La religiosidad como eje del mundo de Pedro Páramo:
la imposibilidad de la salvación

Miguel Ángel Elorza Vásquez

Maestría en Filosofía
Facultad de Filosofía
Universidad Veracruzana
miguel.elorza@gmail.com


 

   
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Resumen: Para entender la religiosidad en Pedro Páramo hay que distinguir entre la religión institucional y la religión como el sentimiento del hombre y su búsqueda de trascendencia. Este problema religioso aparece en numerosas ocasiones a lo largo de la novela.
Palabras clave: Juan Rulfo, Pedro Páramo, narrativa mexicana, religiosidad.

 

El eje principal del mundo recreado en Pedro Páramo es la religiosidad. Se trata de una religiosidad sui generis que proveniente del sincretismo entre la tradición católica (el continuo arrepentimiento durante la vida para alcanzar la salvación después de ella, nunca la retribución terrena a la que apela Job) y las tradiciones propias del campo (el cielo y el infierno dentro de los límites de lo cotidiano, el eterno retorno en el tiempo propio de la tradición agrícola). La religiosidad de la gente de Comala es la amalgama de ilusiones y convicciones, de creencias colectivas y personales que construyen una teología popular que mezcla cielo, infierno, vírgenes, santos, dioses de panteones desconocidos (o destruidos y negados), gracia, caída e imposibilidad de redención (¿Quién en Comala está fuera de ella?) y que ajusta todo al orden de lo profano, al tamaño de la gana personal. Por eso, aunque los símbolos católicos usados en la novela sean implacables nadie se somete a ellos, incluso el Padre Rentería, la representación de la tradición cristiana en la novela, desatiende la palabra de Dios:

No quería pensar para nada que había estado en Contla, donde hizo confesión general con el señor cura, y que éste, a pesar de sus ruegos, le había negado la absolución:

Ese hombre de quien no quieres mencionar su nombre ha despedazado tu Iglesia y tú se lo has consentido. ¿Qué se puede esperar ya de ti, padre? ¿Qué has hecho de la fuerza de Dios? Quiero convencerme de que eres bueno y de que allí recibes la estimación de todos; pero no basta ser bueno. El pecado no es bueno. Y para acabar con él, hay que ser duro y despiadado. Quiero creer que todos siguen siendo creyentes; pero no eres tú quien mantiene su fe; lo hacen por superstición y por miedo. (…) No hay que entregar nuestro servicio a unos cuantos, que te darán un poco a cambio de tu alma, y con tu alma en manos de ellos ¿qué podrás hacer para ser mejor que ellos que son mejores que tú? No, padre, mis manos no son lo suficientemente limpias para darte la absolución. Tendrás que buscarla en otro lugar.

¿Quiere usted decir, señor cura, que tengo que ir a buscar la confesión a otra parte?

Tienes que ir. No puedes seguir consagrando a los demás si tú mismo estás en pecado.

(…) ¿No puede usted…? Provisionalmente, digamos… Necesito dar los santos óleos… la comunión. Mueren tantos en mi pueblo, señor cura.

(…) Y el señor cura de Contla dijo que no. (Rulfo, 2007:75-76)

Me he extendido en la transcripción porque la cita muestra, de manera extraordinaria, el carácter religioso de los personajes de Comala: el padre Rentería aceptó la destrucción de su grey y se sometió como todos en Comala al poder de Pedro Páramo. Ofició, sin ser absuelto de sus pecados y contra su voluntad, la misa por el alma de Miguel Páramo, el asesino de su hermano y el violador de su sobrina. La religión para el padre Rentería es un titubeo febril, en los demás es eterno incumplimiento. En Comala, la Palabra de Dios sólo importa y es trascendente cuando se amolda al capricho personal o a los límites de la vida diaria (¿Qué saben los querubines, los ángeles y los arcángeles de las ilusiones y convicciones de un pueblo que se ha abandonado a los caprichos y el poder de Pedro Páramo? Es más, ¿Qué sabe Dios de la vida en Comala?, ¿Qué sabe Dios del hombre?: “Dios mío, si tú hubieras sido hombre,/hoy supieras ser Dios; pero tú, que estuviste siempre bien/no sientes nada de tu creación./ Y el hombre sí te sufre: el Dios es él!” (Vallejo, 1999:87)).

Así pues, en Comala, la religiosidad no es como la religión institucional vinculada con la iglesia católica; las teorías que dotan a Pedro Páramo de una base católica pura y encuentran alegorías bíblicas en cada página son débiles, incluso erradas. Juan Rulfo declara:

(…) Ellos creyeron alguna vez en algo, los personajes de Pedro Páramo, y aunque siguen siendo creyentes, en realidad su fe está deshabitada. No tiene un asidero, una cosa de donde aferrarse. Tal vez en este sentido se estime que la novela es negativa. Esto me hace pensar en aquellas personas que piensan que la justicia más justa es la mejor de todas las justicias. Así, en estos casos, la fe fanática produce precisamente la antife, la negación de la fe. (Monsiváis, 2008:254)

Para entender la religiosidad en Pedro Páramo a profundidad, hay que distinguir entre la religión institucional y la religión como el sentimiento del hombre y su búsqueda de trascendencia. Este problema religioso aparece en numerosas ocasiones a lo largo de la novela y el padre Rentería es un ejemplo de la crisis religiosa que aqueja a Comala. Él está obsesionado con el pecado y a menudo se cuestiona sobre la salvación de las almas, sobre la salvación propia y la de los demás y cada vez que se cuestiona a sí mismo, la duda lo invade. En este sentido, Comala y sobre todo el padre Renteria sólo conservan de la religión católica las sanciones de culpa y las certidumbres de la duda:

‘¿Qué sabía él del cielo y el infierno?’ reflexiona Renteria . ‘Y sin embargo, él, perdido en un pueblo sin nombre, sabía los que habían merecido el cielo. Había un catálogo. Comenzó a recordar los santos del panteón católico comenzando por los del día: Santa Numilona, virgen y mártir; Anarcio obispo…’ Sin un catálogo fijo no hay cielo certificado.(Monsiváis, 2008:255).

Por otro lado, Susana San Juan niega por completo la religión institucional como recurso de salvación del hombre, sus palabras: “¿Qué no saldrá del purgatorio si no le rezan esas misas? ¿Quiénes son ellos para hacer la justicia?”(Rulfo, 2007:82) y más adelante: “ señor, ¡tú no existes! Te pedí tu protección para él. Que me lo cuidaras. Eso te pedí.”(Rulfo, 2007:107) Incluso, muestra claramente su falta de fe en la religión cuando rechaza el consuelo del Padre Renteria: “ Vas a ir a la presencia de Dios. Su juicio es inhumano para los pecadores. Luego se acercó otra vez a su oído; pero ella sacudió la cabeza: ¡Ya váyase, padre! No se mortifique por mí. Estoy tranquila y tengo mucho sueño” (Rulfo, 2007:122) Pero es más clara cuando le confiesa a Justina: “Yo sólo creo en el infierno.” (Rulfo, 2007:116)

Por otro lado, y en el mismo tenor, Eduviges, se revela contra la divinidad y se suicida: “Todo consiste en morir, Dios mediante, cuando uno quiera y no cuando Él lo disponga” (Rulfo, 2007:13). A decir verdad, ningún de los personajes de Pedro Paramo encuentra consuelo en la religión porque ésta no le proporciona ninguna esperanza. La desesperanza invadió a Comala cuando ésta se convirtió en el sitio para pagar los pecados cometidos, cuando se abandonó a Dios por la gana personal o por Pedro Páramo.

Así pues, Comala no es el infierno pero está muy cerca de serlo. Abundio refiere: Comala “está sobre las brasas de la tierra, en la mera boca del Infierno. Con decirle que muchos de los que allí se mueren, al llegar al Infierno regresan por su cobija.” (Rulfo, 2007:8) Y doña Eduviges sentencia: “Sólo yo entiendo lo lejos que está el Cielo de nosotros.” (Rulfo, 2007:13). Comala también es un estado de ánimo, el de la desesperanza heredada (el pecado recibido de los padres y los abuelos, una deuda eterna que crece con el quehacer cotidiano que obliga a los pobladores de Comala a vivir en la angustia), la culpa que no se redime, la vida que carece de sentido porque no hay libertad y por eso no se vive, la muerte que no se ejecuta (la condena a seguir vivo escuchando los murmullos, la imposibilidad de no ser más que un murmullo, la imposibilidad del silencio, una sombra), la salvación deseada que jamás se alcanza; el estado de ánimo de las ánimas en pena que sólo son escuchadas, que no se diluyen pero tampoco se afirman en el murmullo eterno, en un murmullo que es acto de contrición, confesión y búsqueda de vivos que recen por la salvación del alma de los que ya murieron:

Si usted viera el gentío de ánimas que andan sueltas por la calle, (…) son tantas (…) que ya ni la lucha le hacemos para rezar porque salgan de sus penas. No ajustarían nuestras oraciones para todos. Si acaso les tocaría un pedazo de Padre nuestro. Y eso no les puede servir para nada” (Rulfo, 2007:55)

Comala es el estado de ánimo de las ánimas en pena que no saben si están vivas o están muertas porque nunca lo han estado:

Estáis muertos, no habiendo antes vivido jamás. Quienquiera diría que, no siendo ahora, en otro tiempo fuisteis. Pero, en verdad, vosotros sois los cadáveres de una vida que nunca fue. Triste destino. El no haber sido sino muertos siempre. El ser hoja seca, sin haber sido verde jamás. Orfandad de orfandades. (Vallejo, 1999:130)

Todas las almas de Comala están “vagando por la tierra le dice Dorotea a Juan Preciado buscando vivos que recen por ella.” (Rulfo, 2007:70). El cielo al que aspiran (por ejemplo, Inés Villalpando, rogando a la mujer de Abundio, recién muerta, que interceda por ella cuando llegue al cielo) es un cielo que desconocen. Los habitantes de aquel pueblo de sombras y murmullos están condenados a vagar por la tierra porque han pecado contra la religión. El cielo ha quedado totalmente alejado del hombre, incansable en todos los sentidos; incluso cuando Pedro Páramo imagina a Susana San Juan en el cielo, lo hace señalando claramente la lejanía, la distancia y la imposibilidad de alcanzarlo:

A centenares de metros, encima de todas las nubes, mas, mucho más allá de todo, estas escondida tú, Susana. Escondida en la inmensidad de Dios, detrás de su Divina Providencia, donde yo no puedo alcanzarte ni verte y a donde no llegaran mis palabras. (Rulfo, 2007:16).

Es como si se vinculase la existencia a una relación con la divinidad y ésta le fuese totalmente hostil al hombre (o viceversa).

Como ya se ha mencionado, la religiosidad en Pedro Paramo tiene un carácter supersticioso y primitivo, por eso es ineficaz (como resulta en todas las sociedades modernas). En Comala está claramente expuesta la inutilidad de la religión; religión que aparece como amalgama con superstición y creencias ingenuas. En Pedro Paramo, la religión es una obsesión de pecado, infierno, ánimas del purgatorio, todo ello constituido por factores negativos. “La superstición es una densa, abrumadora carga cultural que implica un alivio o una distensión social. ¿Qué es la ‘gracia de Dios’? ¿Qué es ‘morir en pecado’ sino obedecer la ley que determina la imposibilidad de obediencia?” (Monsiváis, 2008:255) Los personajes de Pedro Páramo catalizan su sentimiento religioso a través de sus costumbres, ritos y creencias surgidas en el marco de la religión católica, una religión que aparece degradada por todas estas mezclas supersticiosas que con los años se fueron adhiriendo a ella. Una religiosidad ¿o religión? ingenua, en la que el hombre confía, pero que, ya se sabe, no le puede ayudar. Tampoco, por supuesto, le pueden ayudar los representantes de la Iglesia: el Padre Rentería abandona al pueblo y se levanta en armas. En Pedro Páramo, la religión no puede ser un camino de salvación y, la religiosidad, se convierte en la imposibilidad de salvación, acaso en una condena.

 

Bibliografía

ELORZA Vásquez, Miguel Ángel. Los presupuestos Filosóficos de Juan Rulfo en Pedro Páramo. (Dirigido por Carlos Monsiváis) Tesis. Facultad de Filosofía, Universidad Veracruzana. México. 2009.

MONSIVÁIS, Carlos. (2008). Escribir, por ejemplo. (De los inventores de la tradición). Ed. FCE. D.F. México. 348 pp.

RULFO, Juan. (2007). Pedro Páramo. Ed. Fundación Juan Rulfo. D.F. México. 132 pp.

VALLEJO, César. (1999). Antología poética. Ed. Edaf. D.F. México. 184 pp.

 

© Miguel Ángel Elorza Vásquez 2011

Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

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