Reseñas:

António Lobo Antunes

Sonetos a Cristo

Antonio Lobo Antunes, Sonetos a Cristo, Madrid, Alianza Editorial, col. Minibolsillo, 94 pp, ISBN: 84-206-4713-6


Contenido:

No nos dejemos engañar por el título. Tampoco por la seriedad del gris dominante de la portada y, mucho menos porque el autor sea portugués. Nos encontramos ante un pequeño libro que puede proporcionarnos grandes placeres. Esta colección de cuentos es una demostración de saber hacer literario y sobre todo de un gran sentido del humor.

Son dos los rasgos en que nos gustaría centrarnos de la obra de Lobo Antunes: la forma oralizada y la contrucción recurrente. Desde el punto de vista estilístico, los cuentos mantienen una tendencia a una forma narrativa oralizada, cuya máxima expresión se encuentra en el último de los relatos, Edgar; mi amor, larga frase que se mantiene unida a través de los eslabones de las dos voces que reproduce de forma indirecta o directa:

—No me dejes sola, no te marches, Edgar
y tú bajando la calle camino de la parada del autobús, tú encorbado como si cargaras el mundo entero sobre los hombros, y yo desde la terraza
—Edgar
y ni siquiera te diste la vuelta, ni siquiera adios, ni siquiera una sonrisa, ni siquiera una llamada de teléfono, quería decirte No te sientas disminuido, quería decirte No tiene importancia, me gustas igual, hoy lo intentaremos aotra vez, no se lo cuento a nadie, Edgar, te juro que no se lo cuento a nadie, no se van a burlar de ti en el trabajo... (93)

Los límites del cuento, en contraposición a otras formas más extensas de relato, fuerzan a concentrar los recursos estilísticos. Desde el punto de vista de las secuencias narrativas, el cuento se suele centrar en unas acciones limitadas, en la anécdota. Pero Lobo Antunes prefiere otro sistema: concentrarse en la expresividad de la voz narrativa. Podemos calificar, con algunas excepciones, estos cuentos como "retratos a través de la voz" más que secuencias de acciones. Los personajes narradores se construyen a través de su forma de percibir el mundo, que es la que refleja su lenguaje.

El segundo aspecto estilístico interesante es lo que hemos llamado construcción recurrente. Generalmente, el cuento se genera a través de una acción central. Sin embargo, en el caso de Lobo Antunes se tiene la impresión de que los cuentos han sido contruidos a través de una frase, casi siempre tópica, que llama a la acción, física o verbal. Pongamos algunos ejemplos. En A propósito de ti, el relato comienza con la frase "Somos felices". Se repite de forma idéntica hasta cinco veces en tres páginas, más alguna forma aproximada. La frase adquiere, por su repetición, por su contradicción con la información restante, el sentido de una venda a la que el protagonista se aferra para ocultarse su infelicidad (su esposa le ha abandonado). El final del cuento muestra claramente cómo la frase se ha convertido en una posesión irrenunciable por parte del protagonista. Puede que no posea la felicidad, pero posee la capacidad de repetir hasta la saciedad que lo es:

Acabo de grabarte el capítulo de la telenovela. Tu madre ha llamado parar saber por qué no hemos ido a Feijó y yo le he dicho que enseguida llamabas. Porque estoy seguro de que no te has ido, de lo felices que somos. Tan felices que un día de estos voy a comprar un microondas para que, si vuelves a casa, encuentres la comida caliente esperándote (p. 18)

Esta técnica se repite en un número significativo de cuentos en el volumen. Es como si Lobo Antunes se esforzara en meter retazos de realidad en el interior de frases vacías; como si esa frase fuera invocada como un conjuro de una realidad mediocre. El componente surrealista de algunos cuentos no trae a la mente el sistema establecido por A. Breton en su poética: una frase que manifiesta su fuerza es invocada a lo largo del poema como elemento de atracción del resto del poema. A diferencia de Breton, que prefería que esa frase fuera un producto del inconsciente, Lobo Antunes elige esas frases del repertorio vacío de los tópicos sociales. "¿Por qué son tan largos los domingos, Filomena?" es otra de esas frases recurrentes, o "un chico como Dios manda" o "escucha esto que tiene mucho provecho moral". Todas ellas, con distinto grado de repetición, vertebran los relatos en los que se insertan. Como puede apreciarse, no son "grandes palabras", sino frases vulgares, tópicos, repetidos en circunstancias múltiples y de las que cualquiera puede apropiarse para su uso particular.

Hemos hecho anteriormente mención al carácter surrealista de alguno de los cuentos. Esta circunstancia se aprecia con claridad en "Mis domingos" o en "Por culpa de los semáforos". En el primero, la ausencia de diferencias entre unos y otros hace que las personas y las cosas sean intercambiables y se confundan en los paseos dominicales:

Esta semana mi mujer se llama Milá, mi hijo Juan Carlos, y estoy pagando un apartamento en Rio de Mouro. Como ésta cocina mucho mejor que las otras no hago planes de regresar a Amoreirias (Mis domingos, p. 65)

En el segundo, la avalanche de personas pidiendo en los semáforos hace que el protagonista pierda todo y tenga que dedicarse él mismo a saquear a los automóviles que paran para poder llegar a su destino. Tanto en un caso como el otro, se cumple aquella línea surrealista que utilizaba el humor como forma dislocadora de la realidad.

Joaquín Mª Aguirre

El URL de este documento es http://www.ucm.es/OTROS/especulo/numero7/a_lobo.htm


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