Editorial:


La Comedia Humana virtual

La Red es la primera experiencia de medio de comunicación global, el primer paso en la entrada en un nuevo siglo y en un nuevo milenio. En sí mismo, independientemente de los contenidos que puedan darse en ella, es ya un proyecto cultural único en la historia. Es la manifestación más clara y evidente de cómo la sociabilidad humana puede impregnar cualquier elemento y convertirlo en soporte de comunicación. El éxito de la Red es que no ha creado "audiencias", "públicos", "espectadores", sino "usuarios" o, si se prefiere, metafóricos "navegantes".

La Red hoy es, utilizando a Balzac, la nueva "Comedia humana", un gigantesco mosaico universal en el que se manifiestan todas las facetas, las más elevadas y las más bajas, de los seres humanos. Navegar por ella es ya, de por sí, instructivo. Se aprende mucho sobre la gente "navegando" de un lugar a otro. Algunos se burlan de la proliferación de las "Páginas Personales", de esos espacios en los que las personas nos muestran cómo o son o cómo quieren ser vistas. No es narcisismo. Es un deseo profundo de encontrarse con los otros en ese espacio nuevo. Las listas de aficiones, de libros favoritos, de fotos familiares y de mascotas, etc. son como botellas lanzadas al mar virtual por gente que quiere encontrar a otra gente. Las páginas personales no son sólo un retrato, una fotografía personal o familiar. Muchas de ellas son auténticos "hogares", con la salvedad que no están destinados a la reserva, sino a la hospitalidad. Cuando "visitamos" las páginas de otros, somos acogidos dentro de las normas de la más antigua y saludable manifestación de sociabilidad: la hospitalidad. Nuestros anfitriones nos acogen y nos muestran lo que más valoran para nuestro disfrute, por modesto que pueda ser su "hogar". Así, es posible ver a un ciudadano sueco que ha convertido su página en una auténtica embajada de España o a un melillense que ofrece su espacio a la creatividad de los demás montando una galería de arte virtual en la que todos pueden dejar sus obras; otros comienzan una historia y animan a sus visitantes a que la prosigan en un interminable e imprevisible juego de narración colectiva. En muchas otras, un "libro de invitados" espera nuestras firmas y comentarios tras la visita.

Nada más lejos de esos exhibicionismos televisivos a los que se nos tiene acostumbrados, en los que las miserias son voceadas como en sesiones de terapia de grupo mediáticas. Nada más lejos del mercantilismo sentimental hecho espectáculo.