Estudios:

El futuro del libro


Joaquín Mª Aguirre Romero
aguirre@eucmax.sim.ucm.es
Departamento de Filología Española III
Facultad de Ciencias de la Información - Universidad Complutense de Madrid


  1. De qué discutimos
  2. Qué es un libro.
  3. Características que han de satisfacer los soportes
  4. La edición digital
  5. Características de la información y de los soportes digitales
  6. El futuro del libro y el reto digital

1. De qué discutimos

La aparición de las ediciones electrónicas de textos y su constante aumento, potenciado por los sistemas multimedia y las redes de comunicación, está suscitando debates sobre la cuestión que podemos denominar "el futuro del libro". En sectores culturales, académicos, etc., se percibe una cierta inquietud, que desemboca en abierto debate y, en muchas ocasiones, en apasionado enfrentamiento. Este debate, en ultima instancia, parece resolverse en posiciones de "tecnofilia" y "tecnofobia", posturas que entendemos erróneas, ya que desvirtúan la realidad, tanto del "libro" como de las ediciones electrónicas.

Lo primero que se percibe en estas discusiones o debates es la importancia que se concede al "libro" en nuestra cultura. Ernst Robert Curtius señaló que «el libro recibe su consagración suprema del cristianismo, religión del Libro sagrado. Cristo es el único Dios que el arte antiguo representa con un volumen». El "Libro", el "Gran Libro", el "Libro de la Naturaleza", etc. son conceptos que han pasado a configurar el imaginario de nuestra cultura. Como símbolo, el libro ha adquirido un lugar privilegiado en el seno de nuestras sociedades. Vivimos en "culturas del libro", de ahí el apasionamiento que se genera en cuanto se trata esta cuestión. Nicole Robine escribió

¿A qué profundas motivaciones obedece el hombre cuya mano se adelanta hacia el objeto que llamamos libro? ¿Qué espera de ese «montón de hojas secas» cubiertas de signos sino la comunicación del pensamiento de otro que se despliega por sus páginas? Señalemos a este respecto el equívoco del término libro, que designa a la vez un material que sirve de soporte a los signos y el contenido intelectual que estos signos comportan, es decir, que es a la vez el significante y el significado ( 1 ).

La misma autora hace una afirmación clave: "El libro y su uso se confunden". Objeto y uso se funden en un solo elemento cultural. Concebir el libro-soporte independiente de su contenido es un ejercicio de abstracción que se enfrenta con nuestra experiencia inmediata. El tacto, la vista (el olfato, indican algunos) se aúnan en una experiencia en la que a la materialidad del objeto se une su experiencia intelectual. La palabra objetivada sobre un soporte, la palabra escrita —nos dicen los teóricos—, distancia, en contraposición al efecto envolvente, cálido, de la palabra audible. Sin embargo, no tuvieron en cuenta los efectos tactiles de la nueva alianza. El cuerpo, aislada la mente absorta en la lectura, entabla sus propias relaciones con el soporte, con el elemento material. El argumento general, el más espontáneo, que se esgrime cuando se debate la lectura ante la pantalla del ordenador es que ¡no puede tocarse! El cuerpo, habituado a las sensaciones vinculadas a la materia —peso, forma, superficie sobre la que los dedos se deslizan—, echa de menos los efectos sensibles del libro-objeto. Al cuerpo, habituado por horas y horas de lectura al contacto, le es extraña la insoportable levedad del texto electrónico. La lectura no es sólo un acto intelectual; es, a la vez, un acto físico, sensual, al que el cuerpo se habitúa.


Imagen 1: El libro y el olvido del cuerpo

La lectura genera todo tipo de espacios —salas, gabinetes, bibliotecas— y utensilios destinados a hacerla más placentera —sillones, atriles, lámparas, mesas, etc.—. El "libro electrónico" —aún nos falta un término que le pueda ser propio— no tiene todavía su situación, su acto específico en el que soporte y lectura se integren de forma natural.

Las capas de significados y símbolizaciones que el libro ha acumulado a lo largo de dos mil años de historia, complican el marco de discusión y nos obligan a comenzar por el principio: qué es un libro.

2.- Qué es un libro.

Vamos a partir de tres definiciones diferentes de "libro" ( 2 ), definiciones previas a la aparición de la edición electrónica, para evitar rasgos contaminados entre un medio y otro.

  1. Paul Otlet (1934):
    Un soporte de cierta materia y dimensión, de un cierto plegado y enrollado, en su caso, sobre el que son inscritos signos representativos de determinados supuestos intelectuales.
  2. UNESCO (1964):
    Un libro es una publicación no periódica impresa, que cuenta al menos 49 páginas (sin comprender las páginas de cubierta), editada en el país y ofrecida al público.
  3. Robert Escarpit (1965):
    Porque bajo un pequeño volumen posee un contenido intelectual y formal de alta densidad, porque pasa fácilmente de mano en mano, porque puede ser copiado o multiplicado a voluntad, el libro es el instrumento más sencillo que, a partir de un punto dado, es capaz de liberar una multitud de sonidos, de imágenes, de sentimientos, de ideas, de elementos de información, abriéndoles las puertas del tiempo y del espacio, y luego, junto a otros libros, encauzar estos elementos difusos hacia una multitud de otros puntos dispersos, a través de los siglos y los continentes, en una infinidad de combinaciones, todas ellas diferentes entre sí.

Como podemos apreciar, las dos primeras definiciones —la de Otlet y la de la UNESCO— coinciden en una concepción del libro como "soporte". Ambas reducen el libro prácticamente a su dimensión material, espacio, superficie sobre la que se inscriben los signos. Su definición puede ser tan precisa, dentro de su materialidad, que abarca (UNESCO) el número de páginas que debe tener para ascender de "folleto" a "libro": 49. Las dos definiciones dejan clara una cosa: un libro es el soporte material de una determinada información. En el caso de Otlet, atiende a la descripción de su función almacenadora, y en la definición de la UNESCO busca su discriminación respecto a otros formatos impresos a efectos clasificatorios.

La tercera definición, la de Escarpit, es de otro orden. No busca tanto la descripción de los materiales, sino básicamente su funcionalidad, cayendo incluso en lo metafórico. La primera parte de su definición incide en la movilidad y facilidad de duplicación del libro, pero en un momento determinado, Escarpit abandona la materialidad y se adentra en otros terrenos. Cuando habla del libro como "liberador" de "una multitud de sonidos, de imágenes, de sentimientos, de ideas, de elementos de información", está recurriendo a aquellos elementos que se han visto transformados por la escritura y objetivados en la superficie impresa. El libro, por ejemplo, no tiene "sonidos", pero crea la ilusión de los mismos mediante la participación lectora. El libro consigue que nos representemos esos sonidos o esas imágenes gracias a la escritura. La continuación de la definición es todavía más compleja: "junto a otros libros, encauzar estos elementos difusos hacia una multitud de otros puntos dispersos, a través de los siglos y los continentes, en una infinidad de combinaciones". Es prácticamente una definición de lo que es un hipertexto. Podríamos perfectamente utilizar sus palabras para aplicarlas a un sistema hipertextual en línea, es decir, un sistema de textos dispersos espacialmente conectados a través de una serie de enlaces que posibilitan el movimiento entre ellos. No deja de ser curioso que cuando el autor expresa simbólicamente el funcionamiento del libro, lo que le salga sea una definición literal de los sistemas hipermedia. Evidentemente, Escarpit no conocía estos sistemas cuando realizó su descripción del libro en 1965 , pero se imaginaba un tipo de libro muy especial, un libro ideal.

La primera distinción básica que se nos impone es la existente entre el texto (la información) y el soporte que la alberga. Un libro es la conjunción formal de ambos elementos. Gracias a esta objetivación de la información en una superficie material es posible aumentar su potencial comunicativo. La información oral está supeditada a la coincidencia espacio-temporal de los agentes. La escritura permite fijar la palabra dicha o el pensamiento y sustraerlos del olvido. La escritura, la tecnología básica, permite inscribir los signos y convertir la palabra en depósito susceptible de actualización por encima del tiempo, es decir, genera actos de comunicación diferidos o asincrónicos. Las dos funciones básicas de la escritura son el archivo y la comunicación. Mediante la primera se preserva una información; mediante la segunda, se difunde. El libro, consecuencia de la escritura, cumple ambas funciones y además aquellas que socialmente se le asignan en cada momento de la historia.

En cuanto objeto cultural, pose una cualidad única: la diversidad de contenidos bajo una misma apariencia. Nos referimos al "libro" como si fuera algo único y, sin embargo, no existe elemento más rico en diferencias.

Hasta la llegada de la imprenta, cada libro es único, objeto personal y personalizado, espacio de confluencia de la escritura y de la interpolación. Los lectores son libres de fabricarse sus propios libros, sus selecciones temáticas, sus misceláneas agrupando sus textos favoritos. El sistema de copiado, por muy elaborado que estuviera en algunos momentos en el mundo de los manuscritos, permitía una relación particularizada con los textos. La imprenta normaliza los procesos de producción y establece un sistema blindado respecto a los textos. El lector recibe ya un ejemplar que no le permite diferenciarse de los otros poseedores. A estos lectores indiscriminados e igualitarios es a lo que podemos empezar a llamar un "público" en un sentido moderno.

3.- Características que han de satisfacer los soportes

Son esencialmente cuatro los aspectos interrelacionados que determinan la eficacia comunicativa de un soporte y, por tanto, su aceptación e integración social:

Gráfico nº 1

El libro es el soporte que mejor ha contribuido a cumplir las funciones de comunicación y archivo a lo largo de la historia. Combinado con una tecnología como la de la imprenta, se ha adaptado a las diferentes situaciones culturales y ha generado las suyas propias, dando lugar a una cultura que lo tiene como eje transmisor. Ha sido capaz de salir de situaciones sociales en las que era un elemento de acceso restringido, sujeto a sistemas de exclusiones y prohibiciones, cuya circulación podía ser controlada, hasta pasar a convertirse en un elemento de circulación general. Como soporte, tenía las cualidades necesarias para satisfacer ambas situaciones. El libro es objeto de lujo o edición rústica, objeto de regalo o de trabajo, causa de placer y motivo de estudio, es venerado o quemado en la hoguera. Depósito material de la palabra, el libro es capaz de contener todo tipo de información. La variedad del libro es la variedad del pensamiento. La variedad de sus formas, la variedad de las situaciones en las que se le requiere.

Sus principales características materiales como soporte son: