El civilizado sobre el bárbaro:
el empleo de William Henry Hudson en la obra de Jorge Luis Borges

Dr. Kenneth Reeds

Salem State University
Massachusetts, EE.UU.
kreeds@salemstate.edu


 

   
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Resumen: Este trabajo trata de las alusiones que hizo Jorge Luis Borges a William Henry Hudson. Durante treinta años, Borges empleó a la obra de Hudson en una variedad de contextos. Analizando la mayoría de estas alusiones, demostrará cómo Borges volvía reiteradamente a Hudson y particularmente su novela The Purple Land para promocionar su noción del lugar de las letras argentinas en el mundo. Nos presentará a un Borges que evoluciona. Al principio inmaduro, celoso de Europa y crítica de Latinoamérica. Más tarde maduro, pero todavía esperando mejor para la relación transatlántica. Esta evolución es iluminadora porque no solamente proporciona una idea de lo que opinaba Borges en cuanto a la ubicación de las letras argentinas en el mundo, sino que también sugiere una idea de sus pensamientos a cerca del debate civilización y barbarie.
Palabras clave: Jorge Luis Borges, William Henry Hudson, The Purple Land, crítica literaria

 

La transformación de William Henry Hudson en ser un escritor de ficción fue poco probable y bastante a su pesar. Biógrafos, como John T. Frederick, argumentan que su ambición era llegar a ser un naturalista: “In these early years of his manhood Hudson’s ambition clearly was to become known and honored as a scientist, specifically as an ornithologist” (Frederick 1972: 14). Sin embargo, después de abandonar la Argentina de su nacimiento en 1874 para mudarse a Inglaterra donde encontró el rechazo por su falta de formación universitaria como científico, Hudson tuvo que convertirse en un escritor de ficción para enfrentarse a dificultades económicas. En un giro irónico, Hudson se concentró en escribir sobre el Cono Sur mientras sufría la pobreza inglesa durante años hasta producirse la publicación de su primera novela The Purple Land that England Lost en 1885. Proponiendo el estilo de vida gauchesco de Uruguay mejor que la urbanidad de Inglaterra, es posible leer la novela como una venganza hacia la sociedad inglesa tras su rechazo como científico; una especie de critico bárbaro de la civilización. Sin embargo, la novela es más compleja que la simplicidad aparente al capturar aspectos del mundo gauchesco de tal manera que cuarenta años después de esta publicación Borges escribió a los argentinos que las narraciones de Hudson fueron “más nuestras que una pena” (Borges 1994: 145).

La mención más temprana de Borges sobre la obra de Hudson fue en un ensayo titulado “Queja de todo criollo” que apareció en la colección de 1925 Inquisiciones. A menudo los críticos han ignorado el ensayo pues apareció entre una veintena de escritos que cubrían una variedad de temas incluyendo las visiones de Borges sobre el movimiento literario de la vanguardia española, el ultraísmo, y también la herramienta más importante del mismo movimiento: la metáfora. Además, Inquisiciones contiene ensayos sobre el expresionismo alemán, quizás el primer análisis latinoamericano del Ulysses de Joyce, y otros temas de interés internacional. A pesar de este enfoque tan europeo e internacional, Borges no olvidó sus raíces e incluyó algunos ensayos tratando temas argentinos. Es entre estos ensayos que encontramos la primera mención de Hudson en la obra del escritor argentino.

El ensayo sólo menciona a Hudson brevemente al final y no cita ninguna novela por su nombre. De todas formas, el tema se enfoca en la poesía gauchesca y la situación del criollo en Argentina, ante lo cual es posible pensar que la novela que Borges tenía en mente era The Purple Land. Comenzó argumentando que a menudo hay dos visiones sobre la naturaleza de una nación: la leyenda y la verdad. La segunda aparece por costumbres y hábitos duraderos mientras la primera se emite, a veces, a través de un personaje famoso. Para Borges, es posible encontrar la leyenda de Argentina en el criollo, y es a elogios de su poesía y canción que el autor dedica el resto del ensayo. Según Borges, las pocas cosas originales en la poseía gauchesca son “[l]a tristura, la inmóvil burlería, la insinuación irónica” y un tono general de tragedia (Borges 1994: 144). Es la tragedia de haber hecho el trabajo sucio de Rosas, de sufrir el cercamiento de la tierra, de ver el ganado cambiado por agricultura y de encontrarse como extranjeros en su propio hogar. Es la tragedia de verse forzado de someterse a palabras como “argentinidad y progreso;” un acto que no tiene otro fin que aceptar a Buenos Aires y lo urbano (Borges 1994: 145). Pero el final, para Borges, aún está por escribir: “[e]n el poema de Hernández y en las bucólicas narraciones de Hudson (escritas en inglés, pero más nuestras que una pena) están los actos iniciales” (Borges 1994: 145). Borges muestra conciencia de esta tragedia, pero encuentra triunfo en el acto de cantarla. Elogia a Lugones como “el ejemplo menos lastimoso del trance por el cual hoy pasamos todos: el del criollo que intenta descriollarse para debelar este siglo” (Borges 1994: 144). En otras palabras, este ensayo nos presenta un Borges que opina que es un éxito cantar a la tragedia del gaucho en una voz descriollada y es esta voz la que intenta conquistar el siglo. Considerando esta postura, no nos debe sorprender que el último párrafo evita simpatía por la última canción del criollo, solamente que “[m]orir es ley de razas y de individuos” y la cosa importante es “[m]orir cantando” (Borges 1994: 145-46). Mientras reconoce la naturaleza trágica del fin del estilo de vida gauchesco, en vez de mostrar simpatía, Borges celebra los que cantan esta tragedia en una manera no-criolla. En 1925 parece claro que Borges clama por lo urbano sobre lo rural, pero le gusta la canción de la tragedia rural y considera a Hudson como una de sus voces.

Las siguientes dos alusiones a Hudson aparecen en la colección de 1926 El tamaño de mi esperanza. Similar al libro del año anterior, es una mezcla de ensayos que tratan de temas orientados hacia Europa yuxtapuestos a temas de enfoque argentino. El primer artículo, que dio título al libro, examina el significado de ser porteño. Borges dirigió sus palabras a los que viven y mueren con la ciudad y no “los que creen que el sol y la luna están en Europa” (Borges 1994: 11). Continua con un resumen de los logros culturales e históricos bonaerenses con menciones especiales para el tango y Juan Manuel de Rosas. Para Borges la vida argentina es buena, aunque intelectualmente seca. Fue en esa sequedad donde encontró “el tamaño” de su “esperanza:” “Buenos Aires […] es un país y hay que encontrarle la poesía y la música y la pintura y la religión y la metafísica que con su grandeza se avienen” (Borges 1994: 14). A pesar de enfocar el ensayo en Buenos Aires y de llamar la ciudad un país, no fue la única fuente de inspiración. Argumenta que mientras el argentino debe rechazar la meta de convertirse en norteamericano o europeo, debe también evitar el rechazo del mundo externo porque lo puede utilizar para alimentar el ascenso de Buenos Aires. El ensayo no es solamente una petición por un gran Buenos Aires, sino también un mapa de cómo lograrlo: con una relación amplia con el extranjero. El resto del libro sirvió como ejemplo de cómo elevar la intelectualidad argentina al nivel europeo. En el incluyó ensayos sobre temas orientados hacia Europa como un análisis de Saint Joan de Shaw, una discusión de “The Ballod of Reading Gaol” por Oscar Wilde, un comentario sobre Apollinaire, ensayos sobre la opinión de Milton de la rima y un soneto por Góngora. En contraste de estos temas euro-céntricos, Borges añadió ensayos sobre el Fausto de Estanislao del Campo, la pampa, mitos argentinos, Roberto Arlt, y el precursor de una pieza que aparecería más tarde sobre Evaristo Carriego. Fueron entre estos ensayos enfocados en Argentina donde Borges introdujo alusiones a Hudson.

Se puede encontrar la primera, que es poco más que breve, en el ensayo “La pampa y el suburbio son dioses”. Esta pieza argumenta que la gran extensión de la pampa y la naturaleza del arrabal son dos porciones del mundo exclusivas a Argentina. La primera, escribe Borges, ha sido puesta en palabra por otros, mientras que él espera escribir la segunda en el futuro; algo que eventualmente logra en obras como la biografía de 1930 Evaristo Carriego y la inclusión de 1935 de “Hombre de la esquina rosada” en Historia universal de la infamia. Al discutir el tamaño de la pampa, Borges usa algunas citas para mostrar como la extensión ha sido representada en la literatura argentina. Sin embargo, tiene que preguntar si es realmente tan grande como los versos surgieren; la respuesta llega a través de una cita larga de Hudson citando a Darwin:

En alta mar, estando los ojos de una persona a seis pies sobre el nivel del agua, su horizonte está a una distancia de dos millas y cuatro quintos. De igual manera, cuanto más aplanada es una llanura, tanto más va acercándose el horizonte a estos estrechos límites: cosa que, a mi entender, aniquila enteramente la grandeza que uno le imagina de ante mano a una gran llanura. (Borges 1994: 22-23)

Salvo para decir que estuvo de acuerdo, es interesante notar que Borges evitó incluir cualquier comentario que Hudson hizo sobre esta cita de Darwin. ¿Por qué, entonces, eligió citar a Darwin por vía de Hudson cuando pudo haber ido directamente al naturalista inglés? La respuesta a esta pregunta aparece en la frase que escribió Borges después de la cita: “Guillermo Enrique Hudson, muy criollero y nacido en nuestra provincia, transcribe y ratifica esa observación” (Borges 1994: 23). Para Borges, cuya “esperanza” es llevar la vida intelectual de Argentina al nivel de Europa, parece importante que alguien que él puede afirmar como argentino ratifique las palabras de Darwin. Esta tesis es subrayada por la insistencia de Borges en traducir el nombre de Hudson al español y también la importancia de mencionar que nació “en nuestra provincia”. Después de todo, a pesar del lugar de nacimiento, es más difícil afirmar que alguien nombrado William Henry es argentino. La cita viene de las primeras páginas del libro de Hudson de 1892 The Naturalist in La Plata. Escrito en el estilo pseudocientífico de Hudson, es más frecuentemente apreciado por la gran cantidad de desacuerdos que Hudson tiene con Darwin, en lugar del excepcional acuerdo que citó Borges. En este ensayo Borges celosamente afirma la argentinidad de Hudson y la utiliza para promover la meta de alzar Buenos Aires a los niveles intelectuales de Europa.

La segunda alusión a Hudson en El tamaño de mi esperanza aparece en un ensayo que, a partir del título, se centra en la primera novela de Hudson: “La tierra cárdena”. Comienza mirando las naturalezas de nacionalidades diversas y sus relaciones con culturas extranjeras: los alemanes, escribe Borges, intentan categorizar todo el mundo en un orden donde ellos están por encima de todos, mientras los franceses ven a todas las alternativas a su modo de vida como afrentas a su orgullo, y sin embargo los ingleses se salvan gracias a una capacidad de convertirse en “forasteras variaciones del ser: un desinglesamiento despacito, instintivo, que los americaniza, los asiatiza, los africaniza” (Borges 1994: 33). Entre estos ingleses, estos adaptadores naturales, Borges coloca “este gran Hudson, inglés chascomusero y hombre de ciencia universal” (Borges 1994: 34). En esta descripción de Hudson, Borges le ha llamada inglés y categorizado entre este grupo de ingleses capaces de adaptarse a otras culturas. La biografía de Hudson, que antes Borges había mostrado concienzudamente, niega ambos puntos. De todas formas, es importante asociar a Hudson a esta porción ambulante, multicultural, y con aspecto de “desinglesamiento” de la cultura inglesa porque en esta manera Borges puede afirmar la argentinidad de Hudson; algo que no tiene ningún problema hacer en cuanto a su novela, afirmando sin reparo: “libro más nuestro que una pena, sólo alejado de nosotros por el idioma inglés, de donde habrá que restituirlo algún día al purísimo criollo en que fue pensado” (Borges 1994: 34). Para Borges, el argumento central de la novela es “bendice el vivir gaucho y hace[r] la apología del instinto y la condenación de las leyes” lo cual, por supuesto, en la dicotomía de Sarmiento de civilización y barbarie pone a Hudson claramente con lo segundo (Borges 1994: 34). En esta manera, Hudson está con Hernández, pero Borges le separa a Hudson del autor del Martín Fierro. Él señala que al final del poema de Hernández hay versos como “Debe el gaucho tener casa / Escuela, Iglesia y derechos”. Para Borges esto es puro Sarmiento. En este ensayo Borges ha convertido a Hudson en el tipo de inglés capaz de adaptarse a otras culturas. Posiciona a la novela de Hudson como una obra que pertenece a Argentina y que fue ideada en puro criollo. También argumenta que el libro de Hudson existe dentro de y también toma un lado en el debate de civilización y barbarie; todavía más bárbaro que el Martín Fierro de Hernández. Bárbaro sin duda, y Borges elogia a Hudson por su escritura en contra de la civilización. Sin embargo, limita las alabanzas a las habilidades de Hudson como escritor, no a sus ideas. Mientras Borges disfruta de la estética de Hudson, las ideas borgianas están claramente al lado de la civilización. Todo esto es una continuación de la tesis de El tamaño de mi esperanza: acercar lo que Borges considera cultura argentina, en este caso la obra de Hudson, al nivel de Europa. Una vez más Borges ha convertido celosamente a Hudson en una herramienta para alcanzar su fin, pero para hacer esto posible fue necesario transformar a Hudson en algo que no era.

En 1937 Borges colaboró con Pedro Henríquez Ureña en la creación de una Antología clásica de la literatura argentina. Es una colección ecléctica de autores; algunos poco conocidos y otros bastante famosos. De los que tuvieron reputación establecida, Borges y Ureña se esforzaron en “omit[ir] las páginas demasiadas conocidas” (Ureña y Borges 1937: 8). De todas formas, la escritura de Sarmiento y Hernández recibió espacio suficiente para la representación de sus ideas. Sin embargo, las introducciones de cada autor iluminan los sentimientos de los editores hacía estas personas que representan los polos extremos de civilización y barbarie. La introducción de la selección de Sarmiento es notablemente más larga y entusiasta: “Figura extraordinaria, de las más grandes que ha producido América, como escritor, como educador y como gobernante. De él proceden principalmente las ideas, y no pocos de los hechos, sobre los cuales se edificó la Argentina moderna” (Ureña y Borges 1937: 100). En comparación, Hernández recibe un innegable, pero sobrio “El más grande de los poetas gauchescos” (Ureña y Borges 1937: 236). En cuanto a Hudson, Borges y Ureña usan la última línea del prólogo para una vez más afirmar su argentinidad: “por fin, Hudson, a quien sólo aleja de nosotros el idioma que escogió para expresarse” (Ureña y Borges 1937: 8). La introducción de Hudson nos da más de lo anterior: “Argentino, de padres ingleses […] pasó gran parte de su vida en los campos de la Argentina y del Uruguay” (Ureña y Borges 1937: 365). La antología incluye tres selecciones de Hudson. La primera se extrae del final de The Purple Land donde el narrador explica como su opinión de la gente de Uruguay había evolucionado desde escepticismo europeo al respeto total. Interesantemente, las otras dos selecciones corresponden al The Naturalist in La Plata y son más científicas que literarias. La primera habla de la flora y fauna de la pampa y la segunda de la manera de morir de un guanaco. En ambos casos Hudson discute las teorías de Darwin y escribe en un estilo científico y descriptivo, elogiado por sus contemporáneos. Los tres textos son europeos en carácter. La ficción subraya explícitamente la perspectiva inglesa del narrador y las dos piezas científicas podrían fácilmente haber aparecido en cualquier revista naturalista londinense del siglo diecinueve. Salvo lo que ha sido citado aquí, Borges y Ureña no justificaron las selecciones. Sin embargo, considerando los perfiles contrastantes dados a Sarmiento y Hernández, la afirmación de Hudson como un argentino más y la selección de lo más europeo de los textos de Hudson, parece razonable suponer que la meta de Borges y Ureña en 1937 no fue diferente a la de Borges en El tamaño de mi esperanza.

En 1952 Borges publicó el libro donde apareció la última alusión a Hudson. Llamado Otras inquisiciones, es una colección de ensayos escritos durante la década anterior mientras su ficción adquiría progresiva fama. En cierta manera, es posible considerar la colección como una acumulación de temas que se habían convertido en familiares a lo largo de la obra de Borges. Cuestiones metafísicas sobre la casualidad, nociones lineales y cíclicas del tiempo, la ubicación de Quevedo en la historia literaria, la categorización del mundo, la idea de originalidad versus todo el mundo siendo el mismo autor y sorprendentemente pocas referencias a Argentina. Argentina y lo que significa ser argentino habían sido puntos importantes en la obra de Borges. Sin embargo, en esta colección parecen estar extrañamente ausentes mientras hay una gran cantidad de escritura sobre la metafísica. Discutiblemente el ensayo más importante de la colección es “Nueva refutación del tiempo”. En realidad el artículo, resultado de dos ensayos amalgamados, es un cuestionamiento de la existencia del tiempo dentro del marco del idealismo filosófico. Sin embargo, más importante para nuestra discusión, contiene una de las pocas referencias a la literatura argentina y también la última alusión a Hudson y a The Purple Land.

Escrito originalmente en 1941 como introducción a una entrada sobre “Guillermo Enrique Hudson” en una antología literaria, el ensayo fue cambiado y republicado en el diario La Nación y eventualmente recibió su forma final en Otras inquisiciones en 1952. Es una última declaración sobre la obra de Hudson y el título refleja la madurez de Borges: “Sobre The Purple Land” dejó el título de la novela en inglés en vez de la traducción que siempre había utilizado antes. El ensayista relaciona la novela con una fórmula literaria que encuentra sus raíces en obras como la Odisea de Homero, The Pickwick Papers de Dickens y el Kim de Kipling. Todos son historias en las que el héroe se encuentra con una serie de aventuras. Sin embargo, The Purple Land no puede ser tan simplificado pues pertenece más al mundo de Huckleberry Finn de Mark Twain y la segunda parte de Don Quijote de Cervantes donde no solamente evoluciona el héroe gracias a sus aventuras, pero también cambia el mundo que le rodea. O, en las palabras de Borges: “el movimiento es doble, recíproco: el héroe modifica las circunstancias, las circunstancias modifican el carácter del héroe” (Borges 1996: 111). Borges ubicó a la primera novela de Hudson entre compañía notable, pero también se esfuerza para criticar algunos aspectos, particularmente las aventuras de los últimos capítulos donde, supone Borges, Hudson improvisó demasiado y escribió “onerosos capítulos […] lo bastante complicados para fatigar la atención, pero no para interesarla” (Borges 1996: 112). A pesar de este comentario, en cuanto al género de literatura gauchesca al cual Borges había dedicado unos cuantos ensayos a lo largo de su vida, está claro sobre el lugar de la novela: “Quizá ninguna de las obras de la literatura gauchesca aventaje a The Purple Land” (Borges 1996: 112). Para Borges los secretos de la representación de Hudson, las claves que ubican su novela encima de obras como Martín Fierro y Don Segundo Sombra son dos: la representación del gaucho y la ubicación de la narración. En vez de ser el protagonista de The Purple Land, el gaucho aparece como un personaje secundario. Para Borges esto es importante:

Tanto mejor para la veracidad del retrato […] El gaucho es hombre taciturno, el gaucho desconoce, o desdeña, las complejas delicias de la memoria y de la introspección; mostrarlo autobiográfico y efusivo, ya es deformarlo. (Borges 1996: 113)

En cuanto a la segunda clave, Borges señala que uno de los errores más grandes de la literatura gauchesca fue localizar el gaucho en la provincia de Buenos Aires; espacio correspondiente a su antítesis: la ciudad. En vez de repetir el error, Hudson localizó su narración en Uruguay, lo cual “le permite enriquecer el destino de Richard Lamb con el azar y con la variedad de la guerra - azar que favorece las ocasiones del amor vagabundo” (Borges 1996: 113). Para Borges, The Purple Land es lo mejor de su género y da por hecho, sin ningún tipo de duda, que el autor y la obra son argentinos. Con el uso del título sin traducción y nombrando al protagonista “Richard” en vez de “Ricardo,” como había hecho anteriormente, parece haber solidificado la confianza de Borges para considerar una novela en inglés dentro del marco de literatura argentina. Ya no tuvo que acriolloar la historia del acriolloamiento de Richard Lamb.

Borges empleó a Hudson y su obra como herramientas para promover una visión de la intelectualidad argentina. Fue una intelectualidad internacional, parte del diálogo transatlántico y participante en conversaciones con el resto del mundo. Elogió a The Purple Land como una novela que cantaba mejor y con más precisión que cualquier otra obra la tragedia del gaucho. Para Borges parecía que esta tragedia era parte de un curso natural hacía la civilización y como contrapartida de la perdida nace una literatura como la de Hudson. Esta preferencia de la civilización parece confirmarse en alguno de las ficciones que escribió Borges como “Historia del guerrero y de la cautiva” de El aleph (1949) texto al que el mexicano Sergio Pitol consideró como “el mayor homenaje que pueda rendirse a la civilización” (Pitol 2005: 138). En su trato a Hudson, Borges presenta una imagen de la civilización como algo que hoy en día entendemos como internacionalización o quizás globalización intelectual. Para lograrlo, Borges elogió a Hudson como gran narrador y disfrutó de su estética, no obstante, consideró que la tragedia gauchesca contenida en la narración fue un paso necesario hacía una argentina moderna.

 

Obras citadas

Borges, Jorge Luis. "El aleph." Obras Completas. Vol. I. Buenos Aires: Emecé, 1996. 617-27.

—— "El escritor argentino y la tradición." Obras Completas. Vol. I. Buenos Aires: Emecé, 1996. 267-74.

—— "El tamaño de mi esperanza." El tamaño de mi esperanza. Barcelona: Seix Barral, 1994.

—— "Historia del guerrero y de la cautiva." Obras Completas. Vol. I. Buenos Aires: Emecé, 1996. 557-60.

—— "La pampa y el suburbio son dioses." El tamaño de mi esperanza. Barcelona: Seix Barral, 1994. 21-25.

—— "La tierra cárdena." El tamaño de mi esperanza. Barcelona: Seix Barral, 1994. 33-37.

—— "Queja de todo criollo." Inquisiciones. Barcelona: Seix Barral, 1994. 139-46.

—— "Sobre The Purple Land." Obras Completas. Vol. II. Buenos Aires: Emecé, 1996. 111-14.

Frederick, John T. William Henry Hudson. New York: Twayne Publishers, 1972.

Hudson, William Henry. "The Purple Land." W. H. Hudson: South American Romances. London: Gerald Duckworth, 1966. 283-592.

Pitol, Sergio. "Droctulft y demás." El arte de la fuga. Barcelona: Anagrama, 2005. 137-41.

Ureña, Pedro Henriquez, and Jorge Luis Borges, eds. Antología clásica de la literatura argentina. Buenos Aires: Editorial A. Kapelusz y Cía., 1937.

 

© Kenneth Reeds 2011

Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

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