La de Bringas: un revisión de La Gloriosa dieciséis años después

Gema Cano Jiménez

Universidad Carlos III de Madrid


 

   
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Resumen:En 1884 Galdós publica La de Bringas, una novela que recrea los turbulentos días que precedieron a la irrupción de La Septembrina. La novela recrea aparentemente la historia del matrimonio Bringas; sin embargo, la ficción encierra un simbolismo histórico en los personajes y en las fechas que pretendo desvelar en este artículo.
Palabras clave: Galdós, Revolución Gloriosa, Bringas

 

I) Introducción.

En 1884 Galdós es ya un escritor consolidado que goza del beneplácito lector. Desde un punto de vista social, Galdós posee ya esa dimensión política y de compromiso con su devenir histórico que caracterizaría su trayectoria intelectual y vital, no hemos de olvidar que unos años más tarde aparece vinculado al partido progresista de Sagasta ocupando un acta como diputado cunero por Puerto Rico.

En este año publica también una novela ingeniosa y brillante. Me estoy refiriendo a La de Bringas, una novela que recrea los turbulentos días que precedieron a la irrupción de La Septembrina .

Aparentemente la novela recrea la historia cotidiana del matrimonio Bringas. Sin embargo, la ficción encierra un simbolismo histórico en los personajes y en las fechas que pretendo desvelar en este artículo.

 

2) Una historia ficticia al servicio de la Historia real.

Leyendo la novela solamente desde el punto de vista literario, ésta no es más que la historia de un adulterio, uno más en la celebérrima lista de adúlteras decimonónicas, sin embargo, el adulterio de Rosalía Pipaón de la Barca, nuestra protagonista, encierra una lectura histórica evidente.

La novela comienza con un episodio muy propio del humor socarrón y cervantino de Galdós. Franciso Bringas, leal servidor de la Reina Isabel, y que como tantos y tantos funcionarios de la prolija Corte de la Reina, ocupa los altos de Palacio, aparece trabajando metódicamente en una obra magna: la confección cabello a cabello de un cenotafio que representa un ubérrimo jardín regalo para la familia Pez. El afán en su chinesco trabajo le produce a don Francisco Bringas una ceguera temporal. Después del estupor inicial, la pérdida de visión del cabeza de familia produce un efecto paradójico en su pareja. Efectivamente, don Francisco Bringas, además de ejemplar padre de familia, y perfecto servidor monárquico, tenía un pequeño defecto que ensombrecía sus anteriores cualidades: era un tacaño sin igual que sometía a su familia a continuas economías. La tacañería de don Francisco limitaba una de las mayores veleidades de su señora: su afán por aparentar y su obsesión por la moda. El sufrimiento ciego de su esposo le ofrece todo un nuevo mundo, un camino de libertad lejos de la escrutadora vigilancia del marido. No más cuentas al esposo. Rosalía accede por derecho propio a las compras madrileñas y a los coqueteos de la moda. Pero las compras no son sólo algo aparente sino que produce en ella sensaciones ya olvidadas, entre ellas el amor que había quedado bastante rezagado en su unión, porque a medida que la ceguera va cobrándose días, Rosalía va progresivamente tomando conciencia de su nueva vida, y descubre que ella es mucho más que su marido, que no tiene por qué aguantarse con las migajas, y de ahí solo hay un paso al desamor, y del desamor a la infidelidad, aunque debamos concretarla y hablar de una real prostitución.

No es una cuestión casual que el tiempo del relato de La de Bringas se sitúe en el período prerrevolucionario de la década de 1860. Concretamente durante los meses transcurridos entre febrero a septiembre de 1868 concluyendo el hilo ficticio justo cuando triunfa La Gloriosa. El hecho de vivir en Palacio condicionará enormemente la vida del matrimonio Bringas, especialmente la de su mujer, Rosalía, que tiene la oportunidad de codearse con la vieja y venida a menos aristocracia del 68’. Por ello, Rosalía traba amistad con la marquesa de Tellería, noble sin un duro, pero abocada como la mayoría de los personajes al mundo de las apariencias. La existencia de Rosalía puede resumirse en el refrán del quiero y no puedo por lo que su amistad con la marquesa será una constante sucesión de empeños y préstamos con sus agobiantes plazos.

En este orden de cosas la ceguera del artista Bringas supuso una revolución doméstica en el cotidiano micromundo de la pareja. Claro está que don Francisco seguía intentando gobernar desde la oscuridad, pero Rosalía avezada en los engaños a plena luz del día, se las compuso perfectamente para aumentarlos en este oscuro estado de cosas.

Los meses prerrevolucionarios coinciden con grandes apuros para Rosalía, porque ante la ceguera de su esposo compra con gran alegría, pero sus problemas aumentan cuando para saldar una deuda pide ayuda al prestamista Torquemada, quien inflexible en su plazo amenaza con trasladar la deuda a don Francisco. El verano del 68’ resulta enormemente agitado dentro y fuera de la casa de los Bringas, la política está revueltísima, pero en la vida de Rosalía tan sólo existen grabados a fuego los plazos de septiembre en los que la Pipaón debe solventar la deuda. En esta época estival su única esperanza es la vuelta del hipócrita don Manuel Pez. Para la ignorante Rosalía él representa todo lo que su marido no es, hasta que por fin este galán de dos al cuarto logra envolverla con su palabrería. Los ofrecimientos de Pez han sido tantos y ella se siente tan desesperada que acude a las constantes llamadas de don Manuel. A pesar de la sutileza de Galdós, sabemos que la Pipaón se prostituye. Todo inútilmente ya que su galán deja para mejor ocasión el socorro económico. Completamente acorralada acude entonces a Refugio Sánchez Emperador, una pícara moza, antigua costurera reconvertida en modelo de pintores, a la que la de Bringas ha despreciado durante toda la obra por su sospechosa reputación. A pesar de ello, acude a ella como último recurso para socorrer la acuciante deuda, y Refugio, viendo a la Pipaón en sus manos, no pierde la ocasión para jugar con ella hasta que le presta el dinero.

En estas idas y venidas había transcurrido el verano de 1868. Bringas siguiendo los consejos del oftalmólogo Golfin curó de su ceguera. El alborotado verano en lo personal no lo fue menos en lo político. Andalucía entera estaba sublevada, Topete se había unido a las fuerzas de Prim, y éste avanzaba hacia Barcelona, la sublevación se extendía y se consolidaba definitivamente con la victoria de los insurrectos en la batalla de Alcolea. Y la revolución llegó a Madrid y la regia morada de los Bringas pasó a ser gobernada por una Junta. El nuevo sistema trajo la cesantía de don Francisco y su hijo, y aunque Bringas hubiera podido prolongar durante algún tiempo más su estancia en Palacio, su desprecio a la Revolución le hizo renunciar a esta idea. Alquilaron una casa modesta para allí continuar su historia, ahora la de Rosalía. Intuimos que en su nueva vida la de Bringas siguió con sus irregularidades económicas, pero Galdós nos deja claro que de ellas salió con mayor donaire, adiestrada ya a tales malabarismos domésticos. Al final de la obra, Galdós dando ejemplo de su sentido del humor aparece reflejado en la figura del encargado por la Junta Revolucionaria para los asuntos de Palacio. Y esto le sirve para ofrecernos una prospectiva del futuro de la Pipaón, en el que se vislumbra su total caída moral. Rosalía afligida se ofrece al autor-personaje como ya hiciera con Pez. Ella abre una nueva era para la familia en la que desparecen los principios del marido. En su lugar, toma protagonismo el vivir al día y el aparentar, una de las grandes características de la posterior Restauración.

 

II) ¿Por qué la Gloriosa dieciséis años después?

En aquella época fecunda de graves sucesos políticos, precursores de la Revolución, presencié, confundido con la turba estudiantil, el escandaloso motín de la noche de San Daniel, 10 de abril de 1865, y en la Puerta del Sol me alcanzaron algunos linternazos de la Guardia veterana, y en el año siguiente, el 22 de junio, memorable por la sublevación de los sargentos en el cuartel de San Gil, desde la casa de huéspedes, calle del Olivo, en que yo moraba con otros amigos, pude apreciar los tremendos lances de aquella luctuosa jornada. (…) Como espectáculo tristísimo, el más trágico y siniestro que he visto en mi vida, mencionaré el paso de los sargentos de Artillería llevados al patíbulo en coche, de dos en dos, por la calle de Alcalá arriba, para fusilarlos en las tapias de la antigua Plaza de Toros (PEREZ GALDOS, 1975, 194).

No cabe duda de que estos sucesos prerrevolucionarios decidieron en él, por aquel entonces joven periodista de La Nación, la necesidad de interpretar la historia de España desde sus lejanas raíces decimonónicas, con el único propósito de comprender el turbulento presente que le tocó vivir.

Otra prueba de la influencia del 68’ en la experiencia literaria y vital del escritor canario es el continuo recuerdo en sus memorias de episodios relacionados con la Septembrina. Así años mas tarde rememorará:

Al llegar a Barcelona me encontré de manos a boca con la Revolución de España, que derribó el trono de Isabel II. Eran los últimos días de septiembre. La escuadra con Topete y Prim se había sublevado en Cádiz al grito de abajo los Borbones. Serrano, Caballero de Rodas y otros caudillos militares desterrados en canarias habían vuelto clandestinamente en el vapor "Buenaventura", mandado por el valiente capitán Lagier. Toda España estaba ya en ascuas. (Pérez Galdós, 1974: pg 197)

Galdós a lo largo de su vida vio muy claro que la Gloriosa podía haber sido algo más que el destronamiento de una Reina insufrible. La Septembrina pudo conseguir más de lo que realmente logró en la Historia de España. Efectivamente, la Revolución del 68’ tuvo grandes logros políticos que podrían haber terminado de vertebrar la España del futuro. Me refiero a que dotó al país de un sistema de libertades civiles y garantías políticas, que permitieron la salida del estrecho marco monárquico-constitucional isabelino hacia uno más liberal que culminaría en la Restauración. Hizo efectiva la división de poderes, sustituyó la hegemonía del Ejecutivo por un fortalecimiento de las Cortes, e intentó asegurar la independencia de los tribunales mediante la ley orgánica del poder judicial.

Socialmente la grandeza de la Gloriosa estuvo en las clases sociales que la encabezaron. Porque por encima de personajes históricos como Prim o Isabel II, los verdaderos protagonistas fueron esa masa anónima burguesa que intentó recobrar el tiempo perdido para lograr lo que las revoluciones europeas de 1848 habían conseguido con veinte años de antelación. Los años transcurridos entre 1808-1838 habían estado caracterizados por el viejo orden absolutista que luchaba por no extinguirse. En cambio, el paréntesis 1839-1868 se puede definir como el intento de recuperación y modernización de las viejas estructuras administrativas y políticas.

 

3. El símbolo histórico oculto en la trayectoria ficticia.

Sin dejar de lado el proceso literario de emancipación que sufre el personaje, opino que este camino de independencia iniciado por Rosalía responde más a una motivación histórica que puramente ficcional. Existe una correlación significativa entre los tiempos en los que Rosalía empieza a endeudarse, con la gestación del movimiento revolucionario. Bridget Aldaraca se encuentra en esta línea. Aldaraca considera que esta adaptación de Rosalía a los nuevos tiempos simboliza la Revolución, e incluso la decadencia de la monarquía isabelina (Aldaraca, 1983: pg 49-51). Este último sentido lo comparte Gullón (Gullón, 1980: pg 122) para quien la intervención de la figura de la Reina facilita la actitud irresponsable de Rosalía, y origina la confianza de Bringas, que cree que los modelitos de su mujer se deben a la generosidad de la Reina. No obstante, yo encuentro que existe un símbolo más explícito. A mi juicio, Rosalía Bringas se embarca desde marzo de 1868 a septiembre del mismo año en una aventura económica de rumbo incierto, a lo largo de la cual el suceso más grave fue la venta de su honra. Sus agobios son solucionados por una chica del pueblo de dudosa reputación: Refugio Sánchez Emperador. En estos mismos meses en los que se desarrolla la encrucijada personal de Rosalía, el cerco revolucionario se estrecha en torno a la Unión Liberal, que acabará adhiriéndose a la Revolución escuchando los cantos de sirena que en forma de cargos les prometen los conspiradores, a costa de marginar las aspiraciones de los elementos demócratas y populares, aquéllos a los que pertenecía Refugio.

Siguiendo con el simbolismo histórico, si Rosalía Bringas representa los avatares de la Unión Liberal, su esposo es un respetable miembro de los sectores conservadores del país, seguidor de los lugartenientes isabelinos. Precisando el símbolo, de igual manera que Bringas se obstina en su ceguera para no advertir la evolución de su esposa, tampoco los moderados extremos supieron ver el progresivo acercamiento de la Unión Liberal a las consignas revolucionarias.

Pero quizás, uno de los personajes más interesantes en su simbología histórica es el de Manuel Pez; un ser incombustible pese a los cambios de gobierno.

Cuando llegue la Revolución, don Francisco permanecerá fiel a sus monárquicos ideales. Manuel Pez, en cambio, se adaptará a los tiempos y no le faltarán amigos pisciformes a los que volver sus ojos en cualquier cambio.

El análisis literario nos muestra que Rosalía es un personaje redondo que al final de la novela ha recorrido un camino de iniciación concluyente en su emancipación doméstica. El estudio histórico, en cambio, nos señala que a la misma vez que esto sucede, y sobre todo en la época de sus apuros económicos, los movimientos conspiratorios se basan en el acuerdo de la familia progresista con la Unión Liberal. La adhesión de éstos últimos sería definitiva para el posterior triunfo de la sublevación. En el plano histórico el paso adelante de los unionistas se debió, en primer lugar, al camino franco que dejó la muerte de O'Donnell, (aunque ante el desaire de la Reina tras los fusilamientos de San Gil ya habían hecho que el Conde de Lucena adoptara una actitud de pasividad con respecto a la conspiración). En segundo lugar, los remilgos de los unionistas fueron menos cuando el resto de los participantes en el pacto (progresistas y demócratas) les prometieron cargos políticos. En un día muy concreto de septiembre, el día 8, Rosalía se prostituye. Justamente en estas fechas la entente liberal está acordada. Gran parte de los unionistas se afiliaron a la conspiración por ambiciones materiales, la Pipaón acude ese día de septiembre a Manuel Pez en busca de dinero, y no por amor. Finalmente su deuda no será sofocada por Pez, sino por una joven "revolucionaria", una "demócrata" llamada Refugio. Cuando triunfe la Revolución los demócratas que habían consolidado la Gloriosa en las calles a través de su impulso popular serán los marginados. En realidad, los unionistas también se vendieron de balde, los cargos prometidos no fueron tantos. Las discusiones sobre el protagonismo de los distintos hacedores de la Revolución fue uno de los principales motivos por los que fracaso la Gloriosa. Demócratas sencillos como Refugio vieron como la sublevación anhelada se veía convertida en un sistema representado por los mismos peces supervivientes en cualquier coyuntura histórica, y por esos unionistas que en virtud de la traición de su ideología conciliadora, y por puros intereses materiales vendieron sus ideales a cambio de ambiciones políticas.

Por su parte, don Francisco Bringas es un conservador al servicio de la corona que ha cumplido la gran ilusión de su vida trabajando en Palacio. También habíamos visto como su ceguera desencadenaba toda la trama ficticia y era el medio ideal para que su mujer descubriera todo un mundo de acción. Una lectura superficial de los contenidos históricos tiende a reducir el simbolismo del personaje realizando una somera comparación entre Bringas y Francisco de Asís. Dicha comparación es bastante superficial. Es cierto que Rosalía e Isabel II anhelan un hombre superior desde todos los sentidos, las dos se casaron por condicionantes externos (Rosalía por presiones sociales e Isabel por presiones políticas) pero Francisco de Asís no era desconocedor de las maniobras amorosas de su esposa. Ahondando en los estratos históricos el aspecto más simbólico de la figura de Bringas es su ceguera. Este recurso ficticio sirve para crear el símbolo que late en toda la novela. Bringas es un conservador monárquico que prefiere quedarse en la oscuridad. La mayoría de los conservadores también prefirieron quedarse ciegos ante la inexorable Revolución. Bringas se refugia en su venda y no quiere ver la progresiva pérdida de la virtud de su mujer, que vende el patrimonio familiar y personal. A la vez, ni Narváez, ni la Corte, ni González Bravo, supieron ver que el antiguo aliado unionista negociaba vendiendo su ideal híbrido a la conspiración.

Uno de los recursos más eficaces que Galdós emplea para unir ambos mundos, el ficticio y el histórico, es el Palacio como hogar de las dos familias. La morada regia es una metáfora, en los muros reales se encierra una microciudad que refleja los vicios de la cúspide de la pirámide. Vivir en Palacio modifica la vida de las gentes que lo habitan. Aunque el carácter vanidoso de Rosalía ya se manifestaba en Tormento, vivir en Palacio fue el detonante que terminó de abocarla al lujo y a la ostentación. Pero España no tenía un duro, el año de 1868 fue calamitoso y sin embargo, la corona también intentaba, como Rosalía vivir de espaldas a la realidad. Las técnicas empleadas para acentuar esta distancia en la narración se aplican casi siempre en Palacio, originando una visión de la Reina y su Corte cercana al esperpento. Y este esperpento no funciona en la novela como un simple recurso literario. Es la imagen que describe mejor que ninguna otra el paroxismo en el que ha caído la monarquía.

 

4. Galdós cronista de la Gloriosa y de su propio tiempo.

En los contenidos sociopolíticos observamos con claridad una dimensión de escritor-cronista. Esta dimensión es percibible en momentos muy concretos de la novela. Principalmente en la descripción de la configuración y llegada de la Revolución. El Galdós de 1884 acudió a los periódicos para documentarse sobre el año 1868. Y se documenta no sólo para asuntos puntuales (señalemos la referencia exacta sobre los calurosos días de julio de 1868), sino que a través de los diarios consigue crear el mismo clima de desinformación que experimentaron los ciudadanos de entonces. A este respecto traigo a colación la fidedigna construcción de la llegada de noticias sobre la Revolución. Francisco Bringas se enteró de la explosión de la Gloriosa el día 19, pero Galdós indica que lo hizo por medio de un compañero de trabajo nunca por los periódicos, ya que éstos reflejaron la noticia el 21 ó 22. Idéntico recurso aplica a la llegada de noticias sobre la batalla de Alcolea. Transcrita en los periódicos el día 29, fecha en la que se entera Bringas. En cuanto a las reacciones producidas por la llegada de la victoria, su reflejo en la novela merece una consideración. En La de Bringas vemos como las temidas turbas que llegan a Palacio, en contra de la imaginación de Bringas, son unos pobres cegados por la magnificiencia regia. Al parecer en los primeros momentos de la consolidación de la Gloriosa, el ambiente reflejado en los periódicos fue el mismo que el que se describe en la novela. Sin embargo, muy pronto se produjeron altercados que Galdós por su conocimiento de los periódicos no debía desconocer, y sin embargo, los obvió. Tal "olvido" responde ese nuevo talante de Galdós que ya se está perfilando en 1884, y en el que se percibe cierta salvaguarda de los elementos populares.

Por lo que respecta a los contenidos económicos, éstos no están tan palpablemente reflejados como los sociopolíticos, pero son tan latentes como los citados. Tanto es así, que he definido a La de Bringas como una novela económica. En ella se contraponen dos formas de entender el capital. Don Francisco encarnaría el viejo orden económico frente a la "moderna" Milagros que expone toda una teoría sobre el préstamo. Amontar onza sobre onza era para la de Tellería cosa de paletos. Rosalía intentará ser una mujer de negocios lanzándose a la marea de los préstamos, sin embargo, acabará atrapada por una de las redes del viejo orden económico: la usura.

Esta configuración económica de la novela no responde a un telón de fondo para desencadenar la trama ficticia. Cuando Galdós cuenta la historia de una cursi apurada por las deudas está ejerciendo nuevamente una labor de cronista. Efectivamente, 1868 fue un año de vibrante actualidad económica. Coincidiendo con el comienzo de los apuros de Rosalía la primavera económica de 1868 fue agitadísima, (en la prensa se discuten los presupuestos planteando la misma dicotomía que protagonizan el matrimonio Bringas. Además se inician las gestiones para la implantación del Crédito Territorial, lo que significaba la adopción de los nuevos medios financieros. Por último, la implantación del Banco Hipotecario pretendía acabar con la figura del prestamista particular). Y, curiosamente, en el verano cuando Rosalía está al borde de la quiebra al no poder pagar su deuda, la situación económica del país en el mismo momento es insostenible.

Por otra parte, existen similitudes entre 1868 y 1884. Hemos visto como en la primavera de 1868 la familia liberal planeaba la unión definitiva que originaría la Revolución. En la primavera de 1884 el partido conservador aparece muy debilitado y son constantes las alusiones a la unidad de los liberales. El ambiente político crispado de la primavera del año de la Revolución se vive de forma parecida en los mismos meses de 1884: ( Pronunciamiento de Villacampa, Velarde, pronunciamiento de Santa Coloma de Farnés). Uno de los impulsos definitivos de la Gloriosa lo supuso el retraimiento liberal. En los comicios electorales de la primavera de 1884 el temor al fraude electoral provocó otro retraimiento liberal.

En el ámbito económico, también en la primavera en la que Galdós está escribiendo la novela, se discuten los presupuestos con las mismas consignas que en el año 68: nivelación y economías.

En la actualidad de 1884 las alusiones al recuerdo de la Gloriosa son constantes. Es más, en el año 1884, ante la delicada salud de Alfonso XII, un sector muy amplio de la familia monárquico-conservadora planteaba muy seriamente la vuelta de la Reina Isabel.

 

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© Gema Cano Jiménez 2011

Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

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