La levedad y el peso en el amor

Mónica Ramírez Pavelic

Universidad Autónoma de Madrid
trapecio@gmail.com


 

   
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Resumen: Este ensayo está basado en la novela “La insoportable levedad del ser” de Milan Kundera. Repasaremos a lo largo de estas líneas una perspectiva centrada en el amor y cómo este alterna su existencia entre las polaridades de la levedad y el peso
Palabras clave: Amor, Levedad, Peso, Kundera

 

Kundera plantea al inicio de su obra una pregunta clave que se irá respondiendo poco a poco en el transcurso del relato: “¿es de verdad terrible el peso y maravillosa la levedad?”.

La forma de amar de los protagonistas nos sitúa desde el comienzo en dicha polaridad. Teresa ama a Tomás con un amor asfixiante y posesivo, no soporta compartirlo con otras mujeres y con esto cae sobre ella todo el peso de ese amor.

Tomás por su parte, parece disfrutar alegremente de los placeres que le otorga la vida, situándose en el extremo opuesto a Teresa; en aquel de vivir el momento, es decir la levedad.

Ocurre de manera similar en la vida de cualquier persona, al observarnos nos descubrimos marcados ya sea por el peso o la levedad; descubrimos que vemos la vida con pesimismo o alegría y que es el amor el que nos obliga a definirnos en uno u otro polo.

El ejercicio de amar a alguien es quizás aquello que más fuertemente marca un estilo de peso o levedad.

Si abordamos una nueva relación, luego del fracaso de una anterior, seguramente lo haremos desde el peso de las expectativas, un gran peso marcará entonces el desarrollo de la nueva relación, este peso podrá ir suavizándose a medida que pase el tiempo o transformándose en insostenible.

Luego de un tiempo inevitablemente el peso dejará paso a la levedad, ya sea por el convencimiento de que la relación no tiene futuro posible o bien por la consolidación de un futuro momentáneo.

La levedad llega entonces, casi siempre de una forma o de otra.

Descubrimos que vivimos en la levedad cuando medio amamos o cuando nos sentimos infinitamente amados. El peso se nos presenta en cambio como sinónimo de pasión, aquello que nos plantea la posibilidad de las más disparatadas aventuras de amor y de los más grandes dolores en su nombre.

Es tal la contradicción que incluso podemos encontrar peso y levedad en una misma persona en un lapso no muy grande de tiempo. Así es como los personajes de esta novela van cambiando de condición, haciendo o tomando decisiones que los llevan a pasar de un estado a otro.

Un amor temporal, un amante, por ejemplo, puede hacerte disfrutar de la levedad del no compromiso, del atender a necesidades alejadas de la cotidianidad y de conectarte con sentimientos que creías olvidados; pero cuando ese amor llega a su fin, cuando su tiempo se termina, sufres su peso, técnicamente el peso cae sobre ti obligándote a replantearte situaciones, a redefinir el camino. De una forma u otra te encontrarás en el transcurso de un solo amor viviendo intensamente la levedad y el peso, sin que haya mucho que puedas hacer.

Tomás cambia de la levedad al peso en el momento en que decide dejar su nueva vida en Zurich y volver a Praga junto a Teresa. Para ella el cambio es más gradual y parece dado básicamente en forma acomodaticia a la decisión de Tomás.

Es siempre así entonces? La decisión de una persona ya sea de amarnos o de quedarse a nuestro lado puede ser la fórmula mágica que nos permita cambiar del fatigoso peso a la desenfadada levedad? Significa esto que algunas personas se definen en el amor esencialmente en función de otras?

La dependencia emocional parece ser un fenómeno no poco común y describe claramente a las personas que pasarían de un estado a otro única y exclusivamente por la voluntad de otra persona, este parece ser el caso de Teresa.

Sin embargo vemos en el transcurso de la novela que Tomás también necesita de Teresa. Se habrá vuelto él también dependiente emocional? O es que simplemente amor es sinónimo de dependencia emocional?. Ciertamente esto no sería visto actualmente como una relación “sana”. Pero qué relación lo es?

Por momentos todo parece un poco confuso, incluso en este mundo moderno donde cada vez es más común el desapego. Solo algunas personas encuentran a quien amar, y a pesar de que se busca, no siempre se encuentra a quién reúna las condiciones necesarias para transformarse en nuestro amor.

Los hombres y las mujeres se agrupan para intentar llenar el vacío, los fines de semana atiborran los bares y discotecas; las expectativas se van volviendo cada vez más frágiles y como el peso no puede tolerarse por demasiado tiempo, se opta por la dulce levedad que todo lo simplifica. Entonces aparece el monstruo de la relatividad, y como el alguien que se espera para pasar el resto de la vida no aparece, hay que resignarse con la compañía de alguien con quién pasar un buen rato.

El concepto de tiempo se trastoca y aquellos que desean eternidad han de conformarse simplemente con un momento fugaz.

La soledad barre con las personas llevándolas muchas veces a situaciones que nunca quisieron o se plantearon. Sin embargo el peso es muy difícil de mantener en el tiempo, tarde o temprano se necesita un respiro.

El caso es que peso o levedad, cada vez parece más difícil establecer relaciones entre las personas. Fallan la comunicación y las expectativas terminan por enredarlo todo, si a eso le sumamos el peso de las historias personales y los desencuentros todo se vuelve mucho más difícil aún.

Encontrar una persona afín se vuelve en estos tiempos casi una proeza inalcanzable, son tantas las variables y parecemos habernos vuelto tan quisquillosos.

Nadie llega en estos tiempos a ofrecer su vida como Teresa en su destartalada maleta, por el contrario, se llega con exigencias, con expectativas y múltiples necesidades.

Kundera plantea que “todos consideramos impensable que el amor de nuestra vida pueda ser algo leve, sin peso; creemos que nuestro amor es algo que tenía que ser; que sin él nuestra vida no sería nuestra vida”

Y sin embargo que es el amor del día a día? Probablemente diste mucho de la imagen romántica de aquello que tenía que ser, sin embargo y paradojalmente no carece de verdad decir que sin él nuestra vida no sería nuestra vida, puesto que en el aquí y ahora, simplemente se es lo que se es.

Otro concepto al que hace alusión el autor es el de “vértigo: la profundidad que se abre ante nosotros nos atrae, nos seduce, despierta en nosotros el deseo de caer, del cual nos defendemos espantados”.

Esta idea nos trae a la memoria el sentimiento del amor, porque que es el amor sino esta sensación de lanzarnos alegremente al vacío?. Algunos, nos defendemos espantados frente al compromiso, frente a la inmensa responsabilidad que significa amar a otro o permitir que nos ame. Tal responsabilidad implica un cambio radical en nuestras vidas, muchas veces sin embargo esto ocurre en forma solapada -el amor puede ser insidioso-. Conocemos a alguien, aquel que ha de ser nuestro “amor” y apenas nos damos cuenta, o no nos importan los cambios que a raíz de ello comienzan a producirse. En otras palabras, nos lanzamos despreocupadamente hacia la profundidad del amor, casi felices en el deseo de caer. Sin embargo, para cuando tomamos conciencia, nuestro “amor” ya se ha consolidado y al detenernos a observar tenemos un anillo en el dedo, hijos, hipoteca y hasta mascota.

Por otra parte, el desamor tiene a su vez la contrapartida en la levedad y el peso. Cuando ya no nos quieren, cuando nos sentimos desechados nace en nosotros un fuerte sentimiento de peso, es probablemente una sensación de peso físico, algo así como una fuerza que aplasta nuestro pecho y que apenas nos deja respirar. Nunca como entonces nos sentimos tristes, agobiados y solos, aunque estemos rodeados de gente; nunca como entonces buscamos la soledad para solazarnos en nuestro peso, en nuestro amado peso. Esta sensación nos atrapa en un sentimiento de pesadumbre, que los psicólogos llaman depresión. Entonces si no podemos manejar solos el asunto acudimos al psiquiatra para que nos llene de medicamentos que nos ayuden a paliar el mal momento, que nos ayuden a olvidar que hay una persona en particular que no nos considera dignos de su amor.

Finalmente, con medicamentos o sin ellos el dolor del duelo cede terreno y comenzamos a recuperarnos. Así como el sol entra nuevamente por nuestra ventana, inevitablemente vuelve poco a poco hasta nosotros la dulce levedad, aquella que nos quita la opresión del pecho y nos permite respirar mejor.

Para algunos este ciclo se repite en múltiples ocasiones, otros intentan tomar resguardos que a veces se traducen en interminables y forzadas levedades.

El mundo -debemos admitirlo sin más- se divide entonces en el amor, en la polaridad peso/levedad y los seres humanos estamos obligados a cargar con ello.

Pero, será posible mantenerse en forma permanente en alguna de estas polaridades? Nos alcanzará alguna vez el peso de manera definitiva? Será el suicidio una forma válida de revelarse frente a un peso que se torna insoportable? Por otra parte, es posible la levedad total? Aquella donde nada pueda perturbar la sensación de bienestar que la acompaña? Donde nada pueda enturbiar este idílico paisaje?

No creo posible una situación de permanencia por demasiado tiempo en alguno de estos estados, aún cuando ello podría darse en algunos tipos especiales de personalidades.

Actualmente vivimos los tiempos modernos, la mayoría de nosotros tiene todas las comodidades necesarias para un buen vivir, incluso hemos mejorado nuestra calidad de vida ganando terreno en áreas como el feminismo, el respeto a los derechos humanos y otros; sin embargo, al parecer, junto con todas estas garantías se ha ido baldando nuestra capacidad de amar.

Creemos que hoy somos más, por esto mismo esperamos más, pero todo parece indicar que percibimos que recibimos menos. Hoy las separaciones y los divorcios suman millares, pasados cuatro o cinco años, pocos parecen sentirse a gusto con sus parejas, aunque muchos continúan adelante por comodidad o seguridad. Los solteros y solteras, los separados y divorciados pululan por doquier; incluso parece haber aumentado considerablemente el contingente bisexual, en un afán por ampliar los horizontes de la búsqueda del ser amado. Sin embargo, nada parece dar resultado para las personas que se encuentran en solitario anhelando un cambio de estado.

En un extremo se encuentran los proactivos, aquellos que prueban todos los métodos para encontrar el amor, desde las citas a ciegas que le organizan los amigos hasta la amplia variedad de redes sociales que les ofrece internet.

En el otro extremo se hayan aquellos que se han dado por vencidos, constituyendo un grupo disidente, son quienes han perdido la esperanza, dicen estar bien solos y simplemente ya no buscan.

En la novela Tomás se compadece de Teresa, y no resulta fácil comprender que esa compasión es parte de su amor por ella.

La mayoría entendemos la compasión como algo que se siente por alguien lejano, no sería bien visto compadecerse de alguien a quién amamos, porque este sentimiento lo denigraría, sin embargo la verdadera compasión solo puede sentirse por alguien a quién amamos.

Pensemos en la empatía, ciertamente podemos practicarla incluso con personas desconocidas, pero sólo cuando nos ponemos en el lugar de alguien a quién conocemos y amamos, podemos sentir realmente su sufrimiento y compadecernos.

Tomás no era precisamente un sentimental, recordemos que había dejado atrás a su ex mujer y a su hijo. Es sin embargo este hombre, que en algún momento de su vida opto por dejar atrás, quién se conmueve por el dolor que el mismo provoca a la mujer que ama y decide cambiar desde la levedad al peso.

Sucede lo mismo con nosotros, transitamos a veces sin darnos cuenta entre la levedad y el peso, sin embargo el eje que nos mueve y lo que nos hace cambiar es sin duda el amor/desamor.

Parece ser que tan o más importante que ser inteligente, guapo o tener un buen empleo, es ser digno de amor.

Aquel que es amado ocupa un lugar de privilegio en el mundo y se sitúa en la cima de la levedad, mientras que quién por algún motivo no goza del privilegio del amor, se ve empujado a las enormes hordas demandantes de este vital sentimiento.

Pensemos que ni siquiera hemos mencionado hasta ahora la palabra “felicidad”, nos hemos concentrado más bien simplemente en el amor.

Daremos por sentado que ser poseedor de amor no asegura la felicidad; sin embargo Teresa y Tomás parecen haber sobrepasado esa barrera; ellos cambian radicalmente su vida -cosa que muchos de nosotros no estamos dispuestos a hacer- y mueren en un accidente tras el cual se establece que eran felices.

La felicidad es sin embargo un tema complicado, porque si bien los seres que viven sin amor ocuparían largas filas, si a ellos les sumamos aquellos que aún teniendo amor no son felices, el listado sería interminable. En el entendido que la felicidad no es un estado inamovible, muchas personas pasan normalmente durante su vida por largos periodos de oscuridad y depresión.

Sentir que nada tiene sentido o ayudarse a seguir adelante apoyándose en elementos externos como hijos o familiares dependientes es algo común en estos tiempos. Esto es algo que ocurre no solo en las personas que viven sin amor, sino también en aquellos que se encuentran en posesión de uno.

Será entonces que el amor no es suficiente para todos? La complejidad del ser humano nos arroja en una infinidad de sin sentidos. Lo que es real para mí se transforma en mi realidad y de acuerdo a esto actúo. Ocurre entonces que existen también personas que están rodeadas de amor y aún así no logran salir adelante, otras más resilientes, con un poco de afecto son capaces de ponerse en pie, incluso en las situaciones más difíciles.

Finalmente todo se transforma en un juego de más y menos; aquello que se necesita versus aquello que se está en condiciones de recibir, muchas veces esta ecuación no coincide y el resultado es una persona infeliz.

Kundera culmina su novela con la muerte violenta de casi todos sus personajes, hundiendo además a Franz en la paradoja de descubrir que ama a su estudiante, pero que no puede desprenderse en la hora de su muerte de los imperativos deseos de su ex mujer a quién ya no ama.

¿Será que finalmente el amor es eso? ¿Verlo pasar por nuestro lado, al final de nuestra vida sin poder hacer nada por retenerlo?

La esperanza es que no sea así, sino que al contrario prime una versión romántica al estilo de “y vivieron felices para siempre”.

O como el final feliz de Tomás y Teresa, a pesar de que hayan pasado a mejor vida.

 

Bibliografía

Kundera, Milan (2002) La insoportable levedad del ser. Tusquets Editores, México.

 

© Mónica Ramírez Pavelic 2011

Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

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