La dualidad del Bien y el Mal, bajo la sombra del Realismo Mágico,
en Cien años de soledad de Gabriel García Márquez
y Las veladas de las mil noches, de Naguib Mahfuz

Rasha Mohamed Abboudy

Facultad de Letras- Universidad de El Cairo
dr.rasha.abboudy@gmail.com


 

   
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Resumen: El presente estudio comparativo pretende analizar la dialéctica bien- mal en dos novelas representativas que son Cien años de soledad del colombiano Gabriel García Márquez, y Las veladas de las mil noches del egipcio Naguib Mahfuz. Portadores de Premio Nobel de Literatura, los escritores edifican ¨otra¨ realidad, según los procedimientos narrativos del Realismo Mágico, donde se presencia la continua construcción y destrucción de los personajes que adquieren vida propia. Estas novelas están fundadas al margen del espacio y del tiempo. Ambos escritores dejaron una huella imborrable tanto en la literatura hispanoamericana como en la árabe, ya que pudieron diseñar un mundo novelesco que se convirtió en el espejo de lo imaginario colectivo y del desgarramiento metafísico.
Palabras clave: García Márquez, Naguib Mahfuz, el bien, el mal, Literatura Hispanoamericana, Literatura Árabe, Realismo Mágico

Abstract: This comparative study analyzes the dialectic Good - Evil as displayed in two of the greatest novels of World literature: One Hundred Years of Solitude and Arabian Nights and Days, with emphasis on the main crucial characters that swing between the two ends and fall into a haunted reality of their own, following the narrative techniques of Magic Realism. The two Nobel Prize winners, Gabriel García Márquez and Naguib Mahfuz, had portrayed the eternal human conflict between Good and Evil, blended wonderfully in plots of an exceptional narrative cohesion, which reflects a final metaphysical approach. Therefore, their two novels are constructed on the margin of time and place. On the other hand, this comparative study has an ultimate goal which is bringing together Latin American and Arabic Literatures, in order to establish a global understanding and appreciation, as Goethe seemed to predict, of Literature as a whole.
Key words: García Márquez, Naguib Mahfuz, Good, Evil, Latin American Literature, Arabic Literature, Magic Realism.

 

Abstract:

This comparative study analyzes the dialectic Good - Evil as displayed in two of the greatest novels of World literature: One Hundred Years of Solitude and Arabian Nights and Days, with emphasis on the main crucial characters that swing between the two ends and fall into a haunted reality of their own, following the narrative techniques of Magic Realism. The two Nobel Prize winners, Gabriel García Márquez and Naguib Mahfuz, had portrayed the eternal human conflict between Good and Evil, blended wonderfully in plots of an exceptional narrative cohesion, which reflects a final metaphysical approach. Therefore, their two novels are constructed on the margin of time and place. On the other hand, this comparative study has an ultimate goal which is bringing together Latin American and Arabic Literatures, in order to establish a global understanding and appreciation, as Goethe seemed to predict, of Literature as a whole.

Key words: García Márquez, Naguib Mahfuz, Good, Evil, Latin American Literature, Arabic Literature, Magic Realism.

 

Motivos del estudio:

En su libro reciente El Realismo Mágico en la novela árabe (2009), Hamid Abu-Ahmad, un catedrático egipcio en la Universidad de Al-Azhar y un agudo crítico de las literaturas árabe e hispánica, explica las razones gracias a las cuales se puede considerar que la novela Las veladas de las mil noches, de Naguib Mahfuz, es la única en su producción literaria que recoge todos los ingredientes del Realismo Mágico. Ya que Mahfuz es bien conocido por su excesivo realismo en retratar al pueblo egipcio. Lo que me ha conducido, en seguida, a establecer una comparación entre dos novelas representativas del Realismo Mágico, que son Cien años de soledad (1967) de Gabriel García Márquez y Las veladas de las mil noches (1979) de Naguib Mahfuz. Las dos obras, en última instancia, representan un intento para actualizar lo legendario, rozando las realidades fantásticas, por una parte, y, por otra, desacralizar el mundo, cuestionando las creencias religiosas.

Dentro de la trayectoria de la literatura universal Gabriel García Márquez y Naguib Mahfuz ocupan un lugar privilegiado. Ambos escritores fueron concedidos el Premio Nobel de la Literatura, puesto que al escritor colombiano le fue otorgado en 1982, y al egipcio, en 1988.

Por consiguiente, he trazado las posibles influencias que pueden tener en común. En primer lugar, he encontrado que García Márquez tuvo muchas influencias de una gama variada de escritores como Faulkner, Hemingway, Kafka, Borges, Camus; y ¨también ha rastreado en sus obras otras huellas, que incluyen desde la Biblia y Las mil y una noches a libros de caballerías…¨ (Villanueva 1991: 286). En segundo lugar, encontramos que Naguib Mahfuz ¨tiene una etapa histórica y luego, otra realista, influenciado por Tolstoy, Flaubert, Balzac, Zola... Pero, más tarde, se traslada a una etapa filosófica que se trata de las preguntas capitales como aquellas sobre la divinidad, el sentido de la vida y el conflicto entre el bien y el mal¨ ( Farid 2007: 69).

Por otra parte, Abu-Ahmad entrevistó a Mahfuz y le preguntó si había leído la novela colombiana, y él contestó: ¨Sí, he leído Cien años de soledad (…) y, en realidad, me gustaron su vitalidad y su magia artísticas. No soy un crítico, sino siento la obra a través de su magia. ¿Entiendes?¨ (Abu-Ahmad 2009: 23). Y si añadimos su opinión, en esta misma entrevista, sobre la importancia de Las mil y una noches en formar lo imaginario colectivo, encontramos que -aparte de su ¨propicio ambiente legendario¨- Mahfuz, ha tomado, como prestada, una gran parte del título. Pues, parece que tenemos una influencia común entre el escritor colombiano y el egipcio, que es la eterna obra de Las mil y una noches.

Con Cien años de soledad García Márquez ha querido crear una novela que fuera un símbolo totalizador de la realidad hispanoamericana, tanto a nivel objetivo como subjetivo. Para ello ha recurrido a crear una fábula, en el sentido literario del término, una realidad absolutamente ficcional, es decir, un mundo irreal, que al mismo tiempo estuviera construido a base de los elementos característicos de la realidad hispanoamericana en todos los niveles.

Mahfuz ha retomado la historia principal de Las mil y una noches y la ha continuado a su manera en Las veladas de las mil noches, haciendo que Sahriare se arrepienta y abandone el poder, e incluso la vida misma tras concebir a un hijo con su esposa Sahrazade. En esta novela pone de relieve también los rasgos característicos de la realidad árabe tanto a nivel objetivo como subjetivo, entrenzados con los elementos imaginarios del Realismo Mágico, que son -según la clasificación de Vargas Llosa-: lo mágico, lo mítico-legendario, lo milagroso y lo fantástico. Como Macondo, ¨el espacio en Naguib Mahfuz es el que da lugar a los personajes, y la relación entre el lugar y los personajes es la historia…Él pudo convertir el espacio concreto del antiguo Cairo en un símbolo humano, en cualquier otro lugar del mundo; y así, consiguió llegar a lo universal mediante lo local. ¨ (Al-Chafi 2006: 11) -comenta el Presidente de la Liga de Escritores Árabes, el egipcio Muhamad Salmawy-.

Todo lo mencionado antes me ha motivado a unir y enmarcar las dos obras citadas en el mismo plano ficcional del Realismo Mágico, estudiar la naturaleza y la alternancia del Bien y el Mal en sus páginas, y por último, establecer una comparación entre sus interpretaciones de los niveles de la realidad en sus respectivos entornos: Hispanoamericano y árabe; esperando encontrar una explícita o implícita reciprocidad entre las dos novelas.

 

Los puntos de encuentro entre las dos novelas:

Para abordar las dos novelas debemos tener en cuenta las diferencias culturales, pero curiosamente cuando nos acercamos a los conceptos morales de la humanidad, encontramos unos matices universales en los valores que determinan las acciones de los hombres.

¨Todas las culturas han articulado, por tanto, un conjunto de recursos que permiten a los seres humanos hacer frente a los problemas morales en mejores condiciones¨ (Moriyón 2008: 114). Puig Rovira los llama guías de valor. Pero antes de entrar en pleno en el respectivo planteamiento del bien y del mal, según los guías de valor expresados en los pliegues de las dos novelas, resumimos rápidamente los puntos de encuentro entre las dos novelas tal y como los hemos observado:

1- Tienen en común la aparente sencillez con que están escritas y la complejidad escondida al analizarlas a causa de la mezcla de elementos reales e imaginarios, exhibidos con mucha naturalidad. Sus procedimientos narrativos tienden a debilitar las fronteras entre los objetos reales e irreales en pro de una completa homogeneidad cósmica.

2- Representan un mundo ficticio. Los sucesos giran en torno a experiencias que lindan lo infranqueable en las zonas incógnitas de la razón, porque en el mundo del Realismo mágico, lo fabuloso, lo mítico o lo mágico parecen estar en la conciencia del pueblo de ambas culturas. Este mundo extraño está presentado en el mismo nivel de la realidad donde se interpretan en hechos comunes y completamente aceptables. Y ¨son completamente normales hechos como la levitación, la ascensión a los cielos, resucitar, volverse invisible, etc.¨ (Acero 1981: 86), y lo mismo sucede en la novela egipcia.

3- Parten de la historia de una familia, pero es una familia líder y poderosa que gobierna a un pueblo entero. Sin embargo, tanto la vida de la familia Buendía como la de Sahraiare están selladas por la soledad, la violencia y el sufrimiento.

4- Encierran los rasgos principales de la historia de los países subdesarrollados, en este caso se refiere a los mundos hispanoamericano y árabe. Por un lado, la fundación de Macondo y su sociedad transmite el escepticismo y la corrupción, ocultos o revelados, de la realidad contemporánea de muchos países de Hispanoamérica; y por otro, el país donde gobierna Sahriare puede ser cualquier país árabe donde un hombre puede llevar ¨un traje damasquino, un turbante iraquí y unos zapatos marroquíes¨ (p. 94). Así, las desgracias humanas descritas tienden a reflejar .la condición actual de muchos de los países árabes.

5- Representan sociedades patriarcales. Como la sociedad macondina también la familia Buendía está organizada de forma primitiva: la mujer es inferior al hombre. Además, el machismo mantiene la organización familiar y el sistema sociopolítico. Lo mismo pasa en la novela egipcia porque Sahriare es la cabeza de la familia, el líder del pueblo y el que manda con una total libertad caprichosa en ambos ámbitos.

6- En los títulos de las novelas los autores fragmentan el tiempo, cuentan sus giros y le dan un número a través del cual se refleja la idea de la redondez y la infinitud del tiempo, tal y como se percibe visualmente a través de los múltiples ceros - en los números “cien” y “mil”- como un intento falso de vallar el tiempo.

7- Las mujeres protagonistas forman las columnas vertebrales de los cuerpos de ambos textos: Úrsula y Sahrazade, de quienes se brota la vida y gracias a ellas se establece el orden.

8- El Matriarcado está enfrentado con el Patriarcado. Si Úrsula trae al hijo y abre el camino a la civilización, José Arcadio Buendía sigue siendo el “rey”. Los gitanos son quienes con cada visita van apartando el patriarca del poder, hasta arrinconarlo definitivamente. Al final el patriarca cae en la locura y Úrsula presenta con toda solemnidad una alegoría del presunto líder. Úrsula lo arriesga todo por jugar un papel duro que José Arcadio Buendía no pudo desempeñar. Úrsula utiliza al indio Melquíades como Sahrazade había acudido a los cuentos, como armas de sobrevivencia. De esta forma termina el patriarcado de José Arcadio Buendía fuera de casa, atado e impotente. El poder fue despojado de él. Ahora, Úrsula no sólo domina en su casa, sino que se ha convertido en la gobernadora de su pueblo.

Lo mismo pasa con Sahriare, que al final aparece resignado y miserable, y deja su casa e incluso su imperio en manos de Sahrazade. Sahriare se consume por las sensaciones de culpa, arrepentimiento y remordimiento. Esta vez, en vez de la locura, cae en la desesperación y el escepticismo, elige perderlo todo y sale errante. Finalmente, Sahriare le pasa el mando a Sahrazade y le dice: ¨El palacio es tuyo, y el de tu hijo que gobernará la ciudad mañana…¨ (p. 258). Sahrazade es, pues, la creciente fuerza unificadora del relato y su núcleo de cohesión.

Ahora bien, vamos a atestiguar, cuestionar y analizar la dialéctica del bien y el mal muy latente en dichas novelas mediante el análisis de la evolución interior de los personajes. Como la mayoría de los novelistas, E.M. Forster -en el Trinity College de la Universidad de Cambridge- sabe que la parte más interesante de la novela son los personajes. En su libro Aspectos de la Novela, él prefiere llamarlos, simplemente, ¨personas¨. En realidad, ¨los novelistas, por regla general, intentan construir sus personajes para que parezcan personas, es decir, para que su comportamiento sea similar a los seres humanos de carne y hueso¨ (Ariza S.A: 18).

En todo caso, no cabe duda que trazar el movimiento interior tanto en los personajes como en las personas, resulta una tarea difícil.

La clasificación de los personajes de Forster es lo siguiente: los divide en personajes planos y personajes redondos. ¨Los personajes planos están construidos a partir de una sola idea o son la personificación de una idea. Los personajes redondos o con relieve son, en cambio, aquellos que parecen tener una vida propia¨ (Ariza S.A: 19). Este último es el caso de los protagonistas de ambas novelas. Estos personajes redondos son conducidos hacia finales sorpresivos y ambiguos que suelen producirse por la misma transgresión de los límites de lo cognoscible, dictados por el Realismo Mágico.

 

La dualidad Bien/Mal:

Tanto en Occidente como Oriente los términos del bien y el mal siempre han coexistido juntos, de una forma u otra, en la larga trayectoria de la lucha humana para sobrevivir los avatares del tiempo.

¨Para conocer el bien, distinguirlo del mal y obrar de modo acorde con ese conocimiento es tan sólo una mitad del la historia del espíritu humano. Porque la otra mitad ha consistido en enfrentarse a los fracasos y peligros de esa ciencia, a sus excesos, sus fraudes, sus vanidades y sus falacias, como si en el conocimiento del bien estuviera siempre entrometida alguna porción de mal y a veces el peor de todos ellos¨.(Valdecantos 2008: 8)

Pues, existen fronteras -obvias y borrosas- entre el bien y el mal en el ámbito moral pero son mutables. En pocas palabras, en el ámbito de la conducta moral, tanto en Oriente como en Occidente, se defienden unos claros principios de comportamiento, tales como: el mal debe ser evitado; el bien, realizado.

La dualidad bien-mal se presenta enseguida en las realidades ficcionales, y cuyo contraste se acrecienta hasta hacerse incomprensible. A través de los desenlaces de las dos novelas se evidencia una total aceptación del destino, y eso es lo que inquieta; no hay lucha, no hay oposición ya que se sabe de ante mano que es inútil. Parece que los pliegues de las novelas esconden una batalla perdida de antemano.

En Cien años de soledad la idea de la maldición implica el concepto de la predestinación al mal. En consecuencia, se nota, muy a menudo, un cambio radical de carácter en los personajes masculinos en el transcurso de sus vidas como un truco camaleónico con el fin traspasar los obstáculos. Pero, ¿en qué dirección se produce el cambio de carácter?

Por ejemplo, el primer Buendía edifica Macondo con cordura y liderazgo incuestionables, pero al final de sus días se apoderan de él la locura y la debilidad. El tercer Buendía empieza como un profesor pacífico y termina como un dictador sanguinario. Finalmente, el último Buendía maduro será el testigo no sólo de su destrucción personal sino también el de la destrucción cósmica, o sea de Macondo.

Por otra parte, y a nivel global, la eterna imagen maldita y terrorífica del niño con cola perseguirá a la descendencia de la familia de Buendía a lo largo de siete generaciones, y finalmente se hará realidad dicha maldición. Lo que nos lleva a pensar que todos esos hombres son el símbolo de uno sólo que está, a su vez, en constante tránsito entre un extremo y otro; y la maldición es lo que da unidad al texto.

En la novela de Mahfuz observamos que Sahriare empieza como un dictador sin piedad, pero con el paso del tiempo su corazón se hace más tierno, gracias a los tres años que ha pasado junto a Sahrazade. Sin embargo, en el último capítulo de la novela, intenta huir de su pasado oscuro y vuelve a caerse en lo mismo después de encontrarse a sí mismo como un fuerte joven errante en una ciudad completamente nueva. Allí, es atraído por otra mujer desconocida que le espera en un palacio espectacular que nunca lo ha visto antes. Esto nos da la sensación de que la historia de Sahriare se repetirá de nuevo. Por otro lado, vemos que un personaje como Gamasa El Bulti, un inspector de policía, empieza su vida como un hombre bueno que defiende a los indefensos; pero se transforma drásticamente con el paso del tiempo y termina protegiendo a los delincuentes.

Muchas veces, las novelas nos ofrecen preguntas sin respuesta en su ambigua presentación, preguntas que no tendrán respuesta sino en la dimensiones ficcionales del texto, cuya meta es una totalidad que explica y justifica el comienzo y el fin. En realidad no se puede llegar a conclusiones exactas como consecuencia de la borrosa finalidad de los acontecimientos narrados en ambas novelas. Pero ahora, sí, podemos responder a la pregunta planteada antes que cuestiona la dirección del cambio de carácter de los personajes. Notamos, pues, que los escritores tienden a empeorar el comportamiento de sus criaturas, o sea, a conducirles de un extremo bondadoso a otro malicioso.

Por otro lado, el Realismo Mágico demuestra la capacidad del novelista de trascender el realismo a través de distintos mecanismos, y la misma libertad la aplica en verter su perspectiva del bien y del mal. Por último, el lector se deleita en el manjar repleto de antítesis y dualidades perseguidas por los dos escritores en sus técnicas narrativas. Pero su técnica favorita sería la de construir y destruir a los personajes, otorgándoles cualidades contradictorias, como acabamos de ver.

Por lo tanto, las dos novelas no sólo cambian nuestra perspectiva de la realidad, sino también nuestra percepción del Bien, y advierten sus secuelas en el mismo plano de la realidad ficcional. Pero, hay algunos críticos que piensan que en Cien años de soledad ¨no hay nadie cuya bondad merezca ser detallada. Todos tienen su parte de maldad y, gracias a ella, son castigados con una justicia no exenta de crueldad. Los pocos buenos –con un porcentaje de tontez- desaparecen poco menos que sin dejar huella.¨ (Montaner 1987: 27-28). Esta opinión expresada ahora nos lleva a pensar que el mal está situado por encima del bien en la novela colombiana. Entonces, el bien está desarmado y ocultado a propósito, es decir, amarrado por el mal. Asimismo, el escritor egipcio pone en cuestión la potencia del bien y sus posibilidades limitadas en derrotar el mal, por ello mismo, ¨para que triunfe el bien, ha acudido a una solución mágica representada en aquel genio extraído de las profundidades de Las mil y una noches.¨ (Abu-Ahmad 2009: 30). De modo que el final ambiguo de la novela, ya que no sabemos si Sahriare muere o no, deja entreabierta la puerta por una posible salvación. Por otro lado, descubrimos que, para Mahfuz, el bien debe ser apoyado siempre, pase lo que pase, hasta con los medios más irracionales.

La equiparación entre la realidad y la ficción novelística es posible, y analizar la ficción como si fuera realidad, también. Lo mismo pasa con los dos primeros conceptos opuestos que sostienen nuestra existencia: el bien y el mal. Notamos que uno está en primer plano detrás del cual se esconde el otro. Por ello mismo, la irrupción del bien altera instantáneamente el mal.

Por ejemplo, cuando la tía, Amaranta Úrsula, y su sobrino, Aureliano Babilona se quedan solos, se enamoran y mantienen una relación incestuosa. Una vez, en el medio del coqueteo, estaban a punto de ser descubiertos. ¨Aquel episodio sacó a Amaranta del delirio. Se dio cuenta de que había llegado muy lejos…y la cortó (la relación incestuosa) de un tajo.¨ (p. 192). Presenciamos, pues, cómo se irrumpe la moral en el medio del contexto incestuoso y cómo se despierta la conciencia de la tía. Aquí, la virtud está ocultada en el vicio.

En la novela egipcia, la embriaguez se apodera de Nur El- Din y DuniaZade hasta que cometan un adulterio. Entonces, Duniazade, la hermana de Sahrazade, ¨grita desesperadamente: Esta es la locura, y mira a su alrededor y grita otra vez: Esto es la destrucción…¨ (p. 95). La joven se queda embarazada de un niño bastardo, y su madre intenta obligarle a que lo aborte. Se transmite, pues, un ambiente caracterizado por la ausencia de la moral, pero cuando el joven Nur recupera la cordura surge una descripción sorprendente del mismo como ¨creyente y sincero¨ (p. 95). En las convicciones islámicas, u orientales en general, el hecho de designar a la misma persona dos cualidades tan opuestas como ¨adúltero¨ y ¨creyente¨ choca bastante. Así, concluimos que Mahfuz quiere diluir esa oposición chocante, y poner de relieve el hecho de que bajo esa imagen de malo yace otra totalmente opuesta, la del joven bueno.

Como señala Eco, un texto es una ¨máquina de sentido¨, un conjunto de pistas que sólo funciona cuando el lector la pone en marcha y la alimenta con su propia visión o experiencia. La mente humana necesita asirse a ciertos datos y referencias conocidas para poder interpretar la situaciones novedosas. Una vez más, en ese proceso de construcción de la realidad que se lleva a cabo cuando el observador completa la realidad observada, los precedentes del imaginario desempeñan un papel fundamental. Esa dimensión fantástica, dotada de demonios, genios y hadas, fue bien alimentada desde la época de la infancia de ambos escritores.

Lo comprobamos gracias a los cuentos de la abuela que ensancharon la capacidad imaginaria de su nieto, Gabriel García Márquez, y por otro lado, a la gran influencia de los cuentos Las mil y una noches que inspiraron a muchos artistas del mundo, como Naguib Mahfuz. Esta obra, sobre la que Mahfuz reedificó su novela, refleja todos los planos de la existencia humana que se interponen y se cruzan como la realidad y la fantasía, la vigilia y el sueño o el bien y el mal. En la novela colombiana, percibimos a los gitanos como sinónimo del poder mágico y como portadores de una porción ambigua del mal. Por otro lado, en la novela egipcia, percatamos que los genios, poderosos y muchas veces malvados, son la encarnación del elemento fantástico que invade el espacio novelesco de forma notable.

Ambos conjuntos de cuentos que influyeron a García Márquez y a Mahfuz - los cuentos de la abuela y Las mil y una noches- hunden sus raíces en lo popular y en los mitos de la tierra. La identidad narrativa exige, por tanto, una tarea circular porque estamos obligados a contar las historias ya contadas para afrontar las nuevas vicisitudes. Y esta es una de las pretensiones fundamentales de nuestros escritores: crear y recrear mundos ficticios -emanados del subconsciente cultural del colectivo- que proyectan cuestiones emblemáticas del momento.

 

Los protagonistas y los movimientos del alma:

En el sistema moral ¨deberían entrar elementos tan difíciles de ensamblar como bienes, intenciones, fines, obligaciones, pasiones, virtudes, pecados, prohibiciones, creencias sobre la naturaleza humana, la muerte o los dioses¨ (Valdecantos 2008: 23). Estos son los ¨movimientos del alma¨ según los términos de Platón.

Hemos intentado aproximarnos a estos movimientos internos para detectar el cauce que toman el bien y el mal en sus adentros; trazando, así, la evolución de los protagonistas.

En primer lugar, cuando el patriarca cae en los delirios de la grandeza, se vuelve totalmente ineficaz y vulnerable a las ganas de hacer el mal, y perjudica la familia y el colectivo, como se lo han hecho José Arcadio Buendía y Sahriare a sus familias y a sus comunidades.

El espacio de la moral es el de la interioridad transparente y aquello que tiene que turbarlo es inmoral. La moralidad moderna exige la pureza de intención- como indican los viejos mandatos de la Biblia y del Corán- pero, al no tener fuerza exterior, la moral o la intención es insuficiente. El primer Buendía quería levantar una comunidad y Sahriare anhelaba mantener el orden en su sociedad. Pero pronto nos sorprende la realidad caprichosa del hombre a causa de su acto de violencia, su angustia, su obra y su destino. Por eso, José Arcadio Buendía cae en la locura y Sahriare, en el limbo, y los dos protagonistas pierden toda su grandeza al final y fracasan en salvar sus pueblos que van camino a la destrucción.

Efectivamente, viene la destrucción total, ya que llega el huracán que borraría Macondo, como castigo de la violencia del hombre que arrastra la corrupción a los terrenos más inhibidos como el de la moral. Y la ciudad de Sahriare se hunde poco a poco en la corrupción y los habitantes sufren una epidemia psicológica de desgarramiento total. Lo que podemos verificar a través de la frecuente aparición del incesto, la violación y los asesinatos en las obras.

En la novela colombiana, estas conductas malvadas vienen agrupadas en el episodio del nieto bastardo José Arcadio que encuentra el tesoro de Úrsula, pero un día, entre juegos y mal humor, unos amigos le ahogan. Parece evidente que García Márquez busca y rebusca la inevitable fatalidad del hombre, pero, curiosamente, nos transmite el hecho de que es una fatalidad buscada también por los hombres. Lo mismo sucede en la novela egipcia cuando nos chocan la violencia, la violación y el asesinato en el episodio del comerciante Sunan El-Gamali que viola a una niña de nueve años y, después, la mata. Más tarde, vemos que Sunan, tras asesinar al bruto alcalde, es castigado por ello y su cabeza es cortada por la espada.

Ahora bien, todos estos personajes coexisten en la realidad ficcional del texto y la falta de moral revela el presentimiento de ambos escritores de que el futuro de nuestra existencia está constantemente amenazado. Ya que ¨la moral es un programa de futuro, y el futuro mismo es un tiempo moralmente concebido (…). La conciencia es una interioridad impersonal y precisamente por esto resulta ser universal¨ (Valdecantos 2008: 25). Esta universalidad de la conciencia humana se refleja a través del último mensaje que transmiten las historias de los protagonistas. El último Buendía toma conciencia de que hay un fin y no se puede escapar; mientras que Sahriare se vuelve consciente del hecho de que nunca habrá un fin. Sin embargo, los dos protagonistas se sienten atrapados y predestinados como última sensación y única conclusión. De alguna forma, esta sensación final de pérdida anticipada manipuló sus decisiones futuras y les llevó a la violencia como arma para defenderse contra el ataque permanente del tiempo.

Por otra parte, Erich Fromm, un riguroso pensador además de psicoanalista, hace una clasificación de los tipos de violencia. Aplicando dicha clasificación, nos damos cuenta de que José Arcadio Buendía se somete a ¨la violencia vengativa ¨ ya que ¨no es defensiva porque la violencia ha entrado en juego y lo que queremos con ella es restaurar nuestra autoestima frente al insulto o las injurias de los que hemos sido objeto.¨ (Cooper 2009: 178). Por eso, dentro de esta categoría de violencia encontramos que José Arcadio Buendía mató a Prudencio Aguilar porque éste le había criticado e insultado. Por eso, para recuperar la autoestima, José Arcadio Buendía acude a la violencia vengativa y lo mata.

Formm habla también de ¨violencia compensatoria¨ que explica la conducta hostil de Sahriare cuando mata a las mujeres y a los hombres que se interponen en su camino, por un lado; y cuando le invaden las sensaciones de impotencia y resignación innegables en sus últimos días, por otro. Lo comprueba la siguiente explicación de esta modalidad en la que, ¨el impulso destructivo es una compensación de la sensación de impotencia que tiene uno (…). Cuando se pierde poder, capacidad para dominar y dirigir la propia voluntad y las energías necesarias para llevar a cabo un objetivo concreto, la violencia compensatoria intenta ¨suplir¨ los sentimientos de impotencia que le embargan a uno.¨ (Cooper 2009: 17).

En cuanto a las mujeres protagonistas, Úrsula y Sahrazade, vemos que están armadas por el coraje. ¨El coraje o el valor es el punto de partida de todo proyecto personal de bondad.¨ (Moriyón 2008: 207). La bondad comienza cuando vencemos el miedo y nos negamos las limitaciones de la cobardía. Úrsula y Sahrazade siempre han hecho frente a la situación que les ha tocado vivir, han luchado contra los posibles peligros y no han arredrado ante las amenazas del tiempo. Las mujeres buscaban el bien, intentaban realizarlo y se empeñaron en mantenerlo; conservando, al mismo tiempo, su propia actitud equilibrada y estable ante los cambiantes rostros del tiempo. En conclusión, hallamos en los personajes femeninos una fuente inagotable de bondad. Las mujeres en estas novelas cumplen con esta regla porque siempre han tenido valor a luchar. Entonces, Úrsula y Sahrazade se consideran la causa principal en mantener la moralidad intacta, y en función de la unidad del texto.

 

El colectivo y los impulsos buenos y/o malos:

Para hablar del colectivo debemos recurrirnos a los principios de una conducta cooperativa de cualquier comunidad, que exige la práctica de la justicia, la obediencia y la laboriosidad; cuyo fin es establecer el orden y crear la felicidad. Sin embargo, ¨la estofa moral humana es constitutivamente astuta y si no lo fuese no habrá manera de asegurar una actuación conforme a la moralidad. Lo que le ocurre es que dicha astucia le resulta servicial y benefactora: no es un demonio, sino un hada¨ (Valdecantos 2008: 27-28). Aquélla hada que evoca Goethe trae consigo una parte de aquella fuerza que quiere siempre el mal y siempre crea el bien, o viceversa. Es decir, la estructura ambigua del hada, y no la malvada del demonio ni la bondadosa del ángel, sugiere establecer un nexo, aunque parezca borroso, entre el bien y el mal. Así que, a veces no importan las intenciones sino las consecuencias de los actos. José Arcadio Buendía y Sahriare optaron por la construcción, el cambio y el poder, pero el resultado fue todo lo contrario porque reinó la destrucción, la corrupción, y hasta la muerte.

¨El sentido del bien y del mal recién se nos revela cuando los elementos en su disparidad esencial: el impulso malo - en tanto pasión humana- o sea, un poder propio del ser humano- sin la cual no podemos engendrar ni criar hijos, pero que, liberada de antojo, carece de dirección y no lleva a ninguna parte; y el impulso bueno en tanto la dirección pura, es decir, es decir, la dirección incondicionada, o hacia a Dios. Unificar los dos impulsos equivale a darle a la potencia sin rumbo de la pasión la dirección que la capacita para el gran amor y el gran servicio. Sólo de esta forma puede el ser humano hacerse íntegro.¨ (Buber 2006: 160)

Ahora bien, examinamos aquella integridad anhelada en los personajes de las dos novelas, arrojando un poco de luz sobre sus impulsos buenos y malos, difuminados por el Realismo Mágico.

Ahora bien, notamos que solo Adán ha tenido la oportunidad de disfrutar de la bondad absoluta durante algún tiempo, pero el resto de los seres humanos no han tenido nunca esa oportunidad ya que vienen culpables y corruptos al mundo. El pensamiento cristiano se mueve en otra dirección por su concepción del pecado original. Pero según la tradición islámica no nacemos culpables, sino nuestra obra nos conduce más tarde a la misma sensación de culpabilidad. Así que, el flujo del pensamiento religioso de Oriente y Occidente toma diferentes cauces al principio; pero al final desemboca en lo mismo: la culpabilidad.

Por ello mismo, cabe subrayar el hecho de que nuestros escritores comparten una visión bastante parecida del mundo, y sostienen que no hay esperanza utópica en una mañana mejor. Siempre un castigo divino inevitable alteraría las vidas humanas como la aparición de la peste del insomnio, que mantenía despiertos a todos los habitantes de Macondo, o las justificaciones, poco frecuentes, relacionadas con los rumores sobre los crímenes que cometió el comerciante Sunan El-Gamali, que proponían que todo ello fue producto de una mordedura de perro, lo que había difundido una especie de enfermedad maligna.

Paralelamente, gracias al aire misterioso que sopla el Realismo Mágico en la novela colombiana, se respira la dualidad del bien y el mal en hechos que alteran a la comunidad macondina, como el diablo que aparece con toda naturalidad como mediador en las disputas de los contadores de décimas. Por otra parte, el bien no deja de ser latente y surge Jesús que entra en las casas de los pobres, disfrazado porque quiere saber por sí mismo si la gente es hospitalaria con el peregrino, como él ha mandado. En suma, es un mundo de seres imaginarios y opuestos donde se rozan pero no se enfrentan. Jesús y el diablo constituyen dos símbolos principales del bien y del mal; quizá, con el propósito de resaltar esa permanente coexistencia entre los dos conceptos antitéticos. En esta misma línea fantástica, los dos conceptos antagónicos se dan en la novela egipcia a través de la constante aparición de los genios buenos y malos que mantienen unas conversaciones con los diferentes personajes. Los genios, a veces, les obligan a matar, como el genio Quemcam que convence al comerciante para que mate al alcalde o Sengam que persuade al policía para que acabe con su jefe; y otras veces les ayudan en encontrar el amor de su vida, como lo que hizo una pareja de genios, Sajrabut y Zurumbaha, para reunir en una historia de amor entre Nur El-Din y Duniazade.

Por otra parte, el colectivo vive angustiado por su condición mortal y temporal, y procura hallar soluciones posibles o no. En The Denial of Death de Ernest Becker, una obra que precedió a su obra más importante y definitiva: Escape from Evil, dice que ¨los seres humanos nos pasamos la vida reprimiendo nuestra propia mortalidad cuando intentamos de modo totalmente narcisista sacar a relucir unas ansias profundas de ser héroes. Este heroísmo niega nuestra finitud, nuestra vulnerabilidad y el inevitable encuentro con la muerte¨ (Cooper 2009: 192). Pues, nuestra primera lucha sería contra la consciencia de nuestra propia muerte. Queremos ser nuestro propio creador, convertirnos en el único dueño de nuestro destino y apoderarnos de la decisión final de nuestra exterminación. En pocas palabras, aspiramos ser nuestro propio Dios.

La convicción de Becker es muy simple: ¨por el miedo que sentimos a la muerte y por los intentos que hacemos para escapar de su realidad, nos implicamos en el mal, en unas vidas destructivas. El mal es un subproducto de nuestro temor a la muerte y del rechazo de nuestra propia finitud¨ (Cooper 2009: 196). Este rechazo a la muerte está interpretado en las guerras declaradas de Macondo y en las luchas ilícitas entre las poderosas figuras de la ciudad de Sahriare. Este miedo a la muerte se tiñe con la brocha del realismo mágico de García Márquez que devuelve a los muertos a la vida para aterrorizar a la sociedad macondina, por un lado, y para enfatizar ese temor a la muerte que nos persigue, por otro. También, Mahfuz resucita a los muertos de una forma completamente fantástica, cuando evoca al monstruo ¨que le ha devuelto (a Sahriare) a la tierra.¨ (p. 269)

Por otra parte, no podemos detener esa necesidad frenética de tener más, lo que significa casi siempre que los demás se quedan con menos. Esa ansiedad de trascender nuestra mortalidad nos lleva a comportarnos de forma inmoral, y el mal puede alcanzar su máxima manifestación cuando matamos al otro. Por ejemplo, presenciamos las desgracias de las masas en la masacre de miles de personas de la compañía bananera. Esta matanza fue tan cuidadosamente ocultada por las autoridades y por los empresarios de la compañía que, a pesar de haber tenido lugar en Macondo, nadie en Macondo se enteró de ella. Los cadáveres fueron sacados de la villa en un tren de la compañía. Por otra parte, Mahfuz inaugura su novela haciendo ilusión a ¨un hombre que su historia está repleta de prepotencia, crueldad y sangre de los inocentes¨ (p. 3), que es Sahriare; a través del cual el escritor revela la máxima manifestación del mal.

En consecuencia, ¨matar a otros se convierte en una manera de exorcizar la muerte propia. Al ser testigos de la muerte ajena, perpetuamos la ilusión de que escapamos de ella¨ (Cooper 2009: 197). Para continuar el episodio del masacre, observamos que en este tren sólo iba uno vivo, aunque herido, que es José Arcadio Segundo, y logra saltar a tierra sin que nadie lo vea. Pero nadie ha podido verlo después, porque aquella matanza fue borrada de la memoria colectiva. Parece que el pueblo está determinado a olvidar la muerte de los demás para poder olvidar la idea de su propia muerte. Por otra parte, existe otro método que los personajes adoptan para escapar de la muerte, el mayor mal, que es causarlo, es decir, matar a los demás. Por ello mismo, vemos cómo los protagonistas, como Sahriare o Sunan o Gamasa, causan el mal en sus intentos por triunfar sobre él.

Asimismo, el campo semántico de los asesinatos encierra, lógicamente, mucha violencia ya que la última finalidad de la violencia es la supervivencia. Por otra parte, la competitividad provoca la agresión. Esta hostilidad puede despertarse por la comida, el territorio o el apareamiento. David Buss estaba interesado en establecer una relación entre la competitividad en la reproducción y la agresividad, traducidos en asesinatos. La competencia reproductiva es la mayor causa, como sugiere Buss, ya que ¨el que uno resulte asesinado es, desde una perspectiva evolucionista, doblemente malo¨ (Cooper 2009: 112). Comprobamos el significado anterior a través de los asesinatos de Prudencio Aguilar, y de Ali El Suluki, el visir.

Las guerras de Macondo y las luchas subterráneas en el reinado de Sahriare, resaltan el hecho de que nos centramos constantemente en que el enemigo nos amenaza para destruirnos. Finalmente, combatimos el mal del enemigo, pero matando a personas de carne y hueso. La obediencia destructiva por parte del pueblo de Macondo y la conspiración de algunos visires con el fin de establecer el bien, nos hace preguntar: ¿el bien para quién?

Esto nos ayuda, en efecto, a desplazarnos al punto de vista del ¨nosotros y los otros¨, que radicalmente divide las personas en ¨buenas¨ y ¨malas¨. Por eso, he optado por añadir la palabra ¨dualidad¨ a los dos conceptos antagónicos con el fin de clarificar su coexistencia en el Cosmos y el microcosmos. Sin embargo, hay algunas opiniones, como la de Terry D. Cooper, que admiten la posibilidad de que el mal, en algunas circunstancias, pueda darse en estado puro a la vista de su naturaleza oscura y tentativa.

En suma, comparto con la opinión siguiente esa postura dual ya que todo lo mencionado antes ¨indica que somos seres algo contradictorios o, más bien, paradójicos, una fuente inagotable de sorpresas: la paradoja no puede ser superada y tan sólo cabe asumirla¨ (Moriyón 2008: 69).

 

Conclusiones:

La ciencia del bien y del mal es el más antiguo de todos los saberes humanos; también el más anhelado y el más temido. En realidad, nadie ha llegado a descifrarlo por completo. Sin embargo, el hombre toma conciencia de la antítesis, pero a diferencia de Dios, el hombre no puede estar por encima de ella. Lo que nos explica los desenlaces de las novelas, llevados a cabo por una fuerza superior que desarma la voluntad de las personas.

El mundo representa, pues, un complicada encrucijada entre las manifestaciones del bien y del mal, a pesar de sus anomalías. Hemos atestiguado no sólo la dualidad del bien y del mal en las novelas, sino también su apareamiento de un modo singular gracias a la técnica narrativa del Realismo Mágico, empleada por García Márquez y Naguib Mahfuz. Hasta estos días, es difícil saber justificar del todo la presencia de lo insólito en las novelas de los dos maestros de la narrativa hispanoamericana y árabe, ni ser completamente conscientes de la técnica utilizada para dilatar la tensión ante lo imprevisto o irremediable de las fuerzas ocultas o fenómenos inexplicables que insertan con mucha arte. Sin embargo podemos confirmar que es una delibrada ambigüedad por parte de ambos escritores.

De este modo, la alternativa y progresiva invasión del bien y el mal ante lo inexplicable está magníficamente calculada. Por lo tanto, percibimos que, gracias a su arte de narrar, García Márquez ¨convierte el mal en belleza porque se da cuenta de que nuestra historia no es sólo fatal: también, de una manera oscura la hemos deseado. Y convierte el mal en humor porque, deseado, no es una abstracción ajena a nuestras vidas.¨ (Fuentes 1971: 113). Asimismo, esa alternancia viene bien definida por el visir Dandan, el padre de Sahrazade, cuando le dice a Sahriare que ¨ el mal y el bien son como la noche y el día¨. Sin embargo, notamos que el mal precede el bien o lo guía y lo acompaña para siempre.

Se une a ello el interesante planteamiento estructural del tema y el atractivo retrato de los personajes. Pues, se introduce un problema real y una solución se ofrece por una fuerza extraña. Para los autores lo fantástico, materializado en algo desconocido, irrumpe de una forma latente y plantea la idea de que existe una dimensión no controlable por nuestros sentidos. El Realismo mágico viene a ser, en consecuencia, una superación del realismo, sin negarlo, añadiéndole otra dimensión (la mágica, maravillosa o misteriosa) que capte metafóricamente elementos de la ¨otra¨ realidad. En consecuencia, en las novelas se denuncian los males cometidos por las personas en América Latina y el Mundo Árabe, por un lado; y se definen las características del imaginario hispanoamericano y árabe, por otro.

Por otra parte, podemos deducir que, dentro de la realidad que plantean ambos escritores, los personajes o las personas – según los términos de E.M. Forster - no son felices y están totalmente desarmados, especialmente los personajes masculinos.

En última instancia, en las novelas, los hombres buscan un sentido superior después de tanto ajetreo entre los sentimientos más opuestos; y entre lo que dicta el bien y el mal sobre su conducta. Ni siquiera el amor ha podido otorgarles una posible salvación de su finitud, ya que todas esas personas, que desfilan en las páginas de las novelas colombiana y egipcia, están condenadas a la soledad, al miedo, al escepticismo y hasta a la destrucción. En Cien años de soledad se refiere, en muchas ocasiones, a la situación lamentable y a la postura indefensa del patriarca como un hombre ¨ahogado y solitario¨ (p. 191) o como ¨un huérfano grande y solo¨ (p. 100). En Las veladas de las mil noches se confirma la misma sensación de aislamiento del patriarca en las últimas páginas de la novela, como una especie de conclusión final, cuando le vemos ¨abandonar el trono, la riqueza o a la mujer y al hijo…Se vio obligado a retirararse ante la revolución de su corazón…¨ (p. 263).

Resulta que la muerte es la gran protagonista y el último mandamiento, que debe ser llevada a cabo y compartida por todos los personajes invadidos por el bien y/o el mal. Para el escritor colombiano todo llega a un fin: las vidas humanas, la historia y la Creación, lo que explica su postura resignada ante la irreversibilidad del tiempo. Mientras que para el escritor egipcio todos los personajes buscan un fin sin encontrarlo y se marean en el remolino del tiempo. Siempre se repetirán los mismos arquetipos reales e imaginarios, porque, curiosamente, no sabemos si Sahriar está muerto o devuelto a la tierra para reanudar su vida anterior. Probablemente, Mahfuz sigue buscando otra solución o alternativa, pero todavía no la ha encontrado. Esta sería la línea divisora del planteamiento temático de las dos novelas.

Los descendientes en Macondo parecen estar perseguidos por una única realidad que es la muerte, pero es una muerte violenta y malvada: uno muere de un disparo en el oído mientras que otro intenta suicidarse pero falla en encontrar el lugar de su corazón. Un nieto es fusilado, el otro, atravesado por la espalda. Los bisnietos gemelos mueren en el mismo día y su hermana, un tiempo antes, subió al cielo. Hasta los tataranietos, una muere en Cracovia, el otro ahogado en una bañera, y otro es arrasado por un huracán; mientras que el último, un niño, se lo comen las hormigas. Observamos la multiplicación del número de muertos a lo largo del tiempo y la variedad de las causas mortales; pero en total proyectan una muerte poco justificada y a veces irracional. Es evidente que García Márquez trata a sus personajes con la misma arbitrariedad del destino, haciendo hincapié sobre su inevitable fatalidad e excesiva irracionalidad.

Los personajes principales de Las veladas de las mil noches se encuentran atrapados en la cadena o la condena perpetua de la muerte. Una niña es violada y degollada. Su asesino sale con la suya, pero es utilizado por un genio para que mate al alcalde tirano del barrio. Después de conseguirlo, su cabeza es cortada por la espada como castigo del segundo crimen que ha cometido. Otro se entristece por la muerte de este amigo, por eso coge esa cabeza y la cuelga en la puerta de su casa, pero más tarde ahoga, a su vez, a su jefe. Y sigue una serie de matanzas exageradas, probablemente, para confirmar el hecho de que los impulsos malos se multiplican y no se pueden controlar.

Finalmente, cabe concluir que hay una complicidad ilícita y a veces explícita entre el bien y el mal en las obras, que se conjugan en una dualidad, como es habitual, muy ambigua. Los dos conviven en una vida secreta en el que uno intenta evitar al otro y no pensar en él; y cuando se rozan, en un momento de profunda reflexión o de fuerte coacción, un apocalipsis amenaza con finalizar nuestra tormenta, y así terminaron los relatos de Gabriel García Márquez y de Naguib Mahfuz.

Podemos recalcar, también, el hecho de que no exista una unanimidad sobre la última metáfora que sugieren las dos novelas. No obstante, se puede decir, como afirma E. Rodríguez Monegal, que en el fondo de Cien años de soledad ¨hay una última revelación totalmente metafísica¨ (Shaw 1985: 112). La misma relatividad de opiniones la encontramos con respecto al mensaje final que propone la novela egipcia, Las veladas de las mil noches. Sin embargo se puede revelar el fondo ideológico de la novela, desde el principio, mediante el breve diálogo entre el visir Dandan y Sahriare cuando éste reflexiona diciendo: ¨!La existencia es lo más misterioso de la existencia!¨(p. 4). Todo ello refleja sus respectivos conceptos existenciales ante la ambigua realidad humana.

En realidad, no todos los mundos narrativos que edifican con maestría son ficticios, porque en ellos condenan sus propias realidades y cuestionan el dilema del Bien y el Mal, con una dimensión mítica- legendaria. Una problemática que sigue latente en nuestra vida cotidiana hasta hoy en día. En la solución y la disolución finales de los acontecimientos novelísticos, notamos que los personajes de García Márquez anhelan ser redimidos del ser porque no hay posibilidad de salvación, mientras los de Mahfuz esperan la consumación en el ser porque hay una posibilidad de redención. Esta sería la diferencia fundamental entre las dos novelas.

Detrás de esa vaga alegoría del pecado original se esconde la visión negativa de García Márquez, que se traduce en una perpetua culpabilidad por el mal que engendran las infracciones que cometen los protagonistas según la historia bíblica. Es decir, el mal siempre vencerá el bien porque el único que ha podido disfrutar del bien absoluto fue Adán, como hemos mencionado antes. En cambio, Naguib Mahfuz no sólo lamenta el paraíso perdido por la culpa compartida, por igual, por Adán y Eva, según el texto coránico; sino también enfatiza el eterno acoplamiento del bien y el mal, haciendo hincapié sobre el continuo crecimiento del espacio infernal.

En el medio de tantas reflexiones metafísicas ocultas en los pliegues de las novelas, ¨se deduce que la claridad no constituye el único secreto que permite gozar de los significados literarios¨ (Tabana 1984: 122). La ambigüedad también desempeña un papel importante que puebla el interior del lector con las sensaciones más dispares que se agrupan alrededor del bien y del mal; tal y como lo hemos comprobado en este viaje analítico de los movimientos del alma de los personajes principales de García Márquez y de Mahfuz. Por último, cabe mencionar que las dos novelas son el fruto de una imaginación fecunda, por parte de ambos escritores universales, y de un imaginario colectivo, elevado a las más altas categorías literarias.

 

1. Bibliografía en español:

1.1. Literatura Hispanoamericana:

Aínsa, Fernando 2003, Narrativa hispanoamericana del Siglo XX. Del espacio vivido al espacio del texto, Zaragoza: Prensas Universitarias de Zaragoza.

Ariza, Guadalupe Fernández (Coord.) S.A., Literatura hispanoamericana del Siglo XX. Imaginación y fantasía, Málaga: Thema.

Cobo Bordas, Juan Gustavo (Compilador) 2008, El arte de leer a García Márquez, Barcelona: Belacqua.

Fuentes, Carlos 1971, Sobre García Márquez, Montevideo: Ed. P.S. Martínez.

Gálvez Acero, Marina 1981, La novela hispanoamericana del siglo XX, Madrid: Editorial Cincel.

——1987, La novela hispanoamericana contemporánea, Madrid: Taurus.

García Márquez, Gabriel 1990, Cien años de soledad, Madrid: Espasa Calpe.

Marco, Joaquín 1987, Literatura hispanoamericana: Del Modernismo a nuestros días, Madrid: Espasa Calpe.

Montaner, María Eulalia, 1987 Guía para la lectura de Cien años de soledad, Madrid: Editorial Castalia.

Roy, Joaquín (Compilador) 1978, Narrativa y Crítica de Nuestra América, Madrid: Editorial Castalia.

Shaw, Donald L. 1985, Nueva narrativa hispanoamericana, Madrid: Cátedra.

Villanueva, Darío y José María Viña Liste 1991, Trayectoria de la novela hispanoamericana actual. (Del Realismo Mágico a los años ochenta Madrid: Espasa Calpe.

1.2. El Bien y el Mal:

Buber, Martin 2006, Imágenes del bien y del mal, Buenos Aires: Lilmod.

Cooper, Terry D. 2009, Las dimensiones del Mal: Perspectivas actuales, Bilbao: Mensajero.

Hauser, Marc D. 2008, La mente moral, cómo la naturaleza ha desarrollado nuestro sentido del bien y del mal, Barcelona: Paidós.

Lara, María Pía 2009, Narrar el mal. Una teoría posmetafísica del juicio reflexionante, Barcelona: Gedisa Editorial.

Moriyón, Félix García 2008, Sobre la bondad humana, Madrid: Biblioteca Nueva.

Recuero, José Ramón 2009, La cuestión del bien y del mal. Diálogos con Hume, Kant, Schpenhauer y Zubiri, , Madrid: Biblioteca Nueva.

Safranski, Rudiger 2000, El mal o el drama de la libertad, Barcelona: Ensayo Tus Quets Editores.

Valdecantos, Antonio 2008 La fábrica del bien, Madrid: Sintésis.

 

2. Bibliografía en árabe:

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Abu-Ahmad, Hamid 2009, El Realismo Mágico en la novela árabe, El Cairo: Consejo Superior de Cultura.

Abu El-Ila, Ahmad Abdel Razek 2009, La cultura de la violencia y el terrorismo. Una lectura de los cuentos de fin de siglo, El Cairo: El Consejo Superior de Cultura.

Al-Anani, Salwa (Coord.) 2006, Entrevistas y diálogos con Naguib Mahfuz, El Cairo: Editorial Egipcia-Libanesa.

El-Chafi, Cherif 2006, El espacio popular en la narrativa de Naguib Mahfuz, El Cairo: Editorial Egipcia-Libanesa.

Farid, Maher Chafik 2007, Sobre Literatura y Crítica, El Cairo: Autoridad Egipcia General del libro.

Hanura, Masri 2007, Naguib Mahfuz y el arte de fabricar la genialidad, El Cairo: Editorial El Shorouk.

Id, Hussin 2002, Naguib Mahfuz. Una novela anónima y una experiencia única, El Cairo: Editorial Egipcia-Libanesa.

——2006, El viaje de la muerte en Naguib Mahfuz, El Cairo: Editorial Egipcia-Libanesa.

Mahfuz, Naguib (S.A.), Las mil noches, El Cairo: Editorial Maktabat Misr.

Tabana, Badawi 1984, Cuestiones sobre la Crítica Literaria, Riyad: Editorial Al-Marij.

Varios Autores 2005, La Historia de la Literatura Árabe, El Cairo: Editorial Al-Adab.

Zaki, Ahmad Kamal 1972, La nueva crítica literaria. Orígenes y tendencias, El Cairo: Autoridad Egipcia General del libro.

 

© Rasha Mohamed Abboudy 2011

Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

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