Jemmy Button y la expedición Beagle.
El deseo del sujeto “imparcial” en el discurso científico del siglo XIX

Gabriela Álvarez Gamboa

Estudiante del programa de Doctorado en Estudios Americanos
Universidad de Santiago de Chile
Becaria CONICYT


 

   
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Resumen: Nuestro objetivo es analizar el recurso del mimetismo presente en la expedición Beagle, es decir, examinar las mecánicas discursivas que resaltan el carácter “inapropiado” de los yámanas expreso en la imagen de sujetos aceptados/renegados. Por otro lado, destacar la respuesta del indígena Jemmy Button que mediante el engaño construyó un espacio de resistencia entre los intersticios de las prácticas discursivas que aspiraban a representarlo como un sujeto imparcial.
Palabras clave: Mimetismo, Discurso, Patagonia, Charles Darwin, Beagle.

 

Durante el siglo XIX, la Patagonia es un espacio de interés por el caudal de inquietudes sin responder en su totalidad como el conocimiento de las rutas marítimas, las características de la población autóctona y la evaluación de sus recursos. El trabajo científico basado en la experiencia empírica adquiere preponderancia en este siglo, por tanto muchos de los viajes programados desde Europa hacia la zona patagónica son cruzados por los propósitos de este discurso emergente. La expedición que destacamos es comandada por Robert Fitz-Roy que bautizó un canal patagónico con el nombre de la empresa, Beagle. Nuestro objetivo es buscar en las referencias del capitán Fitz-Roy y en las impresiones de Charles Darwin, los espacios de resistencia de una identidad contenida entre las representaciones científicas.

La misión inglesa abarcó una temporalidad de 10 años (1826-1836), inicialmente la capitanía del Beagle estuvo a cargo de Pringle Stokes y el Adventure con el comandante Philip Parker King. El contexto que cruza la expedición fue de inestabilidad en los países emergentes del sur que debieron resolver distintos aspectos en pos de fortalecer sus fronteras políticas. La Patagonia en este sentido, fue un objeto de disputa dado a los escasos estudios geográficos y débiles descripciones de los pueblos originarios, aspectos que abren una puerta de posibilidad a países como Inglaterra -cuya intervención marítima data desde el siglo XVI- de las ventajas de indagar en una área de conocimiento parcialmente resuelta. Entonces, los objetivos solicitados al capitán King fue: realizar un relevamiento hidrográfico exacto de las costas meridionales del extremo sur de América, desde la entrada sur del río de la Plata hasta Tierra del Fuego y Chiloé (Fitz-Roy 1839: 30); ya que el desmembramiento de la geografía unido a una navegación inestable, permitió pensar la existencia de rutas alternativas en el deseo de avanzar en la confección de una idea total de la Patagonia.

La desolación generada por el contacto con el paisaje y las dificultades de la travesía fueron los argumentos expuestos en la nota de suicidio del capitán Stokes [1]. La comandancia del Beagle fue asumida por el joven cartógrafo Robert Fitz-Roy que debía alcanzar los objetivos del proyecto, la circunnavegación por los canales patagónicos; sin embargo, un episodio fortuito altera parcialmente el plan de viaje: el encuentro con las comunidades indígenas canoeras.

El uso del trueque por parte de los yámanas les permitía conseguir otros productos [2], sistema de intercambio cuya causa fue el trato recurrente con los cazadores de lobos y los distintos barcos que navegaban por las costas australes. Precisamente en uno de los tantos acercamientos de las canoas a las bordas de las naves determinó el destino de cuatro indígenas; Fitz-Roy en una actitud casi “azarosa”, articuló el deseo de cambiar las condiciones de vida de los fueguinos al ordenar su embarque con destino a Inglaterra:

(…) seguimos nuestro trayecto, pero nos detuvimos cuando en la angostura avistamos tres canoas llenas de indios deseosos de hacer trueque. Les damos unas pocas cuentas y botones a cambio de pescado; sin haberlo previsto dije a uno de los muchachos que iba en una canoa que subiese a nuestro barco y entregue al hombre que lo acompañaba un botón de nácar grande y brillante. El joven subió directamente a mi barco y se acomodó. Al notar que él y sus amigos parecían satisfechos, seguí mi camino mientras una ligera brisa arreciaba y nos hacíamos a la vela (Fitz-Roy, 1839: 100) [3].

La acción del capitán implicó una apropiación del otro en el mismo momento que retiene a los yámanas, al despojarlos de sus nombres y sustituirlos con un término que manifiesta el emplazamiento del sujeto a un sentido mínimo de significado (Bhabha, 2002: 91-110). Así, la envergadura física de York Minster y la fuerza de sus rasgos se asocia a una enorme roca, una urgencia metonímica que expresa el condicionamiento de una identidad ligado a un peñasco. Operación similar con Boat memory, quien no recuerda (o no entiende) las insistentes preguntas sobre una ballenera (en su canoa había botellas de licor que pertenecía a los ingleses). La niña Fuegia Basket fue la representación de la embarcación (con forma de canasta) construida por los marineros para retornar al Beagle tras perder el rastro de la ballenera. Finalmente, Jemmy Button es quien más alienta los propósitos del capitán, nombre que adquiere por el modo de pago -un botón de nácar- que marca su identidad ligada a un objeto de trueque.

Button es observado con atención por la tripulación debido a su carácter dócil en comparación con el resto del grupo y su facilidad de “aprender” que calza con el estereotipo del “buen salvaje”. Los registros visuales de Button confeccionado por el pintor de la expedición Conrad Martens demuestra la marcación de las ideas progresistas -civilización/barbarie-, inmerso en los distintos discursos durante el siglo XIX. Jemmy es dibujado en dos temporalidades distintas, primero en 1831 según la estructura estereotípica del indígena: rostro y nariz ancha, pómulos fuertes, ojos marcados y profundos. El segundo en 1834 [4], aquí el retrato esfuma parcialmente sus rasgos a través de una occidentalización de su imagen; no obstante, es un hombre “casi” europeo es decir, la representación mantiene aquellos elementos que remarcan su exceso, su diferencia.

Las ideas de Fitz-Roy fueron ambiciosas e innovadoras porque intentó generar una revolución desde el interior de los grupos aborígenes. El plan era instruir en Europa a los yámanas capturados y después retornarlos a sus respectivas comunidades para que expandan los saberes de la “civilización” europea. En este sentido, Fitz-Roy se hace cargo de la manutención de los indígenas alojándolos en una casa de campo -aislados de los círculos públicos- espacio en que apuran el proceso de reeducación. Sin embargo, el error de Fitz-Roy fue creer que la demostración palpable de su éxito, sería el momento en el cual el indígena escogería el conocimiento occidental como marco de desenvolvimiento cultural en desmedro de las costumbres yámanas.

Transcurre tres años y Fitz-Roy decide observar los resultados de su experimento antropológico junto con terminar las conclusiones hidrográficas fundamentadas en el primer embarque. En este viaje reúne un grupo menor pero selecto de hombres de distintas áreas de la ciencia y la cultura, entre los pasajeros se encuentra el naturalista Charles Darwin de 22 años, invitado por el capitán para compensar el grado de desconexión social que sufre con sus marineros, y apagar la oscuridad mental que cree compartir con Stokes que pudiera arrastrarlo al suicidio.

El segundo tramo de la expedición data entre los años 1831 y 1836; conserva la línea de trabajo perseguida en el primer cabotaje respecto a poder ampliar las notas cartográficas sobre la Patagonia. Mientras tanto en otro frente, Fitz-Roy planifica la reinstalación de los yaganes en el territorio patagónico, la isla de Wulaia situada al oeste de la Isla Navarino, en el estrecho de Murray, es el lugar escogido. El reverendo Richard Mathews es asignado para acompañar a los indígenas en este proceso, su primera acción fue bendecir este paso con una ceremonia matrimonial entre Fuegia Basket y York Minster, festejo acompañado con los distintos obsequios traídos desde Europa. Los ingleses continúan su marcha y tras nueve días retornan a Wulaia a observar las condiciones de arraigo de los yámanas, pero su sorpresa fue enorme porque encuentran al reverendo casi desnudo sin rastros de los indígenas que huyen del papel tutelar de Fitz-Roy.

 

La Teoría Mimética.

Eliminar el salvajismo de los yámanas implica incorporar a su cotidianidad instituciones de tutelaje, pero también, construir una estrategia eficaz de conocimiento donde el otro ocupe una sulbalternidad constante. Táctica observable en las prácticas discursivas donde el mimetismo es una figura eficaz del movimiento de apropiación y conocimiento en pos de componer sujetos a la “altura” de ciertos marcos de referencias. Bhabha define el mimetismo como: el deseo de un Otro reformado, reconocible, como sujeto de una diferencia que es casi lo mismo, pero no exactamente (Bhabha, 2002: 111-119). Esta figura parcial conlleva la ambivalencia del discurso porque reconoce la diferencia y simultáneamente la reniega; el discurso “fitzrodiano” arrastra esta ambivalencia discursiva porque desea apropiarse del otro para regular su conducta y aumentar el grado de influencia en los demás indígenas, sin olvidar su lugar de subalterno en los límites de su relato. En otras palabras, el mimetismo contiene una doble articulación: es la representación de lo inapropiado, el sujeto aceptado por el poder institucional y renegado a su vez, por la proliferación de signos que no coinciden con aquellos cuadros representativos. La sensación del sujeto ante la reiteración de sus mismos modos de comportamiento genera un sentido de parecido y amenaza en forma conjunta, al verse reflejado en el otro “parcialmente” imagen que provoca la sensación de deseo-estupor (ambivalencia):

(…) cuando recuerdo todas sus buenas cualidades [se refiere Jemmy Button], aún hoy experimento, debo confesarlo, el más profundo asombro al pensar que pertenecía a la misma raza que los salvajes innobles, infectos que habíamos visto en Tierra del Fuego (Darwin 62).

Después de un año de la huida de los yámanas dos canoas se acercan al navío, en una de las embarcaciones alguien alza la mano en señal de saludo, es Jemmy Button. Charles Darwin narra el momento del reencuentro con aquel sujeto considerado más “completo” en el aprendizaje de las costumbres europeas, hasta el punto de no separarse de sus guantes celebrados como punto culmine de apropiación [5]. Por eso, observar el fragmento de lo que fue -el trozo de tela amarrado a su cintura- lo interpretó como miseria. La lectura de los gestos de Button -dar la espalada- es la emergencia de la vergüenza, según Darwin, de ser mirado como el despojo humano que constituye ahora su existencia. En ningún momento el indígena actúa según los patrones culturales que había perdido con la instrucción impuesta por el europeo:

Bien pronto, empero, una pequeña canoa que ostenta una pequeña banderita en la proa se aproxima a nosotros y vemos que uno de los hombres que la tripulan se lava el rostro con mucho agua para quitar de el toda traza de pintura. Ese hombre es nuestro pobre Jemmy, hoy día un salvaje flaco, huraño, con los cabellos en desorden y desnudo por completo, excepto un trozo de manta colocado alrededor de la cintura. No lo reconocemos hasta que se halla muy cerca de nosotros, porque está muy avergonzado y vuelve la espalda al navío. Lo habíamos dejado grueso, limpio, bien vestido; jamás he visto cambio tan completo y triste. Pero así, que fue vestido de nuevo, desde que su primera turbación ha desaparecido, vuelve a ser lo que era. Come con el capitán Fitz-Roy y lo hace tan pulcramente como en otros tiempos (Darwin, 1995:90-91).

La congoja de mirar a Button vestido según las costumbres yámanas acentúa con mayor énfasis la desnudez del otro, el destino cruel de un hombre “ausente” de cultura que se “alimento” (dejado grueso en palabras de Darwin) con los elementos de la civilización europea, pero el contexto patagónico lo despoja de todo. La caída es más fuerte, las conclusiones se extreman y la carencia de vestimenta radica también en una pobreza de espíritu. Button retorna a su condición de “salvaje” de sujeto “caótico”; el desprecio y la ternura se conjugan en la descripción.

Jemmy retoma la palabra una vez “vestido”, es la representación del hombre mimético que interviene en un papel ya conocido: mostrar al padre que no olvidó lo aprendido, convencer a Fitz-Roy que sus planes no son un rotundo fracaso. De alguna forma, el retorno de Jemmy se puede interpretar como un mecanismo para conseguir regalos, a través de la manipulación del deseo del otro por ver su imagen reformulada. Otra conjetura, es considerar esta escena como un espacio de resistencia mediante la imitación de las formas de autoridad hasta llegar el punto de desautorizarla: mostrar de frente la parodia de repetir gestos prestados será la ironía final de la representación parcial (Bhabha 2002:115). La redundancia de elementos deja espacio a los aspectos marginales de la cultura yámana que descompone la unidad esencial que intenta establecer el discurso científico, perdiendo por tanto su poder de apropiación. Así, Button no esconde su identidad en la máscara que le imponen, porque el mimetismo apunta a generar un efecto de identificación en su doble condición, revelar el carácter ambivalente del discurso al desear la modificación del otro y la perturbación que le provoca los fragmentos de dicha imagen.

La instrucción del otro fue un ideario compartido posteriormente por las misiones inglesas y salesianas en la Patagonia. El sentido del tutelaje y la conservación de los indígenas reside en enseñarles la importancia de asumir los marcos occidentales en pos de sobrevivir, y de superar el estado primitivo de sus colectividades; no obstante, la figura de Button expone un espacio de resistencia a este relato de intenciones, al invertir el objeto observado hacia los mismos organismos que intentan cartografiar su diferencia.

En este sentido, el engaño fue parte del proceso por el cual la mirada de vigilancia retorna como la mirada desplazante del disciplinado (Bhabha, 2002:115), que se aplica con la inversión de roles donde el observador pasa a convertirse en el observado. En la investigación de Charles Darwin, un indígena que entienda el inglés es sumamente útil en la tarea de conseguir datos respecto a las cualidades de los habitantes en la Patagonia, y construir un texto -con efecto de verdad- sobre la población yámana, sin entender que lo construye en base de una farsa:

(…) cuando las diferentes tribus guerrean se convierten en caníbales. A creer el testimonio independiente de un muchacho interrogado por Mr. Low y el de Jemmy Button, es una verdad cuando se ven apremiado vivamente por el hambre en invierno, se comen a las mujeres viejas antes de comerse a sus perros (Darwin, 1995: 72).

La treta de Button -de acuerdo a nuestra lectura-, fue legitimar la visión monstruosa del yagan con la antropofagia y así enfatizar un miedo de larga data del europeo ha ser devorado por los aborígenes, y de paso, establecer una amenazada velada dentro de su relato que buscó alejarlos de su colectividad como centro de pretensión constante.

El problema de Darwin es que no advierte que sus métodos discursivos como observar, tomar nota y sacar conclusiones es una práctica reconocida por Button, quien comprende que en tal línea narrativa, su papel de “salvaje inocente” encierra cierta ventaja. Desde los intersticios del texto darwiniano, Button introduce la mentira del canibalismo yámana, su consecuencia inmediata fue la pérdida representacional (poder) de la autoridad que disgrega su efecto de “verdad”, el texto cae presa del artificio que lo deslegitima por la reevaluación que realiza el subalterno de su injerencia normativa. El único camino que queda es aceptar el fracaso del proyecto fitzrodiano de articular sujetos duplicados, “incompletos”; sin embargo, la expedición con el formato de un macrotexto que construyó el mismo Fitz-Roy [6] atrae la influencia de otros ingleses, precipitando el actuar radical del indígena en defensa de su pueblo.

 

El fracaso de la misión inglesa.

Para continuar el análisis de la actitud tomada por Button nos permitiremos conjeturar en el espacio de lo posible, ya que su historia fue confeccionada por terceros. Una existencia situada en el borde de los discursos de poder de quien quería vivir su vida alejada de la influencia europea, y después de tantos años, escucha nuevamente su nombre de subalterno.

Allen Francis Gardiner conforma una misión ambulante que recorrió las costas patagónicas predicando la fe y la educación a los indios canoeros (Bridges, 1893). Tras su muerte, su legado lo recupera George Pakenham Despard que tiene confianza en encontrar a Jemmy vivo, tras veinte años sin noticia de su paradero. El objetivo era continuar la colonización espiritual del aborigen, enseñar el idioma inglés junto con reformar sus costumbres “salvajes” en analogía a la propuesta de Fitz-Roy. Primeramente, los reverendos ingleses se instalaron en la zona de Keppel e insisten -a pesar de la negativa de Button- que su familia viva bajo el amparo de los religiosos; el rechazo los turba porque al igual que Fitz-Roy no comprenden la ligazón identitaria del indígena a un lugar evaluado por ellos como inhóspito o “miserable”: nos dice que tiene demasiada comida (quería decir suficiente), que el frío no le hace sufrir, que sus parientes son excelentes personas y que no desea volver a Inglaterra (Darwin, 1995:91). Despard logró captar por un breve tiempo la atención de Button, pero los intentos por recuperar al sujeto instruido por la autoridad, motor que les permita influir a los demás aborígenes fue una tarea imposible, él conoce el camino del europeo: usurpar, despreciar y enseñar; ya no necesita engañar con relatos falsos, ni esperar que cartografíen los límites de su existencia, acepta sus regalos y cuidados sin hacer nada, “holgazanea” en palabra de Despard.

La última jugada que le queda a Despard es trasladar la misión a los terrenos donde vive Jemmy en Wulaia. Durante la confección de las casas y la iglesia son hostigados constantemente por los indígenas con el robo menor de herramientas y materiales de construcción. En este contexto, una lluvia de acusaciones contra la comunidad provocó el enojo de Button, el impasse intenta ser superado con el gesto pacífico de inaugurar la iglesia con una misa (sin armas), pero el desastre se hizo parte de la escena. Alfred Coles [7] narrará meses después todo lo que observó desde la embarcación y acusa a Button de instigar y participar de los asesinatos. Para aclarar los hechos, el indígena fue trasladado a las Malvinas donde se llevó a cabo un juicio en su contra, sin conseguir comprobar su real intervención en la rebelión indígena. Durante el proceso interrogatorio para dar con el paradero de los cuerpos, Jemmy no entrega una respuesta clara dónde están, sí una certera sonrisa.

Así, el yagán que no pudo mediante la intervención del discurso europeo desplazar su expansión en la Patagonia, acudió entonces, a la recreación del horror que significa para el otro el fantasma de la antropofagia. Insinuación que no consiguió borrar la permanencia del europeo en sus tierras, pero sin duda fue un golpe al primer establecimiento inglés en la Patagonia, una batalla ganada ante tantas derrotas.

 

Conclusiones generales.

El proyecto civilizatorio de Robert Fitz-Roy y las notas científicas de Charles Darwin, constituye una importante referencia respecto a las formas representativas que signan a la Patagonia. Por eso es interesante revisitar los procesos enunciativos del discurso científico durante el siglo XIX, por la copresencia del poder que dictamina el lugar del aborigen como un sujeto subalterno. Nuestro trabajo concentró su atención en la ambigüedad y conflicto que se dispara en el mismo momento de representar al otro, observable en los espacios de fuga que desmantela precisamente su poder representativo. El mimetismo es uno de ellos, un recurso que expresa el deseo contradictorio de transformar y negar la figura del indígena a causa de su diferencia con el europeo. Por lo tanto, entre los intersticios del discurso irrumpe una identidad contenida resistente a la retórica cientificista que edifica una idea incompleta de su imagen, por eso la mentira inserta en el texto darwiniano, es un ejemplo de cómo el sujeto subalterno abre una ventana para cuestionar la unicidad del texto como el sentido verosímil, considerado atributo particular del discurso científico en el siglo XIX.

 

Notas:

[1] El memorial del capitán Stokes señala: “who died from the effects of the anxieties and hardships incurred white surveying the western shore of Tierra del Fuego”, el 12 de agosto de 1828.

[2] Más de la mitad de la población yámana desaparecen por enfermedades como el sarampión, contagio debido al contacto con el europeo y el cambio radical de sus hábitos (vestimenta, alimentación y costumbres), impuestas por las misiones religiosas con la finalidad de “civilizarlos”.

[3] Fitz-Roy articula esta explicación porque podría ser sancionado severamente si en el escrito de su navegación relata un secuestro, de ahí que remarque la voluntad de acción.

[4] Hay ciertas discrepancias en las fechas de ambos dibujos, en el museo etnográfico argentino son 1831 y 1834; en cambio, en las referencias de Darwin invierte el orden de las imágenes: [Jemmy Button ~ 'civilised' (1833) and 'wild' (1834)].

[5] “Jemmy era bajo, grueso y en extremo presuntuoso; iba siempre con guantes, se hacía cortar el cabello y experimentaba un violento pesar si alguien le ensuciaba sus bien lustradas botas” (Darwin, 1995: 62).

[6] En la bitácora de viaje de Fitz-Roy incorpora también los escritos de Parker King y de Charles Darwin.

[7] Coles es el único sobreviviente de la masacre ocurrida en Wulaia, posteriormente fue capturado por otra comunidad que le permitió quedarse tras desvestirlo y extraer los pelos de su cara. Meses después fue rescatado, flaco y “desnudo” (sin ropa ni pelos).

 

Bibliografía.

Bhabha, Homi K. (2002): El lugar de la cultura. Manantial, Buenos Aires, pág. 91-110 y 111-119.

Bridges, Thomas (1893): La tierra del fuego y sus habitantes. Instituto Geográfico Argentino, Buenos Aires.

Darwin, Charles. (1995): Darwin en Chile (1832-1835). Viaje de un naturalista alrededor del mundo. Editorial Universitaria, Santiago.

Fitz- Roy, Robert (1839): Narrative of surveying voyages of his majest’s ships: Adventures and Beagle between the years 1826 and 1836. Henry Colburn, London.

Hall, Stuart. (1997): Representation: Cultura representation and signifying practices. Sage publications, London.

 

© Gabriela Álvarez Gamboa 2011

Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

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