“Te elijo porque en vos me veo reflejado”.
Los santos populares en la Argentina

Alejandra Giménez

Universidad Nacional de La Matanza/ Fondo Nacional de Ciencia y Tecnología
alev@uolsinectis.com.ar


 

   
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Resumen: En el contexto de los fenómenos asociados a la religiosidad popular, el surgimiento de nuevos “santos populares” manifiesta la continua creación y recreación que los pueblos hacen de sus panteones particulares, procesos en los que se pone de relieve la posibilidad de “canonizar” a un personaje por fuera de las estructuras habituales de la Iglesia Católica. Por tal motivo, el objetivo del presente trabajo es describir y analizar la historia de cinco “Santos Populares” que son objeto de reconocida devoción en la Argentina. Asimismo, tomaremos en cuenta el relato de los devotos, a fin de conocer los motivos de elección de sus fieles.
Palabras clave: Religiosidad Popular, Santos Populares, Mito.

 

En el contexto de los fenómenos asociados a la religiosidad popular, el surgimiento de nuevos “santos populares” manifiesta la continua creación y recreación que los pueblos hacen de sus panteones particulares, procesos en los que se pone de relieve la posibilidad de “canonizar” a un personaje por fuera de las estructuras habituales de la Iglesia Católica. Este fenómeno muestra además, interesantes ejemplos de la estrecha relación entre mito e historia, que, como notara Turner (1980) se configuran en caras de una misma moneda, en complejos procesos de significación que implican tanto la historificación del mito como la mitificación de la historia.

La construcción de las figuras de los santos populares ha merecido la atención de distintos estudiosos en América Latina. Gentile (2008) analiza la formación del relato y la construcción de la figura de la Difunta Correa como santa popular argentina. Asimismo, distintos autores han observado y analizado, para casos particulares, las distintas etapas de elaboración de la historia y de los tipos de milagros atribuidos a los distintos santos populares (Cicoe, 2003; Faletti, 2003; Gentile et al, 2005; Muñoz, 2005). La relación entre mito y música, ya profundizada por Claude Levi-Strauss, es el fundamento desde el que Bosca analiza el surgimiento de nuevos santos populares, en un trabajo que hace especial hincapié en la figura de la cantante argentina Gilda (1998).

Al enfocar el tema de los santos populares, debemos aclarar a qué nos referimos con tal concepto. Según Ameigeiras (2002) el pensamiento popular se compone de cuatro características: “La racionalidad, la vitalidad, el carácter sincrético y el carácter mítico - simbólico”. Si bien él realiza esta distinción, la misma tiene un sentido de análisis y de entendimiento por parte de aquellos que nos acercamos a la cultura popular desde los ámbitos académicos con una concepción de que debemos tener ideas claras y distintas. En la realidad cotidiana, estos aspectos se encuentran totalmente entramados, conformando el complejo de la vida de la población que compone los sectores populares. Como nota Bosca (1998) la religiosidad popular estudia la forma propia que tienen las personas más humildes y sencillas del pueblo para vivir su fe religiosa, tratándose de una expresión cultural en la que resulta frecuente encontrar elementos ajenos al mensaje cristiano originalmente transmitido en la evangelización, o en la enseñanza religiosa formal.

En este sentido, podemos comprender a los santos populares como aquellas figuras a las que se les atribuye poder -en sentido de sagrado-, cuyas muertes refieren eventos trágicos, muertes rodeadas de un halo de misterio y plagadas de muestras de acciones de valentía. Como nota Bosca “la dramaticidad existencial de una persona joven que es arrancada brutalmente de su ciclo vital, es interpretada en clave religiosa, como la víctima en el altar de un destino ineluctable” (1998:86).

En algunos casos, los relatos refieren también experiencias del personaje al margen de la ley, acciones que pueden haber provocado -como resultado del enfrentamiento con la policía- la muerte del mismo. En estos casos, el relato de las condiciones de vida y muerte del personaje serán enfatizadas en función de características tales como la valentía y el arrojo demostrados en diversos episodios de enfrentamiento con la ley y las instituciones de orden público, a las que se percibe y define en un rol no sólo autoritario sino fundamentalmente ajeno a los intereses del pueblo. En otras palabras, estas figuras mitificadas condensan la oposición pobre/rico, desvalido/protegido, valiente/cobarde, comprometido/individualista, ladrón/policía.

En términos de los devotos, los santos populares son aquellas personas que se comunican con Dios y pueden intervenir a favor de los sujetos que los invocan. Es decir que tienen la posibilidad de interceder de tal forma, que logran transformar lo ne - fasto, en fasto o en fiesta. De allí que toda devoción popular se encuentre muy acompañada de ritos y ceremonias, que no tiene nada que ver con actitudes formales, sino más bien con los festejos caracterizados por rezos, bailes, canciones, como también, por comidas y bebidas. Los ritos y demás ceremonias son vividos en forma comunitaria, es decir que hacen a un mismo sentir, y a su vez, re actualizan en el rito el mito que circunda al personaje santo. Lo que significa un aumento en el fervor y fe hacia la persona del santo, por un lado y, por otro, esta fe refuerza la urdimbre de relaciones comunitarias que se fundamenta en el mismo sentir. Así, por ejemplo, el recuerdo del Gauchito Gil se ve amenizado por la donación y consumo de vino, como también de comida. Todo es parte de la misma ceremonia de recordación, agradecimiento y petición.

Como notara Maissoneuve (1991) el rito implica una serie de actos pautados, alejados de la rutina cotidiana, que ponen de manifiesto contenidos de vital importancia para el grupo que los vive. En este caso, el rito muestra no sólo la actualidad de los relatos en torno a estos personajes, sino que ponen de manifiesto una serie de acciones por parte de los devotos que en algunos casos muestra similitudes y, en otros, diferencias con lo actuado en contextos católicos institucionalizados. De esta manera, si bien son parte del rito los distintos modos de ofrenda, ya sea por medio de caminatas (peregrinaciones), ofrenda de velas y flores, objetos que recuerdan el favor concedido (exvotos) y fotografías que recuerdan la persona beneficiada, es común también la ofrenda de tabaco y cigarrillos de marihuana, bebidas alcohólicas, botines de robos, armas y municiones, etc.

Por otra parte el carácter sincrético del pensar popular, del que habla Ameigeiras, permite popularizar santos de la Iglesia oficial y otros que no lo son. Lo que importa es la experiencia de eficacia que el personaje venerado demuestra tener -en la intercesión frente a Dios- para solucionar las situaciones nefastas que los miembros de la comunidad quieran revertir. Así encontramos santos como: San Cayetano, las distintas advocaciones de la Virgen, San Pantaleón y demás, reconocidos por la Iglesia institucional y otros no admitidos por la jerarquía eclesiástica, como San La Muerte, la Difunta Correa, el Gauchito Gil, Gilda. Esta conciliación de sujetos milagrosos lleva, también, a aceptar tanto los de origen europeo, ya sea traídos por los colonizadores y los que llegaron junto a los inmigrantes de fin del S. XIX y principios del XX, como los de origen americano. Lo que define su permanencia a través del tiempo es la experiencia protectora que los sujetos han tenido en contacto con el santo. Esta experiencia es la que se va trasmitiendo y generalizando en la comunidad no sólo el reconocimiento del santo, sino la devoción a su figura, la que se asimila a nociones de protección y eficacia frente a los pedidos realizados, experiencia que puede ser comprendida en su vinculación con el misterio fascinante y tremendo de lo numinoso, de acuerdo a Otto (1965).

Como adelantábamos, las devociones populares se encuentran generalmente relacionadas con la vivencia de situaciones desafortunadas, preferentemente de enfermedad, aunque también de desempleo, de falta de vivienda, de problemas vinculares, etc.

Es por eso que la medicina popular se encuentra muy ligada al fervor por estos santos. Ya desde los inicios de la enseñanza de la medicina en las universidades de la Argentina (gobierno de Bernardino Rivadavia), como hasta el momento de la aparición de la fiebre amarilla en 1871, junto con las denuncias del Dr. Rawson sobre la insalubridad de los conventillos, se hacen notar las diferencias del alcance de las ciencias de la salud en los sectores sociales, quedando más relegados los de origen humilde, coincidiendo con la raíz mestiza. Ya en aquella época, “pese a la laicización creciente, se mantiene y aumenta en las ciudades el culto sanitario de ciertos santos oficiales importados (San Benito Abad, San Benito de Palermo, San Roque, Santa Lucía, etc.) a los que se agregan algunos americanos (Santa Rosa de Lima, San Martín de Porres) y en las provincias , San Isidro Labrador, “San Santiago buen jinete”, “San Juancito buen pastor”, se consubstancian o sincretizan con los mitos indígenas al igual que ciertas advocaciones de la Virgen María.” (Magrassi y Radovich, 1982)

Durante el fin del siglo XIX hasta bien entrado el siglo XX, la medicina científica ha quedado librada a las posibilidades de los recursos privados y a la prestación de sus servicios en las grandes ciudades. “En las desprotegidas provincias por sus parte, se gesta el culto masivo de demanda sanitaria a las diversas canonizaciones populares (el degolladito, la finada Ramonita, el gaucho Lega, San La Muerte, San Son, Almita Sivila, Juana Figueroa, Pedrito Sangüeso, Bairoletto, el Linyeritra, el Peladito)…”

En el período que va desde 1943 hasta 1955, puede decirse que la medicina occidental logró ampliar su campo de impacto a las provincias menos pobladas y a las zonas rurales. Como contrapartida, con la migración del interior de las provincias hacia las grandes ciudades se produjo el advenimiento de la medicina popular rural a las zonas urbanas. Con este arribo “…alcanza gran difusión la creencia en la intervención sanitaria de la Difunta Correa, Ceferino Namuncurá y La Telesita entre otros.” Según los autores citados, y en relación con la salud, luego del año 1955 se acrecientan devociones como la de San Pantaleón y San Cayetano en ámbitos urbanos. (Magrassi y Radovich)

Desde la simple observación, puede constatarse en estos últimos diez o quince años, el surgimiento de ermitas y altares dedicados a distintitas advocaciones de santos, reconocidos por la Iglesia Católica o no, en los barrios del conurbano bonaerense. Así pueden verse pequeños monumentos sacros dedicados a: la Virgen María; en sus diversos nombres, al Gauchito Gil, con su característico color rojo; al Sagrado Corazón; y otros como San Cayetano, San Pantaleón, Santa Lucía, San La Muerte, etc., generalmente ubicados en algunas esquinas estratégicas, porque por ella suele pasar importante cantidad de vecinos, quienes o dejan ofrendas, según sea el personaje sagrado, realizan gestos religiosos o alguna plegaria. Pareciera que todavía, aún con el correr de los años, el advenimiento de la razón moderna y el avance tecnológico, las formalidades eclesiales con los fundamentos de jerarquía, igualmente perdura en la población una dimensión, que se manifiesta también en lo religioso, que escapa estos encuadres.

 

Los santos populares

Enfocándonos en nuestro tema de análisis, nos interesa preguntarnos ¿Qué características tendrán aquellos que fueron elegidos para calmar el dolor de tantas personas?, ¿Qué es que lo hace diferentes a cualquier mortal?, ¿que fue que hizo que se destacaran para ser elegidos por tantas personas?

Acordando con el análisis que realiza Lojo (2007), la coincidencia que se observa entre los diferentes santos populares es que la mayoría sufrieron muertes violentas, episodios en los que sus cuerpos fueron dañados y ultrajados. Sin embargo, los fieles seguidores realizan una metamorfosis de estos cuerpos, convirtiéndolos en cuerpos luminosos.

Otra similitud que poseen es que la mayoría pertenecían a las clases populares, algunos fueron marginados y sufrieron la exclusión y vulnerabilidad social. Otros vivieron al límite de la ley, frecuentemente con vidas ligadas a la violencia y el crimen. Para comprender lo mencionado anteriormente detallaremos algunas historias de Santos Populares y en los años que vivieron, para observar sus diferencias y similitudes.

a) El Gauchito Gil

Su nombre era Antonio Mamerto Gil Nuñez. Es uno de los santos cuya devoción en la Argentina es más popular. Cada 8 de enero se conmemora su muerte, y, del este al oeste y del norte al sur, se pueden observar a los costados de las rutas sus altares adornados con cintas rojas.

Hay diversos relatos en se que cuenta la vida del gaucho. Todos ellos ubican los sucesos en la provincia de Corrientes, entre los años 1847 y 1874. En este periodo había enfrentamientos políticos entre los azules y colorados. Él pertenecía a los segundos, por eso se ven las banderas rojas en sus altares.

El Gauchito debajo de su pañuelo que envolvía su cuello, guardaba su amuleto tallado sobre una bala justiciera, lo que lo hacía invulnerable a toda agresión o daño. Este amuleto era San La Muerte, cuya figura es el esqueleto con la guadaña.

De boca en boca, se corría el rumor de que en las guerras, Gil Nuñez aparte de pelear, había comenzado a curar a distintos individuos con los que se cruzaba en su camino. Ponía las manos sobre las heridas y los convencía que el dolor era tan irreal como los sueños.

La historia cuenta que fue a través del sueño que le marcaron el camino. Era una voz que hablaba en guaraní y le decía… “Ya no vas a ir a derramar sangre de hermanos”. Esto sucedía en el campamento de una nueva guerra. Poco después, el gauchito Gil no dudo en hacer caso a dicha revelación y huyó junto con dos soldados que creyeron en él.

Por haber huido se había convertido en un desertor, se fue escondiendo en los Esteros del Ibera, llevando una vida pobre, pero no dejaba de repartir a otros necesitados aquellas provisiones que conseguía con los robos.

El Gauchito Gil fue atrapado y camino al lugar donde tenía que ser juzgado fue asesinado. De la rama de un algarrobo, lo alzaron y lo colgaron boca abajo y lo ejecutaron cortándole el cuello.

Lo más importante comienza minutos antes de su asesinato, el gauchito le dijo a su verdugo “…Dios los perdona porque no saben lo que hacen, la sangre que estás por verter es inocente… cuando vuelvas a tu casa vas a encontrar a tu hijito muy enfermo. Pero la sangre derramada de un inocente redime a otro. Pedile a Dios invocando a mi y tu gurí va a sanar…”

Después de unos días que transcurrió lo del Gauchito, el soldado que lo había asesinado volvió a su casa y encontró a su esposa desesperada porque su único hijo estaba muy enfermo. El soldado no dudo en recordar lo que el gauchito le había predicho y volvió al lugar donde lo había matado, enterró el cuerpo y le suplico al gauchito Gil que curara a su hijo. De regreso con su familia encontró al niño sano.

b) Gilda

La segunda historia que recordaremos es la de Miriam Bianchi, quien nació en el barrio de Villa Devoto -en la ciudad de Buenos Aires- el once de octubre de 1961, fue maestra jardinera y ejercía en un colegio católico. Todos la conocen mejor como “Gilda”.

Luego de unos años de ser docente, se encontró con un viejo amigo de la infancia “Toti Gimenez”, quien en ese entonces estaba en la banda musical de Ricki Maravilla, un reconocido cantante de música popular. Giménez escuchó las melodías que ella le presentó y así comenzó a surgir la posibilidad de realizar juntos un grupo de música tropical.

Cambiando guardapolvo a cuadrille por escenarios, música y fans, comenzó con el grupo “La Barra”, después le siguió “Crema Americana”, dando el siguiente paso como solista, momento en que cambia su nombre por el de Gilda. A partir del año 1992, con la grabación de distintos discos ( “De Corazón a Corazón”, “La Única”, “Pasito a pasito”) va consolidando su carrera como solista, hasta consagrarse en el año 1995 con la edición de su disco “Corazón Valiente”.

Mientras su popularidad como solista se acrecentaba, crecía también su fama como sanadora. Se le atribuía el don de curar, la historia cuenta que el público le llevaba sus hijos para que los bendijeran o curaran.

Muchos coinciden que Gilda no triunfó en el ambiente de bailanta y música tropical por su sensualidad y figura voluptuosa. Fue todo lo contrario, se consagraría en este género por su estilo angelical, voz dulce y su espíritu solidario, demostrado en su constante preocupación por los demás.

Un joven seguidor de “la Santa” relata como de boca en boca se empezó a correr el rumor de los poderes curativos de Gilda… “. Cuentan los devotos que una noche en un recital había una niña de 12 años muy cerca del escenario, cuando el tema “Baila esta Cumbia” comenzó a sonar, la niña empezó a llorar desconsoladamente. Cuando finalizó la presentación, la pequeña se acercó a Gilda y le dijo “vengo agradecerte, gracias a vos mi mama se curó”. La historia cuenta que la madre estaba internada, y la niña colocaba un grabador con la canción “Baila esta cumbia” en el pecho de su madre.

Como estas anécdotas, hay muchas más que nos permiten comprender que la gente ya sabía que tenía el don de curar antes de su muerte.

En el éxito de su carrera artística Gilda tuvo un accidente trágico el 7 de septiembre de 1996 en el kilómetro 129 de la ruta 12 camino a Concordia, provincia Entre Ríos. Un camión embistió al ómnibus en el que viajaba la cantante, dejando como consecuencia la tragedia de siete muertos, Gilda, su madre, su hija de 10 años de edad, el chofer y tres músicos de la banda.

Uno de los sobrevivientes fue Toti Gimenez, quien recordó que días antes Gilda había cambiado la letra de la canción “No es mi despedida”, tema que después se termino convirtiendo casi en un himno para sus seguidores.

Para muchos, otro milagro fue el hecho de que, cuando Toti Giménez salió del estado de coma y se enteró de la muerte de Gilda, recordó que ella había cambiado la letra de esa canción, pidió entonces a su representante que fuera al lugar del accidente a buscar un cassette dónde ella había grabado los cambios en forma casera. Para Toti Giménez, el "primer milagro" fue que el cassette estaba al lado de la banquina. El mismo fue procesado con moderna tecnología y sirvió para editar el disco "Entre el cielo y la tierra".

En el lugar del accidente alguien colocó una cruz de madera, y luego empezaron a llevar flores. Todos los 7 de septiembre se consagra en el santuario el día de “la Santa”, una ceremonia mezcla de rezos, música, canto y testimonios de los milagros concedidos por la cantante.

Dentro del santuario se pueden observar diferentes fotos de Gilda, las imágenes de las vírgenes de Luján, del Rosario y la figura de San Cayetano. También están acompañados por los más variados objetos, con cartas de pedidos y agradecimientos.

Los restos del micro en el que viajaba Gilda están en exhibición en el fondo del predio, detrás del santuario. Hasta ese lugar llegan sus fieles en peregrinación. Al ingresar al predio, se puede observar un altar, los devotos comentan que “al estar ahí corre una energía especial, existen signos de la presencia del alma de ella en el lugar”.

Dicen los devotos que quizás Gilda tuvo una premonición al cambiar la letra de la canción “No es mi despedida”, que dice:

“Quisiera no decir adiós, pero debo marcharme, no llores por favor no llores porque vas a matarme.
No pienses que voy a dejarte, no es mi despedida, una pausa en nuestra vida
un silencio entre tu y yo...
Recuérdame cada momento, porque estaré contigo, no pienses, que voy a dejarte porque estarás conmigo me llevo tu sonrisa tibia y tu mirada helante, desde ahora en adelante vivirás dentro de mi.
Yo por ti volveré, tu por mi espérame, te pido yo por ti volveré, tu por mi espérame
no me olvides.
Recuérdame cada momento porque estaré contigo, no habrá distancia que te aleje porque estarás conmigo.
Me llevo tu sonrisa tibia y tu mirada helante”

c) “El Frente”

Víctor Manuel Vital, conocido como “el Frente” tenía diecisiete años cuando fue fusilado por la policia bonaerense en la Villa San Francisco, ubicada a quince cuadras de la estación de San Fernando el seis de febrero de 1999 a la mañana, en un confuso episodio que se sumó a otros de similares características, conocidos como “gatillo fácil”, en alusión a ejecuciones de menores a manos de la policía provincial.

El Frente paso toda su precoz juventud con problemas con la ley, de los 13 a los 17 años estuvo enredado en diversos episodios de robos. Al principio eran bicicletas, zapatillas que hurtaba a otros menores o a adultos distraídos, poco después inició un camino de mayor violencia al perpetrar robos a mano armada. Se destacaba por ser una mezcla de Robin Hood y un “pibe chorro” - menores de edad, adictos a las drogas y pertenecientes a bandas delictivas-, denominación que surgió en los años 90 desde las propias bandas como un autodenominativo y una construcción de identidad.

Fue respetado y recordado porque para sus seguidores “el Frente” tenia códigos, por la generosidad con los botines conseguidos a punta de revólveres calibre 32, por preservar los viejos códigos de la delincuencia sepultados por la traición, y por ir siempre al frente.

Sabina (madre del Frente) cuenta que ella trabajó siempre para darle lo mejor a sus tres hijos, pero el Frente casi a los doce años, cuando estaba en séptimo grado, dejo la escuela. Ella comenta que se les fue de las manos, trabajo mucho siempre para alimentarlos y darle todo lo que estuvo a su alcance, pero Víctor (Frente) se le fue de las manos, no pudo poner los limites que necesitaba para corregirlo del camino del robo, las drogas y el alcohol.

Sus características eran una composición de paternalista, burlón, “canchero”, y se destacaba con una gran generosidad, entregaba a sus vecinos todo lo que tenia en los bolsillos ya sea para una causa noble -como organizar un comedor comunitario para los niños- o para hacer algo que no sea correcto -comprar armas en el mercado negro, bebidas alcohólicas o drogas-.

Los elementos característicos que utilizarían sus fieles para fundar la “canonización” de su figura es la generosidad manifiesta con el producto que robaba y el respeto que imponía como enemigo de la policia. Se lo recuerda en el barrio porque dejo sus huellas en un antes y un después de su muerte. Los devotos del Frente cuentan que el mejor robo que tuvo fue el camión de La Serenísima repleto de lácteos que hizo entrar a la villa, en un episodio que lo asemeja al personaje de Robin Hood, robarles a los ricos para darles a los pobres.

El Frente Vital fue fusilado una mañana calurosa de Febrero después que uno de sus “trabajos” saliera mal. Trató de escapar y se metió en la villa, con sus amigos Luisito y Coqui, integrantes de la banda “Los Bananitas”. Luisito y El Frente se escondieron en la casa de Doña Inés Vera, vecina que más de una vez los había salvado de las huidas de la ley, mientras que Coqui cayó rendido a mitad de corrida. Entraron al rancho de doña Inés y a ella le entregaron las armas como el botín que habían robado, dinero que no apareció en las actas judiciales.

Se pusieron debajo de la mesa como dos niños que juegan a las escondidas. La policia entró, el cabo de la bonaerense con una patada dejo la mesa patas para arriba y el Frente grito: “¡No tiren que nos entregamos!”

En ese momento Luis sabia que lo iban a fusilar, por eso en el momento que la bala rozo su cabeza se tiro dejando su cuerpo mitad hacia la vereda y mitad dentro de la casa, trató de no emitir sonido haciendo creer que estaba muerto, El Frente intentó protegerse cruzando las manos sobre la cara como si con ellas tapara un molesto rayo de sol, falleció casi en el acto, el plomo que salio de las armas reglamentarias de la policia le destruyó la cara.

Hoy el “Frente Vital” es un santo de los pibes chorros, muchos le rezan antes de salir a robar, o para su vocabulario “salir a trabajar”. También le rinden culto los pibes del barrio cuando se juntan en el lugar donde está su tumba, en el sector más pobre del cementerio de San Fernando. Su lugar se destaca porque con frecuencia se observan chicos fumando marihuana y tomando cerveza, ofreciéndoselas al santo a cambio de protección. Muchos de sus amigos dan testimonios de cómo los ruegos y rezos al Frente fueron escuchados, salvándolos de ser atrapados por la policía, haciéndolos valientes al momento de cometer un robo o protegiendo sus cuerpos de las balas en enfrentamientos con otras bandas delictivas.

d) Vairoleto

Juan Bautista Vairoleto nació en la provincia de Santa Fe en 1894. Se caracterizaba por ser un buen bailarín, desafiante y mujeriego. Su vida estuvo marcada porque lo perseguía la policia, era anarquista y evangelista. La leyenda cuenta que él también era una especie de Robin Hood. Después de muchos años, ya se había retirado de sus andadas, junto al rió Atuel vivía con una mujer joven llamada Telma Ceballos, con quien tuvo dos hijas.

El 14 de septiembre del año 1941, llegaron al campito en busca de él, para cobrarse cuatro homicidios reales y muchos otros que otros bandidos pusieron en su cuenta. Antes de que entrara la policia a matarlo, Juan Bautista se quitó la vida pero ellos después lo remataron de varios balazos.

Al funeral asistieron miles de personas y muchos de ellos, a pesar de su pobreza, dejaban al lado del ataúd monedas para pagar el sepelio. Algunos le pedían favores y otros le agradecían por la concesión de la ayuda recibida.

 

A modo de conclusión

Después de relatar brevemente estas historias, podemos observar que todas se parecen y al mismo tiempo tienen un tinte diferente y ambiguo. El Gauchito Gil, Gilda, El Frente y Vairoletto, luchaban con la gente pobre, excluida y vulnerable.

Sus fieles los eligen porque en ellos se ven reflejados, en tanto sus historias -aun refiguradas- muestran que han sido seres mortales, que pasaron situaciones límites en la vida que los hicieron sufrir y por haber manifestado un fuerte carácter que los llevó a sobreponerse y seguir adelante, lo que los devotos enuncian como “lucharla”. Ven en ellos dones y consuelos para sus almas tristes, afligidas y dolidas por situaciones que son partes de sus vidas. Se ven expresados en ellos y creen que calmaran el dolor que su ser interior siente, ya que saben que ellos pasaron por situaciones similares. Contrariamente a las figuras tradicionales que la Iglesia propone como modelos de vida, estos santos reflejan las condiciones reales de vida de sus devotos, condiciones que suelen estar asociadas a la marginalidad, la exclusión y la violencia. De acuerdo a los devotos, estas figuras les permiten no sólo identificarse por la similitud de sus vidas, sino fundamentalmente, depositar confianza en alguien que, habiendo atravesado la tragedia, puede ahora ser intermediario entre Dios y los hombres.

 

Bibliografía:

Ameigeiras, A. (2002). “El pensar popular entre memoria popular y el imaginario colectivo en la cotidianeidad del ámbito barrial”; en De la exclusión a la organización. Hacia la integración de los pobres en los nuevos barrios del conurbano bonaerense. Forni, F. (comp) Buenos Aires. Ciccus.

Bosca, R. “Gilda: El ángel de la bailanta. Reflexiones sobre los cultos populares y del star system en la Argentina”. Revista Scripta Ethnologica (1998), vol XX, p.p 85-94.

Gentile Lafaille, M (2008). Testamentos de indios de la gobernación de Tucumán. 1579-1704. Prólogo de A.D. Leiva. Publicación de la cátedra Instituciones del Período Colonial e Independiente. Buenos Aires: Instituto Universitario Nacional del Arte

Levi Strauss, C. (1968). Antropologia estructural. Eudeba. Buenos Aires.

Lojo, M. (2007) “Cuerpos Resplandecientes”, santos populares argentinos. Editorial Sudamérica. Buenos Aires

Magrassi, G y Radovich, J. (1982) “La medicina popular” en “La vida de nuestro pueblo” Centro Editor de América Latina. Buenos Aires. Pág. 4.

Maisonneuve, J. (1991). Ritos religiosos y civiles. Herder. Barcelona.

Otto, R. “Lo santo”. Revista Occidente. (1965)

Turner, T. (1988) “Ethno - ethmohistory: myth and history in native south American representation of contact with western society. Rethinking History and Myth. J. Hill editor. Urbana y Chicago: University of Illinois Press.

 

© Alejandra Giménez 2010

Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

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