuencia irreal, en la que la humanidad no fije roles y convenciones culturales, sino que evolucione, como lo hacen las figuras femeninas en ambas obras, a diferencia de las masculinas, que permanecen estáticas. En ese sentido, estos textos no son sino herederos de una rica y seminal tradición de sátira que va desde Juvenal a Swift pasando por Molière y que llega hasta nuestros días y se evidencia en la práctica totalidad de autores postmodernos, desde John Barth hasta Günter Grass o Salman Rushdie, por plantear ejemplos muy distanciados en lo geográfico.

Ninguna de las autoras hace explícitamente apología del feminismo o crítica al machismo, sino que abogan por encontrar una solución intermedia que equilibre las relaciones entre ambos géneros, alejándose de los convencionalismos, costumbres y tradiciones que delimitan su actuación. Más que de dos historias utópicas, se trata por tanto, de dos historias con pensamiento utópico, que ponen de manifiesto la posible y necesaria modificación de la realidad social no sólo en la RDA.

 

Notas:

[1] En: “Grußadresse des DFD an Genossen Erich Honecker, anläßlich des 25. Jahrestages der Gründung der DDR“, en: Für Dich, Illustrierte Zeitschrift für die Frau, Heft 42/1974, pág. 7, aquí, citado en: Meyer, Carla: Vertauschte Geschlechter - verrückte Utopien: Geschlechtertausch - Phantasien in der DDR - Literatur der siebziger Jahre, Pfaffenweiler: Centaurus, 1995, pág. 65.

[2] A partir de ahora emplearé las siglas RDA para referirme a la República Democrática Alemana (1949-1989).

[3] En un principio, en comparación con la República Federal, en la Alemania oriental la mujer gozaba de un mayor número de derechos, recogidos todos ellos de forma más explícita en la legislación. De esta forma, mientras la ley orgánica de la RFA permaneció invariable desde 1949, la de la RDA, sobre la base de enmienda constitucional de 1968, realizó modificaciones en las que quedaban precisados los derechos de la mujer con el fin de garantizar el deber del Estado hacia las mismas. (Cfr., Meyer Carla: Vertauschte Geschlechter - verrückte Utopien: Geschlechtertausch - Phantasien in der DDR - Literatur der siebziger Jahre, op. cit., págs. 67-68).

[4] Meyer, Carla: Vertauschte Geschlechter - verrückte Utopien: Geschlechtertausch - Phantasien in der DDR - Literatur der siebziger Jahre, op. cit., pág, 69.

[5] En un léxico político publicado con posterioridad a la desaparición de la RDA, se encuentra una definición precisa del significado e implicaciones de las siglas S.E.D., el Partido Socialista Unificado de la Alemania del Este: “Sozialistische Einheitspartei Deutschlands. Staatspartei der DDR […] Die Organisation der SED folgte dem Prinzip des ‘demokratischen Zentralismus’ (absolute Verbindlichkeit der Beschlüsse höherer Ebenen gegenüber den unteren) und war vollkommen hierarchisch. […] Die SED war nach dem Territorial - und dem Produktionsprinzip aufgebaut […] (und) beherrschte Politik, Wirtschaft und Gesellschaft in der DDR in allen Bereichen.” (Schubert, Klaus; Klein, Martina (eds.): Politiklexikon, Bonn: Bundeszentrale für politische Bildung, 2006, págs. 279-280).

[6] A partir de ahora emplearé el sustantivo Partido en mayúsculas para aludir al SED, que como he mencionado con anterioridad, era el único partido político existente en la práctica en la República Democrática Alemana.

[7] Schwarz, Gislinde: “Aufbruch der Hexen - Die Revolution der Frauen in der DDR”, en: Kahlau, Cordula, (ed.): Aufbruch! - Frauenbewegung in der DDR-Dokumentation, München: Frauenoffensive, 1990, págs. 8-24, aquí: pág. 12.

[8] Si se me permite el símil anacrónico, se caminaba a pasos agigantados hacia el dictum absolutista del “todo para la mujer, pero sin la mujer”.

[9] En: Grußadresse des DFD an Genossen Erich Honecker - Erster Sekretär des ZK der SED”, en: Für Dich, Heft 42/1974, pág. 7, aquí, citado en: Meyer, Carla: Vertauschte Geschlechter - verrückte Utopien: Geschlechtertausch - Phantasien in der DDR - Literatur der siebziger Jahre, op. cit., pág. 73.

[10] Como consecuencia de la cual, la mujer se había visto obligada a asumir el trabajo dentro y fuera de casa, optando en muchos casos por renunciar a la descendencia en beneficio de la independencia económica. El origen de esta “doble carga“ a la que se ve sometida la mujer, la resume Carla Meyer en la siguiente afirmación: “Die so verstandene Gleichberechtigung der Frau eröffnete zwar den Frauen den Weg in die Produktion, dennoch bedeutete dies nicht, daß über das notwendigste hinaus - die Unterbringung und Betreuung der Kinder - der traditionell weibliche Arbeitsbereich Haushalt und Familie eine grundlegende Umstrukturierung erfuhr. Frauen waren auch weiterhin für die Organisierung und Gestaltung des Familienlebens zuständig. Resultat dieser faktischen Doppelbelastung von Frauen war, daß die Geburtenrate in der DDR drastisch sank“. (Meyer, Carla: Vertauschte Geschlechter - verrückte Utopien: Geschlechtertausch - Phantasien in der DDR - Literatur der siebziger Jahre , op.cit., pág. 74).

[11] Como afirma Carla Meyer: “Frauen stehen ihren Mann und bilden sich dabei, zum Nutzen und für den Fortschritt der sozialistischen Menschengemeinschaft wirken, zu sozialistischen Persönlichkeiten [...]. Die Frau als sozialistische Persönlichkeit aber wurde als Idealbild propagiert, hinter dem die reale Frau mit ihren realen Bedürfnissen, Interessen und Vorstellungen vollständig verschwand und auch verschwinden sollte. Das zeigt anschaulich die Geschichte des DFD und der Betriebsfrauenausschüsse, die immer dann von “Vater Staat” in ihrer Arbeit reglementiert wurden, wenn Frauen begannen, gemäß ihrer Lebensbedingungen und erfahrungen gestaltend oder gar verändernd in die männliche Sphäre Berufs-und öffentliches Leben einzugreifen“. (Meyer, Carla: Vertauschte Geschlechter - verrückte Utopien: Geschlechtertausch - Phantasien in der DDR - Literatur der siebziger Jahre, op.cit., pág. 78).

[12] El título de este relato de Sarah Kirsch, publicado por primera vez en 1973, (Vid., Kirsch, Sarah: »Die ungeheuren bergehohen Wellen auf See«, Berlin, DDR: Eulenspiegel, 1973) coincide con el de la antología de textos en la que se incluye en 1975, (Vid., Kirsch, Sarah: “Blitz aus heiterm Himmel, en: Anderson, Edith: Blitz aus heiterm Himmel, Rostock: VEB Hinstorff, 1975), cuya edición, a cargo de Edith Anderson, tenía como objetivo presentar una serie de contribuciones de diferentes escritores en torno a un único tema: el cambio utópico de sexo biológico.

[13] A partir de ahora recurriré a las siglas B.H. para hacer referencia al relato Blitz aus heiterem Himmel de Sarah Kirsch, contenido en la antología con el mismo título de Edith Anderson. (Vid., Anderson, Edith: Blitz aus heiterm Himmel, Rostock: VEB Hinstorff , 1975, págs. 189-207).

[14] Quiero aquí hacer notar los vínculos que enlazan este relato con las teorías de Víctor Shklovski y la teoría del extrañamiento.

[15] Cfr. Meyer, Carla: Vertauschte Geschlechter - verrückte Utopien: Geschlechtertausch - Phantasien in der DDR - Literatur der siebziger Jahre, op.cit., págs. 146-150.

[16] Schmitz-Köster, Dorothee: “Trobadora und Kassandra und... - Weibliches Schreiben in der DDR”, Köln: Pahl-Rugenstein,1989, pág. 77.

[17] Aquí se entrevé de nuevo la concepción del artista como “célula especializada de alarma social”, así como la permeabilidad de la literatura filosófica del siglo XX respecto a las teorías de Darwin, en palabras de Kurt Vonnegut, que la autora parece mantener.

[18] Bahr, Gisela E.: “Blitz aus heiterm Himmel. Ein Versuch zur Emanzipation in der DDR”, en: Paulsen, Wolfgang (ed.): Die Frau als Heldin und Autorin - Neue kritische Ansätze zur deutschen Literatur, Bern/München, 1979, págs. 223-236, aquí: pág. 231.

[19] Stephan, Inge: “Daß ich Eins und doppelt bin...“ Geschlechtertausch als literarisches Thema“, en: Weigel, Sigrid; Stephan, Inge (eds.): Die verborgene Frau - Sechs Beiträge zu einer feministischen Literaturwissenschaft, Hamburg/Berlin: Argument, 1988, págs. 153-175, aquí: págs. 155,156.

[20] Lo que vincula este texto con las teorías post-coloniales de autores como Edward Said o Gayatri Spivak.

[21] Corino, Karl: “Privat würde ich als ein Schimpfwort empfinden - Vom Beschreiben eines politischen Lebens, von Träumen, denen mißtraut werden muß: Ein Gespräch mit der DDR-Autorin Sarah Kirsch“, en: Deutschland - Archiv 8, 1975.

[22] Morgner, Irmtraud: “Gute Botschaft der Valeska in 73 Strophen“, en: Morgner, Irmtraud: Leben und Abenteuer der Trobadora Beatriz nach Zeugnissen ihrer Spielfrau Laura, Berlin/Weimar; Luchterhand, 1983, págs., 421-444. A partir de ahora las siglas T.B. hacen referencia a la presente edición.

[23] Ölke, Martina: ““...wie man mit beiden Beinen auf der Erde träumt”. Utopische Entwürfe im Werk Irmtraud Morgners“, en: Utopie und Gegenwart, Freiburger Frauenstudien. Zeitschrift für Interdisziplinäre Frauenforschung, Heft 2/4, Jos Fritz, 1998, págs. 95-119, aquí: pág. 111.

[24] Como declara la misma escritora en una entrevista: “Ich bin eine Kommunistin, die die speziellen Forderungen der Frauen außerordentlich bewegt. [...] Der erste große Schritt für die Frauenbefreiung ist die sozialistische Revolution. Und dann kommt noch ganz viel Arbeit.” (Krechel, Ursula: “Das eine tun und das andere nicht lassen“, en: Konkret, 10, 1976).

[25] Originariamente el relato formaba parte de Rumba auf einem Herbst (1965), una obra de Morgner que fue prohibida por la censura. La historia de Valeska tampoco correría mejor suerte años más tarde, cuando a pesar de estar prevista su inclusión en la antología de textos editada por Edith Anderson, Blitz aus heiterm Himmel, fue finalmente rechazada por motivos poco transparentes. (Cfr., Emmerich, Wolfgang: “Nachwort”, en: Kirsch, Sarah; Morgner, Irmtraud; Wolf, Christa: Drei Geschichten über die Umwandlung der Verhältnisse, Darmstadt/Neuwied: Luchterhand, 1980, págs.101-126).

[26] Leben und Abenteuer der Trobadora Beatriz nach Zeugnissen ihrer Spielfrau Laura (1974) es la primera de las novelas, también la de mayor éxito, que constituyen la trilogía Salman. En ella la trovadora Beatriz de Día, que interrumpe su vida en el siglo XIII con el deseo de despertar algún día en un mundo donde exista un sistema político que permita la convivencia democrática de ambos géneros, despierta antes de tiempo tras un largo sueño, encontrándose primeramente en Francia, en medio de acontecimientos revolucionarios, y desplazándose posteriormente a la RDA, en mayo del año 1968, un año crucial en la vida real de la autora, que rompe con la fórmula del realismo socialista que impregnaba sus primeras obras para comenzar a desarrollar un estilo propio, que caracterizará su escritura a partir de ese momento. En la segunda parte de su trilogía, Amanda, ein Hexenroman (1983), Morgner resucita a Beatriz y Laura, los personajes principales de Leben und Abenteuer der Trobadora Beatriz, quedando incompleta la tercera parte, Das Heroische Testament, debido a la muerte de la escritora. Esta última novela fue publicada a título póstumo en 1998.

[27] Me gustaría llamar la atención sobre la sutil ironía con que la autora se mofa de los poderes supra-terrenales que la sociedad presupone en los varones y que conducen a la mujer a pensar que su pareja pueda en efecto ser capaz de tornar sus propios atributos sexuales.

[28] Esta transformación ideológica la explica la propia escritora en una entrevista: “Und ich glaubte ja auch früher, wenn der Sozialismus aufgebaut wird, ist die Frauenfrage ein sekundäres Problem und erledigt sich irgendwie von selbst. Aber wir haben die Erfahrung machen müssen, daß jedenfalls ein stalinistischer Sozialismus das Frauenproblem weder lösen kann noch will, weil er eine Männergesellschaft ist [...]“. (Morgner, Irmtraud: “Jetzt oder nie! Die Frauen sind die Hälfte des Volkes! Interview mit Alice Schwarzer“, en: Emma, 2, 1990.

 

Bibliografía consultada:

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Bahr, Gisela E.: “Blitz aus heiterm Himmel. Ein Versuch zur Emanzipation in der DDR”, en: Paulsen, Wolfgang (ed.): Die Frau als Heldin und Autorin - Neue kritische Ansätze zur deutschen Literatur, Bern/München, 1979, págs. 223-236.

Corino, Karl: “Privat würde ich als ein Schimpfwort empfinden - Vom Beschreiben eines politischen Lebens, von Träumen, denen mißtraut werden muß: Ein Gespräch mit der DDR-Autorin Sarah Kirsch“, en: Deutschland - Archiv, 8, 1975.

Emmerich, Wolfgang: “Nachwort”, en: Kirsch, Sarah; Morgner, Irmtraud; Wolf, Christa: Drei Geschichten über die Umwandlung der Verhältnisse, Darmstadt/Neuwied: Luchterhand, 1980, págs.101-126.

Kahlau, Cordula: Aufbruch!- Frauenbewegung in der DDR-Dokumentation, München: Frauenoffensive, 1990.

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Meyer, Carla: Vertauschte Geschlechter - verrückte Utopien: Geschlechtertausch - Phantasien in der DDR - Literatur der siebziger Jahre , Pfaffenweiler: Centaurus, 1995.

Morgner, Irmtraud: “Gute Botschaft der Valeska in 73 Strophen“, en: Morgner, Irmtraud: Leben und Abenteuer der Trobadora Beatriz nach Zeugnissen ihrer Spielfrau Laura, Berlin/Weimar: Luchterhand, 1983, págs. 421-444.

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Párraga Martín, Javier: “Kurt Vonnegurt y el humor negro“, en: Espéculo, 44, 2010.

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Puknus, Heinz. Neue Literatur der Frauen: Deutsprachige Autorinnen der Gegenwart, München: Beck, 1980.

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Stephan, Inge: Frauensprache-Frauenliteratur? Für und Wider einer Psychoanalyse literarischer Werke, Tübingen: Max Niemeyer, 1985.

Stephan, Inge: “Daß ich Eins und doppelt bin...“ Geschlechtertausch als literarisches Thema“, en: Weigel, Sigrid; Stephan, Inge (eds.): Die verborgene Frau - Sechs Beiträge zu einer feministischen Literaturwissenschaft, Hamburg/Berlin: Argument, 1988, págs. 153-175.

 

© Olga Hinojosa Picón 2011

Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

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