Reseñas:

G.E.R. Lloyd:

Las mentalidades y su desenmascaramiento

Madrid, Siglo XXI de España Editores, S.A., 1996, 209 pp., 2.400 pesetas
ISBN: 84-323-0933-8


Contenido:

INTRODUCCIÓN

  1. MENTALIDADES, METÁFORAS Y LOS FUNDAMENTOS DE LA CIENCIA
  2. MAGIA Y CIENCIA, ANTIGUA Y MODERNA
  3. LA CONCEPCIÓN Y LA PRÁCTICA DE LA PRUEBA
    NOTA SUPLEMENTARIA: GEOMETRÍA Y «DEMOSTRACIÓN» EN EL RITUAL VÉDICO
  4. UN EJEMPLO: COMPARACIONES Y CONTRASTES ENTRE CHINA Y GRECIA
    CONCLUSIÓN: EL DESEMASCARAMIENTO DE LA NOCIÓN DE MENTALIDAD
    Bibliografía
    Índice alfabético


La obra de G.E.R. Lloyd se encuadra entre los movimientos de renovación crítica del aparato conceptual utilizado en diversos campos de estudio. Esta vez, se trata de la noción de "mentalidad", a la que se recurre con frecuencia en historia, antropología, sociología, filosofía, psicología social, historia de las religiones, etc. El efecto de esta construcción conceptual es analizado a lo largo de los diversos capítulos de la obra, mostrándose sus peligros y deformaciones sobre la realidad histórica que se pretende explicar.

A menudo el discurso sobre las mentalidades ha oscilado entre lo exagerado o lo tendencioso y lo desesperanzadamente vago. Ciertamente, por lo que se refiere al mundo griego antiguo parece bastante inapropiado hablar de la mentalidad griega, como si fuera compartida por todos los griegos, o por todos los relevantes (si pudieramos identificarlos), por no decir que les era peculiar o distintiva. Cuando después tenemos en cuenta los patrones de creencia, comportamientos y actitudes tradicionales en vigor (de los que nadie se libra en su sociedad, más que en la nuestra propia), la "mentalidad" con la que acabaríamos no sería sólo un híbrido, sino un monstruo. Pero eso no quiere decir que las cuestiones que a veces se discuten cuando se habla de mentalidades no sean importantes; es sólo que hay que volver a encauzar los problemas (p. 44).

Lloyd analiza cómo las series de categorías que se establecen en muchos casos para determinar las diferencias de mentalidades entre dos momentos, sociedades, etc. son aplicaciones de categorías que no se corresponden con los valores esas sociedades poseían. Así, las distinciones magia/ciencia, metáfora/literal, etc., que Lloyd analiza a lo largo de esta obra, no se muestran tan diferenciadoras como en principio se cree, al darse entremezcladas en muchos supuestos. Es frecuente que Lloyd resalte la inadecuación de diversos criterios —es nuestro, suele decir— para establecer distinciones que se revelan artificiales y forzadas. Lo que Lloyd critica básicamente en su obra es el efecto pernicioso de esas categorías excluyentes sobre el conocimiento de esas épocas y sociedades:

La cuestión fundamental subyacente a gran parte del debate sobre la idea de mentalidad es la cuestión de la naturaleza de las uniformidades, y las bases de la diversidad, del pensamiento humano. Nadie duda de que los contenidos del pensamiento humano —las propias ideas o creencias— varían enormemente al igual que los modos en que se expresan. Pero la idea de mentalidad plantea y sugiere una respuesta positiva a la cuestión adicional de si hay que considerar que ciertas diferencias de contenido reflejan diferencias en las características subyacentes de la mente —ya se describan en términos de estructuras, procesos, operaciones, hábitos, capacidades o predisposiciones. Las asociaciones de estos términos y otros que se utilizan para describir las características en cuestión, difieren pero todas sirven para considerar que esas características son mentales. Esto es, sirven para relacionar las diferencias en los contenidos de los pensamientos con las diferencias en las mentes que piensan, y ahí se sugiere algo más que la cuestión meramente tautológica de que todo pensamiento tiene que ser de algún pensador (pp. 173-174)

Lloyd se centra especialmente en el mundo griego antiguo, en el que analiza las consideraciones tradicionales que se han establecido sobre una "mentalidad griega" general. Resalta la diversidad de planteamientos que se podían encontrar, centrándose principalmente en los campos de la medicina, la geometría y la filosofía, y analiza las relaciones entre los planteamientos que desde nuestro tiempo consideramos "científicos" o "racionales" frente a otros que percibimos como "mágicos" o "irracionales", mostrando lo entremezclado de aquella realidad.

Uno de los puntos de interés constante por parte de Lloyd se relaciona con uno de los elementos básicos de la constitución del pensamiento lógico-científico griego, la demostración:

En filosofía y en matemáticas, el afán por construir argumentos rigurosos, y de analizar qué es lo que los hace así, sin duda proviene, en parte, de factores internos de estas disciplinas. Pero, también en parte, el esfuerzo por lograr la incontrovertibilidad puede relacionarse con una insatisfacción no precisamente con las técnicas informales de poner de manifiesto un caso, sino con la retórica. Era de sobra conocido que lo que persuadía a la gente en los tribunales de justicia y en las asambleas políticas podía ser verdadero o no. En algunos ámbitos del pensamiento especulativo (tal como veíamos en medicina) las nociones informales de prueba aparecen encaminadas ante todo a la persuasión: y dada la constante preocupación de los antiguos médicos por ganarse la confianza de sus clientes y pacientes, tal actitud es fácilmente comprensible. Ahora bien, para ciertos propósitos y en otros contextos, esto a todas luces no valía, y lo meramente persuasivo pasó a verse fuertemente contrastado con lo incontrovertiblemente verdadero.
El desarrollo de la demostración puede diferir en este punto en otros aspectos del desarrollo de la lógica formal. Cuando Aristóteles formuló por primera vez los principios de no contradicción y de tercero excluido trataba evidentemente de explicitar las reglas que obran implícitas en toda comunicación humana: determinan, en efecto, las condiciones de la comunicación inteligible
[...] La oposición entre persuasión y demostración se prestaba a ser, y de hecho fue ampliamente usada por parte de los filósofos (si no por parte de los matemáticos) como forma de contraponer su propia obra a la de sus rivales y de vindicar, desde luego, su propia superioridad sobre ellos (pp. 110-111)

Lloyd relaciona la argumentación lógica, la demostración científica con el contexto competitivo propio del mundo griego, su condición agonística. Lo decisivo no es sólo la capacidad de argumentar, sino la posibilidad de argumentar, por lo que vincula el desarrollo del pensamiento griego con las condiciones políticas, señalando la importancia de la práctica de la discusión en la asambleas. Lloyd rechaza el peligroso y deslizante camino de la mentalidad entendida como un estado que surja de unas características especiales de las mentes de un pueblo o sociedad, y prefiere centrarse en las condiciones materiales o sociales que favorecieron la aparición de unas determinadas manifestaciones culturales. Para él, son fundamentales los "contextos de comunicación" de cada sociedad.

Particular interés tiene en la obra el capítulo dedicado a contrastar el mundo griego antiguo con la civilización china. Para Lloyd, «lo crucial es si se pueden aplicar también a China los mismos tipos de factores que cuando nos ocupamos del pensamiento griego» (p.136). Las distintas valoraciones otorgadas al pensamiento puramente especulativo, caro a los griegos y poco estimado por la cultura china, la influencia de una escritura disociada del habla en el caso chino, entre otros factores le sirven a Lloyd como elementos capaces de establecer un estudio más productivo de las mentalidades desde una perspectiva comparatística. Por ejemplo, el caso de la metáfora le sirve a Lloyd para determinar las diferencias culturales:

mientras en la teoría confucionista tenemos la noción de que lo metafórico es una virtud en un cierto tipo de poesía, ni ahí ni en ninguna otra parte del pensamiento chino encontraremos la idea aristotélica de que la oposición entre lo metafórico y lo literal es la que hay entre lo desviado y laa norma; cuando se considera un vehículo para expresar la verdad, la metáfora es un vicio y la poesía es una degradación de la filosofía, desde ese mismo punto de vista. Dehecho, en el pensamiento confuciano se consideraba que la poesía era un poderoso instrumento de mandato moral, tan valioso como la propia filosofía.
[...] Los chinos más bien se interesaban por hacer las comparaciones adecuadas, por usar la analogía correcta; y ese interés no niega, sino presupone claramente, la legitimidad de la analogía y la comparación cuando éstas se utilizan (pp. 162-163).

La obra es de especial interés para todos aquellos que trabajen en terrenos como la antropología social, la filosofía, los estudios culturales, la literatura, la comunicación, la filosofia e historia de la ciencia.

Joaquín Mª Aguirre


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The Return of Odysseus and the Elements of Euclid


This paper was written by Andrew Wiesner and submitted to the classics department of the Colorado College in May of 1994.
«In my mind, the important part of this paper is the basic association of Euclidean proof structures with the demonstrative themes in the Odyssey. The value of this association is that it opens up a rich new field of evidence bearing upon questions concerned with the origins of Greek mathematics and the history of rational thought in general».

El URL de este documento es "http://www.ucm.es/OTROS/especulo/numero5/gerlloyd.htm"


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