Reseñas:


Yamal Od-Din Rumi:

El canto del derviche
Parábolas de la sabiduría sufí

Yamal Od-Din Rumi, El canto del derviche. Parábolas de la sabiduría sufí, Barcelona,
Grijalbo-Mondadori, 1997, 192 pp., 995 ptas.,
ISBN: 84-253-2797-0




Decía el poeta romántico alemán Heinrich von Kleist que los hombres se podían dividir en dos clases: los que entienden de "fórmulas" y los que entienden de "metáforas". Concluía que los que entienden de ambas cosas son tan pocos que no constituyen una clase. Este ideal expresado por Kleist se asemeja a los pretendidos por los sufis:

Los sufis se oponen a los intelectules puros y filósofos escolásticos, en parte porque creen que tal adiestramiento de la mente es obsesivo y que el pensamiento unilateral es malo para dicha mente y para todas las demás. Igualmente, los que creen que lo único importante es la intuición o el ascetismo son combatidos con fuerza por la enseñanza sufi. Rumi insiste en el equilibrio de todas las facultades,
La unión de la mente y la intuición, que produce la iluminación y el desarrollo que buscan los sufis, se basa en el amor, siempre en el amor. Este insistente tema de Rumi está expresado del mejor modo en sus escritos, y también dentro de los muros de una escuela sufi. Así como el intelectualismo trabaja con materiales palpables, el sufismo trabaja tanto con materiales perceptibles como internos. Mientras la ciencia y el escolasticismo limitan sin cesar sus horizontes para concentrarse en áreas del estudio cada vez más pequeñas, el sufismo continúa abarcando todas las evidencias de la gran verdad fundamental dondequiera que pueda encontarse (Idries Shah, Los sufis, Barcelona, Kairós, 1994, p p. 182)

El canto del derviche. Parábolas de la sabiduría sufí es una adaptación de una obra, el Maznawi-e-Mawlawi (Dísticos del significado interior), de Yamal Od-din Rumi, escrita en el siglo XIII. Al pensamiento lógico (aristotélico) y analítico, característico de nuestra cultura occidental, se contrapone esta forma de expresar la sabiduría propia del sufismo: la parábola. Frente a los sistemas de argumentación o demostración, los textos que componen esta obra muestran cómo es posible condensar una sabiduría en fórmulas narrativas. El sufismo, como el gnosticismo, preconiza el camino interior; el auténtico conocimiento se encuentra buscando en el interior de uno mismo. Como se nos dice en "Nombres":

«El árbol que andas buscando a veces se llama "sol", o también "lago", o "nube". Pero también puedes llamarlo "mar", "arena" o "viento". En cada uno de ellos encuentras el árbol de la vida.
Lo que te ha engendrado está producido por otro, y así sucesivamente. Lo que tú llamas "padre", para otro es "hijo".
Si te atienes a los nombres pierdes de vista el Uno. Los nombres son muchos, mientras que el Uno es único. Ese es el árbol que estás buscando. Te has tomado tu misión al pie de la letra, por eso has fracasado.
[...] Así fue como descubrió las raíces del árbol, buscando en su propio corazón» (pp. 92-93)

La versión que ahora comentamos es una recreación de las parábolas para acomodarlas a los nuevos tiempos: "se ha considerado dar una nueva redacción a las historias y parábolas de la obra, sin perder de vista la esencia de estas enseñanazas". El sufismo es una doctrina que se presta a ser utilizada y divulgada con arreglo a las distintas circunstancias de tiempo y lugar" (p. 15), nos dice el prologuista de la edición italiana, Leonardo Vittorio Arena, que es la que se traduce aquí. En efecto, este tipo de narraciones no tienen una vocación textual, es decir, de cierre del discurso. Son formas de transmisión de un conocimiento cuya resistencia no depende de sus aspectos externos, sino de su contenido. Es decir, son historias cuya pervivencia temporal se basa en su adaptabilidad a las circunstancias. Como historias didácticas que son, buscan la repetición, la transmisión de boca en boca, para garantizar que la enseñanza circula socialmente. El poeta no buscaba la admiración por su texto, sino la efectividad de sus contenidos, y esta efectividad, a su vez, necesitaba de la repetición social. Al igual que sucede con los mitos, las variaciones textuales, acomodaciones a espacios y tiempos diversos, son síntomas de su vitalidad interior. En aquel mundo de transmisión oral mayoritariamente, lo que permanecía inmodificable se olvidaba o se vaciaba de significado.

Los autores de la adaptación moderna han elegido esta vía de la recreación, tratando de hacer llegar el mensaje del sufismo al público actual.

J. Mª Aguirre



Ilusiones

Una vez metieron un elefante en un salón amplio y oscuro. En las oscuridad no se sabía de qué se trataba, porque las formas del paquidermo no se veían.
En la habitación entraron cuatro personas, invitadas por el dueño de la casa. El hombre conocía su reputación y sabía que eran grandes sabios. De modo que había decidido ponerles a prueba: ¿descubrirían que se trataba de un elefante a pesar de la oscuridad?
«Ahora veremos si son tan sabios como dicen o si el conocimiento que se atribuyen es pura ficción», decía el hombre para sus adentros.
En el salón la oscuridad era total, y los sabios caminaban a tientas.
Uno de ellos se acercó al elefante, le tocó una oreja y enseguida emitió su juicio:
—¡Está claro, amigos! ¡Es un abanico enorme!
Otro avanzó, en parte por ganas de discutir con su colega, y en parte porque la hipótesis le parecía apresurada.
Pero él también exclamó enseguida que había comprendido qué clase de objeto era. Después de tocar una pata del elefante y comprobar que estaba dura, dijo que se trataba de una columna.
Le llegó el turno al tercer erudito, que en la oscuridad del salón tocó el lomo del elefante.
—¡Ya lo tengo! Los dos estáis equivocados, queridos colegas. No es un abanico ni una columna. ¡Es un trono, de un tamaño descomunal!
También él estaba convencido de sus afirmaciones y negaba las de los demás.
El último del grupo (que también era el más sabio) se acercó al elefante y acarició su tronco rugoso e imponente.
—¡Decís que es un abanico, una columna o un trono. Yo estaba a punto de decir que es... ¡pero me callo, porque no entiendo nada!
El dueño de la casa convocó a los sabios y les dijo cordialmente:
—No habéis sido capaces de descubrir que era un elefante, pero de todos modos me habéis dado una valiosa lección.

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