La temática de las novelas cortas de José Mas

Mohamed Ben Slama

Doctor por la Universidad Complutense de Madrid
hammesp2007@yahoo.es


 

   
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Resumen: En este trabajo estudiamos los temas tratados en las cinco novelas escritas por el novelista sevillano José Mas. En ellas, el autor oscila entre la tendencia de la época manifestada sobre todo en el erotismo, muy tratado en las novelas cortas de principios del siglo XX, y entre su propia ideología que se refleja a lo largo de toda su trayectoria literaria. Con lo cual, los temas que encontramos en sus novelas breves son también frecuentes en sus novelas largas, temas como el adulterio, la venganza, la presencia del continente africano, la droga, las injusticias sociales, etc. Este estudio es precedido por un resumen de cada de una de las cinco novelas cortas escritas por José Mas.
Palabras clave: Novela corta, erotismo, adulterio, venganza, África.

 

El escritor sevillano José Mas (1885-1941) es, esencialmente, un cultivador de la novela extensa como el mismo declaró. Sin embargo, dentro de su intensa obra literaria dejó cinco cortas que son: El baile de los espectros, La sangría, Flor del valle, Justicia africana y La ofrenda al hijo. Los criterios en que nos hemos basado, para considerarlas novelas cortas, son las declaraciones del mismo escritor y también la publicación de estas novelas en colecciones dedicadas a las novelas breve. El mismo Mas declara su interés por la novela larga:

No se crea que desdeño la novela corta. No la cultivo, porque todos mis entusiasmos y toda mi actividad los reconcentro en la novela grande. El baile de los espectros, La sangría y Flor del valle, las tres novelas cortas que he escrito hasta ahora, han sido en mi vida de literato, como un alto en el camino, como un descanso para reanudar con más bríos el trabajo de mis novelas de “gran aliento”, según denominan los franceses a toda obra extensa y documentada [1].

Sin embargo, las novelas cortas de José Mas tienen su importancia: en ellas, el autor refleja sus ideas y sus influencias, y eso parece claro en los temas tratados y en el estilo empleado. De cinco novelas cortas que ha escrito José Mas, tres fueron publicadas en estas colecciones: La sangría en La Novela del Día, Justicia africana en La Novela Semanal y La ofrenda al hijo en La Novela Mundial. Dos de estas tres colecciones han tenido mucha importancia en su época: La Novela Semanal y La Novela Mundial. En efecto, con la aparición de La Novela Semanal en 1921, se inicia la última etapa en la historia de la novela breve. La Novela Semanal mantiene casi los mismos propósitos que estableció Zamacois desde 1907. En su orientación literaria, domina el género erótico o galante cultivado por varios colaboradores [2]. En cuanto a La Novela Mundial [3], duró sólo dos años, de 1926 a 1928, forma parte de “colecciones grandes” [4]. Su innovación consiste en romper con uno de los temas frecuentes de la novela corta a lo largo del período anterior que es el tema erótico, y empezar a adquirir nuevos propósitos. Contaba con la colaboración de nombres destacados como Valle-Inclán y Pío Baroja, y también nombres como Manuel Bueno y Manuel Ciges Aparicio. Hasta los escritores eróticos se olvidaron de su anterior vinculación a la novela erótica y colaboraron en la colección; nombres como López de Haro, José Francés, Alberto Insúa, Pedro Mata y Emilio Carrere [5].

La primera de las novelas cortas de José Mas, El baile de los espectros, apareció en 1916 con el subtítulo “An aristocratic brothel”, como primer número de la “Colección Misterio”, fundada por el propio autor, que al poco tiempo fracasó. Con esta colección, José Mas tal vez quiso ofrecer a los lectores de las novelas cortas algún nuevo elemento: lo oculto, lo misterioso, elementos, que aparecieron ya en escritores del siglo XIX. Dice el editor en su advertencia:

Nuestra Biblioteca se llama Biblioteca “Misterio” por algo (...) Se trata de implantar en España un género que ya cultivaron e hicieron famoso en el extranjero hombres como Poe, Hoffman, Dumas, Verne, Wells, Conan Doyle, Lorrain (...) [2].

La novela se editó otra vez en la colección “Los Contemporáneos”, en su año XVI, número 829, el 11 de diciembre de 1924. El libro se abre con un “five o'clock tea” en la casa del barón de Malta, en que participan la baronesa de Malta, el duque de Egheim, el marqués de Belford y la duquesa de Dublín. Están charlando sobre el “spleen” de la aristocracia londinense, consecuencia de “la riqueza, la satisfacción de todos nuestros gustos, la vida ociosa de los jóvenes nobles” [3]. Y para no aburrirse, la aristocracia visitaba lugares como “El club de los suicidas”, donde los amantes, disfrazados de espectros, se citaban para gozar.

El barón de Malta recibe una carta de un anónimo que le informa que su mujer va cada jueves a uno de estos lugares. El barón se va allí para vigilar a su mujer, porque temía que ésta pudiera ofender su nombre. Allí se encuentra con “la amante de una noche” que, después de tener una aventura con ella, le confiesa haberle mandado las cartas y le guía hasta el lugar donde su mujer mantenía relaciones sexuales con el duque de Egheim. Como consecuencia de eso y para vengar su honor ofendido, el barón mata a la baronesa y al duque.

La segunda novela, Flor del valle, fue publicada en Madrid, en 1915, por la librería Fernando Fe, José Mas la califica como “novela de costumbres”. Flor del valle no aparece en ninguna colección de novelas cortas como era corriente. En la edición que hemos podido consultar, la novela viene acompañada de otra novela del mismo escritor, titulada Soledad [4].

Es una historia de amor entre Juan, el ecijano y su novia, Dolores o Flor del valle. La pareja vive en paz y en armonía, lo único que perturba esta relación es la presencia de Antonio, el primo de Dolores, que está enamorado de ella, por lo tanto, no le agrada nada la relación de su prima con el ecijano. Esta hostilidad lleva a los dos rivales a enfrentarse más de una vez, hasta que una noche, Juan encuentra en su camino a Antonio dispuesto a pelearse con él. El ecijano intenta evitarle y seguir su camino, pero el otro, ebrio, se empeña en combatir. Fue una lucha agresiva, donde se notaba la superioridad de Juan, lo que llevó a Antonio a emplear su astucia para vencer a su rival, fingiendo estar herido para aprovechar la desconcentración del otro y pegarle un tiro.

Antonio, con la desesperación del cobarde que se ve perdido, tuvo una idea criminal, que, apenas concebida, puso en ejecución: dio un salto hacia atrás, lanzando un ¡ay! desgarrador, como si estuviese herido; tiró la navaja al suelo, se agazapó llevándose una mano a la faja, y, antes de que Juan hubiese advertido la comedia que representaba, se irguió de nuevo, armado de una pistola, y disparó a quemarropa contra su adversario [5].

Antonio confiesa su crimen e ingresa en la cárcel, mientras que Juan se salva y, ante las súplicas de la madre de Antonio, perdona a su agresor y retira su demanda contra él. Antonio manda una carta a Juan, agradeciendo su generosidad y mostrándose arrepentido por lo que ha hecho. Antonio ha cambiado: ya no es como antes, ha dejado de beber y empezará a trabajar para su madre. La novela termina con la boda de Juan el ecijano y Flor del valle. El relato está lleno de cuadros de costumbres, a través de los cuales, el escritor describe Écija, sus fiestas, sus danzas y sus canciones.

La sangría apareció en la colección La novela del Día, año II, número 40, el 26 de julio de 1924. Hay otra edición publicada en la colección La Novela Nueva, año II, número 6, Vigo, 1938. Inocencio, que sospechaba de la conducta de su mujer, deja partir el tren que iba a coger y vuelve a su pueblo por la noche. Regresa a su casa y sorprende a su mujer, Eufrasia, con el cacique Isabelo. El amante se fuga e Inocencio finge no haberse enterado de nada. El marido engañado muestra una sangre fría que le permite acabar con la vida de su mujer sin que nadie sospeche y, posteriormente, provocar la muerte de Isabelo, después de haber intentado matarlo tres veces y “en las tres ocasiones presentadas tuvo que desistir ante el temor de ser descubierto” [6].

Justicia africana, la cuarta novela corta escrita por José Mas, se publicó en la colección La Novela Semanal, año V, número 201, 16 de mayo de 1925. Los acontecimientos se desarrollan en un poblado africano llamado Batopó. Sittó, un bubi que no es considerado como un hombre rico en la tribu, está enamorado de Bririka, la mejor bailarina de la tribu, y para poseerla, lleva tiempo juntando riquezas. Pero Essile, que es mucho más rico que él, consigue el acuerdo de Bioko, el jefe de la tribu, y de Timbabá, la madre de Birika, para casarse con ésta. Sittó se va a la vivienda de Essile e intenta convencerle de que renuncie a Birika. Essile no pone ningún inconveniente y acepta la propuesta de Sittó.

Éste, muy contento por el buen gesto de Essile, informa a Birika y a su madre de la decisión de Essile y pide la mano de la joven. Sin embargo, la promesa de Essile no es más que una burla, porque, al final, se casa con Birika. Sittó, loco de furia, intenta convencer a la recién casada para que se fugue con él, pero no lo consigue. Al final de la novela, Sittó se enfrenta con Essile, ante las provocaciones de éste, lo mata y, por consiguiente, recibe el castigo del consejo y es condenado a muerte.

Es una novela africana que refleja el gran conocimiento del escritor de la vida en las tribus gracias a su estancia en Fernando Poo. La novela viene cargada de escenas de costumbres africanas.

La última novela corta de José Mas, La ofrenda al hijo, apareció en la colección La Novela Mundial, año I, número 37, el 25 de noviembre de 1926. Abelardo Arias, el pintor de Linares, es un artista alcohólico que vive en casa de Licinio, un rico que vive con el objetivo de hacer una ofrenda a su difunto hijo que era amante del arte. Esta ofrenda consiste en dar de comer a los artistas que frecuentan su casa con el fin de hablar con Abelardo sobre el arte. Uno de ellos, Agustín Haro es un novelista fracasado que enamora a Criptana, la hija de Licinio, e intenta burlarse de ella. Rodolfo Liñán, un novelista ilustre, y su amigo Solari tienden una trampa a Haro que, furioso, confiesa que no está enamorado de Criptana y que su intención es únicamente pasar el tiempo con ella.Criptana, que estaba escondida y había escuchado todo lo que dijo Haro acerca de ella, sale y le anuncia la ruptura de su relación con él.

Posteriormente, Rodolfo consigue convencer a Licinio de echar de su casa a la pandilla de supuestos artistas que, en realidad, son unos vagos que vienen a su casa para comer, a excepción de Abelardo que es un verdadero artista. Gracias a los consejos de Rodolfo, el negocio de Licinio mejora y le permite sacar más ganancias, mientras que Haro intenta agredir a Rodolfo que se defiende bien y vence a su agresor. La novela acaba con Rodolfo y Criptana enamorados.

Los temas tratados en las cinco novelas oscilan entre el seguimiento de la temática de la novela corta a principios del siglo XX y los habituales de José Mas que ya están presentes en muchas de sus novelas extensas. Esta combinación nos ha deja temas como el erotismo, el adulterio y la muerte. También aparecen otros temas, aunque con menos frecuencia, como la droga, la crítica de la aristocracia y de sus extravagancias a principios del siglo XX, el tema de África, muy propio de José Mas, y el reflejo de la vida bohemia de los artistas en el Madrid de principios del siglo XX.

En efecto, el género erótico está presente en estas novelas cortas. Aun así, no se puede hablar del erotismo como tema principal en estas obras, más bien, se trata de la presencia, siempre bastante comedida, de algunas escenas eróticas que aportan al desarrollo del relato. En efecto, estas escenas aparecen en tres de las cinco novelas cortas: en El baile de los espectros, Justicia africana y, con menos frecuencia, en La ofrenda al hijo.

En El baile de los espectros, todas las escenas eróticas se producen en el club de los suicidas, lugar de entretenimiento de los aristócratas londinenses. Se trata de la descripción de escenas de amor y de pasión entre los clientes del local y, principalmente, entre el barón de Malta y una mujer que conoce allí. El desarrollo de los acontecimientos mostrará que esta relación no ha sido casual, sino que fue planificada por la amante, no por razones de amor sino de celos y de venganza.

La primera escena erótica se produce, como el resto de las escenas, en el club de los suicidas, en la Capilla protestante de Cato-Street y en presencia del barón de Malta que está buscando a su mujer y a su amante, entre “una pareja de espectros” [7] que suelen frecuentar el local:

Estaban recostados en la pared del nicho y estrechábanse las manos. Bajo la máscara del rostro chispeaban de lujuria las pupilas con reflejos de ágota. (pp.60-61).

Las palabras del espectro-hombre al espectro-mujer están impregnadas de deseo y de pasión:

Estoy loco; cada día necesito más tus besos ardientes como volcanes encendidos, tus senos blancos y cálidos como palomas. (p. 61).

El barón de Malta se contagia por el aire erótico y lujurioso del local y no puede reprimir sus estímulos.

Decididamente la lujuria lo poseía en aquel instante. Percibía a escasa distancia suspiros entrecortados, respiraciones fatigosas. El mal se hacía más fuerte, más inaplazable. Todo aquello desafiaba; era como un incentivo vesánico que lo impelía al placer (p. 77).

El momento erótico cumbre de toda la novela se produce al final, entre el barón de Malta y la amante de una noche que, por fin, revela su nombre: la señora Peters. La razón de su relación con el barón no es el amor ni la pasión, sino los celos, porque su amante, el duque de Eghein, la abandonó por otra que no es más que la baronesa de Malta, la mujer del barón.

Sin pronunciar una sola palabra, la señora Peters pasó uno de sus brazos por el cuello del barón, y levantándo la cabeza le dio un beso en la boca, húmedo, sostenido, incitante, con la maestría de su lujuria de mujer experta con los refinamientos morbosos de impotentes y degenerados. (p. 110).

En Justicia africana, las escenas eróticas son aún menos frecuentes que en la novela anterior. En efecto, no se registra ninguna escena amorosa entre una pareja. El erotismo surge de la exaltación de la belleza y la sensualidad de la joven Birika.

La primera imagen erótica refleja el deseo de Sittó por la joven bailarina que hace que sea su mujer preferida:

Luminoso, sin penumbras, transparentábase la imagen del deseo carnal, exacerbado por el recuerdo de la hembra preferida. (p. 21)

En La ofrenda al hijo, la única escena erótica se produce entre Augusto Haro y Criptana, y tampoco puede considerarse de lo más fuerte en las escenas eróticas.

enloquecido por el deseo carnal, oprimía con sus labios ardorosos la boca, también encendida en fiebre, de la moza embrujada. (p. 29).

En cuanto al tema del adulterio, José Mas lo aborda en dos de sus cinco novelas cortas: El baile de los espectros y La sangría. En ambas novelas, el marido sospecha de la conducta de su mujer a través de los rumores e intenta descubrir este engaño. Para vengar su honor manchado, mata a su mujer sin que nadie se entere: en la primera novela, el barón, después de ver a su mujer en delito flagrante con el marqués, la mata y, más tarde, se hace cliente del club de los suicidas. En la segunda novela, Inocencio, después de haber matado a su mujer, vuelve a casarse.

Al tratar el tema del adulterio, José Mas quiere mostrar que este fenómeno no se limita a una clase social determinada sino que es un fenómeno generalizado: si en la primera novela, la adúltera es una baronesa, en la segunda novela, es una mujer de la clase media.

En El baile de los espectros, el adulterio se comete más de una vez porque, aparte de la baronesa, la señora Peters, la que seduce al barón, es la mujer del pastor Peters y tenía como amante al duque de Eghein.

José Mas no sólo trata el adulterio como acto cometido por la mujer casada, sino que el hombre casado también comete el adulterio, y tenemos como ejemplo al barón de Malta que tiene una aventura con una mujer desconocida. En este caso, siguiendo la tradición social y literaria, el marido no recibe el castigo que se da a la mujer. Sólo en los nuevos escritores y, particularmente, en las nuevas escritoras, el adulterio femenino queda libre de cualquier castigo físico o moral. Esta misma situación se refleja en La huída, novela larga de José Mas, donde la protagonista, que se escapa del marido con el amante, se ve libre de todo castigo.

En El baile de los espectros, nos enteramos al mismo tiempo que el barón de los amores de su mujer mediante una carta que le manda un desconocido.

Sr. Barón de Malta.

Si queréis ver a la baronesa los jueves por la noche antes de que salga de la Capilla protestante de Cato-Street, presentad esta tarjeta a la entrada. (p. 16).

El barón cae en la seducción de la amante de una noche que es la señora Peters. Dice ésta al barón:

soy la desconocida, vuestra amante de una noche, la esposa del pastor Peters que rige la Iglesia protestante de Cato-Street. (pp.100-101).

La señora revela incluso al barón el nombre de su ex amante que es actualmente el amante de la baronesa de Malta. Abandonada por su amante, cuenta al barón cómo se aseguró de la relación entre el duque y la baronesa de Malta.

No dejé la partida. Seguí sus pasos y a las pocas semanas pude convencerme de que la baronesa de Malta y el duque de Eghein se entendían. (p. 104).

Hasta que al final, el propio barón descubre la infidelidad de su mujer que estaba en un momento pasional con el duque de Eghein. Sin embargo, el escritor no lo describe de una manera muy clara, así que sólo nos enteramos de que realmente era la baronesa de Malta a través de la actitud del barón y de la señora Peters, porque lo que describe el autor a través del diálogo, es una escena pasional entre dos amantes pero sin decir los nombres:

Las palabras venían del próximo féretro, de la pareja que había entrado hacía pocos segundos.

—¡Vida mía!

—¡Mi alma, mi sueño!

............................

—Malditos sean -dijo la señora Peters, con terrible e infernal:

—¡Mi alma, mi entonación, donde alentaban todos los odios!

—¡Vida, vida mía!

¡Era voz de mujer, más suave, más llena de deseos que aquella otra que pronunció sueño!

..............................

El barón se alzó trágico como el dios de la venganza. (pp. 111-112).

En La sangría, Inocencio se entera de la infidelidad de su mujer antes del lector. No está seguro al cien por cien, pero sospecha algo, aunque no ha recibido ninguna carta que confirme sus dudas. Para ello, deja partir el tren que iba a coger, y vuelve a su casa por la noche. Era el momento adecuado para saber si su mujer le es infiel o si sus dudas no tienen ningún fundamento.

Inocencio pensó en su mujer, es decir, en aquella hembra que ya creía mala, aunque no tuviera para hacer esta afirmación una prueba palpable y concluyente. Bastaba la sospecha, porque los ojos de Inocencio profundizaban mucho. La Eufrasia jugaba con su honra; ahora tenía que poner los medios para sorprender a los culpables. ¡Y vaya si les sorprendería! (p. 8).

El autor nos prepara para lo que va a suceder, Inocencio se dirige a su casa, intenta abrir la puerta principal pero le resulta imposible porque está cerrada, entonces levanta la voz y llama a su esposa. Enseguida, descubre su infidelidad.

Inocencio, después de pronunciar estas frases con voz clara y serena, inclinó el cuerpo y, pegando el rostro al marco de la puerta, miró por el ojo de la cerradura. ¡Por san Lucas!, patrón de las desgracias conyugales, tiempo era ya, porque en aquel instante Inocencio vió abrirse una ventana de la alcoba y saltar por ella, con la limpieza de un gimnasta, a su amigo Isabelo, alcalde y cacique de la aldea (...) La adúltera esperaba tal vez que su amante desapareciera en la oscuridad de la calleja o se disponía a cerrar la ventana antes de responder a su marido. (p. 11).

Más tarde, el autor nos revela que toda la gente en el pueblo estaba al tanto de la relación entre Eufrasia, la mujer de Inocencio, e Isabelo. Pero el padre de Eufrasia no lo sabía, se enteró después de haber pasado mucho tiempo.

Hasta varios meses después de la muerte del cacique no supo el suegro de Inocencio que su hija hubiese mantenido relaciones adúlteras con Isabelo. (p. 28).

La venganza está presente en las cinco novelas. Se debe a los celos o al rencor. Como se verá en los comentarios que siguen, estos tres elementos -venganza, celos y rencor- ofrecen a los relatos un tono melodramático característico de la narrativa postromántica folletinesca. En El baile de los espectros y en La sangría, la venganza del honor manchado por la mujer infiel causa su muerte por parte del marido que también acaba con la vida del amante. En Justicia africana, la venganza es también mortal, aunque no es causada por la infidelidad de la esposa sino por el odio y la envidia. En Flor del valle y en La ofrenda al hijo, la venganza no llega a ser mortal y es causada por los celos en la primera y por el rencor en la segunda.

En El baile de los espectros, hay una doble venganza: la señora Peters que quiere vengarse de su amante que la abandonó para ir con la baronesa, y el barón de Malta que quiere vengarse por el engaño de su mujer. El resultado es que el barón asesina a su mujer y al duque de Eghein. La señora Peters, muy indignada por el comportamiento de su amante, revela al barón su deseo de venganza.

—Entonces, loca, me decidí a escribiros delatando a los culpables, a los que mancillaban vuestro nombre y se burlaban de mi amor. (p. 105).

El barón, después de haber visto con sus propios ojos la infidelidad de su mujer, no duda en matarla a ella y a su amante.

Su alta figura se irguió ante el féretro cercano, y lento, con entonación tranquila, pronunció serenamente estas palabras:

—Baronesa de Malta y de Duque de Eghein: en el seno de la muerte no se evoca a la vida.

Y rápido levantó su brazo derecho. Algo brilló en el aire con reflejos verdosos y metálicos. Después trazó un círculo y desapareció en la sombra. Era el estilete de mango damasquinado que se hundía con saña en la blandura de la carne...

Ni un grito, ni una queja, ni una exclamación de angustia. (p. 112)

A la mañana siguiente apareció flotando sobre las aguas turbias y espesas de Támesis el cadáver de la baronesa de Malta, y en lo hondo de una calleja estrecha y solitaria de un barrio apartado de Londres, el cuerpo inanimado y yerto del duque de Eghein. (p. 115).

La venganza del barón no es castigada, ya que, al poco tiempo, se olvida de la historia y el barón se hace cliente del club de los suicidas.

En La sangría, la venganza no se produce de la misma manera. Inocencio mata a su esposa y, más tarde, provoca la muerte de su amante. En primer lugar, hace un plan para acabar con la vida de su mujer sin que nadie sospeche, ya que la muerte parece natural.

El aldeano clavó sus pupilas de lobo en las grasas y en los algodones que servían de tapón a la heridita hecha por el lancetazo. Por aquel sitio había brotado momentos antes la sangre, una sangre cálida y espesa, que casi se cuajaba al deslizarse en un pequeño recipiente. Ahora el rostro exangüe de la mujer parecía de hueso. Y sus manos abiertas, y con los dedos rígidos, simulaban las manos de una plebe. (p.16).

Después de haber acertado el primer plan, pasa al segundo: matar al amante. El autor nos muestra hasta qué punto el deseo de vengarse se apoderó de Inocencio, un deseo de venganza mezclado con un sentimiento feroz de odio y de rabia.

Una rabia sorda, feroz y agazapada en lo más hondo consumía a Inocencio. Tres meses habían pasado ya desde la noche maldita en que descubrió el engaño de su esposa y la traición de Isabelo. Tres meses esperando el momento oportuno de poner en ejecución su venganza contra el amigo desleal. (p. 23).

Isabelo intenta tres veces acabar con la vida de su enemigo pero no se atreve por miedo de ser descubierto y condenado, por eso, a pesar de estar impaciente por matar al amante de su mujer, prefiere esperar el momento oportuno. Al final, el autor nos informa de cómo pudo llevar a cabo su plan de venganza sin el menor riesgo. Inocencio, después de ganar la confianza del cacique, consigue que éste, completamente borracho, le informe de su cita con una de mujer de uno de sus colonos. Aunque el autor no lo dice, es fácil enterarse de que Inocencio, aprovechando la ocasión, informa el colono de la infidelidad de su mujer. El resultado es la muerte del cacique, apuñalado. Toda esta escena no la describe el autor, pero, al ver la reacción de Inocencio ante la muerte del cacique, es fácil deducir que todo fue planificado por el aldeano.

Inocencio, al día siguiente, se levantó más temprano que de costumbre. En toda la noche había podido dormir. ¿Era posible que se salvara Isabelo de aquella encerrona? Muy nervioso salió a la calle. (p. 27)

Al final, nos damos cuenta de que se trata de la muerte del cacique. La reacción de Inocencio muestra que esperaba esta muerte.

Muy pálido y tembloroso, el guarda se detuvo y exclamó angustiosamente:

—¡¡Una desgracia horrible!! ¡¡ Mi amo que lo ha matao esta noche uno de sus colonos, de tres puñaladas en el corazón!!

Inocencio ocultó el rostro entre las manos, y, fingiendo llorar, sonrió lleno de júbilo. El anónimo al marido vengador había llegado a tiempo. (p. 28).

En Justicia africana, la venganza, que también conduce a la muerte, es castigada. Esta vez, la razón de la venganza no es el adulterio como en las dos novelas anteriores. Se trata de una mezcla de odio, de rencor y de envidia. El protagonista Sittó se venga de Essile que se burló de él, y después de haberle prometido renunciar a Birika- que había pedido su mano-, cambia de opinión y declara su boda con la joven bailarina.

En efecto, desde el principio, el autor nos presenta a Sittó como una persona ambiciosa y al mismo tiempo tiene envidia a Essile que es mucho más rico que él y tiene a su disposición a muchas mujeres. Esta envidia y este odio crecen más cuando Essile le quita Birika, la mujer que más desea y que lleva tiempo acumulando riquezas para poseerla. A este odio, añadimos la indignación de Sittó ante la burla de Essile que incluso disfruta haciéndole daño. Por eso, la venganza de Sittó es muy fuerte y muy brutal, y acaba con la vida de Essile:

Entonces en el cerebro de Sittó agolpóse toda la sangre de sus venas, y esa fuerza inconsciente y terrible de los impulsivos hízole echarse a la cara el fusil de chispa. Una detonación áspera y seca. Luego, el cuerpo de Essile que desaparecería tras una enorme humareda. La pólvora de mala calidad y el taponamiento del arma con piedrecillas y pedazos de distintos metales, habían producido aquel velo gris y denso. Sittó únicamente pudo distinguir al disparar que el cuerpo de su odiado enemigo se desplomaba como una masa negra e inerte. (p. 46).

Esta vez, la venganza es duramente castigada: la ley africana representada por el consejo de ancianos condena a muerte a Sittó, y no es un fusilamiento o una ejecución sino una tortura: Sittó muere de hambre y de sed con el cuerpo atado al de su víctima.

Sin tardanza cumplióse el castigo. Cuatro hombres de los más robustos cargaron sobre las espaldas de Sittó el cadáver de Essile. Luego, con unas fuertes fibras vegetales que casi incrustábanse en la carne negra, aseguraron la carga (...) La masa de carne negra y brillante de sol se abrió para dar paso al bubi condenado. Al principio, con su carga monstruosa, se tambaleó como un dibibahu; pero la sangre del muero, que le corría también por el rostro y empapábale los muslos, le hizo reaccionar y anduvo, anduvo mecánicamente, como un fantoche que le dejaran libre toda la cuerda. (pp. 49-50).

En Flor del valle, la venganza también es castigada, aunque no provoca la muerte. El autor del crimen es Antonio, el primo de Dolores, que arremete contra Juan, el novio de su prima. La causa de la venganza tiene que ver con los celos, ya que Antonio está enamorado de Dolores. La hostilidad entre los dos hombres se convierte en una lucha en la que Antonio consigue malherir a su rival.

En La ofrenda al hijo, la venganza no llega a cumplirse, el agresor, Agustín Haro, resulta vencido por su rival, Rodolfo Liñán.

El tema de África, muy característico de su narrativa, está presente sólo en una de las novelas cortas de José Mas que es Justicia africana. En efecto, la estancia del escritor en Fernando Poo es un factor principal para la presencia del tema africano en varias obras. Se inicia con un libro de viajes titulado Con rumbo a tierras africanas (1914), al que, en 1921, añade un capítulo y cambia el título por el de En el país de los bubis. Luego escribe una novela extensa de ambiente puramente africano, titulada La piedra del fuego (1924) y, finalmente, En la selvática Bribonicia (1932), novela que se desarrolla en la selva africana.

Abordar el tema de África supone tratar muchos aspectos que tienen que ver con el aire africano que presenta José Mas. El tema del fetichismo, la situación de la mujer dentro de la tribu, la diferencia de clases, las costumbres de los africanos son temas que se repiten en casi todas las novelas y cuentos de nuestro autor, que tienen que ver con África. En lo que se refiere al fetichismo, el autor hace hincapié en el papel que desempeña el fetichero dentro de la tribu: tiene casi el mismo poder que el jefe, su poder divino le permite comunicar con el más allá y prever el futuro. Justicia africana se abre con una fiesta donde los bubis celebran el cumplimiento, según los feticheros, de treinta lunas de la jefatura de Bioko.

Celebrábanse en el besé las fiestas en honor del botuko Bioko, pues según los feticheros se habían cumplido treinta lunas desde que Rupé, el dios de los buenos, lo elevara al poder, muerto ya su antecesor, el sanguinario Rimola. (p. 9).

El fetichero emprende también la tarea de liberar a las mujeres del espíritu del mal.

De las chozas, arrastrándose por el agujero que le servía de entrada, se veían surgir, como ejemplares de una fauna desconocida, a las mujeres bubis, que marchaban a sus labores agrícolas. En fila, una detrás de otra, foraban una estrambótica serpiente de anillos negruzcos y diabólicos. Al llegar a la plazoleta del poblado deteníanse ante el poste, donde el fetichero daba saltos grotescos para librarlas de los espíritus del mal. (p. 15).

Este ejemplo nos da una idea sobre la situación de la mujer en la tribu: para los africanos es un ser inferior que tiene como tarea las labores domésticas y duras y, además, está considerada como un ser malo, por lo tanto, tiene que librarse de los espíritus del mal. José Mas, siempre empeñado en defender a la mujer, reclamando para ella los mismos derechos que el hombre, denuncia esta situación de la mujer africana. En esta novela, el autor nos muestra que la mujer está tratada como un objeto: cuanto más dinero tenga el hombre, más posibilidad tiene para poseer mujeres: Bioko, el jefe de la tribu por ejemplo, tiene diez mujeres.

El autor hace hincapié en la tarea dura y ardua de la mujer que se pasa todo el día trabajando sin descansar, mientras que el hombre no hace nada, lo que le afecta físicamente y acaba rápidamente con su juventud. La descripción de las mujeres de Essile es un buen ejemplo para mostrar la dureza de la vida de la mujer en la tribu.

Eran hembras, aunque jóvenes aviejadas prematuramente por el trabajo agrícola y la crianza. Como papayas aplastadas por un exceso de madurez, le caían los pechos sobre el vientre. (p. 40)

Poseer mujeres es la obsesión de todos los hombres de la tribu que acumulan riquezas para poder adquirir a mujeres que trabajen en sus tierras. Sittó no es distinto del resto de los hombres, y eso se nota en sus palabras dirigidas a Essile.

No soy tan pobre, como para renunciar a adquirir una hembra que cultive mi pequeño cuadradito de ñames, que me ponga todo en la pipa cuando el día comience a clarear. (pp. 18-19).

La mujer bubi tampoco puede ser consultada para su boda, tiene que aceptar con resignación aunque no lo quiera, la decisión es de su madre, la única que tiene derecho a elegirle el marido que más le convenga. Es el caso de Birika que manifiesta a Sittó su resignación y su rechazo a su boda con Essile.

—¿Quizá a señalar el día de mi boda con Essile? ¡Que indiquen el día que quieran! No tengo prisa por entrar en una casa donde hay tres mujeres. Me gustaría más que me comprase un hombre pobre. Como no podría adquirir otra buaisó, yo sería la favorita. Es un fastidio, créeme, esa boda con Essile. Yo tengo mal genio, y, sin duda, reñiría con Eloa, que como sabes, manda hoy en la cabaña de mi futuro comprador. (pp. 25-26).

José Mas, insistiendo más en mostrar la situación lamentable de la mujer africana en la tribu, la compara, a través de las palabras de Sittó a Birika, con la mujer blanca que vive mejor y goza de más libertad.

Allí tendrás todas esas libertades de que gozan las mujeres de los blancos pálidos. (p. 42).

Siempre a través de las palabras de Sittó a Birika, el autor sigue reflejando la situación crítica de la mujer africana, esta vez, habla del duro castigo que le espera si infringe la ley, lo que no ocurre entre los blancos.

...tu mano izquierda no será cortada, ni servirá de festín a las aves de rapiña. (p. 42).

Otro tema relacionado con África, es la diferencia de clases, un tema que José Mas siempre se empeñó en reflejar en muchas de sus novelas, sobre todo en sus novelas sociales. En esta novela, el autor refleja el estado mísero de gran parte del pueblo bubi y lo compara con la minoría rica que vive en mejores condiciones.

Algo alejados de estas viviendas minúsculas y míseras, veíanse los grandes helechos arborescentes y los cuadritos verdes y jugosos de las plantaciones de biloo. (p. 10).

El autor insiste más en la diferencia entre los pobres y los ricos como Essile.

Los indígenas que no podían mostrar ninguna hebra de esa clase, eran tenidos por los más pobres y míseros de la tribu. Sittó poseía dos collares de conchitas blancas, Essile, veinte sobre su cuerpo, además de los que lucían sus tres mujeres. (p. 13).

Aparte de los temas principales, encontramos en las cinco novelas otros secundarios como la droga, la crítica de la aristocracia y la crítica de la religión.

El tema de la droga lo aborda José Mas en El baile de los espectros, aunque de una manera superficial [8]. Alude a la droga cuando describe las actividades de los clientes del club de los suicidas.

Allí se fumaba opio, se propinaban inyecciones de morfina a grandes dosis y echados sobre cojines de seda esperaban tranquilos el momento fatal. (pp.37-38).

Por otra parte, José Mas critica la vida de la aristocracia inglesa a través de la difusión de los clubes y organizaciones que frecuentan los jóvenes nobles, ociosos y aburridos. El marqués de Belford, gran conocedor de estas organizaciones, habla de ellas.

—Ahora acaban de descubrir las autoridades los siguientes tugurios: El salto, El bar trágico, la casa mecánica, El antro infernal y El puñal velador. (p. 29).

El autor critica también la hipocresía de esta clase a través de la baronesa que, siendo una clienta del club de los suicidas, se muestra religiosa y manifiesta su rechazo total a este tipo de clubes:

—... Yo ante todo creo en Dios, y no puedo aprobar tales felonías. (p. 35).

José Mas nos da una idea sobre la influencia que puede tener este tipo de organizaciones sobre el cerebro y la salud del ser humano, a través de uno de sus clientes que lo presenta como el espectro-hombre.

—...vengo a este baile infernal, donde temo que mi cerebro estalle, he tenido fiebre. Mi sueño se convierte en terrible pesadilla; todo va gravitando sobre mi débil cerebro. (p. 64).

Intensifica más el grado de su crítica hacia la aristocracia londinense, lo hace, esta vez, a través de las palabras de la señora Peters:

—Mi marido, hombre ambicioso y profundo conocedor de la aristocracia londinense, de sus vicios, de sus extravíos, de sus aburrimientos que los arrastra hasta el crimen, ideó esta nueva forma del placer (...) trabajó y logró (...) que los amores escandalosos de la sociedad londinense se refugiaran aquí. (p. 101).

También en El baile de los espectros, el autor muestra su anticlericalismo, en este caso no católico sino anglicano: la sede del club de los suicidas es la capilla protestante de Cato-Street: estamos ante una paradoja entre el carácter sagrado del lugar y lo que ocurre dentro. Más que la religión, a los que critica el autor son los religiosos y los supuestos representantes de la iglesia, por eso, ha querido que el fundador y el presidente del club de los suicidas sea nada más y nada menos que el pastor Peters.

El pastor destaca, además, por su carácter avaro y agresivo, lo que, normalmente, no tiene que caracterizar a un pastor. El último párrafo de la novela es una crítica irónica que ridiculiza el concepto de la religión en gran parte de la sociedad, cuando se interpreta la asiduidad del barón de Malta al club de los suicidas, como un aumento de su amor a la religión:

Sólo se murmuraba que, desde la muerte de su esposa, había aumentado su amor a la religión. Esto lo afirman algunos curiosos que lo veían entrar todos los jueves, por la noche, en la capilla protestante de Cato Street. (p. 116).

Por otra parte, el costumbrismo andaluz está presente en Flor del valle, donde el autor pinta cuadros de costumbres de su tierra, Écija, describiendo los bailes y las fiestas populares. El costumbrismo, y más precisamente el andalucista, es un tema cultivado por algunos escritores de la novela corta. Mª Lourdes Iñiguez Barrena hace un estudio sobre el costumbrismo andalucista y sus cultivadores en la colección, El Cuento Semanal [9]. En efecto, en las novelas cortas de la época, tras Madrid, la región más cantada es Andalucía: la novela andalucista se ambienta casi siempre en el campo [10].

No se trata de una actitud reflexiva ni crítica. Andalucía para los costumbristas no es el objeto, sino el sujeto de la creación [11], jamás se plantean, como los regeneracionistas, a España, ni Andalucía, como problema. En resumen, se trata de una Andalucía “cuya realidad embellecida, idealizada, trabajada artísticamente, se nos brinda alegre, vital, humana; pero superficial. Nada de estudios psicológicos, nada de problemas sociales, ni de tesis moralistas” [12].

En Flor del valle, el autor deja muy claras sus intenciones de escribir una novela corta costumbrista [13]. En efecto, el apodo que ha elegido para su héroe es muy significativo: El ecijano. El apodo en sí es un rasgo costumbrista. El andalucismo se manifiesta también en el uso del lenguaje coloquial, tenemos como ejemplo este diálogo entre Juan y Dolores.

—La virgen der vaye te guarde, niña mía.

—Y tu vengas con ella, juaniyo e mi arma, pidiéndole estaba por ti.

—¿Te é jecho esperá, reina e las flores?

—Un cuartiyo de hora; pero me ha parecío un siglo. (p. 144).

 

Notas

[1] MAS, José: “Prolegámenos” en El baile de los espectros, Madrid, Los Contemporáneos, año XVI, núm 829, 11 de diciembre de 1924.

[2] GRANJEL, Luis S: Eduardo Zamacois y la novela corta, Salamanca, Universidad de Salamanca, 1980, pp. 90-101

[3] SÁNCHEZ ÁLVAREZ-INSÚA, Alberto y Mª Carmen Santamaría: La Novela Mundial, Madrid, CSIC, 1997.

[4] Ibíd. p. 22.

[5] GRANJEL, Luis S: Eduardo Zamacois y la novela corta, op. cit, p. 123.

[6] MAS, José: Advertencia a El baile de los espectros, Madrid, Biblioteca Misterio, 1916, p. 9.

[7] Ibíd. p. 31.

[8] MAS, José: Flor del valle, Madrid, Librería Fernando Fe, 1915.

[9] Ibíd. p. 141.

[10] MAS, José: La sangría, Sevilla, La Novela del Día, Casa Velázquez, 1924, pp. 23-24.

[11] MAS, José: El baile de los espectros, op. cit, p. 60.

[12] El autor trata este tema de una manera más profunda en su “novela alucinante”, Los sueños de un morfinómano (1921).

[13] IÑIGUEZ BARRENA, Mª Lourdes: El Cuento Semanal 1907-1912. Estudio de una colección de novelas cortas, Barcelona, M.L. Iñiguez, 1987, tesis doctoral, pp. 353-374.

[14] Ibíd. p. 353

[15] Ibíd. p. 354.

[16] Ibíd. p. 356.

[17] La visión crítica de Andalucía aparecería en otras novelas de José Mas, como Luna y sol de marisma y El rebaño hambriento en la tierra feraz.

 

Notas bibliográficas

GRANJEL, Luis S: Eduardo Zamacois y la novela corta, Salamanca, Universidad de Salamanca, 1980.

IÑIGUEZ BARRENA, Mª Lourdes: El Cuento Semanal 1907-1912. Estudio de una colección de novelas cortas, Barcelona, M.L. Iñiguez, 1987, tesis doctoral.

MAS José: El baile de los espectros, Madrid, Biblioteca Misterio, 1916.

MAS, José: Flor del valle, Madrid, en Hojas selectas, XVI, 1917, pp. 820-831; Madrid, Librería Fernando Fe, 1915.

MAS, José: Justicia africana, Madrid, La Novela Semanal, n°201, 16 de mayo de 1925.

MAS, José: La ofrenda al hijo, Madrid, La Novela Mundial, n°37, 25 de noviembre de 1926.

MAS, José: La sangría, Sevilla, La Novela del Día, n°40, 24 de julio de 1924.

MAS, José: “Prolegámenos” en El baile de los espectros, Madrid, Los Contemporáneos, año XVI, núm 829, 11 de diciembre de 1924.

SÁNCHEZ ÁLVAREZ-INSÚA, Alberto y Mª Carmen Santamaría, La Novela Mundial, Madrid, CSIC, 1997.

 

© Mohamed Ben Slama 2011

Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

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