Breve exposición de la metafísica oculta
en la poesía de José Ángel Valente

Alejandro Mota Rodríguez



 

   
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Resumen: Breve exposición sobre la metafísica que se puede extraer de los poemarios y escritos en prosa de José Ángel Valente y una esquemática presentación de lo que para nuestro autor representa la palabra poética frente a la palabra “cotidiana”.
Palabras clave: José Ángel Valente, metafísica y palabra poética.

 

Metafísica del hueco.

“¿Cómo produjo y creó Él este mundo? Igual que un hombre que reúne y comprime su aliento [“y se contrae a sí mismo”] de manera que lo que es más pequeño pueda contener lo que es más grande; de esta forma contrajo Él su luz en un palmo, de acuerdo con su propia medida, y el mundo quedó en oscuridad, y en esa oscuridad Él cortó las peñas y labró las rocas”. [1]

El mito de la creación del mundo propuesto por el místico cabalista Isaac de Luria se divide en tres momentos: el “simsum” o autolimitación divina, la “serbirá” o rotura de los recipientes y el “ticún” o estructuración armónica. En la creación del mundo luriana dios no crea por su manifestación, por su proyección hacia fuera sino que dios debe autolimitarse, contraerse (simsum). Tras ese replegamiento de dios sobre sí mismo, dios ha dejado un hueco, un vacío, una nada, se produce un lugar, un espacio determinado (llamado tehiru). Dios al retirarse ha creado el espacio original, un espacio en blanco, una nada. Y sobre esa nada, sobre ese hueco, sobre ese vacío creará dios el mundo. De ese hueco original surgido tras el recogerse de la omnipotencia de dios nacerá todo lo creado, surgirán los cielos y los infiernos, la noche y el día, la tierra y el agua, los mares y los ríos, los montes y las rocas, y surgirá el hombre. Pero ¿qué tiene que ver la poesía de Valente con esta teo-cosmología judaico-mística? Lo que primero creó dios no fueron los astros ni la tierra, ni la noche ni el día, lo que primero creó fue la nada, ese espacio vacío, ese hueco. Al principio Dios, en su absoluta omnipotencia lo llenaba todo, se recogió y creo la nada. Pues a esa nada va a intentar remontarse la palabra poética de Valente. El poeta Valente debe re-crear esa nada, ese espacio vacío, debe aspirar a alcanzar ese hueco. Pues ese hueco es el espacio donde debe llegar la palabra poética. Intentemos aclarar esta metafísica místico-poética que nos propone Valente, la cual creemos que es bien ejemplificada por esa cosmología de Luria.

Continuando esta línea abierta por la cosmología de Luria, que nos ha servido de ejemplo para mostrar que en nuestra exploración de la metafísica del hueco que basamenta la poética del gallego, éste tiene una determinada concepción de la creación poética, tomamos ahora su poema “Soliloquio del creador”, donde Valente da la voz al creador en el momento primero de la creación del hombre. En el poema la criatura inquiere al creador (¡Dime, dime!), pero la criatura dirá Valente no está capacitada para oír esa palabra. La palabra divina es imperceptible por el oído humano; éste sujeto creado deberá conformarse con la palabra humana. Parece Valente distinguir entre la palabra ordinaria comunicativa y la palabra poética. La palabra poética será la única arma de la que dispone el hombre para acceder no ya a dios sino a esa nada primigenia, a ese espacio en blanco desde el cual el poeta crea. No vamos a entrar en las intenciones religiosas de Valente que tal vez sean indesligables de su poesía; aquí optamos por ignorar una posible lectura cristiano-religiosa de su poesía, para centrarnos en una lectura filosófica, eso sí, teniendo presente su contenido místico explícito e implícito.

Pero ¿qué es ese vacío, ese hueco al que tanto apela Valente? Para arrancar lo que intentamos va a ser una posible respuesta a esta oscura pregunta, tomamos impulso en el breve pero genial ensayo de Antonio Gamoneda sobre Valente, Valente: texto y contexto.[2] Para Gamoneda: “el vacío es la forma última de plenitud,”[3] bien, ¿esto qué quiere decir? Según Gamoneda (creo que ateo), el vacío que Valente nos propone no debe entenderse como si de dios se tratase, sino que debe entenderse como un espacio donde el poeta entra en contacto con una realidad a la que el hombre no tiene acceso en, digamos, una vida cotidiana. El vacío, el hueco, hallado por el poeta ofrece un ámbito de realidad a la que habitualmente no tenemos acceso. Si alcanzamos el hueco llegamos, para Gamoneda a esa realidad dionisíaca, que diría un Nietzsche, no una realidad apolínea que experimentamos en el orden normal de la vida, sino una realidad para ebrios, para poetas, para locos, para los que están situados en el límite, en el vértice, en el filo de la navaja. La experiencia poética nos traslada a ese hueco que se sitúa entre lo sensible y lo divino, entre lo inmanente y lo trascendente, entre el cielo y la tierra. Pues a esa realidad debe el poeta elevarnos por medio de la palabra, pero no cualquier palabra, Valente recurrirá, y no le queda otra, a una palabra poética.

Prosigamos adentrando en este hueco, y veamos ahora cómo sólo desde él surge la verdadera poesía. El poeta de Valente percibe una falla en la realidad, una ruptura entre el mundo y su conocimiento; ve como esa falla está sostenida por el hueco, por el vacío de donde toda realidad pletórica emerge y es de esa realidad exultante de la que tiene que dar cuenta, de esa realidad polimorfa y que excede la percepción humana normal; de esa realidad debe el poeta escribir, debe el poeta arrancar su palabra. Desde ahí debe escribir el poeta (Sobre el tiempo presente). El poeta debe introducir su palabra en dicho hueco, en dicha nada, para darle forma. La nada del hueco debe ser trasformada por el poeta como el escultor da forma a un bloque de mármol.

Pues bien, si el poeta debe adentrarse en ese hueco para crear la palabra poética (“Palabra / hecha de nada.”), ¿qué surgirá de esa nada? Muy sencillo: surgirá la forma y el sentido. La forma y el sentido surgen de ese hueco, de esa nada, de esas cenizas de las que Valente hablaba ya en sus primeros poemas (“Aunque sea ceniza cuanto tengo hasta ahora, / cuanto se me ha tendido a modo de esperanza.” [4]). Siguiendo el ejemplo antes propuesto, el poeta, cual escultor, da forma y sentido a su obra desde la nada. Del hueco, del vacío extrae la forma y el sentido mediante la palabra poética.

Qué oscuro el borde de la luz
donde ya nada
reaparece
.” [5]

La palabra poética es considerada por Valente “epifanía de lo real”. La palabra poética se introduce en esa nada para de ella extraer dando forma y figura, dando límite y rasgo a lo informe y haciéndonos partícipes de una realidad pletórica. La poesía de Valente, diremos entonces, es una poesía en el límite, una poesía que se asoma al borde de lo tremendamente real. Nos recuerda mucho esta experiencia poética cuasi sagrada a la ontología del último Heidegger. De ese Heidegger que trataba de destapar las capas del lenguaje coloquial a la búsqueda de un lenguaje puro que re-aloje al ser. Podríamos incluso comparar ese ser heideggeriano con ese hueco valentiano: ese ser del que brota todo lo que acontece pero que el sujeto humano ha olvidado al quedarse con lo acontecido, con lo ente.

Para acabar con este caos explicativo nombrar una forma menos explorada por los críticos de Valente de hablar del vacío como es la muerte: el vacío del ser querido que ha fallecido. Su primer poemario (A modo de esperanza) está impregnado de melancolía y reflexión sobre la muerte, su madre había fallecido recientemente, posteriormente también se verá obligado a sufrir la muerte de su hijo.

NI LA PALABRA, ni el silencio.
Nada pudo servirme
para que tú viveras
.” [6]

Valente se da cuenta de la incapacidad de la vulnerable palabra poética ante la muerte. El ser querido ha dejado un hueco, una sombra, una ausencia, unos recuerdos que la palabra poética no podrá restablecer. Pero contra la muerte y el hueco que ha provocado, el poeta debe reaccionar, debe elevarnos a la palabra. Pero para Valente esa palabra siempre se nos quedará corta ante la muerte, ante la ausencia:

“Empuja el corazón, quiébralo, ciégalo,
hasta que nazca en él el poderoso vacío
de lo que nunca podrás nombrar.” [7]

Y si antes comparábamos a Valente con Heidegger ahora lo podemos compara con el “antecesor” de éste, Wittgenstein, en el sentido de que para ambos autores (Valente y Wittgenstein) no podemos describir, su idea de ser o de hueco, pero sí podemos, en cierta forma, mostrarlo. Nunca podremos describirlo, nunca podremos acercarnos lógicamente al ser o hacer un análisis científico, pero sí acercarnos, asomarnos al límite del abismo, con la palabra poética. Pues, y aquí se separa Valente del silencio de Wittgenstein, el poeta “está condenado a la palabra.[8]

Es entonces cuando podemos ya preguntarnos ¿cómo es esa nueva palabra poética que Valente postula?

 

Los límites del lenguaje poético: la nueva palabra poética de Valente.
La creación artística.

crear es generar un espacio de disponibilidad, en el que la primera cosa creada es el vacío, un espacio vacío. Pues lo único que el artista crea es el espacio de la creación. Y en el espacio de la creación no hay nada (para que algo pueda ser en él creado). La creación de la nada es el principio absoluto de toda creación”. [9] Antonio Tàpies.

Hemos hecho nuestra la afirmación de Tàpies para seguir ahora la investigación ahora dentro de la creación de la palabra poética de Valente. Para ello, tomemos los geniales poemas finales de La memoria y los signos, para esclarecer qué pretende Valente con su nueva palabra poética: “El signo”, “Un canto”, “Como una invitación o una súplica”, “No puede a veces” y “No inútilmente.” Para Valente la creación poética, es más podríamos decir la creación artística, nace de ese hueco, de esa matriz original oscura, de esa nada donde surgirá pletóricamente las realidad de las cosas. En esa nada se sumergirá el poeta, el artista, y dando rasgo y figura, forma y sentido creará. {} De ahí que se afirme que Valente ha creado una nueva palabra poética, una nueva dimensión de lo poético, ha dado un nuevo sentido al signo poético. La nueva palabra poética valentiana se sitúa en los límites del lenguaje y del pensamiento y es que podemos decir que estamos situados en una zona mística donde Valente se encuentra cómodo. La palabra poética ha dejado de ser la mera expresión de una experiencia anímica del poeta a un lector, Valente acaba con la “burda” poesía psicologista o psicologizada. La nueva palabra no intenta expresar sino que intenta abrir, va a intentar abrir unos espacios, huecos, donde tanto el creador como el lector deben otorgar una re-configuración semántica a los conceptos poéticos. Y ahí el signo y su significado van a tener un papel central. Pero ¿qué es indispensable que se dé, para que surja esa re-configuración sígnico-semántica que nos haga presente el hueco original artístico? Una nueva relación del poeta con su lector: el lector pasa en la poética del gallego a tener una importancia fundamental en el devenir poético, el lector tiene que volcar su atención en la proyección poética para extraer de ella los nuevos semas que nos acerquen al sentir primigenio.

¿Pero puede el poeta adentrarse de tal manera en ese hueco y extraer con claridad lumínica lo que en él acontece? Aquí se encuentra Valente con: “la cortedad del decir”.

Cortedad del decir, insuficiencia del lenguaje. Paradójicamente lo indecible busca el decir; (…). Lo amorfo busca la forma. (…) la experiencia de lo que no tiene forma busca el decir, se aloja de algún modo en un lenguaje cuya eficacia acaso esté en la tensión máxima a que lo obliga su propia cortedad.” {}

Este es la zona mística de Valente. Y es que la palabra poética intenta expresar lo inexpresable, intenta hacer ver lo invisible, intenta como el místico, mostrar con palabras lo que no se puede ni siquiera nombrar. Por eso nos hallamos cortos con nuestra palabra, una palabra que no llega, que no alcanza a captar. Se intenta conocer lo incognoscible y el mejor medio que tenemos para alcanzarlo (aunque sabemos que es inalcanzable) es la palabra poética. Por que gracias a esa cortedad del decir se conforma una relación significado / significante donde:

la sobrecarga de sentido del significante es lo que hace, por virtud de éste, que quede en él alojado lo indecible o lo no explícitamente dicho. Y es ese resto acumulado de estratos de sentido el que la palabra poética recorre o asume en un acto de creación o de memoria.” {}

Esto es lo que Valente nos intenta explicar en su genial poemario La memoria y los signos. Pero intentemos aclararlo nosotros teniendo como referente esos poemas que arriba citamos.

Valente percibe en el lenguaje una carga de sentidos, de significados, que tradicionalmente se han venido otorgando a las palabras, esos significados no están a la vista, al alcance del ojo humano, sino que afloran, se manifiestan, florecen cuando la palabra emerge poéticamente. El lenguaje mantiene esos significados ocultos hasta que el poeta los hace acontecer y el lector los recoge. Esto se hace más evidente para Valente en tradiciones como la semítica donde la palabra mantiene todavía cierta sacralidad, donde la palabra “proviene directa de dios y nos comunica con él”. Pues bien, ¿Cómo acceder a esos contenidos ocultos de las palabras que deben revelarse en la poesía?, ¿cómo desplegar uno a uno todos esos sentidos, significados ocultos de las palabra?, ¿cómo pelar, cual cebolla, todas esas capas que recubren de diferentes signos de los conceptos? Escuchando. Para captar esos signos ocultos el lector de la palabra poética debe mantener una actitud contemplativa y de escucha, debe dejar de lado todo discurso lógico-racional para dejarse llevar por el sentir de la palabra, para notar desde sí como la palabra se va mostrando en su plenitud de significados, de sentidos, de signos. Desde esa escucha, desde esa suave mirada el hombre captará la esencia (por qué no decirlo) de las palabras, captará su significado pleno; la en principio cortedad del decir deja paso con la silenciosa escucha a la grandeza del mostrar.

Aquí en este objeto

en el que la pupila se demora y vuelve

y busca el eje de la proporción, reside

por un instante nuestro ser,

y desde allí otra vida dilata su verdad

y otra pupila y otro ensueño encuentran

su más simple respuesta.” {}

Poesía como forma de conocimiento.

La poesía es, antes que cualquier otra cosa, un medio de conocimiento de la realidad.” {}

Para Valente la poesía no es mero juego semántico o retórico, sino que es conocimiento, es una forma de acceso a lo real, a lo más real; la poesía nos acerca a un conocimiento mayor y mejor, tanto en cantidad como en calidad, tanto en sencillez como en complejidad, del duro entorno que nos rodea. Y es que todo lenguaje (por muy retórico que sea) remite a una realidad ya sea experiencial, material o espiritual. {} Lo peculiar del acercamiento cognoscitivo de la poesía es ¿a qué tipo de realidad nos acerca? La ciencia nos permite un acercamiento a la realidad entendiendo a ésta desde su multiplicidad; las ciencias dividen en contenidos concretos a la realidad y la estructuran en diferentes ámbitos. Por ejemplo, la química nos acerca a un conocimiento atómico-material de la realidad e ignora todos los demás ámbitos de realidades, la biología nos proporciona un conocimiento materialista de los entes vitales pero ignora otras estructuras formadas por dichos entes. La ciencia, para decirlo de un modo burdo, tiene un conocimiento fragmentario de la realidad, a la que ha dividido y colocado bajo leyes, bajo sus categorías. La poesía, por el contrario, pretende un conocimiento de lo real total, pretende abarcar a la realidad no en su multiplicidad sino en su unicidad. Se enfrenta a lo real aprehendiendo no sus diferencias sino sus coincidencias que le hacen al todo formar parte de lo real. Valente habla de conocer a la realidad en su “compleja síntesis” y esa va a ser la labor de la poesía. La poesía va a acercarse a la realidad, va a conocer la realidad con los ojos abiertos de par en par y no centrando su atención en esto o aquello concreto sino al todo, a la síntesis. De ahí que Valente y su palabra poética apelen al hueco: la más pletórica de las realidades.

La poesía como forma cognoscitiva percibe que el hombre queda sumergido en experiencias que le sobrepasan, experiencias que envuelven al hombre en una realidad que se le escapa y que desde otras perspectivas no poéticas no puede aprehender. En el choque cognoscitivo del hombre con su entorno se dan experiencias que Valente define como “tumultuosas, riquísimas y, en su plenitud, superior a quien las protagoniza. Sabido es que los grandes acontecimientos de la vida pasan, suele decirse, . Precisamente sobre ese inmenso campo de realidad experimentada pero no conocida opera la poesía.” {} La experiencia humana es mucho más compleja que lo que la ciencia cree, la realidad desborda las categorías con las que la ciencia pretende encasillar al mundo y ahí donde la poesía entra en juego. La poesía intenta aprehender la realidad de modo total, su acercamiento a la realidad no está mediado por categoría conceptual alguna sino que se acerca “en su particular unicidad”. El poeta cuando crea está configurando la realidad de modo total, tiene lo que Zubiri llamaría una “aprehensión primordial” que capta el todo, la experiencia total en su complejo darse.

La poesía aparece así, de modo primario, como revelación de un aspecto de la realidad para el cual no hay más vía de acceso que el conocimiento poético. Ese conocimiento se produce a través del lenguaje poético y tiene su realización en el poema.” {}

 

Conclusión.

Con todo lo antedicho hemos querido mostrar como Valente nos ha expuesto su “nueva” concepción de la palabra poética, su nueva forma de entender la poesía. Una poesía con una metafísica detrás {} estilo Heidegger. Una nueva palabra poética que va a lanzarse a la exploración y postración de ese hueco, va a lanzarse a mostrar lo que no se puede expresar, lo que no se puede decir, y eso sólo puede alcanzarlo una palabra poética. Pero ¿qué es lo que no se puede expresar? Como dice el propio Valente lo que va a intentar la poesía es mostrar “el campo de realidad experimentado pero no vivido”. El ser humano tiene experiencias, como la muerte de un prójimo, el éxtasis religioso, el sentimiento artístico, el amor,… que percibe que no se dejan atrapar en las palabras cotidianas, y a las que la palabra poética puede dar significado. ¿Dónde están los significados, los sentidos de esas experiencias? En las propias palabras y en su formación cultural. Las palabras contienen en sí ocultas los significados que una tradición le ha ido entregando. Pues bien, la tarea del poeta, del verdadero poeta será desenterrar esos sentidos ocultos, para así dar un nuevo sentido a la palabra y hacer que nuestra experiencia sea mejor conocida.

A veces vuelven

Las palabras que fueron enterradas
a veces vuelven cuando su sentido,
como el que anduvo por lejanas tierras,
ya no se reconoce.

A veces las palabras sepultadas
bajo desmontes, en los cementerios,
en los precintos del alcantarillado,
que en paz municipal sellan la historia,
vuelven como fantasmas indelebles,
locos, desmemoriados, azuzantes, hambrientos.

Y alguien pregunta por su faz sangrienta
y los que tienen años para recordar
silencian su pasado.

A veces vuelven,
en calles tortuosas nos saludan al paso,
y la respuesta pronta se detiene
o balbucimos sin saber

(ahora
quién daría su vida)

y un polvo macilento
humilla nuestros labios. []

 

Notas

[1] SCHOLEM, George. La doctrina de Isaac de Luria. http://www.scribd.com/doc/6661514/Gershom-Scholem-La-Doctrina-de-Isaac-Luria

[2] GAMONEDA, Antonio. Valente: texto y contexto. Universidad Santiago de Compostela, 2007.

[3] GAMONEDA, Antonio. Valente: texto y contexto. Universidad Santiago de Compostela, 2007. Pág. 20.

[4] VALENTE, José Ángel. A modo de esperanza. Obras Completas, Vol. I Opera Mundi, 2005. Pág. 69. “Serán ceniza…”

[5] VALENTE, José Ángel. El inocente. Obras Completas, Vol. I Opera Mundi, 2005. Pág. 318. “Límite”.

[6] GAMONEDA, Antonio. Valente: texto y contexto. Universidad Santiago de Compostela, 2007. Pág. 23. Citando a Valente.

[7] VALENTE, José Ángel. A modo de esperanza. Obras Completas, Vol. I Opera Mundi, 2005. Pág. 79. “Noche primera”.

[8] VALENTE, José Ángel. Las palabras de la tribu. Obras Completas, Vol. II, Opera Mundi, 2005. Pág. 90.

[9] RODRÍGUEZ FER, Claudio. Valente: EL fulgor y las tinieblas. Lugo, Axac, 2008. Pág. 22.

[10] La creación poética en Valente es nombrada en términos de luz como percibe María Zambrano en su artículo “José Ángel Valente por la luz del origen” en RODRÍGUEZ FER, Claudio. Valente: El fulgor y las tinieblas. Lugo, Axac, 2008

[11] VALENTE, José Ángel. Las palabras de la tribu. Obras Completas, Vol. II, Opera Mundi, 2005. Pág. 878.

[12] Ibíd.

[13] VALENTE, José Ángel. La memoria y los signos. Obras Completas, Vol. I Opera Mundi, 2005. Pág. 211. “Un canto”

[14] VALENTE, José Ángel. Las palabras de la tribu. Obras Completas, Vol. II, Opera Mundi, 2005. Pág. 39.

[15] Por eso nunca se entenderá cuando se oye, sobre todo de boca de políticos y periodistas, los que usan las palabras más “gastadas”, algo como esto: “el problema es semántico, nominal, y no afectará a la realidad de los ciudadanos”. Pero bueno, ¿es qué las palabras, los conceptos no están repletos de contenidos positivos?, ¿es qué las palabras son algo vacío? La vaguedad filosófica de nuestros políticos se ve reflejada cada vez que abren la boca

[16] VALENTE, José Ángel. Las palabras de la tribu. Obras Completas, Vol. II, Opera Mundi, 2005. Pág. 41.

[17] VALENTE, José Ángel. Las palabras de la tribu. Obras Completas, Vol. II, Opera Mundi, 2005. Pág. 46.

[18] Como hizo ver Machado

[19] VALENTE, José Ángel. Breve Son. Obras Completas, Vol. I Opera Mundi, 2005. Pág. 263.

 

Bibliografía.

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VALENTE, José Ángel. Poemas a Lázaro. Obras Completas, Vol. I Opera Mundi, 2005.

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VALENTE, José Ángel. El inocente. Obras Completas, Vol. I Opera Mundi, 2005.

VALENTE, José Ángel. Treinta y siete fragmentos. Obras Completas, Vol. I Opera Mundi, 2005.

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VALENTE, José Ángel. Al dios del lugar. Obras Completas, Vol. I, Opera Mundi, 2005.

VALENTE, José Ángel. Las palabras de la tribu. Obras Completas, Vol. II, Opera Mundi, 2005.

VALENTE, José Ángel. La piedra y el centro. Obras Completas, Vol. II, Opera Mundi, 2005.

GAMONEDA, Antonio. Valente: texto y contexto. Universidad Santiago de Compostela, 2007.

RODRÍGUEZ FER, Claudio. Valente: EL fulgor y las tinieblas. Lugo, Axac, 2008.

LÓPEZ FERNÁNDEZ, Laura. El esencialismo poético en José Ángel Valente. Espéculo, Revista de estudios literarios, Universidad Complutense de Madrid. http://www.ucm.es/info/especulo/numero16/valente.html

 

© Alejandro Mota Rodríguez 2011

Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

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