El futuro del libro - Imagen nº 2




El cuerpo se relaja, busca la máxima comodidad, que es el olvido de sí mismo, para concentrarse en la lectura. La realidad, el mundo que nos rodea, se impone —a través del cuerpo— a la mente, que anhela sumergirse, evadiéndose, en el espacio que la ficción le ofrece.

Los textos, acordes con sus contenidos, exigen diferentes posturas al cuerpo. La postura más relajada es la que demanda la literatura —la de la ficción, la de la poesía—, la que nos pide la mayor participación imaginativa. Por el contrario, los textos de carácter más informativo, los textos de estudio, piden otros tipos de posturas; ya no es necesaria la relajación, sino un cierto grado de tensión corporal. El libro de estudio nos impulsa hacia adelante, estamos combatiendo con él, intentando ganar una batalla por los conocimientos. El texto literario nos seduce y busca nuestro placer. En el texto de estudio, buscamos avanzar con velocidad, debemos adquirir cuanto antes la información necesaria. El texto literario juega con sus ritmos, con otras velocidades o tempos, combinaciones de pausas e intrigas. A la mesa de trabajo, sobre la que se deposita el libro, se opone el sillón de lectura, sobre el que se deposita el cuerpo.