Los Coloquios de Palatino y Pinciano y la palinodia de José Luis Madrigal

Francisco Calero

Universidad Nacional de Educación a Distancia UNED


 

   
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Resumen: Los Coloquios de Palatino y Pinciano nos han llegado en cuatro manuscritos y han visto la luz en 1995 gracias al trabajo de José Luis Ocasar Ariza. Los Coloquios son una obra verdaderamente maestra de la literatura española. En relación a la fecha de composición discrepo de los especialistas, porque en mi opinión es prácticamente imposible que fueran redactados hacia 1550; creo que fueron escritos en torno a 1539. En el artículo se concluye con la propuesta de autoría por Juan Luis Vives.
Palabras clave: Coloquios de Palatino y Pinciano, Juan Luis Vives, autoría

 

Los Coloquios de Palatino y Pinciano nos han llegado en cuatro manuscritos y han visto la luz en 1995 gracias al trabajo de José Luis Ocasar Ariza, quien en 2008 ha publicado un excelente libro La lucha invisible. Estudio genético-literario de los Coloquios de Palatino y Pinciano. Sobre los Coloquios en sí solamente diré que son una obra verdaderamente maestra de la literatura española. En relación a la fecha de composición discrepo de los especialistas, porque en mi opinión es prácticamente imposible que fueran redactados hacia 1550; creo que fueron escritos en torno a 1539.

Los Coloquios han suscitado el interés de los especialistas en el Lazarillo, sobre todo de José Luis Madrigal, quien en 2008 publicó “Notas sobre la autoría del Lazarillo” donde defiende que el autor del Lazarillo fue el de los Coloquios, entonando la palinodia como se suele decir, ya que años antes había sostenido a capa y espada que el autor era Francisco Cervantes de Salazar. Esa palinodia supone un acto de honradez intelectual digna de elogio. Yo estoy de acuerdo con el resultado obtenido, esto es, que el autor del Lazarillo es el de los Coloquios, si bien la metodología utilizada me parece incompleta. Dice Madrigal: “Pues lo diré: el allí de un autor está en el conjunto de palabras y frases que forma su obra”. A mí me parece que más que a las palabras y a las frases hay que atender a las ideas, a los temas y, por decirlo en una palabra, al contenido. Y también hay que hacer la comparación con los textos escritos en latín.

El caso es que con su metodología Madrigal llega a la conclusión de que el autor de los Coloquios es el del Lazarillo. A la misma llega también Alfredo Rodríguez López-Vázquez en su artículo “Juan de Arce de Otálora y el Lazarillo de Tormes”. Como yo soy también de esa opinión, resulta que coincidimos tres, y por esa razón doy por buenos los argumentos de ambos investigadores, aunque pudiera añadir bastantes más desde mi metodología, por ser otra la finalidad del presente trabajo.

Ya he hecho referencia a la palinodia de Madrigal, y ahora tengo que decir que no le doy la razón, porque podía seguir defendiendo que el autor de la Crónica de la Nueva España es el autor del Lazarillo. Eso quiere decir que el autor de los Coloquios, de la Crónica de la Nueva España y del Lazarillo es el mismo. Por tanto, Madrigal puede estar satisfecho de su metodología, ya que no le llevó a errar al pensar en Cervantes de Salazar. Pero ¿cómo es posible todo esto? Sencillamente porque el autor de la Crónica de la Nueva España no fue Cervantes de Salazar, ni el de los Coloquios fue Juan Arce de Otálora. En el caso de la Crónica el asunto no es tan difícil porque se transmitió sin nombre de autor. Ahora bien, si los Coloquios nos han llegado bajo el nombre de Arce de Otálora ¿cómo es posible que no los escribiera él? La explicación es que el hecho de aparecer un determinado nombre en una obra no es razón suficiente para ser el autor de la misma. Es algo bien constatado en la historia literaria, por lo que no es necesario poner ejemplos, que podrían ser muchos.

Llegados a este punto, tengo que demostrar quién es el autor de los Coloquios, dejando para otra ocasión la autoría de la Crónica de la Nueva España. Sólo le pido ahora a Madrigal que tenga en cuenta que Cervantes de Salazar estuvo en Flandes con Luis Vives, de quien fue admirador y biógrafo. Y con esto ya he apuntado a quién fue el autor de los Coloquios, porque no fue Juan Arce de Otálora, un jurista, del que no sabemos nada sobre su formación humanística y bíblica, necesaria de todo punto para poder escribir los Coloquios. Para que no haya la más mínima duda sobre la paternidad de los escritos, me voy a limitar a las obras latinas de Vives, que daré en traducciones ya publicadas con el objeto de evitar manipulaciones interesadas de los textos. En la bibliografía se dan las referencias de todas las obras utilizadas. Y sin más paso a los argumentos para quitar la paternidad a Arce de Otálora y dársela a su verdadero autor: Luis Vives, con la advertencia de que podría aducir bastantes más.

1 El misterio del autor

Si los Coloquios estaba firmados por Juan Arce de Otálora, ¿a cuento de qué se juega en la Carta al autor con la ambigüedad de la autoría?, p. 24:

De mí oso afirmar que, aunque supiera que un flaire cartujo o descalzo era su autor, no perdiera autoridad comigo… Ni tampoco hay que temer se impute la culpa al autor el haber en cosa ajena de su facultad gastado tanto tiempo leyendo tanta variedad de libros como en él cita, como en componer tan largo libro, pues si el autor no fuere conocido, ningún peligro le corre, y si lo fuere, los que le conocen bien saben tiene ingenio y tan varia lectión que puede repartir su entendimiento en estas cosas a ratos desocupados sin hacer falta en las de su profesión.

La Carta al autor no está firmada, pero el estilo es exactamente el mismo que el del resto de la obra, por lo que hay que adjudicar su paternidad al autor. Está claro, por tanto, que con ese juego se quiere indicar que hay un misterio en la autoría.

2 ¿Qué fue el autor?

En la obra se afirma que el autor era jurista, pero por la variedad y profundidad de los temas tratados en los Coloquios hay que concluir que más que jurista fue humanista, filósofo, teólogo, escriturista, pedagogo, retórico, historiador, astrónomo, astrólogo, médico, economista, gramático y poeta. La reunión de todas esas características en una sola persona hace del autor de los Coloquios un hombre excepcional, un auténtico superdotado. Ahora bien, no tenemos ningún testimonio externo de que Arce de Otálora reuniera todas esas cualidades, que naturalmente llamarían la atención de las personas cultas, como sabemos que llamaron la atención de Erasmo, de Moro y de Budé (las cumbres del humanismo nórdico) las cualidades que observaron en Luis Vives. Entre los numerosos testimonios sólo cito uno de Erasmo, Epistolario, p. 212:

Pues, aunque concedamos que haya quienes le igualen en la elocuencia, no veo, sin embargo, ninguno que llegue a conjuntar tanta elocuencia y tan profundo conocimiento de la filosofía.

Creo que todos estaremos de acuerdo en reconocer que Vives poseía todas las cualidades mencionadas y, entre ellas, la de ser jurista. Sobre esta última sólo recordaré que fue el autor de la obrita Aedes legum y que escribió a su íntimo amigo el jurisconsulto Cranevelt lo siguiente, p. 263:

Ya tratas conmigo del derecho, disciplina común a entrambos; a ti que ya llegaste a dominarlo; a mí, que sigo tus pisadas.

3 La influencia de Boccaccio

Es evidente la influencia de Boccaccio en los Coloquios, donde se hace referencia a uno de sus cuentos, p. 1106:

La otra es la humilde y cuerda Grisélides, cuya historia cuenta Juan Bocacio.

Ahora bien ¿conoció Vives a Boccaccio? No sólo lo conoció sino que se sirvió de ese mismo cuento en su Linguae latinae exercitatio, p. 59:

Es la de Griselda, que compuso Juan Bocaccio de forma apropiada y con ingenio.

4 La influencia de Erasmo

También es evidente la influencia de Erasmo, a quien se cita treinta y una veces, como en p. 1034:

Quién dirá la razón por qué los monos quieren tanto a los conejos, que dice Erasmo que vio por sus ojos en casa de Tomás Moro en Inglaterra…

A esa pareja Erasmo-Moro sólo le falta Vives para formar la tríada capitolina del humanismo nórdico. Sobre la presencia de Erasmo en los Coloquios afirma Ocasar Ariza: “La valoración altamente positiva que tiene Arce de Erasmo se trasluce en el proceso de escritura cuando éste revela elaboraciones parciales desechadas de gran interés que finalmente no se abrieron paso hasta la versión final. Es el caso de la muy interesante variante 866, en la que se parafrasea el célebre y polémico Sancte Sócrates, ora pro nobis, sustituyendo al griego por el propio Erasmo. La aportación marginal fue tachada en la siguiente revisión”. Ese entrañable aprecio de Erasmo en Arce hay que suponerlo, porque no tenemos testimonios externos de él. En Vives no hay que suponerlo porque es certeza. En este caso no es necesario aportar textos concretos, ya que toda la obra de Vives está influenciada por Erasmo. Finalmente, y como ya hemos escrito anteriormente, las numerosas citas de Erasmo se compaginan mal con la cronología tardía de los Coloquios.

5 Contra los pseudodiálecticos

En un pasaje de los Coloquios se hace una burla de los silogismos de los pseudodialécticos, pp. 203-204:

Y porque lo entiendas mejor, te quiero poner un ejemplo: en el primero modo de la primera figura “Todo animal es substancia”; ésta es la mayor. Y “todo hombre es animal”, ésa es la menor. La conclusión será que “Todo hombre es substancia”… éste os muestro yo a vosotros y a todos los que estudian, que aquí va toda la sciencia del mundo, que se resume en que todo animal es substancia y todo hombre animal, y mucho más el que estudia.

Creo que todo los que hayan leído este pasaje habrán pensado inmediatamente en Vives, porque fue el azote por excelencia de tales filosofastros en su obra In pseudodialecticos. Por eso creo que no es necesario insistir más en este punto.

6 La Celestina

La Celestina tiene una presencia notable en los Coloquios, ya que es mencionada once veces, como en p. 456:

Yo tengo por cierto que aunque Celestina es buen libro y de grandes avisos y sentencias, ha estragado tanto a los lectores como aprovechado.

Vives conocía La Celestina y la apreciaba, al tiempo que reconocía sus inconvenientes. Así lo hizo en De disciplinis, I, p. 132:

Más sabio fue en esto el autor en nuestra lengua de la tragicomedia la Celestina, pues estableció una estrecha ligazón entre el progreso de los amoríos y los encantos del placer y un final muy amargo, a saber, las desgracias y muertes violentas de los amantes, de la alcahueta y de los alcahuetes.

7 Juan de Mena

El poeta Juan de Mena es citado ocho veces en los Coloquios, como en p. 487:

Allá dice Juan de Mena:

Fuerza se llama, que no fortaleza…

Vives citó un verso de Juan de Mena en Linguae latinae exercitatio, p. 55:

Con toda razón el famoso poeta español llamó a Mayo pintor del mundo.

Esto quiere decir que Vives se sabía de memoria a Mena. ¿Dónde podemos documentar que Arce conocía al poeta cordobés?

8 La ferias de Medina del Campo

A las ferias de Medina del Campo se dedican bastantes páginas en los Coloquios, como en p. 1037:

Veamos esta feria de Medina y holguémonos en ella y no compremos nada, y seremos como los que si no beben en la taberna, se huelgan con ella.

¿Supo Vives que había ferias en Medina del Campo? A ellas se refirió en De concordia et discordia in humano genere, p. 139:

En Lyon (en Francia), en Amberes (en Bélgica) y en Medina del Campo (en España) se celebran ferias concurridísimas.

9 La economía

La economía tiene bastante importancia en los Coloquios, como en esta observación sobre el oro y plata procedentes de América, p. 1118:

Ésa debe ser la causa por la que hay tanta hambre y seca de dineros en estos reinos, porque todas las crecientes y avenidas que vienen del Perú y Nueva España deben de correr por España e ir a parar en Francia y Alemaña y Italia.

Pero ¿sabía algo de economía Vives? Vaya si sabía. En De concordia et discordia in humano genere denunció la inflación que seguía a las guerras, p. 145:

así, después de una guerra, mil monedas de oro constituyen pobreza, cuando antes de ella cien hacían rico, pues tales situaciones no se miden por la posesión de riquezas, sino por la utilidad que dan y las necesidades que solucionan.

10 La leche de las madres es su propia sangre

En el contexto de que las madres deben amamantar a sus hijos se expresa la idea de que su leche es la sangre transformada, p. 334:

Verdaderamente, es cosa contra razón y naturaleza que deje de criar y alimentar la madre a sus pechos al hijo que vee nacido y vivo en sus brazos, habiéndole criado antes que le viese y tuviese vida y forma, en sus entrañas, siendo la leche blanca la misma sustancia que era la sangre colorada.

Vives expresó esa misma idea en De institutione feminae christianae, p. 320:

más aún, la generosa y sabia madre de todas las cosas, a aquella misma sangre que en el útero se convertía en un diminuto cuerpecito después del parto, la hace pasar al pecho, que es como el cráter de una fuente copiosa y saludable de leche blanca.

Como se puede comprobar, no hago argumento de que es mejor que las madres amamanten a sus hijos por ser una idea muy generalizada.

11 Dios y naturaleza

Nueve veces aparecen unidos Dios y naturaleza en los Coloquios, como en p. 83:

verdaderamente es cosa maravillosa considerar la variedad y diferencia que Dios e Naturaleza pone en los hombres… Y otras infinitas diferencias que Dios e Naturaleza dan a cada uno.

Esta unión es expresada por Vives varias veces en De concordia como en p. 68:

El hombre nos fue entregado por la naturaleza misma, esto es, por Dios.

Ocasar Ariza señala que era un lugar común, pero puede utilizarse como argumento por la elevada frecuencia de su uso en los Coloquios.

12 El retrato de Escipión el Africano

En los Coloquios Palatino y Pinciano critican humorísticamente un retrato de Escipión el Africano, pp. 1106-1108:

Pinciano.- La primera, tiene muy cubierta la frente de cabellos llanos, sin remolino, que es contra lo natural, porque lo alto de la frente ha de ser remolinado, que por eso se llama vortex a vertendis capilis. Y también se llama así el remolino que se hace en el agua…

Palatino.- Debiéronle de sacar mal compuesto y severo por mayor autoridad.

Pinciano.- No tuvieron razón, porque antes dicen que fue el hombre de su tiempo más agraciado y polido y amigo de atavío.

Palatino.- Por ventura le sacaron aquí como cuando estaba desterrado en Linterno…

Pinciano.- Y aun ésta tiene una falta: que tiene en la garganta algunos vacíos, que dice Sócrates que es señal de tardo ingenio. Los hombros había de tener más levantados y anchos, que son indicios de grandes fuerzas, como los han de tener los capitanes.

Palatino.- A eso responderá él lo que respondió a los soldados que le decían que no era tan valiente soldado como buen capitán: Imperatorem me genuit mater mea, non militem.

En Linguae latinae exercitatio Velio y Durero comentan en los mismos términos un retrato de Escipión el Africano, pp. 125-128:

Velio.- Lo primero de todo has cubierto la coronilla de abundantes y lisos cabellos, a pesar de que se llama vértice, como si dijéramos remolino, a partir de revolver cabellos, como vemos en los ríos cuando el agua se arremolina…

Velio.- Ignorante ¿no has leído que este Escipión fue el más cultivado y el más elegante de todos los hombres de su época, y además amante del buen gusto?

Durero.- Fue representado con ocasión de su destierro en Linterno…

Velio.- Pero, para no echar de menos nada incluso en esto, no tiene lo que un famoso fisiognomista, refiriéndose a Sócrates, dijo que era señal de inteligencia lenta. Esos hombros los hubiera querido un poco más elevados y anchos.

Durero.- No era tanto soldado de lucha como de mando. ¿No han oído una sentencia suya? Como algunos soldados dijesen de él que no era soltado tan valiente como sabio general, contestó: Mi madre me engendró general, no soldado.

13 Al sabor de su paladar

Esta rara expresión es usada en p. 1047:

A cada uno hablan al sabor de su paladar, como el parásito terenciano.

En realidad, es traducción de la expresión latina ex palati sententia, que fue creada por Vives en Linguae latinae exercitatio a imitación de ex animi sententia, p. 18:

No comemos a nuestro gusto, sino a gusto del paladar.

Ex palati sententia puede traducirse por a gusto del paladar o a sabor del paladar. Este argumento es de gran fuerza probatoria, ya que es muy difícil que un plagiador se fije en una expresión latina que no tenía tradición de uso.

14 El ejemplo de las cigüeñas

Al cuidado de los progenitores de las cigüeñas se hace referencia en p. 1030:

Quién no alabará a Dios de ver la piedad y prudencia de las cigüeñas en mudar las provincias a su tiempo y volverse, y en alimentar y sustentar con sus alas a sus padres en la vejez, de donde tomó nombre aquella virtud tan heroica del agradecimiento que los griegos llaman antipelargia.

Vives puso en De concordia el ejemplo y la etimología, p. 60:

Entre las maravillas de la naturaleza cuentan los que se preocuparon de buscarlas que las cigüeñas alimentan a sus padres, exhaustos por la vejez, el mismo tiempo que ellas, tiernas y sin plumas, fueron alimentadas en el nido, de forma que tal acción dio origen al verbo griego con el que dan las gracias, antipelargein, tomado del nombre de las cigüeñas.

15 Apeles y el zapatero

Tres veces se hace referencia en los Coloquios a la anécdota de Apeles y el zapatero, como en p. 1100:

Y otro día el mesmo zapatero puso tacha en una rodilla, y díjole Apeles: Heus, noli jam ultra crepidam judicare, que hasta hoy quedó por proverbio.

Vives lo hizo en su Epistolario, p. 479:

como aquel famosísimo pintor de Grecia; y ciertamente no faltará un zapatero que me haga alguna atinada advertencia sobre los zapatos.

16 Flandes

La pequeña región flamenca tiene una destacada presencia en los Coloquios, pues es mencionada trece veces, como en p. 550:

Y harta prosperidad es haber pasado esos bancos, que son peores que los de Flandes, y poder contarlo en salud.

Ese detalle de los bancos supone un conocimiento muy preciso de Flandes, que sin duda tenía Vives, y que es muy dudoso que lo tuviera Arce. Por lo demás, Vives hizo frecuentes menciones de su patria adoptiva, como en De subventione pauperum, p. 109:

¿Qué a los condes de Flandes las estatuas doradas ante el consistorio?

en De institutione feminae christianae, p. 316:

Por eso debe ser reprochada aquella mujer de Flandes

o en De concordia, p. 149:

desde Flandes, y también desde Cimbria y Dacia se socorre con trigo a Sicilia y Venecia… sino ni siquiera a Flandes que está tan cerca, o viceversa Flandes a Gran Bretaña.

Referirse a Flandes, segunda patria de Vives, formaba parte de su personalidad literaria.

17 Los preceptos de la educación

En las páginas 358-360 ofrecen los Coloquios los preceptos de la educación, que son exactamente los mismos que ofrece Vives en el diálogo Praecepta educationis, el último de Linguae latinae exercitatio. Por no ser demasiado largos comparando los textos completos de ambas obras, nos limitaremos a la siguiente concordancia. Se dice en los Coloquios, p. 359:

pues al hombre ocioso llaman los sabios «piedra», al mal ocupado «bestia» y al bien ocupado «hombre»

y en Linguae latinae exercitatio, p. 143:

El hombre ocioso es una piedra, el mal ocupado un animal, el bien ocupado el auténtico hombre.

18 El hombre ignorante es un animal

Esta idea está expresada en p. 358:

Lo tercero, aficionarles a saber y entender todas las cosas y usar de las buenas y virtuosas y a ejercitarse en ellas, significándoles que el hombre ignorante y nescio es animal bruto y sin fructo.

Es un pensamiento característico de Vives, quien lo expresó en Linguae latinae exercitatio, al llevar a un niño a la escuela, p. 8:

Te traigo a este hijito mío, para que lo transformes de animal en hombre.

19 Castellano y latín

Se puede afirmar que los Coloquios están escritos en castellano y en latín, ya que esta lengua adquiere un porcentaje importante en el conjunto de la obra. Sobre el uso de ambas lenguas comenta Ocasar Ariza: “El análisis revela que, para Arce, ambas lenguas resultan mentalmente trasvasables: su cultura y sus ideas se han formado mayoritariamente en latín, pero su lengua vernácula ejerce de filtro permanente. Ello quiere decir que el autor escribe en castellano ideas que conoce y frecuenta a través del latín”. Esto ha de ser matizado en el sentido de que Arce no tiene detrás un conjunto suficiente de obras en latín para dar seguridad a esa afirmación. Tampoco está respaldada por la formación humanística de Arce, que le hubiera permitido una configuración latina de su mente. Vives sí que tenía la mente configurada por el latín, como lo ponen de manifiesto sus sesenta obras latinas.

20 La fortuna en su término medio

Esta idea es formulada en p. 1143:

Tanto y más dicen que es de temer la buena fortuna como la adversa, y que para ser buena ha de ser ni muy larga ni muy corta.

Eso es lo que decía la reina Catalina a Vives, tal como lo refleja éste en su Epistolario, p. 342:

No querría sólo adversidades, pero tampoco sólo prosperidad.

21 Humor sobre los textos bíblicos

Una característica fundamental de los Coloquios es crear humor a partir de textos bíblicos, como en p. 99:

Ahora, pues, entremos humildes y de paz; hagamos la entrada de Ramos y dígamos a estos padres: «Atollite portas, principes, vestras». Quizá con llamarlos príncipes nos abrirán y harán fiesta, y nos saldrán a recibir con ramos.

Palatino.- No sean algunos ramalazos que nos den pasión a la entrada y nos anuncien cruz a la salida. No burlemos, que esa es mucha conversación.

El hacer humor sobre textos bíblicos lo utilizó Vives desde muy joven, como en una carta a su amigo Cranevelt (se cita por el artículo de J. Ijsewijn, p. 160):

En estos días (ojalá esta ceremonia sea venturosa y de buenos auspicios para mí, para ti y para toda la república de jurisconsultos) tu facultad de ambos derechos ha dado a luz en un solo parto cuatro doctores, y me fue permitido con el amable permiso de los sacerdotes asistir a los ritos sagrados y participar en los sagrados misterios, por Hércules, ¡tan divinos, tan incomprensibles! ¡Oh profundidad de las riquezas!

La frase ¡Oh profundidad de las riquezas! es traducción O altitudo divitiarum (Romanos XI, 33). Quien descubrió esta característica de la personalidad de Vives fue el insigne vivista Joseph Ijsewijn en su artículo “Satirical elements in the Works of J.L. Vives”, donde comenta el pasaje citado, p. 160: “Cuando leemos esta parodia podemos preguntarnos cómo habrían reaccionado ante ella los teólogos de Lovaina si la hubiesen conocido, a causa de la muy clara alusión al capítulo 5 del Apocalipsis de San Juan en la mención del libro con los siete sellos”.

22 La crítica genética

El libro de Ocasar Ariza La lucha invisible es un estudio genético-literario de los Coloquios, tal como figura en el título. Lo ha podido hacer porque los tres manuscritos del XVI representan estadios diferentes del texto. Esa forma de trabajar del autor se corresponde a la perfección con la de Vives, quien nunca hizo una segunda edición igual a la primera. Siempre cambia palabras, suprime párrafos enteros y añade otros nuevos. Esta característica de su forma de escribir puede ser fácilmente comprobada consultando las ediciones críticas que se han publicado en la editorial E. J. Brill dentro de la colección Selected works of J. L. Vives.

23 Diversidad en los juicios y pareceres

Sobre la diversidad en los juicios se afirma en los Coloquios, p. 907:

porque desde el principio del mundo han sido los juicios y pareceres de los hombres diversos y diferentes.

Esta frase es muy parecida a la de Vives en carta a Cranevelt, p. 430:

Pero según son los juicios de los hombres no solo diversos

y en De ratione dicendi, p. 72:

Los juicios de los hombres son diversos.

24 Hay más cosas que palabras

Esta idea es expresada en la siguiente forma, p. 866:

Algunas bien os podría decir, mas todas es imposible porque hay muchas inonimatas, como contratos, et plura sunt negotia quam vocabula.

También la encontramos en De ratione dicendi, p. 170:

Las palabras, en efecto, son finitas, las cosas infinitas.

25 Los refranes

Nada menos que ciento cincuenta refranes son usados en los Coloquios, por lo que bien puede afirmarse que su autor era un enamorado de esas pequeñas joyas de la sabiduría popular. Vives se ocupó de ellos en De disciplinis, como en I, p. 31:

A esto mismo hacen referencia los proverbios y sentencias y todo lo que se fue recogiendo por el cuidado de algunos y que se conservó en el pueblo del mismo modo que unas riquezas públicas en un tesoro común.

Con toda seguridad los fue recogiendo en un cuaderno, tal como aconseja hacer en De ratione studii puerilis, pp. 328-329:

Te agenciarás un libro en blanco de un tamaño razonable, y lo distribuirás en ciertas secciones y como nidos: en una de estas secciones anotarás los vocablos de uso cotidiano… en otra los refranes, adagios o proverbios.

Y los utilizó incluso en sus obras más profundas, como De disciplinis, I, 91:

Como se dice vulgarmente, “a río revuelto, ganancia de pescadores”

o en Satellitium animae, p. 1189:

Cosa que vulgarmente se dice en nuestra España, con ese adagio: Haz bien y no mires a quien.

Sin ninguna duda, la importancia concedida a los refranes en los Coloquios se adecúa a la perfección con la personalidad de Vives.

26 Romance no afectado

El autor de los Coloquios se pronuncia en contra de la afectación en la lengua, p. 1240:

Ultra desto, torno a decir que el romance sea muy llano y casto, y no curioso ni afectado.

También lo hizo Vives en De ratione dicendi, p. 173:

Y qué decir de aquellos que afean la elegancia y esplendor del discurso originario con palabras y figuras oscuras, arrastradas, bajas, con una inmoderada afectación…

27 El escepticismo

En los Coloquios se percibe la presencia del escepticismo, como ha señalado Ocasar Ariza: “Un grupo amplio de variantes es susceptible de ser analizado de una forma más profunda, pues conllevan consecuencias de un alcance mayor. Se refieren a determinados aspectos de la actitud escéptica de la que hemos venido hablando… El excurso que hasta aquí hemos desarrollado acerca del escepticismo tiene como objeto situar lo que a mi juicio es el rasgo fundamental de la perspectiva ideológica de los Coloquios de Palatino y Pinciano. Toda la obra es una constante alegación pro et contra marcada por la ironía, la palinodia, el equilibrio y la renuncia a establecer verdades palmarias… La variante 503 es quizá el momento más evidente en que Arce se alza paladinamente afirmando la imposibilidad del conocimiento. Coincide plenamente en esto con autores como Francisco Sánchez o Pedro de Valencia. Lo más destacable es que el paso de Z a B altere la afirmación de que «alcanzar la verdad es imposible» para afirmar que «este alcanzar y conoscer la verdad de las cosas es imposible»”.

Estas observaciones ponen de manifiesto que el autor de la obra más que un jurista era un filósofo. Y un filósofo escéptico, lo que se adecúa muy bien a Vives, como sabemos por la tesis de José Antonio Fernández Santamaría: “una tesis encaminada a demostrar que existen en el pensamiento del humanista español aspectos de dudas y elementos escépticos académicos suficientes para hacerlo miembro de aquella [la tradición escéptica]”.

La filosofía y el escepticismo nos lleva con toda seguridad a Vives. Más claro agua.

28 El decoro

Mantener el decoro es uno de los principios retóricos sustentadores de los Coloquios, p. 18:

Y con esto se junta guardar el decoro en todas las pláticas que se tratan, usando el estilo más conviniente a las personas y materia.

El decoro fue defendido a ultranza por Vives en De ratione dicendi, donde se ocupa por extenso de él, como en p. 158:

Que conserve por completo la acción escénica el lenguaje corriente, que sea, para deleite del espectador, de ritmos bastante musicales y armoniosos, y que conserve el decoro de los personajes no sólo en los sentidos, sino también en las palabras, en los tiempos y en toda la composición.

29 Presencia de Suidas

El diccionario griego de Suidas (conocido actualmente como Suda) es mencionado en los Coloquios, p. 13:

Con Eurípides, que refiere Suidas que de setenta y cinco tragedias que hizo, solas cinco contentaron al vulgo.

El conocimiento y manejo de este diccionario griego eran propios de un filólogo y humanista, como fue el caso de Vives. Además, en España apenas fue conocido tal diccionario.

30 El ejemplo de Porcia

El ejemplo de Porcia es narrado en p. 514:

Porcia, hija de Catón y mujer de Bruto, oída la muerte de su marido, no hallando con qué se matar, comió brasas ardiendo, con que murió.

Vives lo contó en De institutione feminae christianae, p. 218:

Porcia, hija de Catón, esposa de Marco Bruto, una vez vencido y muerto el marido, tomó la decisión de morir; aunque le quitaron la espada, se ahogó tras ponerse en la boca brasas ardiendo.

31 La desgraciada vida del intelectual

La tesis central de los Coloquios aparece señalada por la repetición de la frase bíblica Qui addit scientiam addit laborem, que tiene como resultado la vida desgraciada del intelectual, tal como se dibuja en numerosos pasajes de la obra, v. gr. en p. 211:

Tan universal que pocos escapan dello; y a los veinte años están sentidos y a los treinta cascados; a los cuarenta quebrados y a los cincuenta pasados y a los sesenta, si allá llegan, embalsamados. Y en todo tiempo tan sin provecho que me espanto cómo hallan con quién se casar. Creo que ha de venir tiempo que nadie los quiera.

Esta pesimista caracterización de la vida del intelectual no se corresponde con la de Arce, que fue un triunfador en su vida profesional, sino con la de Vives, cuya vida estuvo llena de desgracias.

32 El dolor al escribir

Los Coloquios terminan con un pensamiento en latín, p. 1411:

Scribere qui nescit nullum putat esse laborem
tres digiti scribunt, cetera membra dolent

[Quien no sabe escribir piensa que no hay ningún
esfuerzo; escriben tres dedos, los demás miembros duelen.

¿A quién se puede aplicar mejor que a Vives? Sabemos que durante toda su vida tuvo dolores en varios miembros de su cuerpo.

 

CONCLUSIONES

En la selección de argumentos que hemos presentado se comprueba que los Coloquios ofrecen una síntesis de las obras latinas de Vives, llegando al caso extremo de que son reproducidos literalmente dos diálogos de Linguae latinae exercitatio. Ante esta situación solo caben dos posibilidades: O bien Arce de Otálora saqueó las obras de Vives o bien los Coloquios fueron escritos por el propio Vives. ¿Cómo decidirse por una u otra alternativa? La solución tiene que venir de la valoración de diversas circunstancias. En contra de Arce encontramos varios argumentos. En primer lugar, las numerosas citas de Erasmo van en contra de una fecha tardía de la obra. Esto es, hacia 1550. En segundo lugar, así como se cita puntualmente a Erasmo, a Vives no se le cita, incluso cuando se toma de él amplios pasajes, como hemos comprobado en los dos diálogos de Linguae latinae exercitatio. En tercer lugar, la formación académica de Arce no era suficiente para componer una obra en la que lo que predomina es la filosofía, la retórica, los autores grecolatinos y el dominio de las Sagradas Escrituras. En cuarto lugar, el aprovechamiento de detalles insignificantes propios de Vives va en contra de Arce, ya que es muy difícil que éste se fijara en ellos. En quinto lugar, la desgraciada vida del intelectual descrita en la obra no se corresponde con la exitosa vida de Arce. En sexto lugar, el estilo de la obra es unitario y coincide con el de Vives, y el estilo, por ser lo más personal, es lo más difícil de imitar y de plagiar.

Por otra parte, si el autor fuera Arce, habría que suponer que, además de jurista, fue filósofo, pedagogo, teólogo, escriturista, filólogo, retórico y dominador de los autores grecolatinos. Por el contrario, si el autor es Vives, no hay que suponer nada, porque sabemos con toda seguridad que tuvo todas esas cualidades. Por todo ello, con la autoría de Vives se cumple el principio de Ockham de que lo más sencillo es lo más plausible. Además, con la autoría de Vives se llega a la evidencia interna de la obra, porque se da repuesta a todos los interrogantes que plantean los Coloquios.

 

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Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

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