Sátira y transgresión en el teatro de Juan Tomás Ávila Laurel

Gisèle Avome Mba

Université Omar Bongo (Gabón)
spmng13@yahoo.fr


 

   
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Resumen: En las piezas teatrales: Prétérito imperfecto, Los hombres domésticos, El fracaso de las sombras y Cruzó el aire, el dramaturgo Juan Tomás Ávila Laurel satiriza los abusos del imperialismo extranjero y la hipocresía de los antiguos colonizadores españoles. Por otro lado, muestra a la mujer ecuatoguineana que trata de salir del estado de docilidad que se le ha asignado la Historia. De modo que ella se transforma en una mujer revolucionaria que rompe con las costumbres tradicionales, y se inscribe en una lógica de ruptura de las normas que la identifica.
Palabras clave: Juan Tomás Ávila Laurel, sátira, neocolonialismo, imperialismo, mujer, subversión

 

Cualquier estudio literario suele hacer referencia a los grupos dentro de los cuales se clasifican las obras literarias. Las categorías más usuales siguen siendo: la dramática, la épica, la lírica y la sátira. Se usa la sátira en la novela, en el teatro y en la poesía. También aparece la sátira en la pintura, la escultura y la canción. Como se puede apreciar, su campo de aplicación está bastante extendido, por ello es imprescindible trazar un perfil conceptual sobre la sátira y sus características, y luego fijarse en las manifestaciones de este género en las obras teatrales.

La sátira es una composición literaria en prosa o en verso en la que se realiza una crítica de las costumbres y vicios de personas o grupos sociales con un fin moralizador o simplemente burlesco. Entre sus cultivadores, puede citarse a los poetas romanos Horacio y Juvenal. La sátira de Horacio incluye elementos de crítica moral y literaria, pero no figuran en ella signos de ataque personal. [1] El poeta Horacio opina que abundan en el mundo vicios y abusos; y la mejor forma es educar, concienciar a la gente a través del humor. [2] Por lo contrario, Juvenal trata de insuflar a la sátira una mayor intensidad de denuncia moral y cívica; pues, en su opinión, ella es “un antídoto contra los males sociales, un medio que censura estos males, poniendo a prueba el peligro que representan para la sociedad”. [3] Dicha observación no sólo se verifica en la sociedad romana antigua, sino también en otras culturas, como la española y la africana. A lo largo del siglo XX, la sátira ha sido cultivada por algunos escritores como Alfonso Sastre, en Crónicas romanas (1968), donde denuncia la violencia con la que las civilizaciones se imponen, atropellando los principios de la humanidad. [4] Respecto a la cultura africana, la sátira desempeña un papel importante, pues, es una herramienta que permite instruir a la sociedad y criticar los abusos cometidos por la sociedad. Volviendo al campo literario, la sátira se manifiesta sobre todo en las obras teatrales. Entre los ejemplos más destacados, se puede citar Monsieur Thôgô-gnigni del marfileño Bernard Dadie donde se censuran el egoísmo y el individualismo o Laisse-nous bâtir une Afrique debout en el que el camerunés Benjamin Matip pinta la crueldad de los gobernantes africanos. [5]

El otro enfoque de la sátira no trata sobre su efecto retórico, sino sobre la concepción del género, tal como define Northrop Frye, y cuyo origen se remonta a la sátira menipea [6] o sátira Varrón: un género de excesos, de grotescas exageraciones que se relaciona con actitudes mentales, y con ideas y teorías abstractas. [7] Frye concibe la sátira como un arte que ataca instituciones, vicios y tipos sociales. En este contexto, tiende a generalizar, y apunta a un tipo más que a un individuo. Globalmente, los satíricos atacan costumbres que consideran perniciosas, pero, además, crean un mundo de fantasía en el que el mundo real se ve caricaturizado o parodiado, valiéndose de la risa, del humor, de la ironía y de lo grotesco. [8] En suma, los textos satíricos son una crítica de los valores y contravalores de nuestra sociedad y también de grupos de personas.

Tras definir el concepto de la sátira y sus características, enfocaremos el estudio de la sátira desde el sentido retórico; es decir, como efecto discursivo literario que despierte diferentes sentimientos en el lector o en el receptor, tal como lo desarrolla Juvenal. Nuestro enfoque va centrado en las personas o en los grupos sociales relacionados con las discriminaciones sociales, políticas y económicas derivadas de los mecanismos del poder durante el colonialismo y la Guinea poscolonial.

Entre los dramaturgos africanos que han contribuido a denunciar los abusos de poderes encontramos a Ávila Laurel. Analizaremos las formas bajo las cuales aparece la sátira en cuanto acto de acusación contra la colonización. Nuestra finalidad será demostrar cómo el uso de la sátira tiene por objeto apoyar una afirmación del sujeto, y responder, de manera subversiva, al poder del colonialismo, de los nuevos gobernantes poscoloniales, formando así parte de una estrategia discursiva que despierte la conciencia colectiva.

 

Sátira contra el colonialismo y el imperialismo

En las páginas que siguen destacaremos los discursos del colonizador que justifican el sistema colonial en África y contribuyen a su dominio por parte de Occidente; luego examinaremos el proceso de confrontación del discurso del colonizador con el colonizado, haciendo resaltar, de manera implícita, la sátira del dramaturgo Ávila Laurel. Esta confrontación se da a nivel político, económico y social. Los autores, Bill Aschroft, Gareth Griffith y Helen Tiffin en The empire writes back por una parte, y Albert Memmi en El retrato del colonizado precedido del Retrato del colonizador por otra, enfocan la relación entre el colonizador y el colonizado durante y después de la colonización, así como las expresiones discursivas de esta relación. Nos valdremos de estas propuestas para estudiar en las piezas las relaciones durante la colonización entre los españoles y los ecuatoguineanos por un lado, y entre los franceses y los negroafricanos por otro. De hecho, Ávila Laurel concibe la colonización como un abuso cuyas raíces están en la búsqueda de los intereses políticos de los colonizadores que se ocultan detrás de la evangelización, la civilización; y su cometido es censurar los abusos inherentes a dicha forma de explotación.

El historiador Philips señala que se entremezclaban tres lógicas en la expansión europea del siglo XV; la lógica de la construcción de los nuevos Estados europeos, los cuales, mediante la guerra y la conquista consolidaban la dinámica del ideal cruzado o evangelizador; la lógica del comercio y la lógica de la explotación de los recursos de aquellos territorios conquistados. [9] Este espíritu queda recogido en Y cruzó el aire, donde aparecen estas lógicas y las representaciones del Otro que tienden a legitimar la colonización. En realidad, el cura utiliza como pretextos la religión y la civilización para conquistar, evangelizar y legitimar su labor colonial en Guinea Ecuatorial: “Cura: y la religión, la civilización, los avances…No podemos, ni debemos dejar que se condenen. Todo esto ha costado mucho. No es cristiano hacer que el hombre vuelva hacia atrás”. [10] Este proceso de construcción del Otro indígena se realiza en un marco caracterizado por la reminiscencia de la Historia transatlántica española (colonización-esclavitud). La sátira de Ávila Laurel aparece en Y cruzó el aire bajo la forma de la hipocresía de los colonizadores españoles, como el caso del cura y del doctor, en los asuntos políticos y religiosos. De hecho, la religión católica está al servicio de la política colonial, ya que la colonización se sirve de la religión basada en la hipocresía como medio para alcanzar sus fines; es decir, cristianizar a los indígenas y explotar las posesiones territoriales estatales. El dramaturgo africano hace sobresalir la hipocresía camuflada en el ideario de la civilización de los indígenas emprendida en nombre del cristianismo. Además, manifiesta en Y cruzó el aire su indignación contra las formas de colonización ejercidas por el doctor con vistas a sacar mucho provecho del trabajo de los indígenas: “es que ahora nosotros todavía usamos el látigo para que se muevan. Necesitamos el palo para obligarles a trabajar”. [11] Colonizar al indígena implica esencialmente la destrucción de cualquier sentimiento humano en el doctor. Este último se glorifica de ese carácter inhumano como si fuera el valor esencial de la civilización. Esta falta de humanidad en Josefina se observa en El fracaso de las sombras donde se deja entrever el sadismo de la colonización: “y te confieso que nunca diré que soy racista, pues no eran argumentos de humanidad lo que nos llevaron a repartir África. La historia se hace o es el cuento de grandes latrocinios. Sólo nos salvamos de ello porque nos defendemos”. [12] Por lo tanto, para Ávila Laurel, la sátira de la colonización, ante todo, es una censura contra la hipocresía colonialista.

Por lo demás, esta hipocresía colonialista consiste en seducir a los colonizados o a los indígenas con el fin de explotarlos. La seducción de los colonizadores se lleva a cabo sobre la base de la falsa amistad manifestada por los colonizadores hacia los colonizados. En Pretérito imperfecto, esta hipocresía colonialista asentada en la falsa amistad expresada por Agustino Ñola hacia el Presidente Macías es censurada por Ávila Laurel. El negociante Ñola da cuenta a Macías del “pequeño contratiempo que tuvo con los guardias aduaneros” tras su llegada a Guinea Ecuatorial. De pronto, el Presidente Macías firma una disposición liberándole del pago de las tasas de importación de sus productos. De este modo, el dramaturgo africano expone no sólo los daños de la colonización sino que pone en evidencia el egoísmo del negociante Ñola que considera Guinea Ecuatorial como su fuente de ingresos. Más aún, resalta la estrategia y la hipocresía de Ñola para beneficiarse de los salvoconductos que garantizan su bienestar económico. En la misma obra, el dramaturgo sigue insistiendo en la hipocresía o la falsa amistad de Ñola cuando seduce al Presidente Macías obsequiándole un traje: “por favor Excelencia, somos amigos y entre amigos estas menudencias se olvidan. Prueba de ello, no olvidé el regalo que le prometí. Tómelo por favor. [..] Es el último grito. Además es inarrugable”.[13] Del mismo modo se observa en El fracaso de las sombras dicha hipocresía implícita en los argumentos falaces de Josefina que tienden a justificar la explotación colonial francesa en África, calificada como robo por Jabina: “es contra mi conciencia con quien tengo que luchar si te robo, y me puedo justificar, pero si eres rico y te mueres de asco es como si te robaras, por lo que no tendrías ninguna justificación”. [14] El aspecto que censura el escritor es el aspecto de la misión civilizadora fundado en la mala fe de los colonizadores o civilizadores. Por maldad o mala fe, en El fracaso de las sombras Josefina afirma que en “África la mujer no hace más que bailar”, que “la mujer francesa está a años luz de la africana”. [15] En desacuerdo con estas afirmaciones, el personaje Jabina aparece como el portavoz del dramaturgo en la medida en que se opone al principio de la colonización.

Según los estudios sobre la alteridad de Tzvetan Todorov, se sugiere una tipología de relaciones, entre las cuales destacamos el eje axiológico que emite un juicio de valor con respecto al Otro. Aunque este planteamiento surge de América, se puede extrapolar a la experiencia colonial en África. La cuestión de la otredad en las piezas de Ávila Laurel es una cuestión de dos niveles de lenguajes: el de del cura, del doctor y de Josefina contrarrestando el de los indígenas y de Jabina. A partir del Acto II en Y cruzó el aire se establece una demarcación en la identificación de ambos grupos. El grupo de los españoles se pone en escena en forma de un “nosotros” que se apropia del lenguaje histórico-referencial por medio de las palabras: “nosotros usamos el látigo”, “nosotros necesitamos el palo”, “nos vayamos y les dejemos aquí”. La caracterización de este “nosotros” presenta los componentes de un discurso que permite calificar al sujeto colonizador español como prepotente. El grupo de los indígenas, “ellos” o “esos”, alude a los incapacitados y a los destructores: “cuando nos vayamos y les dejemos solos, aquí, y en toda África, habría una orgía imparable de látigos manejados por ellos contra sí mismos. [..] En poco tiempo los que luchaban por la independencia pedirán que les saquemos del hoyo”. [16] De esta división binaria saltan a la vista algunas ideas; por un lado, los prepotentes legitiman la colonización y la dominación, y por otro, los incapacitados no pueden gobernarse por sí mismos; de ahí la orgía destructora entre ellos mismos. Estas incidencias discursivas denotan la mentalidad colonial, y se rigen por la ideología de la raza superior del sujeto colonizador español que descalifica al indígena como un ser primitivo; y en base a la que se construye la legitimación de la misión civilizadora de la que habla el cura: [...] “y la religión, la civilización, los avances. No podemos, ni debemos dejar que se condenen”. [17] En la línea de pensamiento del sacerdote, se llegaría a considerar como sinónimos los conceptos de colonización y educación a partir de la ostentación de verdades absolutas. Es decir que colonizar significaría educar en la verdadera fe del catolicismo, así como civilizar al indígena desde los postulados de la modernidad, sin los cuales se condenaría al primitivismo.

La misión que consiste en civilizar a los indígenas supone ejercer una tutela [18] sobre ellos. La asociación de los tres aparatos, militar (el comandante), religioso (el cura) y mercantil (el doctor), da cuenta de los fines perseguidos por el colonialismo español en Guinea Ecuatorial. Además, sugiere una crítica donde la simbología cristiana termina por conectarse con los elementos represivos. Así por ejemplo, la cruz se emplea para mantener el conformismo y favorecer a quienes retienen el poder.

No sólo el colonizador español ha practicado el sistema de tutelaje hacia el indígena ecuatoguineano; de igual modo ha actuado el imperialismo francés con el sujeto africano. En este caso, se trata de una tutela económica del imperialismo sobre los bienes energéticos de sus territorios africanos conquistados. El personaje Jabina aparece como una figura que simboliza la civilización precolonial de Abisinia o Etiopía. Evoca argumentos en pro de la liberación africana, y se dirige al personaje Josefina como referencia a Joséphine Bonaparte, esposa del Emperador de los franceses en el siglo XIX: “la Francia está en cabeza de los países que están arrasando este continente, lleváis nuestro carbón, nuestro diamante, nuestro algodón, nuestro petróleo, nuestro oro”. [19] No sólo Jabina se opone al principio de la colonización sino también al imperialismo. Ella representa la voz de Ávila Laurel que destaca, con el fin de censurarlos, los prejuicios de la colonización como es el caso de la raza negra y de la despersonalización del ser humano. Si el dramaturgo se extiende entre el conflicto Josefina y Jabina, identificado como las transacciones económicas entre los gobiernos europeos y África, es para resaltar la hipocresía de Josefina que pretende que los africanos son incapaces de mejorar el nivel de vida de sus países pese a sus posibilidades económicas, y sobre todo atacar la retórica de la deshumanización del Otro: “si tanto os gusta ver el dinero amontonado, y por eso no hacéis nada con el que tenéis, con lo grandes que son vuestros países, construid en ellos inmensos almacenes donde almacenarlos, mientras nadéis la en miseria”.[20] Tanto en Pretérito imperfecto como en Y cruzó el aire o El fracaso de las sombras Ávila Laurel pone de relieve la mala fe de los colonizadores con el objeto de denunciar primero la hipocresía de Josefina que confiesa el objetivo verdadero de su retórica colonialista, es decir, el enriquecimiento; segundo mostrar su indignación frente los comportamientos de Josefina quien da una bofetada a Jabina y del doctor quien usa el látigo y el palo para obligar a los indígenas a trabajar.

En resumen, para el escritor, no se trata únicamente de exponer los abusos de la colonización, además arremete contra el expansionismo imperial francés o el imperialismo en general. Edward Said define el imperialismo y el colonialismo como unas ideologías de dominación llevadas a cabo por un Estado central que suponen la implantación en los territorios conquistados. El fracaso de las sombras nos brinda rasgos de un imperialismo, simbolizado por Josefina, como forma de dominación ideológica y económica. El texto está cuajado de frases como las siguientes: “la mujer africana está a años de la europea” [21]; “todo lo que vale la pena de África se trae de Francia”; “confieso que nunca diré que no soy racista, pues no eran argumentos de humanidad lo que nos llevaron a repartir África” [22]; y de términos: “ignorante”; “autoridad”; “dependencia”; “expansión”. Tal como declara Josefina, no fueron únicamente las razones humanitarias las que hicieron posible el proceso de colonización del imperialismo francés en África. En este sentido, Mouralis subraya que Francia se prevaleció más bien de argumentos ideológicos como medio para justificar su expansión colonial: El primero fue la teoría de la supremacía del hombre blanco sobre la raza negra, lo cual implicaba la civilización del negro; el segundo era obedecer a los intereses comerciales y abrirse nuevos mercados. [23] En el mismo contexto, Josefina declara que el modo francés de dominación del sujeto africano está basado en la explotación de los recursos minerales del continente africano; y para ella, no se trata de un robo, sino de aprovechar lo que se le ha sido atribuido en el reparto de África durante la Conferencia de Berlín. De ahí su supremacía y superioridad frente a Jabina: “nunca creeré que existe una igualdad entre las mujeres de Francia y África”. [24] Josefina se nutre de la ideología colonial fundamentada en la confrontación entre dos culturas que mantiene una relación jerárquica entre sí, puesto que una se impone a la otra por la fuerza. El coloquio entre ésta y Jabina refleja el mantenimiento persistente de las dinámicas coloniales entre Francia y el continente africano. Como puede evidenciarse, los discursos de ambas mujeres muestran que la mayoría de los Estados africanos colonizados dependen del imperialismo. [25] Por otro lado, esta externalidad de los Estados africanos viene determinada por el papel de los propios gobernantes africanos que colaboran con el imperialismo, y que no obran en beneficio de sus pueblos: “Josefina: decid a vuestros maridos que no nos traigan el dinero que pagamos por su diamante”. [26] Para oponerse a Josefina, la voz de Jabina representa a los africanos capaces de defenderse y censurar la explotación de que son víctimas: “ya nos hemos cansado de ceder la voz. Tenemos que reivindicar nuestra verdad”. [27]

La enunciación de la falta de soberanía económica planteada por Ávila Laurel apela a los gobernantes africanos a construir su propia historia y, al hacerlo, utilizar una retórica independiente del discurso historiográfico eurocentrista. El fracaso de las sombras plantea el cuestionamiento de las relaciones entre el imperialismo occidental y el continente africano. El dramaturgo africano ficcionaliza el pasado colonial francés de principios del siglo XX como ocasión para reconstruir la ideología colonial que sustenta el discurso historiográfico moderno. En conjunto, las prácticas discursivas descubren la denuncia de la situación politico-económica del continente africano, el sistema de tutelaje en el que estaban o están sumergidos los africanos.

Si en las piezas de Ávila Laurel se satirizan los abusos del imperialismo y la hipocresía de los colonizadores, es que el sistema colonial no ha consistido solamente en apropiarse de los territorios del África negra en que se ha implantado, sino que se ha denegado algún valor al africano o al indígena. Por lo tanto, el dramaturgo considera la colonización como un vicio y un sistema de esclavitud al que hay que oponerse con el fin de rescatar su humanidad y su libertad.

 

Sátira contra los poderes de la Guinea poscolonial

Tal como sugieren los estudios de Frantz Fanon quien pone énfasis en el hecho que la independencia es una condición indispensable para que existan hombres y mujeres verdaderamente liberados; es decir, que tengan los medios materiales que posibiliten transformar su entorno social, no cabe duda de que la situación en la que se encuentra el África colonial sea más bien la de dependencia. Teniendo en cuenta este factor, para los ecuatoguineanos, la independencia parece ser la vía para salir de un mundo regido por fuerzas exteriores. Pero resulta que la Guinea independiente se parece bastante a la Guinea colonial. En este contexto, no nos extrañe que el dramaturgo Ávila Laurel satirice en sus obras los efectos perversos del poder poscolonial. Estudiaremos los aspectos de la dependencia política y económica del estado poscolonial de Guinea Ecuatorial a los intereses extranjeros, señalaremos los mecanismos de poder ejercidos por las instancias dominantes que traen como consecuencia la censura de información, la manipulación de los personajes y la falta de libertades y la existencia de discursos de identidad étnica en la sociedad textual. En suma, si en el apartado anterior, Ávila Laurel censura la hipocresía de los colonizadores, en este apartado denuncia ante todo el abuso del poder tal como se manifiesta en los neocolonizadores. Para llevar a cabo el estudio de las manifestaciones del poder en la Guinea poscolonial, nos ceñimos primero a la concepción que le da Michel Foucault. Él sugiere que la localización del poder está en las relaciones entre individuos o entre grupos, y que atraviesa todos los escenarios en los que se despliega la vida humana: “en una sociedad como la nuestra, en el fondo en cualquier sociedad, las relaciones de poder múltiples atraviesan, caracterizan y constituyen el cuerpo social”. [28] De esta postura, nos interesa que el poder puede estar en todas partes y que la reproducción de sus relaciones es infinita. En segundo lugar, vamos a retomar las ideas de Aschroft, Griffiths y Tiffin que exploran la relación del poder que se da en el plano político-económico. En tercer lugar, recurriremos a los textos de Fanon, especialmente Los condenados de la tierra desde la especificidad de la toma de conciencia del sujeto colonizado en su lucha por desprenderse de las ataduras del imperialismo.

En su obra Neocolonialismo, última etapa del imperialismo el escritor y político ghanés Kwame Nkrumah estudia los aspectos de la dependencia económica de los estados africanos independientes respecto a las potencias colonizadoras. Además, define el neocolonialismo como sigue: “Su esencia es que el Estado que le está sujeto es en teoría independiente y tiene todas las galas externas de la soberanía internacional. Los métodos y las formas de esta dirección pueden tomar diversos aspectos como el control económico por medio de la inversión de capitales y la orientación de las ayudas”. [29] Las ideas del escritor africano nos pueden ayudar a entender con más claridad por un lado Los hombres domésticos en el que los negociantes libaneses sustentan la economía guineana, y por otro lado El fracaso de las sombras donde los norteamericanos ejercen una influencia considerable en la población, a raíz del descubrimiento en el año 1995 y de la explotación de los pozos petrolíferos en este país [30]: “Recepcionista: estamos en Guinea y [...] ni el patrón ni los ministros pueden toser donde hablan los americanos”. [31] El dólar norteamericano es otro medio de subyugación en El fracaso de las sombras con el consentimiento del Estado guineano. A través de las palabras del recepcionista, el dramaturgo Ávila Laurel satiriza a los dirigentes guineanos que no toman las medidas necesarias para frenar esta dependencia económica norteamericana. La irresponsabilidad de los gobernantes es notoria también en Los hombres domésticos y El fracaso de las sombras. Ngura Djam y el Secretario son los portavoces del dramaturgo que ataca a los norteamericanos y a los libaneses. Así por ejemplo, Ngura Djam en El fracaso de las sombras toma plena conciencia de que los norteamericanos están sacando petróleo de su país, y con una pizca de ironía, pregunta a Delanoe por qué ellos no consiguen celebrar el mibili en su tierra tal como se llevan el petróleo. Del mismo modo, en Los hombres domésticos, el Teniente Melchor, el Secretario y el Jefe están debatiendo el predominio de los blancos en Guinea Ecuatorial que se consideran como ciudadanos superiores, y la debilidad de las estructuras económicas guineanas que no mejoran la economía de su país: “Secretario: es verdad, pero los blancos siempre llevan dinero […] son como ciudadanos superiores, sobre todo los libaneses… [...] Jefe: no ves que ellos son los únicos que tienen negocios estables en este país”. [32] Para sensibilizar al pueblo ecuatoguineano, el satírico Ávila Laurel relata con detalles los abusos cometidos por los blancos y los libaneses. Por ejemplo “los libaneses parecen más guineanos que los propios. Son capaces de encarcelarles, y de matarles sin que les toque ningún pelo”. [33] En consecuencia, Ngura Djam, el Secretario y el jefe sugieren nuevos modos de acción que se interpretan como un desafío para los gobernantes guineanos, con el fin de romper las relaciones de dependencia [34] con los poderes exteriores y de asentar una buena gobernabilidad. Entre varios modos, Ávila Laurel concibe la rebelión como algo inevitable: “Jefe: este país se hundirá si no salimos a la calle pedir el cambio. Jefe: se prohíbe la charla, la huelga, la danza, incluso se prohíbe vivir”. [35] Nos parece evidente que el satírico Ávila Laurel censura en este caso tanto a los libaneses, a los ecuatoguineanos como a los blancos. Denuncia las desigualdades sociales y la injusticia de que es objeto la sociedad guineana; condena las actitudes neocolonialistas de aquellos que han vendido su país a los intereses imperialistas.

Más allá del marco discursivo satírico del neocolonialismo, las piezas del dramaturgo africano presentan los abusos del poder y sus efectos perversos, cuestionando a la vez las formas de control utilizadas por el sistema político para someter a la sociedad. El médico Weber se enfrenta a la propaganda política y a la manipulación del régimen, que se traducen en la censura informativa y en el atropello de las libertades. Así pues, la obra Los hombres domésticos examina cómo la manipulación de un régimen politico llega a enfermar a Próculo, locutor de la radio local. En una discusión con Fanta sobre la enfermedad de Próculo, que trasciende la oposición entre la medicina tradicional y la práctica moderna de la medicina, el médico Weber denuncia el sistema represivo basado en el control de su mente, que le manipula obligándole a repetir diariamente informaciones falsas que le pueden causar daño: “estas informaciones son falsas con su repetición diaria por la radio, y crean en un sujeto sensible una repulsa o aversión a unas versiones, que, de antemano, conoce como contrarias a la realidad. Esto le puede hacer enfermar y hasta morir”. [36] Otra forma de controlar a los sujetos ecuatoguineanos que despliega el régimen es el castigo físico como el que sufre Weber en la misma obra por enfrentarse a la desinformación. Al describir un mundo en el que las informaciones falsas puedan enfermar al locutor de radio, un ambiente social de privación de libertades donde proliferan los abusos de poder, el escritor ataca a los dirigentes ecuatoguineanos que no remedian a estos males, porque son ellos quienes los provocan.

En conjunto, los libaneses, los blancos y los norteamericanos constituyen el monopolio económico en torno al cual gira la economía guineana. El poder político es tan preponderante que excluye todas las libertades. Y por último, el pueblo guineano vive en un ambiente malsano donde proliferan todos los vicios, entre los cuales destacan la pérdida de valores morales, la corrupción, el arribismo y la tribalización del poder político. Detrás de estas prácticas discursivas, la intención de Ávila Laurel es sensibilizar al pueblo guineano para superar los males que afectan a la sociedad.

 

La mujer como transgresora en el teatro de Ávila Laurel

La situación de la mujer negra en el África poscolonial suele interpretarse desde varios puntos de vista. En algunas ocasiones la mujer está considerada como un ser pasivo, que vive una situación de explotación, de subordinación y de humillación, sin ningún deseo de cambio social. En otras está apreciada como alguien dinámico que se enfrenta a las actividades de supervivencia de los miembros de su familia. Para entender cómo la sociedad guineana parte de la representación de la mujer en el mundo tradicional, un mundo de sumisión a la tradición y de la mujer que se opone a ella, pretendemos centrarnos en las piezas de Ávila Laurel para investigar cómo algunos personajes femeninos subvierten los discursos masculinos, sugieren una revisión de las tradiciones y tratan de contribuir a generar cambios en la sociedad textual guineana.

Algunos estudiosos han rescatado la problemática de la mujer en el siglo veinte. En su artículo “El desplazamiento y el discurso de la mujer”, [37] Gayatri Spivak plantea la necesidad de problematizar el sujeto femenino del Tercer Mundo que está representado en los discursos. Por otro lado, Ranagit Guya afirma que la mujer hindú es doblemente subalterna [38], por una cuestión de género (ocupa la posición inferior en su relación con el hombre), y por una cuestión histórica y política. Los planteamientos de Ranagit Guya pueden ser extrapolados al análisis del subalterno femenino africano debido a unas circunstancias socio-históricas semejantes. De hecho, las mujeres africanas han de enfrentarse a problemas derivados de la opresión ligada a la herencia de las tradiciones, de las carencias educativas, de la maternidad, etcétera. [39] Por ello, la postura de Ranagit Guya nos ayudará a examinar, por un lado, cómo las mujeres se ven reducidas a ser objetos por parte de los hombres; es decir que se les niega el derecho a su propia subjetividad y a ser responsables de sus propias acciones, y, por otro, cómo algunas de ellas subvierten el sistema patriarcal.

El feminismo de los años sesenta y setenta [40] ha provocado una transformación en la sociedad contemporánea y se ha adoptado una nueva postura. Ávila Laurel muestra en sus obras a la mujer que trata de salir del estado de marginalidad y de docilidad que se le ha asignado a lo largo de la historia. En Pretérito imperfecto, Acacia, la mujer de Mariano ha sido regañada duramente por su marido porque no había comido en su compañía sino en la cocina. Aunque ha interiorizado y aceptado sufrir esta violencia, sin embargo, ha ofrecido una resistencia ya que no se ha callado ni se ha disculpado. Acacia, que era silenciada, oprimida y victimizada, ahora se ha transformado en una mujer revolucionaria que rehúsa aceptar el rol de sumisa y se eleva por encima de la autoridad de su marido.

Si la mujer tradicional se reconocía en la idea de la pasividad y de la sumisión, Acacia transgrede esta norma porque toma sus responsabilidades para salir adelante con su hijo, sin recurrir o depender de Mariano para mantenerse, aunque éste le ha abandonado junto con su hijo. Acacia mantiene una postura transgresora de la docilidad de la mujer africana y desafía a su marido dejando el hogar: “no me echó [hablando de Mariano y dirigiéndose a Marcelino], ¿Qué hago yo sola aquí en una casa a la que me trajo él?”. [41] Así pues, Acacia ha pasado a una resistencia activa y ha empleado la fuerza mental contra su marido, que no la reconoce como sujeto, sino como objeto.

No sólo se ha rebelado Acacia, sino que otras mujeres rompen con las costumbres tradicionales, a imagen y semejanza de Melisa, quien se ve obligada, según las normas de la solidaridad africana, a acoger en su casa a los familiares de su marido, Eugenio y sus hijos. De este modo, ella trata de desligarse de las ataduras de la solidaridad africana, valor incuestionable en el modo de vivir de los africanos. “Melisa [dirigiéndose a los familiares de su marido]: ¡ingratos! Sois unos ingratos. Llevo tiempo diciendo a mi marido que os eche y no me hace caso. Ultimaré dejarle aquí y me marcharé. Me causáis vergüenza”. [42]

La actitud que adoptan Melisa y Acacia, respecto a los valores de docilidad y de sumisión de la mujer africana hacia sus maridos, se inscribe, ante todo, en una lógica de ruptura de las normas que las identifican. Así pues, la manifestación de su rebeldía subvierte el papel tradicional observado en la mujer africana a lo largo de la historia, que no le había permitido participar en el movimiento de cambio de la sociedad patriarcal.

Así sucede con Juliana en Los hombres domésticos que se rebela parcialmente contra la actitud de su marido, el Jefe tradicional, quien le recuerda el papel tradicional de la madre africana, procreadora: “Jefe tradicional: ¿niños? Si con siete niños te quejas, ¿qué harás cuando tengas catorce o quince? Mi difunta madre tuvo diecisiete hijos y nunca se quejó de nada. Trabajaba de seis a seis y con su trabajo mantenía a su marido y a sus hijos”. [43] Juliana ya no quiere asumir ese modelo de inferioridad; más bien, desea distanciarse de las tradiciones según las cuales el hecho de tener muchos hijos supone para la mujer africana el reconocimiento social. [44] Al mismo tiempo, desea desembarazarse del peso de las tradiciones, las cuales obligan a la mujer africana a trabajar de sol a sol y a ocuparse del sustento de su familia, tal como subraya el Jefe tradicional.

Si en la sociedad tradicional africana el papel desempeñado por la mujer se limitaba a la procreación, Juliana deconstruye los estereotipos relacionados con la mujer africana como madre fecunda y abnegada. Tanto Juliana como Melisa y Acacia no se aferran a las reglas de la tradición como la docilidad, la procreación y la sumisión, porque consideran la tradición como un elemento que se ha de renovar y transformar; y por esas razones, deciden afrontarlas, aunque Mariano, el Jefe tradicional e Irgundio ostentan un poder patriarcal que reproduce la subordinación y la opresión de la mujer ecuatoguineana.

Como se puede observar, el sujeto femenino de Ávila Laurel ya no se determina con el acatamiento del modelo patriarcal, sino que expresa una visión diferente de la realidad social en la que se encuentra. Por ello, las mujeres emplean discursos y estrategias que les permiten adoptar posiciones contestarias que expresan sus diferencias en formas distintas a la retórica dominante. Situándose en el campo de la modernidad, en Los hombres domésticos, Melisa se niega a recurrir a la medicina tradicional, cuando se percata de que Próculo padece dolores de cabeza, contrariamente a su mujer Fanta. La voz subversiva de Melisa da preponderancia a la medicina moderna europea; por lo tanto, se subleva contra las prácticas que no ofrecen suficientes garantías higiénicas y lleva a ejecución su propósito, permitir al médico Weber que consulte a Próculo. Tal actitud constituye una fractura en el discurso globalizante del acatamiento de la tradición. Se trata de romper con los tabúes de la sociedad tradicional. Melisa, Acacia y Juliana dejan de ser las mujeres tradicionales clásicas que sólo obedecen al hombre.

Si bien es cierto que algunas mujeres en la producción de Ávila Laurel son transgresoras de ciertas tradiciones; sin embargo, otras son víctimas y objeto de abuso sexual, como el caso de Agripina, la sobrina del Presidente en Pretérito imperfecto. Con el fin de estrechar las relaciones con su amigo Ñola y darle las gracias por haberle regalado un traje, Macías urde un plan para que su sobrina se convierta en su novia: “el hombre debe relacionarse siempre con la mujer. Te presentaré a mi sobrina. Ya verás que te gustará”. [45] A partir de ese instante, Agripina se transforma en un objeto de consumo donde su subjetividad y su voz están completamente anuladas. Desde ahora, ella ha pasado a ser cosa o mercancía: “Macías: quiero que estés mañana para conocer a un amigo mío. Agripina: ¿qué hago yo con tu amigo? Pina: (dubitativa) de acuerdo, de acuerdo. Mañana estoy aquí.” [46] Esas líneas demuestran que Agripina, como mujer, pertenece al orden simbólico, siguiendo la terminología lacaniana; es decir, no le ha sido permitido asumir la posición de sujeto y sólo puede representarse por el único sujeto del orden simbólico, su tío Macías. En consecuencia, la subjetividad de Agripina está materializada por Macías. En este breve diálogo entre Macías y su sobrina, queda ostentada la relación del poder patriarcal de Macías y de la inexistencia de Agripina. Esta ostentación del poder puede entenderse en el continente africano donde el cuestionamiento del patriarcado no se ha iniciado; pero se plantea en unas obras poscoloniales, Pretérito imperfecto y Los hombres domésticos en las que los sujetos femeninos híbridos comprenden la necesidad de reconstruir la voz del poder patriarcal encarnada por Macías, el Jefe tradicional e Irgundio. Mediante las palabras de Macías, lo que sutilmente se ve revelado es el cuestionamiento del sistema patriarcal vinculado a la perversión y al poder.

Como ya hemos subrayado el sujeto femenino africano ha sufrido la marginación y la exclusión respecto a la educación. En este sentido, la investigadora africanista Marta Sofía López Rodríguez puntualiza que la educación de las mujeres en África va muy por detrás de la de los hombres. [47] También la mujer ecuatoguineana quedó excluida desde la época colonial del sistema educativo. Por ello, Melisa en Los hombres domésticos quiere salir de esta categoría de sujeto marginado, dependiente de la tradición, y de los prejuicios culturales que le han sido impuestos para conquistar el saber. En otras palabras, Melisa pretende marcar su propio territorio liberándose del oscurantismo cultural: “quiero conocer dónde está Luxemburgo, y saber eso de master”. [48] Esta cita nos señala de manera elocuente cómo el saber está implicado en la construcción del sujeto Melisa. Está reivindicando el conocimiento y ese saber que le han sido denegados por la historia; por lo tanto, emanciparse es una vía para superar este handicap cultural. La integración de la educación en la vida de Melisa le aleja del medio tradicional en el que ha nacido y vivido, incluso se preocupa por la educación de sus hijos. [49] Esta es otra forma de construir su visión del mundo y definir su propio universo.

La representación de la mujer en las piezas de Ávila Laurel no es siempre la de una mujer esencialmente obediente, sumisa y servicial. En su gran mayoría, los sujetos femeninos Acacia, Melisa y Juliana son transgresores porque diseñan su vida de acuerdo a sus propios esquemas. Acacia se rebela ante la visión falocéntrica del mundo en el que ha crecido. No ha hecho lo que la sociedad patriarcal esperaba de su género; es decir, someterse a las decisiones de Mariano. Ha superado la circunstancia de ser abandonada por su marido, ha afirmado su subjetividad y construido su propio universo. Si a la mujer africana tradicional se le trataba desde los parámetros del patriarcado, Ávila Laurel ha puesto de manifiesto un discurso que cuestiona esa concepción desvalorizante de la mujer. Ha dado voz a esas mujeres para referirse a su discriminación en Guinea Ecuatorial. Su teatro prefigura un espacio donde se rechaza la ideología del patriarcado dominante, y donde la afirmación del subalterno femenino es, de alguna manera, una forma de revelar rupturas sociales con respecto a las tradiciones ancestrales que tanto benefician al hombre en detrimento de la mujer.

Se ha puesto de manifiesto la tendencia a la subversión del teatro de Ávila Laurel de la que habla Herbert Marcuse en La dimensión estética. [50] En las obras analizadas, ésta ha adoptado diversas formas de manifestación que van desde los aspectos formales hasta el aspecto social y político. En el campo de las costumbres sociales, encontramos una ruptura con las formas canónicas del sistema del patriarcado y del machismo que no otorgan la posibilidad a los sujetos femeninos de ser libres y responsables. Por ello, el autor Ávila Laurel se distancia de ciertos hábitos de las tradiciones ancestrales africanas. Asimismo, la subversión se produce a nivel ideológico caracterizado, por un lado, por un discurso que crítica a los gobiernos poscoloniales y neocoloniales cuya política sigue creando discriminaciones e injusticias sociales, engendrando abusos de poder de algunas fuerzas económicas extranjeras que impiden el desarrollo de la economía, y a las fuerzas políticas guineanas que frenan la instauración de libertades políticas y sociales. Tal como hemos podido apreciar, Ávila Laurel arremete contra el poder de las instituciones, de la Iglesia y de los militares. El tratamiento que da el dramaturgo guineano a los temas históricos tales como la colonización, el imperialismo y la época posindependista en Guinea Ecuatorial (1969) se adscribe a la actitud subversiva de su teatro, al utilizar personajes que representan el poder hegemónico, (Josefina y Delanoe en El fracaso de las sombras, Macías en Pretérito imperfecto y el cura en Y cruzó el aire), para parodiarles y cuestionar la verdad de los acontecimientos que la Historia ha institucionalizado. A través de la duplicidad enunciativa de la ironía, se degradan el poder, la iglesia y la moral representados en el personaje del cura en Y cruzó el aire.

Puede considerarse que el dramaturgo rechaza la sociedad de los dominadores. Aspira más bien a una sociedad en la que el pueblo pueda expresarse libremente. Sin embargo, él sabe que el acceso a la sociedad democrática se obtiene con la lucha. Por ello, atribuye un papel preponderante a las mujeres en su obra teatral considerándoles como los portavoces de una toma de conciencia.

 

Notas

[1] Demetrio Estébanez Calderón: Diccionario de términos literarios, Madrid, Alianza Editorial, 1999, p.964.

[2] Ibíd.

[3] Juvenal Decimus: Satires, París, Belles Lettres, 1951, p.7. La traducción es mía.

[4] Francisco Ruiz Ramón: Historia del teatro español del siglo XX, Madrid, Cátedra, 2001, pp.397-408.

[5] Rogo Koffi M.Fiangor: Le théâtre africain francophone. Analyse de l’écriture, de l’évolution et des apports culturels, París, L’Harmattan, 2002, pp.126-127. La traducción es mía.

[6] La sátira menipea recibió su nombre del filósofo Menipo de Godara quien le dio su forma clásica. Será designada género por el sabio Varrón que llamó a sus obras “satirae menippeae”. Se caracteriza por el aumento de la risa, el carácter carnavalesco, una libertad de intención temática y filosófica, una creación de situaciones excepcionales, la combinación de elementos fantásticos, simbólicos y mítico-religiosos, y elementos de utopía social. Véase Mijail Batjin: Problemas de la poética de Dostoievski, México, Fondo de Cultura Económica, 1986, pp.166-177.

[7] Northrop Frye: Anatomy of Criticism, Princeton, Princeton University Press, 1973. Citado por Ben K’Anene Jukpor: Etude sur la satire dans le théâtre ouest-africain francophone, París, L’Harmattan, 1995, p.20. La traducción es mía.

[8] Willem Pannenborg: Ecrivains satiriques. Caractère et tempérament, París, PUF, 1965, p.6. La traducción es mía.

[9] J.R.S.Philips: La expansión medieval de Europa, México, Fondo de Cultura Económica, 1994, pp.285 y siguientes. Citado por Francisco Javier Peñas: “Diplomacia unitaria, protectorados y políticas de cañoneras África Subsahariana, estatalidad y tutela internacional” en José Ramón Trujillo: África hacia el siglo XXI, Madrid, Casa de África, SIAL Ediciones, 2001, p.469.

[10] Juan Tomás Ávila Laurel: Y cruzó el aire, op.cit., p.6.

[11] Ibíd.p.6.

[12] Juan Tomás Ávila Laurel: El fracaso de las sombras, op.cit., p.31.

[13] Juan Tomás Ávila Laurel: Pretérito imperfecto, op.cit., p.24.

[14] Juan Tomás Ávila Laurel: El fracaso de las sombras, op.cit., p.29.

[15] Ibíd. p.26.

[16] Juan Tomás Ávila Laurel: Y cruzó el aire, op.cit., p.6.

[17] Ibíd. p.5.

[18] Esta tutela de los españoles sobre los indígenas, que no podían ejercer por sí mismos sus derechos, será la norma general hasta la provincialización de los territorios coloniales españoles en 1958. Véase Mariano de Castro y Donato Ndongo: España en Guinea. Construcción del desencuentro 1778-1968. Epílogo de José Urbano Martínez Carrerras, Toledo, Sequitir, 1998, p.117.

[19] Juan Tomás Ávila Laurel: El fracaso de las sombras, op.cit., p.28.

[20] Ibíd. p.29.

[21] Ibíd. p.26.

[22] Ibíd. p.31.

[23] Bernard Mouralis: “Des comptoirs aux empires, des empires aux nations: rapport au territoire et production littéraire africaine” en Jean Bessière y Jean-Marc Moura: Littératures postcoloniales et francophonie, París, Honoré Champion Editeur, 2001, pp.11-26. La traducción es mía.

[24] Juan Tomás Ávila Laurel: El fracaso de las sombras, op.cit., p.27.

[25] Ibíd. p.30.

[26] Ibíd p.29.

[27] Ibíd. p.28.

[28] Michel Foucault: Microfísica del poder, Madrid, Ediciones de la Piqueta, 1980, pp.139-140.

[29] Kwame Nkrumah: Neocolonialismo, última etapa del imperialismo, México, Siglo XXI Editores, 1966, p.8.

[30] Guinea Ecuatorial es el tercer productor de petróleo del África Subsahariana. Operan en este país las empresas norteamericanas Chevron Texaco, Amerada Hess, Exxon Mobil y Marathon Oil. Su economía descansa en manos de los inversores del sector privado norteamericano. Véase

[31] Juan Tomás Ávila Laurel: El fracaso de las sombras, op.cit., p.18.

[32] Juan Tomas Ávila Laurel: Los hombres domésticos, op.cit., p.26

[33] Ibíd.

[34] Como apunta Abaga Edjang, Guinea Ecuatorial desde 1979 se abrió al mundo exterior solicitando ayuda externa a la comunidad internacional dentro del marco del Programa de Reactivación y Desarrollo Económico ( 1982-1985); formuló otra petición de ayuda en la Conferencia de Donantes en Ginebra en 1988. Véase Fernando Abaga Edjang: La ayuda externa en el desarrollo de Guinea Ecuatorial, Madrid, Los libros de la Catarata, 1997.

[35] Juan Tomás Ávila Laurel: Los hombres domésticos, op.cit. p.26.

[36] Ibíd. p.25.

[37] Gayatri Chakravorty Spivak: “El desplazamiento y el discurso de la mujer” en Debate feminista, nº5, 1994, pp.150-182.

[38] Suscribimos a la definición de Ranagit Guya: “el subalterno es un nombre para el atributo general de la subordinación […] expresada en términos de clase, casta, edad, género y oficio de cualquier forma”, en John Beverley: Subalternidad y representación, Madrid, Iberoamericana, 2004, p.54.

     Se puede llegar a entender que, de cualquier otra forma, el subalterno incluye la cuestión de la educación. El proyecto de Guya es representar al sujeto subalterno como un sujeto histórico en su contexto tanto espacio como temporal.

[39] Varias razones culturales explican la situación de marginación de la mujer en muchas sociedades africanas: las familias dan prioridad a la educación de los chicos más que a la de las chicas; muchas mujeres están sobrecargadas como jefes de familias, consecuencia del abandono por los hombres de sus hogares; desde su nacimiento, la mujer está sometida a una serie de obligaciones y prohibiciones (como el dedicarse a las tareas domésticas o que definen el orden para comer, impuesto en algunas tradiciones: los maridos en primer lugar, los niños y después las mujeres); la mujer empieza pronto a ayudar a sacar adelante la familia. De una manera global, la situación de la mujer es el resultado de las tendencias culturales, socio-económicas y políticas que consisten en reducir su papel a la reproducción humana y educación de los niños. Veáse Mbuyi Kabunda Badi: “La mujer en África: reflexiones sobre sus problemas sociales, políticos y económicos” en Mbuyi Kabunda Badi y Carlo A. Caranci: Etnias, Estado y poder en África, op.cit., pp.804-807.

[40] Nos referimos al feminismo que redefine las relaciones entre el hombre y la mujer, afirmando el rechazo de la violencia doméstica, los malos tratos que sufren las mujeres dentro del hogar; y al que representa a la mujer como una fuerza capaz de subvertir el discurso patriarcal.

[41] Juan Tomás Ávila Laurel: Pretérito imperfecto, op.cit., p.24.

[42] Juan Tomás Ávila Laurel: Los hombres domésticos, op.cit., p.21.

[43] Ibíd. p.26.

[44] Nieves Zuñiga: “Costa de Marfil: Odette, símbolo de la mujer Baulé” en Mundo Negro, Medir, año XXXIX, nº 419, mayo 1998, p.52.

[45] Juan Tomás Ávila Laurel: Pretérito imperfecto, op.cit., p.25.

[46] Ibíd.p. 23.

[47] Marta Sofía López Rodríguez: Literatura africana. Una perspectiva mujerista, op.cit., p.141.

[48] Juan Tomás Ávila Laurel: Los hombres domésticos, op.cit., p.24.

[49] Ibíd. p.22.

[50] Herbert Marcuse: La dimensión estética, Barcelona, Materiales, 1978, pp.56-57.

 

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© Gisèle Avome Mba 2011

Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

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