“Romeo el africano”: Encuentro con el “otro” y (re)definición de identidades
en Las voces del estrecho de Andrés Sorel (2000)

Marianela Rivera Ph. D.

Stenden University, Qatar
marianela_rivera00@yahoo.com


 

   
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Resumen: El presente trabajo analiza la manera en que se (re)define y se transforma la identidad y percepción de los personajes (“yo” vs. “el otro”) en el relato “Romeo el africano”, de Andrés Sorel, cuya trama se centra en la inmigración norteafricana en España.
Palabras clave: Inmigración norteafricana, identidad, otredad, Andrés Sorel

 

“La emigración no es un tránsito, suele ser un drama porque su equipaje no es voluntario ni caprichoso, sino forzado por el hambre, por la falta de empleo o por las persecuciones políticas.” [1]
Juan José Téllez Rubio

 

A partir del fin de la dictadura a mediados de la década de los 70 y con la posterior integración de España a la Comunidad Europea en el 1986, la república española abandonó su papel de país emisor de emigrantes para convertirse poco a poco en receptor de inmigrantes principalmente provenientes de África y América Latina, muchos de ellos ilegales. En el caso de los inmigrantes africanos, constantemente las autoridades costeras reportan el hallazgo de cadáveres de hombres y mujeres que intentaron infructuosamente cruzar los 34 kilómetros de agua que separan a la Península Ibérica del Norte de África. No obstante y a pesar de los altos riesgos y las pocas probabilidades de supervivencia, la cifra de inmigrantes arrestados y deportados por las autoridades o hallados muertos es cada vez más alta.

Con la llegada de la nueva ola de inmigrantes y los importantes cambios políticos, económicos y sociales que se fueron dando tanto en España como en toda Europa, ha sido innegable el choque cultural que ha dado lugar a nuevos procesos de integración y adaptación tanto de parte del recién llegado como para la comunidad que los recibe. Como consecuencia, han surgido polémicas sociales que incluyen, entre otros temas, la búsqueda de nuevas definiciones para el concepto de identidad.

Miri Song define la identidad como un concepto que trata sobre pertenencia, sobre lo que se tiene en común con otras personas y lo que diferencia a un individuo de otros (Song 2003:1). Es la identidad lo que brinda a un individuo un sentido de localización personal y a su vez lo que provee estabilidad a la individualidad de la persona. Según Song, la identidad trata sobre relaciones sociales y la relación de un individuo con otros, incluyendo género, clase, sexualidad, edad y religión. Siguiendo esa misma línea, el profesor David Herzberger explica que la identidad, ya sea grupal o individual, nace da la necesidad humana de filiación y está ligada a conceptos de religión, lenguaje, nación o género. Ésta implica una relación del “yo” con el exterior y a su vez provee seguridad y calma al que la busca (Herzberger 1999: 105).

En el caso de los inmigrantes en España, su identidad es cuestionada a diferentes niveles tanto por los ciudadanos españoles como por ellos mismos. El proceso de integración así como los obstáculos presentados al inmigrante durante el mismo predisponen la existencia de un “otro” que no corresponde únicamente el inmigrante, sino que es una “otredad” recíproca donde el español es visto como el sujeto discriminante frente al inmigrante convertido en el objeto discriminado.

Con ello en cuenta, y utilizando el relato “Romeo el africano”, de Andrés Sorel, este trabajo se concentra en analizar la manera en que se (re)construye la identidad del inmigrante africano partiendo de una imagen predispuesta en la conciencia del español y en la manera en que el inmigrante ilegal se define a si mismo aún antes de pisar suelo europeo. El análisis a su vez parte de la contraposición de la doble percepción que tiene el español sobre el mundo al otro lado del Estrecho de Gibraltar (exotismo vs. tercermundismo) frente a la realidad del diario vivir de los norteafricanos. Este estudio enfatiza la imposibilidad del inmigrante de formar parte del sistema dominante y se le da prioridad a la manera en que la definición del “yo” norteafricano evoluciona y se destruye a medida que se crea la visión de un “otro” español superior y codiciado.

La obra Las voces del Estrecho está compuesta por relatos que en su mayoría presentan la miseria y la necesidad económica como las razones principales que impulsan a los emigrantes a viajar a España desde el Norte de África. Sin embargo, ello no significaba que el desempleo y la imposibilidad de proveer económicamente a la familia fuera una situación libre de excepciones. Resulta oportuno presentar una historia en cuya visión de las naciones del Norte de África no domina inicialmente en la vida del emigrante la misma noción de miseria, control y conservadurismo excesivos, sino que es la presencia del elemento español dentro del territorio nacional marroquí lo que llevan al personaje principal a redescubrirse, redefinirse e intentar cruzar el Estrecho.

La historia de “Romeo el africano” narra la historia de un joven marroquí cuya conformidad y aparente felicidad lo mueven a percibir su nación como un reflejo de sí mismo: “El tangerino [2] ama a su ciudad tanto que no puede ver o aceptar ninguna de sus carencias. Vive, en su decadencia, tan comprometido con ella, que constituye para él su segunda piel” (123). Romeo a su vez forma parte de lo que los marroquíes consideraban “los elegidos”: “Sus hermanos le preguntaban cosas del mundo en que vivía, el mundo de los elegidos” (125). Él es muy joven y no logra asimilar o identificarse con la situación por la que atraviesa su país debido a que tiene un empleo que le brinda la seguridad y la estabilidad necesarias para poder mantenerse a sí mismo y a su familia.

Romeo, el protagonista, es descrito como un joven afortunado que trabajaba como contable y que cada día visitaba el café París, privilegio que lo hacía diferente de sus compatriotas y que lo separaba del resto de los jóvenes de su comunidad. De esta forma, la definición de su identidad aparenta ser clara para Romeo mientras se mantiene dentro de los límites que su profesión y su condición social le permiten.

Dentro de este marco de autodefinición y la delgada línea divisoria entre lo que es considerado identidad y otredad, Nelson E. Coelho Jr. explica en su ensayo “The Self Experience of Otherness and the Shadows of Identity”, que la noción de la identidad debe ser entendida como la experiencia (consciente o inconsciente) del yo y del sentido del yo establecido por medios de identificaciones sucesivas que sostienen el sentido de continuidad del yo por parte del sujeto (Coelho 2003: 93), en este caso Romeo. Sin embargo el sentido de identidad de Romeo se ve afectado por la presencia del elemento extranjero, en este caso una mujer española, que lo hace cuestionarse para luego crear una definición diferente sobre sí mismo y sobre su nación. Este cambio se da a través de un proceso en el que intervienen diversos factores que a su vez se ven impulsados por un “otro” occidental, la mujer española.

En su estudio, Coelho explica que la otredad debe ser entendida como toda presencia existente que se diferencia del sujeto y que demanda una respuesta y/o reacción por parte del sujeto (Coelho 2003: 93). El personaje de la española, por ser extranjera y por ser mujer, rompe con la noción de identidad de Romeo, con su seguridad y con lo que constituye para él “lo normal”, moviéndolo a reaccionar e iniciando un proceso de búsqueda debido al cual el joven no volverá a ser el mismo de antes. La mujer española, originaria de Sevilla, se encuentra de vacaciones en Marruecos. Para ella el espacio en el que se mueve Romeo y que constituye para él la única realidad, es un lugar que la atrae por la imagen exótica descrita por autores extranjeros como Mark Twain, Tennessee Williams, Truman Capote, Paul Bowles, William Burroughs y Jack Kerouac, a quienes lo que les atrajo de Tánger “no era sólo el exotismo, sino una forma de concebir la vida, el tiempo, la historia” (127). Es la imagen creada en textos literarios lo que la mueven a visitar Marruecos: “Tánger, para ella, era una ciudad de resonancias literarias y cinematográficas. Acudió buscando sombras, recuerdos de escritores por ella leídos. Y le dio los nombres, nombre que a él (a Romeo) nada le dijeron” (126). Como consecuencia, la contraposición entre la perspectiva de ambos personajes se refuerza a medida que avanza el texto. Poco a poco la influencia que la extranjera tiene sobre la manera en que Romeo ve al mundo y a sí mismo se convierte en el factor principal que mueve al joven a redefinirse a sí mismo y a su nación.

Regresando al estudio de N.E. Coelho, Jr., el autor añade una serie de puntos que resumen el proceso de transformación que ocurre como consecuencia de la encuentro y confrontación entre el sujeto y “el otro” (Coelho 2003: 98-9). Coelho define estos conceptos como elementos principales dentro de la tensión entre identidad y otredad, los cuales a su vez forman parte de un proceso de redefinición y que pueden ser aplicables dentro de la contraposición dada a partir del encuentro entre el marroquí y la española:

[3]

Como primer punto, Coelho explica que la mirada del otro (primera señal de otredad) le revela al sujeto algo sobre sí mismo que le era desconocido (Coelho 2003: 98). Por ende, la mirada del otro, en este caso de la española, puede considerarse simultáneamente como un proceso de subjetividad y de desestabilización de una identidad ya establecida (la de Romeo). En sus conversaciones con Romeo la española intenta explicarle la manera en que ella percibe un Marruecos que el joven desconoce y al que poco a poco él quiere pertenecer. Sorel describe la reacción de Romeo como un trabajo que le costaría mucho llevar a cabo dadas las diferencias entre la imagen vendida dentro de los libros escritos por extranjeros y la realidad que Romeo había vivido:

A veces se perdía, el rostro, el cuerpo, las palabras de ella se superponían a cuanto leyera. Mas no importaba, se había convertido en su mundo, en su sueño cumplido, en su auténtica historia realizada. Eran gentes (los autores) que caminaron, habitaron su ciudad sin que él lo supiera nunca, sin que ni él, ni sus familiares, ni maestros, ni los otros libros que leyera, le hablaran de ellos. Tuvo que ser aquella extranjera, aquella joven y hermosa sevillana quien le condujera al abismo de su descubrimiento. (127)

Como segundo elemento dentro de la tensión entre identidad y otredad, Coelho menciona el trauma como el efecto del descubrimiento de lo desconocido dentro de sí mismo por parte del sujeto. Lo traumático, como señala la teoría de Emmanuel Levinas, es entonces definido como lo que no puede ser asimilado dentro del grupo de imágenes, sensaciones y/o sentimientos de sí mismo que hasta el momento habían sostenido una imagen a la que el sujeto se había acostumbrado a llamar “identidad” (Coelho 2003: 99). De la misma manera, el trauma de Romeo se concretiza a medida que el joven intenta asimilar la visión de la española sobre Marruecos con las imágenes que él conoce. Romeo entonces procede a rechazar todo lo que implica una contradicción a la idea que él desea reconstruir y la aceptación de un “sueño” como sinónimo de realidad: “Durante las conversaciones de aquellos días, le descubrió aspectos de su ciudad, de su país que él ignoraba. Algunos pudo instruirlos en veladas referencias, imaginar otros, pero siempre huyó de aquella realidad que no era la suya, demasiado quemante y peligrosa para que interfiriera en el curso ordenado, apacible de su vida” (129).

El tercer punto de N.E. Coelho, Jr. consiste en el conflicto que surge como consecuencia de la imposibilidad de asimilación por parte del sujeto con respecto al otro, amenazando la identidad del primero y llegando a un punto en el que ésta pudiera disolverse (Coelho 2003: 99). Dentro del tema de la asimilación es pertinente señalar que Andrés Sorel subraya la importancia de la perspectiva del marroquí con respecto al extranjero, específicamente en relación a los norteamericanos: “Ellos, los marroquíes, soñaban, envidiaban, emulaban a los norteamericanos en la forma de vestir, comer, en su poder, a través de sus jugadores de baloncesto, de la Coca-Cola, de las películas de la televisión” (127). Por lo tanto, el rechazo a lo propio y el intento de asimilar lo foráneo no era un concepto nuevo dentro de la sociedad tangerina, lo que sí es distinta es la actitud de Romeo frente a este proceso de redefinición del cual no era partícipe antes de su contacto con la mujer española. Esto entonces da lugar al cuarto y último paso en el proceso de contraposición entre identidad y otredad: el reconocimiento de un otro que resulta en la división de lo que hasta el momento había constituido un solo sujeto (Coelho 2003: 99). Como consecuencia, el sujeto-Romeo-se convierte en otro tanto para la extranjera (como lo era originalmente) como para su propia sociedad. Romeo entonces se ve imposibilitado de identificarse totalmente con ambos grupos ya que, como señala Coelho en su análisis, algo siempre va a escapar a la posibilidad de superposición perfecta entre el “yo” y el “otro”: (i) la presencia traumática creada por esta imposibilidad y (ii) las diferencias que exigen una respuesta y una lucha permanente entre el deseo de semejanza y la necesidad vital de un espacio producido por la diferencia (Coelho 2003: 100):

Me gustaría ser como tú, pensar lo que piensas y saber lo que sabes, pero no puedo [...] Porque nací aquí. Me educaron para lo que soy. Tengo trabajo. Volver atrás sería peor. Me gustaría escucharte, pero tú eres diferente, como tu mundo, tu religión, tus costumbres. Fíjate, yo apenas he hablado con otras mujeres, éstas aquí conversan poco, están destinadas a casarse, a cuidar y servir al marido, tú eres como las que vemos en las películas. (130-1)

Una vez establecida la lucha interior del joven marroquí con respecto a su identidad y su sentido de pertenencia, la relación entre ambos personajes y los lugares que frecuentan cambian. Una visita a la Medina le recalca al lector que la situación de los emigrantes tratada en los relatos que componen Las voces del Estrecho sigue latente en este texto:

No tuvo más remedio, un día, que acompañarla a la Medina, internarse con ella por las callejuelas del pequeño zoco. Romeo no quería detenerse en aquel paisaje de la ciudad. Sabía que llegaban de todas las tierras de África, que se agolpaban en aquellas sucias pensiones, le molestaba caminar por suelos alfombrados de basuras y desperdicios. Reparaba en el cansancio, el miedo de quienes les contemplaban, sin odio ni aprensión. Era aquello, le dijo ella, aquello, la antesala de la muerte. Estaban esperando embarcar, y muchos morirían en la travesía. Otros serían detenidos, devueltos a sus tierras. Los sin esperanza agotando las horas, las semanas, en busca de la tierra prometida (España). (130)

Ambos personajes están al tanto de la situación de los emigrantes pero ambos difieren en la percepción de la misma. La española insiste en visitar el lugar e intenta entender el por qué de la situación, mientras que Romeo se avergüenza y considera la indiferencia y la “ceguera voluntaria” con respecto a dichos sucesos como únicos métodos de supervivencia dentro del país: "Yo tengo trabajo, familia, no necesito emigrar, por eso no me gusta pasear por aquí (Medina). Además, es peligroso hablar, el Majrén está en todas partes, lo sabe todo y cuando ves algo extraño lo mejor es callar. Yo cierro los ojos porque es mejor no enterarse de lo que no quieren que te enteres” (130-1). Romeo, dentro de su propia sociedad, ya era un “otro” antes de que la española llegase, sin embargo el conflicto se materializa una vez se hace presente el elemento que da lugar al “trauma” (la española) y al reconocimiento de la falta de asimilación total a un grupo o a otro.

Una vez establecido el marco temático del problema de la emigración clandestina en el Estrecho y su relación con los personajes, se da un nuevo giro dentro de la relación de los mismos. El tema de la mujer y la manera en que se diferencia su papel dentro de la sociedad marroquí con respecto a sociedades extranjeras, en este caso la española, constituye otro de los factores que imposibilita la asimilación de Romeo. El autor utiliza la voz de la española para integrar en el texto una crítica al papel desempeñado por la mujer y su posición antes y después de la emigración ilegal a España:

Vuestras mujeres sobran aquí. Las tratan como a inferiores. Algunas jóvenes con las que he hablado me dicen: o salir o matarme [...] pero salir, ¿cómo?, búscame alguno, alguien que quiera casarse conmigo, un matrimonio de conveniencia, aunque luego me deje, una vez allí ya sabré yo como apañármelas. Porque el pasaporte falso cuesta mucho y es difícil obtenerlo, muchas influencias se necesitan, y de no ser así sólo queda la patera [...] Quieren trabajo, no el paraíso, y piensa cuánto se arriesgan. Van como ciegas a un mundo incierto en el que todo lo han de aprender. No conocen el idioma, y lo que para nosotros no es sino una moderna esclavitud para ellas es liberación. (131)

Las palabras de la española subrayan diferencias sociales que sólo contribuyen a crear la imagen de una España que es sinónimo de un mundo utópico y que a su vez alejan cada vez más a Romeo de la actitud que lo caracterizaba al inicio del relato. Romeo ya se ha convertido en otro y por esa razón le es posible ver las carencias de su tierra aunque continúa sin aceptarlas. Con la partida de la joven española, Romeo decide viajar a España y es después de que su visa le es negada que su situación se convierte en la misma realidad de los emigrantes que cada día viajan ilegalmente a través del Estrecho: “Marruecos y España eran como dos familias enfrentadas, y la una le impedía el acceso a la otra” (133). A partir de ese momento Romeo opta por escoger un grupo al cual pertenecer y decide viajar en patera rumbo a las costas de Cádiz.

Romeo no logra llegar a España y muere ahogado en las aguas del Estrecho, convirtiéndose así en un miembro más del grupo de ahogados carentes de identidad, grupo al que intentó ignorar mientras estuvo vivo como única estrategia de supervivencia. A nivel social, Romeo es una víctima más de la situación económica y política entre Marruecos y España. Por otro lado, la muerte de Romeo es el resultado del elemento traumático del que habla N.E. Coelho Jr. en su trabajo, siendo éste un punto en el que la única solución plausible es la disolución de la identidad del individuo (Coelho 2003: 103). A la definición de este tipo de trauma puede entonces añadirse la simultaneidad de lo extraño (la española) y lo familiar (Marruecos) como elementos que contribuyen a eliminar la identidad original del sujeto, Romeo, quien como todos los personajes en los relatos de Las voces del Estrecho termina fracasando.

 

Notas:

[1] Téllez Rubio, Juan José. Preface. Por la vía de Tarifa. By Nieves García Benito. Madrid: Calambur, 2000. 9-10.

[2] “Romeo el africano” se desarrolla en Tánger, una ciudad del norte de Marruecos localizada en las costas del Estrecho de Gibraltar. Es la capital de la región Tanger-Tétouan.

[3] Diagrama original cuya base parte del proceso de transformación descrito por Nelson.E. Coelho Jr. en su libro Otherness in Question: Labyrinths of the Self (2006), el cual ha sido aplicado al relato analizado en este artículo.

 

Bibliografía

Coelho Jr., Nelson E. “The Self Experience of Otherness and the Shadows of Identity.” Otherness in Question: Labyrinths of the Self. Lívia Mathias Simão and Jaan Valsiner. Charlotte: Information Age Publishing, 2006. 93-106.

Herzberger, David K. "Novela e identidad nacional durante la época franquista." RILCE: Revista de Filología Hispánica. Vol. 15.1., 1999. 105-12.

Peperzak, Adrian. To the Other: An Introduction to the Philosophy of Emmanuel Levinas. West Lafayette, IN: Purdue University Press, 1993.

Song, Miri. Choosing Ethnic Identity. Cambridge, UK: Polity Press, 2003.

Sorel, Andrés. Las voces del Estrecho. Barcelona: Muchnik Editores, 2000.

Téllez, Juan José. Prólogo. “Esto había que contarlo.” Por la Vía de Tarifa. By Nieves García Benito. Madrid: Calambur, 2000. 9-10.

 

© Marianela Rivera 2011

Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

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