El articulismo de opinión como fuente para la investigación histórica:
el ejemplo del franquismo

Cristóbal Villalobos Salas

Universidad Nacional de Educación a Distancia
cristobalvillalobossalas@gmail.com


 

   
Localice en este documento

 

Resumen: Los artículos de opinión constituyen una interesante y atractiva fuente histórica para conocer la mentalidad de una sociedad en una época concreta, en este caso proponemos su uso para el estudio del franquismo.
Palabras clave: Artículo de opinión, columnismo, fuente histórica, franquismo.

 

El articulismo de opinión como fuente histórica

Historia y Periodismo han mantenido una estrecha relación en el ámbito de la Historia Contemporánea y de la Historia del Presente, hasta el punto de confundirse en determinados momentos.

El uso de la prensa y de los medios de comunicación escritos, como fuente para la investigación histórica, resulta un recurso obligado para acometer con acierto casi cualquier estudio histórico relativo a la Historia Contemporánea.

De esta forma, resulta habitual la consulta de periódicos, revistas y cualquier otro tipo de publicación periódica, contenidas habitualmente en las hemerotecas, con el fin de estudiar un período o un problema histórico determinado.

Es así como algunos autores, como es el caso del maestro de periodistas, y también de historiadores, el polaco Ryszard Kapuscinski, consideran el periodismo como la propia Historia en el mismo momento de su desarrollo.

Así, Kapuscinski hace esta reflexión, identificando el trabajo del historiador con el del periodista, en una conocida obra sobre el ejercicio del Periodismo [1].

El articulismo de opinión o columnismo constituye un género a medio camino entre el Periodismo y la Literatura, por lo que su estudio y análisis ha sido poco prolífico hasta fechas recientes, por no estar encuadrado claramente en alguno de estos dos ámbitos.

Desde el Periodismo, el artículo de opinión recibe diversas definiciones y tiende a ser considerado como un género literario infiltrado de manera espuria entre los géneros estrictamente periodísticos [2] .

Muchos han sido los estudiosos y especialistas que han propuesto diversas definiciones sobre el concepto de articulismo de opinión sin llegar a un consenso definitivo.

Pero de entre todas estas reflexiones podemos destacar aquellas características propias del articulismo de opinión que son resaltadas en buena parte de las definiciones que los investigadores proponen.

El articulismo de opinión se caracteriza por poseer tema libre, pero siempre sin perder de vista la referencia de la actualidad, lo protagonizan escritores de reconocido prestigio, que pueden, o no, ser periodistas, tiene una finalidad valorativa, pero también lúdica, y su estilo ligero se sitúa entre la literatura y el periodismo [3].

El articulismo de opinión se caracteriza también por su variedad de discursos, de rasgos diferenciales y de estructuras, por lo que se plantea la necesidad de no despreciar su potencial naturaleza poligenérica [4].

Para situarnos en el contexto de este trabajo, y aunque la definición pueda resultar algo incompleta, podemos decir que el artículo de opinión es un escrito, de muy amplio y vario contenido, de varia y muy diversa forma, en el que se interpreta, valora o explica un hecho o una idea actuales, de especial trascendencia, según la convicción del articulista [5].

Se trata de un género periodístico con unas características muy variadas y diversas. Dentro del concepto de artículo de opinión caben multitud de publicaciones en prensa con estructura, temática, o autores, totalmente diferentes. Es así como, bajo las características ya comentadas, además de las más generales de disponer de un espacio en un periódico, o en una revista, una periodicidad más o menos fija y una firma con la que el autor se responsabiliza de su trabajo, como artículo de opinión se pueden publicar textos muy diversos.

De esta forma, algunos autores han propuesto diferentes divisiones y clasificaciones dentro del artículo de opinión, obteniendo una divergencia de criterios, a la hora de realizar estas clasificaciones, de forma similar a la propia diversidad de definiciones disponibles sobre el concepto de articulismo o columnismo.

Así, teniendo en cuenta los trabajos de varios autores, podemos hablar de columnas personales, de artículos de crítica cultural, de comentarios políticos, de columnas de deportes, de sociedad, de gastronomía, de ensayo, humorísticas, etc.

De todas éstas, centraremos nuestra visión en las columnas personales, ya que son las más características dentro del columnismo de opinión, constituyendo unos espacios de tema libre destinados a escritores de prestigio y fama, con la única condición de que firmen sus artículos [6].

Para profundizar en el concepto de artículo de opinión o de columnismo basta con consultar alguna de las obras sobre este tema, como por ejemplo el libro del profesor León Gross, El artículo de opinión, en el que se realiza un magnífico análisis sobre las definiciones propuestas por los más destacados investigadores que se han interesado por este asunto [7].

Pero antes de poner punto y final a esta breve reflexión sobre el artículo de opinión resulta interesante apuntar la definición que sobre este género periodístico nos brinda Susana González Reyna: La columna, como artículo de opinión, es el género periodístico que con una frecuencia determinada, interpreta, analiza, valora y orienta al público respecto de sucesos noticiosos diversos [8].

Esta definición nos brinda una de las características que tenemos que tener más presente a la hora de usar los artículos como fuente para la investigación histórica; su capacidad para crear corrientes de opinión o para influir en éstas.

Es esto lo que, junto con la capacidad de los artículos de reflejar lo que está ocurriendo en la sociedad en la que escribe el autor, nos ha llevado a contemplar el articulismo de opinión como una fuente útil para ayudar al historiador a investigar diferentes procesos históricos.

La intención de este trabajo no es la de analizar el articulismo desde una óptica formal o desde un punto de vista ligado a la Literatura o al Periodismo, para lo que ya hay interesantes obras y artículos, sino proponer el uso del artículo de opinión como fuente para la investigación de un período histórico concreto.

En este caso proponemos estudiar el articulismo durante el franquismo con el fin de colaborar a comprender mejor la evolución política y social de este régimen.

Para ello, habrá que tener en cuenta aspectos como las características y el desarrollo del régimen franquista, su política con respecto a los medios de comunicación, la censura gubernamental sobre éstos y, por supuesto, las propias características del artículo de opinión, entre las que destacamos la subjetividad de los autores y las circunstancias personales de los mismos.

A continuación haremos un breve repaso por el panorama del articulismo de opinión durante el franquismo, con el objetivo de brindar al lector interesado una visión general que le ayude a poder plantearse el uso del articulismo como fuente para investigar el periodo histórico del franquismo.

 

El articulismo de opinión durante el franquismo

Tras la Guerra Civil el panorama de la prensa española es monolítico, acorde con la situación política y social surgida de la contienda fratricida.

El Estado ejerce un control férreo y absoluto sobre los medios de comunicación, dedicando especial atención a la prensa escrita. Podemos hablar, durante la mayor parte del franquismo, de la existencia de un sistema de prensa orientada [9], en el que la pluralidad brilla por su ausencia, y de cuyo sistema de control sólo escapan parcialmente algunas publicaciones ligadas a la Iglesia, así como alguna publicación cultural [10].

Los medios de comunicación impresos quedaban bajo el control de las diferentes familias del régimen. En la prensa de Madrid podemos destacar algunos medios que son ejemplos de este hecho.

Así, conviven ¡Arriba!, como órgano oficial del Movimiento Nacional, ABC, de tendencia monárquica y conservadora, el Diario Ya, ligado a la Iglesia a través de la Asociación Católica Nacional de Propagandistas, o Pueblo, cercano al sindicato vertical, entre otros medios ligados a las diferentes tendencias políticas del franquismo.

Así mismo, hasta el año 1966 se mantuvo vigente la Ley de Prensa de 1938, diseñada por Serrano Súñer para controlar de forma estrecha las publicaciones en el contexto de la Guerra Civil.

Esta ley establecía la censura previa y creaba las llamadas consignas, método por el cual la autoridad gubernativa podía ordenar la inserción de artículos con una determinada tendencia o contenido en los medios impresos.

El régimen franquista se prolonga hasta la muerte del dictador en el año 1975. Hasta entonces, la prensa española pasa por diversas etapas, si bien éstas difieren cronológicamente según los autores hagan hincapié en la evolución socio-política del régimen o en la evolución del control de la información.

Así, Terrón Montero propone la división de la historia de la prensa durante el franquismo en tres etapas: 1936-1950, 1951-1961 y 1962-1975 [11].

Por el contrario, Justino Sinova propone cuatro etapas relativas al control de la información por parte del Gobierno de turno. La primera de las etapas (hasta finales de enero de 1938) se correspondería con la censura militar. Las otras tres etapas con las responsabilidades de los ministros Serrano Súñer, Arrese y Arias Salgado, y Martín Artajo e Ibáñez Martín [12].

Sin embargo, con respecto al articulismo de opinión, el franquismo puede dividirse en dos etapas; por un lado el período que discurre entre la Ley de Prensa de 1938 y la Ley de Prensa e Imprenta de 1966 y, la segunda etapa, desde la entrada en vigor de esta ley hasta la muerte de Franco y el inicio de la transición española.

En este trabajo nos centraremos principalmente en el análisis del columnismo hasta 1966, ya que es esta la época que podemos considerar más característica del articulismo franquista, dentro de una prensa dirigida y controlada por el Estado.

A partir de 1966 se iniciará una etapa de aperturismo en la que el articulismo evolucionará, con una nueva generación de autores, hacia su auge durante la transición. Podemos considerar esta segunda etapa como parte de la transición española a la hora de estudiar el articulismo de opinión, ya que en ella se inicia el apogeo que vivirá el articulismo tras la muerte de Franco y empiezan a surgir los medios y la generación de columnistas que protagonizarán este fenómeno.

Como ya hemos comentado, la pluralidad informativa durante los inicios del franquismo era mínima y esto, como no podía ser de otra manera, se reflejaba en los artículos de opinión.

En Ya destacaban los artículos doctrinarios y formativos con carácter religioso, en El Alcázar, de carácter tradicionalista, se publican artículos apologéticos no muy extensos. En Arriba se entremezclan artículos firmados con editoriales con la impronta y el lenguaje poético del falangismo.

En Madrid, junto a estos medios, convivían también Pueblo, ligado al nacionalsindicalismo, Informaciones y Madrid. Fuera de la capital de España el panorama informativo estaba dominado por los 37 diarios y las 15 revistas que editaba la prensa del Movimiento, medios en los que colaboraban altos cargos de la administración.

Es el caso de Carrero Blanco, cuyos artículos aparecían firmados con los seudónimos Juan Español y Ginés de Buitrago .

El panorama mediático franquista destacaba por su falta de pluralidad; los únicos periódicos que se editaban legalmente eran los impresos por organismos del Régimen o aquellos que son tolerados y controlados estrechamente por él.

Por tanto, todo lo que aparezca en esta prensa no puede sino emanar del franquismo y reflejarlo como producto suyo directo que es [13].

El ambiente monolítico era sorteado, en mayor o menor medida, por publicaciones especializadas del ámbito cultural o científico, como ya hemos comentado anteriormente.

De esta forma, en 1940 se funda la revista Escorial, dirigida por Laín Entralgo y Dionisio Ridruejo. En esta revista escriben jóvenes intelectuales que pronto se sintieron descontentos por el funcionamiento del régimen franquista.

Esta revista contó con artículos de opinión de grandes intelectuales y escritores consagrados como Gregorio Marañón, Eugenio D’Ors, Menéndez Pidal, Pío Baroja, Julián Marías, Javier Zubiri o Luis Rosales. La nómina de colaboradores de esta publicación resultaría en la actualidad impagable, cobijando sus páginas las reflexiones de algunos de los pensadores más importantes del siglo XX.

Otra revista en la que se darán a conocer los intelectuales más jóvenes, así como algunas firmas extranjeras, será Arbor, dirigida por Rafael Calvo Serer entre 1951 y 1953 [14].

En esta misma línea destacan las revistas dependientes del Centro Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), que en el año 1951 disponía de 118 revistas destinadas al articulismo académico y científico.

Otro cauce para el articulismo de opinión durante estos años son las revistas universitarias y juveniles, entre las que destacaban Juventud, editada por la Delegación Nacional del Frente de Juventudes, en la que escriben Jaime Campmany, Rafael Azcona, Gabriel Elorriaga, Daniel Sueiro y Manuel Alcántara, o La Hora, editada por el SEU, en la que escribían, bajo la dirección de Gabriel Elorriaga, parte de los colaboradores de Juventud, así como otras firmas consagradas como Eugenio D’Ors, José Luis Aranguren, Camilo José Cela, Julián Marías, Manuel Fraga, Ignacio Aldecoa o Raimundo Fernandez Cuesta.

Mientras tanto, Destino, semanario de política y literatura, acoge firmas prestigiosas como Josep Pla, Miguel Delibes o Dionisio Ridruejo. Actualidad Española, la Gaceta Española y Blanco y Negro apuestan también por incorporar opinión a sus contenidos.

En esta misma senda, ABC, bajo la dirección de Luis Calvo entre 1954 y 1962, recuperará el espíritu liberal de sus colaboradores, manteniendo un nivel altísimo en la calidad de sus articulistas.

Así, en ABC colaboran Ramón Pérez de Ayala, Gregorio Marañón, Dámaso Alonso, Serrano Súñer, Víctor de la Serna, Laín Entralgo, Camón Aznar, Agustín de Foxá, González Ruano, Giménez Arnau, José María Pemán, Manuel Aznar, Jacinto Benavente y, de forma más esporádica, Azorín.

El auge del articulismo de opinión en este medio se ve refrendado por la creación de los premios Cavia y Luca de Tena, que recae en las firmas con más proyección durante estos años: Martín Abril, Carlos Sentís, Luis Calvo, González Ruiz, Julio Camba, Gregorio Corrochano o Manuel Aznar, entre otros premiados [15].

A finales de los años cincuenta y principios de los sesenta se aprecia un tímido cambio en la prensa y se va perdiendo poco a poco el carácter propagandístico y educativo de la misma.

En este contexto se produce cierta relajación en los medios que lleva a Eugenio D’Ors y a Ramón Gómez de la Serna a las páginas de Arriba, a los que se suma Manuel Alcántara, en 1958, en su primera columna periódica, junto a los artículos deportivos de Jaime Campmany o a colaboradores como Ernesto Giménez Caballero, Alfredo Sánchez Bella, Rafael García Serrano, Sánchez Silva o Antonio Izquierdo.

También Pueblo aporta novedades al panorama del columnismo del momento. A sus páginas desembarcará Manuel Alcántara, tras abandonar Arriba en solidaridad con Gómez de la Serna, despedido de este periódico. Otras firmas de Pueblo en los años sesenta serán Francisco de Cossío o Martín Pescador.

En la sección de deportes de este diario empezarán a destacar firmas como la de Pedro Escartín, Matías Prats o Miguel Ors y, como corresponsales en el extranjero, José María Carrascal desde Berlín o Felipe Mellizo desde Viena.

Pero sobre todo, Pueblo destacará por una rica nómina de colaboradores entre los que destacarán Carmen Laforet, Castillo Puche, Santiago Loren, Gabriel Elorriaga o Manuel de San Martín.

Poco a poco el modelo de Página Tres seguirá extendiéndose por los medios. Así, Madrid también incorpora a esa página firmas de prestigio como las de Alfonso Paso, Augusto Martínez Olmedilla o Luis Romero.

En El Alcázar la sección fija es de Javier María Pascual y las firmas colaboradoras de Alfonso Rey, Fernando Malo, Joaquín Merino o Manuel Morera, entre otros.

ABC continuará con la excelente nómina de colaboradores e incluirá en los años sesenta nuevos nombres como los de Luis María Ansón, Alfonso Sastre o Alfonso de la Serna. En este mismo diario destaca la columna de César González Ruano, titulada Última hora, que gozará de gran éxito popular.

En Ya la opinión parece menos valorada [16], pero contará con columnistas como Manuel Alcántara y, después, con Jesús Torbado, Santiago Galindo Herrero y F. Javier Martín Abril, así como con colaboradores como Luis Sánchez Agesta, Nicolás González Ruiz, Manuel Santaella o Guillermo Díaz Plaja.

En Informaciones se alternan en la última página César González Ruano y Concha Castroviejo y, en la página tres, aparecen los artículos de Alfonso Sánchez y de María Luz Nachón Riaño.

Jaime Campmany despertará del letargo al diario Arriba con su acertada dirección del medio y con sus columnas, junto a la que recuperará la firma de Manuel Alcántara.

A partir de 1966, coincidiendo con una nueva etapa en la prensa, merced a la entrada en vigor de la Ley de Prensa e Imprenta, surge una nueva generación de columnistas, que alcanzará su apogeo durante la transición, para los que actuarán de puente los más avanzados discípulos de César González Ruano; Jaime Campmany, Manuel Alcántara y Francisco Umbral.

 

A modo de conclusión: un modelo de análisis retórico

Hemos realizado un breve recorrido por el panorama del articulismo de opinión en el franquismo, a través de los principales autores y los medios en los que publicaban, hasta el año 1966.

Sentamos, de esta forma, la base para futuras investigaciones históricas en las que se analicen los artículos de los principales autores con el fin de ponerlos en relación con la política de información del Estado, así como con la política editorial de los medios que los cobijan.

Así mismo, proponemos la utilización de artículos concretos de opinión para que, sometidos a un conveniente proceso de crítica, nos permitan ser utilizados como una fuente más a la hora de investigar determinados períodos o hechos históricos, así como los procesos de evolución de una sociedad determinada durante un marco cronológico concreto.

Con este fin nos hacemos eco de la propuesta de modelo de análisis retórico para la columna personal realizada por el profesor de la Universidad de Málaga Bernardo Gómez Calderón [17].

Este modelo de análisis retórico se centra en el análisis de cuatro campos del artículo que estemos analizando: la intellectio, la inventio, la dispositio y la elocutio.

La intellectio se refiere al tema sobre el que versa el texto, en este caso el artículo, que normalmente tiene una temática centrada en la actualidad política, social o cultural.

Es habitual que el tema de la columna condicione los argumentos y los recursos elocutivos con los que el autor apuntalará su tesis [18].

La inventio engloba los argumentos con los que el autor intenta persuadir a la audiencia de lo acertado de sus planteamientos.

La dispositio hace referencia al modo en que los argumentos se ordenan a lo largo de un texto persuasivo. Así, puede existir en una columna tres posibles distribuciones de los argumentos; deductiva, inductiva y circular.

Por último, la elocutio es la parcela retórica más rica de las que abarca la columna literaria, ya que en ella hay que tener en cuenta varios campos como las figuras retóricas, el léxico o la intertextualidad. La mayor parte de los recursos elocutivos que se encuentran en la columna personal están dentro de algunas de estas categorías [19].

Como es obvio, este modelo de análisis retórico no está pensado para una investigación histórica. Sin embargo, me parece útil que, a la hora de usar un artículo de opinión como fuente para la investigación histórica, además de atenernos a la crítica propia de nuestra labor como historiadores, tengamos en cuanta estos aspectos más propios de la literatura y el periodismo pero que, sin embargo, nos proporcionan una información que no podemos despreciar.

 

Notas

[1] Kapunscinski, Ryszard (2002): Los cínicos no sirven para este oficio: sobre el buen periodismo. Anagrama, Barcelona, pág. 58.

[2] León Gross, Teodoro (1996): El artículo de opinión. Ariel, Barcelona, pág. 145.

[3] Villalobos Salas, Cristóbal (2010): “La realidad política y social de la transición española a través del articulismo de opinión: el caso de la revista Triunfo”, en Fuentes Navarro, Mª Candelaria et alii, eds.: II Encuentro de Jóvenes Investigadores en Historia Contemporánea : celebrado en Granada los días 22 al 25 de septiembre de 2009. Editorial Universidad de Granada, Granada, págs. 1-2.

[4] Todorov, Tzvetan (1972): Lo verosímil. Tiempo Contemporáneo, Buenos Aires, pág. 97.

[5] Martín Vivaldi, Gonzalo (1987): Géneros periodísticos: reportaje, crónica, artículo. Paraninfo, Madrid, págs. 153-154.

[6] Martínez Albertos, José Luís (1993): Curso General de Redacción Periodística. Paraninfo, Madrid, 2.ª ed. rev., pág. 382.

[7] León Gross, Teodoro, op.cit., págs.150-170.

[8] González Reyna, Susana (1991): Géneros periodísticos 1: Periodismo de opinión y discurso. Trillas, México D.F., pág. 89.

[9] Sánchez Aranda, José Javier y Barrera, Carlos (1992): Historia del periodismo español: desde sus orígenes hasta 1975. EUNSA, Pamplona, pág.437.

[10] Ibidem.

[11] Terrón Montero, Javier (1981): La prensa en España durante el régimen de Franco: un intento de análisis político. Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), Madrid.

[12] Sinova, Justino (2006): La censura de prensa durante el franquismo. De Bolsillo, Barcelona.

[13] Peña-Martín, Cristina (1980): El discurso político en la prensa madrileña del franquismo. Bulzoni, Roma, pág.14.

[14] León Gross, Teodoro, Op.cit., pág. 106.

[15] Idem, pág. 104.

[16] Idem, pág. 109.

[17] Gómez Calderón, Bernardo (2004): “De la intellectio a la elocutio: un modelo de análisis retórico para la columna personal”, Revista Latina de Comunicación Social, nº 57.

[18] Idem, pág. 2.

[19] Ibidem.

 

[*] Datos de publicación: Versión corregida y modificada de la ponencia “La evolución política y social del régimen franquista a través del articulismo de opinión”, defendida el 17 de septiembre de 2010 en el X Congreso de la Asociación de Historia Contemporánea, celebrado los días 16 y 17 de septiembre de 2010 en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Cantabria, en Santander, y cuyas actas están aún por publicar.

 

Cristóbal Villalobos Salas es Licenciado en Historia por la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Málaga, Máster en Museología por la Universidad de Granada y Máster en Métodos y Técnicas Avanzadas en Investigación Histórica, Geográfica y Artística de la Facultad de Geografía e Historia de la UNED.

Escritor y columnista. Fue premiado con un accesit del Premio de Periodismo Augusto Pérez Perchet, otorgado por el Ateneo y la Universidad de Málaga dentro de los premios Ateneo-Universidad 2009. En la actualidad prepara su tesis doctoral en el departamento de Historia Contemporánea de la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED).

 

© Cristóbal Villalobos Salas 2011

Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

El URL de este documento es http://www.ucm.es/info/especulo/numero47/artfranc.html