Entrevistas:

RAMÓN PERNAS HABLA DE SU LIBRO "SI TU ME DICES VEN"

:

" EL LECTOR ES EL VERDADERO PROTAGONISTA DE MI NOVELA"

por Marta Rivera de la Cruz



Acaba de publicar una novela que suena a bolero. Se llama Ramón Pernas, es periodista y articulista, y "Si tú me dices ven" supone su primera incursión en el campo de la ficción. Tres meses después de su aparición, "Si tú me dices ven" es ya un éxito editorial. Se está preparando su traducción al alemán, y el público latinoamericano, en especial el argentino, ha acogido con singular interés esta historia de amor que tiene, de alguna forma, la cadencia del bolero que le da título. Ramón Pernas dice estar "muy agradablemente sorprendido" por los buenos frutos que está dando su primera novela, y confiesa, con cierto rubor, que sigue casi a diario la evolución del libro, que le preocupan las críticas y las opiniones que sobre él están vertiendo no sólo los profesionales del género sino, y sobre todo, sus lectores.

- ¿De verdad te preocupa tanto lo que opine tu público?

R. P. ¿Preocuparme, dices? Yo casi te diría que me obsesiona. Muchos escritores que conozco dicen que en cuanto terminan la novela se olvidan de ella, que ya han cumplido con su parte y que ahora lo que ocurra ya no depende de ellos... A mí me sucede lo contrario. Mira, hay gente que cuando escribe piensa en cosas muy concretas y muy personales, en una consolidación como autor, en lo mucho que está disfrutando de la labor creativa. Yo escribí esta novela pensando en la gente que la iba a leer. Pensaba en las reacciones de éste o aquel amigo, en que diría fulanito de este personaje, qué opinaría menganito de la historia... Cuando tú me dijiste que querías hacer esta entrevista, yo empecé a pensar, qué preguntas le habrá sugerido la novela, qué cosas le habrán gustado, qué cosas no... y le di muchas vueltas al asunto, te lo aseguro. La mayoría de los autores dicen que eso ya no les preocupa, pero a mí.... vamos, que me quita hasta el sueño. Me alegro tremendamente cuando alguien me dice que la ha encontrado buena, y lo paso fatal cuando otro me dice que no lo es.

- Bueno, pues la novela me ha gustado mucho, he disfrutado leyéndola. Creo que fue Borges el que dijo que, en el fondo, en esta vida lo más importante es divertirse.

Ramón Pernas sonríe, saca un cigarro negro (que fumará sólo hasta la mitad) y parece que se relaja. Sobre la mesa hay un ejemplar de "Si tú me dices ven". Guardo con el autor una vieja relación de amistad, lo que me dio la ocasión de asistir al proceso de gestación de la novela. Durante meses, Ramón Pernas me habló de estructuras, de personajes, de escenarios y de acontecimientos, y todo esto provocó en mí un interés desmedido por "Si tú me dices ven". La leí a los pocos días de estar en la calle, y tuve la impresión de encontrarme ante uno de esos libros con los que uno establece una extraña relación de afecto.

- Tu libro es... cómo decirte, un libro al que van a llegar muchos tipos de lectores: el que lee mucho y lo hace de forma muy concienzuda, y aquel que no lee prácticamente nada.

RP- Sí, bueno, de eso se trata. Fíjate que yo creo que se está haciendo últimamente mucha literatura elitista, deliberadamente obtusa, destinada casi a expertos en literatura. Con "Si tú me dices ven" yo he querido acercarme también a esa persona que se lee "Los puentes de Madison", o un "best seller" de espías, y que a lo mejor no se atreve a llegar más lejos. En este sentido, "Si tú me dices ven" es un libro que tiene un primer nivel de lectura muy poco complicado. Cuenta, antes que otra cosa, una historia de amor... y la gente está especialmente predispuesta a aceptar, y sobre todo a entender, ese tipo de historias.

Efectivamente, estamos ante una historia de amor, pero también ante la epopeya interior del personaje principal, Acebedo, un hombre que parece pasearse por las páginas buscándose a sí mismo. La novela hace un relato completo y muy bello de la infancia y la juventud del protagonista en un pueblo marinero, Vilaponte, donde resuenan sin remedio los ecos del Vivero natal del autor, que ha rescatado el paisaje de su niñez, los escenarios vivarienses, algunos tipos populares, y sobre todo, esa lluvia fina que cae de continuo.

- A mí la lluvia de tu novela me recuerda mucho a Cunqueiro...

RP- Pues me gusta que me lo digas, porque considero a Cunqueiro uno de mis maestros. De él aprendí, por ejemplo, esa particular concepción de la sensorialidad

- Que está presente, sobre todo, en la parte de la novela donde relatas la niñez y la adolescencia del protagonista

RP- Es que esa es una época marcada por los sabores, por los olores, por el tacto de las cosas... esas sensaciones que uno percibe de niño y que ya no se olvidan nunca, que nos acompañan durante el resto de nuestra vida... uno descubre una buena parte del mundo por medio de esas sensaciones físicas.

- El protagonista de la novela crece sin padre. Esa ausencia del referente paterno te sirve para crear un personaje que a mí me parece magnífico, el de la madre...

RP- En ese personaje hay un homenaje a las mujeres de Virginia Woolf, a la tía Tula, a las mujeres lorquianas... y, sobre todo, a la mujer gallega, cuyo carácter, creo, está bien condensado en la madre del protagonista. Esta mujer desempeña, claro, el rol maternal... pero, por otro lado, tiene que cumplir también con una tarea tradicionalmente masculina, como es la de sacar la casa adelante y manejar los recursos de la familia, y asegurar el futuro del hijo...

- Lo que más me gustó de ese personaje es que es una mujer que parece estar muy a gusto consigo misma.

RP- Esa es la clave: es una mujer completa, capaz de mirar hacia adentro y saber cual es exactamente el papel que le toca desempeñar. En su vida hay una renuncia voluntaria y muy grande, y es la que afecta a la marcha de su hijo que ella, lejos de entorpecer, facilita hasta donde le es posible. La vida de esta mujer ha estado marcada por el papel que juega en la vida del hijo... ¿Te das cuenta de que el personaje ni siquiera tiene nombre?

- La madre tiene un papel muy complicado: por un lado, es la madre - madre; por otro, es el padre, y finalmente desempeña un papel... casi de amiga. Recuerdo esa escena del baño, ya adolescente el protagonista, en que la madre le obliga a desnudarse, se desnuda también ella y le da una clase absolutamente científica de educación sexual... ¿Cómo se te ocurrió esa escena?

RP- Yo me eduqué interno en un colegio religioso, donde el tema del sexo era un tabú absoluto, un misterio completo... yo crecía añorando una explicación sencilla y clara de ciertas cosas que luego uno va aprendiendo, claro, pero yo pensaba que sería mucho más fácil que alguien me las hubiera enseñado con naturalidad. Y se me ocurrió esa escena.

- Que, por cierto, es absolutamente cinematográfica... a mí me hizo recordar al neorrealismo.

RP- Sin embargo, yo pensaba en Truffaut cuando escribí la escena

- El cine gravita constantemente sobre la novela...

RP- La mía es una generación marcada por el cine, por los estrenos, la emoción de ir a una sala a ver una película nueva... el cine jugó en mi vida un papel muy importante. Sobre "Si tú me dices ven" flota, por ejemplo, aquella maravillosa película de Cary Grant y Deborah Kerr, "Tú y yo"... también "Ciudadano Kane"

- El propio Orson Welles visita Vilaponte y conoce al protagonista

RP- Sí, y es muy divertido porque mucha gente me pregunta "Oye... ¿y cuándo estuvo Orson Welles en Vivero?" Y claro, el bueno de Welles no anduvo nunca por aquellos pagos, ni mucho menos.

- Otra cosa que me llamó la atención, y que me gustó mucho, fue ese personaje del niño subnormal, el hermano de la primera novia del protagonista.

RP- Ese personaje es un recuerdo a la inocencia pura, a la niñez eterna

- Y viene a engrosar esa lista de personajes inocentes que ha dado la literatura: Ike, de "Agente Secreto" de Conrad; Esteban, de "Caballeros de Fortuna", de Landero; Benjy, de Faulkner...

RP- Me alegro que se noten las influencias faulknerianas, porque yo considero a William Faulkner uno de mis grandes maestros, junto con Cunqueiro, García Márquez y Vargas Vila. Yo tomé a Faulkner como modelo en lo que se refiere al modo de construir, no ya la novela, sino cada una de sus páginas. Lo que ocurre es que en este entramado de influencias el papel que juega el lector es fundamental. El lector tiene que poner mucho de su parte para que el proceso de la novela esté cerrado, y yo reclamo su complicidad, su colaboración. ¿Recuerdas el personaje del abuelo? Es el único referente masculino que tiene el protagonista durante su infancia. Bueno, el abuelo está ahí, en mitad de la historia. Es un abuelo casi tópico, que cuenta batallitas como todos los abuelos... es un personaje que no está en absoluto construido. Corresponde al lector la tarea de armarlo desde su experiencia personal, porque es el abuelo que podemos tener todos. La novela es un puzzle incompleto, y a mí me gustaría que quien la lee buscara sus propias piezas para terminarlo, porque el autor nunca las da todas. Yo creo que el verdadero protagonista de mi novela es el lector.

- En la novela el motivo del viaje juega un papel fundamental.

RP- El viaje en sí es algo muy literario, por lo que tiene de ruptura, de inicio... en el caso de Virginia, el viaje corre paralelo a su proceso de maduración, que se inicia con la boda por poderes; entonces, Virginia empieza a salir de su pueblo y de su mundo, que está muy limitado, que hasta entonces había sido muy cerrado y muy pequeño, y comienza a vivir su propia vida. Hay una gradación en ese proceso que corre paralela al viaje en sí: de Vilaponte a una capital de provincias; de allí a Madrid, en tren, y es en ese viaje donde Virginia vive su primera relación sexual; luego tomará un avión que la llevará a Chile...

- Y años después, cuando regresa, es ya otra persona

RP- Sí, y por muchos motivos: porque ha pasado el tiempo, porque ha perdido ya su inocencia, porque ha vivido mucho y ha sufrido mucho también... Su marido ha sido asesinado por el régimen de Pinochet.

- Y eso lleva a Virginia a un compromiso político.

RP- Bueno... yo creo que el compromiso de Virginia no es político... es más bien emocional, más pasional que intelectual.

- Háblame de Acebedo, el protagonista

RP- Tú me lo decías antes, es un personaje que se pasa la vida marchándose de todos los sitios.

- La verdad es que parece un hombre que se siente incómodo en su propia piel...

RP- Sí, y por eso todo lo que hace tiene un carácter tan ambiguo: trabaja para una agencia de noticias con la que tampoco se compromete al ciento por ciento; tiene un piso en Madrid que no es capaz de considerar su casa; su relación con los amigos es estrecha, pero en modo alguno constante; ama a Virginia, pero nunca llega a conocerla del todo, ignorando incluso que ella lleva una doble vida.

- A mí Acebedo me parece un desarraigado

RP- Sí, o más bien un desorientado que busca su propio espacio y no lo acaba de encontrar .

- Y al final de la novela, sin embargo, parece volver de algún modo a las raíces... fíjate que yo estoy convencida de que va a volver a Vilaponte...

RP- De algún modo, sí, Acebedo ha recuperado sus orígenes... además, te voy a decir una cosa: no a a ser Acebedo el único que va a volver a Vilaponte, porque el pueblo va a aparecer en mi próxima novela.

- No me digas que vas a crear un "ciclo de Vilaponte"

RP- A mí me fascina esa capacidad que tuvieron dos de los grandes genios de la literatura, García Márquez y Faulkner, para inventarse un mundo mítico y a la vez tremendamente real... ªHombre, yo no aspiro a tanto!, pero Vilaponte va a ser, y de eso estoy seguro, una pieza importante en mi obra futura. En el fondo, las novelas son trozos.

- Dame una pista sobre esa próxima obra.

RP- Te doy el título: se llama "El pabellón azul". Y ahora, si quieres, te cuento el argumento. Pero con la grabadora apagada, ¿eh?

© Marta Rivera de la Cruz

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