Creación:

José Julio Perlado

Lágrimas negras


José Julio Perlado, Lágrimas negras, Barcelona, Ediciones B, 1996, 200 pp.
ISBN: 84-406-6688-8



La novela de José Julio Perlado, Lágrimas negras, merece el calificativo de insólita. Nos encontramos con una espléndida obra narrativa cuya mayor virtud es lograr, con una gran naturalidad, construir una novela política lejos de los modelos habituales. Ni por su desarrollo narrativo, ni por su estilo, Lágrimas negras se parece en nada a los modelos tradicionales del género. Tampoco se puede hablar de política-ficción, porque los hechos que se desarrollan no son los posibles, sino más bien los imposibles. Como género, la política-ficción ofrece alternativas a la realidad histórica, a lo que pudo pasar si se hubiera producido un cambio en los hechos, es decir, se juega con una variable lógica, esforzándose en ser verosímil para que el lector acepte el juego que se le propone fuera de la historia. La novela de J. J. Perlado, por el contrario, juega con la variable imposible, la fantástica, que, sin embargo, es la que se nos ofrece como causante de lo que conocemos:

Los historiadores no recogieron ese momento, pero aquel instante incidió de una manera notable como signo revelador de una decadencia en el curso de la vida del general (p. 179)

Tampoco es una novela fácil de clasificar dentro de otros modelos habituales. Más que fuera de tiempo, es una novela fuera de moda. Ni minimalismo, ni realismo sucio, ni pasión turca, ni jóvenes urbanos pasando-de-todo. Sin embargo, no por ser inhabitual es Lágrimas negras una novela extraña. Todo lo contrario. Simplemente, no es fácil de definir. Tampoco es esto lo más importante. Podríamos hablar de un realismo mágico a la española, pero su "magia" está orientada de forma diferente a como lo pueda estar en García Márquez. Lágrimas negras transcurre en España y sus personajes pueblan una geografía simultáneamente real e irreal. Se nos habla de una situación política española que, sin embargo, no se concreta en unos hechos reconocibles. La novela se mueve en una tensión constante entre la realidad y la fantasía, entre la magia y el realismo, entre el milagro y la historia. La palabra clave para entender cómo es posible plantear una novela política sin recurrir a la realidad es, a nuestro entender, "distanciamiento", si bien entendido de una forma muy particular. Para ello, el autor recurre básicamente a tres elementos:

— los argumentales, mediante los cuales se evita la representación directa de acontecimientos histórico-políticos concretos, reduciéndolos a situaciones generales que se convierte en marcos de las acciones de la obra (p. ej. las "crisis" ministeriales, los atentados y conspiraciones, los ambiciones políticas, la sequía, etc). En este sentido, la falta de una voluntad realística es compensada con lo que podemos calificar como una estilización histórica que lleva a prescindir de lo real como hecho, pero no de sus efectos.

— el humor y la ironía, aspectos fundamentales en la construcción del tono general de la obra. Debemos señalar éstos como unos de sus valores más acusados. El buen sentido e ingenio mostrados por el autor en la construcción de situaciones y personajes es muy elevado y, lo más importante, se mantiene con regularidad a lo largo de la obra. Desde el inicio, se teme que la obra, al no estar construida por una línea de acción que la vertebre sino por una serie de microhistorias enlazadas, no logre mantener su alto nivel de creación. Sin embargo, Perlado consigue que llegue hasta las páginas finales sin decaer en ningún momento. Lágrimas negras es una suerte de Manhattan Transfer en suelo ibérico. Novela de cruces y encuentros, poblada de personajes con derecho a existencia propia. Frente a la irrealidad simbólica de los personajes, se encuentra la solidez del único personaje "real": Franco. En última instancia, Lágrimas negras es una novela sobre España y Franco. El mismo Perlado se refiere a ella como "una novela sobre Franco". Es, en realidad, el verdadero elemento vertebrador del conjunto. Alrededor de su figura, de sus silencios, se desarrolla un mundo que tiene los ojos puestos en él:

Los silencios del general Franco eran tan espesos y dilatados que todo el Palacio y las habitaciones y las cortinas repujadas y los muebles de época y las vitrinas iluminadas con bastones de mando y las colchas de las camas en la cámara privada de la mujer del general y las medallas colgantes y los tapices con lances de caza y los jarrones de porcelana y los pasos de los sirvientes y el peso de las carpetas amontonadas y hasta el humos de las cocinas que ascendía por las chimeneas se habían acostumbrado tanto a recogerse en sí mismos y a esperar, que los muros podían permanecer en posición de descanso relajado hasta oír el cornetín de la voz atiplada del general. Eso había ocurrido ya en África, cuando franco era joven y el caballo sobre el que montaba se quedaba dormido ante el desierto en los intervalos en que el general no hablaba (p. 82)

Todos miran, con esperanza o con odio, hacia el que tiene el destino en su manos. Novela absolutamente dinámica, tiene por tema la inmovilidad, la ausencia de futuro que se va imponiendo a la sociedad como una progresiva parálisis. Lejos de cualquier realismo, es sin embargo un retrato de grupo. Bajo los ropajes de la imaginación se revelan las formas de un cuerpo social, rico en detalles.

Entre el esperpento y el realismo mágico, entre Mihura y Fellini, la novela se revela como un prodigio de ingenio en su aspecto más notable: la capacidad demostrada por el autor para conferir a cada personaje, hasta al más insignificante, una historia propia, una historia densa, aunque el personaje en cuestión sólo aparezca unas cuantas líneas en el texto. Podríamos hablar de un profundo respeto de Perlado por sus personajes, de un trato humanitario que se destila en todas sus páginas. Esos seres grotescos están tratados con un afecto y una piedad que los rescata de su imposibilidad histórica. No hay personaje pequeño en Lágrimas negras.

— el tercer instrumento utilizado por J. J. Perlado como efecto distanciador es el recurso a los elementos propios del cuento o la fábula que le sirven para estructurar algunas de las microhistorias que componen la novela. Sirva de ejemplo la historia del aristócrata Monte Urbión y sus seis hijas:

Las bodas fueron complicadas, porque las seis hijas se empeñaron en tener seis bodas iguales, seis vestidos de vaporoso tul exactamente idénticos y hasta seis iglesias con seis arquitecturas rigurosamente homologadas (p. 119)

En la misma línea, es posible que exista una centralita de sueños en el Palacio Real en la que se atienden los sueños expectantes y angustiados de los españoles que tienen sus camas orientadas hacía él; es posible que existan unos prismáticos que permiten ver desde los Pirineos lo que sucede en cualquier lugar de España, incluidos los interiores, o que un perro sea el primero en oler la crisis ministerial.

Los nombres fantásticos de los personajes contribuyen igualmente a establecer ese tono general de cuento a lo largo de la obra: Audaz López, Yolencia, Cancionila, Matrona Deanes, Dionisio Rómulo Morerías, Argimiro Monte Urbión, etc. La finalidad última es producir un universo en el que el único ser real, Francisco Franco, pasa, por contraste, a ser el menos real de todos ellos.

Joaquín Mª Aguirre

El URL de este documento es "http://www.ucm.es/OTROS/especulo/numero5/jjperlad.htm"


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