Apelaciones versificadas al Frente Popular durante la guerra civil

José Luis Campal (RIDEA) y Aurora Sánchez

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Resumen: El desencadenamiento de la guerra civil con la sublevación de una parte del Ejército representó un radical cuestionamiento de la institución democrática y, asimismo, la más grave de las acciones violentas ejercidas unilateralmente contra la supervivencia del sistema republicano y, por extensión, del Frente Popular. La contienda movilizó a combatientes profesionales y a ciudadanos concienciados, los cuales volcaron en verso en la prensa del momento sus experiencias, afanes, advertencias y esperanzas. Reunimos un significativo conjunto de muestras poéticas, realizadas en su mayoría por autores no profesionales.
Palabras clave: Guerra civil. Poesía de urgencia. Prensa. Frente Popular.

Abstract: The break out of the civil war with the revolt of part of the Army represented a radical questioning of the democratic institution and also the worst of the violent actions made unilaterally against the surviving of the republic system and, by extension, of the Frente Popular. The war mobilized professional combatants and socially aware citizens, who put in verse in the press at that time their experiences, wishes, warnings and hopes. We gather a significant number of poems, made mainly for non professional authors.
Key words: Civil war. Urgent poetry. Press. Frente Popular.

 

I. El conglomerado de fuerzas republicanas de centro-izquierda que en 1936 se asociaron electoralmente bajo el manto del Frente Popular, para oponerse al avance derechista del flanco parlamentario, conoció un respaldo social de notable calado, apoyo que se enconó cuando los grupos reaccionarios forzaron el levantamiento rebelde que desencadenó la guerra civil. En dicho marco de violencia irracional y ánimos exaltados, los periódicos, convertidos en altavoces de una beligerancia ideológica, proceden a insertar en sus páginas composiciones poéticas, de diversa índole y calidad, que van a reforzar el valor y el sentido de las actuaciones en defensa del sistema legalmente establecido, denigrando también a quienes se habían sublevado contra la II República. Anónimos y voluntariosos creadores de urgencia, generalmente soldados [1] que escriben desde el mismo campo de batalla con mayor insistencia que literatos de formación, diseminarán espontáneamente su visión de los acontecimientos usando el formato del verso. Ofrecemos aquí algunos ejemplos de esta transversalidad emocional e instintiva, distribuidos en pequeños bloques temáticos, que, por otra parte, no son los únicos que se dieron en la torrentera escritural de unos vates carentes muchas veces de una rudimentaria preparación.

II. A comienzos del año 36 la zozobra política crea un clima de inestabilidad del que dan puntual testimonio estrofas como las siguientes de Bene, donde se intuye un nada velado llamamiento a vulnerar el orden establecido:

“¡La Patria está en peligro!”
“¡Hay que salvarla!”

¡A nadie cautiven
las voces que engañan
con el falso arrullo
de promesas falsas!
[2]

III. Desatada la contienda, esta suerte de bardos expansivos cargan el acento sobre la prioridad absoluta de cerrarle el paso a un enemigo poderoso y bien auxiliado por las tiranías europeas. Vencer a los golpistas ultraderechistas constituye el objetivo innegociable. Félix V. Ramos lo ve de este modo:

No temas por la cosecha,
pues, aunque arda el trigal,
en esa pira se queman
el despotismo ancestral,
los vicios y las pasiones
del señorito venal
y un pasado vergonzoso
sin pan y sin libertad,
que hallará su sepultura
para no resucitar
bajo las plantas valientes
de esos bravos que se van.
[3]

IV. Se acude en infinidad de composiciones a recordar a los seguidores e incondicionales del Frente Popular que, al margen de sus consignas partidistas, todos luchan a brazo partido contra un rival único y duro de pelar, y que la victoria se hará de rogar:

Catalanas, madrileñas,
todas fuertes y aguerridas
valencianas, muy queridas
legiones, todas, gallegas,
milicias, hay que sufrir,
hay que seguir la campaña
por España y para España,
hay que vencer o morir.
[4]

La unidad de todas las víctimas de la explotación y de las oligarquías agrario-industriales es puesta de relieve, en «Mira las milicias, madre...», como una verdad insoslayable que nadie puede refutar:

Campesinos andaluces,
extremeños sin hogar,
hombres del Norte, curtidos
por el hierro y el metal;
marinos, guardias civiles,
fuerzas de Asalto leal
van con el pecho inflamado
por idéntico ideal
a hacer una España grande,
sin castas y sin maldad.

V. La pasta que liga a la mayoría de los combatientes por la causa frentepopulista es su rango de desheredados, a los cuales Bartolomé Marín equipara a una actualizada cohorte de esclavos de Espartaco que se baten por una libertad usurpada:

La gran legión de explotados,
los modernos gladiadores,
luchan con armas de fuego
contra sus explotadores.
Luchan contra aquel tirano
que no nos dio nunca pan
y en vez de un libro nos daba
cura, fraile y sacristán.
[5]

La meta perseguida por la II República, cuya permanencia defiende el Frente Popular, es la superación de unas relaciones obsoletas y clasistas que atenazan el progreso material y espiritual de las clases bajas, como recuerda en este cuarteto el jiennense Juan Arroquia Herrera (1899-1969), exiliado en Francia tras la contienda:

Del pasado se ha roto la coraza
y ha cegado a los astros nueva luna...
pasan pueblos redimidos hacia una
convivencia de ideas que le abraza.
[6]

Se dirimen, en la guerra civil, dos modelos de sociedad, vislumbrados con imágenes perfectamente inteligibles, que se remontan a la Reconquista y la Guerra de la Independencia, como las que ofrece Manuel Gutiérrez Arana en este sencillo pasaje romanceril:

Lucho por España libre,
yo lucho por otra España,
la que no estanca su vida
como el agua en una charca,
la que surge fresca y viva,
la que se rompe en cascadas
ahogando las invasiones
de moriscos en Granada,
de franceses en Madrid,
del fascio en Guadalajara.
[7]

VI. Los escritores tratan por todos los cauces de visibilizar al enemigo, por lo que no es extraño que haya cantores que se dirijan al contrario con la intención de atraerle a sus filas. Pablo Toucet [8] sabe que su antagonista no es el hermano o vecino nativo, sino el advenedizo foráneo:

Lucho, enemigo que escuchas mi palabra,
contra el moro salvaje y el portugués pedante;
contra el fascismo exótico que tu deshonra labra
con tus humillaciones y con sus desplantes
. [9]

VII. El curso de la guerra, aunque resultó en muchos momentos desalentador, tuvo en la reconquista de ciudades perdidas como Teruel un punto de inflexión, de resarcimiento psicológico importante, todo lo cual hace a los vates depositar sus esperanzas en el triunfo de otras empresas análogas, como nos transmite, entre otros, Francesc Puig Espert (1892-1967) [10]:

Como consiguió ser nuestra
Teruel, lo serán mañana
cuantas ciudades padecen
el yugo de Salamanca,
volverá a ser nuestra Oviedo
y será nuestra Granada;
Córdoba con su mezquita,
y con su Caleta, Málaga;
Sevilla, la soñadora
y Burgos, la castellana...
Por Teruel dimos comienzo
a la reconquista patria
. [11]

VIII. El vituperio y el escarnio del enemigo serán moneda corriente en los desahogos en verso. M. Pidal F., por ejemplo, hace una enumeración denigratoria del contrincante:

No nos vencerá el “banditi”
hijo de loba romana,
eterno profesional
del veneno y de la daga;
ni el vandálico teutón
de alma mecanizada,
ni los cafres africanos,
ni las hordas mercenarias,
ni generales maricas,
ni rijosos con sotana,
ni el lusitano, alcahuete
desvergonzado... ¡Ni nada!
[12]

En otro lugar, E. Millán Rodríguez caricaturiza al general Gonzalo Queipo de Llano en su dipsomanía:

Borracho de malvasía,
un grotesco general
se ha hecho de Sevilla dueño
y, adormido en el beleño
del mosto, no ve lo mal
que despertará del sueño.
[13]

IX. La caída en el campo de batalla de los soldados republicanos tiene su reflejo en versos henchidos de virtuosa grandeza donde se cantan tanto su humanidad irrepetible como sus aptitudes en el guerrear:

Aquel entusiasmo noble,
sincero, franco ¡leal!
que derrochaba a raudales...
no lo observaremos más.
Aquella su valentía
que mostraba al atacar
animando a sus muchachos...
no la volverá a mostrar.
[14]

En otras ocasiones se recrean, con potencia expresiva y conocimiento compositivo, poetas bien dotados, como es el caso del asturiano Juan Manuel Vega Pico (1913-1969 [15], en el fogonazo último que desencadena el trágico final en las acciones bélicas:

Sólo le faltaba un paso,
sólo un paso le faltaba.
Tiró tres bombas de mano.
No pudo tirar la cuarta.
Estrellas de fina sangre
se posaron en su cara.
[16]

La condición de líder lleva aparejada la de ser un báculo de resistencia moral que sostenga a sus subordinados en las fases de decaimiento y que los dote de poderosa contundencia, como observamos en esta estrofa firmada por Cándido Sánchez Gutiérrez:

Son los hombres de Rapín
de corazones de hielo,
hombres que forjan la idea
y no saben lo que es miedo.
Él nos habla como hermano,
con fe y lenguaje sinceros,
de futuras redenciones
para levantar un pueblo.
[17]

La veneración hacia el combatiente muerto no hace distingos de sexo, como se ejemplifica en un romance del madrileño José Antonio Balbontín (1893-1977) [18] consagrado a evocar la figura de la capitana Francisca Solano, tempranamente desaparecida, a la que denomina:

Rosa encendida de mayo,
capitana de la tropa
leal (...)
. [19]

X. En su homenaje a Solano, Balbontín aprovecha para darle la vuelta al grito expoliado por los rebeldes nacionales:

Lleva en sus manos triunfales
claveles ensangrentados.
¡Bandera roja, invencible,
la de su sangre en lo alto!
¡Arriba! -no ¡arriba España!,
que éste es un grito manchado-.
¡Arriba el Pueblo, el de todos
los talleres y los campos
del universo! ¡Adelante
sin miedo! ¡Arriba el Trabajo!

Otro de los lemas que se apropiaron las filas franquistas fue el de la «nueva España», que, sin embargo, también hicieron suyo los milicianos y que aparece como cierre de una rudimentaria composición del joven Enrique Serrano Zamorano:

¡Tierra!,
tierra ensangrentada
con manchas de rojo tinte.
¡Qué pronto serás vengada!
¡Viva el Frente Popular!
¡Y también la nueva España!
[20]

XI. El envés del arrojo sin mácula es la cobardía agazapada de aquellos que procuran, por diferentes vías y en secreto, la desgracia del Frente Popular, y que son agriamente recriminados, incluso con la amenaza de la ejecución. En uno de sus romances cenetistas escribe Antonio Agraz (1905-1956) [21]:

Mas no vengan los que rondan
“camuflados” por las Ramblas,
ni los que ríen, alegres,
si llegan noticias malas,
ni los que cuentan las horas,
desgastando las butacas
de los cafés presuntuosos,
junto a platinescas damas,
ni los falsos, ni los sucios,
ni los que sus años guardan
para retrasar la quinta
que les hace entrar en caja.
Ésos no nos interesan.
Ésos no nos hacen falta.
Ésos tienen ya su ruta,
camino de cualquier tapia.
[22]

A raíz de los combates que se sucedieron en el mes de enero de 1937 en la capital de la nación, Vicente Arroyo clama contra los que abandonaron a su suerte el epicentro de la causa republicana, llegando a exigir drásticas medidas contra su irresolución:

Sólo en Madrid tiene encaje
y vivirá eternamente
el que demostró coraje
y dio pruebas de valiente.
Los que huyeron cual conejos
cuando el peligro otearon,
váyanse mucho más lejos.
¡Qué a gustito nos dejaron!
Yo les pido a los Poderes
(y esto su brillo no empaña)
que a estos pobres mercaderes
se les expulse de España.
[23]

XII. La ayuda internacional que se brindó a las dos facciones son abordadas por los voluntariosos rapsodas izquierdistas de urgencia. Los bombardeos de la aviación mussoliniana, con las innúmeras bajas infligidas entre la indefensa población civil, desatan la irascibilidad anticatólica de Timolao Santalo:

¡Alas negras que venís
de la Roma imperialista
regando el suelo de Iberia
con la metralla fascista!

¡Alas negras que venís
de la Roma mercenaria,
empañando el claro Sol
de la España libertaria!

(...)
Triste misión es la vuestra,
¡infames inquisidores!,
al destrozar las viviendas
de humildes trabajadores.

¡Triste misión es la vuestra,
lacayos del Vaticano,
asesinar al humilde
por complacer al tirano!
[24]

Y en justa contrapartida, ejerciendo de parapeto frente a la aniquilación programada de las incursiones aéreas del bando franquista, hallamos la demanda de amparo bélico a la Rusia comunista por parte de autores desconocidos como Manuel García:

Y ante las casas hundidas
y los exánimes cuerpos
que había entre los escombros
calcinados por el fuego,
se escuchaba susurrar,
como si fuese en un rezo
de Fe revolucionaria,
a los niños madrileños:
¡Madre Rusia! No consientas
el exterminio de un pueblo
que antes prefiere morir
que ser del fascismo siervo.
¡Madre Rusia! ¿Cuándo llegan
tus hijos más predilectos
sobre raudos aeroplanos
que abatan los junkers, negros
como el tricornio y el alma
de un civilón sanjurjero?
[25]

XIII. Otra apelación no menos frecuente es aquella en la que se recuerda a los combatientes los peligros que se incuban en las zonas pacificadas a cuenta de la buena fe de los afectos al Frente Popular, y que se concretan en la proliferación de los adversarios emboscados, tal y como refiere, por ejemplo, Pablo Requena al final de una loa a las brigadas confederales anarquistas:

De vuestro heroico temple
la C.N.T. está orgullosa,
pero vivid prevenidos
y no olvidéis una cosa:
Que la retaguardia hoy
es también muy peligrosa,
pues lleva fusil y “mono”
bastante gente facciosa.
[26]

XIV. A esa misma retaguardia aluden versificadores como Luis de Tapia (1871-1937) para solicitar la cooperación ciudadana a fin de surtir de materiales que escasean en la primera línea del frente, como son las ropas de abrigo:

¡Hay que abrigar los afanes
del gélido luchador!...
¡Hoy, quien tenga dos gabanes,
debe dar uno (el mejor)!...

¡Y quien tenga una bufanda
de abrigo, ya la está dando,
porque el miliciano que anda
sin bufanda está bufando!...

(...)
¿A quién no sobra una prenda
confortable en el armario?...
¡Pues ése es fuerza que entienda
que hoy donarla es necesario!...
[27]

A la masa ciudadana se le exigirá que ponga todo de su parte para defender un sistema de valores que corre peligro de ser destruido. Juan Arroquia Herrera arranca de esta forma uno de sus sonetos de «Tríptico»:

Por tu honor y tu hogar atropellados,
miliciano español, juega la vida,
la República ya a todos nos convida
en aras de su credo a ser soldados.

XV. La cruenta realidad a la que se enfrentan los partidarios del Frente Popular les induce a una necesidad de ajustar simbólicamente a ella los colores de sus respectivas adscripciones. Así ve un versificador libertario su enseña rojinegra en «¡¡Cayó el compañero Pancho!!»:

Lo rojo, por nuestra sangre
que dispuesta está a brotar
en defensa de la causa
honrada, noble y leal;
lo negro simula el luto
que debemos de guardar
por compañeros que caen
y no se levantan más
.

La misma consideración peyorativa de «rojos», con la que los motejó el bando rebelde que se levantó en armas contra el régimen democrático, provoca en vates como Puig Espert y su «¡Viva Teruel! ¡Viva España!» un arrebato de esclarecido orgullo, cortado por un patrón de elevadas virtudes:

(...) los rojos, sí, los rojos,
rojo empuje, roja el alma,
muy rojos los pensamientos,
como abrasadora llama,
y encendidos en la hoguera
de su sangre roja y brava

No abandonan el campo sémico de la sangre otros rapsodas soldados para deformar al enemigo, convirtiéndole en un vampiro que quiere dejar exangüe el cuerpo de una España que se revuelve con brío en trance tan severo. Gregorio Pérez incide en ello:

Sangra España. El invasor
sorbe a torrentes su sangre,
pero España forcejea,
no se rinde, no se abate,
no claudica, no se entrega
al vampiro abominable,
porque España no ha nacido
para ser coima de nadie,
y prefiere no vivir
antes que vender su carne.
[28]

XVI. La bandera tricolor que arropa a los soldados del Frente Popular despierta en ellos una exaltación patriótica que en nada desmerece de otra de las burdas apropiaciones de los vencedores. Melchor Rodríguez así lo afirma equiparando los tres colores a las formaciones políticas que sustentan la alianza republicana:

(...) Tú eres la bandera
del Ejército de España.
Bandera de lucha abierta,
bandera de lucha brava,
bandera que simbolizas
la libertad conquistada
por los soldados del pueblo,
por el pueblo que trabaja.
Bandera de tres colores
de España independizada:
tres ideas te dan vida,
cada una de una rama;
las tres te quieren lo mismo
y cada una te abraza
y cada una te da
su corazón y su alma
y las vidas de sus bravos
defensores de la Raza.
Republicanos, marxistas
y anarquistas hacen gala
de dar su vida por ti,
bandera republicana.
[29]

Concluimos aludiendo a Tomás España [30], quien proclama que la enseña republicana es heraldo de dicha futura:

Abolirá la estulticia,
caerá al suelo la sevicia
de aquellos camaleones...,
pues se impondrá la justicia
y doblará a los señores.
[31]

 

Final. El golpe de Estado del 18 de julio de 1936, transformado muy pronto en situación de guerra abierta y sin cuartel, puso en acción fulgurante a combatientes profesionales y a ciudadanos imbuidos de la importancia trascendental que revestía una toma de conciencia inmediata para proteger sus ideales de convivencia y progreso. Esos combatientes de primera hora, junto con otros escritores de firmes convicciones izquierdistas, echaron mano de las posibilidades que les facilitaban los periódicos y revistas para compartir mediante el verso, con lectores y correligionarios, sus experiencias, afanes, advertencias y esperanzas. Hemos reunido aquí, rescatadas de entre el aluvión que acogió la prensa del momento, un conjunto significativo de dichas muestras poéticas, realizadas en su mayoría por autores no profesionales, y que son lúcido espejo de la movilización que generó un hecho excepcional y brutal como fue, sin duda, el de la guerra civil española.

 

Notas:

[1] No pocos de los combatientes que publican sus composiciones hacen constar, bajo su firma, la pertenencia a tal o cual batallón. Federico Frías, que inserta su pieza «Nunca jamás será esclava» en El Trabajo (mayo de 1937), señala que es «carabinero»; Justo Navares, que publica «Paso a la F.A.I.» en ¡Adelante! (24-IV-1937), apunta que pertenece a «la 3.ª del 1.º de la 60 Brigada»; Gregorio Pérez, autor de «España mártir», firma como «soldado que fue de este 75 Bón. de la 19 B. M.»; M. Repiso Granado, que publica «¡Ya soy un hombre!» en La Voz del Soldado (2-VII-1938), indica que es «miliciano de Cultura 572 Bón.»; Antonio Rosas Guirao, autor de «La patria universal» que aparece en CNT del Norte (22-XII-1936), declara que es «sargento del Cuerpo Disciplinario de Euskadi (Portugalete)», y así un larguísimo etcétera.

[2] «La campana del Deber», en Faro de Vigo [Vigo], 15-II-1936.

[3] «Mira las milicias, madre...», en La Mañana [Jaén], 16-II-1937.

[4] J. J.: «Coplas», en La Mañana [Jaén], n.º 1.346, 16-IX-1936, p. 1.

[5] «¡Hombre al fusil, niño a la escuela!», en Libertad [Cieza, Murcia], 13-IX-1936.

[6] «Tríptico», en La Mañana [Jaén], 7-X-1936, p. 1

[7] «De trinchera a trinchera», en Enlace [Gijón], n.º 1, año I, 3-V-1937, última página.

[8] Pablo Toucet publicó en 1936, en la tipografía santanderina de J. Martínez, una obra de teatro revolucionario en un acto y tres cuadros, de 46 páginas, titulada El pueblo está preso.

[9] «Altavoz en el Frente», en Nueva Ruta [Santander], n.º 6, año II, 23-I-1937, p. 4.

[10] Francesc Puig Espert es autor, entre otros, de: Esbérles del cor (Valencia, Imprenta Les Arts, 1914, 75 p.) y Hortolans (Valencia, Imprenta V. Cortell, 1967, 110 p.).

[11] «¡Viva Teruel! ¡Viva España!», en Libertad [Cieza, Murcia], 26-II-1938.

[12] «Arenga lírica», en Vanguardia [Gijón], 24-XII-1936, última página.

[13] «El 19 de julio», en Mi Revista [Barcelona], n.º 1, año I, 15-X-1936, s.p.

[14] J. R.: «¡¡Cayó el compañero Pancho!!», en Acracia [Gijón], 14-VIII-1937, p. 2.

[15] Véase sobre este escritor Muñiz, M.ª Elvira (2007): «Juan Manuel Vega Pico, poeta», en Una vida para la literatura, Gijón, Ateneo Jovellanos, pp. 145-152.

[16] «Romance del comandante», en Vanguardia [Gijón], n.º 27, año II, 3-VI-1937.

[17] «Amaneceres de niebla», en Vanguardia [Gijón], n.º 5, año I, 17-XII-1936, última página.

[18] La producción literaria de Balbontín, antes de la guerra civil, está compuesta por obras como: Albores, Madrid, 1910, 152 p.; De la Tierruca, Madrid, Gabriel López del Horno, 1912, 254 p.; La risa de la esperanza, Madrid, Imprenta Española, 1914, 287 p., o Romancero del pueblo, Madrid, Imprenta de Juan Pueyo, 1931, 214 p. Tras el final de la contienda y su exilio, publica otras más, entre ellas las tituladas: La España de mi experiencia (Reminiscencias y esperanzas de un español en el exilio), México, Aquelarre, 1952, 536 p.; Por el amor de España y de la idea (Cien sonetos de combate contra Franco y sus huestes), México, 1956, 110 p., o Tres poetas de España: Rosalía de Castro, Federico García Lorca, Antonio Machado, México, 1957, 155 p.

[19] «Romance de Francisca Solano», en Ahora [Madrid], 18-VIII-1936.

[20] «Al Batallón “Mártires de Carbayín” y al comandante Angelín», en Vanguardia [Gijón], n.º 30, año II, 27-VI-1937.

[21] Agraz es autor, entre otras obras, de Resistencia de Madrid (Madrid, Sección de Propaganda del Comité de Defensa Confederal del Centro, 1936, 106 p.).

[22] «¡Atención!», en Juventud Libre [Barcelona], 2-IV-1938, p. 1.

[23] «Madrid, de los madrileños», en El Trabajo [Madrid], febrero de 1937, última página.

[24] «Alas negras fascistas», en: Boletín del Sindicato de las Industrias, de la Edificación, Madera y Decoración [Barcelona], n.º 20, 15-IX-1938, p. 4.

[25] «¡¡Madre Rusia!!», en Artes Blancas [Madrid], septiembre de 1937, s.p.

[26] «¡Ojo con la retaguardia!», en ¡Adelante! [Cuenca], n.º 34, 24-IV-1937, p. 1.

[27] «Ropas para el Frente. ¡Insisto!», en Euskadi Roja [Bilbao], 3-X-1936, p. 5.

[28] «España mártir», en La Voz del Soldado [Barcelona], n.º 17, año I, 1-X-1938, p. 12.

[29] «Canto a la bandera tricolor», en Valor [Madrid], n.º 22, año II, 18-VII-1938, p. 10.

[30] Tomás España consta como el autor de un libro titulado Chispas del yunque (Biografías, retratos, dibujos, poesías, conferencias), Madrid, Sucesores de Rivadeneyra, 1937, 79 p.

[31] «Mi bandera», en Valor [Madrid], n.º 15, año II, 1-II-1938, p. 3.

 

© José Luis Campal y Aurora Sánchez 2011

Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

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