Reminiscencias y cuestionamientos en 1969, Año cero de Naief Yehya

Dong-Joo Kim

Universidad Nacional de Seúl
atlantetl@snu.ac.kr


 

   
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Resumen: El propósito de este estudio es analizar el cuento 1969, Año cero de Naief Yehya, enfocando dos aspectos particulares: la ideología que presenta en contra de las perspectivas canonizadas de la cultura y la relación del cuento con los artículos publicados por el mismo autor en La Jornada Semanal, suplemento cultural de la UNAM. De esta manera revisaremos el vínculo que se presenta en este cuento entre la tecnología y la cultura desde la influencia social de los mass media.
Palabras clave: intertextualidad, Internet, cultura y poder, prácticas intelectuales.

 

I. Introducción

El cuento 1969, Año cero de Naief Yehya se publicó el 23 de marzo de 1997 en La Jornada Semanal, suplemento cultural de la UNAM. En septiembre del mismo año apareció en la Antología del cuento latinoamericano del siglo XXI: las horas y las hordas, recopilada por Julio Ortega, volviendo a ser incluido en 2001 en un compendio de catorce cuentos del mismo autor bajo el título, Historia de mujeres malas, por lo cual podemos pensar que hay un especial interés por parte del autor en este texto tan ampliamente difundido. El cuento se desarrolla en dos relatos paralelos, uno es la historia de un par de hombres que encuentran por casualidad un texto polémico en el disco duro de una vieja IBM, y el otro es el texto llamado “Hist.doc” que se continúa escribiendo anónimamente y que se actualiza como un nuevo archivo cada vez que se enciende la computadora. El cuento parece acorde con la propuesta que Julio Ortega expresa en el prólogo de la antología: “No se trata del mero futurismo tecnológico, que es al final de cuentas un cálculo de posibilidades, sino de una sensibilidad de fin de siglo que da cuenta de las nuevas subjetividades, inquietadas de futuridad.” (Ortega 1997: 11).

Dos aspectos de este cuento nos llaman la atención, su ideología desafiante en contra de las perspectivas canonizadas de la cultura y su estilo literario novedoso. Podemos percibir que en el texto se asume una postura ideológica a través de los dos relatos antes mencionados, donde se trata principalmente sobre el impacto histórico, cultural, social y emocional de la tecnología en el hombre que cuestiona el mecanismo o el poder encubierto dentro de lo cultural ‘simbólico social’ [1] de la hegemonía institucionalizada como subproducto de la modernización. El cuento fue publicado primeramente en una revista donde Yehya había tratado ya este tema en al menos siete artículos anteriores, este texto de ficción sería entonces una concentración de dichos artículos, en una estructura similar a la novela ‘río’, pero en el género breve. [2] Pareciera que los artículos previos hubieran sido un material básico para este relato aunque puede existir la posibilidad de que sea también en sentido contrario, que el cuento sea base de artículos publicados posteriormente, ya que el autor no clausura el tema con esta publicación.

Por lo antes expuesto, consideramos preciso estudiar la estructura del relato en cuanto a su relación con los artículos escritos por el autor, en términos de su intertextualidad. Sin embargo, poniendo de relieve la importancia de su primera publicación en Internet, la categorización del cuento dentro del mundo literario tendría un grado más allá de la sola intertextualidad, según trataremos de demostrar. Por ello, el primer objeto de este estudio será la revisión del punto de vista de Naief Yehya sobre el mundo actual, tomando en cuenta su actitud de confrontación ante la institucionalización de ciertos principios que rigen la cultura, mediante la revisión del título del cuento, su contexto y finalmente su forma literaria como publicación de mass media. En un segundo objetivo, examinaremos la estructura peculiar de la obra con respecto a la relación entre el presente cuento y los artículos escritos por el autor, configurada a través de medios masivos, como en este caso.

 

II. Cuestionamiento de la cultura institucionalizada

II.1. El título: ¿Año cero, inicio o inexistencia?

El año cero como tal, referido en el título del relato, no existe en el calendario occidental. El sistema de contar los años dividiendo en a. C y d. C lo debemos al monje Dionysius Exigius, quien por orden del Papa Juan I elaboró una cronología fijando el nacimiento de Cristo en el año 753 A.U.C. (ad urbe condita), a partir de la fundación de Roma. El año 1 de la era cristiana, no el año cero, fue fijado por Dionisio el 1º de enero de 754 A.U.C., porque en ese entonces no existía el concepto de cero en Europa (Bart 2001: 25). Podemos asumir que el “año cero” en el cuento de Yehya podría referirse a un tiempo y espacio creados como simulación para las computadoras. O también, como dice el propio cuento, a un inicio cuando las computadoras se percataron de que no estaban solas entre sí al haber sido interconectadas en aquel año de 1969, en los inicios de la Arpanet que después sería el Internet:

Mientras tanto, la miniaturización de los circuitos integrados y los progresos tecnológicos habían avanzado a pasos agigantados, especialmente en la modernización de la parte más endeble de esta nueva conciencia, su sistema nervioso. […] Internet nació del sueño que compartían las computadoras a través de Arpanet y se desarrolló de manera absolutamente asombrosa e impredecible. (p. 154) [3]

El hecho de que las computadoras se reconocieran entre sí en la obra está basado en información real. Según comenta Naief Yehya dicha información en el artículo “El auge y colapso de Arpanet” del 16 de febrero de 1997, la primera conexión entre computadoras se estableció en octubre de 1969, en un proyecto promovido por la milicia estadounidense. Esta conexión se realizó entre una computadora de la firma BBN dedicada a construir módems en Cambridge y una de la Universidad de California en Los Ángeles. Este momento coincide históricamente cuando el mundo luchaba contra el peligro que podría causar la competitividad del sistema capitalista ante el sistema socialista, como se confirma en el cuento:

A finales de los sesenta, lo que en realidad se esperaba de las computadoras era convertirlas en algo semejante a oráculos: al ser alimentadas con datos acerca de Brezhnev, Mao o cualquier líder del bloque comunista […] los militares soñaban con computadoras que pudieran observar todas las fronteras del “mundo libre”, registrar la menor transgresión roja y responder con fuerza equivalente. (p. 153)

Más tarde, en los últimos tiempos de la Guerra Fría, mientras la constitución de la Unión Soviética se iba derrumbando, los Estados Unidos perdieron su justificación en actos como la guerra de Vietnam. Sin embargo, con el fin de la Guerra Fría como consecuencia del derrumbe del comunismo -teniendo como máximo símbolo la caída del muro de Berlín- se hizo evidente el fin de la era polarizada, olvidando la consideración productiva que se tenía hacia nuestro mundo. Ahora, el desarrollo tecnológico se enfoca más en el entretenimiento, los medios, las mercancías o la globalización. Pero a mediados de los noventa, la falla del capitalismo se reveló a través de una dura crisis de economía que tuvieron que enfrentar algunos países en vías de desarrollo, como México y Corea, e incluso mayormente con la pasada crisis global en 2008 y 2009:

-Pero éste no es un mundo mejor. Se acabó la guerra fría, pero en su lugar vinieron cientos de conflictos de baja intensidad terriblemente sangrientos, además de que las injusticias sociales están muy lejos de aminorarse, mucho menos de terminar. (pp. 154-155)

El cuento, entonces, nos hace recordar aquella época en que se luchaba por una utopía, al regresar al pasado para enfocar y reflejar todo aquel tiempo desde esos años de finales de la década de 1960, tratando el hecho de la invención del Internet como un nuevo inicio para la humanidad. Por lo tanto, podemos considerar que el autor lo denominó “año cero” con ironía refiriéndose al hecho de que nuestro mundo, tan perdido en problemáticas políticas, militares y económicas, no se puede explicar si no lo consideramos como una mera simulación matemática.

II.2. Humanos aplastados por la máquina humanizada

La sensación de que se está moviendo el eje del poder entre lo humano y las computadoras no es solo un temor imaginario. El Deep Blue, una computadora de IBM diseñada para jugar ajedrez, derrotó al campeón mundial Garry Kasparov en 1996. El propósito de IBM al ostentar su tecnología terminó como una humillación para los humanos. El software HSS (Hit Song Science), por ejemplo, ha contribuido mejor que los humanos en la reputación de la famosa cantante Norah Jones, pronosticando a través de un análisis matemático computarizado cuál canción tendrá mayor éxito comercial. La computadora es el más reciente resultado en el proceso de desarrollo de la evolución humana, pero la velocidad radical del desarrollo tecnológico nos hace presumir un cambio en la relación subordinada entre computadora y el ser humano en el futuro. La suposición en el cuento de que nuestro mundo sería una simulación de computadora es válida desde este punto de vista:

Tomo el auricular y escucho horrorizado el sonido inconfundible de la comunicación entre computadoras. Cuelgo una y otra vez, golpeo el teléfono con los puños y arranco el cable de la pared. Pero no sirve de nada. Me vuelvo a llevar el auricular al oído: los rechinidos, silbidos y ruidos no han cesado. (p. 156)

Esta misma premisa también puede servir como una reflexión para cuestionar los sistemas históricos, sociales o culturales que limitan con un poder poco visible y canonizado. Incluso podría estar presente la intención de criticar el sistema de legitimación de la cultura institucionalizada, según se presentan algunos indicios en este cuento. Daniel Mato argumenta que el mecanismo hegemónico de la cultura está encubierto dentro de la esfera intelectual contemporánea en América Latina, dejando abierta la posibilidad de su expansión a otras partes del mundo. Sobre todo, cuestiona los discursos modernizadores de la ciencia y de las universidades que controlan las prácticas intelectuales, [4] limitándolas a los medios universitarios y orientándolas a la productividad. Mato acentúa la importancia del campo de “cultura y poder” de las prácticas intelectuales “donde actúan fuerzas contrapuestas”:

Por un lado tenemos el avance de algunas críticas y desarrollos transgresores de las fronteras disciplinarias (entre otros los así llamados “estudios culturales” y algunas corrientes “postmodernistas”) pero que, sin advertirlo, acaban naturalizando las fronteras entre las prácticas intelectuales que se desarrollan “dentro” y “fuera” de la academia. Por otro, tenemos que esta división es crecientemente reforzada y recodificada a través tanto de algunos discursos autoidentificados como “postmodernos”, como -en América Latina- a través de ciertos discursos y políticas públicas “modernizadores” para los ámbitos educativo y de ciencia y tecnología. (Mato 2002: 25)

Vinculando la idea de Mato sobre la transgresión de fronteras disciplinarias legitimada por la calificación de discurso ‘posmoderno’ con el punto de vista de Naief Yehya como cuestionador de la cultura institucional, podemos ver que el autor intenta enjuiciar nuestro mundo actual normado, delimitado y controlado en este cuento, a través del poder que representa la computadora, mediante la estructura de un texto literario que oscila entre la ficción y el ensayo por la abundante inclusión de tópicos ya publicados en sus artículos periodísticos sobre el problema de la divulgación de información oficial. En este cuento 1969, Año cero, igual que en sus otros escritos, descubre la manipulación de los medios como mascarada de información de propaganda, cuestionando el sentido que le dan las sociedades democráticas constituyendo la herencia de la modernidad:

Mientras tanto, la miniaturización de los circuitos integrados y los progresos tecnológicos habían avanzado a pasos agigantados, especialmente en la modernización de la parte más endeble de esta nueva conciencia, su sistema nervioso: la red de comunicaciones digitales […] De la noche a la mañana la red era el centro de la atención de políticos, científicos, amas de casa, estudiantes y guerrilleros. (p. 154)

Igualmente, en la etapa más avanzada de la utopía de Bill Gates que supone una computadora personal en cada escritorio, la propaganda acecha más diestramente que por cualquier otro medio como revistas, películas etc., y así la manipulación penetra a los sectores más subdividos:

Las computadoras se habían vuelto aparatos domésticos indispensables, de manera que la conciencia electrónica tenía acceso a cada hogar y había encontrado un nicho privilegiado en el seno de cada familia. Había nacido una verdadera sociedad biocibernética.

Naief Yehya, además de criticar la censura que aún existe y a la gente crédula dentro de las sociedades reprimidas por esta, advierte también lo volátil de la información dentro de un infinito mar de datos electrónicos, así como la inevitable caída en manos del sistema que termina por manipular a los protagonistas:

Albano y yo decidimos hacer público el texto y aunque suene paradójico elegimos distribuirlo por Internet, que era el equivalente a denunciar al gobierno en la Secretaría de Comunicaciones. En todo caso, el texto no fue censurado. Pronto, muchos cibernautas lo habían copiado y puesto en sus páginas personales y en algunos Bulletin Boards. […] Pero, como suele suceder en Internet, en pocas semanas el asunto se olvidó y se perdió entre tantas otras memorias desechables que circulan por el ciberespacio. (p. 155)

El autor nos muestra a través del tema de la tecnología una denuncia en contra del sistema cultural y del poder disfrazado como “sentido común” apoyándose en otro espacio de práctica intelectual pero que, finalmente, queda también en el olvido por el factor de la oferta-demanda y por las “relaciones jerárquicas [que] operan sobre un sistema de redes más extenso y con intercambios más intensos” que funcionan muchas veces “en términos de autocolonización intelectual y desarticulación de redes locales” (Mato 2002: 27, 30).

II.3 Influencia de los mass media

Una de las características principales del cuento, igual que en la mayoría de las obras publicadas por autores de la generación de Naief Yehya, es la influencia de los mass media y la cultura urbana. La obra se ha publicado en un suplemento cultural de un periódico que se puede consultar también como documento electrónico, así como por el tema futurista de la computadora que hemos mencionado anteriormente. Los escritores de esta generación han hablado bastante del cansancio ante el realismo mágico al explicar la influencia de los mass media en la literatura latinoamericana:

La nueva corriente de literatura hispanoamericana en la década de los noventa explícitamente rechaza el realismo mágico, lo cual ubica a América Latina dentro de la dicotomía de dos espacios, uno civilizado y el otro natural, el natural define a América Latina mientras que la cultura europea es siempre sinónimo de civilización. (Paz-Soldán 2001: 217, la traducción es mía)

Paz-Soldán agrega que “de esta manera la nueva generación de la cultura urbana” configura “una América Latina dentro del mundo globalizado, una similitud de código de mass y social con los del primer mundo.” Entonces, para los escritores “unir mass media y cultura urbana en la obra era una de sus estrategias para realizar lo estético y [lo] político” (Paz-Soldán 2001: 217). Así, esta generación estaría luchando para imponer un nuevo canon a fin de mostrar una visión diferente de Latinoamérica. No podemos perder de vista que existen estudios críticos en contra del comercialismo de los mass media, y el mismo autor lo señala dentro del cuento criticando la “transformación de las noticias y tragedias humanas en entretenimiento, así como el apabullante y vacuo bombardeo de imágenes e información”, y agrega:

En esta simulación, que tenía su año cero en 1969, la inteligencia inorgánica se apoderaba del control de la casi totalidad de los medios electrónicos planetarios, especialmente la televisión. Las máquinas crearon una mediósfera omnipresente que ofrecía toda clase de tentaciones materiales y estímulos eróticos, a la vez que satisfacía sutilmente los deseos asesinos y suicidas de los hombres. (p. 154)

Sin embargo, es preciso considerar la función positiva de los mass media que contribuyeron para ampliar la visión del mundo de hoy en día abriendo, simultáneamente, un nuevo camino en el mundo literario. Así, en un grado diferente, podríamos evaluar la potencialidad que esta nueva tendencia contiene para el cuestionamiento de la cultura canonizada.

 

III. El estilo literario como hipertextualidad

III.1. Un texto más allá del segundo grado

Como es sabido, el término ‘intertextualidad’ fue acuñado en el año 1966 por Julia Kristeva a raíz de los estudios de Mijail Bajtín sobre el dialogismo en las obras de Rabelais y Dostoievsky, para indicar la construcción de un texto a partir de otros textos. De esta manera, Kristeva creó un nuevo término para entender el concepto: “cualquier texto está construido como un mosaico de citas, cualquier texto significa la absorción y la transformación de otro” (Mendoza 2003: 185). También Roland Barthes, en su ensayo La muerte del autor, había presentado un argumento semejante a Julia Kristeva, definiendo el texto tradicional como “mensaje de un Autor-Dios” declarando su fin. Barthes acentuaba que “un texto está construido por un espacio de múltiples dimensiones en el que concuerdan y se contrastan diversas escrituras, ninguna de las cuales es la original” (Barthes 1984: 80). Por ello, refería que el texto ya no se concebía como un reflejo de un exterior, sino que lo consideraba dentro de un campo intertextual:

Cuando se cree en el Autor, éste se concibe siempre como el pasado de su propio libro: el libro y el autor se sitúan por sí mismos en una misma línea, distribuida en un antes y un después […] Por el contrario, el escritor moderno nace a la vez que su texto; no está provisto en absoluto de un ser que preceda o exceda su escritura, no es en absoluto el sujeto cuyo predicado sería el libro; no existe otro tiempo que el de la enunciación, y todo texto está escrito eternamente aquí y ahora. (Barthes 1984: 79)

Más tarde, Gérard Genette definiría el concepto de texto en un grado más específico, proponiendo cinco tipos de transtextualidad y dejando la intertextualidad, según la había definido Kristeva, como el primero entre cinco tipos (Genette 1962: 10). Lo relevante de Genette es que no se enfoca en un problema de influencias, sino en las relaciones variadas e históricamente variables entre las obras en producciones textuales heterogéneas (Payne 1996: 406). La teoría de Genette se concentra más en la transformación e imitación dentro de la relación que une un texto B (hipertexto) con un texto anterior A (hipotexto), o sea hipertextualidad, designada como el cuarto tipo de transtextualidad (Payne 1996: 14). De esta manera Genette, basado en la hipótesis de que todas las obras son hipertextuales en algún grado y según las lecturas, intenta dar un acercamiento hacia el enlace entre antiguos libros y sus hipertextos tales como Hamlet de Kaforgue, Electra de Giraudoux, Doctor Fausto de Thomas Mann y Ulysses de Joyce, etc.

Si la definición de la hipertextualidad, según Genette, fuera un relanzamiento de las obras antiguas en un nuevo sentido bajo el efecto de la invención de la imprenta (Payne 1996: 497), ahora dentro de la gama de los avances tecnológicos computacionales, necesitaríamos examinarla en donde se entrecruzan las humanidades y la ingeniería. Entonces, siguiendo el fenómeno peculiar de la creciente dominación por parte de los medios electrónicos, y sobre todo por la computadora y la red dentro del mundo literario, podríamos llegar a la definición de hipertexto como Susana Pajares Toska lo interpreta en una mutación del códice medieval o el de Cervantes:

El hipertexto es una composición de texto y de unos nexos (“link”), que conectan directamente con otros textos al ser activados, formando una red contextual sin principio ni fin, pues se puede saltar constantemente de unos textos a otros según se van escogiendo nuevas opciones de búsqueda. (Pajares 2007)

Robert Coover, primero en escribir un artículo sobre hipertexto “The end of books” en The New York Times Review of Books, observa un nuevo movimiento literario dentro de la transición acelerada por las computadoras y el Internet, y denuncia la renunciación de la literatura a rasgos lineales tales como la idea tradicional de estructura con su principio, continuación y desenlace (Pajares 1999). Sin duda, la ruptura de la linealidad se ha realizado también en los medios impresos. Por ejemplo Rayuela y 62/Modelo para armar de Julio Cortázar lograron romper el esquema secuencial de las novelas y rechazaron el orden cerrado, manteniendo los límites de la página impresa mucho antes de que el hipertexto electrónico fuese una realidad (Pajares 1999). [5] Considerando las características destacadas en la relación entre textos se hace claro cómo categorizar el cuento de Yehya. Lo interesante de 1969, Año cero es que a pesar de que la obra no tiene visibles nexos de HTML (Hyper Text Makeup Language), realiza un ejercicio de hipertextualidad, pues como se ha mencionado anteriormente, este relato está basado en los artículos que el autor ya había publicado en la misma columna del periódico, como si sus textos se comunicaran y conversaran entre sí. Así pues, a continuación analizaremos el cuento enfocado desde dicha característica.

III.2. Fuentes (source) del cuento

El cuento se desarrolla en dos relatos paralelos, uno del protagonista y su socio, y el otro “Hist.doc” que está compuesto por tres fragmentos a lo largo del cuerpo principal y que también aparece originalmente desde el archivo del mismo nombre. A través de los fragmentos identificamos que en cada uno podemos encontrar relación con artículos publicados por Naief Yehya, en el mismo periódico cultural La Jornada Semanal.

El primer fragmento de nuestro cuento en estudio habla de algunas clases de evolución espontánea hasta la aparición de la computadora con la intención de humanizarla:

Ninguna evolución llega de forma realmente gradual. Siempre hay un punto en donde las condiciones dan un salto cualitativo [...] ese punto o singularidad tuvo lugar cuando el ADN dio origen al primer atisbo de vida, cuando el primer ser acuático se aventuró a tierra firme, cuando la corteza cerebral le permitió razonar a un primate y cuando la primera computadora comprendió su vida consistía únicamente en ejecutar una serie de comandos ordenados en un programa. (p. 149)

Este primer fragmento se corresponde con el artículo “La bioutopía y sus herejes”, publicado el 1° de septiembre de 1996:

La ingeniería genética nos ofrece romper con el orden que impone la naturaleza a través de una tecnología que se encarga de cambiar, transferir y recombinar el ADN. [...] la idea de crear especies y organismos nuevos y mejores resulta inquietante y sin duda lleva inscrita una amenaza frankensteiniana. (Yehya 1996b)

El segundo fragmento habla del avance acelerado de las computadoras dentro del cual se deja fuera al hombre del control de sus propias máquinas y, en ocasiones, también lo dejan fuera del proceso de decidir:

El primer paso para sacar al hombre del ciclo de control de sus máquinas lo llevó a cabo el ejército al sustituir estas huestes de computadoras humanas por otras electromecánicas. Eventualmente, otros progresos fueron sacándolo del proceso de toma de decisiones. (p. 150)

En el caso de este segundo fragmento la correspondencia es con el artículo “Enseñando a pensar a las máquinas”, publicado el 5 de mayo de 1996:

Durante años, los técnicos trataron de hacer un cerebro que comprendiera órdenes lógicas y tuviera sentido común. Es decir, querían hacer inteligencias de alto nivel [...] Pero mientras una máquina puede ser excelente en actividades repetitivas con reglas claras, es muy poco probable que en un futuro próximo logre descifrar las sutilezas de un acto tan humano como platicar. (Yehya 1996a)

Por último, en el tercer fragmento los seres humanos crearon expectativas de las computadoras como la adivinación de la acciones a realizar por parte del bloque opuesto (capitalistas o socialistas) para así poder ganar la guerra por adelantado. La tecnología era aún demasiado primitiva para ofrecer algo parecido a un razonamiento:

A finales de los sesenta, lo que en realidad se esperaba de las computadoras era convertirlas en algo semejante a oráculos: al ser alimentadas con datos acerca de Brezhnev, Mao o cualquier líder del bloque comunista, eventualmente podríamos predecir sus acciones y adelantarse al momento en que éstos decidieran lanzar los misiles. (p. 153)

En este último fragmento, la relación se establece con el artículo “La herencia militar”, del 23 de febrero de 1997:

Desde el comienzo de la Guerra Fría, Paul Baran, un ingeniero de la corporación Rand, había estado obsesionado con la supervivencia de los sistemas de comunicación en caso de una guerra nuclear. [...] Entre otras cosas, la red era utilizada para hacer escenarios simulados de ataques nucleares contra la Unión Soviética. (Yehya 1997d)

Mientras que en la relación entre el tercer fragmento y su correspondiente artículo podemos encontrar una similitud, en el primer y segundo no se realiza solo una cita o una reminiscencia de uno al otro, sino que se trata de una observación más profunda y crítica realizada por una voz autoral. A través de la manera de describir la computadora también se podría encontrar la relación entre textos. Mientras el protagonista y su socio Albano que reciclan computadoras un día encuentran un documento “Hist.doc” en una vieja computadora y descubren extrañas descripciones en el documento, así la computadora se va humanizando. Desde el principio de la obra, se habla de la computadora como un ser vivo:

Cada máquina tiene historia y habla de ella a través de la configuración, la disposición de los archivos, la forma en que ha sido aprovechada la memoria, la selección del software y su estado físico. Mediante un simple procedimiento casi siempre podemos reconstruir memorias borradas, así que frecuentemente damos con cosas interesantes. (p. 149)

Considerando el artículo de Naief Yehya del 19 de enero de 1997, dos meses antes del texto de nuestro estudio, se puede ver ya una humanización de las computadoras que más tarde aplicaría para su cuento:

Esto quiere decir que a pesar de saber que una computadora no es un ser vivo, el común de la gente tiende a no diferenciar entre un humano y una máquina que utiliza el lenguaje para sus funciones. De manera casi inconsciente, el individuo suele sentirse halagado cuando su computadora los elogia, aun sabiendo que el elogio pueda ser aleatorio. (Yehya 1997a)

En la parte donde se relata la historia del Internet, la relación entre el ensayo del mes anterior y el texto de ficción se revela aún más claramente:

Según el documento, las computadoras entendieron que una guerra nuclear retrasaría seriamente su evolución, así que trataron de modificar la historia. Para ello crearon un universo paralelo, una simulación del mundo con la que intentaba probar alternativas para transformar el planeta en algo más seguro. (p. 154)

Este fragmento se correspondería con el artículo de “Los orígenes de Internet” que habla de “un tiempo en que las computadoras eran entidades solitarias, egocéntricas y tiránicas, que ignoraban la existencia de otras computadoras y que sólo sabían tratar a otras máquinas en relaciones de amo-esclavo.” (Yehya 1997b). En el final de nuestro relato se completa la humanización de la computadora y su correspondiente independencia respecto del hombre:

Tomo el auricular y escucho horrorizado el sonido inconfundible de la comunicación entre computadoras. Cuelgo una y otra vez, golpeo el teléfono con los puños y arranco el cable de la pared. Pero no sirve para nada. Me vuelvo a llevar el auricular al oído: los rechinidos, silbidos y ruidos no han cesado. (p. 156)

Aquí podemos apreciar la parte de la humanización de la computadora y el manejo particular del tiempo. A lo largo de toda la historia en el cuento el tiempo se maneja en pasado. Al final del cuento el narrador habla en presente, dando un salto súbitamente al tiempo actual. El cuento trata la realidad dentro de un contexto de ficción en el que los mismos personajes no distinguen, al igual que el lector, entre la verdad o una simple invención hasta el momento final donde el autor muestra de forma impactante la unión de esta realidad con lo que se creía ficción dentro de la historia, para así completar la humanización de la computadora.

 

IV. Conclusión

Un buen número de ensayos previos del autor se han transformado en un segundo texto publicado expresamente como ficción. Sin embargo, no podríamos pasar por alto sus relaciones sin importar las fronteras entre los géneros literarios. Al respecto, el mismo Naief Yehya nos respondió en una comunicación directa por vía de correo electrónico:

En gran medida el vínculo entre la tecnología y la cultura es uno de los ejes dominantes de lo que escribo, tanto en ficción como en ensayo. La tecnocultura es mi obsesión, probablemente por eso estudié ingeniería industrial en la universidad. Por lo tanto, siempre hay conexiones entre mis relatos y los temas que desarrollo tanto en artículos periodísticos como en reflexiones de largo y mediano aliento. (30 de marzo de 2011)

Podríamos concluir que Naief Yehya es un autor que en sus escritos ofrece un grado más de complejidad reaccionando ante el mundo actual en un esfuerzo continuo por interpretarlo. Yehya pretende dar un giro a la idea tradicional acerca del texto, como ha mencionado en su artículo “Y la palabra se hizo BITS”, acerca de que la cultura cibernética hoy en día tiene en el hipertexto su propio medio natural de desarrollo sin necesidad de palabras impresas:

El hipertexto es una tecnología para leer y escribir; al igual que el texto tradicional, está constituido por lo que Roland Barthes denominó lexías (elementos verbales que pueden ser palabras, frases o párrafos). Pero mientras las lexías ocupan un lugar, un orden fijo y están clavadas en las páginas de un texto, en el hipertexto están vinculadas por medio de conexiones electrónicas (links). (Yehya 1996c)

En este cuento de Naief Yehya encontramos una propuesta experimental sobre un tema tan actual como son las computadoras y el Internet en nuestra época. Los saltos de texto a texto, de sus artículos o ensayos a su cuento encadenan significados que dan como resultado una estructura singular, como si se diera un clic en la pantalla creando una serie de vínculos a manera de hipertexto vinculando la realidad virtual con el mundo exterior.

 

Notas

[1] El término está tomado del artículo “Estudios y otras prácticas intelectuales latinoamericanas en cultura y poder” de Daniel Mato, en su estudio sobre América Latina como “conjunto particular de prácticas [...] que se articulan en torno a lo cultural (simbólico social) en lo político y a lo político (de poder) en lo cultural.” (Mato 2002: 22).

[2] La “novela-río” (literalmente del francés, roman-fleuve), es “a term used in modern fiction for a series of novels, each of which exists as a separate novel in its own right but all of which are inter-related because the characters (some or all) reappear in each succeeding work.” (Cuddon 1998: 764-765). Se refiere, entonces, a una secuencia extendida de novelas de las cuales el conjunto actúa como comentario para una sociedad o una época. Nosotros pensamos en este fenómeno para la relación que se establece entre los ensayos y el cuento de Naief Yeyha.

[3] 1969, Año cero, en Antología del cuento latinoamericano del siglo XXI (Yehya 1997: 149-156), cito por esta edición e indicaré solo las páginas de las citas correspondientes.

[4] Daniel Mato toma el término “prácticas intelectuales” de la propuesta de Bourdieu (Mato 2002: 24).

[5] Afternoon a Story (1987) de Michael Joyce se considera como la primera obra de narrativa hipertextual por su realización de la navegación electrónica mediante hiperenlaces (Colle 2008).

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© Dong-Joo Kim 2011

Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

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