Análisis de las variables espacio-tiempo en Real Sitio de José Luis Sampedro

Marta Manrique Gómez

Middlebury College (USA)


 

   
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Resumen: En Real Sitio, José Luis Sampedro busca entronizar el pasado histórico sobre la cotidaneidad, porque el pasado encierra para él lo fascinante, la clave de su verdadera existencia. Dicho pasado representa todo aquello que, si por un lado aleja al autor del ámbito de lo real, por el otro, le permite llegar a entender mejor su vida en el presente. El autor plasma su manera particular de entender el mundo y lo consigue a través del juego con distintos elementos del pasado histórico.
Palabras clave: José Luis Sampedro, novela histórica. pasado, narrativa española.

 

En su novela histórica Real Sitio, José Luis Sampedro busca entronizar el pasado histórico sobre la cotidaneidad, porque el pasado encierra para él lo fascinante, lo inalcanzable, la clave de su verdadera existencia. En realidad, dicho pasado representa todo aquello que, si por un lado aleja al autor del ámbito de lo real, por el otro, le permite llegar a entender mejor su vida en el presente. En Real Sitio, novela publicada en 1993 y ambientada en dos épocas de fuerte crisis social y política dentro de España, la época del Aranjuez de Carlos IV, que precede al desarrollo del renombrado Motín de Aranjuez, y la correspondiente al Aranjuez de 1930, que vislumbra el fin del reinado de Alfonso XIII y el advenimento de la Segunda República, el hilo conductor que da vida a toda la novela es precisamente el intento de recuperación del pasado. Apoyándose en dicho elemento temporal circunscrito en un mismo espacio, la villa de Aranjuez y su palacio real, Sampedro consigue reconstruir en su novela los más de treinta meses en que se desarrolla este conflictivo fragmento de la historia de España.

Curiosamente, de las dos épocas recién mencionadas, el autor siente especial predilección por la primera, la correspondiente al siglo XVIII. Así lo menciona en una de las entrevistas concedidas a Gloria Palacios: “ese siglo es mi época favorita, porque me parece que en ella hay un cambio de rasante en el que se equilibran la racionalidad y la sensualidad. Se le llama el Siglo de las Luces, pero es también de una sensualidad extremada y en él está naciendo lo que luego sería el Romanticismo. Me parece el apogeo de la cultura moderna” (Gloria Palacios 1996: 80). Aunque el Motín de Aranjuez ocurrió, en realidad, en los albores del siglo XIX, dicha época es, en su opinión, dieciochesca en su esencia porque a lo largo de ella se siguen confundiendo indistintamente elementos racionales con otros irracionales.

A modo general, a pesar no sólo de la importancia que la novela Real Sitio ocupa dentro del universo literario de Sampedro, sino también de la enorme relevancia de la figura del mismo Sampedro como intelectual y humanista dentro del panorama cultural español del momento, el análisis tanto de su novela Real Sitio, en particular, como del resto de su rica y compleja obra literaria, siempre a caballo entre la narrativa y el ensayo, ha logrado atraer hasta ahora el interés de un reducido número de investigadores. Dicha escasez de estudios justifica con creces que muchos aspectos de su narrativa sigan demandando, en el momento presente, nuestro inmediato estudio y atención. En concreto, los trabajos son significativamente escasos en lo que respecta al tratamiento del tiempo y la historia a lo largo de toda su obra.

En relación al caso particular de la novela Real Sitio, algunos estudios publicados hasta ahora y dignos de mención son el de la investigadora M. Moreno Martínez en el que se resuelve que la estructura dual que late a lo largo de toda la novela es una sintética forma unitaria a la que la autora define como “una síntesis abarcadora de contrarios” (Moreno Martínez 1997: 44), complementado por el análisis que aportan algunas breves reseñas y artículos periodísticos del momento. Cabe destacar también, por un lado, el trabajo del hispanista francés Y. Lissorgues en el que el crítico expone que Real Sitio es la cumbre de la expresividad novelística de Sampedro y en el que denomina el tratamiento de la historia en Aranjuez como un mito personal del autor y, por otro lado, el de E. Cortés que también establece el nexo que existe en la novela entre la historia y la ficción. Es muy significativo también el estudio de M. Simó Comas en el que interpreta el valor que las ideas de la coexistencia y la simultaneidad tienen no sólo en Real Sitio, sino también en todo el conjunto que conforma la obra literaria de Sampedro y, en especial, en las obras que componen la trilogía de los Círculos del tiempo. Además, en su estudio Simó Comas considera que la aparición de la noción del tiempo en la narrativa sampedriana es una simple excusa del autor para mostrar que la vida es un ciclo que se repite constantente. Por último, es digno de mención el trabajo de C. Díaz de Alda Heikkilä en el que reflexiona sobre el papel de la novela histórica como máscara en el conjunto global de la narrativa de Sampedro y, en el caso particular de Real Sitio, analiza especialmente la línea de investigación que continua posteriormente Simó Comas, es decir el tratamiento del tiempo como un ciclo que se repite de manera intermitente e infinita.

Dada la gran extensión y complejidad del conjunto de materiales que componen la novela Real Sitio, al contener diferentes niveles y múltiples posibilidades interpretativas, cualquier intento de estudio de la misma debe resignarse a la parcialidad. Sin olvidar dicha limitación, el presente trabajo busca analizar el significado de las variables espacio-tiempo, conformadas por la recuperación de la esencia del siglo XVIII y por la de la época que precede al desarrollo de la Segunda República, que Sampedro recrea de manera singular en su novela. Dicho análisis me permitirá desentrañar mejor el valor de la novela en sí mismo y su significado, así como el grado de apreciación que Sampedro, uno de los escritores más destacados de la España literaria e intelectual del momento, siente hacia dichas variables en general. En otras palabras, el objetivo es demostrar que en Real Sitio, mediante la plasmación de un gran número de elementos filosóficos encerrados en el marco de lo literario y en el eje temporal que se extiende a lo largo de los más de treinta meses en los que el autor recrea un amplio fragmento de la historia de España, circunscrito en el marco espacial de Aranjuez, Sampedro expone su particular interpretación metafísica acerca del significado del universo. Se verá cómo en su teoría, basada en la exploración y el juego con las distintas coordenadas espacio-temporales, reflexiona sobre temas como el verdadero sentido de la vida y el ineludible paso del tiempo que implica para el hombre la desaparición física de un espacio que ocupa solamente de manera temporal. En definitiva, tal y como M. Simó Comas menciona, para muchos escritores “la ficción no es una mera réplica del mundo, sino una forma de representación del mismo” (Simó Comas 2007: 12) y esto es precisamente lo que ocurre en el caso particular no sólo de la novela Real Sitio, sino también del resto de la narrativa sampedriana en la que se busca transmitir, por encima de todo, la manera en que el hombre se explica la razón de su propia existencia y cómo entiende la dinámica del universo.

Moreno Martínez considera la importancia de la aparición del elemento temporal dentro de la novela Real Sitio como un factor fundamental y destaca que a lo largo de los dieciocho capítulos que la componen predomina “una mezcla de materiales de diferentes épocas y de preocupaciones y temas de épocas diversas también” (Moreno Martínez 1997: 59), siendo éstas las correspondientes a los siglos XVIII y XX. En lo que respecta a la centuria y esencia del dieciocho, Moreno Martínez reconoce la recuperación por parte de Sampedro de “vestigios culturales, prioritariamente dieciochescos, de la época fundamental de construcción y disfrute, por parte de la monarquía y la nobleza, del más emblemático Aranjuez” (Moreno Martínez 1997: 74). Siguiendo de cerca la línea abierta por Moreno Martínez, en mi opinión, Sampedro busca especialmente destacar el sensualismo y esencia de la época dieciochesca porque dicha época le permite alejarse, en la medida de lo posible, de la obsesión del tiempo presente, y esto es algo que consigue de múltiples formas. La primera de ellas se encuentra en la descripción detallada que incluye de los materiales que existen en la biblioteca ubicada dentro de la torre de palacio en la que trabaja Marta, la bibliotecaria del archivo real y protagonista de la novela. Por ejemplo, entre los materiales de la biblioteca Marta encuentra mezclados: “las excavaciones de Pompeya encargadas por Carlos III en soberbias láminas, libros de caza y de artesanía -relojes, tallas- con las armas de Carlos IV, las Cárceles de Piranese, música, numismática, historia, sermonarios, equitación, esgrima Ningún libro de este siglo, muy pocos posteriores a Isabel II.” (Real Sitio 1999: 15). La segunda aparece en la descripción del antiguo mobiliario que encuentra dentro de la biblioteca y que consiste en: “una mesa dieciochesca y, encima, una elegante escribanía” (Real Sitio 1999: 13). La tercera y última se encuentra en las reacciones experimentadas por la propia Marta ante el hallazgo de los múltiples vestigios de la época dieciochesca. Moreno Martínez menciona bien que es curiosa la manera en que Marta “se deja subyugar por el ambiente dieciochesco, se impregna de su espíritu” (Moreno Martínez 1997: 63), hasta el punto de que llega a creer por momentos que se encuentra viviendo en dicha época.

Esos mismos aspectos y reminiscencias culturales localizados en Aranjuez son los que dan vida también a la otra línea narrativa de la novela, la de 1931, en la que Sampedro consigue además una recreación exacta de los paisajes -espacios- en los que él mismo vivió durante los tres años de su etapa juvenil que pasó en la villa de Aranjuez. Dicha ciudad es para él el lugar en el que proyecta no sólo su personal visión del mundo, sino también la función que él mismo ocupa dentro de éste. Además, considera a Aranjuez no sólo una ciudad llena de contrastes, sino también, tal y como explica en una entrevista concedida a Geo Crítica, su “escenario geográfico por excelencia” al ser ésta “una ciudad de una ambivalencia poco corriente” por estar “situada en un medio netamente rural, con los típicos cultivos de la vega,” y ser “al mismo tiempo una ciudad cortesana y señorial, con palacios y jardines espléndidos, de perfil dieciochesco” (Sampedro 2001: 3). Señala también que aquel ambiente es y será para él algo “mágico” (Sampedro 2001: 3) y llega incluso a compararlo con “un paraíso terrenal” (Sampedro 2001: 4).

En relación al tratamiento del pasado histórico en Real Sitio, Simó Comas recalca que a pesar de que tanto el plano temporal que transcurre en 1808 como el que se sitúa en la primera mitad del siglo XX “poseen cierta autonomía,” los dos “avanzan entrelazados a lo largo de la historia y deben ser considerados como una unidad” (Simó Comas 2007: 19). Sin duda, tal y como Simó Comas destaca es posible entender el tiempo histórico de la novela como una sola y compleja unidad producida por los diferentes niveles interpretativos que se desprenden del abundante y rico contenido simbólico que ésta contiene. Ahora bien, si consideramos que el tiempo es el elemento esencial del plan trazado por Sampedro tanto para iniciar una discusión literaria o filosófica como para convertirla en el nudo esencial de su obra, es posible dividir la unidad concedida por Simó Comás a la totalidad temporal de la novela en distintos fragmentos simétricos y poseedores de autonomía propia. Curiosamente, cada uno de ellos por separado, tal y como el mismo Sampedro establece al final de Real Sitio, representa una “de las infinitas dimensiones del mundo” (Real Sitio 1999: 57). De hecho, el análisis de cualquiera de esos fragmentos elegidos al azar nos permite también llegar a deducir la fuerte simbología que la novela encierra. En otras palabras, debido a que para Sampedro, “el universo tiene infinitivas dimensiones” y “cada uno de nosotros coge un fragmento del mundo diferente” (Real Sitio 1999: 57) a partir del cual es posible llegar a explicar la totalidad del mismo, dicho universo puede llegar a entenderse analizando cualquiera de esos tiempos por separado. Eso es precisamente lo que ocurre con la dualidad temporal expresada en la novela, ya que es posible estudiar la presencia de cualquiera de las dos épocas que la conforman, la del siglo XVIII o la del XX, de una manera totalmente independiente al ser el fin y la función de ambas, en definitiva, los mismos. En realidad, lo importante es que, en Real Sitio, los dos tiempos representados, ya sean entendidos de una manera global o como variables independientes, sirven para transmitirnos la experiencia personal del hombre en el mundo, tal y como la percibe Sampedro, y su enorme complejidad. Lo más importante es que ambas coordenadas espacio-temporales revelan al autor que el hombre siempre ha buscado el mismo fin en la vida: explicar su papel dentro de un mundo hostil, complicado e incierto.

Para referirse a dicho mundo y facilitar su explicación, es frecuente en la obra de muchos escritores la recurrencia a la utilización de todo un sistema de signos. En el caso particular de la narrativa sampedriana, es una constante el empleo de símbolos como la caverna, la torre, el agua, la puerta, la biblioteca, etc., los cuales son símbolos que tienen una connotación especial en relación con su concepto del tiempo. En lo que respecta a Real Sitio, el más frecuente es el símbolo de la torre, alegoría espacial ya utilizada anteriormente por autores como Calderón y Borges. Por ejemplo, Calderón en su obra La vida es sueño nos transmite la angustia que vive el príncipe Segismundo al no entender el significado del mundo. Esto le servía a Calderón para desentrañar los aspectos más relevantes de su metafísica; o la biblioteca, desde la que no solo Calderón, sino también el mismo Borges, oculto bajo el disfraz del bibliotecario incansable en la búsqueda de la verdad que dé sentido a la vida del hombre, intentaban también desvelar los misterios del universo: “como todos los hombres de la Biblioteca, he viajado en mi juventud, he peregrinado en busca de un libro acaso del catálogo de catálogos: ahora que mis ojos casi no pueden descifrar lo que escribo, me preparo a morir a unas pocas leguas del hexágono en que nací” (Ficciones 465). Sampedro, de la misma manera que los escritores recién mencionados, esconde también su verdadera identidad tras la máscara de los personajes que lideran los dos segmentos en que divide el esquema narrativo de su novela Real Sitio. En realidad, la dualidad argumentativa de su novela le permite desdoblar su identidad en el extraño Janos -uno de los personajes más misteriosos de su obra- que vive en la torre de palacio y que también trata de desentrañar el sentido del mundo, y en Marta -la bibliotecaria, verdadera protagonista de la historia y, en especial, de la parte de la novela que transcurre en la época que precede al desarrollo de la Segunda República dentro de España. Marta, de la misma manera que Janos, se empeña en entender el sentido de su existencia dentro de la biblioteca -universo- en la que trabaja, pero su idea del mundo es muy distinta a la de Janos. En realidad, la percepción que Marta tiene del mundo es tan compleja que, a veces, le permite estar “dentro y fuera, entre el ayer y el hoy donde todo es posible, donde se funden todo sí y todo no, la noche y el día, los círculos del tiempo” (Real Sitio 1999: 220). Por su parte, Janos también manifiesta el caos que le rodea a través de las contradicciones que lleva dentro de sí mismo, a través de las innumerables dudas con las que afronta su propia existencia y, especialmente, a través de la doble naturaleza de la que está formado.

Este es el mismo dualismo identitario ya representado en las obras de Calderón. De nuevo, Segismundo aparece en la Vida es sueño como un compuesto de hombre/fiera, es decir como un personaje contradictorio portador de una doble naturaleza precisamente para reforzar el estado caótico y contradictorio que le define. En el caso de Real Sitio, Janos, “el misterioso guardián del palacio” (Real Sitio 1999: 46), tal y como Moreno Martínez lo describe, “cree haber vivido en diferentes tiempos con sucesivos amores” moviéndose “siempre dentro de la más absoluta ambigüedad interpretativa” (Moreno Martínez 1997: 46). En el caso de Janos, el enigma de la vida del hombre tampoco es resuelto ni por la razón ni por la fe. De hecho, tal y como Moreno Martínez destaca:

sería ingenuo pensar en la resolución definitiva de un problema tan irresoluble y genuinamente humano y, por este motivo, incluso la figura literaria de Janos queda desdibujada entre lo razonable y lo visionario, entre lo real y lo imaginario, entre la locura y la cordura, siempre jugando con esa duplicidad que está en la médula literaria de Sampedro. (Moreno Martínez 1997: 82-3)

En realidad, la dualidad alegórica representada en los espacios de la torre y la biblioteca es uno de los aspectos más importantes de la novela. Ambos espacios se caracterizan, además, por su estructura simétrica y repetitiva que le sirve a Sampedro para representar la manera a partir de la que él percibe la estructura del universo. Precisamente, el exceso de simetría que ambos poseen consigue despertar cierto desconcierto en los seres que se introducen dentro de ellos, es decir el grado de confusión y desconcierto que Marta experimenta al insertarse en el espacio de la torre es el mismo que Sampedro siente al estar dentro del mundo. El comentario que Grau utiliza para analizar el efecto que producen los espacios laberínticos en la narrativa de Borges, puede hacerse extensible también a la novela Real Sitio, ya que también en el caso de esta última “a partir de una figura simple y por yuxtaposición de dicha figura en las distintas dimensiones del espacio, se genera un tipo de laberinto de gran complejidad espacial, donde el recorrido tiene distintas alternativas -a derecha e izquierda, hacia arriba y hacia abajo sucesivamente” (Real Sitio 1999: 89). En otras palabras, identificándose en este aspecto plenamente con Borges, los múltiples espacios laberínticos, que Sampedro describe en Real Sitio, representan, en realidad, la complicada manera en que él mismo percibe el complicado espacio universal, en el que el hombre es un ser minúsculo, insignificante e incapaz de llegar a desentrañar su verdadero significado. De tal manera, en Real Sitio, el espacio que da vida a la biblioteca de palacio, en la que Marta trabaja, es en realidad:

un gran salón rectangular con sus dos paredes más largas y la de enfrente cubiertas por estanterías de libros hasta el techo, cerradas en su parte baja. Sólo tiene esa puerta y dos ventanas grandes al jardín. Junto a la más próxima se encuentra Marta que queda sola, envuelta en denso silencio, olor a cerrado y ante la triple pared de libros, que parecen escrutar a la intrusa. Se siente pequeña, desarmada. Atrás han quedado las aulas, esto es la profesión, su vida: ha traspasado algo más que una puerta. Algo como el espejo de Alicia, si, y se siente absorbida, como la niña cayendo por el agujero. (Real Sitio 1999: 14)

Marta, no sólo aparece como un ser indefenso al insertarte en la biblioteca, en la que se siente como en “un pozo” donde hay “libros y muebles pero algo más”, sino también al penetrar en la laberíntica torre de palacio, en la que Janos habita. En esta última aparece perdida y desconcertada especialmente por su particular estructura laberíntica. De hecho, se pierde en la torre de palacio porque el espacio que la conforma contiene infinitas simetrías y bifurcaciones, en definitiva, infinitas posibilidades, que dificultan la distinción entre lo real y su reproducción:

retrocede, recorre pasillos, vacila en encrucijadas, cree repetirlas. Abre una puerta, la escalera continúa mas arriba, pero no se atreve y , además, la vez anterior no subió tantos pisos, ¿cuántos? (…) Trepa desolada por una escalera que encuentra hasta que la linterna, apuntando a lo alto, le muestra un techo inclinado con sucias vigas a la vista: los desvanes. (…) Baja ciega a riesgo de caerse; su corazón late más fuerte que el reloj de la torre. ¡Se ha extraviado en el vasto edificio, presa en ese oscuro laberinto! (Real Sitio 1999: 204-5)

Como bien destaca Mújica, las alegorías espaciales de la biblioteca y la torre permiten a muchos autores representar la estructura del universo y demostrar que éste ha sido creado “para engañar y atrapar al individuo” (Mújica 1997: 197), y tal es el caso particular de Sampedro. Es decir, como una estructura creada Por dicha razón, las bifurcaciones de carácter simétrico tan numerosas en la torre del palacio de Aranjuez consiguen que Marta no distinga bien entre lo real y lo reflejado, entre lo racional y lo irracional de cada época, y acentúan aún más la confusión del laberinto espacial en el que, sin darnos demasiada cuenta, Sampedro nos introduce desde el principio del relato. En definitiva, en la torre de palacio, la presencia del espacio arquitectónico es tan importante que, por momentos, llega a convertirse en el protagonista principal de la novela. Dicho espacio es, de hecho, el responsable principal del desconcierto que no sólo Marta, sino también nosotros como lectores sentimos al leer la novela y tratar de interpretar y comprender los actos en que se ven envueltos sus protagonistas. Los interrogantes que ellos mismos lanzan continuamente a lo largo de la historia son también interrogantes que, inevitablemente, se generan en la mente del lector: “¿Quién duerme en este caos? ¿Con el tiempo desvertebrado? ¿Cómo estar en calma entre el misterio y la luz? ¿En la Villa y en Palacio? Más hondo aún el otro palacio, ¿qué me espera en esos corredores? ¿No es bastante secreto el de la biblioteca? ¿Estoy despierta o ya sueño?” (Real Sitio 1999: 82-3). En otras palabras, la incertidumbre que Marta siente, puede hacerse extensible en el caso de Sampedro a las dudas que él mismo siente al tratar de descifrar la compleja y ambigua estructura del mundo y al sentirse incapaz de cumplir su deseo de detener el tiempo. Dicha estructura laberíntica es de hecho para él la máscara o caparazón de una realidad que es prácticamente inaccesible no sólo para los protagonistas de su novela, sino también para cualquier hombre.

En definitiva, el espacio de la biblioteca y el de la torre le permiten recrear el espacio de otro laberinto mayor, el del universo espacio-temporal, tal y como lo percibe la inteligencia humana en su búsqueda lógica de respuestas para llegar a entender su dinámica. Por dicha razón, y no en vano, la idea de lo laberíntico figura no sólo en la construcción espacial -la torre y la biblioteca- y temporal -las dos épocas principales en las que se desarrolla la historia-, sino también en la relación de dicha estructura espacio-temporal con los seres que se desenvuelven dentro de ella. Tal aspecto justifica de nuevo el hecho de que los protagonistas de la novela, Marta y Janos, pero en especial la primera, se sientan afectados por dicha estructura y terminen percibiendo el mundo desde la perspectiva de la duda, es decir desde una postura que les obliga a estar siempre sumidos en continuos actos de reflexión, planteamiento y escepticismo.

Dentro del espacio laberíntico que da vida a los corredores y galerías de la torre de palacio aparecen también representados varios tiempos de estructura también laberíntica, por la contínua mezcla de elementos del siglo XVIII con otros muchos pertenecientes al siglo XX. Oscilando de un tiempo a otro, Marta se desplaza inútilmente en busca de una explicación lógica que dé sentido a su propia existencia, es decir que le permita explicarse su vida en el presente. Esto lo hace sin saber que lo único que su propia inteligencia es capaz de generar únicamente, con su tendencia a la idealización y abstracción sistemáticas, más caos y confusión. Grau describe la inteligencia humana como una estructura en la que “a partir de una figura simple y por yuxtaposición de dicha figura en las distintas dimensiones del espacio, se genera un tipo de laberinto de gran complejidad espacial, donde el recorrido tiene distintas alternativas -a derecha e izquierda, hacia arriba y hacia abajo sucesivamente” (Grau 1997: 89). La descripción que Sampedro inserta en Real Sitio acerca de las sensaciones que Marta experimenta al insertarse en la torre y biblioteca de palacio, y en los dos tiempos que representados dentro de ellas, confirman la manera en la que Grau percibe la inteligencia humana:

Inmóvil, se siente bajo la lupa de un mago, estudiada como un insecto, en manos del señor del tiempo, una transeúnte de las esferas cazada al pasar (…). La escalera continúa más arriba, pero no se atreve y , además, la vez anterior no subió tantos pisos, ¿cuántos? Empieza a confundirse (…). Retrocede, recorre pasillos, vacila en encrucijadas, cree repetirlas. (…) ¡Se ha extraviado en el vasto edificio, presa en ese oscuro laberinto! (Real Siito 1999: 204-5)

Marta se da cuenta de las infinitas posibilidades y caminos que se presentan ante ella según avanza en su recorrido por el espacio de la torre. Tal efecto le permite a Sampedro demostrar nuevamente tanto que “el universo aparece como un caos, como un laberinto insoluble para la inteligencia humana” (Alazraki 1971: 120-21) como que la propia estructura de dicha inteligencia es también algo extremadamente caótico. En definitiva, en el caso concreto de Real Sitio extraemos la idea de que la percepción sampedriana del universo está gobernada por la incertidumbre, la ambigüedad y el desdoblamiento de la realidad. Es decir, para Sampedro el mundo es una mezcla de confusión, complejidad y ambivalencia entre lo real y lo ficticio -o irreal- y, consecuentemente, es prácticamente imposible determinar quién es quién -Marta o Janos, cuál es la verdad y la mentira, -la de Marta o la de Janos- qué época contiene la clave de nuestra existencia -el siglo XVIII o el siglo XX- o, en definitiva, cuáles son los verdaderos límites divisorios entre la certidumbre y la falacia del conocimiento humano, entre lo vivido y lo soñado que, en definitiva, se traducen en un no saber si estamos inmersos en una terrible pesadilla o en nuestra mundana realidad. Por ello, Marta duda y se cuestiona continuamente qué es lo verdadero y qué es lo falso, qué es apariencia y qué es realidad dentro y fuera de la torre. Su función es la de aparecer en continuo estado de reflexión acerca del sentido de su existencia, utilizando inútilmente su única herramienta, la razón. Lo más monstruoso es que Marta es totalmente consciente, como lo es también Janos, de que la razón no es un buen instrumento para llegar a descubrir el secreto que encierra la estructura caótica del universo. Con ello, Sampedro nos transmite la aterradora condición del hombre: ser totalmente consciente de su impotencia e incapacidad para llegar a desvelar el secreto del universo y tratar de detener y, en última instancia, controlar los efectos del principal causante de su desaparición, el tiempo. De hecho, la necesidad de salvar al hombre del tiempo o, dicho de otro modo, tal y como Simó Comas menciona, “la necesidad de encontrar un engranaje para explicar, de un modo articulado, la densidad de este complejo universo” (Simó Comas 2007: 18) es para él la principal fuerza motora de la novela.

En conclusión, en Real Sitio, cuya redacción le llevó a Sampedro más de cuarenta años, el autor plasma su manera particular de entender el mundo y lo consigue a través del juego con distintos elementos del pasado histórico. Dicho pasado le permite transmitirnos la idea de la evanescencia del tiempo, el cual fluye inexorablemente para todos, y el trágico fin del hombre al final de su vida. Se ha establecido cierta conexión entre las ideas de Calderón, Borges y Sampedro, porque para todos ellos las coordenadas tiempo-espacio son las principales preocupaciones metafísicas. Ambas coordenadas tienen para ellos infinitas dimensiones y las estudian desde diferentes ángulos. En el caso concreto de Real Sitio, la dualidad temporal y espacial consigue que cada tiempo y espacio se inmiscuya dentro del otro, eliminando la posibilidad de la existencia de un tiempo o espacio lineal, porque Sampedro juega con la posibilidad de elegir -o al menos de representar- todos los destinos posibles y de ir viendo múltiples historias ramificadas. Sin duda, con todo ello consigue transmitirnos sus principales preocupaciones filosóficas y metafísicas.

 

Obras Citadas:

Alazraki, Jaime (1971): Jorge Luis Borges. New York: Columbia University Press.

Cortés, Emilia (1996): “Historia y ficción en Real Sitio, de José Luis Sampedro.” Congreso Internacional de la Asociación Española de Semiótica. Actas VI: 513-20.

Díaz de Alda Heikkila, Carmen (1995): “La novela histórica como máscara. Análisis de la novelística de José Luis Sampedro.” Asociación Internacional de Hispanistas. Actas XII: 72-83.

Grau, Cristina (1989): Borges y la arquitectura. Madrid: Cátedra

Lissorgues, Ivan (1997): “Real Sitio de José Luis Sampedro: la memoria como fe de vida.” El arte de la memoria: incursiones en la narrativa española contemporánea. Ask: Manheim, IX: 99-118.

Mújica, Bárbara (1997): “Jorge Luis Borges and the Spanish Golden Age”. Negotiating Past and Present. Ed. D. T. Gies. Virginia: Rockwood: 194-221.

Moreno Martínez, Matilde (1997): Real Sitio. Espejo múltiple de J.L. Sampedro. Madrid: Fundación Puente Barcas.

Palacios, Gloria (1996): La escritura necesaria. Madrid: Siruela.

Sampedro, José Luis (1999): Real Sitio. Barcelona: Plaza & Janés.

------- (2001): “La palabra en el tiempo.” Biblio 3W. Revista bibliográfica de geografía y ciencias sociales. Universidad de Barcelona. Vol. VI n. 330. http//www.ub.es/geocrit/b3w-330.htm (29 de noviembre de 2001).

Simó Comas, Marta (2007): Imágenes de la dualidad en el universo literario de José Luis Sampedro. Sevilla: Alfar.

 

© Marta Manrique Gómez 2011

Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

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